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sábado, febrero 28, 2026

1259. Mi vida en libros de magia, con sexo rampante, como leones y tigres. Al final, humo y espejos.///

NnCt 1259 de 1,440 libros de magia en donde salen leones, tigres en medio de espejos y humo. ///




MICRORRELATO 1259 EL DE NUNCA ABRAS UN LIBRO NEGRO SI NO SABES CERRARLO

Era la prepa, Humberto y me gustaba la Ofelia y ya sabes, todos andaban con el tema del rock, había quienes les gustaba Electric Light, como al Emilio, ¿te imaginas? Hello, How are you?, a otras les gustaba Sharing the Night Together de Dr. Hook, la baladita, pero no sabían lo que decía, las amigas.  

Y entonces caminando por Reforma, en los mil puestos de mil revistas y mil libros usados, me tropecé con un libro negro. Y tú bien sabes, Humberto, qué ocurre cuando ves libros negros en donde nunca hay libros negros. 

Sí, Humberto, por supuesto, este libro de negro era de magia y pues, cuando estás en prepa, desesperado, por un amor no correspondido, ¿qué haces?, no, Humberto, el ejercicio y el agua fría en la regadera no resuelven nada, solo lo posponen, y no siempre se puede vivir de ejercicio ni de regaderazos de agua fría, no soy el camarada Daniel, el muy santo, ya te conté. 

Y el libro negro parecía seguro, no tenías que matar animales, que ya sabes que mis experiencias extremas en la secundaria con los conejos en Biología, ni me recuerdes, o la de mis ocho años lo de los cabritos en el jardín de la casa de la abuela, para que eso sí, comiéramos un delicioso cabrito en salsa, el mismo con el que habíamos jugado horas antes. 

Ofelia era maravillosa, Humberto, es maravillosa. Era reina, era princesa, era duquesa, era realeza, no, no porque fuera millonaria, Humberto, a esa edad no somos interesados, a los 22 pues ya empieza el virus maldito del interés por el dinero, pero a los 15, vivimos la ilusión, no sabía que era heredera. Y ya, total, atrás de la casa de Urquijo, ¿recuerdas? había un solar, donde a ladito filmaron un cortometraje,  y donde una vez nos encontramos intactas las Penthouse. Y ese fue mi error. 

El libro negro lo llevé con la Penthouse, porque pensé que me daba madurez, ambas cosas, porque en su portada salía una chica hermosísima vestida de  negro, teta descubierta, que no, no me imaginé a Ofelia en ese momento o esa escena a lado de unos tigres y leones. Y llevé los espejos, llevé el carbón, para prenderlo, pero no quería crear un incendio.

El caso, Humberto, es que seguí las instrucciones, y pues, el libro negro, te digo, garantizado, siempre que desees hacer brujería, consigue un libro negro y por eso tuve éxito, todo se oscureció, escuché metal con metal, escuche sonido de aves, sonido de maleza y fue cuando me pregunté si la maleza hacía ruido, no me imaginé y fue cuando vi, del otro lado, que era, ya sabes, el típico portal entre dimensiones y ahí estaba quemándose el libro negro, alcancé a agarrar el refresco y se lo vacié, pero a la imagen en el espejo. Y el libro real al parecer se quemó la mitad y ahora solo hay medio portal, nada más. Sí, la mitad o menos y por ahí no quepo.

Sí, estoy sufriendo, pero al menos no me da hambre, Humberto, y supongo que un día ya sabré cómo salir de aquí, y una parte de todo fue cuando aprendí a salir de este ambiente de muchos humos y espejos, que no puedo describir, pero que son como ventanas, y de cierta manera concentrándome regreso a nuestro ambiente, Humberto y puedo descansar por un rato de la tensión de ese lugar.

Y así es esto, Humberto, que te estoy mirando dormido, carnal, que toda esta conversación la he imaginado, porque, te lo dije, el libro se me quemó por culpa de la parte de humo y espejos, que también cómo te dije, cuando creía que el que se estaba quemando le eché agua y fue a la imagen, pues, es la razón, creo, que es por la que no he salido. No hay funcionalidad todavía.

Y sí, he visto a la chica de la revista, y sí, he estado con ella algunos minutos, no he hablado de conversación normal, me faltó más inglés con el profesor Benavides y el Vicky, no lo entiendo bien y pues ni tiempo tengo de concentrarme porque de inmediato se sueltan los leones y los tigres y tengo que correr. 

Que, por cierto, Humberto, ya vienen, ya me encontraron, luego te vuelvo a visitar. En mala hora me encontré con el maldito libro negro. Ni hablar. //1259


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