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lunes, agosto 25, 2008

El Efecto Wal-Mart o el Efecto Pecera, ¿cuál prefieres?


Hay algo de esquizoide en este asunto de Wal-Mart. Tiene algo que me llama la atención que no sé como explicar.

El comprar, el saber como es la cosa al respecto de sus maneras, sistemas, procedimientos de venta. La parte de cómo el fabricante lleva sus productos al consumidor a través de Wal-Mart.

Me causa asombro todo eso. No es sencillo de entender el motivo de mi asombro, lo sé perfectamente. O sea, darse cuenta de cómo nosotros hacemos cosas que tenemos que hacer, que no nos queda remedio el llevar a cabo. Que estamos condenados a realizarlo.

Casi es como decir que no existe el libre albedrío.

Uno se va por donde tu sentido de conveniencia te dicta. La cuestión finalmente deriva en lo económico. La economía es la ciencia que de manera simplista al extremo, se ocupa de manejar los recursos limitados y escasos con los que se cuenta en una situación determinada.

Porque los recursos son escasos. No fluyen como debieran. Para nadie. Bueno, pensándolo bien, casi para nadie.

Entonces, la cosa es simple. Tú vas a donde te rinda más tu dinero. Todos lo hacen en su juicio correcto. En su percepción de las cosas. No hay nada de malo en ello.

Pero aún así, hay algo. Hay algo que está mal. Y que si no es el apocalipsis, que bueno, no lo es, si sucede algo que no está… bien.

Es como si yo fuera un pescadito y tratara de explicar la naturaleza del agua que me rodea, incluso con la situación de que se que se ensució y no sé de donde siquiera vino la porquería. No acierto a saber de donde.

Y es como el pescadito tratara de explicar que hay afuera de la pecera. ¿Que hay más allá fuera de ella? ¿Cómo imaginar un marco de referencia fuera de mi existencia?

O sea, no se trata esto de una pecera ni nada de eso, sino de que Wal-Mart nos rodea y la gente no se da cuenta. No le pone interés. Y al final de leer este artículo sé con seguridad que ni siquiera podremos hacer nada en contra o a favor de ello. Hay una sensación como de angustia. De inevitabilidad.

Y lo peor, sabiendo lo que sé y ni puedo ser indiferente y hace tres horas estuve ahí. Y compré. Y el sábado iré ahí de nuevo. Y compraré.

Sabiendo lo que sé.

Y quizá olvidaré lo que leí, y la gente a quien le cuento, que es mucha, también lo olvidará. Y comprará ahí, sin problemas, sin pensar en lo absoluto en nada más.

Es natural, si me pongo a pensar en ello.

Y eso no se puede evitar. Porque no puedes salirte de la pecera.

No te puedes aislar tanto del mundo. No te puedes alejar de él.

Ni de Wal-Mart.

Leí ya (¡por fin!) el libro llamado El Efecto Wal-Mart, de Charles Fishman.

Todo es un gran contexto. Todo es entender el contexto, como siempre. Esa es la clave.

Y sobre la clave de todo esta obsesión Fishman dice: La escala es la escala.

Wal-Mart entra en una zona con precios bajos. Todos van ahí. Es natural. Todos vamos ahí. Y dejamos de ir a las demás. ¿Para qué, si es más caro allá?

¡Claro!

y… esperen… ¿qué pasa con nuestra tiendita a la que íbamos? Llámese zapatería, tienda de ropa, óptica, juguetería… Pero ellos saben como llevar su negocio, ¿verdad?

Y si no pueden sacar adelante a su negocio en tiempos de globalización, en tiempos de neoliberalismo, en tiempos de competencia, en tiempos de todos-alambrados-now, es problema de ellos. Les han de haber faltado sus clases de economía, de administración, de planeación, de competencia. Eso te pasa por… no haber leído tu Harvard Business Review a tiempo.

Y las tienditas empiezan a cerrar. ¿Todas? No, no todas. Unas aceptan el reto y se lanzan a vender mejor, entiéndase “mejor” el asunto de abrir mas temprano, conocer mejor al cliente, atenderlo mejor darle ese sentido de calidez que en otras partes, y subrayo, “otras partes” no le podrán dar nunca.

Y la vida sigue y uno como cliente, vas a donde tus pesos rindan más. ¿Opciones? ¿Criterios?

Todo se ajusta. Todo.

Los precios, por decir.

Básicamente las palabras mágicas de WM son: “PRECIOS SIEMPRE BAJOS”.

No es publicidad, o flor, de un día. Ese es su motto, su lema, su tagline, su slogan, su biblia, su principal mandamiento. “PRECIOS SIEMPRE BAJOS”.

No se mucho de economía. Sé que sé de futbol más que de economía. Mis amigos, sobre todo Martín, me dice, “¿tú que &/%&/$ sabes de futbol?”

Buen punto.

El precio de las cosas. ¿cómo se sabe del precio de las cosas? ¿cómo las cosas han llegado a tener precio? Quiero decir, “ESE PRECIO”.

Estoy leyendo también un libro sobre el libro más conocido de Adam Smith, que se llama Sobre la Riqueza de las Naciones, escrito por P.J O’Rourke, un viejo escritor conocido de las páginas de la revista Rolling Stone. No estoy leyendo el libro original. Ese cuenta con ochocientas o novecientas páginas y al parecer es complejísimo. Escrito en 1776 cuando los Estados Unidos apenas estaban independizándose.

Y habla de muchas cosas sobre economía, precisamente. Sobre comercio, producción, incentivos, ganancias, y sobre todo, precios. Dice por ejemplo que los españoles siempre estuvieron equivocados al buscar minerales como oro y plata en los países recién descubiertos. Que debieron hacerle mejor como los tártaros (que no sólo inventaron la susodicha salsa, sospecho), que más bien preguntaban ¿Dónde está el ganado?

Que finalmente eran más sabios los tártaros. El ganado no sólo se puede vender, también se puede comer. Y la plata y el oro, mmm, no tanto. Primero encuéntralo, luego sácalo, luego trasládalo, luego déjalo apreciar y que eso después de utilizarlo, te dé algo valioso. Largo el proceso.

El ganado es, más simple.

El precio pues. Ahí está la clave. En el trabajo me dan dinero por lo que yo hago, no por lo que yo sé. Malo el cuento desde el principio. Y con esos recursos con los que el que me emplea me da, pues a sacarles el mejor provecho.

Hoy compré unos M&M’s de 150 gramos a casi trece pesos. El precio normal son 18 pesos. El de ellos, no tengo idea del precio “normal”, sólo sé a cuanto los he visto en otras partes.

Por decir, el paquete de 47 gramos está a 7.30 ahí mismo, en unas Farmacias de cadena nacional está a 10 pesos. En un cine están a 22 pesos. El mismo paquete. Son casi un M&M el gramo. Es decir, que el en la primera opción normal, la de 7.30 el M&M me sale a 16 centavos el chocolatito. El segundo caso sale a 22. El tercero, el del cine, sale a 47 centavos. Medio peso un chocolatito M&M. Un tostón. Veinte M&Ms por dólar. O veintiuno. El cine es el cine.

Pero compré en una tienda Aurrerá (o sea, Wal-Mart bajo otro nombre) hoy mismo 150 gramos de M&Ms no a 18 pesos, precio normal, o sea 12 centavos por chocolatito. Lo compré a 12 pesos 70 centavos. O sea, 8 centavos por M&M. El rojito, o el azulito o el verde, o el café. Cualquiera de ellos, a ocho centavos.

El precio. El precio. El precio. Precios siempre bajos.

Siempre me pasa lo mismo cuando toco el tema de Wal-Mart. Me excedo, pero es que, es tanto material de este asunto…

Y lo hice por mi autointerés. Eso lo dice Adam Smith. Se me permite pensar en ello. Mientras sea legal, honesto, moral, no sé, los preceptos que se consideren, pero eso es básico, lo de mi autointerés.

Mi conveniencia.

Al cabo los de la compañía Mars, Co., saben lo que hacen, los fabricantes de chocolatitos. Deben de saberlo, ¿no?

Pero.

Hay costos debajo de esto. Muchos. No todos son gente como Procter & Gamble, que se fusionó con Gillette, para hacer un gigante proveedor frente a lo que sea Wal-Mart. Y todos tienen que aguantar el Tsunami de lo que es Wal-Mart.

El Tsunami que es, no que viene, que es.

Wal-Mart, precios siempre bajos. Siempre. Siempre. Siempre. Siempre. Siempre…


Y esto sigue luego, con su colofón... ¿ok?



The Wal-Mart Effect, de Charles Fishman. Impactante. Leánlo. A ver si no se quedan en su super de preferencia mirando esos precios (SIEMPRE BAJOS) y preguntándose, ¿qué onda, qué onda con esto?





jueves, marzo 22, 2007

LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN, COMO MUCHAS OTRAS, TAMBIÉN EMPEZARÁ EN CALIFORNIA…



Leí un artículo el mes pasado que se me hizo interesante y luego se me perdió, pero ya lo encontré. Es un artículo del New York Times y habla acerca de California y su gobernador.

Yo no sé a cuanta gente le caía bien Arnold Schwarzenegger en el pasado cuando sólo era un triste Terminator, o cuando se la pasaba haciendo tareas de comando o de enfrentarse solito a depredadores. Lo que sé es que ahora a mucha gente le cae mal. Y le cae mal, no sé, porque tiene una concepción de lo que es mejor para “su estado”, bueno, que no era “su” estado, pero que ya siendo gobernador en segundo término, pues algo ha de ser suyo. Ya sabemos la historia, él, un inmigrante austriaco ya de repente es gobernador. Y gobernador ni más ni menos que de California, la, que si la pudiéramos separar de los Estados Unidos, sería la décima potencia mundial, y ellos dicen que son la octava, ya ven como es esto.

California es impresionantemente grande. Así los Estados Unidos. Dicen que los que fundaron los Estados Unidos no sabían lo que hacían. Eran cuatro millones solamente en 1776, fecha de su fundación. Hoy son 300 millones. No poca cosa.

La pregunta que se hace Gar Alperovitz, autor del artículo es, ¿cómo se puede manejar un país de ese tamaño?

Y el punto se centra en California y lo que su gobernador está haciendo. Él quiere descentralizar el gobierno. Y no es que se ponga alarmista en el asunto, sino que sólo pone los puntos sobre la íes en ese caso. Arnold está hablando de que California es como un estado-nación (como Esparta, ahora que la película de 300 está de moda, por si no se sabía, los 300 son eso, espartanos). Lo dice así: “Tenemos una fuerza económica, tenemos la fuerza tecnológica de un estado-nación”. Agrega: “somos una buena y gran Comunidad (en el término inglés de “Commonwealth”, como lo usan los británicos y sus naciones afiliadas).

En ocasiones se ha pensado acerca de los pactos federales, en la cuestión de lo que hace a una nación. Por ejemplo en México somos 31 estados y un distrito federal (que quiere ser estado, para esto), todos unidos a través de una constitución, de un gobierno y de un pacto federal. No hay ningún estado que se pueda separar por si quisiera hacerlo de la noche a la mañana. Se ha sabido que en Baja California Norte lo han mencionado respcto a su estado. Igual Yucatán, igual Chiapas, igual Nuevo León. ¿Por qué México sigue juntos? Supongo que porque el sol sale y el sol se mete, eso parece, la lógica se indica pero las razones son otras.

Es medio embarazoso el asunto este. ¿Te quieres separar? Hágalo m’ijito. Y aquí tiene para el camión. Yo sé de esto, me quise salir de la casa a los 10 años después de una gran rabieta tan grande que ya la olvidé (debió haber sido la Madre de todas las Rabietas, pero la olvidé). Mi papá me dio lo del transporte. Reflexioné a tiempo que ya teniendo el pasaje no había para donde irme. Terminé la Gran Rabieta y opté por quedarme.

Tal vez esa sea la clave. Tendremos para el pasaje, pero ¿para dónde vamos?

Bueno, ese es el caso mexicano. España por decir un caso, tiene sus 17 autonomías bien puestas. No estoy enterado del alcance de la autoridad de las mismas. Supongo que no pueden emitir pasaporte o monedas o hacer tratos con naciones enemigas. Me imagino que a nadie de Cataluña le convenga aceptar slotys o pesos, en lugar de euros. Hacen bien.

Pero California es otra onda. Ya hace a nuestros amigos norteamericanos hacerse preguntas como ¿Qué significa la “democracia participatoria” en circunstancias así? ¿Quién representa los intereses de todos los habitantes?

A veces me he preguntado, ¿para qué quieres un poder que luego no puedes ejercer o que te la tienes que andar negociando y conciliando intereses que al final no te hacen quedar bien con nadie? ¿Qué necesidad hay de eso? Política y Poder. Ya hablé de eso otro día. En los países anglosajones necesitas dinero para hacer política.

¿Aquí y en nuestros países hermanos? Sencillo, te metes a la política para sacar dinero.

Nos “quitaron” Texas primero, California, Nuevo México, Nevada, Arizona y parte de Utah, no por ineptos (bueno, algo así), pero más porque esos lugares estaban muuuuy alejados del poder, de la autoridad, del interés incluso y estaban más cerca de la indolencia. No era de extrañar que vinieran personas con otro tipo de ética y trabajo, además de audacia y desprecio por la propiedad mexicana (ellos que ensalzan el concepto de propiedad, como ya lo veremos en un próximo blog), poseídos por un mensaje en sus corazones que les indicaba un “destino manifiesto”.

Había un pacto federal o central en México. Lo que fuera. Ya no importa. Esos estados ya no están con nosotros.

Y dicen los enterados, unos economistas en este caso, Alberto Alesina de Harvard y Enrico Spolaore de Tufts, que “mientras más grande la nación, más difícil para el gobierno que llene las necesidades de su población dispersa. Que regiones que no se sientan bien servidas por la distribución de bienes y servicios tienen más incentivos para tomar una acción independiente. Le está pasando a Bolivia ahora mismo con cuatro de sus regiones.

Pero, digo, si nos queda de consuelo, por lo menos California ya no será de ellos tampoco, algo bueno sale de todo, si sólo lo podemos ver.

Volviendo a los Estados Unidos. Es enorme. Los mapas engañan. Alemania, la Gran Deutschland, cabe en las fronteras del estado de Montana. Francia es más pequeña que Texas. Si uno ve hacia la Luna llena cualquier noche de ídem, vean la curvatura, el círculo. Ese círculo casi exactamente es el ancho de la masa continental de los Estados Unidos.

California sería la esquina inferior izquierda. Una gran esquina inferior izquierda.
California sería la primera opción como para una “devolución regional”, como se le llama. Otro después sería Nueva Inglaterra, toda esa área. Cada quién sus cosas, cada quién sus intereses. Cada quién su acento regional al hablar.

California, no por nada invitó a Tony Blair a Long Beach a firmar un acuerdo entre California y Gran Bretaña acerca del Calentamiento Global. Sólo falta que firme el Protocolo de Kyoto, si no lo quiere firmar Bush, es problema de Bush, el día que Arnold lo quiera firmar, lo firmará y lo hará cumplir dentro de sus fronteras, por decirle así a sus límites estatales. ¿Quién se lo impedirá? Las fieles tropas norteamericanas están muuuuy lejos, en Irak y en Afganistán, dándoles una paliza a los malos, cuando los encuentran, por supuesto.

Ya lo dijo Arnold: California, el estado-nación, el estado armonioso, el estado próspero, el estado del futuro, se volverá un modelo, no sólo para la sociedad americana del siglo XXI, sino para la de todo el mundo”.

Recuerden, muchas revoluciones empiezan en California y no saben dónde acabarán.
Ellos sí tienen para el pasaje y sí tienen para donde ir.

Ahora esperemos la Gran Rabieta.