Si lo tuyo es colaborar --- > Buy Me a Coffee

lunes, enero 12, 2009

Cada uno por sí mismo y Dios, contra todos, pues, o El Enigma de Bruno S.

El  24 de diciembre pasado, y vagabundeando por aquí y por allá viendo noticias, como siempre, preguntándome si afuera hay un mundo real que sigue viviendo y vibrando, llegué también, como siempre, a la página del NewYork Times. 

Y vaya sorpresa ver al bueno de Bruno S. en su portada titular.  Estando acostumbrado a ver lo que pasa en todo el mundo y sabiendo que una portada de un periódico (más de ese periódico) en Internet está en perpetuo cambio, me congratulé el que alcancé a verla.

Bruno S. es un actor que pasando el tiempo y despues de habernos sorprendido en dos películas que vimos un grupo de amigos y yo, lo seguimos recordando y de eso hace más de 20 años.

El ciclo de películas fue pasado en el Centro Cultural Alemán de Monterrey en no se qué fecha de 1986 a 1987 y fueron películas de Werner Herzog, A saber: Aguirre, la Ira de Dios, Fitzcarraldo, Stroszek, Woyzcek, El Enigma de Gaspar Hauser. Cinco películas de verner jerzog. No eran películas en videocassette, eran de rollo, proyectadas y todo, excelentes experiencias.

Se podrían hablar maravillas y ríos de letras y palabras de cada una de esas películas de Werner Herzog .

De Fitzcarraldo, de 1982, se emperró este personaje en trasladar un barco por tierra a través de montañas cerca de una confluencia de ríos, para llevar una ópera con todo y Caruso a Manaos por esos rumbos hipercaudalosos del ya de por sí hipercaudaloso Amazonas. Toda una tarea gigante la de cargar un barco de ese tamaño. Klaus Kinski es el visionario alucinante, Fitzcarraldo, con la tarea inmensa por delante sobre sus hombros y la de sus legiones de indios que le ayudaron a llevarla a cabo sobre sus hombros más que  literalmente. Obvio que se trata de un barco de verdad, nada de efectos especiales. La pregunta queda: ¿Para qué rehacerlo para el cine de esa manera salvajemente tan realista?

Kinski ya había hecho el papel de alucinante en Aguirre, la Ira de Dios, de 1971, haciendola de conquistador buscando oro infructuosamente tambien en medio de esos ríos de Sudamérica, impresionantes, desolados en medio de tanto verde y con imágenes cuasiapocalípticas, de hecho con relaciones temáticas a Apocalipsis Ahora de Coppola en cuanto a su majestad el verdeness uber alles. De hecho, uno se queda con la idea que el filmar Aguirre, la película en sí, fue tarea de valientes, no había orillas en donde acampar mientras se filmaba en medio de los ríos; algo sabrá nuestra doña Helena Rojo de esto, ella anduvo ahí, haciendo un papel importante. Valiosísima película. Veánla.

De Woyzcek, de 1979, es menor el recuerdo. Un soldado de la primera guerra mundial, sort of, de nuevo Klaus Kinski que escucha voces, etc.. Intensa como quiera. Filmada sólo una semana después de Nosferatu. Se nota el cansancio, la fatiga, la desesperación.

Y así llegamos a Bruno S. en sus dos películas, Stroszek, 1977, y El Enigma de Gaspar Hauser, 1974. Películas de nuevo, perdonen mi carencia de vocabulario: alucinantes. ¿O no será que Herzog es el real alucinante?

Todo lo que escriba será insuficiente, sólo podría agregar que son películas de alto grado de envolvimiento, de incomprensión, de humanidad, o de inhumanidad, si lo pensamos mejor, de esas facetas de la existencia que en nuestra aparente normalidad no alcanzamos a sospechar jamás.

La historia en la que se basó El Enigma de Gaspar Hauser fue real (en alemán se llama Cada Hombre por Sí Mismo y Dios Contra Todos), acerca de un joven que se aparece de repente en la Alemania del 1828, en una como hacienda, algo así, y que una nota con él dice que estuvo encerrado toda su vida, casi 30 años. Ahí empieza a reeducarse y todo le es complicado, la gente que lo toma a cargo lo exhibe debido a su notoriedad y al final una nota anónima le avisa que tiene que encontrarse a solas con la persona que al parecer fue su captor. De ahí en adelante no diré más.

Digo, son 20 años de haberla visto y de no volverla a ver. Lo que sí sé al respecto es eso, que incluso dicen que es una historia verdadera, dentro de lo que cabe.

(Yo estaba familiarizado con esa historia desde diez años antes porque la había leído originalmente, de todos los lugares, en la revista DUDA, LO INCREIBLE ES LA VERDAD, en la que, también como siempre, para los que sí hayan conocido esa revista utilizaba las teorías más complicadas y realmente inverosímiles e ilógicas para relacionar a los ovnis con todo lo que nos rodea, de esa manera, cuenta la revista en un número particular, Gaspar Hauser estuvo aislado del mundo debido a que estuvo en un ovni, claro, muy obvio. La revista DUDA era una locura total, delirante y divertida, mezclaba extraterrestres, antiguas razas perdidas, fenómenos paranormales y sí, yo era creyente de muchas cosas, realmente inverosímiles e ilógicas, corrían aquellos años de 1972 a 1975, hey, dénme chance, tenía de entre 10 y 13 años…).

De Stroszek, bueno, el recuerdo es más vago, acerca de un grupo creado ad hoc por tres personas, una prostituta, un anciano y el propio Bruno S. que deciden irse a Estados Unidos a cambiar de vida y que les suceden cosas no muy agradables. Filmada en tono de ficción y de no ficción ya que Bruno S. de alguna manera no estaba actuando y hablaba de pronto de sus circunstancias reales y estas eran filmadas en directo ya que finalmente estaba siendo él mismo, Godammit, de cómo era relegado por la sociedad y de cómo se sentía dentro de su persona. (Cosa que se le critícó mucho a Herzog, acusándole de si no estaba explotando a Bruno para sus propósitos estéticos personales, cosa que el cineasta siempre lo negó).

Pero volviendo al real Bruno S., (si es que se pudiese realizar correctamente la diferenciación del real y de los personajes que interpretó)  la cosa aquí es que este hombre venía de un orfanato, y que incluso fue considerado en su infancia como un niño descartado, ausschusskinder, debido a su condición metal, palabra que en aleman ya no se usa. Después de la guerra aprendió a tocar el acordeón y le dio, según menciona él en la nota del New York Times, “una manera de escapar a su soledad”.  

El punto es que apareció por primera vez en un documental de Herzog, llamado “Bruno el Negro”, acerca de músicos callejeros. Se volvió importante después de las dos películas mencionadas y posteriormente volvió a la oscuridad relativa.

Ahora toca el acordeón en algunos bares de Berlín y no se sabe si puede comunicarse o no con las personas como sería de esperar. Toca música muy sentimental y tiene su casa llena de artefactos raros.

Recordemos, Bruno S. fue protagonista de dos películas muy importantes de la cinematografía mundial, es un personaje que habla de él mismo en tercera persona y que bien o mal, no era un actor en sí, sino una persona que hacía un papel que podía llevar a cabo muy bien, el suyo.

Sirva este blog para recordarlo ahora que volvemos a saber de él. No sé si es feliz o infeliz, ni si vive a penas… o apenas. Sólo sé que está vivo y tocando su música en los bares de Berlín y que también yo ignorante de cómo se sienta realmente, lo percibo a través de la distancia y de un artículo de prensa sereno y triste, detrás de esas canciones sentimentales que al parecer tanto le gustan a ciertos sectores de la sociedad berlínesa del hoy por hoy, tal vez añorando tiempos idos que nunca, nunca volverán… y si el, y los berlineses que lo escuchan, se ponen sentimentales, bueno, ¿por qué yo no he de hacerlo?

Cada uno por sí mismo y Dios, contra todos, pues.

Y Goddamit.

 

 

   

martes, diciembre 16, 2008

EN MÉXICO EL AÑO ACABA EL PRIMERO DE NOVIEMBRE. PARTE II.



Todo este escrito viene al caso en el sentido de que sí está la pregunta viva de si algún día entraremos a ese “Concierto de las Naciones”, civilizadas, desarrolladas, creyentes en las leyes, procuradoras de justicia, de confianza en el futuro.

No sé si fui injusto con Alemania, pero sus hechos hablan, o si soy justo o injusto con este mí país. Sólo sé que ese su sentido de trabajo y cultura actual nacional no es suficiente. O que no es suficiente que seamos un lindo pueblo costumbrista y tradicional, incapaz de hacer la guerra a sus vecinos, enarbolador de la paz, pero con un serio desprecio por las leyes y por seguirlas, con un serio problema hacia el concepto de vida, con un serio desajuste con el entender del trabajo en equipo, en el sentido de organizarse para el bien común (con sus honrosas excepciones), viendo hacia la comunidad, hacia la sociedad, hacia su delegación, municipio, ciudad, estado, república misma.

Sí sé que la ley es para algo; sí sé que la ley se debe de observar; sí sé que hay que trabajar más, todos juntos; sí sé que hay un concepto del bien común del que México carece, sí sé que la confianza no existe más allá de la familia misma de cada persona. Y no sé como lograr que las cosas cambien. Que tengo mis dudas sobre si un día se resolverán esas deficiencias.

Que los alemanes, como pueblo ejemplo a analizar, es un pueblo genial, pero con esa tendencia a obedecer a sus líderes, impresionante, sin chistar, sin objetar, sin saber cuando detenerse. ¿Estaré equivocado en este respecto? ¿Será así siempre en el futuro?

¿Cómo crecieron ellos tanto de sus ruinas, dos veces?

¿Cómo nosotros hemos no crecido si no hemos estado nunca en ruinas? (Más que las de Teotihuacán, Tula, Chichen Itzá, etc., y no cuentan.)

O tal vez pensándolo bien sí cuentan, por…

...ese enamoramiento de nosotros mexicanos del pasado que sí existió y del que no.

…esa afición por los sacrificios humanos, de todos tipos y de la celebración insensata de la muerte (santa o no santa).

…esa atracción por ese México Mágico, intangible, inmutable, siempre recurrente.

…esa aparición permanente de la violencia, siempre presente, siempre pendiente, siempre querida, siempre requerida.

…esa desconfianza más allá de la casa de cada quién, como ya mencioné.

…ese desprecio por todo lo de fuera, excepto por sus bienes. Desprecio también por las instituciones, excepto cuando ellas pagan u otorgan beneficios o que se pueden moldear según requerimientos.

…esa necesidad de auto reafirmarse de su personalidad, de su unicidad, de su lugar privilegiado en el mundo, por tener a Acapulco, a la Barranca del Cobre, al Cañón del Sumidero, a sus minas de plata, a sus viejos pozos de petróleo, a sus viejas ruinas ya mencionadas, a su Virgen de Guadalupe.

…esa creencia que ser el originador del taco, del pulque, del tomate, del maíz, de la tortilla, de las enchiladas, bastan para que el mundo nos haga reverencias.

…esa habilidad sobrenatural, negada en sí de no poder inventar nada nuevo tecnológico, pero que de alguna extraña forma logra crear artilugios para clonar a centenas de millares de películas que no se han visto todavía en los mismos cines. Mismo caso los chips piratas para consolas de videojuego, los “chupones” externos para los aparatos receptores pirata de televisión vía satélite, tú nombra muestras de ingenio, ahí estamos.

…esa afinidad para poder vender esas mentadas películas en la calle. Esa filia por comprarlas. Esa fobia a denunciar su venta. Esa indiferencia hacia todo eso.

Ese desprecio en general por el orden y lo legal: ese amor por el atajo, por la vuelta en “U” en lugar prohibido, por no preocuparse por tener papeles en regla, por hacer lo que todo mundo hace al mismo tiempo, por no ver mal tranzar para avanzar, por querer saltarse la fila, por querer saltarse las trancas, por querer siempre copiar, por quererse arreglar.

Violencia, habida y por haber, en el mundo ordenado, estructurado, organizado, de los alemanes.

Violencia, habida y por haber, en el mundo simbólico, desenfrenado, matizado, de los mexicanos.

Un lugar en un pasillo imaginario de la geografía y de la historia donde cada quién mirará al otro y murmurará en sorpresiva y silenciosa simetría: “pobres de ellos”.

En cada caso, lo que nos separa que nuestros mundos caigan en caos es cualquier cosa… tenues hilos… tenues hilos clavados en el tiempo oscuro de la historia…

Y es que en México el año acaba el primero de noviembre.

 

EN MÉXICO EL AÑO ACABA EL PRIMERO DE NOVIEMBRE. PARTE I.

Nada sucede a partir de esas fechas en México. Los nuevos proyectos se posponen hasta enero. Las grandes decisiones se tomarán, por lo mismo, en enero. Es un recordatorio a quienes se dediquen a hacer cosas en México. Hagan todo lo que puedan desde el 16 de enero hasta el último día hábil de octubre, será muy complicado que se haga algo después de esa fecha.

Es como si México como país, tomara una poción que lo fuera adormeciendo. Y diga, ya es muy tarde, ya es hora de cerrar este país. O tal vez no adormeciendo, tal vez al contrario, se empezara a emocionar con el fin de año en ciernes y ya no pueda tener atención para nada.
¿A qué obedece esto? Nadie lo sabe explicar. Al espíritu mexicano por naturaleza. A que las grandes decisiones se atoran siempre arriba. A que el presupuesto no alcanzó.

Y esto es en lo público y lo privado.

Sopor y excitación combinados. Fiestas y tranquilidad que se intercambian sin voluntad.
La tradición es bella. La tradición es algo que se debe de mantener, dicen.

O tal vez mejor no. O cambiarla algo al menos, ¿se podrá?

Cosas extrañas de México, sin respuesta o solución.

Como si a este país le faltaran pretextos. El trabajo nos hará libres, ¿no? Eso nos llevará al esfuerzo fecundo y creador, como decían los lemas de gobierno de antes y que nos llevaron a tener un país idílico, mantenido en su botella ideológica, política, sin necesidad de transformación. El mundo, con sus guerras, bien podría quedarse afuera. Ya habíamos tenido la nuestra.

Terrible guerra esa. Pero casi nadie la dice así. 

Ni siquiera “Guerra Civil”. Prefieren “Revolución”.

Porque todo el mundo tiene guerras, ¿no? Aún los más civilizados. Los que presumen de ser pueblos de poetas y pensadores. Los que mantienen la luz de la cultura en alto en medio de la barbarie.
 Y es que hoy vi un documental sobre los nazis y Adolfo Hitler. Son terribles esos documentales.. Bueno, los hemos visto desde toda la vida que hemos visto documentales, ¿no? Y si no los han visto siempre habrá un Spielberg.

A principios de siglo, justo cuando nosotros tuvimos la primera gran revolución del mundo en el siglo, Alemania 

preparaba un nuevo orden mundial con ellos listos para hacer su parte en ese gran concepto que es “el Concierto de las Naciones”, una vez, claro, que resultaran vencedores de la contienda.

Todo estaba listo para que los alemanes ganaran pero cosas intervinieron en su camino a Paris y más allá: las trincheras; la tozudez de los británicos (que perdieron a una generación entera de sus más brillantes); que en Rusia hubo diez días que estremecieron al mundo; que los franceses resistieron cuando debieron resistir; y, a que los norteamericanos se sintieron amenazados por el hundimiento del Lusitania y del telegrama Zimmerman que le mandaron a Venustiano Carranza para que atacaran a Estados Unidos desde su patio trasero, (cómo si hubiéramos podido), y así, estos atacaron y triunfaron.

Alemania perdió y la amargura llegó con la derrota. O sea, historia mundial de segundo de secundaria y en cuarto semestre de prepa, da o toma un cambio del plan de estudios oficial.
La historia es archiconocida. Adolfo Hitler les prometió nuevas glorias y se las consiguió. Obtuvo además todos los poderes habidos y por haber. Inventó él solo la Segunda Guerra Mundial. Claro que en el camino se llevó a millones. Mató a muchos, dominó a otros, expulsó a muchísimos (los que se salvaron), esclavizó a los demás. Arbeit Macht Frei, el trabajo los hará libres. Ese era el lema de la puerta enrejada, en Auswitchz. La Solución Final.

Le tomó a varias naciones la derrota de Alemania. Eso en sí es una muestra del poderío alemán. Basado en 

eficiencia, organización, inventiva e ingenio, valor y fuerza, también se basó en esclavos, en maldad, en ideas de exterminio, en ideas totalmente inhumanas.

Hitler cometió errores de juicio serios: irse contra Rusia, declararle la guerra a Estados Unidos, y sobre todo subestimar el pavor mundial hacia su persona.



En fin, muchos muertos, destrozos, ruinas, desastres, destrucciones y divisiones después… Alemania, con la culpabilidad a rastras, se irguió de nuevo.

¿De qué depende algo así? ¿De una Guerra Fría? ¿Quiénes son los alemanes? ¿Qué sentido del trabajo tienen? ¿Qué sentido de la eficiencia? ¿Qué sentido de la organización? ¿Qué sentido de la ley? ¿Qué sentido de la ética?

Bueno, hay una frase que dice, creo que la mencioné antes en algún blog,  que “los alemanes son un pueblo de poetas y pensadores” (Dichter and Denker), la cual tiene sus raíces desde más de dos siglos y que luego satíricamente la varían de manera un tanto macabra a: “los alemanes son un pueblo de jueces y verdugos” (Richter and Henker).

Bueno, ellos son gente honrada, noble, valiente, inteligente, sensible, sí, pero…  la historia es la historia. Y no es precisamente generalizaciones de nacionalidades.

Todo les fue permitido. Ahí está escrito en los testimonios de aquellas épocas.
Los alemanes no son racistas ahora, no pueden serlo, su ley prohíbe toda referencia al nazismo y al racismo. Pero eso está ahí, como vergüenza, su pasado los mantiene en un cierto vilo. Hoy los turcos, españoles y árabes que viven ahí nos pueden contar sus propias historias.

Eso es lo que me lleva a la pregunta: ¿Y la civilización? ¿Y los valores del trabajo y esfuerzo? Sí, ahí siguen pero, 

¿no estarán supeditados a la obediencia? ¿Al concepto de Alemania sobre todo el mundo? ¿De su búsqueda de espacio vital y lugar en el tiempo? ¿Al de la herencia de Alemania? ¿Al del concepto de Gran Pueblo, único en el mundo? ¿Al que ellos sienten en sí mismos que merecen? Este, ¿lo traerán en la sangre, como reminiscencia de aquellos bárbaros que engañaron a los romanos en las oscuridades del bosque de Teutoburgo en el año 10 o 13 de Nuestra Era, cuando 15 mil hombres, perfectamente entrenados y dirigidos por Publio Quintilio Varo fueron destruidos por estas hordas de germanos que impidieron que la lux romana llegara arriba del Río Rhin, impidiendo la colonización del Roma hacia el norte de Europa? ¿Habrá cambiado la historia esa derrota tan poco conocida?

Con tantas cosas en las sangres, en las herencias y en los caracteres de los pueblos uno se pone a pensar en lo delgada que es la superficie del sistema en el que vivimos. En lo pequeñito que es el concepto de orden, de civilización, en que sólo falta que los malos, por decirles de alguna manera, tomen el control, se olviden de lo que es bueno y justo, por decirlo de otra manera, y hagan lo que quieran en su total impunidad justificándolo de la manera que ellos decidan, derrumbando órdenes establecidos, reglamentos, leyes, atribuciones, sistemas de paz y de equidad, todo cayendo bajo el poder de la espada, o de la metralleta, o de la pistola y la bala. O del AK-47, también.

México contrapunteado con Alemania. Nosotros no somos un pueblo de poetas y pensadores, ni de jueces y verdugos. ¿Pero qué somos entonces?

Vean el siguiente artículo.

jueves, diciembre 11, 2008

LA ILUSION VIAJA EN AUTOBUS


Eso de viajar en autobús para llegar a la ciudad más poblada del mundo es de llamarme la atención. En un año he hecho ese viaje de 100 km de ida y 100 km de vuelta más de 150 ocasiones. 30,000 kilómetros.

 Y también he hecho en este año muchos viajes de México a Monterrey y viceversa, nocturnos, para aprovechar el tiempo. 8 viajes. 1000 km de ida, y 1000 de vuelta. 16,000 km. En total 46,000 km. Por tierra.

 Hace 25 años un viaje en autobús era eterno, era el non plus ultra de una tortura autoinfligida por necesidad por horas. Y más antes, ni baños tenían… Mente sobre materia. El autobús hacía una parada de pronto y a buscar los baños para… y a subirse de nuevo. ¿Faltó alguien? La viejita aquella… ah… ¿nos devolvemos? ¿alguien se dará cuenta? Pues el yerno se quedó callado…

 Un autobús es como estar en una caja con espejos como antenas de insecto que viaja a más de 100 km por hora de momentos por las autopistas de México. Caja de la cual no puedes salir. A la cual el conductor pone su música en los viajes largos nocturnos, ranchera y religiosa (si es que eso se pueden imaginar) a todo volumen para no dormirse. Esos son viajes de pesadilla, no pedazos. Eso y más si te toca una señora detrás de ti diciendo “Ay, Dios, ay Dios, voy a vomitar, me siento mal… ay, Dios…” pensando que nadie la escuchaba. De inmediato levantas tu asiento de su posición recargada y estás alerta por más de los doscientos kilómetros siguientes. Brrr.

 Muchos lo saben, cada tanto pasan una película en el autobús. Esa es una costumbre que no existía hasta hace unos años en el sentido de entretener a los viajantes como un servicio que nada les costaba a las líneas de autobuses.

 Recuerdo mis primeras veces, hace 9 años viajando a Guadalajara desde Monterrey. ¿Una película de Cantinflas? Sí. Ahí sí supe que era el sentirse prisionero en un autobús.

 Sin escapatoria.

 En otras más me tocó ver los primeros infomerciales de Vamos México de Marthita, y ahí sí, chútatelos. A fuerza.

 Y el tiempo pasó.

 No sé si he visto de todas las películas. En ocasiones agradecía irme en un autobús a las 6:57 AM  sin que nos pusieran película en todo el camino. Todo el mundo dormido. Me ponía a leer agradablemente.

 Porque he visto, ufff. ¿De lo peor? Tengo amnesia selectiva. Pero he estado recordando por ejemplo, El Efecto Mariposa 2. El Todopoderoso. Dobladas al español. Puaj. Terribles. Los Invasores de Cuerpos con Nicole Kidman. Una de Rob Schneider que juega beisbol con niños.Varias veces. Completas todas.

 Y por otra parte no todo es malo. Vi Casino Royale, la de Daniel Craiguna vez. La vi completa. Vi La Reina con Helen Mirren. Pero no vi el final. Vi Hero, la película china aquella ultragenial, la de los colores. Pero no vi el final. He visto películas francesas, una árabe que no recuerdo su nombre. Hace poco vi Gone Baby Gone, (Adios, Pequeña, Adios), de Ben Affleck, protagonizada por su hermano, Casey, muy buena, muy intensa. Pero no vi el final. En esa mañana de Gone Baby...  vi Mr. Brooks, la película con Kevin Costner y William Hurt, que al menos fue interesante. Pero no vi el final.

 Y todavía recuerdo la mañana que pasaron una película japonesa, acerca de un accidente de una niña que fallecía en un accidente en que un tráiler golpeaba brutalmente el automóvil donde ella viajaba. Uff, espantosa película. Se trataba del papá reviviendo el accidente una y otra vez viajando en el tiempo pudiendo impedirlo en cada ocasión y sin conseguirlo. Típica película de terror japonés.

 El único problema era que la intensidad del accidente se transmitía a la idea de que viajábamos en esa caja con ruedas a 100 kilómetros por hora… ¿y si sólo hubiera un carro con una niña por ahí a la espera y en lugar de tráiler fuera… un autobús?

 Y ya para terminar. La duración de las películas que eligen para ponernos a nosotros su amena audiencia totalmente cautiva. Para viajes que varían en el mismo trayecto una hora: de una hora y media a dos horas y media. ¿Qué criterio eligen para poner películas? Cortas o largas. Sepa. En ocasiones éstas se acaban mucho antes de llegar, en ocasiones nunca sabemos el final. Por más que las veamos varias veces. Que suerte, ¿no?  De las mejores nunca vemos el final. Y de las peores las vemos varias veces.

 Recuerdo a aquel chavo que llevaba un PSP con un episodio de los X-Files en él.

 Cómo lo envidié.

 Gracias a los dioses por los reproductores MP3. Y a que tenemos batería suficiente. Y a que llevamos libros para leer. Y cuadernos en qué escribir.

 Apenas vamos en la caseta. Faltan chorrocientos minutos para llegar… Y ésta película, ya la vi…

 

miércoles, noviembre 26, 2008

LA ADMINISTRACION, CÓMO VERDADERA CLAVE Y OBJETO DECISOR EN NUESTRAS VIDAS

Diatriba Reflexiva. Pensamientos Bucólicos o Sólo Suspiros de Tiempos Idos y Mal Apreciados.

La administración es algo impresionante. No es poca cosa. Es el como se lleva a  cabo el manejo 

de una empresa sea ésta pública o privada. Todos administramos alguna vez, ya sea nuestro tiempo, ya sea nuestra casa. Todo mundo hacemos labores que tienen que ver con administración. Organizamos, planeamos, controlamos.

Esto de la administración puede tener graves consecuencias. Es algo muy serio, la verdad.  Alguien administra este país. Alguien administra sus recursos. Y nosotros estamos dentro de todo eso. Alguien administra la empresa en la que trabajamos o compramos o vendemos o participamos o etc. Y sufrimos las consecuencias de sus faltas de experiencia.


Y lo peor, hay gente que lo hace bien y hay gente que lo hace mal. Alguien como Jack Welch es mítico, como el sumo Michael Jordan de la Administración, manejó General Electric (GE para los amigos) a través de casi dos décadas y la llevó a ser impresionantemente fuerte, influyente, indestructible.

Le pusieron Jack “Neutrón” Welch porque mientras dejaba intactos a los edificios, a la gente la borraba totalmente, como aquella Bomba de Neutrones de la que nunca supe si se construyó o no, o si la llegaron a 

vender en Wal-Mart o qué. La corría pues. Bueno, había sus razones. Había dicho que de todas las empresas en las que estaba GE, sólo merecerían quedar vivas las que fueran la uno o la dos de su mercado específico. Pero por lo demás al parecer sí se preocupaba por su gente. Al menos eso dice el libro de “Controla tu Destino Porque Si No Alguien Más lo Hará” que habla sobre él. Muy bueno, ¿eh?

 

Panoramas de la Realidad Efectiva.

Bueno, según esto lo que hizo fue hacer más esbelta la empresa. Ese es el deber ¿no?, hacer más efectiva a la empresa. Se lo deben a los accionistas. Hay que crear valor para los accionistas. El que la gente trabaje dentro, el que la gente le compre a ella, sí importa, claro, pero lo importante es que hay que crear más y más valor a la empresa y a sus accionistas. Para que rindan más dinero. Mientras más dinero, mejor.

¿Quieres medición? Mide cuanto le creas de valor. Ninguna otra cosa es más importante. El Rey Midas debería de ser el ídolo. Todo lo que tocaba sería oro. Así debería de ser con los que manejan las empresas.

¿Los empleados? Son/somos/fuimos/seremos recursos, humanos, pero sólo eso, recursos a quienes se recurren, o se usan o se desperdicien o dilapidan. Cuadritos en organigrama. Flechitas. Bueno, así son las cosas, así las aceptamos los que queremos, los que no quieran, pues no.

Es la concepción del trabajo en sí que hacemos, o hacíamos, en las organizaciones o instituciones. Hacemos una función. Cumplimos con un objetivo. Estamos en un escalafón. En una organización. Damos servicio a alguien y otro alguien nos da servicio a nosotros.

Pero he ahí ellos, los administradores. Examinémoslos un rato. Ahí han estado en las empresas desde que aparecieron éstas. Ellos las fundaron. Primero tocando de oído, luego yendo a escuelas en el extranjero para aprender. Luego trayéndose las escuelas (casi literalmente) y sus influencias o sus metodologías, sus maneras y formas de enseñar para enseñar a otros. O las de maestría donde alguien les da clases y casos lejos de la sabiduría popular. Donde les dicen los secretos reales de la administración mexicana. Los conocimientos secretos que se pasan de voz en voz, cómo hálitos divinos. O sea, la entrega de los ajustes mexicanos alejados de la teoría. La tropicalización de la administración.  Por ejemplo el porqué se paga a la gente lo que se le paga. El estilo mexicano de administrar. O como alguien me dijo que le dijeron en una prestigiosa institución educativa de negocios, “la empresa mexicana es sólo para sacarle lo posible y luego cuando no de más, venderla”.

Y la escuela se fue dando entre los demás, proceso de aprendizaje, de adaptación y de imitación y difusión.

Poco a poco la masificación, la estabilidad política, los buenos tiempos, la frontera cerrada,  la escala de mercado siempre en ascenso que dio más poder a la empresa, a la industria, a la fábrica, fueron factores que se dieron sin cesar. Con todo, los problemas de cualquier manera se sucedieron, las crisis iban y volvían, mejores tiempos, prósperos, otros no tanto, más bien críticos. Las empresas seguían, sus líderes crecían, sus hijos salían de la escuela y se ponían a trabajar desde abajo, pero bajo vigilancia, buscando su propio camino… dentro de la fábrica rumbo a la gerencia, a la dirección con paso seguro, irremediable.

Y no hay nada de malo en eso, se puede, se hace, y ni quien diga que es injusto. La herencia es la herencia. El talento es el talento. Las rayas le vienen al tigre por la herencia, ¿no?

 

Las Ruinas de los Mundos Olvidados.

Pero algo pasó, como dice Andy Groove, fundador de Intel, en su libro de “Sólo los Paranoicos Sobreviven”

o “Only The Paranoid Survive” , cuando las cosas empiezan a combinarse para sacarte de mercado, o para ponerte en crisis permanente, o  para decirte de manera sutil que los buenos tiempos han terminado. Y no hay manera de saberlo. Un precio de petróleo que languidece, o que sube, una bolsa de valores que no levanta, un cambio de necesidades de cómputo, o de nuevos sistemas de distribución más eficientes de ciertas compañías.

O de plano que los productos extranjeros ya llegan a los anaqueles y vemos salmón a 100 pesos el medio kilo, playeras de muy buena calidad a 60 pesos, o películas recientes de Hollywood a 70 pesos.

Nuevas tendencias que se conjugan y que quieren decirnos algo. Quizá el neoliberalismo, comerciar a lo bestia derrumbando barreras sin esperar a que los demás lo hagan, o la tendencia de hacer a las empresas más estrechas, sin grasa corporativa debida al exceso de capas o de empleados intermedios, o un énfasis extra en ser el número uno o el dos en cada industria en la que estás, comenzaron con el susodicho Neutrón Welch en esos años en los que reinaba Flans y el año de Duran Duran con su Girls on Film sin censura.

La misma IBM pensaba en ser la reina de los mares industriales a finales de los años 80’s. Pero no contaban con la PC y las redes locales. Y en otros aspectos muchos no contaban con Internet y la revolución de los webservices. Y muchos no contaban con el comercio electrónico. Y muchos no contaban con la inmadurez de los mercados electrónicos. Y muchos no contaban con el celular y sus eventuales increíbles posibilidades de comunicaciones (los rumores de que ya sirven para microondas son injustificados). Y muchos no contaban con 

China y su bestial capacidad de consumir cemento y acero, además de mover increíbles cantidades de personas hacia la producción de maquiladoras chinas inmensa e intensamente baratas. Y no contaban con que la eficiencia de los transportes lograra que se ignorara el Pacífico, de entre todos los Océanos. Y muchos no contaban con un petróleo caro. Y muchos no contaban con un petróleo barato. Y muchos no contaban con una recesión económica a partir del exceso de confianza que los norteamericanos le tuvieron a su crédito.

 

Volviendo a principio de los 80’s, los libros empezaron a llegar a las empresas, la administración se siguió enseñando entre los fieles a través de esos libros sagrados. Se trataba de imaginar como reacomodar a la gente según funciones, alineación de misiones, visiones, objetivos, de cómo entenderla, cómo guiarla, cómo enseñarla a que realice éstas y éstos, todas enfocadas en los beneficios de la empresa. Se entendían los principios de él cómo planear, él cómo manejar el dinero, cómo comprar los insumos, cómo promover y cómo llevar a vender a través de la distribución eficaz lo que la gente pedía y lo que había que hacer para vender los productos fabricados a la gente prevenida y mejor aún, a la desprevenida.

En ocasiones se llegaban a inventar cosas y a utilizar esas innovaciones e invenciones en beneficio de la empresa. Los que la inventaban, pues, su estímulo, un reloj, una placa, un pequeño estímulo económico. Excelente trabajo, disposición y lealtad. Los valores son los valores.

Uno pensará que en ocasiones los que están arriba lo merecen. Que saben ser diferentes de quienes no estamos allá. Y los mismos pensadores-gurús-ídolos-del matiné-grandes-shamanes-de-la-administración lo afirman: “¿qué diferencia básica puede haber entre un tipo que está arriba en el tope y qué gana 500 veces más que el de más abajo… para que gane esas 500 veces más?” Por decir, en estos tiempos modernos, hubo las quiebras en los bancos y las financieras y como quiera se llevaron los altos ejecutivos millonarios dividendos de premios. Y eso que las quebraron. Imaginémonos que hubiera pasado si las cosas se hubieran dado hacia una situación de fantasía de no-crisis.

Y luego veo a mis grandes industrias en donde crecí profesionalmente y me pregunto donde está hoy Cigarrera la Moderna, Data General, Vitro, IMSA, Redsat, IMPSAT, CYDSA, HYLSA, esas empresas que eran dirigidas por personas muy competentes, porque lo eran… y en fin. Y donde están, bueno, ahí están unas empresas transformadas, como los tiempos lo exigen hoy en día, en lean enterprises uber alles. Dicen que abusando del outsourcing.

Dicen que abusando de los empleados por honorarios. Dicen. Dicen. Dicen. Dirán. Las demás, se disolvieron en su arrogancia, víctima de su propio hubris.

 

Los Brujos sin Retorno.

Me considero mediano estudiante de lo que es la Ciencia joven de la Administración. Sólo llevé los cursos en la escuela hace 25 años y lo que he leído.

Pero de entre todos me cae bien Peter Drucker, era genial. Conoció a mil gentes importantes. A Freud, incluso. 

A Kafka. El fundó la administración en sí, como una ciencia dedicada al manejo de los procesos productivos de una empresa para llevarla adelante y hacerla crecer, digna de reflexionar y pensar en ella para hacerla cada vez mejor. Él subtituló su libro de “La Práctica de la Administración” con “un estudio de la más importante función en la Sociedad Americana”. Para esto, “El administrador”, afirmaba, “es el dinámico, elemento dador de vida en cada negocio”. Impresionante, ¿no es cierto? (Eso de “dador de vida” me suena familiar…).

Y es que Peter Drucker fue el padre de todos, el que dio el comienzo al concepto de la administración práctica, el sumo sacerdote, el que inició todo. Sus trabajos siguen siendo vigentes hoy mismo.

Pero Drucker ya se nos murió. A los 96 años, casi. Muy recién, para esto, murió en 2005. Muchos estudiosos  no lo consideran muy en serio. Sólo porque le faltó teoría. Demasiada práctica, pues.

Después entre los gurús de administración son más conocidos, pues por supuesto tenemos a Tom Peters, el gran showman, el de los lemas, el de los signos de admiración!!!!!!!, el de las órdenes, el popular a fin de cuentas. El que cobra eternidades de dólares por sus conferencias. El que odia a Dilbert. El de TU ERES TU MARCA. El de los Proyectos WOW. Ése.

Luego está, veamos, Michael Porter, el de “las cinco fuerzas competitivas”, el de la estrategia, el de la ventaja competitiva de las naciones, el caro, pues. (Los demás también son caros, para esto).

¡Ah!, a mí la administración no me llamaba mucho la atención en mis años mozos. Y no era por falta de ganas, quizá por falta de orientación, algo así. (Si eres joven y tienes ambiciones, búscate un mentor, ¡pero ya!)

El punto es que de ciertos años a la fecha me ha dado por leer libros de administración. O de superestrellas de la administración. O libros algo de moda.

En algún momento hace más de 20 años leí el libro de El Principio de Peter y siempre me llamó la atención ese rollo del principio de la incompetencia. La Teoría Z me lo regalaron en Westboro, Massachussets, en la mera guarida de lo que era otrora rebelde fabricante de minicomputadoras Data General, al igual con el fascinantísimo libro de The Soul of a New Machine de Tracy Kidder… que se trata de cómo crearon ahí en Data General la máquina MV, proyecto clave Águila o Eagle. Que no sé como, pero un día le hago una reseña… veintisiete años después de que sucedió todo.

No he salido de los 80’s, no se confundan.

Hay que recordar los libros de Peters de aquellos años, 1982-85, especialmente el de En Busca de la Excelencia - In Search of the Excellence (que luego quedó, umm, algo desacreditado porque la mayoría de las empresas que venían descritas en el libro tuvieron pésimos resultados solo 2-4 años después).

Y es que con la difusión de las ideas se empezó a dar el tema de moda, y todos sabemos por supuesto que con el tema de moda entra el tema de la imitación.

Todo era excelencia: La excelencia, busca la excelencia, sé excelente, cuidado con los japoneses porque son excelentes, sé excelente por sobre todas las cosas, y su libro según esto, era sencillo de leer, una receta, un claro How-to. Hasta el mismo Drucker opinó de “En busca de...”, un tanto burlón: “sólo póngalo debajo de su almohada y todo le resultará…”. Suena familiar.

Bueno, la onda de los libros administrativos hechos por gurúes fue como mencioné al principio inventada por Peters con ese libro que según esto se originó porque su compañía, la hiperinfluyente Consultora McKinsey, le encargó que hiciera un reporte que mostrara cuales eran las claves de ser mejores que ciertas empresas mostraban con el paso del tiempo. Empresas como Data General y Wang, IBM y Sears, por decir algunas… con los resultados ya mencionados.

Según esto, este Peters con su libro hizo casi una iglesia, con ese libro como biblia, y que con al igual que la Biblia, que muchos tienen  pero no leen, le sucedió algo similar: dice él que fue un libro más comprado que leído: Peters calculaba tres años después que 5 millones de personas habían comprado su libro, que de 2 a 3 millones lo habían abierto, que alrededor de 500,000 leyeron 5 capítulos,  que 100,000 personas lo habían leído todo, y que sólo 5,000 de estas hicieron notas detalladas.

Hagan de cuenta que igualito que eran Los mismos Versos Satánicos de Salman Rushdie.

Luego llegaron los libros (o fueron al mismo tiempo, muchos libros en bola, las tendencias por eso son eso, tendencias) de Akio Morita, el de Sony, con el suyo llamado Made in Japan, luego el de Iacocca, escrito por Lee Iacocca himself, el cuate este que estuvo dirigiendo el esfuerzo de hacer el Mustang en la Ford allá en los 60’s, y el que salvó a la Chrysler en los 80’s, con los Dart K y las vagonetas y que por alguna razón pensó que a todo mundo le gustaría saber de su historia.

Y vaya que así fue. Iaccoca salió en portadas de revistas, conocido por muchos, natural candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Not.

 

Los Brujos Destructores.

Después llegaría la debacle a tu empresa de confianza, con los libros de la Reingeniería o Reenginering the Corporation de Michael Hammer. Y nos hicieron pedazos, precisamente, como con un martillo. Muchos de arriba lo leyeron, jefes de industria sobre todo, los que su opinión sí cuenta realmente, y que lo llevaron a pie juntillas hacia la realidad.

Nada más se escuchaba la frase en el radio pasillo, o en la cocineta, o en el comedor, o camino al estacionamiento, o junto al botellón de agua, o en el baño, la de: “dicen que va a ver “reajuste”…” y a partir de ahí el acto de temblar todos (seguía pasando aún antes de esta crisis que hoy nos acontece, en la que hoy por hoy el miedo y terror vuelven rampantes a reconocer sus dominios).

Todos temblábamos.  Nunca estábamos tranquilos. Y luego se dice que en el ambiente de jefes lo que tiene que hacer un jefe nuevo para imponer respeto, es sencillo, que despida a alguien. (Además de Maquiavelo, ¿qué libro de Recursos Humanos lo dice? Me gustaría saberlo.)Y vaya que lo consigue. Los demás no dicen ni pío.

El resultado era que en la oficina se ponía uno a trabajar más, a quedarse tarde, y a traer la angustia, la ansiedad, a casa. Y en el corporativo en aquél 1991 éramos 120, luego 80 en el 1992, luego 50 en el 1993, luego 23 y luego a mí me tocó. Fui reingenierizado. Un cuadrito menos a quien pagar. Se les olvidaba, convenientemente que éramos más que cuadrito en el papel.

Bueno, había una familia. Una renta, un carro, bebes que pedían de comer. “Eres joven, encontrarás trabajo pronto”, te decían. Sí, sí, sí, te indemnizaban normal. Ok. Gracias. Que amabilidad. Y sí, estaban en su derecho, pero… Ah, esas fiestas de navidad, sobre todo las primeras, eran buenas, los abrazos, la bailada… pero sólo una, la primera, las siguientes fiestas por razones obvias ya eran más pequeñas, por obvias razones.

 

Las Tendencias de Imitación en el Rancho Local de Cada Quién.

Todo porque un grupo de personas clave de esa empresa y de otras, ciudad industrializada, rancho grande, todos se conocían, todos competían, todos se copiaban, todos buscaban el mismo libro (El simple libro llamado “¿Quién se llevó mi queso?”, dicen libreros amigos, que de él se vendieron alrededor de 60,000 copias en la ciudad de Monterrey. Si eso no es difusión e imitación en gran escala, no sé que sea.) De esa gran ciudad industrial en particular llegó ese libro estelar en la Maestría o en el Diplomado donde alguien diligentemente lo pidió, lo leyó en las revistas de administración tipo el Harvard Business  o lo vio en la librería del aeropuerto, o que incluso fueron al seminario, o que en la madre de todos los alardes el gurú mismo les habló por teléfono, o que hicieron cita y lo visitaron en su casa de las Antillas Holandesas, y  ¡zaz!

¡De inmediato porque no había tiempo que perder, la empresa podría caer en poco tiempo! Decrétese próxima junta urgente para jornadas de Planeación y Estrategia según el nuevo modelo. Desde arriba hacia abajo se trasmina el sentido de urgencia, el de emergencia, el de angustia, el de pesadilla diurna y ya de pronto tenemos Círculos de Calidad,  más nuevos cursos que nos dicen lo mismo, nuevos instructores que dicen lo de las pantallas tal cuales, nuevos índices de mediciones que todos olvidan a los dos meses, nuevos valores que todo mundo debíamos de reconocer de demasiado obvios, de aprender, practicar, y llevarlos a cabo. Así hasta la siguiente moda. Pero lo importante es lo importante: a apagar las luces y a usar papel reciclado para las copias o las impresiones, de eso depende el futuro de aparecer en la revista Expansión o no.

 

La Vida es Así o Dramas Usuales de los Corporativos de la Gran Ciudad.

Era siempre idílico, ceremonial, rutilante: como estar en medio de un sueño en la tierra laboral. Caminar por los grandes pasillos. Mirar por los espléndidos ventanales hacia los bellos jardines. El solecito cayendo. Las deliciosas asistentes de directores yendo y viniendo con importantes mensajes hacia destinatarios decisivos. Sentirse cobijado por un gran grupo industrial, ser parte de esa filosofía de ese gran grupo. Previsión social. La revistita mensual que te decía que éramos todos una gran familia. El servicio médico siempre listo. El subsidio a la despensa familiar. Todos cobijados. Todos abrazados. Todos anestesiados.

 

Don’t worry, be happy, no sólo era la canción de moda. Era el mismo credo traído del cielo por los Moisés con sus libros de la ley

Escuelas de Administración vendrán y se irán. Ahora es el Balance Scorecard, ¿mañana? Ya veremos el Harvard Business Review de Noviembre, si no en ese, en el de Diciembre, o en el de Enero, a ver que palabras clave nuevas traen.

 

Y aunque no es así siempre, hubo una época que… eran las buzzwords de hoy, las reestructuraciones de mañana, los reajustes de siempre…

 

Y es que, la administración, es algo, algo tan… impresionante, que…

 

(Este tema, da para más, mucho más…)