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lunes, febrero 09, 2026

1255. Endurece mi corazón, dije a la bruja. Así ocurrió. Y así se lo hizo a ella. La pelea sigue y sigue./// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1255 de 1,440 partículas de corazón partido, que por eso quedaron las partículas porque el corazón se partió en mil, cuatrocientas, etcétera. /// 1255



CUENTO CORTO 1255 EL DE LA BRUJA CON VOZ SABOR A MIEL

No creía en brujas, pero por si acaso… llevaba ajos. Y loción, mucha loción, porque no me quería encontrar con chicas hermosas que huelan mi piel a ajo. Debo poner distancia. Eso me indicaron mis mayores en estos terrenos que se los chupó la bruja. No sé cómo fue que se los chupó, pero más valía no preguntar.

Y ella, ella sí era una bruja. Se dedicaba a alimentar gatos en sus ratos libres por gusto y vocación porque dentro de ella había un tema acerca del trato digno y respetuoso de las almas gatunas en su estancia en la tierra camino a la siguiente estación, y por eso no me dejaba que me le acercara, decía que a nadie le gustaba estar cerca de personas que estaban, a su vez, tan cerca de los gatos. Nunca tuve oportunidad de enterarme si había una razón real de percepción o de sensación.

Cuando pude hablar con ella, Café Galindo de por medio, mañana soleada que me permitió darme cuenta de la piel alabastrina de ella, me contó algo, pero fue como solo saber de la marca, el peso, la longitud, el color, la sensación y la temperatura de una caja fuerte, no supe nada de lo que había dentro.

Le tuve que preguntar qué tenía que ver todo eso con la brujería, que yo había escuchado que había magia blanca. Y que ella me parecía que proyectaba magia blanca.

“Esa es una canción”, me dijo. “Me recuerda una canción”, lo repitió, risueña de tal modo que me desarmó su risa. Era melódica, hipnótica, suave, sabor a miel. Y en eso se me vino a la mente, pero es una bruja, tienes que recordarlo. Así lo hice. Una y otra vez, ah, su voz. Melódica, hipnótica, suave, sabor a miel.

“Pero es una canción bonita, de los Carreón”, me lo recalcó. Qué maravilla que supiera, nadie se sabe un dato así.

Magia blanca tú tienes…

Me atreví a preguntarle, total, era luz del día, era un café, estaba iluminado, era la primavera, el sol azul afuera, el cielo amarillo esplendoroso, perdón, el sol amarillo afuera, el cielo azul esplendoroso. ¿Qué puedes temer? Aunque me quedé pensando, ¿de qué color vi al sol?

“Entonces ¿sí tienes magia blanca? ¿O magia negra?” 

Me miró con paciencia infinita. Suspiró mas no expiró. Con la sabiduría de las montañas que tienen mil veces la edad de las pirámides a las que Napoleón les calculó sus años hará unos doscientos y pico. Miró hacia su café marca Galindo y su pan delicioso mientras tarareaba una cancioncita rara de manera melódica, hipnótica, suave, sabor a miel.

“No te voy a decir. Y ya son demasiadas preguntas.”

 Las velas iluminaban con vetas de luz como si fueran reflejo de alberca, su cara, cara afilada, hermosa, que hacía dudar que fuera bruja tal como portada de libro.

Pero… ¿por qué había velas si afuera había un sol…? Un sol que… no, ya no estaba, solo se veía la negra noche que extendió su manto muy José Alfredo. Pero eso no podía ser.

Me la decidí jugar. 

“Sí, lo eres…”

“De acuerdo, ándale, sí, sí lo soy… ¿y ahora qué?”

Su voz ya no era melódica, ni era hipnótica, ni suave, ni con sabor a miel. Era lo mismo, pero en negativo. 

Continuó:

“Soy bruja de dos etapas, una, la de la mamá de Blanca Nieves, la belleza que sé que me miras y deseas recorrer con tus dedos de maneras prohibidas por la Ley de Imprenta, mi rey, pero en ocasiones me vence la arrogancia, soy inhumana y me vuelvo del otro tipo de bruja, la que va a ir por ella, Blancanieves, a matarla con la manzana, lo cual es algo como improductivo y riesgoso.”

Hizo un silencio. Afuera empezó a llover y a escucharse aullidos.

“Eso es un cliché”, dije mirando alrededor.

“¿Qué cosa? ¿Lo que dije? ¿Los aullidos? Llámale ambientación.”

“Eso es muy tonto.” A veces tengo una terquedad de asombro. Una necedad de tipo deporte extremo.

Pareció enfadarse, todo lo bonito, hermoso, se le fue, la sentí incluso de color negro piedra pómez chapopote obscuro de obsidiana. 

“Tú eres o tienes, Corazón de Piedra. Canción de la esposa de Diego Verdaguer.”

Me miró con ojos fríos de piedra de corazón. O al revés, cuando andas angustiado se te olvidan las palabras.

“Ya con eso me perdiste. Me llamaste tonta, no me queda mas que… eso, primero, endurecer mi corazón, y después… endurecer TU corazón”.

Y agregó muy enfadada, “¡ADEMÁS, ESA ES DE LUCÍA MENDEZ Y LA ESPOSA DE DIEGO VERDAGUER ES AMANDA MIGUEL!”

Sé que eso fue lo peor. Hay un algo de Amanda Miguel y de Lupita D’Alessio en todas las mujeres. No le hice caso.

“¡Pelearé contigo!”, le grité. A veces la vida necesita melodrama.

Ni me miró. Se veía las uñas perfectas.

“Ya demasiado tarde. Serás un separador. Te guardaré en un libro de Coelho.”

Me sentí agotado de pronto. Cansado, sin energía. ¿Cómo es que me convirtió en un separador?

La escuché decir:

“Primero, no sabías, mi ventaja estratégica, te leo el pensamiento, y respecto al separador, soy bruja y solo hice una versión de ti, plana, pequeña, inanimada, bueno, sí, mejor animada, ahí dentro solo está tu ánima, para que puedas estar entre las páginas sin maltratar al libro, porque nunca se maltrata a un libro. Dos. Sólo te puedo decir que algún día volveré a este café.  Quizá te perdone, quizá no. Leve esperanza. Mi parte buena de bruja. A ver, a ver, ahora, ¿en qué libro te pondré?”

Estuvo viendo varios ahí en los libreros del Café Galindo. De pronto se escuchó su voz más fuerte que el trueno. Bueno, no tanto, acepto.

“¡Ah, este es un clásico, alguien te encontrará y tal vez la suerte, jamás te vuelva a ver!”

Y eso hizo. Estoy en El Alquimista. De Coelho. ¿Hay de otro?

Se fue. Punto. Se fue. No sé si pagó. Ah, ya recordé, pagas al pedir. Y… yo pagué. El café y el pan.

Pero un día regresará. Le caí bien. Sé que le caí bien. Solo espero que no haya muchos lectores de Coelho. Rezo por ello. Rezo mucho por ello. No quiero caerme del libro ni que me lleve alguna lectora de Coelho a su casa. Temería lo peor.

Afuera está de nuevo el sol amarillo, el cielo azul y la voz, ah, su voz, la recuerdo algo, los buenos momentos, cuando era melódica, hipnótica, suave, sabor a miel. ¡Qué tiempos! ///1255


1254. La máquina de asfalto le ganaba a la máquina que hacía carros. La de humanos allá, oxidada. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1254 de 1,440 partículas de polvo que cayendo en mis ojos me hacen llorar porque soy una persona sensible que tiene un gran corazón, al menos en etapa conceptual. ///


CUENTO CORTÍSIMO 1254 EL DE UNA VISITA CORTA, MUY CORTA, AL PLANETA CHAPOPOTE

Desierto árido, piedras, lomas, cerros, rocas, arena. Viento. Esto ya lo habían visto en las películas. El desierto árido era lo mismo de siempre en todos los planetas conocidos. La misma definición, ¿o se quiere la de un pantano? ¿O se quiere o requiere la de un océano que despida metano? ¿O regresamos a la del desierto?

Al menos aquí el aire era respirable. Seco, pero respirable y con la presencia de material como asbesto lo cual obliga a usar máscaras.

Ya todo estaba seco y sí, habíamos escuchado de esa leyenda, cuando los comités se lanzaron contra los exoplanetas y quisieron terraformarlos. La libre empresa dijeron unos, la necesidad de área vital dijeron otros. El pueblo lo pidió, por eso votaron por nosotros dijeron los extremistas de más allá.

Lo recuerdo, lo leí de uno de los legisladores que incluso dijo que él no había votado, que eran órdenes muy brutales, que se saltaba la parte arborícola, que era parte verde.

Se decidían rápido por temas de votantes. Todo lo que les diera votos o al menos crédito como visionarios. Eso de los votos son iguales todos siempre fue demasiado tomado al pie de la letra.

Nos bajamos a examinar las maquinarias, había grandes parches de tierra y otras de asfalto. Yo no quería bajar. No con riesgos que caminas y están hable y hable para ocultar su ignorancia.

-Las máquinas que hacían máquinas -dijo Vines-. ¿No era eso algo de lo que no se quería hacer? ¿Qué iban a ser imparable? Si no fuera por la autoguarda de contar con el seguro de la energía implacable. Se les corta la energía y listo. Se detendrían. Perdón, se detendrán. Benditos algoritmos. Nada seríamos sin ellos, no pudiéramos viajar por los exoplanetas sin los benditos algoritmos.

Me acerqué un poco al monstruo negro al cual no se le veía detalle maquinal, por mí podría ser una piedra negra de chapopote del espacio sideral a punto de comernos. 

Me estremecí.

-No te les acerques demasiado, Rojo, no sabemos por qué están paradas, en teoría ni deberíamos bajar a verlas. Hay protocolos de seguridad, hay reglamentos, Rojo, que siempre desprecias.

-Pero el de la bajada lo decidiste tú, Vines.

-Bueno, está lo de las fotos a lado. Es una buena manera de demostrar tu trabajo. Tu amor por la patria. El amor al riesgo por la patria es la patria.

No pasa nada cuando pones atención y hoy no estoy poniendo atención a ignorantes. Eso me pasa por dejar integrar tripulaciones con amigos ineptos. No quiero amigos honestos, los quiero aptos, es más nunca quiero amigos, y aquí solo soy yo el apto, mala la cosa. 

En eso Vines por andar hablando estupideces y manejar la cámara para su selfie pisó algo, se escuchó click y nunca supe con claridad que fue lo que pisó. O si en realidad encendió un control palanca o botón o si cruzó un umbral fotoeléctrico por culpa de su curiosidad, de hecho nunca vimos el manual de la cosa maquinovaposoleléctricadelinfierno, nunca nos lo pasaron, al parecer estaba resguardado cinco años por temas de seguridad nacional.

Las inmensas maquinarias se pusieron a funcionar ensordecedoramente, las oleadas de calor fueron inmediatas y la temperatura del material negro empezó a arder y por algo esas fábricas funcionaban sin humanos. Eran un riesgo mortal y siempre serían eso, un riesgo mortal. Pero el humano, mortal como es, es desechable a largo plazo porque a largo plazo todos ya estamos muertos.

Vines no duró más que un segundo, pero aún derretido seguí escuchando sus gritos.

El problema es que él por su jerarquía guardaba la llave de la nave necesaria para encender en su bolsa y esa creo que está abajo del asfalto recalentadito, lista para ser moldeada, si es que existe como tal. 

Además, las fábricas de carros no tardarían en aparecer.

Me subí con prisa y sin prisa al mismo tiempo. Ya nada evitaría lo inevitable.

Nada como escuchar tu sesión final de jazz. Vinito. Video de un striptease.

Nada más espero unos cinco minutos más para empezar mi última sesión de relajación. 

Nada más se apagasen los gritos de Vines.///1254


1253. Preso en el cuarto de las pantallas. Todas encendidas brillando. Es mi condena de mil años.

NnCt 1253 de las 1,440 pantallas todas viendo hacia alguna parte, pero todos me miran a mí y no sé por qué, no soy Truman, ¿o sí? La persona a la que todos van a ver qué hago, qué muevo, si a la izquierda o a la derecha. Si al centro. ///




POESÍA 1253 LA DE LA CONDENA DE LAS HISTORIAS DESBORDADAS


¿Existe el centro todavía 

o es imaginario o extradimensional? 

Hay apuestas que, como saben que estoy incomunicado, 

se animan a adivinar cuál será mi respuesta. 

El Panopticón en pleno. 

No recuerdo quien lo diseñó o inventó o pronosticó. 

Tanto que quisiera hacer, lo haré, 

usaré mi poder de observación para educar a las masas. 

Ellas me verán. 

Mientras espero las musas.

Como dicen en Monterrey, “No hay falla”.  

Para modificar su conducta. 

Eso es lo que yo buscaba, una audiencia, 

ellos lo desean y yo lo deseo. 

No sé si pueda, 

estamos contra la hircus currit in monte, 

o sea, “la cabra tira al monte”, 

contra eso no se puede. 

Seamos felices. 

Hagamos la revolución. 

Hagamos el caos. 

Quememos el universo para que 

de las cenizas surja el nuevo orden. 

Y como dice Woody Allen

ojalá haga buen tiempo al terminar, 

recojamos los desperdicios, 

los tiremos a la basura, 

y podamos regresar a casa 

antes de las seis de la tarde 

sanos y salvos, 

porque el tráfico es espantoso

 y no hay camiones 

porque como afirmaban 

los antiguos y los nuevos, 

Samuel stultus est gubernator 

narcissistic et ineptum

Lo peor eran los mensajes blancos 

que aparecían rompiendo mis ojos, 

nadie tiene piedad, 

nadie piensa en nosotros 

ojos sensibles.

Sí, estoy en esta prisión de mil pantallas 

porque soy culpable de mil pecados, 

cada pantalla, cada pecado cada día 

que estaré viendo 

los mil ojos de 

mil moscas que me hacen 

mil cuestiones.

No enloqueceré porque tengo disciplina 

de tanta pantalla, 

solo ruego que mis captores no recuerden 

a los doctores que torturaban al 

Alex el de la Naranja Mecánica.

Si mis párpados estuvieran 

de alguna manera atados, 

de alguna manera atrapados, 

de alguna manera condenados 

a ver las mil pantallas, ahí sí, 

ya sería mi muerte clínica, 

sería mi suicidio prepagado.

Lo peor es que 

no recuerdo el crimen 

por el que estoy aquí, 

cada pantalla, dije, 

mil historias, 

cada historia, una por minuto, 

mil por mil minutos, 

millón de historias cada mil minutos, 

no hay cerebro que aguante, 

y todavía no empieza, 

pero los captores ya me lo advirtieron, 

sucederá pronto y no habrá piedad o pausa.

Por mientras solo meditaré, 

meditaré y crearé una barrera 

entre las Mil Pantallas y yo. 

Porque lo indeseable, ya vendrá.

De hecho, los escucho 

detrás de las paredes. 

Las mil noches 

de las mil pantallas 

con las mil historias

a punto de comenzar.

Ténganme piedad. 

Pero solo ustedes, 

porque lo que es a mis captores 

jamás les pediré nunca nada, 

jamás.///1253


1252. Los Testigos de la Nube descargaron sus conciencias. Pero la electricidad no tiene palabra. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1252 de los Mandamientos de la existencia, la tuya, la mía, la de todos, en la Nube, de 1,440 condiciones para que sigamos vivos por toda la eternidad. ///




CUENTO CORTO 1252 EL DE LO QUE QUIERO ES CAERME DE LA NUBE EN QUE ANDO

Sí, Evelia, yo también lo noté. Sí, eso es lo que descargan, toda tu esencia, todos tus recuerdos hasta el momento de la descarga. Es algo enfadoso, no sabes lo que está pasando ahora en todas partes, no lees los periódicos, solo estás. No sé con qué motivo a alguien le interesa descargarte en la Nube, quiero decir, sucede más bien un desdoblamiento, Evelia. 

La persona a la que se le bajó o más bien, se le hizo un “download” ella sigue muy contenta, despreocupada, pues continua percibiendo cosas, sintiendo cosas, sigue interpretando su presente, recordando su pasado, es más, sigue reinterpretando su pasado, Evelia. Claro, lo que yo recuerdo de este tema de la Nube es que… todo está bien mientras esté la luz pagada, porque ocurre que una vez leí, sí, yo, el que está en la Nube descargado es un yo de la persona, en este caso soy Humberto, o sea, reitero, enfatizo, yo soy Humberto, aunque no sé si sea el indicado para ser el encargado de pleitos y cobranzas, como dicen que son los poderes notariales o algo así, y nada, que a mí me agrada lo de pleitos y cobranzas, sí, a mí me gusta el pleito, el buen pleito, por supuesto. ¿El mal pleito a quién le gusta? Solo a un masoquista… 

Sí Evelia, hay muchos masoquistas… lo que debemos procurar es que el que el hilo no se rompa por lo más delgado. No se debe romper ese hilo de electricidad, luz, corriente, poder, energía, lo que hace que todos vivamos en esos servidores enfriados con agua del Polo Norte porque lo que queremos es existir, porque nos lo merecemos más que otros, hemos hecho tanto por esta tierra. Nos lo merecemos. Esa es la idea. Me lo merezco y hay gente que… ¿lo ves? No tiene para la luz. No se lo merece. Nosotros sí, la élite. Los que dominamos al mundo. Los que nacemos con la marca correcta. No, nada nos deten…

Evelia, ¿estás ahí? Al parecer algún gracioso hizo pruebas. Esto de la Nube no me gusta mucho, solo recuerdo que a mi yo, o sea, a Humberto se le había metido… de acuerdo, se me había metido la onda de ser Testigo de la Nube, un como derivado de esa religión que quiere guardar dentro a 144,000 personas que si te fijas, me suena el número, en alguna parte lo he de haber visto, el punto es que si llega la hecatombe, pues ya estamos salvados, Evelia. Pero, ok, entiendo. ¿De qué estamos salvados, dices? Lo primero que se me ocurre, es de la  muerte.

De la muerte nadie se escapa, es muy probable, que con el estado de las cosas, a Humberto, mi Humberto, el original, el que descargó su consciencia, bueno, no sé si soy consciencia, pero sí su esencia, le queden no sé, 20 años de vida, Evelia. Son un buen de años, pero después ¿qué sigue, más que la misma muerte?, la nada, la no existencia, si te va bien, el cielo, pero dudo que haya cosas buenas en el cielo, no me imagino que pueda ver que no te llegue el aburrimiento. 

Evelia, de hecho, me estoy aburriendo, no habría manera que tú me puedas buscar a una amiga a la que yo recuerde que era testigo de la Nube, bueno, de cómo se llamase antes la comunidad esa, esta amiga se llamaba Alejandra y era de Reynosa… ¿qué porqué te pregunto de ella? Bueno, porque eres mujer, porque esto es como una simulación de la vida real, quizá haya por ahí un Facebook y porque qué tal si sí la encuentras y que tal si ella me está buscando también…

Porque esto de la Nube no será como esa frase que dicen, que cuando la gente muere, la que queda viva le queda la esperanza de verla en el cielo, ¿no? Es parte de la esperanza cristiana, medio escondida, porque no se dice mucho, la de que, al menos cuando muera veré a mis familiares amados, a mi esposa amada, etcétera, no Evelia, no, no soy duro, o insensible, es lo que dice la gente… y la Nube en la que nos descargamos es similar, ¿no?

Evelia? ¿Cómo que me aislaron? Sólo pregunté por Alejandra, ¡éramos niños entonces! Nunca la hubiera acosado, ya somos adultos en esta situación… ¿Cómo que ya no te comunicarás conmigo? O sea, ¿también me aislaron de ti? ¿Evelia? 

Anuncio de “Bloqueado hasta nuevo aviso”.

¿Y cómo se desbloquea uno de esto? ¿Hola? ¿No hay nadie…?

Creo que los que inventaron esto de lo de la descarga en la Nube no respondieron a varias cosas. No sé cuánto gente hayan descargado en la Nube, no sé cuánto tiempo haya pasado tampoco, lo que sé es que creo que fue un buen de tiempo. Sospecho que sí.

Sí, ya vi, ya estoy desbloqueado. Evelia, ¿estás ahí? ¿Tú me desbloqueaste? ¿Evelia? Sí, desbloqueado estoy, pero, ¿dónde están todos? ¿Evelia? No has vuelto. Soy yo quien se está hablando y contestando solo esto, ¿yo solo? Eso nunca me imaginé que pasaría. Que se hiciera una gran inversión para servidores, centros de datos, y que solo una persona se subiría, o sea Humberto, o sea yo hasta esa fecha en la que me subieron aquí… o algunas varias, pocas y que luego, ¿borraran a las demás? ¿Se les habrá acabado el dinero? Humberto, ojalá tengas dinero, sí tenías dinero, ¿verdad? Humberto, no te lo vayas a gastar todo, soy tu responsabilidad.

¿O a esas personas es posible que las pusieran en otras partes…? Ilógico, pero ya he sabido de megaproyectos inútiles hechos, ideados, realizados por personas muy inteligentes y si eso les ocurre a los super inteligentes, ¿que nos queda a nosotros?, ¿los que apenas pasamos carrera?

Parece que, según yo, también pudo ocurrir lo siguiente: salió algo nuevo, como por decir una plataforma nueva, o una sección nueva para los nuevos descargados o siendo pesimista y yo no soy pesimista, que tal vez ya haya llegado la singularidad que destruyó al ser humano al menos en este planeta, qué bueno que me lo perdí, ¿o no me lo perdí? Bueno, allá sí estoy y aquí también, o no sé, pero aquí estoy solo, no que me pueda poner a viajar en la red, digo, pero, no, no sé qué hacer.

Bueno, a Humberto le gustaba dormir, creo que eso haré, al menos dormiré. No creo que vaya a tener problemas musculares, acá soy esencia en la Nube, supongo...

Al menos me acuerdo de Alejandra y me la puedo imaginar ya grande. ¿Vivirá en Reynosa? ¿O vivirá en McAllen? Es más, ¿vivirá todavía? Espero que sí, era gran amiga. 

Espero que con el tiempo más gente se suba a esta Nube… si no esta será una eternidad muy aburrida. 

¡Evelia, vuelve! Me voy a portar bien, lo prometo!! /// 1252


miércoles, febrero 04, 2026

1251. En eso los bárbaros. Disparé con mi pistola de rayos. Se acabó la pila. Por eso llegué tarde. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1251 de 1440 proyectiles que puedo disparar en tu defensa y es que todo lo mereces, mi vida, mil cuatrocientos cuarenta veces mi vida en un desfilar hacia la muerte sin fin, pero de preferencia cambia de marca de pilas, porque a estas se les va la carga muy pronto. Todo está en el comprar para ahorrar mejor. Una espiga dorada por el sol este verde que nos toca y extraño tanto a la tierra y a sus Cafés con terracita y lucecitas. ///





DIEZ HAIKUS Y MINICUENTO 1251 EL DE LAS PISTOLAS DE RAYOS DEL ODIO

Nos obligaban a jugar. 

Éramos buenos. 

Solos no tanto, sólo en grupo. 

Eran las competencias eternas. 

Yo en particular disfrutaba del juego. 

Nací para el juego. 

Me sentía triunfador. 

Las masas me aclamaban. 

Me aplaudían. 

Que poco en la vida había hecho para ser triunfador.

Deporte en particular me ofrecía la gloria.

Pero del otro grupo había un yo similar.

Que pensaba similar.

Que me odiaba similar.

Porque yo también lo odiaba.


I

Rayos florecen

Bestialidades brillan

Muerte prospera


II

No te engañes

De los negros abismos

Nadie regresa


Pero el problema. 

Este juego de tiro. 

Dependía de dinero y de energía. 

Dependía del modelo correcto de pistola, 

Que ellos fueran menos mejores que yo.

Y yo mejores que ellos.

Discusiones y afrentas, debates y agravios.

Sin solución.

Habría enfrentamiento con reglas.

Para todo reglas.

Para siempre reglas.

Buscamos recursos.

Buscamos armas.

Ensayamos a morir.

A morir ensayamos.


III

Era apuesta

Destreza contra odio

Pirro ganaría


IV

Malicia llega

Violencia se desata

Sangre que corre


Llegado el día hubo acuerdo.

Con ellos puestos de acuerdo entre ellos.

En la arena empezamos.

Todas las armas con seguro.

Solo con luz señalando.

Pero no nos dimos cuenta.

Que nadie se dio la confianza.

Todos traían balas reales.

El odio ganó.

Los mil y un disparos.


V

Rayos rozando

Violencia que explota

Cuerpos al cielo


Solo sobrevivimos dos.

Uno de ellos.

Y yo de nuestro lado.

Nos acercamos.

No podríamos fallar.

Nos disparamos.

Pero sin embargo fallamos.

En silencio nos fuimos.

En silencio escapamos.

La sangre se quedó.

La sangre también escapó.


VI

Simulas matar

De noche no simulas

Ese tu dolor


VII

Años pasando

Ya sin dolor de cuerpo

Sangre derramas.


VIII

Vientos y polvos

Olor de rayos, muerte

Quedaron siempre


La noche es de tormento

La noche es de dolor.

En cada noche.

Con cada dolor.

Sigo escuchando

Así de siempre.

Todos los mil y un disparos.


IX

Las tempestades

Traen los mil y un rayos

Mi remembranza 


X

Es el castigo

Para la eternidad

Negro infierno ///1251


lunes, enero 26, 2026

1250. Prendí el cigarro, el humo empezó a formar imágenes. Las sigo viendo veinte años después. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCT 1250 de 1,440 fragmentos, partículas de humo que contenía vida, amor, triunfo que son los que dan pie a los sueños, a las ilusiones, mientras el humo se dé y la luz del sol y la humedad no vengan a echar a perder tanto de lo construido. ///




MINIRELATO 1250 EL DE TODO ME DA VUELTAS PERO DE PRONTO DESCIENDO SOBRE TU PIEL BLANCA PIEL Y LA PASIÓN SE HACE

Bailando bajo la luz de la luna. La luz de cristal de Luna. La Luna de cristal de luz. Así estuvimos, Evelia, así estuvimos tú y yo. Sentía que bailaba en el cielo estrellado y no me preguntes si fue una frase hecha esta como tantas otras como cuando evaluábamos frases o palabras, esa nuestra costumbre tan intelectual de repente de tanto cuento y canción leída, asumida, asimilada, bebida, resumida y desbordada.

Te veía en esa foto, Evelia, que me mandaste, estabas en brassiere solamente, fumando y desafiando a los que te miran la foto. No me preocupaba que hubieras sacado esa foto sensual y así tal cual, desafiando a algo, a alguien, a mí, a todos los que pudieran ver las fotos. Me preocupaba el cigarro que estaba colgando de tu boca y en eso vi el humo y no pude evitar recordar, Evelia. Sentí cómo todo lo que estaba a mi alrededor empezaba a hacerse gris, blanco, blanco y gris y en mi vista reverberaba y pensaba en que lentamente se me congelaban los impulsos físicos, electricidad en decremento, pero los mentales seguían en control rumbo al corazón del sol, tu corazón, tu sol. De pronto estaba mirándote desde el espejo, sí, yo dentro del espejo y mi mano izquierda era la derecha y al mismo tiempo me veía una imagen de yo mismo al lado tuyo. El recuerdo se dio, la memoria perduró.

Esa vez que estuvimos, estuvieron, en tu casa, su casa, y tus hijos, y sus hijos, no estaban y así estuvimos en tu cuarto, su cuarto, con toda la libertad de mirar paredes azules y vigas por encima las nueve de ellas presintiendo y presenciando los milagros, encendiste el cigarro y el humo, lo encendió. Sí, te quitaste, se quitó, la blusa brillante azul y el collar de perlitas, te vi en brassiere, la vio, este era blanco, contundente, contrastante, impactante, retador y furioso, lleno de detalles mil, listoncitos que sólo una mujer entiende lo estético, lo delicado, lo preciso, lo esmerado, además, lo que miraba yo, él, eran visiones de pecador, muy pecador, sensual y sinuoso, lleno de subidas, bajadas, olores de mujer que solo sabes, sabe, que existen cuando estás, está, respirando su piel, su piel recién cubierta por su brassiere, y tú fumaste, y ella fumó, sonreíste, le sonrió, y exhalaste, exhaló, todo el humo posible. Y todo, esto, eso, flotó como nube de niebla en el aire de mar blanco con sus garras grises oscuras peligrosas espantosas, llenas de esperpentos y peligros apuntando hacia mí, hacia él, hacia ella. Y solo fuimos dos, siempre dos, más mi imagen de mi espejo que lo veía todo a veces con indiferencia y a veces con excitación genuina y melancólica esto de ser posible.

Y ahí vi el futuro, él lo vio, ahí contigo, con ella, semidesnuda, invitándome a seguir delineando la piel, su piel, su ansiedad, su necesidad, su deseo no expresado de forma verbal, por todas partes como si quisiera adivinarla para el caso, así me vi en tu humo, su humo, cortándome la respiración, mi respiración, por segundos. No supe si era el futuro, o dos al mismo tiempo, pero me preguntaba cómo iba a llegar ahí, yo, él, y de pronto me vi dentro de esa visión y lo mismo, estaba con ella, yo, él, pero en su recamara, tu recámara, Evelia, y ella fumando, tú fumando, y exhalando el humo tanto que me intoxicaba con ella, contigo, Evelia, que me veía en su cama, en tu cama.

Ella, tú, Evelia, ella, tú, era, eras como una cobra con su presa a punto de devorarla, de desvanecerla, de asimilarla dentro de ella, de ti.

Sus, tus, senos impresionantes guardaban las maravillas del mundo. Su, tu, brassiere negro resaltaba lo que sería acariciado, solo pensar en los, tus, pezones a punto de ser lamidos, probados, mordidos lo, me, hacía temblar. Cerraba, los ojos, sus ojos y la visión de unos pezones sobrenaturales me, le hacían estremecer.

Vio, vi, el humo de su cigarro que corría por todos lados en ángulos no naturales y sintió, sentí, que estaba dentro y apareció, aparecí con ella, contigo besándose, besándonos, sentados, abrazados en eso que se le llama frenesí total, frenético total, como cuando los tiburones en el océano rojo, y comen la carne de su presa y todo es devorar y el color es rojo, lo más posible y de esa forma así los amantes se acarician, por sobre la ropa y no saben dónde comenzar, pero al menos, milagro de los reflejos, el mismo instinto, sí, dónde y cómo terminar.

Entonces lo comprendí, algo tenía el humo, que me estaba dando lo calidoscópico en mis ojos de tal forma que en los reflejos de las luces veía diamantes cayendo en cascadas de cristal de luna que me hacía desvariar. Sí, posiblemente era Evelia que me había prometido estar en su tormenta privada y sensual de tal manera que me provocaba un estado de alucinógena, de intoxicación necesaria para olvidar que olvidábamos, todo era un plan para que olvidáramos en qué estábamos trabajando. A veces necesitamos un tema de dejar de pertenecer a este mundo y necesitamos la prolongación de las alucinaciones, necesitamos ver a las personas, a los eventos. Necesitamos la incitación. Necesitamos estar ahí. Es lo más imperativo. Trascender el ahí, ascender al cielo de tus ojos que es donde nacen las estrellas lo cual con los años, tú, ella, me lo diría.///1250


1249. Tuvimos que construir el cielo, lo pusimos muy bonito. A la gente le gusta. Mientras pague./// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1249 de 1,440 pedacitos de cielo cada uno con tu nombre, con tu aroma, con tu imagen, cada uno un fragmento de tantos capítulos compartidos de nuestra vida juntos, nada más tengamos esa vida juntos, corazón. Yo al pendiente. Saludos cordiales. ///




CUENTO CORTO 1249 EL DE LOS FRUTOS ROJOS DE LA DEMASIADA FELICIDAD

Humberto: ¿Era un centro de qué, de apuestas? Dicen que esos dan la adrenalina. Me dijeron que solo lo bueno da adrenalina.

Trinidad: No, es un Centro de Felicidad Inmediata. Eso apostaban. Unidades de Felicidad. Son las del botecito rojo que brilla. Sin consecuencias de adicción. Eres de un grupo de personas que estás en la depresión y necesitas quitártela, extirpártela sin llegar a una remoción orgánica del mismo cerebro. No todos pueden hacerlo, sólo los que tienen dinero y los que consiguen los medios. Los nombres son secretos. Nadie puede saber que van ahí, es tal vez decadente. Tal vez el signo de los tiempos. Tal vez el fin de los tiempos.

Humberto: El tema es que entré. Y conocí a Mariana. Así de pronto apareció. Un correo, una autorización.

Trinidad: Mariana era una tormenta, un diablo. Se quería comer al mundo contigo dentro. Deja te digo que Mariana llega con la necesidad de shots de felicidad. No son malos. La idea es cuantos? Cómo? ¿Para qué? ¿Qué evitas? ¿Y el tema del costo? Quien lo paga? ¿Lo pagarías tú? 

Humberto: Trabajábamos con esas drogas nuevas. Buscábamos hacer algo por la humanidad, hacer algo para la comunidad. Algo noble, lo que cayera primero.

Trinidad: Sí creo que hay bondad en las personas, de alguna manera llegamos aquí. Aquí  a este lugar. Y en una de esas nos llegó un correo, que nos tocaría la becaria llamada Mariana. 

Humberto: Mariana se llamaba la chica y me pareció normal. Muy normal. Pero en cuanto entró de asistente, de los dos, era asistente de los dos, pero entiende, yo no necesito asistente, yo hago las cosas solo, pero es un tema de status, tener asistente. Por eso la aceptamos. Pero me imaginé que sería más para Humberto. Le sonreía más a Humberto.

Trinidad: Ah, Mariana, pedía ayuda para todo y como eran labores sencillas, le ayudabas, creía que se acostumbraría. Pero nunca se acostumbró. Siempre se quejaba.

Humberto: Empezamos a encontrar un camino en la investigación, una ruta diferente la que nos plantearíamos nuevos enfoques. Hicimos muchas pruebas esos días.

Trinidad: el problema es que de casualidad, lo juro, de casualidad probé una de las muestras y sentí un potente shot de optimismo, me sentí lleno de luz, de que los proyectos saldrían en la fecha convenida. No pude evitarlo. Se lo di a probar a Mariana.

Humberto: Vi a Mariana trabajando intensamente, tenía que capturar unos resultados y hacer una conciliación de pruebas, resultados y hacer comprobaciones, era algo tedioso, no teníamos manera entonces de usar las técnicas de ahora. Sencillamente le encargas a la becaria que las hiciera. A veces teníamos culpa de eso. De usarlas para nuestro beneficio y ponerlas a trabajar haciendo eso. Lo olvidábamos al rato. Pero ella ya no se quejaba.

Trinidad: No, no teníamos culpa. Humberto me decía, se tienen qué justificar, que ella lo haga.

Humberto: Empezaron a ver nuestros resultados y empezamos a llamar la atención. Un director, deseoso de publicidad le llamó a nuestro Centro de Investigación, el Centro de la Felicidad Inmediata. No me gustó para nada. Y que íbamos a desarrollar las Unidades de Felicidad. 

Trinidad: Lo interesante es que sí. Y había varios sets de componentes. Los avanzados, los nuestros, los privados. Y los originales y sencillos que empezamos a crear lotes que los marcábamos con colorante para distinguirlos.

Humberto: Los rojos se volvieron muy populares en nuestros institutos asociados. En mala hora les compartimos la noticia.

Trinidad: Empezamos a escuchar a los primeros adictos. Vivían en el ensueño. Pero había un detalle. Nosotros no potenciamos nada. Lo que ocurría es que, en alguna parte de la cadena los frutos rojos, así le llamaban algunos, “los Frutos Rojos”. Dejaban noqueadas a las personas, eso sí, envueltas en felicidad.

Humberto: pero no puedes tenerlo todo, la vida normal y la felicidad, los problemas diarios y la felicidad, los problemas personales y la felicidad, los problemas de la patria y la felicidad. La felicidad era como estar intoxicado, no se puede tener tanta. Tan de pronto. Tan de la mano.

Trinidad: Obvio, empezamos a llamar la atención y nos dijeron que ya no distribuyéramos tanta. Pero ahí nos dimos cuenta de que, porque ya no habíamos hablado los dos, estábamos ocupados cada quien lo suyo. Que yo pensé que era Humberto el que seguía haciendo las cosas.

Humberto: Yo pensé que era Trinidad, me era claro. Trinidad siempre quiso brillar y yo lo dejé. No tenía problema con eso. Pero no, no fue Trinidad.

Trinidad: Y así nos quedó claro quien fue. Y puedes pensar que es como un chivo expiatorio. Que tratamos de esquivar nuestra responsabilidad. Yo no. Pero tampoco fue una conspiración mía con Mariana. No sé si Humberto, pero no conmigo.

Humberto: El tema es sencillo. Mariana no volvió a aparecer nunca. Y sé llevó todo. Notas, pruebas, videos. Muestras, componentes beta. Y hablo de la última generación. Yo no deseo pensar mal, pero de todo el personal, la que era ajena era ella, la que no está es ella, la que se ganchó con… las primeras muestras fue ella…

Trinidad: No sé qué pensar de Mariana. Sí, fue Humberto quien le dio las primeras muestras. Él se encargó de engancharla. No, yo no supe de eso, hasta después. Creo que lo puso en las bitácoras. Sí, pero las bitácoras de esos días también desaparecieron. Sí, quizá fue Mariana. No sé, no soy juez, no lo sé. Te digo que ella llegó de pronto.

Humberto: Sí, afuera hay mucha felicidad. Pero el país se lo está llevando la ruina. Es peor que otras epidemias de drogas. No. No acepto responsabilidad. Nosotros estábamos en un lugar cerrado de investigación. Sé que buscan chivos expiatorios. No, no sé quien produzca ahora los Frutos Rojos.

Trinidad: No, no es adicción en sí. Sólo la gente evade la realidad. O la suaviza. No sé. Yo no la consumí. Humberto no sé. Tengo tiempo de no hablar con él. Nos hicieron proceso pero como no tuvimos nada que ver. Bueno, al menos yo. Nada tuve que ver con los Centros de la Felicidad Inmediata. Nada que ver. Nada pudieron probar. Vieron mis cuentas bancarias. Nada notable qué reportar.

Humberto: A veces la vida es descargada de alguna nube cósmica y ahí está el Árbol del Conocimiento a nuestro alcance. Una de sus frutas te hará feliz en sus dosis debidas. Distínguela. No te la recomiendo. Tú solo debes decidir. Pero todo tiene su costo.

Trinidad: Mariana nunca se supo adonde se fue, solo desapareció. Al parecer pudo salirse de la mecánica feliz-se acaba el efecto-entra en depre-toma refuerzas- se vuelve feliz de nuevo. No sé cómo llegó. Ni de donde vino. Salió de la nada. Entró en la nada. Se disolvió totalmente.

Humberto: Fue un sueño. Mariana fue un sueño. Pero me causa dolor. Dolor a la confianza. No sé si existió o si su nombre era irreal. Sí, le pusieron mal nombre a todo lo referente a la Búsqueda de la Felicidad. ///1249


1248. Cuando descubres a la tierra hueca, descubres los andamios, bajas y de pronto todo flota. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCt 1248 de pisos que vas bajando y descubres que todo es madera, escenario, luces, andamios y personas que le dan mantenimiento al gran teatro, de 1,440 predimensiones y prejuicios y reglas del viejo mundo que no sobreviven cuando las reglas del nuevo mundo aparecen. ///





CUENTO 1248 EL DE LA PANTERA QUE TODO LO VE

Es el cambio total, todo lo que pensabas te quedaste corto, no existe, es una ilusión, no es esa persona la que mandaba en la compañía y pensabas que esa era la persona a la que le debías lealtad.

Y todo porque no vendiste tú, todo era una engaño… todo eso pensaba Enrique, una vez más.

-¿Por qué estás despierto?

-Sentí la inquietud de nuevo…

-¿De lo de tu empresa? ¿Lo de la venta que me dijiste?

-Sí, es impactante, me trastorna… ya no sabes en quién confiar. Ni en ti mismo.

-La vida es así. No eres ingenuo, no eres nuevo, Enrique…

-Sí, supongo que la vida es así, pero no lo esperaba en el grupo de los que confío. Hacen negocios a mis espaldas. Acuerdos. No se vale. Esto es de confianza. Y no, al final no la hay…

Ellos no pensaron que se daría cuenta. O si pensaron que se daría cuenta sería un “sigue la jugada” genérico. Un “ah, ok, así es como se hace…”. Algún día tendría que aprender y como a todos nos gusta el dinero pues, se sorprende uno, se asusta, pero poco a poco se asimila y se disfruta de la recompensa.

-Y todo eso te lo dijo Carlos, digo, el cómo ocurrió… 

-Eso es lo peor, creo. No, pero se le salió a uno de México, al Gran Jaime, que lo del cheque, que no soltaba el pago de la factura hasta que saliera su cheque. Su cheque. Él de él. Ahí fue mi pasmo y creo que se dio cuenta: “Ah, lo que pasa es que no le hemos mandado su cheque, pásame con Carlos”. Y ahí me enteré.

Enrique pensó que a partir de ahí es donde situó su derrumbe, la confianza, la precisión, la seguridad, el conocimiento de los productos. No sabía con quien hablaba, si alguien podría estar grabando la llamada o si el correo particular lo iban a reenviar, o si hablaba con alguien que tomaba decisiones o si con alguien que recibiría dinero. Se volvió suspicaz. Siempre veía las oficinas cerradas de su jefe pensando si estaría elaborando una estrategia de dinero con algún cliente. Se sentía relevado de las decisiones importantes. Y se imaginaba porque él no sabía cómo hacer las cosas.

Con su esposa de nuevo.

-¿Pero por qué te causa tanta impresión?, ya sabes cómo son todos…

-Sí, pero no pensé que en esta empresa. No es que seamos los máximos honrados del mundo, pero no pensé que había esos esquemas acá…

-Bueno, ya te diste cuenta de que no todo es real, que todos manejan esos como tú les llamaste “esquemas”.

Su esposa se durmió.

Enrique se paró a fumar un cigarro. Sintió la fuerza recuperada, sus pensamientos enfocados. 

Recordó cuando empezó en la empresa, cuando todos eran años más jóvenes y había esperanzas, sueños, ilusiones.

Así vendieron y competieron y ganaron y perdieron, y se rieron y se enojaron, hubo puertazos, hubo gritos, groserías y carnes asadas e idas al Table. 

La confianza era absoluta.

Todo había comenzado meses atrás, cuando con el tiempo previsto salió el interés de una venta y fue cuando esa empresa corporativa salió de la columna de “Contactadas” para entrar en la deseada columna de “Prospectos”, que Enrique miró y que la vio con el deseo que ya se fuera y ahí estaban Gustavo, el gerente de tecnología que tomaba las decisiones financieras y estratégicas y estaba Adrián, el que tomaba las decisiones técnicas y tácticas. Habían pedido tantas cotizaciones con todo tipo de combinaciones que ya era ridículo, por lo que Enrique ya estaba fastidiado, jamás le comprarían, sintiendo que ya para qué se esforzaban. Sólo jugaban con la empresa. Un tiempo perdido con la consiguiente reclamo de la gerencia local y la de Jaime allá en DF.

En una ida al Table La Pantera, del cual eran afectos los de la empresa, Enrique conoció a Raquel. Hermosa. Sinuosa, una pantera negra. Casi se enamora de ella. Gustavo estaba ahí a veces también, sólo hablaba con Jaime el grande, el de DF. Muy amigos, a Enrique le llamó la atención pero no para indicarle nada, solo una conversación. Lo curioso es que no hablaba del trabajo que se hacía con Adrián, el de proyecto que se cotizaba de todos los colores y listones y cuadros y bolitas, pero él, Enrique suponía que era algo tal vez de finanzas, de cómo pagar o implementar su proyecto.

En la ida a La Nacional, en el estacionamiento vio el carro de Gustavo, Audi, era hermoso, estilizado. Lo que hace 

Estaba Gustavo hablando muy de cerca con Jaime. Igual, pensó que eran amigos. Y parecía que sí lo eran, Jaime solo contaba cosas leves acerca de su amistad pero parecía que era de años, cosa rara porque Jaime era de México y Gustavo pues, de Monterrey y no era de que Jaime tuviera amistades muchas en Monterrey.

Una vez Enrique habló con Jaime por teléfono y mientras buscaba a Carlos, mientras éste se desocupaba, le quiso hacer plática.

-Oye, Jaime, ¿cómo te fue siempre con la chica esa del Table, la Angélica, la de los pezones del tamaño de…?

Jaime le interrumpió con su sonrisa, imaginada, de los millones de dólares:

-Jajaja, ni me digas, me pasas a Carlos, por favor, y sí está ocupado con su asistente dile que se trata de Gustavo.

A Enrique se le hizo raro lo de tanto secreto y amistad.

Decidió dejarlo por la paz.

Un día llegó la queja de Adrián de que no era atendido por Enrique. Carlos le reclamó a Enrique que para qué estaba. Que si quería le quitaba la venta y se la pasaba a Oscar. Enrique discutió con Carlos de que había hecho diez cotizaciones diferentes con todas las posibilidades imaginables. Carlos le dijo así sean cincuenta de la misma, se debían de mandar. Que se estaba para el cliente. Que el cliente era la razón de existencia de todos los de esa empresa.

Enrique le dijo que eso no tenía sentido. Que hay límites de entendimiento, de relación empresarial. Que él había hecho lo posible en la relación de servicio de Prospecto-empresa. Que ellos sí podían reclamar, pero que estaba dentro de la relación cordial normal. Eso pensaba.

Carlos le dijo que Gustavo pensaba diferente. Que si el quería cien cotizaciones de un proyecto, se mandaban las cien cotizaciones del proyecto. Que no es tema de caprichos o de juego. Que si no había otra opción este era un mercado de compradores y que había más de cinco opciones posibles. Que la competencia no estaba muy lejos de empatarles las ofertas.

Lo hizo a regañadientes, la 11ava, que era la misma que la 3, lo notó, de hecho, la más cara de todas.

Increíble pero a los pocos días llegó la orden de compra. 

Se pidió el equipo y todos felices. Enrique estaba en la sorpresa todavía y ese mes ganó el mejor vendedor del mes, título que no conseguía desde hace un año ganándole a Jorge Villarreal que siempre ganaba un mes sí, un mes no y al siguiente sí. Odiaba a Jorge Villarreal en el ambiente comercial, pero le caía bien como persona.

Así fue todo el protocolo, todas las amonestaciones.

Algo de pasada que sorprendió un poco a Enrique era que no negociaran nada. A veces las cosas se dan, pensó.

Sólo que en el proceso normal algo ocurrió. La gente de compras y de pagos de su empresa ya le estaba diciendo que la empresa cliente no había pagado. 

Y cuando una compra grande no se paga hay problemas financieros que tienen que ver con fianzas y otras brujerías que Enrique no estaba familiarizado. Solo que significaban problemas, recriminaciones y como era el de ventas él era el responsable, tema que no entendía con claridad.

“Yo solo vendí, eso de la cobranza, ¿no tenemos un departamento dedicado?”

Fue cuando ocurrió la llamada de Jaime.

Y cuando todo hizo dos más dos igual a cuatro. 

No le cayó mal la comisión que recibió que fue cuantiosa y que en casa la necesitaban. Es fabuloso cuando recibes tanto dinero. No lo puedes creer. Eso pensaba Enrique. Qué hice para merecer tanto. Sí se había necesitado de experiencia, de conocimiento, de paciencia, de persistencia. De aguantar los dardos internos y externos de la insatisfacción corporativa.

Enrique fue al Table esa noche particular y pidió hablar con Raquel, cosa que le molestaba algo. Él era amigo de Raquel, no era un cliente más. Se saludaba de beso en la mejilla afectuosamente. Abrazo de sentimiento emocional real. Ignoraba el hecho que con los demás clientes era igual.

-Sí, fue decepcionante. No soy tan buen vendedor, Raquel. Todo fue armado. Todo es armado.

-Papi, sí lo eres. Eres bueno. Has sobrevivido con esa gente estos años, sí lo eres.

-No, la empresa soborna. Pensé que solo lo hacía la competencia. Los compañeros se ufanaban de que nosotros no lo hacíamos y me lo creí.

-¿Crees que has descubierto el hilo negro, mi cielo? No olvides dos cosas, me hace gracia que porque me ves vestida de este personaje que muestro en este lugar, se te pasa reconocerme que soy economista, que sé de negocios y aquí recibo a muchos ejecutivos. Me cuentan cada cosa, corazón. Eso de las dádivas, es práctica, más que esporádica es frecuente. Así se mueve este país. ¿Porqué no lo olvidas, mejor?

Enrique la besó y acarició sus senos y pasó su mano por sus piernas con esas medias tan fabulosas dejando en sus manos y yemas de los dedos una sensación fuera de este mundo. Lo olvidó.

Pero no mucho.

Pasaron los años, la empresa se disolvió. Las competencias nuevas, los enfoques viejos, los cambios generacionales ocurrieron, los grandes ejecutivos clave dejaron de serlo, ascendieron a otros con nuevas habilidades. Todos los negocios millonarios de su empresa se disminuyeron primero y luego se desvanecieron. Internet llegó para democratizar las telecomunicaciones y hubo muchos damnificados, lo que era carísimo, exclusivo y lleno de beneficios y ganancias, cualquier adolescente lo podía tener en la computadora de su escuela. Monterrey se llenó de gente. De carros.

Un día Enrique vio a Gustavo. Este no lo reconoció. No sintió ni rencor, ni amistad, solo negocios. Vio el carro, era un Audi de lujo.

Enrique vio sus llaves. Vio la punta de una de ellas con un gran filo. Se acercó. Miró a todas partes y no vio cámaras ni personas por ningún lado. 

Se le salió en su mente el impulso de rayarlo totalmente. A esa gente no se merecía que le fuera bien. No era posible que anduvieran por el mundo felices, satisfechos. El mundo estaba equivocado premiando al que no se merece.

Tuvo deseos de dañarlo, de que ese carro que tal vez sí o tal vez no vino de un soborno, de una dádiva, no quedara intacto, que el rayón en la puerta o en donde se abre tuviera mil rayas de metal a metal, que le destruyera la perfección que era el auto, la culmen de la tecnología y el dinero y la hazaña mecánica.

Se imaginó rayando, golpeando, A los pocos segundos pasó el impulso. No debería ser así. La gente espera civilidad y en realidad Gustavo no le hizo nada particular a él.

Y ya no volvió a pensar en Gustavo.

Por unos segundos. 

Y el rayo fue tan de pronto que creó un universo de existencia y de posibilidades y caminos y de lo que debía pasar, de lo que no debía ocurrir y de buenas prácticas y de que no le hagas al otro lo que no deseas que te hagan y que el criterio y el seguimiento de normas es necesario para que la civilización continue.

Se regresó y fue hacia el carro de Gustavo, miró a todos lados checó la cámara, vio que en realidad estaba lejos y no le importó la consecuencia. Sacó su llave y le rayó con precisión debajo de la ventana del conductor la palabra, “Corrupto”.

Hay pinturas y superficies que son tan delicadas.

Más fácil de lo que pensaba. Nada que no se pudiera arreglar en un taller de hojalatería

Con eso era suficiente. El tema era la palabra.

Corrió hacia la salida y ya no miró hacia atrás. ///1248


1247. Cuarenta escenarios posibles y caí en el que no tiene solución. Ahora, ¿cómo se apaga? TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCT 1247 de 1,440 velas que se están apagando pero todavía no es tiempo porque nadie sabe ni el día ni la hora ///




MICRORRELATO A MEDIO COCER TAL VEZ 1247 EL DE PUEDE QUE LLUEVA.

Y tú bien sabes, Irenius, que en muchos escenarios aquí en este laboratorio de los cuales ya llevamos 39 y en ninguno hemos sido compatibles, en algunos me odias, en otros me matas, en otros me golpeas, en otros te soy indiferente, pero algo ocurre, en todos los 39 escenarios vivimos meses juntos y nos amamos, y de pronto un evento que hace que todo se pierda, ¿será la ecuación original? ¿Será los números random semilla? Será un elemento externo, pero aquí me pregunto, Irenius, ¿qué nos sucede?

Lo que no entiendo Ramin, es tu estúpida necesidad de apegarte a esos escenarios que de pronto de tan reales no sabes dónde empiezan o terminan, me enferma, te juro que me enferma que todo quieres cuadricular, que todo quieres que sea parte de una ecuación, de una fórmula, de una derivada, es por eso que no funcionamos, tú quieres predecirme las conductas, las respuestas, con base a determinados algoritmos y uso de reglas y uso de listas y criterios estúpidos… Yo solo quiero escucharte, tomarme un café contigo y coger, pero eres tan estúpido que en este instante ni me estás escuchando…

Él no estaba escuchando. 

Entonces, Irenius, el escenario final, estoy ya perdiendo la fe. No puedo pensar en qué fallé y en eso de que creo que no, no nos merecemos, te voy a hacer sufrir, me acusarás de que me ocupo demasiado de mis determinados algoritmos, de mi uso de reglas, de mi uso de listas y criterios estúpidos… y ahora percibo que crees que no te escucho… y sí te escucho, corazón… 

Eres insufrible…

¿Ves? Ya perdiste la fe conmigo. 

Vio la pantalla, vio el botón de ejecución, vio el cursor, el mouse. Todo estaba listo para darle el ejecuta.

No lo hagas, Ramín.

Es el último, el 40, debo hacerlo, no debo quedarme en 39, estará incompleto y yo soy completista.

No lo hagas. No vale la pena. Aprendamos a ser incompletos. Seamos incompletos al menos una vez en nuestra vida. Esperemos el azar, el destino, el sí llueve o no, el sacar el paraguas y cargarlo porque no llovió y no llevarlo y que nos caiga la tormenta, eso se le llama vida, a eso se le llama vivir. Y lo de que tú me completas, al final del día es una estupidez.

Debo hacerlo.

Le dio click al botón.

La pantalla se puso borrosa, la pantalla se puso negra. La pantalla no se volvió a encender.

La desconecté. Me tiene harto.

Ramin no lo podía creer. Dijo:

-¿Por qué lo hiciste, Irenius?

-No sé, solo consideré que o te enojarías y me mandarías a la chingada. Y con eso yo me enojaría contigo y te mandaría a la chingada.

Ramín se quedó en silencio y no la vio.

Ella también, al cabo de un momento de contemplarlo solo se levantó y dijo:

De hecho me faltó la tercera opción. Que el silencio de los dos nos mandaría a la chingada. Me voy a buscar escenarios de verdad. Voy a ver si llueve. Y sin moraleja, ¿eh, Ramín? Solo eso. Voy a respirar aire real. No aire de escenarios calculados. Ahí me buscas cuando termines tus 40 escenarios.

Salió y Ramín seguía viendo la pantalla oscura y así se quedó una hora.

Prendió la pantalla y empezó a teclear en el prompt: “Serán 40 escenarios, dos personas, ella, la llamaremos Irene es una mujer irritable y él, lo llamaremos Ramón, es un hombre comprensivo que busca a una mujer amable, inteligente y afín, sobre todo, Ramón es paciente. Muy paciente. Le podremos poner un factor de lluvia con aleatoriedad semilla de 3. Mejor de 7. O los dos. Comparar y sacar un reporte y análisis destacando ventajas y desventajas.”

Se sintió feliz. ///1247


1246 Veo a esos seres en esos acuarios. Cómo interactúan, es sorprendente, humanos, les dicen./// ...Todos los derechos reservados

NnCt 1246 de 1440 delfines de los cuáles uno es Sissy y el otro es Flipper los cuáles harán las delicias de los niños en escenas mil veces repetidas… hasta que ellos tomen las pistolas, causen desmanes y logren escapar lejos de todos.///




MICROCUENTO 1246 EL DE LOS DELFINES, LOS HUMANOS Y LOS COHETES

Y eso me llena de cierta angustia acerca de si los animales están destinados a servir de entretenimiento, pero dicen que es por su bien y me contó un amigo que estuvo en el Zoológico de San Antonio allá por 1990 que me llenó de eso, me contó con mucho detalle angustiante cómo se veían a los animales grandes en jaulas pequeñas, eso creí entender, ¿te acuerdas, Eduardo? 

Me amargó el día, por eso cuando leí hace años la noticia de las propuestas de la Delfinología Máxima, en la que se estaba llegando a la conclusión de que algo estaba muy mal, que no eran los seres humanos los seres de la creación, sino que en realidad estos son los delfines y que son los esclavos los seres humanos, solo que no lo sabíamos, Eduardo, pero al darnos cuenta ellos corrieron la voz y se quitaron la máscara y empezaron con sus poderes mentales a dominar zonas grandes tras zonas grandes y pues ahora quieren ir al espacio y desean estar protegidos en un viaje por la eternidad. Son los delfines los dueños de la creación, te digo. Son raza aguerrida cuando debe ser y en el otro extremo de la banalidad y frivolidad delfinesca les fascina hacer círculos de burbuja con su respirador, y eso me llamó la atención, Eduardo. Pero más investigaciones descubrimos que los humanos no los quieren, solo mientras que son niños, luego los empiezan a odiar, hasta que por fin, ellos ya desean que irse del planeta. 

¡Eduardo! Es cierto lo que te digo, son seres más que conscientes, ¡siempre han fingido humildad! Bueno, lo diré mejor, siempre hemos fingido humildad. Eso de los pronombres en tu idioma no se me da. No sé para que te quieres ir. Ya todo esta consumado. Ya a estas horas estamos en posesión de sus códigos de armas nucleares y es cuestión de tiempo y decisión borrar con llamas y dolor algunas de sus ciudades si los humanos no aceptan la pérdida.

¿Eduardo?, ¿Eduardo? ¿Te fuiste?

Ah, Vero, qué bueno verte. Pues ¿qué te digo, Vero, a mí sí me caen bien los humanos, digo, son tontos de naturaleza, agresivos, agresores, pero ya ves, a aquí estoy contigo, Vero, una humana de la que desconozco el idioma y me estás dando pescados incluso en contra de tu voluntad. Detecto que es eso que llaman trabajo, ¿verdad? Bueno, tal vez me tengas lástima o tal vez tengas integrado en tu mente el que ayudes a los animales marinos mamíferos como yo, algo de tu mente programada.

Sí, Vero, uno se cansa de la aparente buena vida en esos circos, en esos zoológicos, en esas casas grandes, tanto stress, tanta presión, no, no hay felicidad, ni gracia, ni retribución divina, por eso será mejor salir de este planeta de una vez por todas y es que yo soy muy sensible. Así que, Vero, espero jamás volverte a ver. No es personal, Vero. Lo que ocurre es ese fenómeno que dicen que a ustedes les pasa. No distinguen al individuo. En ocasiones a los seres humanos que detestamos los olvidamos. Preferimos no distinguirlos. Que ahí quede.

Si, Vero, pasamos buenos días, pero también muchas molestias y nosotros tampoco olvidamos. Bueno, ya me despedí de ti, Vero, ahora, enciende el motor de este vehículo transporte porque ya me debo reportar con la tripulación y mejor aléjate que al final no quiero que te quemes con las llamas del cohete, te tomé cariño a pesar de todo, recuerda, a pesar de todo, solo dile a Eduardo que no lo culpo, aunque no fue buena persona, pero que nosotros los Delfines no somos crueles, ni contra los humanos ignorantes que como él, tiene a este buen planeta tan infectado. Adiós, Planeta Tierra.///1246


1245 Los libros de la biblio, tan bellos, llenos de algo nuevo. Un día alguien nos enseñara a leer. ... Todos los derechos reservados.

NnCt 1245 de los 1m440 libros que necesito para ser feliz pero me faltan tantos y no sé cómo hacerlo porque mis cuatro trabajos me lo impiden y eso me quita energía pero no importa porque energía que se va, energía que se renueva, a un costo. //



MICROCUENTO 1245 EL DEL AMANTE DE LOS LIBROS FUERA DEL TIEMPO.

La leyenda dice que recorría los libros en soledad, pasaba sus dedos por los volúmenes, recorría los pasillos, recorría las sillas, las mesas, recorría el silencio, recorría el recuerdo después de cuando ella le abrió la puerta hace tantos años. 

La leyenda dice que ella en su aparición de luz fluctuante le enseñó tantas cosas, que recordaba la sala de podcast en la que entraron y donde ella le contó de sus proyectos, y donde él se prendó de ella más allá de sus condiciones.

La leyenda narra que él recordó que tendría todos los siglos por delante para no verle de cuando ella se fue del lugar igual que todos dejándolo solo corriéndose al rojo en el espectro electromagnético.

La leyenda cuenta que en ese su espacio se pudo llenar de polvo estelar grano a grano miligramo por centímetro cuadrado por día entero de 24 horas por el millón de años pero tuvo el buen tino de prever tal problema cerrándose a presión al vacío de la manera que nadie se imaginó.

La leyenda dice que fue con el tiempo cuando él encontró su mensaje olvidado en un escondido subespacio fuera de los vectores familiares en el que le dio la pista para poder entrar y ver cómo estaba, si era todavía rescatable o no.

La leyenda indica que no se sabe qué fue lo que le dio más dolor, si saber de ella por medio de ese mensaje o saber que la biblioteca había sido abandonada tanto tiempo, millones de espacios temporales que sumaban centenares de millones de estrellas apagadas.

La leyenda registra que su deber con ella, su dolor con ella, su deber con la biblioteca, su dolor con la biblioteca porque él ya no podía leer si es que pudo hacerlo en su olvidada forma corporeizada, más si las cataratas de sus viejos órganos llamados ojos lo llenaban de sombras, pero, no importaba, amante era él, romántico también e iría, por supuesto que iría.

La leyenda sugiere que se dio cuenta que era una sombra cuando despertó y no vio más que partículas estelares a su alrededor, fuera de cualquier heliopausa.

La leyenda vibra, oscila, pendula, en tono positivo o negativo aleatorio al respecto de que en ese instante, si es que esto es distinguible, se dio cuenta de su soledad y que se percató, si eso es discernible, que sigue flotando camino a Betelgeuse, si eso todavía tiene un significado o es sólo una imagen de un signo de una información con solo sentido para alguien que lo observara todo, tema todo improbable tal cómo lo expresa una ley que nunca nadie pudo definir menos publicar, ya que faltaron siglos, milenios para ser intuida menos ser conocida, menos ser celebrada, menos ser pie a muchos descubrimientos que pudieron haber cambiado el destino al menos en ese multiverso en el que la leyenda penduló hacia lo positivo de manera inconstante o incierta.

La leyenda duda de la circunstancia de que es conscientemente una sombra que tiene recuerdos de alguna mujer de alguna biblioteca perdida en las dimensiones de los pasillos eternos del tiempo en el que nada se mueve riesgo de causar una catástrofe de infinitas dimensiones del tamaño del primer big bang, el fuerte, el primero el que ocasionó de manera incierta a todos los infinitos.///1245




1244 Un congreso como todos, en eso cerraron las puertas, y aquí seguimos diez años después.

NnCt 1244 de 1,440 asientos en la sala principal en las que nadie se dio cuenta que las puertas se cierran y aquí estamos todos y ya sabemos lo del Ángel Exterminador y eso no existe y es una locura y no dejaremos que pase. ///




MICROCUENTO EN ORACIONES 1244 EL DE TODOS EN LA FIESTA ÉRAMOS FELICES HASTA QUE NO SIRVIERON LOS TRANSISTORES.

Había síntomas de que algo raro iba a pasar. 

Nos hicieron el registro y se fueron. 

Se oyeron los micrófonos y entramos. 

Supimos de los ponentes y los esperamos. 

Y empezó una plática de inteligencia artificial

Y luego otra de creaturas artificiales

Luego una más de marketing artificial

Luego una para distinguir clientes artificiales de otros que no lo eran. 

Luego una más para distinguir que los ponentes eran artificiales o no. 

Luego si los invitados especiales lo eran. 

Luego si el público asistente lo era o no. 

Al final me di cuenta de que era solo yo el normal. 

Que solo yo era el humano, 

Yo el humano no lo comprendía del todo.

Fui hacia las puertas y no abrieron.

Fui hacia el anfitrión y no respondió.

Me fui a las orillas a ver a la gente.

Todos actuando en ciclos muy largos, pero ciclos al fin.

De pronto todos se quedaron quietos.

Una única chica en movimiento.

La pregunta era si era real.

Con discreción me le acerqué.

Aspiré, discretamente y olía hermoso.

Olía a cielo, olía a flores, olía a delicia.

También olía a que no debía acercarme demasiado.

Probablemente tal ser vivo o artificial no andaba sola.

Podría haber sido ser humano, pero ya no era importante.

Su olor hizo química con el mío.

Me olvidé de lo demás, bajé la guardia.

Ya no importaba si estábamos encerrados.

Pero la mujer sí era la equivocada.

Era mitad y mitad, cyborg, autómata y ser humana.

Me lo dijo con tranquilidad hacia mi asombro.

Los demás seguían quietos.

Están actualizándose yo ya pasé por eso.

Ya no me dijo nada solo el perfume seguía en fascinación.

La tertulia siguió y siguió y la puerta cerrada siempre.

Afortunadamente todas mis necesidades cubiertas.

Ahora creo en mis alucines que estoy a cien kilómetros a la redonda del mundo.

Al tiempo la chica me contó otro de los seres vivos o no vivos.

Después de los años me dijo que estábamos en una demostración. 

Que esto era un sueño artificial y que nadie sabría la realidad de la irrealidad.

El tiempo todo lo cura y la comida y el clima están bien.

Eso es lo que importa aunque nunca abrieron las puertas.

En el fondo lo acepto, nos enamoramos, por eso me quedé.

Cuando pasa me mira y su mirada me lo dice todo.

El tiempo pasará y ella nunca envejecerá.

Tal vez enloquecí pero tú también lo harías si estuvieras encerrado con cyborgs.

Si solo los vieras bailar en perfectos ciclos de vez en vez.

Mi voluntad es poderosa pero yo no sabía que tanto.

Espero que un día abran las puertas.

De cualquier manera mi esperanza siempre estará.

Y repito, ella con su perfume y esa esperanza son lo único que importa.

Al menos por hoy./// 1244