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domingo, mayo 10, 2009

Monterrey, Ciudad Supersiete, perdón, “Seven-Eleven City”


Según mi Simpsonpedia doméstica que tengo en forma de hijo de 14 años (15-to-be, más bien), en la temporada 9 de los Simpsons en el capítulo titulado Simpsons Tide, hay una primera escena en donde se ve a Bart queriendose poner un pendiente de brillante en su oreja, por la moda.  

Bart busca un lugar para ello y entra a un centro comercial de Springfield, al entrar vemos los pasillos de dicho centro ¡totalmente lleno de Starbucks, en todos los establecimientos, en cada uno de ellos! Starbucks, Starbucks, Starbucks por todas partes.

De pronto resalta un lugar vacío en medio de todo el color verde imperante con un letrero que dice: “Próximamente Starbucks”. Luego que Bart llega al lugar donde se va a poner el pendiente, el encargado de la tienda le dice que se apresure, porque el lugar se va a convertir en un Starbucks en unos minutos más.

Sale Bart de la tienda con un pendiente, contento y satisfecho y con un vaso de café. La última imagen de la escena es del centro comercial lleno ya totalmente de Starbucks.

Para esto, este artículo no tiene nada que ver con Starbucks, de eso ya escribí cuando hablé de Naomi Klein y su libro antimercado de NO LOGO hace un par de años.

Ni hablaré de los Simpsons que es como hablar de la Comedia Humana. Escribí de ellos por allá de 1992. Tan autorreferenciales se han vuelto.

No, más bien escribiré de Monterrey. Hablaré de los Supersietes y de las tiendas de conveniencia en Monterrey. No es exactamente sobre urbanismo, o de los procesos económicos que mueven a estas tiendas. Más bien hablaré de ese sentir de la identidad urbana de la homologación in extremis.

Bueno, lo que pasa es que por motivos de trabajo he estado últimamente en la ciudad de Monterrey casi todas las semanas de este año y ya me siento en perspectiva regia-no regia, de cierta manera.

Siempre me he identificado con los Supersietes. No Seven-Eleven’s. Para cierta edad, y cierta geografía los llamamos siempre Supersietes. No es para menos que me identifique, viví varios veranos a su sombra. Literalmente.

Un verano de nuestro descontento, sin nada, absolutamente nada que hacer, ahí estuvimos en la indolencia del calor, de los días del verano probablemente de 1979, entre prepa y carrera, o quizá de 1978, entre la prepa y prepa.

Este Supersiete en particular, estaba, está, en Paseo de los Leones casi esquina con Enrique C. Livas, colonia Cumbres primer sector, cerca de Vista Hermosa, cerca de Leones. Pero lo que muchos no se acuerdan es que lo movieron, literalmente casi, una decena de metros hacia más allacito porque pusieron una gasolinera en ese lugar tan estratégico en donde se encontraba.

Ese lugar para esto es privilegiado de cierta manera con una vista hacia abajo podríamos decirle especial. Okey, no taaan especial, pero especial a fin de cuentas.

Esos viejos Supersietes eran cuatro solamente en toda la ciudad en esos años de 1978-1979, uno en Cumbres, otro en Garza Sada (antes llamada Av. Tecnológico), otro en Gómez Morín (antes llamada Av, Chipinque), lugar estratégico para comprar lo que necesitabas antes de echarte la subida a la Meseta caminando, como se debía, claro, y otro más no recuerdo donde.

Eran similares en su diseño exterior, tenían arcos blancos de ladrillos rojos en sus columnas cubriendo con su techo los pisos frescos, creando un pasillo que otorgaba una sombra protectora que en una ciudad con un calor ambiental promedio de treinta y ocho grados era esencial, importante, básico, primordial… para nosotros que estábamos sin espacios a donde ir.

Y ahí estábamos Isaac, Jaime, Martín y yo de vez en vez, sentados en ese piso a la sombra del Supersiete, esperando a que dieran las cinco de la tarde, para ver a donde iríamos, viendo escurrir el verano por nuestra frente, en cada gota de agua condensándose en la pared de vidrio de la coca-cola, con el famoso Valiant 1970 primero celeste, luego plateado, que el papá de Isaac le había transferido hacía un año solamente (y que por fin Isaac ya había aceptado sacarlo de su entrañable y segura y confortable colonia del Valle, a más de 8 kilómetros de distancia).


No vengo mucho al caso, pero recuerdo una de esas tardes de verano el ver llegar hacia el Supersiete de nosotros una cortina de agua, negra, gloriosa, amenazante, en una bienvenida y repentina tormenta de verano. Bajó la temperatura unos 10 grados en menos de 10 minutos.

Otras ocasiones era nuestro punto de referencia para ir a comprar lo que quisiéramos a la hora que fuera, eliminando las eternas restricciones, lugar hospitalario por mucho. Ahora eso será más que normal, pero no en 1978, no señor.

Bueno, el punto de esta diatriba-texto-reminiscencia, son los Supersietes. Eran cuatro en ese año, mencioné. Al menos en Monterrey. No sé si habría en otras partes del país. Lo que sí sé es que, a partir de un punto, su compañía madre, los de una megacomercializadora de abarrotes llamada Casa Chapa, que habían tenido esa franquicia, la levantaron de manera espectacular. Empezaron a aparecer Supersietes poco a poco por todas partes como sapitos en jardín recién llovido.

El nuestro de Cumbres fue derrumbado prontamente por eso de la gasolinera, y eliminaron en el proceso el pasillo techado y los arcos. Nadie se podría quedar ahí tirado a la espera de que llegasen las chicas guapas a comprar lo que quisieran comprar, como hacíamos nosotros. Se convirtió de pronto en una tienda de conveniencia, sólo eso. Nada significativo, sólo un lugar donde comprabas tu periódico, tu refresco, tu lo-que- fuera-urgente-o-necesario o de antojo o de urgencia o de lo que fuese. Ya no fue hospitalario nunca jamás.

Así las cosas, no conozco muchos Seven-Elevens de los Estados Unidos, ni su esencia ni nada, ni su identidad, sólo son eso, tiendas que están por todas partes en USA.

Y bueno, también tenía que hablar de los Oxxos, su historia me es algo más ajena que los Supersietes, salidos de FEMSA, otro consorcio que se da por esos lares de Monterrey, y que fabrican la cerveza Cuauhtémoc y que por cierto se encargan de fabricar la Coca Cola en muchas partes de México y Latinoamerica, creo, excepto, casualmente en Monterrey mismo, ciudad en donde la franquicia impera a causa de los máximos consumidores de tal refresco per capita en el mundo, no es dato comprobable así como así, pero es lo que he leído por ahí…


Y Oxxo, bueno, no es significativo para mí, pero por decir, para mi hermano Lauro sí lo es, o lo era, la memoria de la gente no es lo mismo, ya que él se juntaba en el Oxxo de Vista Hermosa (suponiendo que en esos años, principios de los 80’s, sólo había un Oxxo en esa colonia). 

Las frases de Lauro eran “nos vemos en el Oxxo”, “ahí estuvimos en el Oxxo”, y sobre todo la famosa: “corrimos todos del Oxxo, pero la patrulla nos alcanzó y agarró”. 

(Ya corregí, ya puse su nombre).

Sus días inolvidables también.

¿Y a que viene esto? A que andando por Monterrey tuve epifanía repentina, aprovechando mi despego de la ciudad por años, que algo se les ocurrió a los de FEMSA y a los de Chapa. Se quieren quedar con la ciudad. Poco a poco y sin que nos demos cuenta. 

En  la quietud. 

Hay cuadras que tienen un Supersiete en una esquina y que sí sigues la banqueta sin bajarte de la calle rodeando la misma cuadra te encuentras con otro en la esquina equidistante. Y enfrente de ella, un Oxxo, desafiante, y en la otra calle uno más para el refuerzo de esta guerra silenciosa, como de árboles rivales que quieren su espacio para sus raíces y ramas. 

Buscando su pedacito de sol. 

En un lugarcito de dos por dos, allá, detrás del humo del camión, otro Oxxo por si no se veía. Y así cambia el panorama urbano. Lentamente, esa dispersión del centro de Monterrey, del viejo Monterrey en mutación urbana, pero no sé hacia donde, hacia mejor o peor.

Dejando un lado mi pasado. Mirando hoy esa dispersión urbana, de cemento, de cables, de pavimento, de casas, de gente de todas partes, esperando su camión, taxi, conviviendo con el calor aterrador, reverberante, entrando a esos oasis públicos con aire acondicionado, comprando su bebida, su tentempié, su antojo. Pienso, sí, cumplen su función de manera perfecta. Inevitablemente. Nadie se los puede quitar.

¿Pero cuanto es suficiente? Si fuera yo empresa, los más puntos que se pudieran. Vería la tasa o índices de sustentabilidad (o como se diga) de una tienda de estas en una zona poblada determinada (o como se diga). Quizá pensaría como los Starbucks del ejemplo inicial, llenar todas las cuadras de Oxxos y Supersietes, porque ahí está la guerra entre ellos… y hay que conseguir clientes. Y hay que vender.

Porque supongo que hay una guerra entre ambos y que no se han puesto de acuerdo sobre en qué áreas meterse y en cuales no, como dice esta semana la Comisión de Federal de Competencias que sucedió entre las cementeras más importantes del país,  Cemex, Apasco, Cruz Azul y Moctezuma, que se habían puesto de acuerdo DESDE 1982,  para dividirse el país, en zonas, los clientes, para acordar precios, o aumentarlos de tal manera que prácticamente se convertieron en monopolios operantes, teniendo cautivos a todos los usuarios de cemento del país, y llegando a la parte ésta precisamente de usuarios, de los que construyen sus casas de cemento, y por extensión a todos los mexicanos que  usaron cemento y que han usado y que lo están usando desde hace 27 años, y aquí incluyo a los que compraron casas de fraccionamiento que sencillamente pagaron el precio total de estas, lo cual ha de haber tenido un buen impacto en sus finanzas familiares y por supuesto, en las finanzas de estas corporaciones respectivas. A través de 27 años, y contando. ¿Y si sumáramos las cantidades de todos de un lado y las del otro, en qué se hubiera usado todo ese dinero que estas cementeras le quitaron a sus clientes cautivos indirectos o directos? ¿Lo podrían calcular? 

En fin.

Un negocio un tanto asimétrico creo yo.

Volviendo al tema, el caso de las tiendas de conveniencia es también un caso de bienes raíces y de localización. Supongo que tiene que ver con cuestiones de reconocimiento de patrones de circulación de personas, ya sea a pie o en las calles claves con respecto al tráfico, o al tránsito, como recientemente me corrigieron de manera un tanto amable, para aumentar la ganancia poniendo al alcance de los transeúntes los productos mínimos necesarios para su conveniencia.

Eso conlleva a aumentar los precios de cierta manera un tanto inquietante, hasta de un 40% de precio más que el mismo producto en un supermercado. Pero de alguna manera esos productos se siguen vendiendo, ¿no? Porque ese 40% extra es lo que cuesta nuestro tiempo para no perderlo estacionandonos en el gran espacio de asfalto del super mart en cuestión que puede estar medianamente lleno, o por la hora fuera de norma a la que queremos ir a satisfacer nuestro antojo. Digo, valorándolo de cierta manera un tanto arbitraria. Eso es el costo de la conveniencia.

Okey, tan básico, tan obvio, que por merito no lo pongo expresado en palabras. Pero si alguien pusiera en un mapa la cantidad de tiendas de conveniencia señaladas en una zona determinada, ¿cómo se verían estas? ¿Cientos? ¿Cuál es el número conveniente de estas? ¿Eso existe? O mientras haya una población de clientes “cautivos” y de “ocasión”, es decir, en base a sus índices recomendables de densidad, o en base a sus ventas por metro de anaquel, éstas serán productivas, supongo, si no fuese así, se borran del mapa, y se cierran y de inmediato se pondrían a buscar otros puntos de venta relevantes y atractivos, pues. Esa es la manera de hacer esas cosas.

Y si el análisis de esos puntos atractivos concluyen que haya cinco Oxxos en una cuadra  contra tres Supersietes, bueno, es la ley de la oferta y de la demanda, y si acaban con las tienditas misceláneas o con las tiendas de abarrotes, ni modo, no fue a propósito, pero… que triste, ¿no? 

Homogeneización urbana total.

Pero de tristeza nadie vive y nadie muere más que los amantes y los que pierden cosas valiosas a su parecer. No que de pronto se encuentre un Oxxo y luego un Supersiete, luego un Starbucks y otro Supersiete y un equivalente y una tienda de ropa TTL de Jeans o como se llame per secula seculorum. Oxxo. Supersiete. Oxxo. Oxxo. Supersiete. Supersiete

Ya no habrá más casas, ni ferreterías ni plomerías, ni papelerías. 

Supersiete. Oxxo. Supersiete.

Ni los edificios respetables podrán abstraerse de ese fenómeno, como Gabriel Contreras acaba de comentar, de manera un tanto en synchronicity, hoy a mediodía, respecto al edificio del Círculo Mercantil con su Oxxo enquistado a cuestas como tumor salido de su vientre. Sin que el INAH haya podido hacer nada, y sin que FEMSA haya dicho, de manera un tanto “city friendly” (algo improbable a estas alturas, tal vez) “un Oxxo más, un Oxxo menos, qué más da”. No, el Oxxo se quedó ahí porque FEMSA podía y de seguro será tan importante para sus cifras finales en su Reporte Anual para los accionistas y para la Bolsa Mexicana de Valores el tenerlo ahí.

Como lo puse claramente en un blog mío antes de que este existiera

“¿Quién es la Shawnee Land and Cattle Company?”, pregunta Muley, un vecino de los Joads, que se rehusan a vender. “No es nadie”, le responde un agente de bienes raíces. “Es una compañía...”. 

Viñas de Ira, John Steinbeck, 1936…

Y en Monterrey la Ciudad Supersiete, el calor seguirá imperando y reverberando y el antojo y la necesidad seguirán emergiendo y los cuadros urbanos llenos de sus logos reconocibles para especialmente niños pequeños seguirán resplandeciendo y nadie dirá nada, nunca. 

Oxxo. Supersiete. Supersiete. Oxxo.

Y un gran etcétera porque luego Google me castiga si uso demasiadas veces una misma palabra en particular demasiadas veces en mi blog. Y ni modo.

Oxxo.

Supersiete.

Y sólo eso. 

Siempre.


Nota de 2012, enero 25 del otro dominante: El Norte de Monterrey, N.L.

Dado su rápido crecimiento orgánico, la cadena Oxxo acapara ya el 77 por ciento del mercado de tiendas de conveniencia en el País, muy por arriba del segundo sitio, que ocupa 7-Eleven con el 10 por ciento.




Oxxo77%
7-Eleven10%
Extra9%
Súper K y Súper City4%

Quizá esta entrada se debió llamar "Monterrey, Ciudad Oxxo, perdón, “Oxxo City”

martes, abril 07, 2009

De Microtendencias, de Tejer Chambritas, de Dormir Menos, de Tendencias Micro, pues.


Unos rezan a Dios, otros sacrifican animales, otros toman su pata de conejo y otros hacemos todo lo anterior y también leemos, con el mismo objetivo y obteniendo el mismo resultado, libros de tendencias.

¿Para qué?

Para saber del futuro y poder atisbar qué es lo que viene, de qué tamaño y sobre todo si lo podremos aprovechar. Bueno, para otras cosas. Sobre todo para que el destino se decante hacia nosotros, su humilde servidor y compañía.

Pero como el futuro es medio complicado de saber, y como Dios no da claras trazas de escucharnos, menos de apoyarnos (afuera no tengo ni los Ferrari, ni los Porsches, ni los Chevy siquiera, caramba), los animales son caros y eso de sacarle sus entrañas se me dificulta y no ha salido el libro de Dummies correspondiente para que me explique los atajos para llegarle a los entresijos sin mancharme de conejitos, palomitas y cabritas y cabritos, así las cosas sólo queda leer libros de tendencias a ver que viene en el futuro oscuro por venir.

Microtrends, de Mark J. Penn, de 2007, es algo así como la antítesis de Megatrends, Megatendencias, el libro que escribió en 1982 el futurista John Naisbitt al respecto de cómo las Diez Nuevas Direcciones de Cambiar Nuestras Vidas o sea las tendencias globales que había descubierto, iban a cambiar la faz de la Tierra. Puede que no la hayan cambiado del todo en sí pero al menos hicieron un buen ruido. (Luego en 1999 vi en persona a Naisbitt en una conferencia y me autografió su libro de Megatrends 2000.)

(Por otra parte, en una presentación con un alto jerarca regional de un alto partido político de ideas un tanto no tan modernas, se me ocurrió mencionar en los slides la tendencia que saqué de Megatendencias y en la cual creo, la de “High Tech-High Touch”, de la que el Iphone es el sumo representante, y al hacerlo sólo conseguí ruido de grillitos y miradas incómodas de unos a otros de entre los presentes, de hecho, fue la junta de presentación más tarde que he hecho en mi vida, las 3:20 AM, hará ya tres años. Ignorantes. Yo sobre todos. Quien me manda no conocer de antemano a mi público. )

Microtrends y similares son un poco como esos libros que forman (o tratan de erigirse en) la brújula de nuestros tiempos de confusión en los que todo mundo quiere saber a dónde ir sin sufrir las consecuencias del doloroso aprendizaje que jamás es en cabeza ajena sino en la propia…

El caso es que el mentado libro es muy interesante y asegura que las Microtendencias son las que demuestran que el tamaño sí importa y eso ha de ser porque son ya considerables como para hacerse notar en todo el mundo, sólo hay que saber mirar y como llegarlas a entender.

Un poco como el tema de The Long Tail, o de la Larga Cola que habla de todos aquellos productos que no son tan de Top Ten o Top Hundred más vendidos, y que más bien son de Top Hundred Thousand pero que cuando se acumulan estos en sus valores de demandas tan distendidas también dan la batalla a la hora de que la gente los va pidiendo. Solo es cuestión de tiempo. Y de logística.

Microtrends  para esto trae una serie de temas separados, como si fueran artículos, en los que describe con cierto cuidado y detalle cada una de setenta y cinco microtendencias que cada persona interesada en el futuro debería de tener en cuenta, supongo que colateralmente con las Megatendencias, por supuesto.

De lo que habla el libro es que en una población determinada de un país, ya un uno por ciento de ella es una megamultitud en realidad, pudiendo ser ésta de más de uno o dos o tres millones de personas, y que eso no es nada despreciable para nuestras épocas… Como siempre, el problema es llegar a ellas. A distinguirlas entre la multitud mencionada.

El uno por ciento de México es ya 1.15 millones de habitantes, insisto, nada despreciable población.

Si tan sólo levantaran la mano… sino pregúntenle al Peje cuando hace algo así en el Zócalo en sus asambleas. Él sí sabe de Microtendencias.

Por decir, tenemos en el libro las Microtendencias dedicadas a:

Solteros del Mismo Sexo. Hay más accidentes por testosterona en muchachos que en muchachas, lo que quiere decir que de alguna manera la naturaleza compensa que haya más hombres en proporción al tiempo de nacimiento que mujeres…y con el tiempo además de estar ganando mas ellas sus espacios, por causa de los accidentes y muertes, hay cada vez menos hombres disponibles, lo cual significa buenas noticias para estos, pero malas para ellas… En alguna manera esto se puede observar, sobre todo en la búsqueda de hombres desocupados a ciertas edades más que de otras. Pero en China, habrá más de 40 millones de jóvenes sin tener pareja debido a la regla de su gobierno de limitarse a un solo niño, y como de cierta manera se hacía preferencia a los hombres… ahí tienen las consecuencias.


Mujeres Jaguaras o Cougars. Mujeres mayores que hacen citas con menores que ellas. Tipo Mrs. Robinson, la mujer de la película de El Graduado, de Mike Nichols en la que sale Anne Bancroft con Dustin Hoffman. Las mujeres que tienen la iniciativa para salir o aceptar salir con chicos menores que ellas, a menudo mucho menores, están siendo cada vez más y más.

Romances de Oficina. El 60 por ciento de los empleados en USA han tenido un romance ahí mismo, en ese sagrado templo de dedicación y trabajo que es la oficina. De aquí viene lo de Colegas en Matrimonio o de Parejas Académicas, temas que van también en ascenso.

Parejas de Viaje. Aumento de parejas que viajan lejos entre ellos debido a su trabajo,  tres millones de personas en Estados Unidos viajan hoy para trabajar y se la pasan lejos entre sí de ciudad a ciudad.

Trabajadores Conmutadores Extremos, o sea, los que se trasladan (conmutan) por más de 90 minutos de viaje de su casa a su trabajo… lo cual en México, o al menos en la Ciudad de México y Monterrey, ya eso es una realidad cotidiana (lo cual genera a su vez una fuerza de trabajo considerablemente cansada que se la pasa durmiendo en los transportes hacia su lugar de trabajo con todo y sus consecuencias en sus respectivos rendimientos diarios y domésticos, un tema a ser estudiado). En ciertos casos eso ya no es vivir en los suburbios, que según esto, ya son llamados exurbios  hay personas que hacen 600 kilómetros de ida y vuelta DIARIOS, el record… (Yo hice algo así como menos de la mitad, 240 kilómetros diarios, durante seis meses) Me pregunto, ¿eso será vida? ¿O habrá opciones? Esto se debió más que nada a la gasolina de precio bajo, a los precios altos de los centros de las ciudades, a los deseos de vivir lejos de esos lugares atestados y llenos de tránsito. Quién sabe si esa tendencia se revertirá o se consolidará en estos tiempos tan complejos que vivimos.

Familias Interraciales. Tres millones de matrimonios en USA lo son. Tres millones. Un chorro de gente. Cada vez la gente es mas ciega a la raza, como todos lo vemos con Obama y antes con Tiger Woods y antes con Will Smith y antes con Eddie Murphy y siempre con Michael Jourdan y... Lo de los matrimonios interraciales es pues lo que se podía decir, inevitable de suceder.

Musulmanes Moderados. Pero solo en USA. En todas partes del mundo no son tan moderados y ese es un problema de nuestros tiempos. Entre muchos otros problemas.

Odiadores del Sol. Good Day Sunshine… bye bye al buen padre Sol con sus buenas vibras que se convierten a través de malos malos rayos ultravioleta debido a terribles terribles efectos de calentamiento global en feos feos melanomas en la piel. Quizá con el tiempo, bronceados tipo herederos de fortunas o gente del jet set mexicano conocedores más de Careyes que tú, o motivadores de alta escuela, no se vean ya sanos y saludables, sino a verse con claras u obscuras proclividades a enfermarse. Tal vez, todo puede pasar. La industria del bloqueador, en ascenso. Compren sus acciones. O sus raciones. 100+.

30-Winkers. Los que duermen menos cada vez midiendo en horas diarias dedicadas al sueño… los que duermen menos porque se pasan el tiempo trasladándose más, cosas así, o el argumento aquél de “dormir menos para vivir más”, que yo lo traigo como bandera. Sí: si duermo en lugar de una tercera parte de mi día (ocho horas al día), una cuarta parte (seis horas diarias), ya gané una doceava parte de consciencia (o sea, dos), de vigilia, de tiempo para hacer mil cosas. Dos horas más robadas al día. Así que si viviré por decir 30 años más (recemos), en lugar de pasar dormido 10 años (la tercera parte), sólo pasaría dormido 7 años y medio (la cuarta). Y ganaría así 2 y medio años despierto para hacer mil cosas que tengo pendientes. ¿Será? ¿Se podrá? Sepa. Ya les contaré.

Elites Impresionables, o ¿quién es quien piensa qué? Los más educados se van por carácter, afirma el libro, según datos obtenidos, más que por plataforma a la hora de elegir candidato…  los más educados son los que escriben, opinan, salen en los medios. Que si les cae bien o mal el candidato o candidata, así es como se guían en sus preferencias, más viscerales los muchachitos y muchachitas. Pero la masa es al revés, es más analítica, supuestamente. Ya lo veremos en estas elecciones en México, próximamente.

Otra microtendencia, la de los votantes que hacen ganar la elección, los Votantes Bisagra, que siguen siendo importantes y difíciles de encontrar o de seducir. Y todo mundo con tanta cosa se cree gurú que pudiere repetir el ejemplo de Obama (el “se los dije, goddamit”, ajá, como no) y su uso heterodoxo de los nuevos medios de comunicación. Como si con transmitir mensajes políticos en los celulares en una plaza comercial con Bluethooth pudieras convencerme de votar por tal o por cual. Me llegaron dos el otro día y de plano me irritó. Y sí, esas multitudes “bisagras” son las que vuelcan las elecciones de manera inesperada más que con el que dicen que es el “voto duro”, del que presumen los conocer comentaristas que supuestamente saben del tema. Y como quiera les pagan, aunque pierdan. Godddamit.

Militantes Ilegales. Son los que salieron a la calle a protestar por lo de las reformas migratorias y por el apriete de Migración hace dos años a las calles de cientos de ciudades en USA sin que les diera miedo la luz del sol y de las autoridades. Bien por ellos. ¿Tendrán resultado? Sepa. Ya veremos. Pero ya están saliendo.

Tejedores Jóvenes. 20 millones de americanos andan tejiendo sus chambritas, y eso sí que no lo entiendo. No. No. No. No. Y no.

Francotiradores Aspirantes.  Hay una frase de esta gente adoradora de armas que es de lo más… ¿qué? Signo de nuestros tiempos: “Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas a las que no puedo disparar, el coraje para dispararle a las cosas que sí puedo, y la sabiduría para esconder los cuerpos…”. En una encuesta reciente a chavos de entre 16 y 26 años en California, al preguntarles que harán en los próximos diez años, entre los respondientes un 12% dice que se casaran, otro 12% que estarán en una universidad, un 37% trabajando, y 1% dice, muy tiernamente, que será francotirador... Sí, de esos de mirilla y retícula y bang preciso. Como cambian los tiempos, caramba.

Locos por la Cafeína. Agua embotellada, o sea, agua simple de la llave glamourizada (qué gran negocio, agua sola, agua sola de la llave que te la venden, sí, te la venden, y sí, la compras, oh sí),  Starbucks y la starbuckización del mundo (otro no-sé-qué-tan-duradero gran negocio), las dosis de las bebidas ultracafeinadas, para darnos una idea: una Coca Cola bien fría de 355 ml tiene 34 mg de cafeína, y un Red Bull tiene 120 mg. Todo en ascenso para permanecer despiertos. ¿Para poder dormir menos?

Mi microtendencia favorita: los Long Attention Spanners.  Sorprendente el ascenso de páginas de 385 a 485 en el promedio del libros bestseller aparecidos en tan sólo diez años, del 1994 al 2004, esto es de pensarse bien y analizar (son buenas noticias para mí, mis dos novelas rondan las 500 páginas, en dos años estaré de moda, yesssss!). La gente quiere leer más y más, al parecer. El libro último de Harry Potter supera las 700 páginas, ¿no? Tal vez no todo está perdido y lo de echarle la culpa al Síndrome de Déficit de Atención por los problemas de nuestro tiempo, por ello, por tener que dedicarles menos ídem a todo lo importante, relevante y significativo de la vida, con resultados a ojos vistos desde tener necesidades de satisfactores inmediatos y gratificantes intensos reflejados como por decir en videos más rápidos en cuanto a edición se refiere, a comerciales más intensos, a películas de acción y programas de televisión siempre en movimiento, cosas así, pero no, al contrario, esta microtendencia muestra una atención que va en aumento. ¿Qué les estaba diciendo? Ah, sí. Tal vez la gente quiere algo más de diversión y entretenimiento por su libro. O por su dinero. O al menos que le dure el placer.

Millonarios que Viven por Debajo de sus Medios: Hay seis tipos de millonarios, eso no lo sabía. Tienen su propia clasificación y su ejemplo. 1.- Los Maestros del Acuerdo o Trato,  ejemplo Gordon Gekko (11% del total). 2.- Los Altruistas, ejemplo Bruce Wayne (17% del total). 3.- Los Triunfadores en Secreto, ejemplo Charles Foster Kane (17% del total).  4.- Los Perseguidores de Estatus, Scarlett O’Hara (18% del total). 5.- Los Ahorradores Satisfechos, ejemplo Oliver Wendell Douglas, el de Green Acres o Granjero Último Modelo (sí, referencia de televisión obscura para menores de 45 años), (24% del total). 6.- Los Herederos Indiferentes, ejemplo Arthur, el Millonario Seductor, (13% del total). Y que realmente viven como nosotros, trayendo carros baratos, para que la gente no sepa eso, que son millonarios. Como Hugo Reyes, Hurley, de Lost (¿lo vieron ayer?? Wow.)

Bancarrota Como un Estilo de Vida, o como estrategia inteligente. Cada vez más americanos se rinden a la bancarrota sin que se sientan avergonzados. Ahora es una herramienta de progreso más que una mancha en el expediente. Cada vez la gente lo aplaude más. Increíble, ¿no? Cuando todo falle, bancarrota, no suena mal. Cuando todo falle… se me ocurre algo…

La microtendencia de la atracción de trabajar en un Empleo sin Motivo de Lucro también está en aumento. Es chic. Siempre ha sido chic. Excepto cuando debes de pagar las cuentas. Al menos en México y cuando no perteneces a la clase ejecutiva.

Tatuajes y más Tatuajes,  uno en tres jóvenes de 21 a 29 años tiene uno. Más de treinta millones de americanos lo tienen… Y pensar que se decía que si tenías uno de ellos no te darían trabajo. Ajá. Ya veremos.

Mujeres que Compran Automóviles. Cada vez mas son mujeres las que toman las decisiones de los carros a comprar y las llantas y los talleres para llevarlos y sus aditivos y sus estereos de sonido y demás. Y la industria que no le pone atención, insisten en hacer publicidad para hombres. Y esto lleva años, no es una microtendencia. Vean el caso de la familia nuclear y su decremento. Y eso no es microtendencia, afirmo.

Música Clásica en Ascenso. Muchos pensarían que va de salida, pero no, las cifras lo atestiguan. Más conciertos, más clases de instrumentos. Qué bien, ¿no?

Junkies de los Números, no de cómo se sacaron, sino de las explicaciones en las series de TV. Eso hace que la gente se sienta más inteligente, ver como el protagonista usa herramientas para llegar a la solución, el problema es ese, que ver un programa así y disfrutarlo no te hace más listo necesariamente. Programas como House, Numb3rs y así por el estilo, llegan a resolver complejos acertijos criminales o médicos como si tú y yo comiéramos manzanas. Si al menos eso lo promovieran en las escuelas, el intelecto, la reflexión, el pensar, el resolver problemas.

Mamitis en Italia. Y en México y en todas partes, los mayores de edad se están quedando en casa de sus padres, digo, pues si me siento tan cómodo aquí, en la casa que me vio crecer, madurar, pues, para qué demonios me voy de mi hogar. ¿Qué es lo que tienen en la cabeza? Y sucederán escenas como: “Mamá, no soporto verte planchar a tu edad, batallando con todo eso, tu espalda doliendo y quejándote en silencio… ¿no podrías irte a otro cuarto a hacerlo?”

Y bueno, así hay muchas más microtendencias. No son estas quizá las más relevantes, pero sí de las más significativas.

Yo por mi parte, buscaré saber que tiene de terapéutico el tejer bufandas, algo debe de tener para que ya sea relevante.

Ahora díganme, ¿no les gustaría dormir menos? Así vivirían más. Leer más libros, ver más películas, mil cosas mil, ¿no?

¿Seguros? Ok, como gusten…

Conste.