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martes, agosto 26, 2025

1235. Creíamos que controlarían con celulares. Fue peor. Ni usábamos celulares y ya controlaban. //

NnCt 1,235 de 1,440 plan amigo para que te conectes en tu cajita electrónica y te envuelvas con alambres, conexiones a la pared, al aire, a la atmósfera, al infierno. //



EL REINO DE LAS MIL PANTALLAS

El día que me pasaron el dato que nada existía en los celulares, que era como el niño que no tenía control conectado mientras sus hermanos sí jugaban con controles conectados, pero que creía firmemente que sí estaba haciendo cosas significativas. Que estábamos cada uno en celdas comunicando cosas que no existían.

Enfrentarme con que no existía Aída, que no se le murió un hijo, y que cada quien tiene su teatro particular, que todos somos prisioneros de ideas y como el prisionero de aquella serie, The Prisoner, es entender realmente que nos quieren hacer creer que algo existía allá afuera.

Todo era un gran guion, los que interactuábamos presumíamos cosas que no eran, todo era comunicarnos por la cajita como esta que traigo y la que traes tú. Y trabajamos y nos enamorábamos de imposibles. Y deseábamos más y a algunos al meditar y concluir lo imposible, lo insostenible unos lo soportaban y otros no.

La vida transcurría y algunos sólo queríamos salir de ahí, pero no sabíamos cómo. O quizá sólo era yo.

Tú que estás en una cajita similar a la mía leyéndome, ¿tendrás alguna idea de sacarme de aquí?

¿O estás atrapado también como yo, como nosotros, como todos?// 1235


Agradecimos a la organización una vez más.

Por estar trabajando dentro de techo y no en las piedras. Eso apareció en las pantallas. Me levanté, hice mis abluciones, hice mis ejercicios. Me miré en la cámara espejo por los cinco minutos que nos daban permiso. Me gustó lo que vi. Pelo no muy blanco, no muy negro. Mis ojos brillantes. Se puede vivir así. 

Vi la hora. Eran las cinco. Faltaba algo para las seis, una hora para saludar a Aída. Ya me había lavado la cara, rasurarme, peinado, todo. Me sentía limpio.

Día domingo, perfecto, el día del descanso. Después de saludar a Aída tendríamos video compartido hacia la calle. Eso estimulaba mucho. Sobre todo a los que ya íbamos a terminar la condena. Tanto tiempo sin ver a nadie, ni a mis captores.

-Hola, Humberto.

Me quedé impávido. Miré la pantalla. No me había tocado ver a nadie más que a Aida en ella. Solo las columnas de números, tablas de claves y la copia manual de objetos que aparecían en ventanitas. Y Aida. Y ahora esta persona. Me sentí extraño. No era normal. Me puse en alerta total. Me causó mucha ansiedad. Sentí mi pulso elevarse.

-Humberto, ¿qué tal? Deja me presento. Si, sé que es inusual. 

Hizo una pausa. Era un tipo blanco, con lentes oscuros arriba sobre el cabello. Gesticulaba mucho.

-Deja me explico, soy hacker. Me llamo o me llaman Vaquero. Estoy en tu pantalla por minutos, encontré una puerta trasera y podemos hablar cinco minutos sin que nos detecten. Hace cuanto tiempo estás aquí. ¿Cuatro años?

“Algo así”, le contesté.

-Y ya vas a hablar con tu mujer-, me dijo.

Me asombró.

Contesté con la celeridad de alguien que está acostumbrado a obedecer más cuando hablo de mi mujer.

Aunque no es mi mujer exactamente.

“Sí, hablaré con mi mujer.”, le respondí.

La persona hacker Vaquero me dijo:

-¿Por qué es tu mujer?, ¿acaso la conociste en persona?

Me sentía con la necesidad de responderle.

-No, nunca, pero hemos hablado años de eso, ella está lejos, no puede viajar y además todo lo traducimos. Pero es una gran mujer, es muy culta, muy cariñosa, muy tierna. Me ama y la amo.

El hacker Vaquero guardó silencio. Al cabo de un momento lleno de tensión me dijo:

-Esa mujer no existe, Humberto. Es inventada. Se llama Aída. No lo niegues y no te asustes. De hecho me he metido a las conmutadores. He andado por los cables y por los túneles. Me conecté con los servidores. Todo está armado, crean psicodramas semánticos de acuerdo a cada prisionero. Por eso supe cómo se llama y supe muchas cosas de ella. Todo esto ha durado demasiado. Es una farsa, Humberto.

No podía creer nada, estaba como en un shock, ¿qué estaba diciendo este tipo? ¿Farsa? A qué se refiere? 

“No te entiendo. ¿De qué hablas? ¿Por qué dices que esto ha durado demasiado?”

-Porque todo este es… heredados. O porque están en una condena. O es capricho, o están en un loop. O Porque no saben qué hacer con ustedes, porque tal vez nunca han entregado la información que querían. Y quizá es eso. Nunca han entregado la información qué querían. En tu caso, tu información, Humberto.

“No puedo creerte, Vaquero, si es que así te llamas…”, le respondí.

-Eso no es tema ni problema. Sólo quería decirte eso, amigo. Que ellos son inteligencia artificial. Y que esto es mantenido por otra inteligencia artificial con el objetivo de cumplir un tiempo. Al final de la condena sólo los dejan salir y verán que están al filo de desierto, arena, palmera, rocas, más piedras y más arena. Ya se han juntado los sobrevivientes, en campamentos. Y ahí algunos empiezan a viajar. Y siempre habrá comida y agua y luz. Y viajarán a sus destinos. Mi objetivo es decirte que ya no tiene caso nada. No hables con ella. No sirve de nada. Pero antes de que te vayas quiero… Sí, porque te diré que desconectaré las puertas para que puedas salir… Pero necesito que me confirmes que si tienes algo que decir, ya que ya te vas a ir y no se lo quieres decir a nadie, me lo puedes decir a mí.

No sé de qué estaba hablando.

“Pero no sé qué decirte.”

-Tienes alguna idea de por qué estás ahí?

“No, no sé. Creo que por alguna violación a la ley, pero no sé cuál. Nunca me lo dijeron después de un tiempo eso fue lo de menos.” 

-Piensa, por favor, piensa.

Me empecé a angustiar, pensé que era una prueba, que nos estaban grabando, que era una prueba de no sé, de lealtad o de seguridad o de, no sé, yo sólo era un prisionero que estaba a punto de terminar mi condena. ¡Debía portarme bien! No quería que me dieran más tiempo por actuar como no debería. Pero, ¿cómo debería de actuar?

“¡No sé de qué me hablas!”, le grité.

Dejé de escucharlo.

“¿Vaquero?”

Se escuchó detrás de mí un sonido metálico y sospeché algo. Me fui a la puerta y de pronto la pude abrir. Nos dejaban salir a asolearnos un día a la semana. Salí al pasillo, me asomé con cuidado y no vi a nadie. Tendría que dejar al Vaquero fuera de mi mente. No le entendí. ¿Dijo que abriría las puertas a la salida?

Caminé hacia el patio. Conocía bien la ruta. Pero algo me llamó la atención porque una puerta grande siempre cerrada ahora estaba abierta. Dudé. Estaba temblando de emoción. Era otro pasillo. De pronto me detuve en una encrucijada y tomé hacia la derecha. No reconocía nada.

Así en unos pasos más entré en una sala donde había varias pantallas. Me acerqué a una de ellas, la examiné, era cómo la mía. Idéntica. El control de encendido donde debía estar. Miré para todos lados y no había nadie. No había polvo en ninguna parte. Ahí había limpieza constante.

La prendí. Sentí que era la hora de Aída. Volteando a los lados  en el espacio correspondiente di mi nombre, mi clave y se abrió la ventana familiar tal y como ocurría en mi pantalla.

Ahí estaba, Aída. Bella con su ojos de color y su cabello negro recogido. Recordé por un segundo que el Vaquero me dijo que era de IA.

-¡Humberto! ¿Dónde estás? -me gritó. Eso era inusual en ella. Mi corazón estaba latiendo con fuerza.

Me sorprendió que me preguntara eso, pero de inmediato pensé que el entorno era diferente. Le dije rápido:

“¡Me abrieron las puertas!” 

No supe que más decirle. Pero ella sí a mí.

-¿Te las abrió un tipo, que se dijo llamarse “Vaquero”? No, no, Humberto, no le hagas caso. Es un agente de IA. No existe. Es una representación de persona. Te quiso sacar información, ¿verdad?

De pronto me detuve. Lo que me llamó la atención de lo que Aída me estaba diciendo era la seguridad absoluta. No entendía cómo sabía eso. Ella sabía de mí solo lo que yo le decía. Ahora hasta sabía el nombre del tipo ese, el hacker, el Vaquero. Ya estaba en plena confusión. La duda empezó a corroerme mas 

-¡Humberto, no le digas nada! ¡Lo que le ibas a decir, dímelo a mí, tu mujer, Aída!

“¡Espera!”, le dije a Aída.

Avancé varios pasos  y vi otros pasillos y de pronto me vi en una sala con muchas pantallas y de pronto Aída apareció en unos y el Vaquero en otros. No sabía que se podía. ¿Cómo se arman esas cosas? ¿Quién prendió los equipos? ¿Cómo se dieron de alta?

-¡Humberto! Esa mujer es una bot, no existe, no le digas nada, te estaba programando para que le digas todo lo que sabes. ¡No le sueltes nada! ¡Te quiere hacer daño! ¡Te está engañando!

-¡Humberto! ¡Soy Aída! Te voy a conocer pronto. Regresa a la sala y dime lo que sabes… No le digas al Vaquero ese. ¡Es un controlador, un distorsionador!

-¡Tú eres la distorsionadora, maldita zorra! Humberto, ¿que no ves que el nombre de Aida, significa eso, AI.. da? Es Artificial Intelligence!!

-¡Estúpido! ¡No eres más que un agente provocador, no confundirás a Humberto! Humberto, ese vaquero que dice ser, no es un hacker, es un agente navegador con permisos para estar donde sea, por eso llegó a ti tan fácil, ¡intervino nuestras comunicaciones, nos espió!

-¡Zorra, eres de IA! ¡Eres puro código! Nunca te dirá lo que sabe, porque ya llegué yo. ¡Y tú eres puro código!

“¡Pero yo no sé nada de lo que hablan! ¡No sé nada!”, les dije.

Las voces se quedaron atrás. No lo toleraba. Nunca había visto a nadie más que a Aída. 

Ya me iba a salir, solo me quedaban pocos meses, iba a conocer a Aída. Esa era la idea. Esa era mi idea, ese era mi proyecto de mi vida recompuesta.

Salí al patio y seguí sin ver a nadie. No que lo esperase, pero era tan estremecedor todo. Y caminé hacia la puerta lentamente, con miedo volteando para todos lados, no quería ver monitores, no quería ver cámaras. No había nadie, nadie. Eso me causaba mucho temor. Ya no sabía lo que quería, no sabía qué era mejor, con personas o sin personas. No sabía ya nada. Estaba muy confundido.

Traté de recordar cuando fue la primera vez que llegué a ese lugar, sin ver nunca a nadie, solo desperté en un cuarto y con las instrucciones de lo que tenía que hacer. Sentía tanta hambre. Y también sentía que olía agradable al igual la temperatura.

Había instrucciones para entender las instrucciones, cosa más rara. Las instrucciones que nunca me fueron complicadas. Nunca me preguntaron nada. Se oía una música siempre similar, pero agradable. Había agua y comida a plenitud. Sabía que era un prisionero político aunque no entendía mucho porqué porque toda mi vida anterior sólo fui un empleado de una panadería cuyo único talento además de hacer el mejor betún era el de llamarme igual que el de un líder militar. Y ya llevaba los cuatro años y en las instrucciones bien decía que al final de ellas me dejarían ir. En la pantalla cada día se marcaban la cantidad de días. Al principio me mortificaba mucho, eran muchos días pero poco a poco fueron haciéndose menos, eso es lo que creía. 

O lo que me hicieron creer.

Esa ocasión en la panadería, cuando llegaron por mí, no me resistí. ¿Estaría mal eso? ¿Sería traición? No resistirse era como para condena de muerte según supe. Pero no tenía opción, no quería morir. Por otra parte también supe lo contrario, resistirse era pena de muerte. Desde el principio estaban las confusiones, por eso en cuanto llegué aquí todo me era claro y definido, incluyendo los días de mi condena y los que llevaba y los que me quedaban.

Llegué al fin del patio, había una gran puerta, vi ahora algo diferente, ahora vi el polvo en el piso en todas partes cubriendo el cemento y no vi más que eso, polvo y ninguna señal humana.

La gran puerta estaba abierta y miré afuera y vi arena de un lado, un gran bosque del otro, arriba un cielo azul sin nubes. Un sonido como de mar, que no se veía en absoluto, pero se sentía su influencia, la gran masa como de un instrumento musical, y un aire como de brisa con un sabor a sal. Debía estar en bosque cerca de una playa. No supe qué hacer y me quedé mirando el paisaje en medio de la confusión.

Encontré cerca una rama muy grande y sólida.

Me regresé al complejo. Y empecé a ver cada pantalla en la que salía el Vaquero. Y en otras Aída, aquella mujer con la que me comunicaba y que desde el principio se me hizo bellísima, con rasgos suaves, dulces, ojos cafés claros, con pestañas grandes que pudieron ser postizas, labios gruesos, con los que soñaba besarme.

Ahora, la misma mujer me gritaba, cara de miedo, ojos espantosos, gestos terribles. No podía creerlo y me estaba dando cuenta que no podría soportarla. ¿Tanto cambiamos de un momento para otro? Quería esconderme pero no sabía dónde. Todo estaba tan a la vista. Me sentí tan desprotegido, buscaba frenético de las cámaras, esas eran sus armas, me veían me disparaban, me capturaban y me tenían en las manos en sus cámaras y yo los veía a ellos en las pantallas, en esas pantallas por todos lados.

El Vaquero me gritaba de esa pantalla y de otras. Se veía un efecto extraño como el de las antiguas tiendas de televisiones que veías lo mismo muchas veces.

-¡Dime lo que sabes, dime de los planes, dime de las fuerzas, dímelo!

Me acerqué a esa pantalla y usando la rama la quebré con todas mis fuerzas.

Escuché la voz de Aída detrás de mí:

-Humberto, recuérdame, te amo, nos vamos a ver pronto, ¡pero dime de las estrategias, dime los hallazgos, las reservas! ¡No tenemos mucho tiempo!

A esa pantalla la aventé al piso. Se hizo pedazos. Pude haberme lastimado con los vidrios. 

-¡Humberto, por favor, Humberto, escúchame! ¡Es importante para nosotros, no le sueltes nada a la bruja zorra esa mentirosa artificial hija de plástico!

La rompí.

-¡Mi cielo, Humberto, háblame, dime los planes, por favor, no hay tiempo!

Le rompí el monitor.

Por fin llegué a mi cuarto. Aseguré con fuerza desde dentro. Vi la pantalla. Estaba Aida, un segundo, estaba el Vaquero el otro segundo, los dos con los rostros desencajados. Estaban peleando por el mismo espacio. No pude más y la rompí también. 

En ese instante hubo un extraño silencio.

Me vi en el espejo y fue como mirarme por primera vez. Yo no sabía nada, no sabía nada de planes militares, yo era sólo un panadero que extrañaba tanto hacer pan. Yo no sabía nada de armas o reservas. Un día se darán cuenta de su error.

Estaba tan fatigado. No sé de dónde reuní fuerzas y me hice un café. Me quedé mirando mi pantalla rota. 

Negué con la cabeza. No sé cuanto tiempo estuve así. No pasaban música. Antes de otra cosa me fui a las bocinas y las desconecté. No quería escuchar nada.

Pero algo pasaría. Extrañaba a Aída. A la mía. Con la que me iba a casar. Quizá cuando descubrieran su error me sacarían de ahí y me darían muerte o libertad u otra prisión. Me sentía en la confusión máxima. Ya me daba igual. ¿Entonces no existía Aída? ¿Entonces sí estaba por otra cosa? ¿No era una condena? ¿Me querían sacar una información que no tenía? ¿Entonces nunca iba a salir?

Pero un día eso también dejaría de ocurrir, ellos descubrirían su error y mientras, un día a la vez, un día a la vez. Me sentí tan cansado. Tan agobiado. El café estaba tan delicioso. Algo más dulce que de costumbre. No sé cómo pero sé que encontraría la paz. A mí me gustaba la paz. Me quise dormir. 

Dormí y soñé. Soñé que mis problemas eran como un montón de bestias que se reunían juntas. Y llegaban personas a caballo y se las llevaban a alguna parte lejos de mí. Creí reconocer a uno de los jinetes. No podía ser, no conocía a nadie más que a Aída.

Al despertar vi la pantalla. La música se escuchaba desde las bocinas perfectamente conectadas. Sentí que la angustia y ansiedad se habían ido. No sé si temporalmente. No sé si volverían. El tema es que en ese instante es que estaba como siempre. La prendí. Di mi clave. Y vi que decía que ya dentro de poco recuperaría mi libertad. 

Me sentí tan contento. La vida a veces no necesitas más que un reset a tiempo. Aída no tardaría en saludarme. Parecía que todo había vuelto a cómo eran las cosas. Eso me tranquilizaba. Me daba esperanza.

Lo que no sabía nadie, ni Aída y no se lo iba a contar, era que recordaba perfectamente el camino a la libertad, pasillo a pasillo a salón a espacio abierto y a la puerta. No sé si estarían abiertas. Pero ya que aprendes el camino, no lo olvidas. Ahora sería sólo esperar la segunda oportunidad. Sí, porque habría la segunda oportunidad. Siempre hay una segunda oportunidad. Te aferras a la esperanza. Estaría listo, claro que sí. Muy listo.//1235


jueves, agosto 21, 2025

1234. Escribo y mi vida está, pero el olvido vuelve y me desdibujo poco a poco. Vida en blanco. //


NnCt 1234 de 1,440 sucesiones numéricas en perfecto orden cosa rara en estos ambientes pero que cada uno contiene una semillita y cada semillita con la ayuda de otra semillita, pues…///




EN BLANCO

Era ese día como todos. Ir al coworking todos los días. Pasar en la tarde por el Tim Hortons. Llegar a mi casa a jugar FIFA. Yo era muy sociable. Bueno, en línea era muy sociable.

Jugaba con más de 10 personas a las que no conocía. Me aceptaban como era. Yo a ellas. Era cómodo no verlas. En el coworking era convivir con personas reales con las que estaba al lado mío, tomar café, sonreír a la de recepción, conversar de noticias al vuelo, criticar al gobierno, sonreír con la coordinadora de piso, nada de profundidades, de hecho, yo odiaba las profundidades. 

Cuando iba al Tim Hortons me sentaba en la misma área, no siempre donde mismo pero en la misma área. Con todo y mi poca sociabilidad conocí a pocas personas. Una de ellas fue la que denominé Mariana. No quise saber nada más de ella solo que se llamaba Mariana. Ni ella quiso saber mi nombre completo, más que Raúl. Sólo supe que era casada. Le gustaba el rock suave y lo normal de la vida. Cada mes nos veíamos, bebíamos algo ligero, teníamos buen sexo y nos separábamos. Hasta el encuentro del siguiente mes.

Así pasaban los encuentros y los meses. La escuchaba en sus generalidades, los temas de su trabajo. Después Mariana desapareció de pronto y llegó una maestra de primaria y secundaria a la que llamaré Desirée. Fue similar. Buen sexo cada cuando. Buen café también cada cuando. Rebanadas ricas de pastel de la Letty. Y hasta la siguiente vez.

Mi trabajo iba y venía, era de ventas, además de preparar presentaciones de vez en cuando, luego viajar por todo el país, dar cursos del producto y servicio, que tenían que ver con Seguros de Energía y Gas, a fin de cuentas una aplicación muy interesante. 

Publicaba poco en redes sociales. Era más tipo lector. Estaba en un grupo de Facebook que tenía que ver con el primer empleo que tuve. Estuve en esa empresa por catorce meses. Hacía de ello cuarenta años. En ese grupo había mucha gente que no conocía porque habían llegado antes de mí, años, y después de mí, décadas. De pronto me fastidiaba mucho porque había gente muy religiosa publicando mensajes diarios sobre la Virgen María y de oraciones por los enfermos y así.

En principio, como me pasaba seguido, no recordaba con claridad porqué me metí ahí. O porqué me quedé ahí. Tenía la sensación de que era como una especie de eslabón hacia un tema de mi pasado. Algo importante, que me hacía pensar, algo sobresaliente que tenía que ver más que con nostalgia. Sonaba a melancolía.

Veía a las personas en sus imágenes de reunión. Las repasaba una y otra vez. Tenía esa curiosa sensación de que me faltaba alguien o alguienes. No sabía quién. Pero los repasaba y ahí estaban todos con quien estuve. Digo, en medio de tantos años y tanta gente. Había una Margarita, una Tere, un Pablo, un Mario, un Adrián. Un Jorge. Algunos ya habían muerto. Con todos esos, tuve una relación, un jefe, un colega, un compañero de comedor. La persona quien me dio la bienvenida, la persona que me dio la despedida.

Un día, digo, tenía mi vida normal, no siempre ocurría, veía las viejas fotos. Siempre lo hacía para buscar ese algo que se me escapaba. Me detuve en una que tal vez me tomó desprevenido. Había alguien que sí se me hacía conocido. Conocida. ¿Quién era esta chaparrita? Busqué los nombres en las etiquetas. No, no estaba. Ah, sí, lo leí, Jani. Jani Manzano.

Jani Manzano. Hubo un sonido de timbre lejano familiar en medio de la niebla que se fue apagando lentamente.

Sí, algo tenía que ver yo con Jani Manzano. Pero no supe qué. Algo raro había ahí. La foto era pequeña. En algún sector del cerebro por segundos me imaginaba con ella, hablando tal vez, riéndome, comiendo en grupo en ese lugar, un comedor industrial, riéndonos mucho, y de pronto se  me escapaba como neblina, no terminaba de ubicarla. Regresaba a ver la foto, examinándolos, reconociéndolos a todos, pero a ella no, noté curioso que mi vista hacía como que me la saltaba, había un tope, algo casi físico, pero en este momento casi forzado, sí lograba hacer el movimiento de pensar en ella. Pero topaba en ladrillos. En ladrillos blancos.

En blanco.

A veces manejaba por una calle, frenando en una esquina particular del norte de la ciudad de Monterrey y me sentía como que algo había ocurrido en ese punto. Veía en otro momento a un carro Volkswagen Gol y me acordaba de inmediato que su antecesor lejano fue la Brasilia. En eso me acordaba de una Brasilia celeste pálida que fue con la que comencé a manejar. Pero no recordaba con quien. Más bien reconocía a mi amigo Miguel, con quien sí de seguro aprendí a manejar en su carro. También me enseñó mi hermano en su camioneta. 

Entonces, ¿con quién demonios estuve en una Brasilia celeste pálida que me concedió la gran confianza para que me prestase su carro si no sabía manejar bien? ¿De qué tamaño puede ser una confianza? ¿Con base a qué se otorga una confianza? ¿A cambio de qué?

De pronto iba por casa de mi mamá donde viví hasta casi los treinta y cerca de ahí en otra esquina en donde hay una escuela secundaria de ladrillos rojos, me llegaba el flashazo de una velada que pasé con alguien y así, estaba en blanco con quien. Otra pared.

Velada que, de hecho, la medio recordaba, ¿hubo sensualidad? pero con cierta vergüenza. Más bien era tanta, que jamás querría volver a pasar por ahí, pero ese acto casi inconsciente de evitar ese segmento de ruta era un movimiento de instinto, como que solo el pasar por ahí era de mala suerte y me dejaría un mal sabor de boca.

No me intrigaba, sólo me causaba curiosidad. Los rostros de esas personas en las fotografías del grupo en Facebook me miraban o se miraban entre sí.

Siempre ponía música en mi casa en Spotify, y en ese instante escuchaba piano. 

Había una pieza de Chopin con Mauricio Pollini que hacía mucho estaba en un cassette que me prestó Rubén. El Nocturno número 3. Y de pronto recordé otro cassette, un TDK 90, de música clásica que me grabó él, Rubén. Era lo más equilibrado del mundo, tenía a Tchaikovsky, a Beethoven, La Pastoral, Orff, la Carmina Burana, Mozart, la Sinfonía 40, Vivaldi, las Cuatro Estaciones, magníficas.

Bueno, de repente ese cassette que fue muy querido por mí, de pronto, la inquietud del compulsivo, ¿qué se hizo de él? ¿En qué momento se me perdió? ¿O lo presté? ¿A quién se lo presté? En blanco. Me daba ansiedad, una de mis cosas favoritas, ¿se me desapareció así como así? Mi sentido completista, obsesivo, fallido.

Me sentía intrigado y de repente me detuve.

“¡Hey, es un cassette!, y sí tengo donde tocar cassettes”, me dije, porque de hecho compré una  grabadora en Amazon que me convierte la música o lo que esté en el cassette en MP3 y de ahí poder subirlo a mi lap. Bueno, su objetivo no era para tocar cassettes en general, sino los míos, los que grabé en mi programa que tuve veinte o veinticinco años atrás y lo que quería era convertirlos, conservarlos, porque el cassette, como medio de guardar sonidos, pues, era muy viejo.

Recordé de ráfaga una frase que me sonaba a un mandamiento del que pensé que era propio o que lo había leído por ahí en Pinterest. 

“No seas tan materialista, es sólo un objeto”. 

Era la respuesta fría, cándida, a mi pregunta adolorida, “¿cómo que lo perdiste?”.

¿Pero a quién le pregunté y quién me respondió con su frase? ¿Eso pasó? Lo presté y nunca me lo regresaron?

Así pasaron muchos meses. Todo tan esporádico. Aquí lo cuento como si fuera seguido, pero pasaban semanas o meses entre cada incidente, o temporadas enteras, pero era como un recordatorio incidental, por decir, hace frío, usa sweater, está nublado, saca la sombrilla, está caluroso, usa manga corta.

Desirée, la maestra, entre pastelito y pastelito mientras tanto me contaba sus cosas, sus asuntos, sus temas. Sus amigas, su vida profesional de maestra de tantos años y cómo batallaba con sus alumnos y papás. Lo que quiero decir es que de cualquier manera la vida era sencilla.

Una ocasión que no estaba jugando FIFA, veía unos videos en Facebook, como siempre que quería que el tiempo corriera más de prisa. Algo tienen esos videos o reels que me distorsionan mi sentido de los minutos. Eran como un anestesiador enfocado directamente en mi cerebro.

En eso el fin de mi vida tranquila ocurrió cuando la puerta sonó. Fui a abrirla. No esperaba a nadie en particular, podrían haber sido los Testigos en su afán de pescar almas.

Había un tipo de mi estatura, pelo castaño, ojos cafés claros. No parecía de Amazon ni nada de eso. Me miraba a los ojos con curiosidad. Eso no lo hacen ni los de Amazon ni los Testigos ni los candidatos políticos que vienen por votos que no les daré jamás.

-Hola, ¿eres Raúl Mijares? -me dijo. 

En la desconfianza de siempre respondí:

-¿De parte?

-De Jani Manzano.

No pude encajar el nombre, me quedé pensando en quien se refería. Me sonó el nombre, allá en los patios traseros de mi cerebro. Patios por los que nunca iba mucho, con muchas cosas viejas sin ordenar y todos llenos de maleza que un día se habría de cortar, pero…

-¿Jani Manzano? ¿De dónde?

-¿De Industrias BitSat?

La vieja empresa, la del grupo. Se escuchaba raro que alguien la mencionara en voz alta. La familiaridad de ciertas cosas se pierden con la falta de uso. Una vieja palabra que es de las que están guardadas en tu closet, muy, muy atrás.

-Pero no recuerdo con claridad. Eso fue hace cuarenta años o más -le respondí, tratando de ganar tiempo.

Sentía que tenía que tallarme los ojos. Pasamos a la sala. Veía mi espacio, mis libros, mis videos, los cartuchos. El Xbox. El FIFA. Sonrió al ver el FIFA. 

Nos sentamos.

Él continuó:

-Bueno, sin rodeos. No soy tan dramático. Lo que pasa es que, bueno… ya, sin anestesia, lo que pasa es que soy tu hijo, Sergio Manzano.

-¿Mi hijo?

Una mano me agarró el corazón por segundos, luego lo soltó. Volvió a latir. Respiré lo más profundamente posible. Aparenté que no parpadeé, ni que me puse rojo, ni lo del corazón emproblemado por segundos.

Siguió hablando con frases que no quería entender, que no quería escuchar, que no quería saber:

-Sí, el que tuviste con Jani Manzano. Me dijo antes de morirse que te pidiera disculpas muchas, casi bromeando, mamá era muy ocurrente, pero que te dijera, así, de rápido, que te dijera, ella era muy práctica, mi mamá, diabólica, diría yo, bueno…

Él ya no me veía directamente, veía hacia el techo. Evitaba verme a los ojos.

-Sí, este, ella pidió específicamente que te borraran la mente hace 30 años todo lo respecto a Industrias BitSat, excepto lo superficial y aprovechó sus influencias para que también borraran lo que tenías que ver tú con ella, que trabajaron un tiempo juntos, y sobre todo que…

Contuve la respiración no quería escuchar nada de lo que seguiría:

-¿Sí?

-Qué, pues, la parte más importante que te borraron, fue la de que diez años después de tu salida de esa empresa, se volvieron a ver y… digo, no es sencillo de decir, mi mamá, reunió su orgullo, lo guardó en una bolsa, lo dejó en la casa, y fue y te pidió a ti, Raúl, ser papá de su bebé que ella quería mucho, y que tú no quisiste…

Hizo una pausa, respiró de nuevo.

-En primera, humillaste a mamá en tu negativa, imagínate la pena en ella de pedir algo así tan complejo, y que se lo nieguen, ¡qué barbaridad!, pero algo en tu mente reaccionó, no sé qué fue… así me dijo, pero hizo que aceptaras a medias, y ella me aclaró mil veces que no, no tuvieron, este, contacto, sólo fuiste pues, el donador de la semillita, decía mi mamá bromeando, cosa que me fastidiaba, pues, repito, fuiste el donador de la semillita de donde salió el hijo qué fui yo… que soy yo.

Yo no podía decir nada.

-Pues, repito, o vuelvo al tema, luego te borraron la mente con todo lo que tuvo que ver con cierta parte de Industrias BitSat, con la generalidad de la empresa pero como que con la gente no, había selectividad aunque de cierta manera todo pudo quedar difuso pero sí, como te dije la parte que corresponde de ella y de mí esa fue tachada en total. 

-¿Contra mi voluntad? ¿Cómo ocurrió?

-Creo que según supe, estuviste de acuerdo. No sé lo que habría en tu mente hace como 40 años.

Hubo un silencio. Siguió hablando:

-Por cierto, en esta caja hay tres cosas que me dijo que te entregara.

Vi la caja, la tomé, había una hoja y una cajita que se sentía ligera. Presentí lo que había en la cajita.

La hoja decía solamente con letra a mano: “Gracias, güero”. En la cajita había un cassette y un DSB. Era un cassette TDK de 90, gastado pero al parecer en buenas condiciones, que decía en el lado A, “Clásica” y en el lado B con mi letra de hacía 40 años, “Pastoral – 1812 – Mozart – Vivaldi”.

Vi el otro objeto. Un viejo DSB. Casi de la primera generación, o de la segunda, ahora son muy diferentes. Nadie los reconocería como depósitos de memorias reales, personales, corporales.

Sergio dijo:

-Ahí están las memorias que te borraron, por seguridad, se hacía un respaldo, tengo entendido. Pueden ser insertadas en la persona de nuevo, según supe. Así que si quieres volver a revivir todo eso, creo que sí puedes si es que quisieras, y para eso pues es cuestión de que tomes la decisión de… “recargarla” o “reinsertarla” dentro de tu “sistema o centro de memoria”. Al parecer no son incompatibles con las que hacen ahorita…

Y así mi mente, mis ojos, mi pasado, mi presente, mi futuro, se quedaron en blanco.

Me miró como aliviado después de haber soltado la bomba o las bombas.

-Bueno, ¿no me vas a invitar, no sé, una hamburguesa o algo? O mínimo, ¿tienes café? 

Fue un café. Tuvimos buen momento. No supe mucho de qué hablar con él. Solo superficialidades, qué había estudiado, dónde trabajaba, si estaba casado o comprometido, donde estaba políticamente, de rato lo veía con curiosidad. Me preguntó qué hacía y si estaba casado y eso.

¿Sergio Manzano era realmente mi hijo? Al parecer no era de importancia. Lo que sí era importante era que fuera hijo de… Jani. Parecía buen muchacho, me contó sí, que tenía carrera, profesión, marca profesional, personal, familia. Me dijo que me invitaría un café próximamente para no perder el contacto.

Sonreí con eso de “no perder el contacto”. Tardaría un buen tiempo en asimilarlo.

Al salir me quedé solo.

Vi el DSB. ¿Me lo recargaría o no? ¿Ganaría algo, perdería algo? ¿Sería mejor que me quedara en la duda? No lo sabía. ¿Jani fue tan importante? Tal vez sí, tal vez no. ¿Hice bien con eso de aceptar borrarme todo eso de la memoria?

Tendría que pensarlo y si un día me recargaría mi propia memoria borrada. No sé si tendría caso o no. No sé si me aportaría algo significativo.

Guardé el DSB y el cassette con cierta ceremonia entre mis libros de uno de los estantes de a mero arriba.

Después de Desirée a quién extrañe mucho, pasó la que llamaré Lupita que duró poco, luego se fue y llegó la que llamaré Vania. Era complicado volverse a casar después de haber tenido un fracaso tan épico como el mío. Pero Vania era especial. Se reía muy lindo.

Un día Vania, quien leía mucho, era muy curiosa y era muy técnica, vio el cassette, lo tomó y leyó las etiquetas, miró la fecha y la leyó despacio con su voz ronca, usual:

-“19 de mayo de 1981”. Caramba, ¡qué “vintage”!

En eso tomó el viejo DSB y lo examinó.

-¿Y esto otro? ¿Qué es?

-Una especie de drive de memoria -dije un tanto disimulando ansiedad. Los tendría que cambiar de estante. Demasiado visibles.

-¿Memoria? No conocía de estas. Tienes cada cosa. ¿Qué guardas dentro, cuanto es su capacidad? ¿También es “vintage”?

Yo que tenía tiempo de no pensar en eso. Sólo miré a la pequeña unidad y me quedé mirando al vació.

Me estremecí y por fin respondí:

-Supongo que me la dieron en algún evento. Alguna unidad fallida como el Jazz de a finales de los 90s, carísimo, o como la unidad de cinta digital de 8mm. Poca difusión. Y creo, que, sí, creo que está en blanco. 

Hice una pausa. Miré la foto de Sergio, su hijo y yo platicando en un café. 

Repetí:

-Totalmente en blanco…

Vania me miró con esos ojos negros intensos.

-Estás evadiendo, Raúl. Y si no es nada, pues tírala si no te sirve… guardas demasiadas cosas, cables, celulares, monitores. Eres el típico divorciado que se quiere quedar solterón y sus espacios se llenan de cosas que no saben tirar. Así eres, tantas cosas en tu vida que no sabes tirar. No sabes manejar los vacíos. Tienes que llenarlos con objetos ocupadores de espacio.

Vania era muy impositiva. Lo sigue siendo.

-No, que se quede ahí, es de recuerdo. No es sólo un objeto ocupador de espacio.

Yo también lo era. Impositivo. Lo sigo siendo. Se la quité de las manos, opuso cierta resistencia a soltarlo.

-Tienes tanta basura, mi cielo. ¡Ah, ya sé! No lo quieres tirar porque te la ha de haber regalado alguna de tus viejas -sonrío-. ¡Eres incorregible, canijo, un total semental!

Hizo una pausa y Vania se llevó una mano a la boca asustada pero con sonrisa. Exclamó:

-¿O dije un total sentimental? ¿Qué dije? ¿O lo pensé? ¡Dime que dije!

Vania se rio de su ocurrencia. Me gustaba cómo se reía. Vania tenía su agradabilidad.

Yo sonreí también mientras guardaba la unidad DSB en un cajón y me aseguré de cerrarlo muy bien. “Si te contara”, pensé. Un día puede que se lo diría.

Y sin dejar de sonreír cambié el tema.//1234


lunes, agosto 18, 2025

1233. Amanece domingo, 1970, repetición total. Noche y amanece de nuevo, domingo de 1970. ///

NnCt 1233 de 1,440 amaneceres que son menos que los 3,654 días que fue lo que se calcula que fueron los que ocurrieron en el Día de la Marmota y que te pudieron servir de aprendizaje. // 17 DE AGOSTO DE 2025




REPETICIÓN REPLAY

Aquí la cuestión, ¿te acuerdas, que Tampico es la ciudad más lenta del mundo en la que ocurren las cosas más lentas del mundo y tú amaneces en ella de pronto como por arte de magia y tus papás se quieren deshacer de ti y te mandan al cine a ver tres películas que les llaman de matinée? 

Ves a tus amigos de la cuadra con los que convives y a los que cada día los miras diferente, y de pronto de la casa de enfrente de la tuya sale Rubén, que dice que vengas a ver algo, escuchas que es futbol y piensas en otro aburrido partido que no entiendes y que es extraño en sí mismo. Con todo y que es el Mundial de México 770 y piensas que sí, algo debe ser relevante, aunque estés en Tampico y todo sucede en DF, en Puebla, en León, en Guadalajara, en Toluca.

Y Rubén no sé si cumple su palabra porque lo que te muestra es algo impresionante en verdad, fuera de rango, lo más grande del mundo desde que el papá de Aureliano le enseñara el hielo y lo recordase el día de su fusilamiento, la televisión a color,  sí, a color, tal cómo es la realidad.

Así ves minutos de un partido olvidado, probablemente el de Rumania-Checoeslovaquia que ganó Rumania 2 a 1, después de ir perdiendo 1 a cero. Y ves frases en la pantalla arriba del juego tales como “REPETICIÓN REPLAY” porque de alguna manera ves como una jugada se repite dos o tres veces la misma, tema que por un lado no alcanzas a entender para qué alguien querría ver dos veces las cosas, pero con el tiempo se verá que se necesita la frase porque la gente pudiera pensar que es otro gol y otro gol y hay que decirle a las personas que la tecnología puede jugar con sus mentes, pero ese anuncio demuestra la honestidad al pueblo, no pueblo, es repetición de la jugada, es para que la observes mejor. Solo eso. Lo hacemos por tu comunidad. A color la honestidad. “REPETICIÓN REPLAY”

Y fue solo un gol.

Pero el color, el color, mi amigo, mi amiga, mi vida adquirió sentido con él. La experiencia fue casi sexual, placer intenso… El pasto verde, los colores de las camisetas, de los anuncios, todo borroso, o sea, una televisión a color, no sabías que los papás de Rubén tenían tanto dinero para tener una televisión a color. Sólo sabrías con el tiempo que a tus abuelos de Monterrey, tus tías le comprarían una, que un tío tuyo de Monterrey, también y que dentro de un año verías un partido de beisbol desconocido, pero también totalmente exuberante en su de nuevo verde pasto maravilloso con sus uniformes increíbles, rojos, azules, amarillos, y con el tiempo también tu papá no sabes a quién robaría o quién le pagaría algo o cómo se endeudaría en abonos, pero tuvo su televisión a color justo para la serie mundial de beisbol de octubre de1976 pero para eso todavía faltaban años para eso y, tal vez, eso quizá nunca sucedería en tu dimensión porque estabas atorado en el mismo día en Tampico, ese día 6 de junio de 1970, el día de Rumania-Checoeslovaquia que tanta historia hizo en tu cerebro y en tu alma en la que de extraña manera sentías que ya lo habías visto todo y que después de eso ya nada podría sorprenderte.

Y luego vas al cine, estás en el camión, toda la Avenida Hidalgo, ves al Dairy Queen, del cual una vez probaste la nieve, pero la nieve del pasado tenía ingredientes del pasado y era mejor que todo lo que dijiste… y que has probado el hoy por hoy, si tan solo hubieras salido de ese loop porque de eso no puedes estar tan seguro.

Era el Mundial de 1970, te dije, y jugábamos futbol, yo un tanto a fuerza y llevado por la presión de grupo, de hecho aun no sabía decir que no y todos querían algo de la fiesta del Mundial y era normal que del grupito que vivíamos en la calle de Avenida del Real que topaba en Avenida Hidalgo, formáramos un equipo pero como yo no quise decir públicamente que a mí no se me daba el futbol, es más, a mí no se me daba nada. Pero tenía demasiada pena para aceptar en público la pena que a mí no se me daba nada. Lo bueno era que ese no decir me mantenía en el grupo

Y el Yayi, amigo oscuro de color de piel, y no por eso lo estoy tipificando, genial jugador, que tal vez por eso él era Brasil siempre, juego místico de personificaciones, y no que yo quisiera ser Brasil, porque en aquellos años el nombre conjuraba habilidades milagrosas y a ese equipo solo le faltaba caminar sobre el agua y tal vez lo intentó y lo logró y no lo supimos, y, bueno, el Yayi, repito, jugaba muy bien al fut, y nadie, pero nadie, le quitaba la pelota al Yayi.

Así fue cuando estuvimos un día todos a punto de jugar en un jardín rodeado por árboles con frutas como mangos, por decir, no sé cómo, así en sucesión, Yayi era Brasil, otro de los compañeros era Italia, no veía mucha lógica en eso de que cada jugador fuera un país personificado, pero, así como quiera, inevitablemente otro compañero era Uruguay, otro era México, otro Inglaterra, a mí me tocaba de entre todos los posibles, inevitablemente, Bulgaria, ¿te das cuenta?, ¡Bulgaria! 

Nunca supe si yo era el último a quien le preguntaban y todos los mejores países ya habían sido ganados. A mí no se me ocurría  ninguno. Nunca.

No recuerdo ningún marcador de nuestro partido de ese día particular ni que sólo hubo un juego formal que perdimos, ganamos, no sé. Y el calor y que a cada minuto preguntaba cuanto faltaba, de hecho, se me hacía muy profesional preguntar algo así y que me respondieran.

¡Bulgaria vivía!

Por fin acabó el suplicio y a cambiarnos rápido.

De alguna manera llegó ese domingo marcado con prodigios comenzando con con la visión de la televisión a color de Rubén y antes amanecimos y… después nos subimos al camión para transportarnos por toda la avenida Hidalgo hasta llegar al cine Alameda.

Ya en el camión le dije a mi hermano:

-Creo que ya vimos las películas.

-No sabes cuáles van a dar. ¿Cómo sabes si no has leído el periódico?

-Sí, es la del Santo contra el Estrangulador. Luego la del Santo contra el Espectro del Estrangulador. Luego es la de Dos Pintores Pintorescos con Viruta y Capulina. Me gustan las tres, pero la del Estrangulador me da cierto miedo.

-No es cierto.

Luego llegamos al cine Alameda y ahí estaban en la marquesina las tres una detrás de otra. De pronto dije:

-Entraremos y cuando estemos jugando en la alfombra, el niño de camiseta azul se va a pelear conmigo porque dirá que lo empujé y no será cierto, se caerá solo porque sus tenis están desabrochados y se tropezará.

-No es cierto. No sabes quién estará en el cine.

-Tú lo golpearás y llegará su papá y el administrador del cine y sacará al señor y al hijo porque nos reconocerá porque somos amigos de Gustavo, que a ti te cae mal, el hijo de la Güera, la inspectora de los cines que a todos manda y que era amiga de mi tía Sanjuanita.

-No es cierto. No sabes qué pasará.

Después de la primera película del Santo contra el Estrangulador se encendían las luces tenues del frente del cine, por eso le daba una sensación fantasmagórica de entrebrumas y en menos de un minuto ya la alfombra estaba lleno de niños y en eso había que aprovechar y así estábamos también nosotros jugando en la alfombra gigante a las luchitas, además nos aventábamos desde la parte superior porque era una pendientita y rodábamos, además ocurría que siempre desearíamos tener alfombra en la casa porque era un lujazo tenerla y se sentía como que fuera de nuestros mundos.

En eso el niño de azul se cayó, tropezándose solo, y de pronto me retó que porqué lo aventé y ahí pensé que necesitaba una imagen que pusiera las cosas en orden con un “REPETICIÓN REPLAY” para aclarar todo, pero como no hubo nada empezó a querer pelearse conmigo y mi hermano llegó como de rayo y le dio un trancazo en el brazo, de pronto vino el papá y éste le gritó a mi hermano, de inmediato vino el administrador del cine, y con la lámpara nos miró con atención y nos reconoció que éramos amigos de Gustavo, el hijo de la señora la Güera, que era amiga de mi tía Sanjuanita. Por eso nos dio la razón. Ya no supimos que pasó con el papá y el niño.

-La película se quedará oscura, a lo mejor se quemará, gritaremos “Cácaro” y ahí me daré cuenta de que perdí el peso del camión de regreso. Me pondré muy nervioso porque te enojarás conmigo.

-No es cierto.

Le dije:

-Te daré uno de mis dos pesos para que lo cuides si no, nos iremos a pie.

Sucedió tal cual, la película se quedó oscura, gritamos “Cácaro” y ya no tenía ningún peso, me puse nervioso y mi hermano se enojó conmigo.

Al fin acabó todo.

Sí, descubrí que se me perdió mi peso y al menos salvé el otro dándoselo a él.

Le dije:

-El camión se descompondrá después del Hotel Camino Real, veremos el carruaje viejo, y tendremos que caminar, pasaremos por el Dairy Queen y nos quedaremos viendo como siempre queriendo un cono de nieve Dairy Queen que sólo una vez en la vida nos dieron y que no volveremos a comer quizá en cuarenta años más cuando la vida sea muy diferente a esta que llevamos ahora y no veamos ya nunca jamás a nadie de estos nuestros amigos de ahora y llegará el día que ya no sepamos nunca jamás del Yayi ni de Marina, ni de su hermana Flor, o de Rubén o de quién era el jugador que le tocaba el equipo de México o el de Italia. 

Pero Yayi siempre era Brasil y yo siempre era Bulgaria. 

-No es cierto, me dijo mi hermano.

El camión se descompuso, vi el carruaje con el que siempre quise pararme y verlo de cerca pero nunca me dejaron, y pasamos por el Dairy Queen y me pareció fabuloso recordar el maravilloso sabor y ni lo triste que me puse por no tener dinero y el no poder comer de su nieve me frustró. Son los beneficios de saber que es lo que ocurrirá.

-Mamá se va asustar y nos gritará porque llegamos una hora tarde de lo de siempre.

-No es cierto, me dijo mi hermano.

Mamá, obvio, no tenías que revivir el mismo día las mil de las veces para saberlo que así ocurriría por toda la eternidad. Vaya que nos gritó y regañó.

Después de la rabieta prevista de mi mamá, a sabiendas que no había programación, prendimos la tele nuestra blanco y negro y encontramos de nuevo que no había nada más que ruido y rarezas y líneas y como si bestias extraterrestres enojadas adentro hicieran mil ruidos y el mundo no podía darles más, de ese modo se convertían en conjunto en multitud de rayas grises y blancas de pronto se veía la pantalla una gran raya negra horizontal que se movía para abajo sin detenerse, sin detenerse, de manera misteriosa y dije…

-Es el “vertical”, se arreglará con el control de atrás, la pequeña perilla delgada, pero con cuidado, te va a dar toques.

-No es cierto… 

Me hice un paso para atrás y dicho y hecho gritó:

-¡Ah! ¡Me dio toques!!

Mamá vino y lo arregló así, y a ella no le dio toques.

A las cuatro PM por fin, afuera ardiendo con la torridez, habría dentro imágenes pero será algo llamado “Visión” con un documental de algo industrial de Alemania, y que se nos hacía todo tan lejano, como de otro planeta. No era lo que queríamos. Queríamos caricaturas, queríamos Los Picapiedra, queríamos Monstruos del Espacio. Queríamos al Correcaminos. Queríamos a Speedy González. De pronto apareció Mexico Magia y Encuentro quien venía para matarnos la ilusión y luego  de ahí llegó Siempre en Domingo con una ristra de cantantes y no, no era lo que queríamos, solo sabíamos que en un canal faltaba poco para que saliese Disneylandia y ahí era muy claro, en la pantalla decía que era en color. No nos mentirían, ¿verdad? ¿Y sería posible que ese día, Disneylandia sí saldría en color en nuestra televisión? Todo era posible.

No, no salió en color. Ya después nos dio mamá de cenar. Huevos con tortilla de harina recién  hechas. Nos decía que sí ya teníamos la tarea, le decíamos que sí. Yo era el único que sabía que mañana volvería a ser domingo. No sé cuantas veces había ocurrido esto. Muchas veces. A mi hermano ya había aprendido yo a no decirle nada, no me creía y me miraba como loco.

Solo sabía eso. El lunes no llegaría. Por eso hacía como que hacía la tarea. No tenía caso.

Y dormíamos ya para que fuera lunes.  Pero aparecía de nuevo el domingo. Y las mismas películas. Y la misma caminata desde el Dairy Queen. Y todo igual. Y aquí sigo, porque no hay escapatoria. ¿Por qué?, sigo sin saber. Bueno, no todo es igual. 

De tanto jugar y observar ya le quito la pelota al Yayi. Y siento que me odia cada vez más. Pero no me importa. 

Y me sigo llamando Bulgaria mientras espero a que un día llegue ya por fin, a ser lunes. /// 1233


1232. Huíamos y huíamos de las pantallas, los pasillos, las escaleras, y al final, más pantallas.///

NnCt 1232 de 1,440 espejos que los pones mitad enfrente del otro y en esos reflejos sales tú en todos hasta el infinito excepto en el segundo o tercero en el que aparece de pronto la imagen de la bestia que eres y que ignoras excepto cuando aparecen esos espejos y te reconoces y dices “¡que inteligente era Charles Addams cuando hacía esos cartones como el recién descrito!” Y eso fue antes de que fundaras a tu familia tan querida, la Familia Addams, Charles…”

Y eso estábamos discutiendo precisamente de tecnología cuando apareció un gato negro y detrás de eso apareció una mujer gritando, “¡Max, no te vayas…!” Siempre una mujer tras su gato Max…/// 15 DE AGOSTO DE 2025





LA IGLESIA DE EVELIA QUE CASI FUE

Evelia se hubiera reído como loca.

Y es que Evelia estaba loca. O tenía muchos rasgos de locura. Pero nadie le hizo un inventario.

Como cuando no quieres comprar más tiempos compartidos o terrenos o casas o joyas, pero ellos te localizan porque estás en su presente de prospectos y solo buscas un tiempo en el que nadie sepa de ti y ahí estás en tu jardín y la persona esa te está busque y busque en tus redes porque desea fervientemente que le compres un terreno con dos árboles, una hamaca y un pedazo de tiempo además de una cortina o un domo del silencio para que estés ahí, por tiempo indefinido offline, solo con un perro, un sol, un sonido de arroyo, un sonido de viento y caracolas además de los bellos recuerdos de un bello amor que tuviste, que tienes o que tendrás. O que inventaste. O que compraste. O que rentaste. O que te soñaste. O que se te apareció en la noche. En ese espacio que te vendió el tipo, el que viene incluido un pedazo de olvido para todo lo anterior, para que olvides lentamente que el tipo te lo vendió por mil semanas hasta que terminaras de pagar. 

Evelia se subía a un tanque de agua con todo peligro y sin protección para ver la carretera hasta que llegaban las estrellas. Porque ella quería saber precisamente de dónde nacen las estrellas. Y ese lugar era un excelente punto de partida hacia arriba muy arriba.

Ahora solo anhelas esas diez horas para pasar en línea, en medio de la metrópoli en los momentos más conectados de la historia en el que hasta las hormigas están siendo monitoreadas para que no hagan más hormigueros de más, para que las flores sigan creciendo a una tasa calculada y la que no sirva se deseche y para que las hojas de los árboles se desprendan en la sucesión correcta primero la que debe, luego la segunda designada, luego la tercera. El gran orden de la…

Vida de un derrochador de tecnología, de un idólatra que afirmaba que las idólatras eran otras y lo que ocurría a final del día y al final de todos los días era que tal vez se había equivocado de secta.

Evelia, en uno de sus talentos sensoriales y sensuales desarmaba la lavadora y la volvía a armar sin manual y ¡funcionaba!, ¿el esposo? no sabía tomar un desarmador si se lo pidieran con una pistola en la misma sien.

Así descansas las diez horas, una tras otra tras otra… hasta que al final te transfiguras y eres feliz de tanto que cuando vas, o que cuando te toque estar yendo hacia la luz tienes la plena, la plenísima seguridad de que no te pasará nada…

Evelia un día ya no estuvo sobre la tierra.

Un día me empezaron las alucinaciones. Y navegaba en un mar oscuro y era la náusea constante y era el desconsuelo de porqué me tocan las cosas y sentía que el Maligno podría venir por mí esa noche en medio de las olas malas, las aguas malas, y la sombra era mala y de pronto pensé que si no me aferraba a un ancla, a una pesa suficiente podría el señor de la Negritud de Maldad volver por mí y arrancarme de este lugar antes de tiempo e iría a donde no quería, a donde no debía pero ¿cómo hacerlo? y así pensé en mi gato, porque lo sentí de manera tan extraña, y es que mi gato negro no debía aparecer pero sí ahí estaba y lo abracé y él como buen gato me hisseó y me arañó y así reconfortado con una línea de sangre de un centímetro que no estaba y es cuando recordé a Evelia. 

Porque el gatito fue el mensajero de Evelia.

Evelia amaba los gatos, amaba a los niños, lo amaba todo y todos la amaban y todas también la amaban y fui testigo de cómo ella tenía sus dos tres cuatro vidas escondidas que nadie conocía más que yo, según sospecho, al menos una que le regresaba cuando ella estaba bajo el influjo de una droga que le ayudaba al corazón, tema que nunca me fue claro lo de su salud, si era endeble o qué y que ella llegaba a afirmar que esas drogas le hacían decir la verdad que de alguna manera ocultaba tal como todos la ocultan sobre hechos particulares de responsabilidad dudosa.

“Malditas drogas”, decía sonriendo, porque en ese momento le podrías preguntar lo que fuera y como si fuera el suero de la verdad o el lazo dorado de la Mujer Maravilla ella te decía la verdad. La verdad de los hechos como fueron porque sabía que no había juicio, que el juicio no importaba a nadie. A ella menos. Son otros misterios, ¿así era con todo el mundo? ¿O sólo así era conmigo? ¿O por qué conmigo? 

“¿Tuviste sexo en la mañana con tu amiga cuando dijiste que sólo fue un café con ella?”. Nunca lo sabría en su estado de conciencia y sí, yo me preguntaba, mi consciencia en deficiencia, todos tenemos derecho a no saber nada de nuestro prójimo y a no contestar y a lo que quieras que eran los derechos humanos de las personas, pero ella bien sabía que todo era por algo. Por más indefinido que eso fuese. Ella necesitaba decirlo. Tal vez era su manera de necesitar decirlo.

“No te diré, no te lo diré… bueno”, hacía una pausa, y seguramente hacía un gesto de que todo le era gracioso y agregaba “sí lo tuve y estuvieron deliciosos, el café y mi amiga”. Y se reía, y eso me hacía pensar, ¿estaría fingiendo? Era una manera de decir la verdad sin comprometerse a que no era ella la que hablaba sino su otra voz, su otra personalidad, la que podría decir en cualquier momento: “todo eso que te dije hace minutos, fue mentira, solo era una manera de divertirme contigo, de ti y contigo… porque eres un tonto crédulo”.

Ahí entraba la duda, pero yo preferí creer. Sencillo, preferí creer.

Era la lujuria diabólica, sin culpa, sin maldad. Solo el placer de existir tal cual el sol existe porque sí y la lujuria también y la bondad y la alegría y el amor.

En otro momento le pregunté:

“¿Fuiste a comer con aquella persona? ¿Sólo a comer?” Esa persona era una de tipo de clasificación todas las X posibles porque hacía, según sus chismes que siempre fueron fantasiosos, y eran de fantasía de buen calibre, irresistible a no saberla, que ella, la amiga, tenía aventuras especiales con su esposo que infringían todas las reglas morales de convivencia de este siglo y de las que habrá dentro de tres siglos más, a como estuvieron y estarán las medidas de lo que es bueno y conveniente de esta sociedad que nos oprime y nos seguirá oprimiendo en el año 2325.

“No quiero decirlo, pero sí, lo hice. Comimos e hicimos más y más, cosas, llenas de maliciosos pecados y vino su amiga Carmen y las tres tuvimos un encuentro de pieles bellas, hermosas, sinuosas, deliciosas, sudorosas curvas de mujer, redondeces en forma de corazón que afirman y firman que mientras haya vida habrá placer”.

Todo me sorprendía, eran nuevos mundos, era una puerta a la sensualidad, pero ella estaba curiosamente cerrada a mi placer como una puerta de hierro, me decía que yo era como su amigo Benito, de la carrera que quiso tener algo con ella, pero ella decía que los amigos son para un solo objetivo y que a mí me usaba para desahogar tanta culpa, tanto pecado, tanto castigo que tendría ella en esta vida y en la que seguía. Y me usaba y me usaría.

Porque dentro de ella sabía que la muerte no estaba lejos, afirmaba, no sé de dónde, que personas como ella de las que todo mundo afirmaba en su cara: “es que eres muy luminosa”, muy pronto se les acababa el combustible y se quedarían oscuras, piedras negras que serían olvidadas pronto por todos acabando en algún irremediable negro rincón fuera de la vista y memoria del mismo Dios.

¿Para qué preguntarle tanto? Solo por saber qué hacía, cómo lo hacía, porqué lo hacía, persona única como cada persona es única en la vida, y siento que en este compartir su sabiduría y conocimiento no había maldad en nosotros, y así fuimos descubriendo de lo que ella decía, que la gente habla de la buena maldad y de la mala maldad, la que es por tu bien y la que es por la venganza… aunque nunca pude entender del todo, ¿por qué puede existir una maldad por su bien, aunque suene a contradicción? Nunca lo entendí.

Evelia no que fuera la protagonista de las Tres Caras de Evelia, sino en que en este caso sí había otras dos caras, por eso siempre se me hizo que el caso de Evelia era para que la estudiaran, la metieran a un laboratorio, no por mal, sino por lo extraordinario de su caso.

No creo en las dobles personalidades, pero en este caso era triple personalidad. O alguna que ella nunca me contó. No sé si ella pudiera cometer en un momento determinado un crimen y negar que lo pudiera haber hecho afirmándolo bajo juramento, bajo detector de mentiras, bajo interrogadores de la Gestapo, porque eran distintas personas, diferentes, las personas dentro de ella eran de mundos extraños, cada una independiente, cada una con sus propias ideas, propias opiniones. Mundos de circunstancias, dimensiones distintas en las que la puerta, la bisagra, el vaso comunicante, el mismo túnel, el conmutador, o lo que sea, era Evelia. Su ser era la conexión a varios mundos.

Porque había otra situación con Evelia, si alguien la regañaba fuertemente, y eso ocurría a menudo, a ella le daban regresiones a cuando estaba en la adolescencia, o en la prepa, o en la carrera.

Fue así que me enteró de viva voz de su vida loca tremenda impresionante, desde que logró hacer hazañas de depravación deliciosa femenil versus la depravación deliciosa femenil de la otra u otras compañeras en la misma carrera o cuando fue ayudante de una dentista y hacía maravillas en lo que las labores de higienista oral corresponde, como en aquél libro de Stephen King, a su chica, la de Evelia, le tocaba ser más oral que higienista, o cuando acompañaba a sus amigas a la modista y el verificar cómo les quedó la ropa era el delirio, o a la florista y era el juego total, o a la peinadora o estilista que era la exploración de la hidratación profunda. 

Esa regresión de la que ella padecía estaba fuera de todo radar, como si de pronto ya con sus hijos dormidos, a cuestas prefería tomar su mochila para ir a la escuela, una que ya no existía para poder llevar el proyecto de Ciencias Químicas de primero de prepa, todo eso a mitad de la noche imaginando que iba por el camión de una ruta que ya no existía y de ahí a bajarse en una esquina lejana que había desaparecido por el urbanismo gentrificado desbocado y caminar dentro de su mente hacia su escuela olvidada buscando portones imaginarios, pasillos ilusos, reflejos de espejos que ya no están. Voces que ella escuchaba perfectamente, me imagino las miles de caras que ella veía que la veían y que ninguna de ellas existía mas que en su mente atormentada. Y de pronto, regresaba y se preguntaba porqué la mochila, porqué los tenis, porqué los shorts, porqué la libreta, los apuntes, porqué el cabello pintado, los caireles, la falta de maquillaje y porqué la noche.

Evelia tenía a su novia amor que era la oficial. Mujer experimentada mayor que ella, su confidente, su valedora, dirían los amigos chilangos, su dueña, su decisora, que de lo que supe era que su odio, gran parte me lo dedicaba,

Ella, la dueña, la cuidaba en los gimnasios o en todos los eventos sociales cercanos a los que ella, su novia, cuidaba a Evelia de la que ya sabía que era un alma libre y sin cadenas que pudiera volar a la menor provocación hacia esas otras luces, otras estrellas de la Gran Tentación.

Por eso sorprendía por la rapidez de cómo a pesar de su novia la dueña, ella, Evelia, conectaba con otra mujer, y esto era un sexto sentido que a los hombres se nos escapa que eso puede existir, ese mundo de sensualidad y de lo sensorial sin ambigüedades donde solo el roce mínimo pero preciso de yemas de dedos con otras yemas de dedos o dedos casuales/no casuales recorriendo por en medio del cabello de la chica de enfrente y decir al mismo tiempo: “¡qué bonito se siente tu cabello!” Chica de enfrente a la que le salían luces y brillos en los ojos y que entraban en polaridad positiva y que en un lugar público en medio de la nada, porque pudo ser que la novia dueña de Evelia había ido al baño, y esta se daba un beso profundo en la boca, en los labios sensuales, con esa mujer a la que tenía solo cinco minutos de haberla conocido al son de “¿Te puedo dar un beso?” 

Se lo pedían, imploraban, suplicaban. “¡Claro!”, contestaba. Ella se entregaba así. En eso podía llegar la novia dueña y verlas a las dos mujeres separadas socialmente tranquilas por un metro y preguntarles sonriendo con falsedad pero sospechando que por algo no debía dejar sola a Evelia: “¿Todo bien?” Y escuchar la respuesta casual general llena de dudas y sospechas: “¡Todo bien!”. 

Así si la tensión sexual fuera humo, ya hubieran llegado los bomberos. Así, el crimen perfecto.

Todo tan, repito, casual, causal, fenómenos de lo femenino, o de lo femenino de la mujer ella solo ella y nadie más.

Fue cuando me contaba esas cosas cuando sospeché que había mundos de sensualidad que no conocíamos ni conoceremos como si fueran sus ojos los de un gato que ve en la noche en longitudes de onda diferente a las nuestras y fue por entonces cuando me dijo esa frase mágica o sentencia o lema o clave de la vida o conclusión, que me dejó pensando tantos días y meses y años: “la vagina es hipnótica” o la de ”los hombres no tienen idea del diluvio de sensaciones las nuestras en mil capas que sentimos en mil momentos diferenciados sin que ustedes sepan cuando están dentro de una”.

Nunca supe si se metió a temas del Zen o de la Armonía del Universo o al concepto de lo que es mujer pero si hubiera querido o podido Evelia hubiera sido la Suma Sacerdotisa de una nueva religión o secta o comunidad de Iglesia de La Buena Vagina, tal como en estos últimos años han aparecido algunas en ese sentido en Nueva York en donde ella, de seguro, hubiera sido muy feliz.

Hoy por hoy sólo sé que Evelia desde que me mandó a su gato negro a salvarme en mi alucinación casi mortal, hablamos por las noches y me cuenta lo que ocurre en sus oscuros dominios, a los que ella conecta su luz e ilumina con su sonrisa, además de que cuida de su hija que está con ella, y así mismo también cuida de su hija que está acá de este lado y quizá cada tanto tiempo baja a estos planos dimensionales en donde se posesiona de alguien, otra mujer divina, un súcubo tal vez, y tiene el mejor de los sexos binaurales del mundo y a ese alguien hace feliz a través de los mil orgasmos que ella afirmaba que era capaz uno tras otro uno tras otro y luego con sus respectivas réplicas horas después tales como los que provoca un terremoto cualquiera decente que se precie de serlo.

O quizá todo es mensaje dentro de una caja de resonancia de mí mente que sucede cuando me deslizo en un mareo tsunami escala 10 de Richter y con una fiebre de 40 que a todos asusta y que en medio de todo eso de pronto caigo en esas alucinaciones de las cuales uno no distingue o percibe cuál es la realidad.

Pero para ello, la próxima vez, a consejo de Evelia, pediré que mi gato esté cerca para aferrarme a él como faro de luz blanca para que luche contra la luz negra que desea que ya me quede abajo lejos del mundo de los vivos, y estar, antes de tiempo, en el Reino de los Muertos Queridos, o de las Muertas a las que todos o más bien, todas, siguen amando después de todos los años, como así fue, es, será, la Gran Evelia. ///1232


1231. ¿Quieren destruir las voluntades? Lo podría impedir. Pero no lo haré. Verás, soy el traidor. ///

NnCT 1231 de 1,440 buenos deseos que siempre al principio todos somos amigos y al final de cuentas unos no tanto, unos un poco más, pero al final todo lo que haya, todo lo que quede, se lo lleva el accionista. /// 14 de AGOSTO DE 2025




LA TRAICIÓN TRAICIONADA EN SU REDUNDANCIA

En la sala de juntas del piso setenta y cinco de la Torre RISE. Desde ahí se veía Cadereyta, o más bien, la refinería de Cadereyta. O más bien, la bruma que salía como tentáculos imprecisos de color marrón y anaranjado venenoso de la refinería de Cadereyta que si no estuviera dejaría ver a Cadereyta.

Humberto dijo con voz cargada de nervio:

-¿Ya viste lo que dice el pizarrón?

Trinidad lo leyó mientras decía:

-No he leído nada, es muy temprano, tuve mala mañana con los Bitcoin y quieres que vea el pizarrón… veamos: “HOY ES EL DÍA DE LA VERDAD. LO MÁS TRISTE DE LA TRAICIÓN ES QUE NUNCA VIENE DE TUS AMIGOS”

Lo leyó dos veces como queriendo traducirlo.

Suspiró al final y se acercó a Humberto con seriedad.

-Ok -dijo Humberto-, ya veo lo que está pasando aquí: te descubrieron. Me imagino que esta reunión fue para acusar a quien fue el traidor que vendió los datos del producto y las proyecciones de ventas a la competencia. En estas dos semanas me he estado quebrando la cabeza con eso. 

Meneó la cabeza. Lo miró con preocupación:

-Acéptalo, Humberto. Somos amigos de hace mucho. Te lo quería comentar hace mucho. Fuiste tú, lo sé, confírmamelo, debo ayudarte, pero dime la verdad, di la verdad, aquí nadie te escucha. Yo te cubriré en lo posible. No debiste hacerlo, la verdad, tienes un grave problema, mi amigo. Pero te cubriré, diré que fue otra más de tus pendejadas… Para eso soy tu amigo… Sólo confirma, caíste en la tentación, ¿verdad? Se te hizo fácil…

Humberto lo miró como si el mundo estuviera de cabeza frente a él.

-Estás loco, Trinidad, yo no fui, demuéstramelo. No puedo creerlo. Me duele que pienses así de mí… ¿No éramos amigos? ¿De hace tanto tiempo?

Se le quedó mirando.


-¿Fumaste algo, te inyectaste algo? ¿De nuevo? Me caló eso, ¿eh? Pero aquí entre nos, creo que fue Ofelia. Desde hace tiempo me dieron el pitazo de que era problemática. Y que tenía acceso a información privilegiada. Y qué tenía etiqueta de precio.

Trinidad iba a rebatir ya con el dedo levantado cuando en eso entró Ofelia.

Venía como siempre, muy arreglada, tacón alto, vestido ejecutivo, con su rostro enojado como si el coraje y enojo fuera su esencia, su apellido. Despedía humores de intolerancia, como siempre, esperando ver la pequeña grieta por la cual iniciar a perforar en el ojo ajeno.

-Los escuché, lo del traidor, pero no, no fui y yo y no pondría las manos al fuego por ustedes ni por nadie. Allá ustedes y su conciencia, pero, sí, debería ser más discreta, pero ya los vi atacándome, primero, no tengo precio, el sólo hecho de mencionarlo me ofende más que su presencia en esta empresa, pero por otro lado, colegas, creo que pensaron en la mujer equivocada, según mis datos fue Cordelia. Eso me han dicho,  por ser mujer ya me estás acusando? Eso es violencia de género. Sólo de oídas, ¿verdad? Ya nos veremos después… en su momento que decida… Pero por el momento sé de buena o mala fe que ha sido Cordelia.

Ni Trinidad ni Humberto se inmutaron.

-¿Cordelia? ¿Tu gran amiga? No creo. ¿O sí? Ya la abandonaste también. Ya le sacaste los trapitos y le sacarás los que le faltan, todo por descarrilarla, lo sé, lo imagino… Ya era de que sacarás las cartas, Ofelia…

Trinidad dijo:

-Cordelia, esa ambiciosa. Siempre se me hizo una ambiciosa. Tiene sentido, Humberto…

-Sí ya sé eso, y que es una trepadora -dijo Humberto-. Y no es la única… pero a Cordelia siempre la he visto de la mano muy cerca de Dionisio. De la mano y de otras… cosas…

Y así fueron llegando todos y leyeron la frase. Y entró Marcela y acusó a Roberto, este susurró a Cordelia que es Sergio el señalado, que salió en las cámaras. Sergio le dijo a Ofelia que desde un tiempo atrás sospechaba de Trinidad, que tenía amigos extraños en LinkedIn. Roberto se sinceró con Humberto, no lo hubiera creído de Carlos, apostaba por Sergio, por lo de las cámaras. Cuando llegó Carlos apuntó con su laser a un cuadro de todos reunidos en una celebración donde estaban todos sonriendo y se fue por Dionisio, el presidente. Cordelia regresó porque había salido de pronto y evitó saludar a Humberto, quien ya le había mandado el mensaje.

En eso entró Dionisio y todos callaron. Muchos evitaban ver a nadie. La tensión se sentía como de cementerio en momentos que les dijeron que no habría Resurrección ese día ni los que venían por siglos, cuando los muertos todos ya habían salido a la calle en falso y estaban furiosos porque el Mesías se quedó cenando con sus amigos y ahora tenían que regresar a sus tumbas y habían perdido los rumbos en la festejación.

Lo primero que hizo Dionisio fue saludar, estaba radiante, su último viaje a Singapur y Hawaii lo habían rejuvenecido de manera tremenda:

-Hola a todos, espero que hayan tenido excelente fin de semana largo. Ahora, ¡a ponernos las pilas!

 Lo segundo que hizo fue llegar al frente leyó la frase y cerró los ojos, fue por el pizarrón y la borró. Su radiancia se había emblanquecido un grado de diez y no cinco como hubiera imaginado la audiencia.

Trinidad le susurró a Humberto:

-Te dije que iba a aparentar estar de buen humor, el madrazo está a punto de llegar. Dionisio es una bestia cuando está de mal humor. La bestia que se sintió acorralada bufará y lo querrá incendiar todo al salir. Y a todos.

-¡Qué caray! -dijo-, bueno, esa frase corresponde a otro caso de estudio. El caso de estudio que nos toca hoy es el de la página 313 del libro de texto. Bueno, empecemos la junta. La idea que les comenté es el caso que íbamos a analizar del Harvard Business Review, CÓMO CREAR LA CONFIANZA EN EL EQUIPO DE TRABAJO, TODO MUNDO APUNTANDO HACIA EL MISMO OBJETIVO. Como subtítulo: LA ARMONÍA DEL EQUIPO LA CLAVE DEL ÉXITO. EMPATÍA TOTAL, COMO PONER MIS MANOS AL FUEGO POR MI COMPAÑERO DE CONSEJO.

Hizo una pausa.

-¿Alguna intervención o alguna buena idea o buen pensamiento a compartir para dar inicio a esta sesión? ¿O prefieren una sesión de movimiento físico para entrar en calor y pasar las buenas vibras?

Pero era demasiado tarde. 

En esa sala de juntas del piso setenta y cinco de la Torre RISE los filos empezaron a brillar. Las navajas, los machetes, las hachas empezaron a salir de donde estaban guardadas. ///1231



miércoles, agosto 13, 2025

907. Vivíamos eligiendo padres. ¡Esos son los míos! ¡No, los vi primero! Incubadoras modernas.... ///



La vida es compleja, mucho... VIII




906. El teleamor, tanto aislamiento. Décadas. Nada satisfactorio. Pero llegaron los teleguantes....///

La vida complicada VII







905. La ley de las virtudes, todos teníamos que seguirlas. Pero en la noche, nadie me veía. ///

La vida complicada VI


Lo bueno es que nos queda Paris...





904. Soñé a dos tipos que mataron a otro. Desperté, los vi. “¿Sabes?, soñamos que nos viste”. ///

La vida complicada V






903. Nociva ingeniería genética, éramos muchos y parió la abuela, la bisabuela y la tatarabuela. ///

La vida es compleja, difusa, irregular... IV





902. Mis galletas chinas. Abrí una, mal, otra, terrible, una más, horrenda, reclamé, me apalearon. ///

La vida es complicada II





901. Más que una mujer, con mil cabezas de víbora y que convierte en piedra, pero cocina rico. ///

La vida es complicada...





domingo, agosto 10, 2025

1230. El gato me dio su mensaje. Mañana todos quedaríamos sordos. Obvio, nadie me escuchó.

NnCt 1230 de 1m440 mensajes de gatos que me dijo mi gatita pero ninguno tiene sentido y al final de cuentas es solo su opinión y nunca le hago caso realmente porque lo que ella solo quiere al final del día es comer y comer. // 09/08/25 





EL GATO QUE SÍ ESTABA

Garza de la Garza contaba, preocupado, hablando en voz baja:

-Me salí a fumar un cigarro. Regreso y el gato ya no estuvo. Solo lo metí a la caja y ya ejecuté los procesos y sencillo, pero ya no está. No ha regresado. Cuando se entere Contreras, espero que no se enoje conmigo. Yo sólo hice lo que me pidió el protocolo. Como el gato era de todos y de nadie. Pensé que si me lo prestaban un ratito…

Rome lo seguía recriminando.

-Hacer la prueba del gato de Schrodinger, la derivada. ¡Qué bárbaro! Eso hiciste, sin avisar a tu tío Contreras.

-Ahora que lo pienso, Rome, pues sí, me dijeron eso “puede que mates al gato”. La prueba es solo ver si el gato está vivo o muerto al mismo tiempo. Nadie quiere matar al gato. Yo no quiero matar al gato. Me gusta Rumpels. Hice lo posible para que no le pasara nada, pero ya no está y no ha vuelto. Además, ¿cómo se te ocurre que se podría morir el gato? Es imposible. O desaparecer y no regresar. Estaría las dos cosas al mismo tiempo, la idea era probar la paradoja de lo imposible.

-¿Entonces para qué hacemos la prueba con un gato vivo? Pudimos idear otra cosa. No sé, poner una taza de café que salga caliente o fría. Al mismo tiempo, o te hubieras puesto tú, Garza. A ver si no te morías o vivías al mismo tiempo…

-Porque la tenemos que hacer, Rome, es el check, es probar, el gato sobrevivió. Check. Parte del protocolo, poner un ser vivo, a quién pondríamos, ¿a tu perrito? El doctor Contreras dijo que se tenía que cumplir el protocolo y lo cumplí. No había indicaciones de lo contrario…

-¿Pero a quien le importa la prueba en este caso? ¡Era nuestro gato! La institución debió haberle buscado algo, un sustituto, a lo mejor no hacerla incluso. O buscar un muñeco. 

-Contreras no dijo nada de eso, solo dijo, hagamos los protocolos, Rome, eran mis tareas pendientes de este mes. 

-Hijole. ¿Ahora qué hacemos? Te cargará el payaso, Garza de la Garza, si el Rumpels no aparece en las siguientes horas…

-Eso creo. No te miento, estoy muy asustado o preocupado, ya debería aparecer, no quisiera haber roto alguna regla dimensional… con eso de que estamos probando cosas con MiniAcelerador de Partículas que nos prestaron del CERN de Suiza, pues…

-Y lo malo, tengo la idea de que era “refurbished”, reconstruido, me pregunto si esas pruebas que estamos haciendo, estaban permitidas dentro de las posibilidades o nos saltamos las trancas, como siempre…

-Entiende, Rome, tenemos bien metidas en el cerebro las ideas de que las becas todas dependían de esta cadena de protocolos a cumplir, presupuestos, cosas de esas, observancias, acatamientos, supervisiones. Ya todo estaba arreglado, pero si no hacíamos la prueba del Gato hasta el presupuesto se nos caía. La Comisión de Investigación es muy perra. Y sí, ella es perra y nosotros sí, perdón, necesitamos al gato.

Rome no hizo gesto a la mala broma de su colega.

-Reza, Garza, que si viene el jefe, querrá su gato. 

Garza pensó un rato. Dijo:

-Le decimos que hicimos un experimento simulando la creación del Big Bang y que se necesitaba la prueba del gato sobre si está vivo o no, y que algo ocurrió y que ya no está.

-No eludas, era su gato.

-Era de todos, ¿no? Yo no sabía que era su gato. Yo acabo de llegar hace mes y medio, solo veía que le daban de comer. Como si fuera externo. Ahora resulta que todos lo amaban… este, lo aman, quiero decir.

-¿Eso qué importa…? ¿Cómo pudiste ser tan tonto? Un gato real no es para hacerle experimentos tan de vanguardia…

-Ya no me digas, con todo se me  hizo un gato callejero. Comía afuera. 

-Ni te defiendas. Ese gato, Rumpels, tiene permiso para entrar y salir cuando quiera, está en la cocina o en el patio o durmiendo.

-¿Pero crees que el jefe olvidará el incidente? Estamos tan cerca de saber los secretos o el secreto del universo. Bueno, eso es lo que piensan todos los centros alguna vez en la vida. Conseguiremos el check, esa es la buena noticia…

-Ni lo menciones, no conoces a la gente de acá. Amamos a los gatos. ¿Lo del gato era necesario? Se te van a venir mil dos mil gentes cuando se enteren, asociaciones, personas, abogados de animales. Amantes del amigo doméstico. La Iglesia del Gato que nos Mira desde Arriba es particularmente rabiosa en ese sentido.

-Espero que no sea el caso. Sólo espero que regrese. Va a regresar, lo sé.

-¿Por qué estás seguro de que va a regresar? 

-Porque en unos cálculos que hicimos, es solo un traslape temporal de la realidad. Sólo desaparecería por unos segundos y regresaría. Bueno, eso salió en varias corridas con la compu. 

-¿Y en otras?

Garza miró al otro lado, le dolía el estómago tremendamente. Apenas se daba cuenta de lo que acababa de ocurrir.

-Pues, siendo franco, jamás volverá. Podría haber un desplazamiento de masa de este universo a otro desconocido, a otra corriente de tiempo. Mi estómago está hecho trizas. Ya me arrepiento, caramba.

-Es que no debiste hacerlo, compa.

-Era una investigación del Big Bang, tan cerca de saber de su origen. El origen del universo. Es otra pieza básica de información… Todo era teoría y esta la oportunidad de hacerlo práctica, era de rutina, pero de una rutina para hacer historia en la física…

-¡Pero usar al gato de la cocina, el Rumpels! A ver quién te perdona… Empieza a rezar…

-Es que no había sustituto, ¡¡entiende!! Y pensé que iría y regresaría sin problemas, como el perro Einstein de Regreso al Futuro, el que sube al DeLorean al principio y regresa ileso…

-Esa es una película y ni lo menciones, que no le agradará a tu tío. No le agradará nada en absoluto. Hazme caso y reza… y no me hables hasta que resuelvas esto…


De la oscuridad a la luz. Del resplandor a la claridad.

El gato Rumpels apareció de pronto en un cuarto con muchos gatos similares. Todos estaban hablando entre sí, unos dormían, otros se lamían sus partes. Todos colores diferentes, pelajes, edades, de todos tipos de gatos. No podía reconocer ningún olor.

En su idioma gato se comunicó con el primero que vio, un Tabby que estaba solo lamiéndose sus partes.

-Hola, ¿qué haciendo? ¿Cómo te llaman?

-Aquí limpiándome. Me llaman Chivis, tú?

-Me dicen Rumpelstinsky, pero el acuerdo general es que sea Rumpels.

-¿Rumpels? Raras tus gentes que te pusieron eso. Veo que eres un tuxedo.

Rumpels asintió y sonrió.

-Es obvio que soy un tuxedo, pero más blanco que negro, es más, a mí me debieron poner Manchas o qué sé yo… en fin, al grano, Chivis, ¿dónde estamos?

-En una sala de espera, creo.

Rumpels miró a todos lados. Paredes claras, varias superficies, todo era un solo color y el hecho de que hubiera cientos de gatos de todas las razas le daba una gama especial de tipo cromática.

-¿Sala de espera? ¿y qué esperamos, Chivis? 

-Que el mentado experimento termine. Pasa un tiempo y cada gato que aparece aquí se desaparece en un rato y regresa de donde vino. Creemos. Los investigadores que generan esto están haciendo experimentos de seguro en este instante, o en aquél instante, porque según me explicaron estamos fuera del tiempo y del espacio, lo que sí es que están, estamos, en confusión.

-Wow. ¿Y dónde está esta sala de espera? ¿O sea, en qué parte del universo está?

-No sé. Ese es un tema, el otro tema es en qué momento del universo está, o estamos.

-Entonces la siguiente pregunta es… ¿cuánto tiempo tienes aquí, Chivis?

-No estoy seguro, puede que sea mucho rato, como una comida o dos.

-Es mucho. ¿Y dices que es temporal?

-Sí, de hecho la de allá, la gris aquella, la de la oreja malformada, ella sabe más del tema. Se llama Tigra…

-Tigra, cada quien sus nombres. Deja voy con ella. Gracias por tu información, Chivis.

Chivis le sonrió y se siguió limpiando sus partes con toda tranquilidad.

Rumpels se trasladó evitando con mucha delicadeza muchos gatos. Algunos dormían. Otros se acicalaban. Otros veían las paredes. Todos estaban en desconcierto, pero guardaban decoro con paciencia. Escuchaba las conversaciones.

-Sí, tengo que comer, pero no hay comida, pero no es que tenga hambre, sólo sé que tengo qué comer.

-A mí me hace falta mi sol. Pero no hay problema. Esperaré. Ya se están yendo algunos de regreso.

-¿Y sí regresan con bien? 

-Sí, con seguridad.

-¿Cómo sabes? 

-Es lo más probable, en este mundo ambiguo no hay otra manera, solo se regresa y ya. 

-Tengo sueño.

-¿No han visto un arenero por aquí?

En ese lapso hubo gatos nuevos y hubo gatos que se fueron. La gata Tigra estaba hablando con unos gatos, algunos estaban nerviosos, huraños. Llegó Rumpels y los demás gatos se retiraron a sus necesidades.

-Hola, Tigra, ¿qué haces? O más bien: ¿qué hacemos aquí? Me llamo Rumpels.

-Hola, no soy la encargada, ni me preguntes, de hecho, no sé qué sea una encargada, pero creo que soy la mayor y vienen a preguntarme lo mismo, ¿qué es esto, ¿dónde estamos?, ¿cuánto tiempo?, ¿dónde hay comida?, ¿dónde hay arena? Y les respondo: Esto es como un pivote. Una bisagra de puerta. Aquí se conjugan muchas magias. Las de los seres vivos y las que ellos, los que nos dan de comer, crean a través de su tecnología mágica que desea manejar tiempos y espacio. Que no saben qué hacer con ella. Sólo la hacen para hacerse más preguntas, y su maldición es que ellos nunca se estarán en paz…

Hizo una pausa para rascarse una oreja.

-Ni sé dónde es, ni cuando es, eso no me importa, lo de la comida, pues, siempre tenemos hambre y siempre queremos saber lo de la arena, pero no la usamos. Estamos como en suspensión. Y así ocurre, vienes tú, se van dos gatos, vienen dos gatos, se va uno…

-¿Por qué tú todavía no te vas?

-Creo que alguien tiene que poner la calma. Pero creo que ya están acabando. Ya hay menos gatos cada vez.

Rumpels miró a su alrededor, de alguna manera extraña estaba comprendiendo a hilos lo que estaba ocurriendo. Era como si el resplandor los iluminase y en su cerebro se estuviesen haciendo más y más conexiones en su cerebro.

-Sospecho que aquí es donde está el secreto del universo, ¿verdad?

La llamada Tigra lo miró con ojos de sorpresa, pero Rumpels percibía que así era ella. 

-Así es, y nosotros los invitados lo sabemos. También me llegó esa idea. Solo es asomarse a ese espacio del resplandor multicolor pulsante y ver lo que está afuera. Ya lo hice y es indescriptible.

Rumpels se fue a asomar a la plataforma abierta que miraba a lo que él creía que era la simple noche. Pero más era la gran noche, la gran oscuridad con las primeras estrellas, los brazos donde están los hornos del principio de los universos generando las maternidades de las primeras galaxias. Se formaba el resplandor primigenio.

-Es impresionante, nunca me lo hubiera imaginado…

-Nadie, Rumpels, nadie se lo hubiera imaginado…

Era un resplandor inigualable, ninguno de los dos gatos estaban preparados para ver lo que estaban viendo. No había palabras, era inenarrable. El principio de la creación misma, los elementos que se iban acomodando, los colores, las dimensiones, las partículas, lo que era el flujo del movimiento, el comienzo de la gravedad, el de las fuerzas que permitían que el neutrón existiese, el protón, el electrón, la gran estabilidad nuclear que permitía que el átomo quedara unido y por tanto el ladrillo mismo de la materia que permitía que todo lo demás existiese, en sus correspondientes momentos e instantes, universo, galaxias, estrellas, soles, planetas, tierras, agua, humanos, gatos y croquetas además de sobres con comida húmeda deliciosa.

-¿Es lo que yo creo que es? No que lo alcance a comprender, pero solo soy un gato.

-Sí, el Big Bang y qué fue lo que prendió.

-Esas sombras somos nosotros, ¿verdad? Tal y como fuimos llegando. Nuestra influencia, nuestra energía, nuestra presencia. No deberíamos estar aquí, pero este es el principio de todo, ¿verdad?

-Sí, Rumpels, cada llegada de gatos ha estado generando una inmensa cantidad multiplicada de energía, cada gato que llegaba era más energía infinita que se convertía en luz y luego en materia, y ambos elementos juntos ocuparon un espacio y todo se derivó en un movimiento que fue lo que formó el tiempo y sus hilos. Como gigantes bolas de estambre con las cuales jugar a enredar y desenredar en intentos de prueba y error. En los que no importa si se hacen o deshacen, lo que importa es enredar y desenredar. Fueron muchos gatos bebés, cientos, miles, pero no más. No tardo en verme, de hecho ya reconocí a uno de nosotros, sí, ahí está la Tabby con el que hablaste hace rato, la Chivis. Todos los pequeños gatos jugando con las luces del Gran Universo por nacer. Pequeños bebés gigantescos interviniendo en la creación, jugando con la materia creadora enredando y desenredando… no sé de donde me salen tantas palabras, Rumpels…

-Sí, ahí estás tú Tigra, te veo, impresionante, llena de luces de puntos, de resplandores grises y blancos y negros, y tus bigotes, Tigra, ¡que belleza!, perdona que te lo diga… y mira, ahí, ¿qué es eso? Hubo un roce con otros gatos… ¡Mira! ¿tu oreja se dañó ahí tal vez?

-Si, así fue como pasó lo de mi oreja, qué interesante… ¿quién lo hubiera dicho…?

-Sí, entonces, nuestra llegada aquí, producida por el experimento de los investigadores, dio pie a la acumulación de fuerzas en esta como puerta de transición de lo que es y no es, y forzó a la creación de nuestro propio Big Bang… 

Rumpels hizo una pausa.

-Sí, ese Big Bang, el del comienzo de todo, Tigra. El nuestro. Estando aquí provocamos nosotros mismos nuestra creación. Eso es cósmico.

-Así, es, por cierto, no encontraron nada de arenero, ¿verdad?

Rumpels le iba a contestar que unos estaban improvisando en aquella esquina cuando todo se disolvió. Lo último que vio fue a la Tigra que comenzaba a disolverse y que le alcanzó a decir: 

-Un día nos veremos, amigo Rump…

De pronto Rumpels apareció dentro de seis paredes de metal cromado. Volteó a los lados. Maulló.

Usó el maullido doliente para avisar que tenía hambre. Vio que tenía cables en su cuerpo por todos lados y procedió con molestia evidente con sus garras y sus dientes a quitarse cada uno.

Se abrió la puerta y el de la bata blanca le sonrió y le gritó de gusto.

-¡¡Rumpels!!! ¡¡Llegaste!! ¡Estás vivo!! ¡¡Prueba superada!!!

El gato le respondió a Garza de la Garza con una arañiza en la nariz con su pata derecha rapidísima llena de indignación si es posible que eso se pudiera dar, tan profunda, que se le quitaría hasta dentro de dos semanas. 

Rumpels saltó al piso y de inmediato se estiró, se agitó el cuerpo y con agilidad se dirigió hacia donde estaba la comida. Tenía hambre y tenía sed. Y quería usar el arenero. Y tenía sueño. Y solo quería ocultarse las horas a descansar.

Garza traía un curita provisional en la nariz, hablaba con Rome lleno de confusión. Tenía sangre gritando “¡aquí pasó algo fuerte!” en su hasta hace minutos impecable bata blanca.

-Rome, ¿qué pasó, ¿por qué volvió?, ¿cómo volvió?, ¿dónde estuvo?, ¿qué ocurrió?, ¿Por qué Rumpels está tan enojado conmigo?

-No sé, pero parece que su furia es sólo contigo. Tienes toda la culpa y está correcto de estar furioso contigo. Bueno, saquemos algo de todo esto, rápido, despabilémonos antes que llegue Contreras, ¿qué dicen los instrumentos?

Garza procedió a revisar, incómodo por la herida. De pronto le salían mas gotas de sangre, se preguntó si el Rumpels estaría vacunado algo así o si estaría infectado o si él tendría que ponerse vacuna contra el tétanos o contra alguna toxina desconocida. O esa toxoplasmosis rara.

“Quien sabe por dónde ha de haber andado ese gato. O con quien se andaría juntado.”  Pero se cuidó de decirlo en voz alta. No sería conveniente en ese momento.

Después de analizar las lecturas solo dijo:

-Se registraron medidas fuera de la escala, se hizo exponencial astronómica, no lo entiendo. 

-¿Hay datos rescatables para lo de tu investigación del Big Bang?

-Pocos, pero muy significativos, solo que me entró una duda. Pareciera que en temas de tiempo, según el cronograma, antes de que regresara Rumpels tuve una sensación de Deja Vu, tremendísima, como nunca antes, casi tiemblo de la impresión… pero pensé que era mi nerviosismo el que me puso así. Como si ya hubiera hecho esto, esto que hicimos o hacemos antes, y no solo una vez… pero con resultados diferentes. Como si hubiera un sentir presente respecto a que Rumpels nunca volvió y que eso fue el comienzo de los desastres para todos. Y que hubo más cosas terribles, que no me atrevo a decir… Pero de pronto todo eso ya no fue y, estamos aquí… Sí, fue un raro Deja Vu…

Romelia se le quedó viendo. 

-También yo, Lauro, no había querido decirte, se me hizo lo más subjetivo del mundo y nosotros solo hacemos ciencia objetiva, pero sin embargo, tuve una visión extraña, de la que Rumpels tenía que ver con todo esto… pero el experimento como dices solo era lateral… sin significancia alguna. No de que haya ido al cielo y regresado, pero sí nos consta que desapareció, que no estuvo presente. Eso es lo mas extraño, ¿dónde estuvo Rumpels esos minutos? Le hubiéramos puesto una cámara…

-Estoy pensando en si rompimos extraños equilibrios. Pero, aquí está Rumpels. Y está bien. ¿No?

-Eso parece. 

-Digo, Garza, no es de que se haya ido al principio o al fin del universo, al cielo, o al Nirvana, ¿verdad?

-Una vez leí que los gatos son dioses… por eso tengo problemas con los gatos. No son dioses, claro que no. Solo son otros animales de la creación. Sólo eso son.

-Dioses sí, creadores de universos, no. Está de reírse. Son bromas, son deseos, son expresiones, no realidades, Garza…

Ambos tuvieron que decir la verdad al doctor Contreras quien castigó fuertemente a Lauro Garza de la Garza con suspensión de dos semanas. Pero los resultados obtenidos fueron suficientes para años de estudio. Por eso le rebajó a solo una.

Fue cuando empezaron a saber de todas partes, los comentarios y registros del Deja Vu Colectivo más impactante de la humanidad, como si la gente tuviera la sensación fusionada de que ya habían previsto ese instante que mencionó Garza y corroboró Romelia. Como si en algún momento se hubiera dado un gran “reset” al mismo tiempo para todos. Un acto de registro para todos, como cuando se muere alguien importante y todos se acuerdan de que hacían en ese momento.

 Se invocó a Jung en este proceso, como invocando a la gran conciencia colectiva. Otras religiones se quisieron apropiar que era la señal de la reflexión y de la meditación, el fin del consumismo y el comienzo de la nueva era. Unos decían que una era de paz, y otros una era de arrepentimiento y de lavar los pecados individuales.

Pero nadie estaba seguro de ello.

Rumpels siguió comiendo. 

Y de pronto se ponía a ver la pared y en vez de pintura descascarándose por falta de presupuesto, él miraba constelaciones primitivas, fuerzas desarrollándose como corrientes marinas, colisión de constelaciones, partículas atómicas, moléculas aglutinándose formando materia primitiva, materia oscura, radiaciones primigenias, las primeras bolas de gas hidrógeno ardiendo y con ellas las primeras estrellas, los pulsares, los quarks, las cuerdas, los cuásares y las decenas de objetos estelares que nadie sabría de ellos hasta dentro de siglos y sobre todo, el tema de los mares del tiempo y sus corrientes y sus olas, el tiempo y percepción de que nada podría quedarse como estaba, y de que todo el universo empezó su camino de lo más ardiendo de pronto en los billones de grados hasta un futuro en el que todas las moléculas llegarían a la congelación total cero absoluto en quince mil millones de años, funcionando, siempre hacia delante, como Rumpels y posiblemente Tigra, también siempre habían creído. Tic tac, tic tac tic tac… sin cesar en los magnos relojes de arena de los tiempos, excepto esa vez de su breve encuentro en esa sala de estar y que al menos Rumpels, todavía recordaba.

Rumpels agitó la cabeza y pensó: “Ah, por cierto, ya es tiempo de mi sobre, lo huelo, ¡ya era hora! ¡Comida, comida, comida!”

Y después de su encuentro con Rome y comer a gusto, le dio por subir bajar escaleras, cajas, sillas, mesas, aparatos, subir bajar pasillos, refrigeradores, alacenas y ahhh, después del ejercicio, respecto a esa arena de los tiempos, por supuesto, el arenero. 

Y dormir. 

Esa era la verdad de encontrar la felicidad de la mera eternidad al filo de la creación por siempre en el mero comienzo de la primera luz.

“Felicidad” pensó Rumpels antes de cerrar los ojos, “me gusta mi vida”. //1230