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jueves, octubre 29, 2009

Vietnam, Secretos y Documentos del Pentágono, la Verdad Expuesta, o la Conspiración Interminable... Tercera Parte y Final

Tercera Parte

Ya lo he dicho en otro lugar, la edad de la ironía empezó quizá ahí mismo, para luego reforzar el tema con Watergate, luego con Carter, los rehenes en Irán, Reagan, Iran-Contras, y un largo etcétera que no sabemos si terminará, lo más seguro es que no, con el tema de las Armas de Destrucción Masiva que Iraq nunca tuvo.

La edad del “no te creo, gobierno”, empezó ahí.

La cosa aquí era que no había nadie por entonces quien tuviera pruebas de lo anterior. No había nada que llegase a la prensa, pensando que en c

aso de existir ese tipo de prueba, ella lo exhibiría al mundo, lo denunciaría, que primero pensaran que sí, que el gobierno elegido por el pueblo para el pueblo le mintiera al pueblo, era axiomático, imposible que algo así sucediera.

A lo mucho llegaban reportes “leaked”, o filtrados que no eran del todo tratados con credibilidad o con la propia relevancia que se requería ya que siempre había la doble intención de perjudicar a alguien, eran calculados en su alcance y daño.

Pero bueno, resulta que después que llegó Daniel Ellsberg de Vietnam, con un ya grave problema de conciencia, empezó a jugar con la idea, ya de nuevo en el Pentágono y después de leer, comprobar, reforzar su idea de que mucho estaba equivocado al respecto de la Guerra y de la dirección que estaba tomando, y sabiendo desde el principio que todo era una pesadilla, y que ahora se estaba volviendo todo un gigantesco pantano que estaba enlodando a todos y matando a mas y mas personas de ambos lados.

Para esto encontró y empezó a leer un reporte que abarcaba varias décadas de la intervención norteamericana en Vietnam. Para entonces ya era 1968. Ya habían muerto Martin Luther King y Robert Kennedy y junto con ellos murieron el idealismo y el optimismo de que las cosas podrían cambiar. Fueron días de dolor auténtico.

Porque he de decirles que había gente que sí creía que había redención de todo esto, que sí había salida a toda esta pesadilla, que ya había llegado el momento de parar toda la Bestia, la maquinaria inexorable de moler carne, de todo el aparato de guerra traducido en bombas, aviones, balas, proyectiles, minas, la colosal justificación de la destrucción en el sudoeste asiático, o, que había que buscar el modo de acordar que todo mundo saliera sin problemas (el doctor King fue el único líder de renombre nacional, o tal vez mundia, había ganado el Premio Nobel en 1964, con un plan razonable de salida), o con problemas, los de esperar.

Ahora con sus muertes, nada pasaría, ya no había líderes (¿el candidato demócrata y ex vicepresidente Hubert Humphrey? Un miedoso siempre de su ex jefe el presidente Johnson, ¿Nixon? ¿Bromean?), ya no había nadie qué deseara la paz.

Así las cosas, el reporte le dio a Ellsberg la visión de todo el panorama histórico, desde que los japoneses liberaron Vietnam de los franceses, y luego con la derrota japonesa, la reconquista de su colonia de parte de estos, cosa a la que ya se había renunciado debido a la firma de la Carta del Atlántico, en la que las naciones firmantes renunciaban al colonialismo; luego los reconocimientos a Ho Chi Minh como cabeza de estado, para luego desconocerlo; luego el apoyo norteamericano a los franceses, luego su retiro; luego la caída de estos en manos de los vietnamitas; luego la negación de los acuerdos de 1954 de crear elecciones libres en ambos territorios, ¡¡de parte de los Estados Unidos!!

Todo eso en el panorama mezclado por ese terror a lo rojo, pensando que todo el mundo era un lugar para pelear contra los comunistas, que no se podía dar marcha atrás, que cualquier derrota por pequeña que fuera sería la primera de muchas, que era mejor Dead Than Red, y miles de suposiciones similares.

Ese era el reporte creado a partir de miles de páginas de memorándums secretos, de reportes sesgados, de cables de embajada pesimistas, de peticiones de más secretos.

Al pueblo de los Estados Unidos sólo le llegaba un optimismo incierto de que todo se haría como siempre, que su nación saldría venturosa de esa operación militar que no parecía crecer, pero que lo seguía haciendo cada vez más. ¿Cómo se notaba? Con mas muchachos llegando en cajas cubiertas con la bandera americana. Y con más muchachos llegándoles la invitación a presentarse en la Junta Local de Reclutamiento.

Daniel Ellsberg decidió por fin que quizá exponiendo los papeles al mundo, podrían entenderse muchísimas cosas sobre la Guerra de Vietnam y el gobierno de los Estados Unidos. Esperaba que con ese entendimiento las decisiones de los líderes de opinión fueran ya decisivas voces en contra de la Guerra.

Lo que siguió fue tortuoso: sacar los documentos de donde estaban guardados, sacar las miles de copias en secreto, con aquellas gigantes copiadoras tan lentas de aquellos años, y luego organizarlas y para acabarla, buscar el interlocutor correspondiente, correcto, a quien pudiera hacerle sentido.

¿Qué lograría Ellsberg? Mandárselos primero a un funcionario aliado y favorable, pero como esto no ocurrió, demasiados que decidieron no pagar el costo político por fin se decidió por la prensa, el New York Times, para ser exactos.

Y pensaba, quizá ingenuamente, que con eso podría causar un cambio en la opinión pública, tan demoledora en muchas circunstancias, tal como darse cuenta que estaban equivocados y hasta el 31 de enero de 1968, cuando los vietnamitas del Norte atacaron en docenas de lugares de manera simultánea en los territorios de Vietnam del Sur incluyendo casi tomando la misma y ultradefendida embajada de Estados Unidos en Saigón por más de seis horas. Eso acabó con la idea que la guerra de Vietnam, era una victoria segura, idea falsa para esto, desde el principio.

Bueno, como dije, nadie le aceptó los Documentos, hasta que llegando a marzo de 1971, el NYT lo escuchó.

Y no hicieron nada en ese momento… Pensaba Ellsberg si todo eso había sido inútil. El FBI lo presionaba y la guerra continuaba, Nixon ya había anunciado que se estaba bombardeando otro país más, Camboya, sin permiso del Congreso, cosa absolutamente inaudita. Todo seguía, la matanza allá continuaba, los soldados regresando en bolsa con zipper aumentaban, los bombardeos, la pesadilla.

Pero el 13 de junio de 1971 todo explotó. El New York Times lo publicó en primera plana, Vietnam Archives: Pentagon Study Traces 3 Decades of U.S. Growing Involvement, Archivos de Vietnam: Estudio del Pentágono Sigue 3 Décadas de Creciente Envolvimiento de EU.

El Gobierno de Estados Unidos prohibió al NYT la publicación del material, o sea, ¡un acto de censura como no se había visto en 200 años! Pero Ellsberg evitó la censura total pasándole material al Washington Post, y luego al Boston Globe, Los Angeles Times y posteriormente a 17 periódicos más.

Okey, se publicaron de nuevo en el NYT, 50 planas completas, la gente lo leyó, la televisión lo mencionó. Salió el cochinero.

Pero la guerra no se detuvo.

Eran documentos llenos de nombres, de siglas, de frases extrañas, de eufemismos, de puestos, de departamentos, de lugares, de operaciones, de nombres de lugares exóticos.

Pero lo claro fue… No puedes confiar en el gobierno. Ya no puedes confiar en lo que te dicen, ya no puedes confiar en su juicio. El Presidente de los Estados Unidos, ya no es infalible. Lo peor, que el Presidente de los Estados Unidos sí se equivoca.

Nunca, en esos documentos apareció que Nixon mentía, o que Nixon declaraba sus verdaderos planes… eso apareció dos años después, en las grabaciones de Watergate. Entonces se vería con claridad, que por decir el bombardeo con aviones B52 a Haiphong, el puerto más importante de Vietnam del Norte, que se estaba haciendo por esa época, se había aconsejado como nada efectivo, pero sin embargo se llevaba a cabo.

Esa era otra conclusión, consejo tras consejo que todo apuntaba a una larga guerra sin victoria a la vista, se habían previsto desde 1961, en tiempos de Kennedy, que mejor era que no se metiera. Aún así los consejos prevalecientes era aumentar las tropas. Eso provocaba solo que se endureciesen las cosas que hacía a su vez que se necesitaran más tropas, lo que sólo provocaban mayores problemas que hacían requerir más tropas.

Círculos viciosos de la peor clase.

Y todo mundo se escudaba con que no se está ganando la guerra porque había faltado decisión en el momento correcto, y por supuesto, más tropas.

¿Suena familiar?, recordemos que ahora hay dos guerras de Estados Unidos, una inventada en base a mentiras, la otra en base a una equivalencia de que si las avispas me picaron, voy a la casa del vecino en donde están las avispas, a destrozarla, aunque no las encuentre nunca.

Luego Nixon se iría a China, a Rusia en 1972, y todo el asunto de la Guerra Fría, al menos como para pelearla en Vietnam, ya no parecía tan grave. Se llegaron a acuerdos repentinos con los vietnamitas del Norte en cuanto a retirar tropas. No se dijo nada acerca de bombardeos, existía el miedo acerca de que si se retiraban esas tropas Vietnam del Sur se desmoronaría, cuestión que Kissinger y Nixon impedirían con bombardeos estratégicos, aun que ya no hubiera tropas americanas en Vietnam.

Llegó 1973, se retiraron las últimas tropas norteamericanas y por fin el Congreso negó los fondos para que siguieran esos bombardeos, que según esto, con todo y negativa de la gente de los militares respecto a sentir que se hacía lo correcto, siguieron tirando sobre la gente en el Norte.

Al no haber fondos, no más guerra, así de sencillo hubiera sido todo eso de suspenderla. Las guerras se hacen con dinero, al no haber dinero, no hay guerra. Dile eso al que fabrica el napalm, al que fabrica los aviones, las armas, las balas, los cascos, las minas, los lanzallamas, los helicópteros, los B52.

Sencillo y complicado al mismo tiempo. Muy complicado.

A Daniel Ellsberg lo enjuiciaron, pero salió libre cuando se sobreseyó el caso, es decir, cuando no se le vieron méritos de traición, porque él no traicionó a su país, él le dio documentos incriminatorios de una guerra falsa, ella sí criminal, a través de su prensa, a su propia nación, no a una nación enemiga, plantada por su propio gobierno, esa es la clave de todo.

Es cuando se entiende de que se trata todo esto.

Cuando un ciudadano es testigo de los desfiguros de su nación, realizados por sus gobernantes, tiene el derecho, la obligación, de denunciar, de exponer, de demostrar lo que está sucediendo.

Esa es la lección de Daniel Ellsberg. Alguien que estuvo en medio de todo, en las entrañas del sistema, que percibió la podredumbre, y que salió airoso.

Necesitamos de ese tipo de personas, y sé que no hay muchos documentos en países como este, México, en el que mucho de todo se habla, sin que nadie escriba o registre documentos. Y lo único que logran, a su conveniencia, es sacar grabaciones de celular que autoincriminan a personas al hablar éstas estúpidamente a las que es preciso hacerles daño públicamente según sus conveniencias.

Watergate, el famoso caso Watergate, empezó con la contratación de un grupo de incondicionales que se metieron a la oficina del psicoanalista de Ellsberg, en 1972 a buscar detalles incriminatorios en contra de él, actividad totalmente ilegal por donde se vea. Luego irían ahí, envalentonados, al hotel Watergate, a las oficinas del partido Demócrata, en Washington, D.C.. Luego el camino del dinero indicaría a Carl Bernstein y a Bob Woodward del Washington Post, que todo dependía de las órdenes de la Casa Blanca.

Llegaron las grabaciones de un presidente paranoico, las ordenes de un juez para mostrarlas, el escucharlas, y en agosto de 1974 la renuncia de ese presidente.

Saigón cayó cuando los del Norte arrasaron en una marcha incontenible, con todo, en 1975. Unificaron su país y Saigón ha sido Ciudad Ho Chi Minh desde entonces.

A los diez años, en 1985, seguían pobres. En 1995 ya estaban levantando cabeza. En 2005, ya estaban aspirando a ser un tigre asiático y aunque todavía hay pobreza, ésta ya no es tanta como antes y durante tiempos de los norteamericanos.

Daniel Ellsberg es ahora protagonista de un documental llamado “El Hombre más Peligroso de Norteamérica”, título con el que lo designó Henry Kissinger por entonces, y que se acaba de estrenar el 3 de Octubre de este año de 2009.

Al parecer Daniel Ellsberg, de 78 años, sigue con sus ponencias acerca de lo que es correcto o no, con sus críticas al gobierno, en la búsqueda de hacer lo mejor que le dicte su conciencia.

Mi camisa negra favorita es tipo Polo, fue hecha en Vietnam y fue comprada en Estados Unidos.

Y todavía no entiendo, igual como cuando estaba pequeño, que fue todo eso llamado… Vietnam.

Pero lo que sí entiendo, como bien dice la revista Time, que la historia está llena de hombres ordinarios que realizan actos extraordinarios, tal y como lo hizo Daniel Ellsberg.

“El terreno estaba siempre en juego, siempre en movimiento. Bajo el suelo el terreno era suyo, el de arriba era el nuestro. Teníamos el aire, podríamos subir, pero no desaparecer en el cielo, podríamos correr pero no escondernos, y él podía hacer tan bien eso, que incluso parecía que podía hacerlo al mismo tiempo… Siempre, un lugar u otro estaba ocurriendo todo el tiempo, nosotros teníamos el día, él tenía la noche...”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Secretos, parte dos, las falacias que se daban en Vietnam en base a la cual la guerra se mantuvo por años y años y años...

Pero bueno, no voy a contar lo que todos conocemos, sino lo que le pasó a Daniel Ellsberg de manera lo más sencilla posible, ¿ok?

Daniel Ellsberg fue un analista con doctorado y todo que se dedicó a analizar la Teoría de Juegos y el concepto del Regateo en Negociaciones, además de haber dado conferencias y seminarios sobre “El Arte de la Coerción”.

Detengámonos por un segundo y recordemos la definición de “coerción”: La amenaza de utilizar la violencia (no solo física sino de cualquier otro tipo) con el objetivo de condicionar el comportamiento de los individuos. Estos son otros títulos de pláticas que dictó: “La Teoría y Práctica del Chantaje”, y “Los Usos Políticos de la Locura”.

Pero el contexto que hay que aclarar es que estas conferencias tenían que ver con los chantajes que Hitler utilizó para poner en jaque a Austria y a Checoslovaquia en 1938 para forzarlos a unírseles, si no serían aplastados por la fuerza bruta militar alemana, eso aunado al uso psicológico que ejercía su conducta errática violenta sobre los gobiernos de Europa Central de por entonces que caldeó muchísimo el ambiente a su favor.

Lo que hay que detallar es que en ese momento de esas conferencias (1959) fueron atendidas, y muy bien recordadas diez años después, por Henry Kissinger.

Henry Kissinger para esto fue un personaje nefasto de la política norteamericana por muchos años que manejó la política internacional de los Estados Unidos desde 1969 hasta 1975 y un poco más allá, hasta que llegó a la presidencia Jimmy Carter en 1977.

Sí, eso puede ser considerado historia antigua para muchos, para mí en su momento fue leer los periódicos del diario, insisto. Así fue con todas sus contradicciones, con todas sus complejidades y con todas sus circunvoluciones laberínticas y bizantinidades, mi caso ni más ni menos.

El caso es que Ellsberg se consideraba un cold warrior, o sea, un creyente en la “Guerra Fría”, anticomunista, vaya, que podía ser pacifista y que por ello tenía la idea de que estar trabajando para el establishment era sólo para evitar una guerra mayor, y no estoy siendo irónico, él se metió a los Marines porque pensaba, creía, que ellos, los Marines no matan civiles, ni bombardeaban a ciegas blancos no combatientes. Porque él creía que eso era inmoral, no el pelear por tu país, sino hacer la guerra contra gente indefensa.

Después de salir de los Marines Ellsberg trabajó para la Rand Corp., una especie de trust de cerebros que era contratada por el gobierno para hacer miles de tipos de análisis de prospectiva muy diversos, que muchos de ellos en aquél momento se necesitaban para evaluar entre otras cosas los poderes militares soviético y chino, incluyendo las que correspondían a las respectivas capacidades nucleares, tareas absolutamente necesarias para ayudar a la toma de decisiones a mero arriba.

Por el tamaño de lo que sucedía por entonces se movía gente a todas partes donde se necesitase, Ellsberg quedó en el mero centro de donde sucedían las cosas, dentro del Pentágono, y a él mismo le tocó leer los cables, así se llamaban los mensajes entonces, que avisaban de lo que sucedía casi instantáneamente medio mundo a la distancia.

Así empezó a ver cosas curiosas, como por ejemplo lo de Tonkin, en la circunstancia de que en el instante de los hechos, los cables llegaban muy rápido y mostraban una situación de ataque no del todo convincente. Ellsberg en medio de la confusión de momento comenzó a ver algo que no era coherente en lo que leía en los memorándums entre sus jefes y los asesores del presidente Johnson, quién había sucedido a Kennedy después de su muerte, y lo que se decía a la prensa y por consiguiente al público.

A partir de ahí Estados Unidos entró en estado de defensa contra Vietnam del Norte. No propiamente en estado de guerra, que conste, ya sabemos cómo se manejan esas cosas del lenguaje, muy propiamente orwelliano.

Y apenas era el año de 1964. Y no quiero extenderme mucho con Ellsberg, valdría la pena, pero mejor recomendar su libro de Secrets.

Después de esa ocasión en Rand y de ver memorándums secretos por todos lados, Ellsberg aceptó una oferta para trabajar en el Departamento de Defensa para asistir a un alto oficial primariamente en la responsabilidad de hacer la política de Vietnam y para eso tenía que ir ahí mismo, a Vietnam, para ver de primera mano lo que sucedía, no sólo leer los deprimentes cables que le llegaban en una oficina cómoda del Pentágono.

Hay que entender más cosas. China, Rusia, eran big players, todo lo que sucedía tenía que calcularse con estos protagonistas pesados de primera línea. Agreguémosles luego en casa a los demócratas, y a los republicanos, y a la prensa, y al electorado, y dentro de la administración tenemos a los que querían borrar a los vietnamitas con bombas nucleares, y los que ya querían salirse sin preocuparse esa maniobra pareciera una derrota, o los políticos que estaban al acecho esperando su turno de jugar a la guerra con soldados de verdad y balas de verdad y muchos, muchos muertos también de verdad.

Ahora revisemos algunas de las pretensiones, las creencias, las falacias en cuya base se tomaban decisiones importantes.

La creencia en un concepto llamado Teoría del Dómino, si caía Vietnam del Sur, caía el sur de Asia y luego Filipinas y luego caería Japón.

La creencia de que si bombardeabas con napalm la jungla de Vietnam, ya no tendrían los del Viet Cong lugares donde esconderse.

La pretensión de que el prestigio de los Estados Unidos sería humillado con la consiguiente pérdida de reputación y con el consiguiente avivamiento de deseos de crear otros Vietnams en todo el mundo por parte de los rojos.

La pretensión de que se estaba ganando la guerra debido sólo al conteo de cuerpos de combatientes.

La pretensión de que es la tecnología, el armamento avanzado, y las tácticas “normales” de guerra las que deciden una victoria.

La pretensión de que se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo por siempre.

La pretensión de que por ser invasor y pelear en un país ajeno contra gente que vive ahí mismo, además de querer imponerles otro estilo de vida, todavía querer pensar que te estarán agradecidos por ello.

La creencia que eres el líder moral del mundo, aunque dejes caer más tonelaje de bombas en un año, que el que dejaste caer contra el enemigo en toda la segunda guerra mundial, y así por varios años, afirmando que esa era la mejor manera de lograr la paz.

La creencia de que con más y más soldados podrás lograr tus objetivos.

La creencia que es posible tirar una bomba atómica sobre un país y no esperar reacciones de los chinos o de los rusos.

La creencia que tienes a la prensa más influyente en tus manos.

La creencia que la opinión pública también está en tus manos.

La creencia que hay solo un tipo de paz, la tuya.

La creencia de que no es necesario hacer trabajo de campo, que sólo con leer memorándums, informes no confirmados, reportes sin verificar, opiniones de segunda o tercera mano, todo lo que pueda hacerse sin necesidad de estar allá en el campo, podrías saber cómo es la verdad, cómo es la realidad.

Y así muchas más.

¿Verdades que sí lo eran sin que la gente lo supiera? Ahí van:

Esperar provocaciones para contestar con respuestas incrementadas.

Corrupción rampante, de todos lugares, y todo mundo aceptándola como hecho consumado, sobre todo ellos, los norteamericanos, sabiendo por ejemplo que el cemento que se mencionaría en algún informe o reporte o discurso, midiéndose por decenas de miles de toneladas, se harían con él aulas que se desgajarán raspando con el mismo pulgar de tan mal hechas, toneladas que entraron al mercado negro.

Camarillas elegidas para el mismo gobierno en perjuicio de los propios habitantes, llenas de privilegios, poseedores de la riqueza y que realmente lo único que importaba no era su voluntad de gobernar democráticamente y con justicia, sino que era más bien su lealtad a los Estados Unidos.

Ignorar los mismos tratados internacionales que daban autonomía a los habitantes de Vietnam de ambos lados, para una elección libre para decidir su gobierno y su tipo de gobierno.

Que era claro que no se estaba ganando nada. Que se avanzaba sobre zonas que se “limpiaban” duramente de hostiles, y después, pasando el año, se reportaba que se “limpiaba” la misma zona, sin que nadie hubiera registrado o notado que esa ya se había “limpiado” antes. Y así por tercera, y por cuarta vez, y que la gente seguía muriendo por ambos lados.

Qué había regiones enteras “controladas” que no se podían recorrer por carretera, sólo por helicóptero, y aún así se decía que se tenía todo el territorio controlado.

Que se maquillaban reportes de cantidades de incursiones nocturnas de parte de los vietnamitas del sur, ningún vietnamita del sur podría hacer una incursión nocturna por terror total después de anochecer. Hubo mucha indolencia de parte de ellos. Y terror.

Que había planes secretos de paz, como el que anunciaba Nixon en la campaña electoral de 1968. Pero nunca hubo uno. Todo fueron trucos electorales que hicieron ganar a Nixon sobre Humphrey por un mínimo margen (como el que hubo entre Calderón y Lopez Obrador en México, en 2006).

Que la guerra acabaría pronto, pero había planes de llevarla por más de cinco años, a más de medio millón más de tropas (existían los documentos que lo afirmaban).

Que existía una corriente de pensamiento que afirmaba que era una necesidad en la administración Nixon el querer tirar bombas atómicas limitadas sobre Vietnam del Norte. Eso siempre se negó, pero apareció años después en las grabaciones de la Casa Blanca que salieron con el escándalo Watergate.

Todo esto, y muchas medias verdades, falacias y similares que faltan, pudieron ser ya conocidos por muchas personas, ya que es parte del todo conocido al respecto de la Guerra de Vietnam, pero en este contexto, de cómo un gobierno sistemáticamente se mentía entre sí, mentía a sus ciudadanos, mentía a los demás gobiernos, pero el núcleo de todo el pensamiento es que lo hizo sistemáticamente, por años.

“Luego soltábamos, girábamos, y aterrizábamos en el humo morado, decenas de niños salían de sus chozas, y corrían hacia donde estábamos y el piloto riendo y gritando: “Así es Vietnam, amigo. Bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos…”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Fin de la Segunda Parte