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sábado, marzo 14, 2009

SOBRE WATCHMEN, CUENTOS, HISTORIETAS, COMICS, NOVELAS GRÁFICAS

Al principio le llamábamos cuentos, lo decíamos así en nuestro lenguaje cotidiano: “cómprame un cuento”, “¿dónde dejaste  los cuentos?”. La palabra clave era pues, “cuentos”. Al menos en Tampico y en Monterrey, circa 1970.

Nunca le decíamos “historietas”, o “revistas”, menos “comics”. O “cuentitos”.

Pero los leíamos desde que teníamos uso (aparente, como ahora) de razón, hace cuarenta años. Ahora yo tengo cuarenta y seis, y le sigo.

Siempre con la cuestión de seguir con la premisa absoluta del binomio narrador-audiencia.

Detalles, o mas bien, conceptos importantes a tomar en cuenta como La Suspensión de la Incredulidad.

Eso es básico. No es creer, sino CREER. No es lo mismo. Es complicado lo sé.

Y es que, dime lo que quieras pero, sí, no hay superhombres. No hay seres de otra galaxia con poderes. No hay fuerza sobrehumana. No hay personas que trabajan de noche vestidos con mallas. Pero lo vemos y aceptamos con tranquilidad.

Otro concepto: La Cuestión del Asombro. Leí durante muchos años los mismos comics. Los de siempre. Superman y sus mismos villanos y retos de los sesentas. Batman y sus mismos villanos y retos de los sesentas.

En los setentas Batman cambió. Se hizo más serio y oscuro. El dibujo se hizo más interesante. Podría nombrar escritores nuevos (Archie Goodwin era especial), pero los dibujantes, eran más geniales, más experimentadores, y son los que se quedaron mas con uno: Dick Giordano, Jim Aparo y sobre todo Neal Adams. Más estilizados. Superman tenía a Curt Swan y era fantástico y realista a la vez.

Pero las historias. Aún tengo muchos comics de Editorial Novaro en mi poder. Son joyas cotidianas. Están ajadas, lejos del Near Mint o sea, prístinos, que marcan los actuales canones de la conservación de comics. Nunca se revenderían a precios prime rate.

De hecho los comics mexicanos ahora con Editorial Vid cuestan probablemente alrededor de lo mismo de hace 30 años ajustando dólar y peso y sus respectivas inflaciones.

Pero la calidad de impresión de hoy es impresión-ante jamás incomparable con aquella.

Y nunca olvidar que todo esto es puro negocio. Detrás de Batman y Superman, DC Comics. Detrás de DC Comics, Time-Warner Communications. Detrás del Hombre Araña, Hulk y Iron Man, Marvel Comics. Negocios. Y todo lo que es negocio lo es, lo que no es negocio, no lo es. Simple. Reportes financieros, gerencia, dirección de empresa. Dinero entra. Dinero sale. Industria.

Las cosas funcionaban así, era una fábrica. Escritores y dibujantes pagados por contrato, creando por turnos y sin ser dueños jamás de lo que hacían. Creando sueños, ideales, grandezas, creando cuentos e historias, creando mitología, creando leyendas y hazañas. Así los disfrutábamos. Y cobraban por quincena. Y tomaban sus vacaciones y entraban a las 9 AM.

No les exigíamos gran cosa. Eran sólo “cuentos”, caramba.

En esos años después, los ochenta, hubo muchos cambios. Desapareció Editorial Novaro. La crisis perenne mexicana. Me hice hombre, planté un árbol. Ah, no, esa parte no, perdón. Sigamos, sí: dejé de comprar comics. No tenía sentido. Incluso Fantomas desapareció desde mucho antes.

Con el tiempo cambié a Heavy Metal, la fabulosa revista de aquellos años setenteros y ochenteros. No más “cuentos”. Estos de Heavy Metal eran comics para adultos, fantasía, ciencia ficción, violencia, sexo. Franceses, españoles, norteamericanos, ingleses, crudos, salvajes.

Y en ese inter se relanzó Batman y Superman en DC sin yo saberlo a detalle (cada 5 o 6 años lo harían para captar nuevos lectores). Leí historias fascinantes de Batman por Vid, “Las Diez Noches de la KGBestia”, genial, impresionante, con escenas que ni en el cine. De Superman ya se veía diferente con la mano de John Byrne. Más intenso, más dubitativo, más real.

Hablo de los 80’s, a mediados.

Seguían los años. Nada nuevo al respecto. En 1991 veo y compro comics de Star Trek, excelente dibujo y buena representación del ambiente del fascinante programa de la TV. En español nos llegan comics como Batman: Año Uno. Muy bueno. Un tal Frank Miller. Nada más. En ese momento no me interesa comprar más comics de momento. Hay mucha variedad. ¿Cuál comprar?

Pero un día, Santiago, un muy buen amigo de un muy buen amigo, me dice, “lee esto, es otra onda”.

Lo miro y veo un libro, trade paperback, dice por ahí. Una carita sonriente, una mancha roja dominando el circulo amarillo, sangre presumiblemente. El nombre en un costado, cosa rara: Watchmen.

“Es otra onda”, me quedé pensando, “¿qué quiso decir con eso?”

Lo leí poco a poco. Eran doce comics reunidos en un libro. En cierto modo era demasiada lectura de golpe.

Interesante, me dije, en principio nadie conocido. ¿De DC Comics? ¿No trabajan ellos únicamente con el universo de superhéroes conocido? Batman, Superman, Joker, Luthor, Green Lantern, Flash, Hawkman… (en alguna parte se dejaron de traducir los nombres de estos personajes) no aparecían.

Pero había circunstancias curiosas en Watchmen. Alan Moore lo escribía. Dave Gibbons lo dibujó. Nombres para apuntar y recordar. Estilo sobrio. Páginas de tres por tres cuadros, en la inmensa mayoría. Frases tomadas de canciones de Bob Dylan. Cuando vi referencias a Desolation Row y a All Along the Watchtower, RELACIONADAS AL PIE DE LA LETRA con el capítulo que acababa de leer, la resonancia cultural y emocional dentro de mí fue absoluta.

¿QUÉ DEMONIOS ESTABA LEYENDO?

Esto no era un comic, era un libro, una novela ilustrada o algo más complicado de explicar.

Historia tras historia, personaje tras personaje, intrincadas relaciones entre cada uno de ellos, el uso del tiempo, los flashbacks. Del creciente ritmo de tensión de que algo inminentemente terrible pasará. Del comic de piratas dentro del comic. De las historias dentro de la historia representadas en otras formas inusuales para un comic: entrevistas, capítulos de libros, diarios, reportes psicológicos, noticias, revistas, artículos.

Esta era una historia que ahora, como pocas veces, nos exigía esfuerzo para entenderlo, para desentrañarlo, para irle captando en todas sus sutilezas y matices.

Situaciones políticas realistas-fantásticas, historias alternativas: es 1985 y Nixon gobierna todavía,  la Unión Soviética amenazando Europa. Horrores, crímenes, intrigas, sexo, conspiraciones, misterios, todo en un mismo comic ordenado en procesión correcta, lógica, ineludible. Inaudito para el medio.

Watchmen me marcó de manera determinante.

Ese comic, Watchmen, y al mismo tiempo leer el Sandman, de Neil Gaiman, y el Dark Knight Returns, de Frank Miller, me indujeron a pensar que el comic ya había cambiado, ahora sí y de lleno. Incluso abandoné Heavy Metal.

Ya no eran cuentitos, cuentos o historietas, eran comics y eran un medio de expresión legítimo que exigía y exige de su lector inteligencia, sensibilidad, deseo de entender, de ser retado a captar lo que es sugerido, que al contrario de causarnos evasión (y así y todo, que son también entretenimiento sin pretensiones, igual que las películas, igual que las novelas, igual que las obras del mundo serio de la cultura en algún momento de su apreciación), nos hacen pensar y gozar como cuando leemos la literatura “legítima”.

Y eso ya era posible en este caso, gracias a un comic.

A una historieta.

A un cuento.

A Watchmen.

 

domingo, febrero 15, 2009

LAS NUBES DEL FUTURO POR VENIR



Siempre podemos practicar el juego de SEPARA AL MUNDO EN DOS TIPOS DE PERSONAS. Sí saben, ¿no? Que hay dos tipos de personas. Las que saben y las que no saben. Las que necesitan saber y las que no necesitan saber. Las que sabrán y las que nunca sabrán. Las que separan al mundo en dos tipos de personas y las que no lo separan.

Dicho así las cosas, sigamos con el tema de la nube computacional. Pero antes…

Hay muchos nombres que empiezan a hacer buzz después de cierto tiempo en las esferas de la tecnología aplicada. Dícese de la “tecnología aplicada” aquella que está designada a ser consumida por nosotros y cada uno de los usuarios. Dícese de “usuarios” todos aquellos nosotros que utilizamos computadoras, accesos a internet entre muchas tareas que son significativas para nuestras actividades. 

Yo no sé a ciencia cierta cual de todos esos nombres detrás del buzz es el que pegará o cual es el que sólo estará ahí como de etiqueta de algo que siempre será conceptual y que todos lo olvidaremos con el paso del tiempo. Y en ocasiones esos se olvidaron porque todos teníamos prisa de alcanzar el siguiente nombre. Hay prisas siempre por estar actualizado, ustedes saben. Siempre llegar con la novedad con los amigos antes que nadie. 

De aquellos nombres de antaño brillaba VisiOn, una suite de 1983, demasiada adelantada a su tiempo y que reuniría lo mejor de las hojas electrónicas con los procesadores de palabras de la prehistoria. Demasiada cara, demasiado pesada para los equipos de la época (128 Kbytes de memoria, discos duros, carísimos, de 10 Mb).  O consideremos doce años después, 1995, a la tecnología Push que significaría que accesaríamos los streams de aplicaciones a como se nos pusieran (un concepto raro en sí mismo), ellas sirviéndonos a nosotros, no como lo hemos hecho, en que nosotros solicitamos la aplicación. Tampoco tuvo éxito. Y seguimos eligiendo la aplicación después de 14 años, en el año del señor de 2009. 

¿O alguien se acuerda de la WebTV? Internet desde tu televisión. Incluso vi anuncios en camiones urbanos. Tu acto de recopilación de información solitario favorito desde tu tv normalmente socializada. Los niños esperando ver su Cartoon Network mientras checas tus correos. O tú queriendo ver tu site de noticias mientras esperas a tu mamá a que termine de ver su telenovela. Por supuesto que falló estrepitosamente. (Haberme preguntado que pasaría, que caramba). 

En el hoy por hoy están las nuevas palabras que hablan de futuros. Unas son las redes semánticas. Bueno, esa son respaldadas por ni más ni menos Tim Berners-Lee, el creador de la World Wide Web y del HTML y del HTTP, y tiene quizá un futuro interesante y sobre todo, realista. 

O tenemos la cuestión en sí del macroconcepto de Web 2.0, que abarca demasiadas cosas para demasiadas personas. Algo así como que esta vez la cosa es personal, a lo largo y ancho de la misma galaxia y mil aplicaciones que nos potenciarán nuestras actividades y nuestras productividades. 

Según mamá wiki, Web 2.0 no es más que la megapersonalización de las plataformas y aplicaciones con las que los usuarios trabajamos. Fue designada como tal en 2004 en una conferencia y más que nuevas aplicaciones, se le distingue así a la filosofía de uso enfocada a la socialización de la red, llámese esto sobre todo a la compartición de aplicaciones o de archivos a nivel micro y macro a lo largo y ancho de todo el mundo cibernético. 

Entonces, dice wiki, Web 2.0 describe el cambio de tendencias de la tecnología de la web para ampliar la creatividad, las comunicaciones, la colaboración y la funcionalidad de la red. 

De hecho se afirma, continua Wikipedia, que los conceptos de Web 2.0 han conducido al desarrollo y evolución de las comunidades y culturas como los sitios de redes sociales, las mismas wikis, los youtubes, los blogs, los twitters, los RSS y demás lindezas que ya son de dominio público. Y otros más dicen que Web 2.0 no es más que un nombre comercial del cual las empresas se pescan, trepan, o se hacen autoreferencia para adentrarse en la mente del technoratti-to-be o del technoratti-wanna-be

Digo, de algo estas gentes tienen que vivir, ¿no? si no hay una obsolescencia planeada como en los automóviles (paulatina y algo de estacional en sí misma) y se está trabajando de mano con la Ley de Moore respecto a los procesadores algo deben de buscar las empresas con la Web 2.0, denomínense así en conjunto a ese complejo tecnológico-industrial basado en la plataforma Wintel con quienes hemos trabajado en los últimos 28 años. Ya toda una vida. O vida y cuarto.

 Y llegamos ahora sí a la tecnología Computación en la Nube, o Cloud Computing. Supongo que se llama así porque cuando se designaba a Internet en los diagramas computacionales solo ponían una nubecita.

 Así que la idea detrás del concepto es que lo que es el término “computación” estará en la nube misma. 

Hay personas que dicen que eso de la computación en la nube es una vacilada. Pero ya hay quien dice por otra parte que ya existe, como por ejemplo en el clásico caso de SETI@home, el proceso ese global que utiliza tu poder computacional de tu maquina casera o de oficina conectada en el gigantesco esfuerzo de unir una red inmensa de PCs de usuarios sin conexión o relación entre ellos, que se convierten a la hora de estar inactivas (cosa que sucede muy seguido) en un gigantesco hervidero de poder computacional fraccionado que en conjunto forman algo imponente. Al menos no te da remordimiento que tu PC se quede prendida gastando luz. 

Bueno, eso es una nube computacional. Un conjunto de computadoras que accesan un conjunto de datos, los descomponen como deben y entregan su resultado. ¿Es para tu utilidad práctica? No. Pero es un buen comienzo. 

Lo mismo dicen del Torrent y su ingeniosa habilidad de crear una red para que puedas tú buscar ese capítulo tan raro de tu criptoserie de TV favorita. Mientras tú esperas que unos amigos generosos y anónimos trabajen para ti, tú de la misma manera, anónimamente, trabajas para alguien más, en perfecta armonía.

Una nube gigantesca de usuarios que forman una permanente inteligencia colectiva con el propósito único de serte útil a mismo tiempo que tú lo eres. 

En ambos casos, son servicios. En el primero tú lo otorgas, en el segundo lo recibes y asimismo también lo otorgas en forma de minifracciones de recursos, tiempo, almacenamiento, y sobre todo, poder computacional. 

La IEEE, esa asociación internacional de ingenieros eléctricos en su sección de Computación de Internet, de la cual para esto ignoraba que existiera, define  la Computación de Nube como un paradigma en la cual la información es permanentemente almacenada en servidores en el Internet y guardada temporalmente en clientes que incluyen y, ah, aquí vienen las palabras mágicas entre las ya anticipadas: computadoras de escritorio, centros de entretenimiento, computadoras de tableta, notebooks, PDAs-like, computadoras de pared, sensores, monitores, etc. 

En ese caso ya estamos hablando de Software As A Service o SaaS, el Web 2.0 y tendencias, no productos, sino eso: tendencias en los cuales la característica básica será la confianza en Internet para que se puedan satisfacer las necesidades de computación de los usuarios a lo largo y ancho mientras exista banda ancha. 

La palabra clave aquí es, como en muchas otras áreas del confín humano, CONFIANZA. De que ahí estarán tus archivos siempre disponibles y siempre seguros sólo para ti, tal y como ahora están tus correos en Hotmail o en Google y que cuando quieras los podrás accesar. Y eso de las aplicaciones de oficina en la Nube es sólo el comienzo, luego podrían estar sistemas de estadística, de cálculos o manipulaciones  más complejas incluso, de base de datos, de lo que ya existe, caramba, de cada cosa, y quizá con el detalle de poder utilizar más poder computacional, bueno, eso de andar previendo tendencias puede dispararse hacia cualquier parte. 

Entonces esto tiene implicaciones en los equipos de los usuarios, en el ancho de banda existente, en la rapidez de los procesadores. Y en los temas de compatibilidad.  Y en los temas de resolución de problemas. 

Ahora, las preguntas, ¿quién pagará la cuenta? ¿De qué modelos de pagos estamos hablando? ¿Será todo lo mismo para todos los usuarios? ¿Todo el software estará en la nube? ¿Los más sofisticados? ¿Los más especializados? ¿Todos querremos ese esquema? ¿Dónde estarán los incentivos para los desarrolladores de software? ¿Estaremos todos de acuerdo en usarla? ¿Y los temas políticos? ¿Y los temas de privacía, como serán afectados? 

Ahh, ¿y cómo se arma una computación de nube? Y cómo se dice mejor en español: ¿computación de nube, o nube de computación? ¿Y cuándo sucederá eso? 

Es demasiada confianza, o será sólo confianza justa, ¿o cómo? 

Son las preguntas que se están haciendo muchas personas, en este mismo instante, mientras tranquilamente se toman su café… 

Pero alguien las resolverá para entonces… eso creo.

lunes, enero 12, 2009

Cada uno por sí mismo y Dios, contra todos, pues, o El Enigma de Bruno S.

El  24 de diciembre pasado, y vagabundeando por aquí y por allá viendo noticias, como siempre, preguntándome si afuera hay un mundo real que sigue viviendo y vibrando, llegué también, como siempre, a la página del NewYork Times. 

Y vaya sorpresa ver al bueno de Bruno S. en su portada titular.  Estando acostumbrado a ver lo que pasa en todo el mundo y sabiendo que una portada de un periódico (más de ese periódico) en Internet está en perpetuo cambio, me congratulé el que alcancé a verla.

Bruno S. es un actor que pasando el tiempo y despues de habernos sorprendido en dos películas que vimos un grupo de amigos y yo, lo seguimos recordando y de eso hace más de 20 años.

El ciclo de películas fue pasado en el Centro Cultural Alemán de Monterrey en no se qué fecha de 1986 a 1987 y fueron películas de Werner Herzog, A saber: Aguirre, la Ira de Dios, Fitzcarraldo, Stroszek, Woyzcek, El Enigma de Gaspar Hauser. Cinco películas de verner jerzog. No eran películas en videocassette, eran de rollo, proyectadas y todo, excelentes experiencias.

Se podrían hablar maravillas y ríos de letras y palabras de cada una de esas películas de Werner Herzog .

De Fitzcarraldo, de 1982, se emperró este personaje en trasladar un barco por tierra a través de montañas cerca de una confluencia de ríos, para llevar una ópera con todo y Caruso a Manaos por esos rumbos hipercaudalosos del ya de por sí hipercaudaloso Amazonas. Toda una tarea gigante la de cargar un barco de ese tamaño. Klaus Kinski es el visionario alucinante, Fitzcarraldo, con la tarea inmensa por delante sobre sus hombros y la de sus legiones de indios que le ayudaron a llevarla a cabo sobre sus hombros más que  literalmente. Obvio que se trata de un barco de verdad, nada de efectos especiales. La pregunta queda: ¿Para qué rehacerlo para el cine de esa manera salvajemente tan realista?

Kinski ya había hecho el papel de alucinante en Aguirre, la Ira de Dios, de 1971, haciendola de conquistador buscando oro infructuosamente tambien en medio de esos ríos de Sudamérica, impresionantes, desolados en medio de tanto verde y con imágenes cuasiapocalípticas, de hecho con relaciones temáticas a Apocalipsis Ahora de Coppola en cuanto a su majestad el verdeness uber alles. De hecho, uno se queda con la idea que el filmar Aguirre, la película en sí, fue tarea de valientes, no había orillas en donde acampar mientras se filmaba en medio de los ríos; algo sabrá nuestra doña Helena Rojo de esto, ella anduvo ahí, haciendo un papel importante. Valiosísima película. Veánla.

De Woyzcek, de 1979, es menor el recuerdo. Un soldado de la primera guerra mundial, sort of, de nuevo Klaus Kinski que escucha voces, etc.. Intensa como quiera. Filmada sólo una semana después de Nosferatu. Se nota el cansancio, la fatiga, la desesperación.

Y así llegamos a Bruno S. en sus dos películas, Stroszek, 1977, y El Enigma de Gaspar Hauser, 1974. Películas de nuevo, perdonen mi carencia de vocabulario: alucinantes. ¿O no será que Herzog es el real alucinante?

Todo lo que escriba será insuficiente, sólo podría agregar que son películas de alto grado de envolvimiento, de incomprensión, de humanidad, o de inhumanidad, si lo pensamos mejor, de esas facetas de la existencia que en nuestra aparente normalidad no alcanzamos a sospechar jamás.

La historia en la que se basó El Enigma de Gaspar Hauser fue real (en alemán se llama Cada Hombre por Sí Mismo y Dios Contra Todos), acerca de un joven que se aparece de repente en la Alemania del 1828, en una como hacienda, algo así, y que una nota con él dice que estuvo encerrado toda su vida, casi 30 años. Ahí empieza a reeducarse y todo le es complicado, la gente que lo toma a cargo lo exhibe debido a su notoriedad y al final una nota anónima le avisa que tiene que encontrarse a solas con la persona que al parecer fue su captor. De ahí en adelante no diré más.

Digo, son 20 años de haberla visto y de no volverla a ver. Lo que sí sé al respecto es eso, que incluso dicen que es una historia verdadera, dentro de lo que cabe.

(Yo estaba familiarizado con esa historia desde diez años antes porque la había leído originalmente, de todos los lugares, en la revista DUDA, LO INCREIBLE ES LA VERDAD, en la que, también como siempre, para los que sí hayan conocido esa revista utilizaba las teorías más complicadas y realmente inverosímiles e ilógicas para relacionar a los ovnis con todo lo que nos rodea, de esa manera, cuenta la revista en un número particular, Gaspar Hauser estuvo aislado del mundo debido a que estuvo en un ovni, claro, muy obvio. La revista DUDA era una locura total, delirante y divertida, mezclaba extraterrestres, antiguas razas perdidas, fenómenos paranormales y sí, yo era creyente de muchas cosas, realmente inverosímiles e ilógicas, corrían aquellos años de 1972 a 1975, hey, dénme chance, tenía de entre 10 y 13 años…).

De Stroszek, bueno, el recuerdo es más vago, acerca de un grupo creado ad hoc por tres personas, una prostituta, un anciano y el propio Bruno S. que deciden irse a Estados Unidos a cambiar de vida y que les suceden cosas no muy agradables. Filmada en tono de ficción y de no ficción ya que Bruno S. de alguna manera no estaba actuando y hablaba de pronto de sus circunstancias reales y estas eran filmadas en directo ya que finalmente estaba siendo él mismo, Godammit, de cómo era relegado por la sociedad y de cómo se sentía dentro de su persona. (Cosa que se le critícó mucho a Herzog, acusándole de si no estaba explotando a Bruno para sus propósitos estéticos personales, cosa que el cineasta siempre lo negó).

Pero volviendo al real Bruno S., (si es que se pudiese realizar correctamente la diferenciación del real y de los personajes que interpretó)  la cosa aquí es que este hombre venía de un orfanato, y que incluso fue considerado en su infancia como un niño descartado, ausschusskinder, debido a su condición metal, palabra que en aleman ya no se usa. Después de la guerra aprendió a tocar el acordeón y le dio, según menciona él en la nota del New York Times, “una manera de escapar a su soledad”.  

El punto es que apareció por primera vez en un documental de Herzog, llamado “Bruno el Negro”, acerca de músicos callejeros. Se volvió importante después de las dos películas mencionadas y posteriormente volvió a la oscuridad relativa.

Ahora toca el acordeón en algunos bares de Berlín y no se sabe si puede comunicarse o no con las personas como sería de esperar. Toca música muy sentimental y tiene su casa llena de artefactos raros.

Recordemos, Bruno S. fue protagonista de dos películas muy importantes de la cinematografía mundial, es un personaje que habla de él mismo en tercera persona y que bien o mal, no era un actor en sí, sino una persona que hacía un papel que podía llevar a cabo muy bien, el suyo.

Sirva este blog para recordarlo ahora que volvemos a saber de él. No sé si es feliz o infeliz, ni si vive a penas… o apenas. Sólo sé que está vivo y tocando su música en los bares de Berlín y que también yo ignorante de cómo se sienta realmente, lo percibo a través de la distancia y de un artículo de prensa sereno y triste, detrás de esas canciones sentimentales que al parecer tanto le gustan a ciertos sectores de la sociedad berlínesa del hoy por hoy, tal vez añorando tiempos idos que nunca, nunca volverán… y si el, y los berlineses que lo escuchan, se ponen sentimentales, bueno, ¿por qué yo no he de hacerlo?

Cada uno por sí mismo y Dios, contra todos, pues.

Y Goddamit.

 

 

   

martes, diciembre 16, 2008

EN MÉXICO EL AÑO ACABA EL PRIMERO DE NOVIEMBRE. PARTE II.



Todo este escrito viene al caso en el sentido de que sí está la pregunta viva de si algún día entraremos a ese “Concierto de las Naciones”, civilizadas, desarrolladas, creyentes en las leyes, procuradoras de justicia, de confianza en el futuro.

No sé si fui injusto con Alemania, pero sus hechos hablan, o si soy justo o injusto con este mí país. Sólo sé que ese su sentido de trabajo y cultura actual nacional no es suficiente. O que no es suficiente que seamos un lindo pueblo costumbrista y tradicional, incapaz de hacer la guerra a sus vecinos, enarbolador de la paz, pero con un serio desprecio por las leyes y por seguirlas, con un serio problema hacia el concepto de vida, con un serio desajuste con el entender del trabajo en equipo, en el sentido de organizarse para el bien común (con sus honrosas excepciones), viendo hacia la comunidad, hacia la sociedad, hacia su delegación, municipio, ciudad, estado, república misma.

Sí sé que la ley es para algo; sí sé que la ley se debe de observar; sí sé que hay que trabajar más, todos juntos; sí sé que hay un concepto del bien común del que México carece, sí sé que la confianza no existe más allá de la familia misma de cada persona. Y no sé como lograr que las cosas cambien. Que tengo mis dudas sobre si un día se resolverán esas deficiencias.

Que los alemanes, como pueblo ejemplo a analizar, es un pueblo genial, pero con esa tendencia a obedecer a sus líderes, impresionante, sin chistar, sin objetar, sin saber cuando detenerse. ¿Estaré equivocado en este respecto? ¿Será así siempre en el futuro?

¿Cómo crecieron ellos tanto de sus ruinas, dos veces?

¿Cómo nosotros hemos no crecido si no hemos estado nunca en ruinas? (Más que las de Teotihuacán, Tula, Chichen Itzá, etc., y no cuentan.)

O tal vez pensándolo bien sí cuentan, por…

...ese enamoramiento de nosotros mexicanos del pasado que sí existió y del que no.

…esa afición por los sacrificios humanos, de todos tipos y de la celebración insensata de la muerte (santa o no santa).

…esa atracción por ese México Mágico, intangible, inmutable, siempre recurrente.

…esa aparición permanente de la violencia, siempre presente, siempre pendiente, siempre querida, siempre requerida.

…esa desconfianza más allá de la casa de cada quién, como ya mencioné.

…ese desprecio por todo lo de fuera, excepto por sus bienes. Desprecio también por las instituciones, excepto cuando ellas pagan u otorgan beneficios o que se pueden moldear según requerimientos.

…esa necesidad de auto reafirmarse de su personalidad, de su unicidad, de su lugar privilegiado en el mundo, por tener a Acapulco, a la Barranca del Cobre, al Cañón del Sumidero, a sus minas de plata, a sus viejos pozos de petróleo, a sus viejas ruinas ya mencionadas, a su Virgen de Guadalupe.

…esa creencia que ser el originador del taco, del pulque, del tomate, del maíz, de la tortilla, de las enchiladas, bastan para que el mundo nos haga reverencias.

…esa habilidad sobrenatural, negada en sí de no poder inventar nada nuevo tecnológico, pero que de alguna extraña forma logra crear artilugios para clonar a centenas de millares de películas que no se han visto todavía en los mismos cines. Mismo caso los chips piratas para consolas de videojuego, los “chupones” externos para los aparatos receptores pirata de televisión vía satélite, tú nombra muestras de ingenio, ahí estamos.

…esa afinidad para poder vender esas mentadas películas en la calle. Esa filia por comprarlas. Esa fobia a denunciar su venta. Esa indiferencia hacia todo eso.

Ese desprecio en general por el orden y lo legal: ese amor por el atajo, por la vuelta en “U” en lugar prohibido, por no preocuparse por tener papeles en regla, por hacer lo que todo mundo hace al mismo tiempo, por no ver mal tranzar para avanzar, por querer saltarse la fila, por querer saltarse las trancas, por querer siempre copiar, por quererse arreglar.

Violencia, habida y por haber, en el mundo ordenado, estructurado, organizado, de los alemanes.

Violencia, habida y por haber, en el mundo simbólico, desenfrenado, matizado, de los mexicanos.

Un lugar en un pasillo imaginario de la geografía y de la historia donde cada quién mirará al otro y murmurará en sorpresiva y silenciosa simetría: “pobres de ellos”.

En cada caso, lo que nos separa que nuestros mundos caigan en caos es cualquier cosa… tenues hilos… tenues hilos clavados en el tiempo oscuro de la historia…

Y es que en México el año acaba el primero de noviembre.

 

EN MÉXICO EL AÑO ACABA EL PRIMERO DE NOVIEMBRE. PARTE I.

Nada sucede a partir de esas fechas en México. Los nuevos proyectos se posponen hasta enero. Las grandes decisiones se tomarán, por lo mismo, en enero. Es un recordatorio a quienes se dediquen a hacer cosas en México. Hagan todo lo que puedan desde el 16 de enero hasta el último día hábil de octubre, será muy complicado que se haga algo después de esa fecha.

Es como si México como país, tomara una poción que lo fuera adormeciendo. Y diga, ya es muy tarde, ya es hora de cerrar este país. O tal vez no adormeciendo, tal vez al contrario, se empezara a emocionar con el fin de año en ciernes y ya no pueda tener atención para nada.
¿A qué obedece esto? Nadie lo sabe explicar. Al espíritu mexicano por naturaleza. A que las grandes decisiones se atoran siempre arriba. A que el presupuesto no alcanzó.

Y esto es en lo público y lo privado.

Sopor y excitación combinados. Fiestas y tranquilidad que se intercambian sin voluntad.
La tradición es bella. La tradición es algo que se debe de mantener, dicen.

O tal vez mejor no. O cambiarla algo al menos, ¿se podrá?

Cosas extrañas de México, sin respuesta o solución.

Como si a este país le faltaran pretextos. El trabajo nos hará libres, ¿no? Eso nos llevará al esfuerzo fecundo y creador, como decían los lemas de gobierno de antes y que nos llevaron a tener un país idílico, mantenido en su botella ideológica, política, sin necesidad de transformación. El mundo, con sus guerras, bien podría quedarse afuera. Ya habíamos tenido la nuestra.

Terrible guerra esa. Pero casi nadie la dice así. 

Ni siquiera “Guerra Civil”. Prefieren “Revolución”.

Porque todo el mundo tiene guerras, ¿no? Aún los más civilizados. Los que presumen de ser pueblos de poetas y pensadores. Los que mantienen la luz de la cultura en alto en medio de la barbarie.
 Y es que hoy vi un documental sobre los nazis y Adolfo Hitler. Son terribles esos documentales.. Bueno, los hemos visto desde toda la vida que hemos visto documentales, ¿no? Y si no los han visto siempre habrá un Spielberg.

A principios de siglo, justo cuando nosotros tuvimos la primera gran revolución del mundo en el siglo, Alemania 

preparaba un nuevo orden mundial con ellos listos para hacer su parte en ese gran concepto que es “el Concierto de las Naciones”, una vez, claro, que resultaran vencedores de la contienda.

Todo estaba listo para que los alemanes ganaran pero cosas intervinieron en su camino a Paris y más allá: las trincheras; la tozudez de los británicos (que perdieron a una generación entera de sus más brillantes); que en Rusia hubo diez días que estremecieron al mundo; que los franceses resistieron cuando debieron resistir; y, a que los norteamericanos se sintieron amenazados por el hundimiento del Lusitania y del telegrama Zimmerman que le mandaron a Venustiano Carranza para que atacaran a Estados Unidos desde su patio trasero, (cómo si hubiéramos podido), y así, estos atacaron y triunfaron.

Alemania perdió y la amargura llegó con la derrota. O sea, historia mundial de segundo de secundaria y en cuarto semestre de prepa, da o toma un cambio del plan de estudios oficial.
La historia es archiconocida. Adolfo Hitler les prometió nuevas glorias y se las consiguió. Obtuvo además todos los poderes habidos y por haber. Inventó él solo la Segunda Guerra Mundial. Claro que en el camino se llevó a millones. Mató a muchos, dominó a otros, expulsó a muchísimos (los que se salvaron), esclavizó a los demás. Arbeit Macht Frei, el trabajo los hará libres. Ese era el lema de la puerta enrejada, en Auswitchz. La Solución Final.

Le tomó a varias naciones la derrota de Alemania. Eso en sí es una muestra del poderío alemán. Basado en 

eficiencia, organización, inventiva e ingenio, valor y fuerza, también se basó en esclavos, en maldad, en ideas de exterminio, en ideas totalmente inhumanas.

Hitler cometió errores de juicio serios: irse contra Rusia, declararle la guerra a Estados Unidos, y sobre todo subestimar el pavor mundial hacia su persona.



En fin, muchos muertos, destrozos, ruinas, desastres, destrucciones y divisiones después… Alemania, con la culpabilidad a rastras, se irguió de nuevo.

¿De qué depende algo así? ¿De una Guerra Fría? ¿Quiénes son los alemanes? ¿Qué sentido del trabajo tienen? ¿Qué sentido de la eficiencia? ¿Qué sentido de la organización? ¿Qué sentido de la ley? ¿Qué sentido de la ética?

Bueno, hay una frase que dice, creo que la mencioné antes en algún blog,  que “los alemanes son un pueblo de poetas y pensadores” (Dichter and Denker), la cual tiene sus raíces desde más de dos siglos y que luego satíricamente la varían de manera un tanto macabra a: “los alemanes son un pueblo de jueces y verdugos” (Richter and Henker).

Bueno, ellos son gente honrada, noble, valiente, inteligente, sensible, sí, pero…  la historia es la historia. Y no es precisamente generalizaciones de nacionalidades.

Todo les fue permitido. Ahí está escrito en los testimonios de aquellas épocas.
Los alemanes no son racistas ahora, no pueden serlo, su ley prohíbe toda referencia al nazismo y al racismo. Pero eso está ahí, como vergüenza, su pasado los mantiene en un cierto vilo. Hoy los turcos, españoles y árabes que viven ahí nos pueden contar sus propias historias.

Eso es lo que me lleva a la pregunta: ¿Y la civilización? ¿Y los valores del trabajo y esfuerzo? Sí, ahí siguen pero, 

¿no estarán supeditados a la obediencia? ¿Al concepto de Alemania sobre todo el mundo? ¿De su búsqueda de espacio vital y lugar en el tiempo? ¿Al de la herencia de Alemania? ¿Al del concepto de Gran Pueblo, único en el mundo? ¿Al que ellos sienten en sí mismos que merecen? Este, ¿lo traerán en la sangre, como reminiscencia de aquellos bárbaros que engañaron a los romanos en las oscuridades del bosque de Teutoburgo en el año 10 o 13 de Nuestra Era, cuando 15 mil hombres, perfectamente entrenados y dirigidos por Publio Quintilio Varo fueron destruidos por estas hordas de germanos que impidieron que la lux romana llegara arriba del Río Rhin, impidiendo la colonización del Roma hacia el norte de Europa? ¿Habrá cambiado la historia esa derrota tan poco conocida?

Con tantas cosas en las sangres, en las herencias y en los caracteres de los pueblos uno se pone a pensar en lo delgada que es la superficie del sistema en el que vivimos. En lo pequeñito que es el concepto de orden, de civilización, en que sólo falta que los malos, por decirles de alguna manera, tomen el control, se olviden de lo que es bueno y justo, por decirlo de otra manera, y hagan lo que quieran en su total impunidad justificándolo de la manera que ellos decidan, derrumbando órdenes establecidos, reglamentos, leyes, atribuciones, sistemas de paz y de equidad, todo cayendo bajo el poder de la espada, o de la metralleta, o de la pistola y la bala. O del AK-47, también.

México contrapunteado con Alemania. Nosotros no somos un pueblo de poetas y pensadores, ni de jueces y verdugos. ¿Pero qué somos entonces?

Vean el siguiente artículo.

jueves, diciembre 11, 2008

LA ILUSION VIAJA EN AUTOBUS


Eso de viajar en autobús para llegar a la ciudad más poblada del mundo es de llamarme la atención. En un año he hecho ese viaje de 100 km de ida y 100 km de vuelta más de 150 ocasiones. 30,000 kilómetros.

 Y también he hecho en este año muchos viajes de México a Monterrey y viceversa, nocturnos, para aprovechar el tiempo. 8 viajes. 1000 km de ida, y 1000 de vuelta. 16,000 km. En total 46,000 km. Por tierra.

 Hace 25 años un viaje en autobús era eterno, era el non plus ultra de una tortura autoinfligida por necesidad por horas. Y más antes, ni baños tenían… Mente sobre materia. El autobús hacía una parada de pronto y a buscar los baños para… y a subirse de nuevo. ¿Faltó alguien? La viejita aquella… ah… ¿nos devolvemos? ¿alguien se dará cuenta? Pues el yerno se quedó callado…

 Un autobús es como estar en una caja con espejos como antenas de insecto que viaja a más de 100 km por hora de momentos por las autopistas de México. Caja de la cual no puedes salir. A la cual el conductor pone su música en los viajes largos nocturnos, ranchera y religiosa (si es que eso se pueden imaginar) a todo volumen para no dormirse. Esos son viajes de pesadilla, no pedazos. Eso y más si te toca una señora detrás de ti diciendo “Ay, Dios, ay Dios, voy a vomitar, me siento mal… ay, Dios…” pensando que nadie la escuchaba. De inmediato levantas tu asiento de su posición recargada y estás alerta por más de los doscientos kilómetros siguientes. Brrr.

 Muchos lo saben, cada tanto pasan una película en el autobús. Esa es una costumbre que no existía hasta hace unos años en el sentido de entretener a los viajantes como un servicio que nada les costaba a las líneas de autobuses.

 Recuerdo mis primeras veces, hace 9 años viajando a Guadalajara desde Monterrey. ¿Una película de Cantinflas? Sí. Ahí sí supe que era el sentirse prisionero en un autobús.

 Sin escapatoria.

 En otras más me tocó ver los primeros infomerciales de Vamos México de Marthita, y ahí sí, chútatelos. A fuerza.

 Y el tiempo pasó.

 No sé si he visto de todas las películas. En ocasiones agradecía irme en un autobús a las 6:57 AM  sin que nos pusieran película en todo el camino. Todo el mundo dormido. Me ponía a leer agradablemente.

 Porque he visto, ufff. ¿De lo peor? Tengo amnesia selectiva. Pero he estado recordando por ejemplo, El Efecto Mariposa 2. El Todopoderoso. Dobladas al español. Puaj. Terribles. Los Invasores de Cuerpos con Nicole Kidman. Una de Rob Schneider que juega beisbol con niños.Varias veces. Completas todas.

 Y por otra parte no todo es malo. Vi Casino Royale, la de Daniel Craiguna vez. La vi completa. Vi La Reina con Helen Mirren. Pero no vi el final. Vi Hero, la película china aquella ultragenial, la de los colores. Pero no vi el final. He visto películas francesas, una árabe que no recuerdo su nombre. Hace poco vi Gone Baby Gone, (Adios, Pequeña, Adios), de Ben Affleck, protagonizada por su hermano, Casey, muy buena, muy intensa. Pero no vi el final. En esa mañana de Gone Baby...  vi Mr. Brooks, la película con Kevin Costner y William Hurt, que al menos fue interesante. Pero no vi el final.

 Y todavía recuerdo la mañana que pasaron una película japonesa, acerca de un accidente de una niña que fallecía en un accidente en que un tráiler golpeaba brutalmente el automóvil donde ella viajaba. Uff, espantosa película. Se trataba del papá reviviendo el accidente una y otra vez viajando en el tiempo pudiendo impedirlo en cada ocasión y sin conseguirlo. Típica película de terror japonés.

 El único problema era que la intensidad del accidente se transmitía a la idea de que viajábamos en esa caja con ruedas a 100 kilómetros por hora… ¿y si sólo hubiera un carro con una niña por ahí a la espera y en lugar de tráiler fuera… un autobús?

 Y ya para terminar. La duración de las películas que eligen para ponernos a nosotros su amena audiencia totalmente cautiva. Para viajes que varían en el mismo trayecto una hora: de una hora y media a dos horas y media. ¿Qué criterio eligen para poner películas? Cortas o largas. Sepa. En ocasiones éstas se acaban mucho antes de llegar, en ocasiones nunca sabemos el final. Por más que las veamos varias veces. Que suerte, ¿no?  De las mejores nunca vemos el final. Y de las peores las vemos varias veces.

 Recuerdo a aquel chavo que llevaba un PSP con un episodio de los X-Files en él.

 Cómo lo envidié.

 Gracias a los dioses por los reproductores MP3. Y a que tenemos batería suficiente. Y a que llevamos libros para leer. Y cuadernos en qué escribir.

 Apenas vamos en la caseta. Faltan chorrocientos minutos para llegar… Y ésta película, ya la vi…