Por supuesto que no he leído El Secreto. Por supuesto que no lo voy a leer. Yo no estoy aquí criticando algo que no he leído. Estoy criticando la actitud detrás de querer VENDER, y de COMPRAR, un libro y un DVD con ese contenido.
¿Leyes de la Atracción, dicen? A ver si es cierto…
Empecemos por partes, que esto es largo.
Yo antes fui un verdadero crédulo. Era tan crédulo que leía la Revista DUDA (Lo Increíble es la Verdad) y la creía. Bueno, tenía 11 años de edad (de eso hace 33, casualmente, la edad de Cristo, por otro lado, denme chance, aunque sea una poca, ¿no?) entonces no era muy complicado creer que el Hombre vino de Venus hace 5,000 años o que las Siete Palabras que Cristo dijo en la Cruz eran mayas (lo juro, leyeron bien, así concluían). No había mucho criterio. (No que haya mucho ahorita, pero ustedes me entienden).
Pero el tiempo pasó y tomé la costumbre de leer su bibliografía, la que aparecía al final de cada número, Enciclopedia Salvat, sobre todo. La segunda fuente era Misterios de la Gran Pirámide, o sino el de Isis sin Velo de Helena P. Blavatsky o algo así. La tercera era Misterios de lo Desconocido, (pudo llamarse así también, es mucho tiempo) de Tomás Doreste (de él sí me acuerdo), cosas del destino, publicado por la misma casa editora de la revista.
Mi credulidad hizo ¡CRASH! de manera tan estrepitosa poco tiempo después a causa de un maestro de sexto año en la famosa escuela primaria-penal José Joaquín Fernández de Lizardi, que nos contaba cada locura tan obvia ahora, pero que en ese año escolar (1973-1974) no tenías criterio o conocimiento suficiente, pero un día este señor se pasó de lanza en ese terreno y de plano todo lo que había construido en cuanto a conceptos se desmoronó de manera lamentable.
Y me hice totalmente incrédulo de muchas cosas. En otros temas seguí siendo crédulo, en terrenos personales y políticos, pero no en los generales.
Bueno, están las buenas intenciones de las personas que te rodean, de tu primer círculo, digamos, luego las de más allá, y si nos vamos alejando de nuestro Ground Zero personal, cada vez más a la distancia nuestra credulidad se desvanece como luz en atardecer mortecino. Llega a terminarse por completo, por ejemplo con los medios de comunicación o con el gobierno, y sus líderes, claro.
El caso es que al pasar el tiempo he visto incontables objetos que aparecen aparentando credibilidad (¿estará bien escrito lo anterior?) como el caso de autores o escritores que se vuelven populares en ciertos momentos de nuestras vidas.
Parece que sucede cada década.
Recuerdo en los sesentas a Lobsang Rampa del cuál leí la versión aquella de El Médico del Tibet y la de El Tercer Ojo, no recuerdo cuál era cuál o cuál leí condensada en la revista Contenido de por entonces. Lo que sí recuerdo era que al protagonista, no recuerdo su nombre, le pusieron una astillita en la frente para abrirle eso precisamente, su Tercer Ojo. En la otra historia traía un rollo de catacumbas hechas por gigantes. El punto aquí es que todo es contado desde la perspectiva de un hombre occidental, extrañado y sorprendido de tantas maravillas que sucedían en el Tibet. Esto último no debería ser raro porque luego se descubrió que el tipo era un inglés con demasiada imaginación.
Luego en los setentas llegó Carlos Castaneda. Hasta portada del Time le dieron. Aún
antier una persona estuvo conmigo y en la conversación salió el tema de Castaneda. “Yo no creo en sus rollos”, le dije, “y si lo leí fue para ambientar mi novela inédita (Sangre de Neón) con el asunto de un shaman espurio, por eso me dispuse a leerla para saber que asunto es ese de brujos que se intoxican con hongos y que alucinan creyendo en los caminos del guerrero y en los lobos y los coyotes y los peyotes y los cuervos”. Castaneda murió hace como cinco años de una enfermedad hepática común y silvestre que no me imagino como ni Don Juan lo pudo salvar. Este señor, Castaneda, no Don Juan, claro, era un antropólogo de origen peruano avecindado en California que, ¡a cómo vendió libros!
Más reciente en los ochentas en este asunto de escritores que se dicen serios y que sacan libro tras libro como si fuera pan de horno, el caso del español J.J. Benitez., con sus libros de Caballo de Troya. Me dicen que sólo el primero está muy bueno, pero también me abstendré de leerlo. Un día lo vi en una entrevista por TV afirmando con cierta candidez que todo lo que narra en sus libros es cierto. Cosa más fastidiosa, la verdad. Viajes al pasado, astronautas que atestiguaron a Cristo y sus hermanos, bodas, parábolas, resurrección, bla, bla, bla. Pruebas, a mí denme pruebas. No me vengan a decir cosas. Quiero pruebas irrefutables de viajes en el tiempo. O de fantasmas. O de brujos. O de buenas intenciones en la política. Cosas así, del más allá.
Y más todavía cercano a esta época están los libros de la serie llamada Left Behind (libros que tienen que ver con el Anticristo y su llegada a la tierra y con la inmensa cantidad de personas que se quedan estupefactas después de ver como muchos desaparecen cuando al parecer se van directo al Cielo) de no sé quién y finalmente están los de La Profecía Celestina, del cual tampoco recuerdo su autor, libros igual de tendenciosos de los que también se han escrito diez tomos de su propuesta espiritual.
El Código Da Vinci está como que en medio de lo que se afirma como ficción y como no ficción. Todo un caso. Toda una industria. Todo un negocio. Tampoco lo leeré, por supuesto. Eso sí, el que lo quiera leer, que lo lea.
Y ultimadamente ni vale la pena decir los nombres de ciertos autores porque las personas que lleguen aquí por equivocación a este site sabrán que sus libros no son tratados de manera benévola. ¿Para qué la molestia?
Digo, libros son libros y el libro es cultura, pero cuando estos tipos escriben cosas afirmando que medias verdades y seudociencias son certezas y que su intención es enaltecer el espíritu humano y disminuir la ignorancia por extensión, pues no, no va por ahí. Antes al contrario.
Lo que tienen en común estos autores es que todos encontraron un filoncito productivo, todos ellos, de libros que pregonaban decir la verdad y que a final de cuentas no lo hacían. Pero que divertida se dieron mientras vendían tiradas y tiradas de volúmenes, ¿eh?

Así toca en suerte el libro al que acabo de darle sólo un vistazo llamado El Secreto, de una tal Rhonda Byrne, ex ejecutiva de producción de televisión australiana, que primero sacó el DVD, un documental que terminó después de mucho estira y afloja por la TV australiana pero al que le vieron cierto potencial, luego apareció el libro el año pasado.
Este es un libro que vale en México la friolera de 330 pesos, ni más ni menos 33 dólares (en USA vale 24 dlls) para que cualquiera saque el precio en su moneda particular. Un libro de pasta dura, de una textura lustrosa, agradable al tacto, claro, con portada de un manuscrito con un sello de cera, al parecer secreto, con ese sentir de estar escrito con tinta y pluma de ganso, como sugiriendo antigüedad y confidencialidad muy a la Código Da Vinci.
Entremos ya en materia:
El libro de El Secreto promete la lectura-conocimiento-transmisión de un conocimiento ignoto, alejado de la mayoría de las personas, al parecer totalmente benéfico.
Dicho de manera sencilla ese secreto es el de la Ley de Atracción.
Su enunciado básico es Pide - Cree - Recibe.
Esto significa que sólo se tiene que visualizar lo que se quiere, sentirse bien al respecto, y pedirle al Universo con toda intensidad, y de ahí sólo es cuestión de tiempo para que lo que se pueda imaginar será recibido.
Lo que se pueda imaginar, lo escribí bien, lo que se pueda imaginar. Lo que sea.
El Secreto no es un libro motivacional cualquiera.
Veamos algo de sus enunciados, premisas, propuestas.
…Es un libro que afirma que los pensamientos son magnéticos, y que los pensamientos tienen frecuencia.
(¿Cómo definieron un “pensamiento”? ¿Cómo los aislaron? ¿Cómo ubicaron sus frecuencias?)
…Que mientras pensamos estos pensamientos son enviados al Universo.
(¿Cómo supieron que es exactamente el Universo? ¿A través de qué se envían?
…Que los pensamientos magnéticamente atraen las cosas similares, a todas, a las que estén en la misma frecuencia.
(¿Cómo comprobaron eso de la atracción? ¿Cómo sabe el Universo que es el concepto de “similar” ¿Tamaño, denominación, color, cantidad, calidad, ancho, duración, largo, dimensión a fin de cuentas?)
…Y que todo vuelve a la fuente original.

(¿Cómo estos pensamientos regresan, de entre todo el Universo a su origen?)
…O sea, vuelve a quién lo pensó originalmente.
(¿Cómo supieron encontrar el camino de regreso?)
…De ahí que el Universo me lo dará sólo si pienso con la misma frecuencia e intensidad.
(¿Cómo se mide objetivamente una intensidad? ¿Cómo comparar una intensidad con otra intensidad? (Sobre todo si compito con cientos de miles con la misma cosa, como el Melate o la Casa del Tec) ¿Será pensamiento intenso de todos contra probabilidad sencilla?)
Lo bueno y lo malo, ¿eh? Si pienso en que no me quiero enfermar, me enfermaré. Por alguna extraña razón el Universo no distingue los “no me quiero” de los “me quiero”, sólo se fija en el complemento. Problemas de procesamiento verbal en nuestro pobre Universo.
A veces me pregunto con todo lo que he leído, el porqué nadie, a su vez, se pregunta ¿cómo le hicieron, la autora original, los productores del DVD, para conocer El (mentado) Secreto? ¿Después de qué tipo de investigación? ¿Cómo llegaron a sus conclusiones?
(Parte del asunto es que mientras leo más información me admiro del alcance de lo dicho en esas páginas del libro. Dudaba por un lado que se haya escrito tal cual. Bueno, un poco de lectura comprueba que sí, que así fue escrito. Pero lo otro también me maravilla, que hay quién se lo ha creído. De hecho, millones de personas lo han hecho, lo están creyendo y lo creerán.
Por otra parte la Lotería Nacional de aquí en México puede ser pionera en lo de El Secreto y pudiera demandar a la autora ya que en parte de su publicidad de hace dos años, algo así, aparecía un tipo que manejaba un Volks como de taxi que repetía a alguien sin verlo, mirando con esperanza hacia el futuro: "Ya me vi, compadre, ya me vi” y empezaba a decir en voz alta como se veía: “un carrazo del año, una casota con mayordomo, ¿qué desea tomar el señor…” y terminaba con eso del “sí, compadre ya me vi…”.
En otras palabras eso de la visualización optimista y esperanzada no es absolutamente nada nuevo. En esas campañas usaron ese concepto hasta el cansancio. Pero no se olviden que el Melate, o sea, la lotería de números, se le conoce también como el Impuesto de los Pobres, con eso de que los pobres no pagan impuestos religiosamente y sin que lo sepan explicitamente los pagan a través de la Lotería y de los melates, tris y demás progoles de la vida urbana-campirana de este país en el que vivimos…)
Volviendo.
De hecho, según esto en el DVD de El Secreto dice el productor que es “como tener al Universo como si fuera un catálogo y empezar uno a darle vuelta a las hojas para buscar que es lo que queremos exactamente…”
(Lo anterior no es poca cosa, pedirle al Universo, dense cuenta, a todo todo todo todo todo lo que existe y que se consiga, dinero, un riñón, juguetes, una bicicleta, éxito, amor, ser amado, ser delgado, aunque no se menciona nada al respecto de los Universos Paralelos, los Universos Alternos, la cantidad de Multiversos que salen cada tanto como espuma del flujo ilimitado del Río del Tiempo, ¿funcionará este asunto tan delicado, que parece que no desequilibra estos Universos ni en sus propias y locales Leyes de la Termodinámica, en Melchor Ocampo, Nuevo León?)
El libro contiene como cien premisas al respecto de lo que es La Ley de la Atracción, como estas quince siguientes:
1. Cualquier cosa que esté pasando por tu mente es lo que tú estás atrayendo.
2. Pensamiento es igual a creación. Si estos pensamientos son anclados a emociones poderosas (buenas o malas) eso acelera la creación.
3. Aquellos que hablan más de enfermedades tienen enfermedades, aquellos que hablan más de prosperidad la tienen, etcétera.
4. Está bien que los pensamientos no se manifiesten en la realidad inmediatamente (si vemos la imagen de un elefante e instantáneamente se apareciera, sería demasiado pronto).
5. Todo en tu vida lo has atraído. Acepta el hecho, es verdad.
6. Tú consigues exactamente lo que estás sintiendo.
7. Lo que piensas y lo que sientes y lo que se te manifiesta es siempre lo mismo (un match pa’ que me entiendan) –sin excepciones.
8. Tú no necesitas saber como el Universo se va a rearreglar a sí mismo (esta premisa es genial para nosotros que sólo le ponemos la llave al carro y se enciende).
9. ¿Por cuento tiempo? No hay reglas en el tiempo; lo más alineado que estés con los sentimientos positivos lo más rápido que las cosas pasan.
10. El tamaño no significa nada en el Universo (o sea, abundancia ilimitada si es eso lo que deseas). Nosotros mismos hacemos las reglas en tamaño y en tiempo.
11. Si tú lo envías al Universo (siempre me ha encantado escribir Universo con “U” mayúscula, se siente más imponente que “universo”, el problema es que la escritora del libro también lo hace así, mal, mal, mal), quedarás sorprendido y maravillado por lo que se te entrega. Aquí es donde la magia y los milagros suceden. (Esta parte me encanta. “Magia” y “Milagro”. Dentro de ellas, todo sucede, todo, de la manera que se requiere. Guau.)
12. Los “Cómos” son el dominio del Universo. Siempre él sabe la forma más rápida, oportuna y armoniosa entre tú y tu sueño. (Que es exactamente lo que me preguntaba arriba. Como siempre: no veas al tipo detrás de la cortina, no preguntes como está hecho el truco, no cuestiones a la que va a leer las cartas a que defina que son “malas vibras”, no descubras tú el truco, siempre serás impopular.)
13. Nuestro trabajo no es preocuparse acerca del “Cómo”. El “Cómo” aparecerá del compromiso y creencia en el “Qué”. (Igual que lo anterior).
14. Somos energía. Todo es Energía. Todo. (Más bien, somos masa que se convierte en energía, no somos energía, ¿ok? Si fuéramos energía, ¿por qué entonces nos cansamos con tan poca cosa?)
15. Un pensamiento afirmativo es cien veces más poderoso que uno negativo. (Ah, nada como saber la diferencia del “positivo” como del “negativo”)
Pronto en la lectura uno se da cuenta que estos tipos y tipas de El Secreto concluyen que es la Mente la que crea la Realidad. Ni más ni menos. Poca cosa.
Estas ideas permean este tipo de filosofías al vapor. La revista Skeptical, habla de que más que funcionar el mantra de Pide – Cree- Recibe, para que las cosas funcionen el mantra correcto debería de ser más bien la secuencia de “Imagina-Piensa-Crea-una Idea– llévala-a-la Acción- y-así-obténdrás Resultados”, siendo este otro mantra el que sí obtendrá resultados para la gente y que será el que realmente se realiza a la hora de conseguir estos.
Según esto, al respecto de que la gente pide de todo y si esto fuera posible en el planeta no habría suficiente para complacer a cada quién, en el DVD aparece un tipo hablando acerca de que aunque hay muchas ideas, hay amor más que suficiente, hay poder más que suficiente, hay gozo más que suficiente y agrega :
“la gente sabia siempre ha sabido esto, ¿por qué crees que el 1% de la población gana alrededor del 96% de todo el dinero que está sido ganado? ¿Crees que es por accidente? (Sepa Slim)
No es accidente. Está diseñado de ese modo. Ellos entienden algo. Ellos entienden El Secreto.” (Ahhh, ¿es por eso?)
En el DVD empieza también el doloroso galimatías científico con el que siempre se inundan este tipo de cosas (como esa película de ¿Y tú que [bleep] sabes?, en la que
empiezan de pronto a mezclar mecánica cuántica, física atómica y demás lindezas junto con poderes del pensamiento, pa’ acabarla, algo similar a lo que aparece en esto de El Secreto en su DVD version y de hecho, ¡esperen! acabo de leer que uno de los tipos que aparecen en la película de El Secreto y que está mencionado ahí como uno de los “científicos”, salió en la película esa de ¿Y tú…? ).
Habla el DVD por ejemplo de que todos somos energía, que hay dentro de cada quién energía para iluminar una semana una ciudad (excelente idea, por donde se le vea, lástima que es falsa) y tonterías similares sin nada que las sustente de manera sólida.
También en el libro tales comentarios erróneos o de plano malintencionados se utilizan para crear efectos benignos por asociación apariciones convenientes de Einstein y de su E = mc2 dentro de sus páginas para de cierta manera atraer los buenos augurios al respecto del librito. (“Debe de ser cierto, ¡hasta trae a Einstein! Y Einstein, todos lo sabemos perfectamente, jamás se equivocó…”.
Dos puntos aquí a modo de ejemplos:
Uno, seguramente ustedes han escuchado ese rollo, un supuesto hecho científico, de que funcionamos con sólo el 10% del cerebro y que eso es la muestra de que todos tenemos un potencial impresionante, pero de hecho, si así fuera: ¿qué parte del cerebro estamos dispuestos a rebanarnos para así demostrar con hechos que seguimos funcionando? Por un lado eso y por el otro, ¿y tanto tipo o tipa golpeados o balaceados en la cabeza que pierden funciones básicas de pensamiento o del habla o de la visión? ¿Pero cómo es esto posible si tenemos un 90% que no usamos?
Apueste su 10%, a que no le pasa nada. Apueste a que su cerebro encontrará sus reconexiones solito, solito.
Ajá. Claro.
El segundo: Recuerdo la película de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Se trata de ovnis, ¿recuerdan?, en los que yo no creo. Pero a pesar de eso la película me fascinó. Pero todo tiene un límite. Hay que pintar la línea en algún punto. Una cosa es la fantasía que me muestran y que la acepto. En el área de la fantasía no pienso que lo que muestren sea realidad o que pueda serlo. Pero Spielberg le hace decir al excelso director de cine Francois Truffaut en su papel de Lacombe, el científico francés, al escuchar comentar un técnico que los pilotos que bajaban de la nave nodriza no habían envejecido un día desde su “abdución”, y agregando que Einstein tenía razón, Lacombe-Truffaut resalta: “Quizá él era uno de ellos”. Puffffff. Yo admiró mucho a Truffaut, pero como cineasta, no como lector de temas científicos, pues. Y Spielberg, Spielberg, pues, es otra más, otra más…
Esto es de causar pesar, la verdad. Hasta donde supe el libro tiene en impresión casi cuatro millones de ejemplares. No en venta. En impresión. Si la cifra fuera un cuarto de eso, como quiera sería sorprendente.
Esto es un ejemplo más de la Ley del Menor Esfuerzo. De conseguirlo todo sin batallar, sin poner nada de nuestra parte. Sin trabajar. Por eso ha de tener éxito entre las masas.
Si todo está en mi mente, y ni siquiera flexiono ni las orejas, que mejor, pues pondré a trabajar a mi mente, ¿qué tanto me puede costar? ¿330 pesos? Los vale. ¿Qué tanto me puedo cansar deseando algo?
Y la gente que cae en esto es gente inteligente, es lo peor (bueno, no toda). El problema que existe es que hay mucha gente espiritual por ahí que cree que hay más mundos o dimensiones además de ésta. Los que leen su horóscopo religiosamente. Los que le hablan por teléfono 1-900 a las adivinadoras que aparecen en TV. Los que se recargan de energía los 21 de marzos en las pirámides (¿cuál y para qué les sirve específicamente?). Los que van con brujos a que les lean las cartas, el tarot, la mano, la tierra. Los que creen en los ovnis, en los círculos de los trigales y un gran etcétera.
Mucho de esto tienen la culpa los medios. Oprah, la célebre conductora, es un ejemplo claro. Invita a estos tipos y los apoya, les da sello de confianza a su alrededor. Y la gente les cree. No hablaré aquí acerca de quien es la gente que ve a Oprah, pero ella, sépanlo, ha ensalzado a decenas de escritores que sólo por estar ahí en su programa han visto aumentar sus ventas al triple que si no hubieran ido. Cuidado con Oprah.
El problema es que la TV trata de vender un mensaje blando. Sólo ciertos programas son críticos con el celo mínimo para llevar a cabo un análisis imparcial.
No me ha tocado ver un medio que realmente sea imparcial y crítico frente a los absurdos que propone este libro. Todos lo dejan con un “¿será verdad o mentira?, eso lo decide usted, señor lector o señora lectora”. Eso no es ser imparcial u objetivo. Eso es no querer emplazarse en contra de un gran grupo de personas que prefieren dejar de ser críticos más allá de aceptar una mercadotecnia viral. (“Lo leo porque está de moda, está de moda porque lo leo”). Y luego se regocijan estos medios afirmando que al menos la gente está más positiva y optimista frente a sus dificultades.
Nunca hablé de que hay problemas con el pensamiento positivo, o hacia la actitud que te va empujando hacia delante a fuerza de siempre ser optimista aunque por dentro te esté llevando la tristeza. “Al mal tiempo, buena cara” no es frase mala, o vacía, o hueca, ni encierra un falso optimismo. Esa actitud refleja una recarga de energía frente a la mera dificultad. No todos pueden. Los que la consiguen, la “buena cara” tal vez no les cambie el panorama pero lo aceptarán con más serenidad y podrán pensar con más claridad hacia como resolver sus obstáculos.
Es similar al mensaje de “uno propone y Dios dispone” aunque suene un poco vago a fin de cuentas, o el otro de “no por mucho madrugar amanece más temprano” que se equilibra con el “al que madruga, Dios lo ayuda”, que denota por debajo un esfuerzo, un propósito de llevar las cosas con el brío de quien madrugó con o sin la ayuda explicita de su Dios Particular.
El libro se seguirá vendiendo como plan caliente. Seguirá siendo industria. Cursos,
conferencias, videos, audiolibros. Se seguirá leyendo. Se dejará arrumbado en seis meses. Al final nadie conseguirá ese millón de dólares que quiso atraer. O será más flaca o flaco. O tendrá un riñón nuevo. O vivirá 150 años. Y será una moda más. Y así estaremos hasta la siguiente moda. Y allá vamos de nuevo… Oh, sí se conseguirán cosas. Alguien se tiene que sacar el Melate o la Casa del Tec a fuerza. Está dentro de lo posible que cualquiera que compre boleto lo haga aún así sea el 000001 o el 649999. Pero habrán comprado su boleto. Otros más triunfarán en mil campos. Pero habrán estudiado el mercado, su campo, habrán atendido el llamado, habrán olfateado la oportunidad más que otros y la habrán aprovechado. Y tal vez ninguno haya leído jamás de El Secreto.
Como la revista Skeptical dice: “Uno podría concluir que, ¿bien? ¿Y qué pasa con eso? ¿Qué daño ocurre cuando se cree en cosas que no son literalmente verdaderas mientras se consiga el resultado deseado? El daño puede ser grande, y nadie ha dado mejor voz a esa preocupación mejor que W.K. Clifford en su ensayo Las Éticas de la Creencia:
El peligro a la sociedad no reside meramente en que creería en las cosas equivocadas, aunque eso no es un grave peligro en sí; pero sí el que nos volveríamos crédulos y perderíamos el hábito de examinar las cosas e inquirir, averiguar, sobre ellas, eso nos devolvería a los tiempos salvajes… eso puede importarme poco, viviendo yo en mi castillo en las nubes de ilusiones dulces y queridas mentiras; pero importa mucho al Hombre que yo haya hecho a mis vecinos listos para el engaño. El hombre crédulo es el padre del mentiroso y del tramposo…
Finalmente me hizo mucha gracia releer la manera en que Steve Martin pregonaba una de sus rutinas de esta manera: “¡TÚ TAMBIÉN PUEDES SER MILLONARIO! ¡Es muy fácil!, primero consigue un millón de dólares y después…”.
¿Leyes de la Atracción, dicen? A ver si es cierto…
Empecemos por partes, que esto es largo.
Yo antes fui un verdadero crédulo. Era tan crédulo que leía la Revista DUDA (Lo Increíble es la Verdad) y la creía. Bueno, tenía 11 años de edad (de eso hace 33, casualmente, la edad de Cristo, por otro lado, denme chance, aunque sea una poca, ¿no?) entonces no era muy complicado creer que el Hombre vino de Venus hace 5,000 años o que las Siete Palabras que Cristo dijo en la Cruz eran mayas (lo juro, leyeron bien, así concluían). No había mucho criterio. (No que haya mucho ahorita, pero ustedes me entienden).
Pero el tiempo pasó y tomé la costumbre de leer su bibliografía, la que aparecía al final de cada número, Enciclopedia Salvat, sobre todo. La segunda fuente era Misterios de la Gran Pirámide, o sino el de Isis sin Velo de Helena P. Blavatsky o algo así. La tercera era Misterios de lo Desconocido, (pudo llamarse así también, es mucho tiempo) de Tomás Doreste (de él sí me acuerdo), cosas del destino, publicado por la misma casa editora de la revista.
Mi credulidad hizo ¡CRASH! de manera tan estrepitosa poco tiempo después a causa de un maestro de sexto año en la famosa escuela primaria-penal José Joaquín Fernández de Lizardi, que nos contaba cada locura tan obvia ahora, pero que en ese año escolar (1973-1974) no tenías criterio o conocimiento suficiente, pero un día este señor se pasó de lanza en ese terreno y de plano todo lo que había construido en cuanto a conceptos se desmoronó de manera lamentable.
Y me hice totalmente incrédulo de muchas cosas. En otros temas seguí siendo crédulo, en terrenos personales y políticos, pero no en los generales.
Bueno, están las buenas intenciones de las personas que te rodean, de tu primer círculo, digamos, luego las de más allá, y si nos vamos alejando de nuestro Ground Zero personal, cada vez más a la distancia nuestra credulidad se desvanece como luz en atardecer mortecino. Llega a terminarse por completo, por ejemplo con los medios de comunicación o con el gobierno, y sus líderes, claro.
El caso es que al pasar el tiempo he visto incontables objetos que aparecen aparentando credibilidad (¿estará bien escrito lo anterior?) como el caso de autores o escritores que se vuelven populares en ciertos momentos de nuestras vidas.
Parece que sucede cada década.
Recuerdo en los sesentas a Lobsang Rampa del cuál leí la versión aquella de El Médico del Tibet y la de El Tercer Ojo, no recuerdo cuál era cuál o cuál leí condensada en la revista Contenido de por entonces. Lo que sí recuerdo era que al protagonista, no recuerdo su nombre, le pusieron una astillita en la frente para abrirle eso precisamente, su Tercer Ojo. En la otra historia traía un rollo de catacumbas hechas por gigantes. El punto aquí es que todo es contado desde la perspectiva de un hombre occidental, extrañado y sorprendido de tantas maravillas que sucedían en el Tibet. Esto último no debería ser raro porque luego se descubrió que el tipo era un inglés con demasiada imaginación.
Luego en los setentas llegó Carlos Castaneda. Hasta portada del Time le dieron. Aún
antier una persona estuvo conmigo y en la conversación salió el tema de Castaneda. “Yo no creo en sus rollos”, le dije, “y si lo leí fue para ambientar mi novela inédita (Sangre de Neón) con el asunto de un shaman espurio, por eso me dispuse a leerla para saber que asunto es ese de brujos que se intoxican con hongos y que alucinan creyendo en los caminos del guerrero y en los lobos y los coyotes y los peyotes y los cuervos”. Castaneda murió hace como cinco años de una enfermedad hepática común y silvestre que no me imagino como ni Don Juan lo pudo salvar. Este señor, Castaneda, no Don Juan, claro, era un antropólogo de origen peruano avecindado en California que, ¡a cómo vendió libros!Más reciente en los ochentas en este asunto de escritores que se dicen serios y que sacan libro tras libro como si fuera pan de horno, el caso del español J.J. Benitez., con sus libros de Caballo de Troya. Me dicen que sólo el primero está muy bueno, pero también me abstendré de leerlo. Un día lo vi en una entrevista por TV afirmando con cierta candidez que todo lo que narra en sus libros es cierto. Cosa más fastidiosa, la verdad. Viajes al pasado, astronautas que atestiguaron a Cristo y sus hermanos, bodas, parábolas, resurrección, bla, bla, bla. Pruebas, a mí denme pruebas. No me vengan a decir cosas. Quiero pruebas irrefutables de viajes en el tiempo. O de fantasmas. O de brujos. O de buenas intenciones en la política. Cosas así, del más allá.
Y más todavía cercano a esta época están los libros de la serie llamada Left Behind (libros que tienen que ver con el Anticristo y su llegada a la tierra y con la inmensa cantidad de personas que se quedan estupefactas después de ver como muchos desaparecen cuando al parecer se van directo al Cielo) de no sé quién y finalmente están los de La Profecía Celestina, del cual tampoco recuerdo su autor, libros igual de tendenciosos de los que también se han escrito diez tomos de su propuesta espiritual.
El Código Da Vinci está como que en medio de lo que se afirma como ficción y como no ficción. Todo un caso. Toda una industria. Todo un negocio. Tampoco lo leeré, por supuesto. Eso sí, el que lo quiera leer, que lo lea.
Y ultimadamente ni vale la pena decir los nombres de ciertos autores porque las personas que lleguen aquí por equivocación a este site sabrán que sus libros no son tratados de manera benévola. ¿Para qué la molestia?
Digo, libros son libros y el libro es cultura, pero cuando estos tipos escriben cosas afirmando que medias verdades y seudociencias son certezas y que su intención es enaltecer el espíritu humano y disminuir la ignorancia por extensión, pues no, no va por ahí. Antes al contrario.
Lo que tienen en común estos autores es que todos encontraron un filoncito productivo, todos ellos, de libros que pregonaban decir la verdad y que a final de cuentas no lo hacían. Pero que divertida se dieron mientras vendían tiradas y tiradas de volúmenes, ¿eh?

Así toca en suerte el libro al que acabo de darle sólo un vistazo llamado El Secreto, de una tal Rhonda Byrne, ex ejecutiva de producción de televisión australiana, que primero sacó el DVD, un documental que terminó después de mucho estira y afloja por la TV australiana pero al que le vieron cierto potencial, luego apareció el libro el año pasado.
Este es un libro que vale en México la friolera de 330 pesos, ni más ni menos 33 dólares (en USA vale 24 dlls) para que cualquiera saque el precio en su moneda particular. Un libro de pasta dura, de una textura lustrosa, agradable al tacto, claro, con portada de un manuscrito con un sello de cera, al parecer secreto, con ese sentir de estar escrito con tinta y pluma de ganso, como sugiriendo antigüedad y confidencialidad muy a la Código Da Vinci.
Entremos ya en materia:
El libro de El Secreto promete la lectura-conocimiento-transmisión de un conocimiento ignoto, alejado de la mayoría de las personas, al parecer totalmente benéfico.
Dicho de manera sencilla ese secreto es el de la Ley de Atracción.
Su enunciado básico es Pide - Cree - Recibe.
Esto significa que sólo se tiene que visualizar lo que se quiere, sentirse bien al respecto, y pedirle al Universo con toda intensidad, y de ahí sólo es cuestión de tiempo para que lo que se pueda imaginar será recibido.Lo que se pueda imaginar, lo escribí bien, lo que se pueda imaginar. Lo que sea.
El Secreto no es un libro motivacional cualquiera.
Veamos algo de sus enunciados, premisas, propuestas.
…Es un libro que afirma que los pensamientos son magnéticos, y que los pensamientos tienen frecuencia.
(¿Cómo definieron un “pensamiento”? ¿Cómo los aislaron? ¿Cómo ubicaron sus frecuencias?)
…Que mientras pensamos estos pensamientos son enviados al Universo.
(¿Cómo supieron que es exactamente el Universo? ¿A través de qué se envían?
…Que los pensamientos magnéticamente atraen las cosas similares, a todas, a las que estén en la misma frecuencia.
(¿Cómo comprobaron eso de la atracción? ¿Cómo sabe el Universo que es el concepto de “similar” ¿Tamaño, denominación, color, cantidad, calidad, ancho, duración, largo, dimensión a fin de cuentas?)
…Y que todo vuelve a la fuente original.

(¿Cómo estos pensamientos regresan, de entre todo el Universo a su origen?)
…O sea, vuelve a quién lo pensó originalmente.
(¿Cómo supieron encontrar el camino de regreso?)
…De ahí que el Universo me lo dará sólo si pienso con la misma frecuencia e intensidad.
(¿Cómo se mide objetivamente una intensidad? ¿Cómo comparar una intensidad con otra intensidad? (Sobre todo si compito con cientos de miles con la misma cosa, como el Melate o la Casa del Tec) ¿Será pensamiento intenso de todos contra probabilidad sencilla?)
Lo bueno y lo malo, ¿eh? Si pienso en que no me quiero enfermar, me enfermaré. Por alguna extraña razón el Universo no distingue los “no me quiero” de los “me quiero”, sólo se fija en el complemento. Problemas de procesamiento verbal en nuestro pobre Universo.
A veces me pregunto con todo lo que he leído, el porqué nadie, a su vez, se pregunta ¿cómo le hicieron, la autora original, los productores del DVD, para conocer El (mentado) Secreto? ¿Después de qué tipo de investigación? ¿Cómo llegaron a sus conclusiones?
(Parte del asunto es que mientras leo más información me admiro del alcance de lo dicho en esas páginas del libro. Dudaba por un lado que se haya escrito tal cual. Bueno, un poco de lectura comprueba que sí, que así fue escrito. Pero lo otro también me maravilla, que hay quién se lo ha creído. De hecho, millones de personas lo han hecho, lo están creyendo y lo creerán.
Por otra parte la Lotería Nacional de aquí en México puede ser pionera en lo de El Secreto y pudiera demandar a la autora ya que en parte de su publicidad de hace dos años, algo así, aparecía un tipo que manejaba un Volks como de taxi que repetía a alguien sin verlo, mirando con esperanza hacia el futuro: "Ya me vi, compadre, ya me vi” y empezaba a decir en voz alta como se veía: “un carrazo del año, una casota con mayordomo, ¿qué desea tomar el señor…” y terminaba con eso del “sí, compadre ya me vi…”.
En otras palabras eso de la visualización optimista y esperanzada no es absolutamente nada nuevo. En esas campañas usaron ese concepto hasta el cansancio. Pero no se olviden que el Melate, o sea, la lotería de números, se le conoce también como el Impuesto de los Pobres, con eso de que los pobres no pagan impuestos religiosamente y sin que lo sepan explicitamente los pagan a través de la Lotería y de los melates, tris y demás progoles de la vida urbana-campirana de este país en el que vivimos…)
Volviendo.
De hecho, según esto en el DVD de El Secreto dice el productor que es “como tener al Universo como si fuera un catálogo y empezar uno a darle vuelta a las hojas para buscar que es lo que queremos exactamente…”
(Lo anterior no es poca cosa, pedirle al Universo, dense cuenta, a todo todo todo todo todo lo que existe y que se consiga, dinero, un riñón, juguetes, una bicicleta, éxito, amor, ser amado, ser delgado, aunque no se menciona nada al respecto de los Universos Paralelos, los Universos Alternos, la cantidad de Multiversos que salen cada tanto como espuma del flujo ilimitado del Río del Tiempo, ¿funcionará este asunto tan delicado, que parece que no desequilibra estos Universos ni en sus propias y locales Leyes de la Termodinámica, en Melchor Ocampo, Nuevo León?)
El libro contiene como cien premisas al respecto de lo que es La Ley de la Atracción, como estas quince siguientes:
1. Cualquier cosa que esté pasando por tu mente es lo que tú estás atrayendo.
2. Pensamiento es igual a creación. Si estos pensamientos son anclados a emociones poderosas (buenas o malas) eso acelera la creación.
3. Aquellos que hablan más de enfermedades tienen enfermedades, aquellos que hablan más de prosperidad la tienen, etcétera.
4. Está bien que los pensamientos no se manifiesten en la realidad inmediatamente (si vemos la imagen de un elefante e instantáneamente se apareciera, sería demasiado pronto).
5. Todo en tu vida lo has atraído. Acepta el hecho, es verdad.
6. Tú consigues exactamente lo que estás sintiendo.
7. Lo que piensas y lo que sientes y lo que se te manifiesta es siempre lo mismo (un match pa’ que me entiendan) –sin excepciones.
8. Tú no necesitas saber como el Universo se va a rearreglar a sí mismo (esta premisa es genial para nosotros que sólo le ponemos la llave al carro y se enciende).
9. ¿Por cuento tiempo? No hay reglas en el tiempo; lo más alineado que estés con los sentimientos positivos lo más rápido que las cosas pasan.
10. El tamaño no significa nada en el Universo (o sea, abundancia ilimitada si es eso lo que deseas). Nosotros mismos hacemos las reglas en tamaño y en tiempo.
11. Si tú lo envías al Universo (siempre me ha encantado escribir Universo con “U” mayúscula, se siente más imponente que “universo”, el problema es que la escritora del libro también lo hace así, mal, mal, mal), quedarás sorprendido y maravillado por lo que se te entrega. Aquí es donde la magia y los milagros suceden. (Esta parte me encanta. “Magia” y “Milagro”. Dentro de ellas, todo sucede, todo, de la manera que se requiere. Guau.)
12. Los “Cómos” son el dominio del Universo. Siempre él sabe la forma más rápida, oportuna y armoniosa entre tú y tu sueño. (Que es exactamente lo que me preguntaba arriba. Como siempre: no veas al tipo detrás de la cortina, no preguntes como está hecho el truco, no cuestiones a la que va a leer las cartas a que defina que son “malas vibras”, no descubras tú el truco, siempre serás impopular.)
13. Nuestro trabajo no es preocuparse acerca del “Cómo”. El “Cómo” aparecerá del compromiso y creencia en el “Qué”. (Igual que lo anterior).
14. Somos energía. Todo es Energía. Todo. (Más bien, somos masa que se convierte en energía, no somos energía, ¿ok? Si fuéramos energía, ¿por qué entonces nos cansamos con tan poca cosa?)
15. Un pensamiento afirmativo es cien veces más poderoso que uno negativo. (Ah, nada como saber la diferencia del “positivo” como del “negativo”)
Pronto en la lectura uno se da cuenta que estos tipos y tipas de El Secreto concluyen que es la Mente la que crea la Realidad. Ni más ni menos. Poca cosa.
Estas ideas permean este tipo de filosofías al vapor. La revista Skeptical, habla de que más que funcionar el mantra de Pide – Cree- Recibe, para que las cosas funcionen el mantra correcto debería de ser más bien la secuencia de “Imagina-Piensa-Crea-una Idea– llévala-a-la Acción- y-así-obténdrás Resultados”, siendo este otro mantra el que sí obtendrá resultados para la gente y que será el que realmente se realiza a la hora de conseguir estos.
Según esto, al respecto de que la gente pide de todo y si esto fuera posible en el planeta no habría suficiente para complacer a cada quién, en el DVD aparece un tipo hablando acerca de que aunque hay muchas ideas, hay amor más que suficiente, hay poder más que suficiente, hay gozo más que suficiente y agrega :
“la gente sabia siempre ha sabido esto, ¿por qué crees que el 1% de la población gana alrededor del 96% de todo el dinero que está sido ganado? ¿Crees que es por accidente? (Sepa Slim)
No es accidente. Está diseñado de ese modo. Ellos entienden algo. Ellos entienden El Secreto.” (Ahhh, ¿es por eso?)
En el DVD empieza también el doloroso galimatías científico con el que siempre se inundan este tipo de cosas (como esa película de ¿Y tú que [bleep] sabes?, en la que
empiezan de pronto a mezclar mecánica cuántica, física atómica y demás lindezas junto con poderes del pensamiento, pa’ acabarla, algo similar a lo que aparece en esto de El Secreto en su DVD version y de hecho, ¡esperen! acabo de leer que uno de los tipos que aparecen en la película de El Secreto y que está mencionado ahí como uno de los “científicos”, salió en la película esa de ¿Y tú…? ).Habla el DVD por ejemplo de que todos somos energía, que hay dentro de cada quién energía para iluminar una semana una ciudad (excelente idea, por donde se le vea, lástima que es falsa) y tonterías similares sin nada que las sustente de manera sólida.
También en el libro tales comentarios erróneos o de plano malintencionados se utilizan para crear efectos benignos por asociación apariciones convenientes de Einstein y de su E = mc2 dentro de sus páginas para de cierta manera atraer los buenos augurios al respecto del librito. (“Debe de ser cierto, ¡hasta trae a Einstein! Y Einstein, todos lo sabemos perfectamente, jamás se equivocó…”.
Dos puntos aquí a modo de ejemplos:
Uno, seguramente ustedes han escuchado ese rollo, un supuesto hecho científico, de que funcionamos con sólo el 10% del cerebro y que eso es la muestra de que todos tenemos un potencial impresionante, pero de hecho, si así fuera: ¿qué parte del cerebro estamos dispuestos a rebanarnos para así demostrar con hechos que seguimos funcionando? Por un lado eso y por el otro, ¿y tanto tipo o tipa golpeados o balaceados en la cabeza que pierden funciones básicas de pensamiento o del habla o de la visión? ¿Pero cómo es esto posible si tenemos un 90% que no usamos?
Apueste su 10%, a que no le pasa nada. Apueste a que su cerebro encontrará sus reconexiones solito, solito.
Ajá. Claro.
El segundo: Recuerdo la película de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Se trata de ovnis, ¿recuerdan?, en los que yo no creo. Pero a pesar de eso la película me fascinó. Pero todo tiene un límite. Hay que pintar la línea en algún punto. Una cosa es la fantasía que me muestran y que la acepto. En el área de la fantasía no pienso que lo que muestren sea realidad o que pueda serlo. Pero Spielberg le hace decir al excelso director de cine Francois Truffaut en su papel de Lacombe, el científico francés, al escuchar comentar un técnico que los pilotos que bajaban de la nave nodriza no habían envejecido un día desde su “abdución”, y agregando que Einstein tenía razón, Lacombe-Truffaut resalta: “Quizá él era uno de ellos”. Puffffff. Yo admiró mucho a Truffaut, pero como cineasta, no como lector de temas científicos, pues. Y Spielberg, Spielberg, pues, es otra más, otra más…
Esto es de causar pesar, la verdad. Hasta donde supe el libro tiene en impresión casi cuatro millones de ejemplares. No en venta. En impresión. Si la cifra fuera un cuarto de eso, como quiera sería sorprendente.
Esto es un ejemplo más de la Ley del Menor Esfuerzo. De conseguirlo todo sin batallar, sin poner nada de nuestra parte. Sin trabajar. Por eso ha de tener éxito entre las masas.
Si todo está en mi mente, y ni siquiera flexiono ni las orejas, que mejor, pues pondré a trabajar a mi mente, ¿qué tanto me puede costar? ¿330 pesos? Los vale. ¿Qué tanto me puedo cansar deseando algo?
Y la gente que cae en esto es gente inteligente, es lo peor (bueno, no toda). El problema que existe es que hay mucha gente espiritual por ahí que cree que hay más mundos o dimensiones además de ésta. Los que leen su horóscopo religiosamente. Los que le hablan por teléfono 1-900 a las adivinadoras que aparecen en TV. Los que se recargan de energía los 21 de marzos en las pirámides (¿cuál y para qué les sirve específicamente?). Los que van con brujos a que les lean las cartas, el tarot, la mano, la tierra. Los que creen en los ovnis, en los círculos de los trigales y un gran etcétera.
Mucho de esto tienen la culpa los medios. Oprah, la célebre conductora, es un ejemplo claro. Invita a estos tipos y los apoya, les da sello de confianza a su alrededor. Y la gente les cree. No hablaré aquí acerca de quien es la gente que ve a Oprah, pero ella, sépanlo, ha ensalzado a decenas de escritores que sólo por estar ahí en su programa han visto aumentar sus ventas al triple que si no hubieran ido. Cuidado con Oprah.El problema es que la TV trata de vender un mensaje blando. Sólo ciertos programas son críticos con el celo mínimo para llevar a cabo un análisis imparcial.
No me ha tocado ver un medio que realmente sea imparcial y crítico frente a los absurdos que propone este libro. Todos lo dejan con un “¿será verdad o mentira?, eso lo decide usted, señor lector o señora lectora”. Eso no es ser imparcial u objetivo. Eso es no querer emplazarse en contra de un gran grupo de personas que prefieren dejar de ser críticos más allá de aceptar una mercadotecnia viral. (“Lo leo porque está de moda, está de moda porque lo leo”). Y luego se regocijan estos medios afirmando que al menos la gente está más positiva y optimista frente a sus dificultades.
Nunca hablé de que hay problemas con el pensamiento positivo, o hacia la actitud que te va empujando hacia delante a fuerza de siempre ser optimista aunque por dentro te esté llevando la tristeza. “Al mal tiempo, buena cara” no es frase mala, o vacía, o hueca, ni encierra un falso optimismo. Esa actitud refleja una recarga de energía frente a la mera dificultad. No todos pueden. Los que la consiguen, la “buena cara” tal vez no les cambie el panorama pero lo aceptarán con más serenidad y podrán pensar con más claridad hacia como resolver sus obstáculos.
Es similar al mensaje de “uno propone y Dios dispone” aunque suene un poco vago a fin de cuentas, o el otro de “no por mucho madrugar amanece más temprano” que se equilibra con el “al que madruga, Dios lo ayuda”, que denota por debajo un esfuerzo, un propósito de llevar las cosas con el brío de quien madrugó con o sin la ayuda explicita de su Dios Particular.
El libro se seguirá vendiendo como plan caliente. Seguirá siendo industria. Cursos,
conferencias, videos, audiolibros. Se seguirá leyendo. Se dejará arrumbado en seis meses. Al final nadie conseguirá ese millón de dólares que quiso atraer. O será más flaca o flaco. O tendrá un riñón nuevo. O vivirá 150 años. Y será una moda más. Y así estaremos hasta la siguiente moda. Y allá vamos de nuevo… Oh, sí se conseguirán cosas. Alguien se tiene que sacar el Melate o la Casa del Tec a fuerza. Está dentro de lo posible que cualquiera que compre boleto lo haga aún así sea el 000001 o el 649999. Pero habrán comprado su boleto. Otros más triunfarán en mil campos. Pero habrán estudiado el mercado, su campo, habrán atendido el llamado, habrán olfateado la oportunidad más que otros y la habrán aprovechado. Y tal vez ninguno haya leído jamás de El Secreto.Como la revista Skeptical dice: “Uno podría concluir que, ¿bien? ¿Y qué pasa con eso? ¿Qué daño ocurre cuando se cree en cosas que no son literalmente verdaderas mientras se consiga el resultado deseado? El daño puede ser grande, y nadie ha dado mejor voz a esa preocupación mejor que W.K. Clifford en su ensayo Las Éticas de la Creencia:
El peligro a la sociedad no reside meramente en que creería en las cosas equivocadas, aunque eso no es un grave peligro en sí; pero sí el que nos volveríamos crédulos y perderíamos el hábito de examinar las cosas e inquirir, averiguar, sobre ellas, eso nos devolvería a los tiempos salvajes… eso puede importarme poco, viviendo yo en mi castillo en las nubes de ilusiones dulces y queridas mentiras; pero importa mucho al Hombre que yo haya hecho a mis vecinos listos para el engaño. El hombre crédulo es el padre del mentiroso y del tramposo…
Finalmente me hizo mucha gracia releer la manera en que Steve Martin pregonaba una de sus rutinas de esta manera: “¡TÚ TAMBIÉN PUEDES SER MILLONARIO! ¡Es muy fácil!, primero consigue un millón de dólares y después…”.