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domingo, enero 29, 2012

Anecdotario de una Vida Inútil, pero Divertida, por Fulana de Tal (remembranza Parte II)


Siguiendo pues, lo de su libro de Anecdotario de una Vida Inútil... pero Divertida, llega un punto que alguien le dice a Fulana dentro de su narración que “¿por qué no cuenta su o sus historias de tal manera que lo que le ha pasado en la vida, le sirva a la gente”?

Y no dudo que algo similar a eso se han de haber dicho miles de personas a otras miles de personas que al oír extrañas historias, complicadas historias, misteriosas historias, divertidas historias.

Pero pocos, muy pocos hacen caso acerca del escribirlo, y no dudo que el mundo lo agradezca, pero en un grupo muy pequeño de personas sí surge una necesidad más allá de comentarlo.

(A mi me ha pasado mucho que la gente se me acerca y me dice, “eso no es nada, si quieres te puedo contar mi historia para que hagas una novela, porque mi vida sí parece de novela, y si te haces millonario, nos dividimos las regalías, ¿cómo ves?” Me lo cuentan como si fuera la más fascinante oferta que he oído en mi vida… y siempre me les quedo viendo y pensando ¿qué se les puede contestar? “A la siguiente, ¿qué te parece?” Se quedan contentos.)

Así fue como la persona detrás del seudónimo Fulana de Tal, decidió llevar a la práctica tal consejo, y si lo vemos fríamente, ella hizo lo que mucha gente no ha hecho, ni hará, escribió su libro, lo imprimió y lo vendió.

¿Cómo lo hizo? Bueno, creo que jamás lo hubiera yo sabido si ella misma no lo hubiera explicado claramente (creo) en los últimos capítulos de su libro.


Todo comenzó como dije, con el tema de que se puso a escribir su libro a máquina como ella creyó que debía ser. Al final ya que lo tenía, se le ocurrió que debía imprimirse en alguna editorial y fue así como…
…a través de desventuras, aventuras y milagros no sólo consiguió imprimirlo, sino que consiguió que el primer actor de entonces, Augusto Benedico, le escribiera una recomendación que viene en la parte de atrás del volumen, pero lo más extraordinario para la época, para todas las épocas, fue que consiguió que el mismo Jacobo Zabludowsky, a través de, al parecer, encuentros fortuitos, consiguiera que se lo leyera,  y no sólo eso, sino que lo recomendara a todo México por televisión, y aún más, que la entrevistara por la misma, oculta y todo.

Yo creo que esto equivale en estos días de audiencia hiperfraccionada, pulverizada y fuera de sincronía, a que te entreviste López Dóriga, Loret de Mola, Carmen Aristegui, Javiér Solórzano, Dennise Maerker, Yuriria Sierra y Sergio Sarmiento, ya no el mismo día, pero sí la misma semana.

Tan poderoso, enfocado, concentrado, amplio era el poder de la influencia ejercida sobre sus televidentes del señor Jacobo Zabludowsky.

Por cierto, esto es lo que escribió Benedico:


     "Escrito con una cautivante espontaneidad, sin ningún propósito de hacer "literatura", "ANECDOTARIO DE UNA VIDA INUTIL... PERO DIVERTIDA"  es un libro sorprendente en le que una mujer, una joven de hoy, de este instante, con aparente frivolidad y desenfado, pero, en el fondo, con una profunda visión crítica y agudo y certero humorismo al hablarnos de su vida, en realidad, nos hace el análisis despiadado de un medio, de un ambiente familiar y burocrático, en el que viven, sufren y gozan millares y millares de muchachas de nuestra clase media que trabajan,

FULANA DE TAL,  autora y progatonista (sic) de este libro valiente y apasionante, se nos descubre en sus páginas como una mujer excepcional que, como escritora, también va camino de serlo."

AUGUSTO BENEDICO.



Así, de esa forma tan fortuita, sucedió lo increíble, apareció un bestseller de la noche a la mañana que al menos en la 4ta edición se hicieron 15,000 ejemplares más sobrantes para reposición… así de sencillo, así de complicado.

Para dar una idea de cuantos son 15,000 ejemplares, bueno, sólo hay que contrastar que en estos días, un libro se considera editado sólo con 1,000 ejemplares, y después, a esperar que se venda para imprimir otras 1,000 y así. Puede tardarse meses. Si vendes 3,000 tu libro es considerado un bestseller.

Y la Fulana vendió y vendió, no sé cuantos, esto de los libros vendidos por alguien es muy difícil, más a la distancia, pero podría ser un buen cálculo decir desde 40,000 hasta, ¿por qué no? sus buenos 60,000 unidades.

Y lo hizo sin editorial. Sólo con el impresor. Claro, eso debió bastar para ser notable y el hecho que no encuentre yo algo en internet que la muestre a ella como autora relativamente importante, como por ejemplo en uno de los libros de sucesos más representativos que se conozca sobre México y sus últimos 75 años de historia, pues como el de José Agustín, Tragicomedia Mexicana 2, que cuando le dedica espacio a la cultura popular, a las artes populares, a los personajes incluso marginales, al menos una palabra o comentario, muestra el desprecio, o al menos indiferencia, al no mencionar siquiera la notable ocurrencia de la señora Fulana de Tal.

Eso es lo que me parece.

Así las cosas, pues, no me queda más que remediar un poco eso y hacer mención del libro en estas líneas, aquí en Internet, como muestra pequeña de lo que pasó en esos años con este libro de Anecdotario, etc.

¿Qué pasó con Fulana? ¿Se hizo millonaria? ¿Sacó muchos libros más?


No, no fue así, supongo. Lo del dinero ni idea, lo de sacar otros libros pues... sólo supe de dos, el de M.S.O. o “Mientras Sale Otro”, que un día lo podremos leer en Internet, si la Universidad de Texas y Google Books así lo deciden, mientras les comento que también se puede conseguir en lugares de libros de segunda mano.

¿Vale la pena leerlo, ese su segundo libro? No lo sé. Dicen que no fue tan bueno, quizá era repetición del otro, con los mismos garrafales errores, quizá ya no cayó tan simpática, quizá el público esperaba otra cosa, pero en honor a la verdad, creo que se puede leer posiblemente sólo para completar lo que escribió la señora. Sólo for the sake of it.


Luego, investigando un poquito más, en 1991 sacó otro libro llamado Santihago Polvo... no tengo ningún dato de él, por Internet hay varias personas que hacen referencia del mismo mencionándolo como libro favorito, pero no agregan nada más.

¿Qué sucedió entonces con ella?

Al parecer ya murió, no sé de qué, ni de qué edad, ni cuándo, sólo sé que murió, ¿cómo lo sé con cierta seguridad? Pues… por dos o tres pistas que he leído por ahí. Ahora tendría alrededor de 60-65 años, posiblemente...

Si alguien quiere saber el dato exacto no tiene más que seguir el hilo de lo que se puede deducir a lo ya visto. Repito, está al alcance de todos.

¿Por qué no lo hago yo mismo?

Porque le tengo respeto a Fulana.

Porque me gustó su libro, y de hecho este escrito es un homenaje a ella.

Porque se atrevió a escribir y más que eso, se atrevió a publicar algo así, imperfecto, lleno de errores de ortografía y demás, pero honorable, un esfuerzo siempre, a mi parecer, honesto, de querer mostrar su mundo, su entorno, su ser, su humanidad, y de paso, su mexicanidad, que sin ser Octavio Paz, o sin ser Rosario Castellanos (hey, ¿qué quieren?), también ella es mexicana y sabía lo que era ser parte de ese México setentero que ya va cumpliendo los 40 años y que sigue siendo incomprensible, así como lo vemos en la tv, o en los documentales, o en los libros de historia en los cuales se desliza y que nosotros mismos sin poder creerlo nos contenemos apenas de decir, sí, también vivimos en esos años.

Porque ella quiso ser anónima por temor a su entorno y a las posibles consecuencias, idea un poco fuera de lugar en estos tiempos de Wikileaks y de grabaciones privadas expuestas, Internet, ley S.O.P.A. y tanta y tanta cosa.

Se quedará anónima. A nadie le interesará saber quién era ella, nadie pide su foto, nadie clama por su identidad.

Su libro, todos sus lectores están conscientes, fue sólo eso, quizá un accidente en el ámbito de libros de esos años, un anecdotario de una vida inútil, pero divertida… que cumplió con sus lectores, que cumplió con su momento, que cumplió con ella misma…

¿Qué más se puede pedir?

Fulana de Tal, un saludo, donde quiera que estés…



Y este es el video que hice al respecto... por si quieren verlo...






***

  

Por cierto, aprovechando el viaje,  si quieres conocer de mis libros, estos están en --->  Amazon... <---







domingo, mayo 10, 2009

Monterrey, Ciudad Supersiete, perdón, “Seven-Eleven City”


Según mi Simpsonpedia doméstica que tengo en forma de hijo de 14 años (15-to-be, más bien), en la temporada 9 de los Simpsons en el capítulo titulado Simpsons Tide, hay una primera escena en donde se ve a Bart queriendose poner un pendiente de brillante en su oreja, por la moda.  

Bart busca un lugar para ello y entra a un centro comercial de Springfield, al entrar vemos los pasillos de dicho centro ¡totalmente lleno de Starbucks, en todos los establecimientos, en cada uno de ellos! Starbucks, Starbucks, Starbucks por todas partes.

De pronto resalta un lugar vacío en medio de todo el color verde imperante con un letrero que dice: “Próximamente Starbucks”. Luego que Bart llega al lugar donde se va a poner el pendiente, el encargado de la tienda le dice que se apresure, porque el lugar se va a convertir en un Starbucks en unos minutos más.

Sale Bart de la tienda con un pendiente, contento y satisfecho y con un vaso de café. La última imagen de la escena es del centro comercial lleno ya totalmente de Starbucks.

Para esto, este artículo no tiene nada que ver con Starbucks, de eso ya escribí cuando hablé de Naomi Klein y su libro antimercado de NO LOGO hace un par de años.

Ni hablaré de los Simpsons que es como hablar de la Comedia Humana. Escribí de ellos por allá de 1992. Tan autorreferenciales se han vuelto.

No, más bien escribiré de Monterrey. Hablaré de los Supersietes y de las tiendas de conveniencia en Monterrey. No es exactamente sobre urbanismo, o de los procesos económicos que mueven a estas tiendas. Más bien hablaré de ese sentir de la identidad urbana de la homologación in extremis.

Bueno, lo que pasa es que por motivos de trabajo he estado últimamente en la ciudad de Monterrey casi todas las semanas de este año y ya me siento en perspectiva regia-no regia, de cierta manera.

Siempre me he identificado con los Supersietes. No Seven-Eleven’s. Para cierta edad, y cierta geografía los llamamos siempre Supersietes. No es para menos que me identifique, viví varios veranos a su sombra. Literalmente.

Un verano de nuestro descontento, sin nada, absolutamente nada que hacer, ahí estuvimos en la indolencia del calor, de los días del verano probablemente de 1979, entre prepa y carrera, o quizá de 1978, entre la prepa y prepa.

Este Supersiete en particular, estaba, está, en Paseo de los Leones casi esquina con Enrique C. Livas, colonia Cumbres primer sector, cerca de Vista Hermosa, cerca de Leones. Pero lo que muchos no se acuerdan es que lo movieron, literalmente casi, una decena de metros hacia más allacito porque pusieron una gasolinera en ese lugar tan estratégico en donde se encontraba.

Ese lugar para esto es privilegiado de cierta manera con una vista hacia abajo podríamos decirle especial. Okey, no taaan especial, pero especial a fin de cuentas.

Esos viejos Supersietes eran cuatro solamente en toda la ciudad en esos años de 1978-1979, uno en Cumbres, otro en Garza Sada (antes llamada Av. Tecnológico), otro en Gómez Morín (antes llamada Av, Chipinque), lugar estratégico para comprar lo que necesitabas antes de echarte la subida a la Meseta caminando, como se debía, claro, y otro más no recuerdo donde.

Eran similares en su diseño exterior, tenían arcos blancos de ladrillos rojos en sus columnas cubriendo con su techo los pisos frescos, creando un pasillo que otorgaba una sombra protectora que en una ciudad con un calor ambiental promedio de treinta y ocho grados era esencial, importante, básico, primordial… para nosotros que estábamos sin espacios a donde ir.

Y ahí estábamos Isaac, Jaime, Martín y yo de vez en vez, sentados en ese piso a la sombra del Supersiete, esperando a que dieran las cinco de la tarde, para ver a donde iríamos, viendo escurrir el verano por nuestra frente, en cada gota de agua condensándose en la pared de vidrio de la coca-cola, con el famoso Valiant 1970 primero celeste, luego plateado, que el papá de Isaac le había transferido hacía un año solamente (y que por fin Isaac ya había aceptado sacarlo de su entrañable y segura y confortable colonia del Valle, a más de 8 kilómetros de distancia).


No vengo mucho al caso, pero recuerdo una de esas tardes de verano el ver llegar hacia el Supersiete de nosotros una cortina de agua, negra, gloriosa, amenazante, en una bienvenida y repentina tormenta de verano. Bajó la temperatura unos 10 grados en menos de 10 minutos.

Otras ocasiones era nuestro punto de referencia para ir a comprar lo que quisiéramos a la hora que fuera, eliminando las eternas restricciones, lugar hospitalario por mucho. Ahora eso será más que normal, pero no en 1978, no señor.

Bueno, el punto de esta diatriba-texto-reminiscencia, son los Supersietes. Eran cuatro en ese año, mencioné. Al menos en Monterrey. No sé si habría en otras partes del país. Lo que sí sé es que, a partir de un punto, su compañía madre, los de una megacomercializadora de abarrotes llamada Casa Chapa, que habían tenido esa franquicia, la levantaron de manera espectacular. Empezaron a aparecer Supersietes poco a poco por todas partes como sapitos en jardín recién llovido.

El nuestro de Cumbres fue derrumbado prontamente por eso de la gasolinera, y eliminaron en el proceso el pasillo techado y los arcos. Nadie se podría quedar ahí tirado a la espera de que llegasen las chicas guapas a comprar lo que quisieran comprar, como hacíamos nosotros. Se convirtió de pronto en una tienda de conveniencia, sólo eso. Nada significativo, sólo un lugar donde comprabas tu periódico, tu refresco, tu lo-que- fuera-urgente-o-necesario o de antojo o de urgencia o de lo que fuese. Ya no fue hospitalario nunca jamás.

Así las cosas, no conozco muchos Seven-Elevens de los Estados Unidos, ni su esencia ni nada, ni su identidad, sólo son eso, tiendas que están por todas partes en USA.

Y bueno, también tenía que hablar de los Oxxos, su historia me es algo más ajena que los Supersietes, salidos de FEMSA, otro consorcio que se da por esos lares de Monterrey, y que fabrican la cerveza Cuauhtémoc y que por cierto se encargan de fabricar la Coca Cola en muchas partes de México y Latinoamerica, creo, excepto, casualmente en Monterrey mismo, ciudad en donde la franquicia impera a causa de los máximos consumidores de tal refresco per capita en el mundo, no es dato comprobable así como así, pero es lo que he leído por ahí…


Y Oxxo, bueno, no es significativo para mí, pero por decir, para mi hermano Lauro sí lo es, o lo era, la memoria de la gente no es lo mismo, ya que él se juntaba en el Oxxo de Vista Hermosa (suponiendo que en esos años, principios de los 80’s, sólo había un Oxxo en esa colonia). 

Las frases de Lauro eran “nos vemos en el Oxxo”, “ahí estuvimos en el Oxxo”, y sobre todo la famosa: “corrimos todos del Oxxo, pero la patrulla nos alcanzó y agarró”. 

(Ya corregí, ya puse su nombre).

Sus días inolvidables también.

¿Y a que viene esto? A que andando por Monterrey tuve epifanía repentina, aprovechando mi despego de la ciudad por años, que algo se les ocurrió a los de FEMSA y a los de Chapa. Se quieren quedar con la ciudad. Poco a poco y sin que nos demos cuenta. 

En  la quietud. 

Hay cuadras que tienen un Supersiete en una esquina y que sí sigues la banqueta sin bajarte de la calle rodeando la misma cuadra te encuentras con otro en la esquina equidistante. Y enfrente de ella, un Oxxo, desafiante, y en la otra calle uno más para el refuerzo de esta guerra silenciosa, como de árboles rivales que quieren su espacio para sus raíces y ramas. 

Buscando su pedacito de sol. 

En un lugarcito de dos por dos, allá, detrás del humo del camión, otro Oxxo por si no se veía. Y así cambia el panorama urbano. Lentamente, esa dispersión del centro de Monterrey, del viejo Monterrey en mutación urbana, pero no sé hacia donde, hacia mejor o peor.

Dejando un lado mi pasado. Mirando hoy esa dispersión urbana, de cemento, de cables, de pavimento, de casas, de gente de todas partes, esperando su camión, taxi, conviviendo con el calor aterrador, reverberante, entrando a esos oasis públicos con aire acondicionado, comprando su bebida, su tentempié, su antojo. Pienso, sí, cumplen su función de manera perfecta. Inevitablemente. Nadie se los puede quitar.

¿Pero cuanto es suficiente? Si fuera yo empresa, los más puntos que se pudieran. Vería la tasa o índices de sustentabilidad (o como se diga) de una tienda de estas en una zona poblada determinada (o como se diga). Quizá pensaría como los Starbucks del ejemplo inicial, llenar todas las cuadras de Oxxos y Supersietes, porque ahí está la guerra entre ellos… y hay que conseguir clientes. Y hay que vender.

Porque supongo que hay una guerra entre ambos y que no se han puesto de acuerdo sobre en qué áreas meterse y en cuales no, como dice esta semana la Comisión de Federal de Competencias que sucedió entre las cementeras más importantes del país,  Cemex, Apasco, Cruz Azul y Moctezuma, que se habían puesto de acuerdo DESDE 1982,  para dividirse el país, en zonas, los clientes, para acordar precios, o aumentarlos de tal manera que prácticamente se convertieron en monopolios operantes, teniendo cautivos a todos los usuarios de cemento del país, y llegando a la parte ésta precisamente de usuarios, de los que construyen sus casas de cemento, y por extensión a todos los mexicanos que  usaron cemento y que han usado y que lo están usando desde hace 27 años, y aquí incluyo a los que compraron casas de fraccionamiento que sencillamente pagaron el precio total de estas, lo cual ha de haber tenido un buen impacto en sus finanzas familiares y por supuesto, en las finanzas de estas corporaciones respectivas. A través de 27 años, y contando. ¿Y si sumáramos las cantidades de todos de un lado y las del otro, en qué se hubiera usado todo ese dinero que estas cementeras le quitaron a sus clientes cautivos indirectos o directos? ¿Lo podrían calcular? 

En fin.

Un negocio un tanto asimétrico creo yo.

Volviendo al tema, el caso de las tiendas de conveniencia es también un caso de bienes raíces y de localización. Supongo que tiene que ver con cuestiones de reconocimiento de patrones de circulación de personas, ya sea a pie o en las calles claves con respecto al tráfico, o al tránsito, como recientemente me corrigieron de manera un tanto amable, para aumentar la ganancia poniendo al alcance de los transeúntes los productos mínimos necesarios para su conveniencia.

Eso conlleva a aumentar los precios de cierta manera un tanto inquietante, hasta de un 40% de precio más que el mismo producto en un supermercado. Pero de alguna manera esos productos se siguen vendiendo, ¿no? Porque ese 40% extra es lo que cuesta nuestro tiempo para no perderlo estacionandonos en el gran espacio de asfalto del super mart en cuestión que puede estar medianamente lleno, o por la hora fuera de norma a la que queremos ir a satisfacer nuestro antojo. Digo, valorándolo de cierta manera un tanto arbitraria. Eso es el costo de la conveniencia.

Okey, tan básico, tan obvio, que por merito no lo pongo expresado en palabras. Pero si alguien pusiera en un mapa la cantidad de tiendas de conveniencia señaladas en una zona determinada, ¿cómo se verían estas? ¿Cientos? ¿Cuál es el número conveniente de estas? ¿Eso existe? O mientras haya una población de clientes “cautivos” y de “ocasión”, es decir, en base a sus índices recomendables de densidad, o en base a sus ventas por metro de anaquel, éstas serán productivas, supongo, si no fuese así, se borran del mapa, y se cierran y de inmediato se pondrían a buscar otros puntos de venta relevantes y atractivos, pues. Esa es la manera de hacer esas cosas.

Y si el análisis de esos puntos atractivos concluyen que haya cinco Oxxos en una cuadra  contra tres Supersietes, bueno, es la ley de la oferta y de la demanda, y si acaban con las tienditas misceláneas o con las tiendas de abarrotes, ni modo, no fue a propósito, pero… que triste, ¿no? 

Homogeneización urbana total.

Pero de tristeza nadie vive y nadie muere más que los amantes y los que pierden cosas valiosas a su parecer. No que de pronto se encuentre un Oxxo y luego un Supersiete, luego un Starbucks y otro Supersiete y un equivalente y una tienda de ropa TTL de Jeans o como se llame per secula seculorum. Oxxo. Supersiete. Oxxo. Oxxo. Supersiete. Supersiete

Ya no habrá más casas, ni ferreterías ni plomerías, ni papelerías. 

Supersiete. Oxxo. Supersiete.

Ni los edificios respetables podrán abstraerse de ese fenómeno, como Gabriel Contreras acaba de comentar, de manera un tanto en synchronicity, hoy a mediodía, respecto al edificio del Círculo Mercantil con su Oxxo enquistado a cuestas como tumor salido de su vientre. Sin que el INAH haya podido hacer nada, y sin que FEMSA haya dicho, de manera un tanto “city friendly” (algo improbable a estas alturas, tal vez) “un Oxxo más, un Oxxo menos, qué más da”. No, el Oxxo se quedó ahí porque FEMSA podía y de seguro será tan importante para sus cifras finales en su Reporte Anual para los accionistas y para la Bolsa Mexicana de Valores el tenerlo ahí.

Como lo puse claramente en un blog mío antes de que este existiera

“¿Quién es la Shawnee Land and Cattle Company?”, pregunta Muley, un vecino de los Joads, que se rehusan a vender. “No es nadie”, le responde un agente de bienes raíces. “Es una compañía...”. 

Viñas de Ira, John Steinbeck, 1936…

Y en Monterrey la Ciudad Supersiete, el calor seguirá imperando y reverberando y el antojo y la necesidad seguirán emergiendo y los cuadros urbanos llenos de sus logos reconocibles para especialmente niños pequeños seguirán resplandeciendo y nadie dirá nada, nunca. 

Oxxo. Supersiete. Supersiete. Oxxo.

Y un gran etcétera porque luego Google me castiga si uso demasiadas veces una misma palabra en particular demasiadas veces en mi blog. Y ni modo.

Oxxo.

Supersiete.

Y sólo eso. 

Siempre.


Nota de 2012, enero 25 del otro dominante: El Norte de Monterrey, N.L.

Dado su rápido crecimiento orgánico, la cadena Oxxo acapara ya el 77 por ciento del mercado de tiendas de conveniencia en el País, muy por arriba del segundo sitio, que ocupa 7-Eleven con el 10 por ciento.




Oxxo77%
7-Eleven10%
Extra9%
Súper K y Súper City4%

Quizá esta entrada se debió llamar "Monterrey, Ciudad Oxxo, perdón, “Oxxo City”

lunes, junio 16, 2008

Por fin, La Venerable Matriz de Interactividad de Wired de 1993!!!!

Uno pensaría que en Internet está lleno, mucho, de muchas cosas, de las generales. O sea, de lo que esperas que haya. En promediazo, en aproximaciones, en lo normal de lo que la gente quiere y requiere.

Santo Google de todas las dudas, no te acabes.

Y no es así. Quizá es un reflejo de mi propio prejuicio.

Pensándolo bien lo que pasa es que no hay suficientes samaritanos de información para la red. Hay muchos faltantes. Pareciera que uno es demasiado especial de lo que uno realmente NO es por aquello de buscar cosas muy específicas, que no lo eran tanto al principio.

Y es como dicen, “si pones a setecientos monos a escribir a máquina durante setecientos años, alguno escribirá las obras de Shakespeare”. Obvio que esto fue escrito antes de haber PCs, pero la metáfora queda.

(…y me pregunto de donde salen esas ideas o metáforas de monos escribiendo a máquina y alguien cuidándolos y esperando a que sigan escribiendo y que si se dan cuenta cuantos son en realidad setecientos años en tiempo-mono, y cuantas generaciones de monos hay en un siglo para de ahí saber cuanta monería debe de cultivarse y cuidarse y alimentarse y como se les enseñará a tanto mono a escribir con las teclas, y lo de las hojas y porque deberían de ser las obras de Shakespeare y no las de C. Sanchez (¡¡¡Horror!!!) etcétera, sé que es un decir, pero sólo pensemos en ESE decir…)

Me induce a reflexionar en que eso significa que todo existirá, lo que sea, tarde que temprano, en medio del caos más o menos complejo.

O lo que dicen de You Tube, que si alguien escribe aleatoriamente cualquier palabra de 7 consonantes seguidas no tardará en aparecer un video de algún muchacho de Roanoke, Virginia, haciendo una locura y que le dio a su video por nombre esa misma palabra de 7 consonantes seguidas. Casualidad, destino o libre albedrío.

Los monos, los monos.

Pensando en eso me preguntaba yo, ¿donde está en Internet la Matriz Interactiva de Wired?

No que alguien me la haya pedido. No. Nadie. Y yo sí la tengo desde que tengo esa revista, pero la quería ver en alguna parte de Internet. Mínimo en la página de Wired. Y no estaba en la página de Wired,
www.wired.com . No, tampoco sé porque no estaba en la página de Wired. Puede que tenga que ver que los dueños de la revista Wired no son los mismos del website.

Pero debería de estar.

Esa Matriz de Interactividad, o Interactive Matrix es algo muy interesante, la verdad. Tiene que ver con la vivacidad de los medios, es decir, en cómo se calificarían o compararían estos si su realidad mostrada y si fuera valorada en razón de su vivacidad intrínseca.

Irían de lo más bajo a lo más alto en cuanto a sensorialidad. Esto se definiría como esa sensación de que lo que percibes es una realidad envolvente.

Por decir algo el radio en el siglo pasado transmitía radionovelas (lo sigue haciendo, parece, pero no sé de quien ni de nadie que las siga). En Estados Unidos había muchísimas, allá por los 40’s, por decir El Avispón Verde, Supermán (en su serie de radio inventaron la Kriptonita) etc. En México eran El Ojo de Vidrio entre muchas y sobre todo, Kalimán (en un hotel de la ciudad de México, en el Geneve, está en sus libreros ambientales de su mezzanine, entre tanto libro de adorno, dos libros de guiones de Kaliman, originales, a la vista de quien les quiera dar un vistazo).

Y la radio era envolvente, sugería una realidad en la que los personajes, actores con voces moduladas como debía de ser sugerían estados de ánimo y emociones y demás en conjunto con un excelente grupo de técnicos que de manera correcta generaban el ambiente gracias a sus efectos de sonido. Ellos generaban la realidad que envolvía a la audiencia.

En la cúspide de esto no olvidemos la realidad transmitida por radio por la gente del Teatro Mercury en 1938, que tomaron el control de una estación de Nueva York y con un guión basado en la obra de H.G. Wells, La Guerra de los Mundos, causando, ya saben, el pánico total.

Ese grado de envoltura o envolvimiento o como se le llame al hecho de que uno se pueda envolver se basa en lo que la gente, o sea el que está al pendiente esté dispuesto a aceptar que le sucede por ese medio y al mismo tiempo se permite ignorar al menos por un tiempo que es solo un medio.

Pero nos falta el tema de la interactividad.

Cuanta gente no ha querido actuar durante lo que está mirando de manera aparentemente pasiva. Los que gritábamos “¡¡¡SANTO, SANTO, SANTO!!!” cuando se aparecía el enmascarado de plata durante cada una de las tres películas que veíamos en la matinée en Tampico de a tres pesos en cualquiera de los domingos de rutina allá en 1971. O los que LE avisábamos del peligro: “¡¡¡CUIDADO SANTO!!! (Un amigo me contó que en Tucson mirando una película de Rambo, allá en los 80’s, alguien de entre el publico (mas ecuánime, supuestamente) gringo gritó “DON’T TELL THEM NOTHING, RAMBO!!!”.

Eso es querer adentrarse en lo que miramos, como si tuviéramos posibilidad de alterarlo con nuestro solo deseo, aun cuando el resultado final ya está hecho o grabado o transmitido o realizado.

O cuando vemos un partido de futbol repetido y quisiéramos que nuestro equipo no pierda esta vez (loserrrssss!). O cuando vemos tal o cual película en la que queremos que el final no sea así de trágico como sabemos de antemano que lo será…

Este concepto de “realidad presencial” (telepresencia, teleinmersión, términos así) con la que puedes interactuar es materia de escritores en la ciencia ficción desde hace décadas. Y los que lo leen ya hace esas mismas décadas se preguntan con muchísima curiosidad como sería ese ambiente, y de hecho Jaron Lanier, Nicholas Negroponte y otros grandes pioneros han hecho muchas investigaciones al respecto de cómo es eso.

Pero el punto aquí es que en ocasiones uno se pregunta como es ese panorama finalmente. Y de que hablamos al referirnos a medios, a vivacidad, realidad e interactividad.

Me gustó esa imagen, esa matriz. Ahí había varios conocidos, como por ejemplo, el Holodeck de Star Trek, ese fantástico lugar donde la computadora podría cargar un escenario en el cual podría suceder de lo que quisieran los tripulantes e incluso las personas dentro podrían sentir de todo también: aventura, paz, descanso, o incluso violencia.

Ese holodeck, sin dudarlo, era un buen artilugio para los escritores de la serie, y para los fans, un lugar que sirviera de punto de referencia como algo fantástico y digno de conocerse. O incluso de estar dentro.

Y lo más impresionante es que a medida que el programa fue superando el trauma de ser el sucesor del original Star Trek: The Original Series, ganando su justo lugar con sus nuevos fans, estos nuevos fans ya no solo tomaban el holodeck como motivo argumental sino como un santo grial en sí en cuanto a investigación, posibilidades, alcances y cuanto faltaría para llegar hasta tener algo así.

Esa es una de las razones de aparecer tan a la derecha y tan arriba en esa matriz.

Aparecen nombres como el de Martin Hellsig, un tipo que en los 50-60’s intentó poner las sensaciones a la mano, literalmente de los que veían una programación particular.

Obvio en este sentido de temas, tenemos ni mas ni menos que a Gibson, William, que fue el que popularizó el tema de ciberespacio, ese tema vago que define esa realidad que existe en medio de estas teclas y esta pantalla y más allá hasta donde está la pantalla de quién me está leyendo, conceptual y todo, es un espacio en el que dudo mucho se escriba algún día algo en que lo pensemos como definitivo.

Y más allá, a mero arriba a la derecha, se encuentra las Guarderías de Ray Bradbury Bradbury’s Nurseries, que yo ignoré que eran por 14 años, hasta que leí una historia de él el año pasado llamada The Veldt, La Pradera, un cuento que trata acerca de una familia que tiene en su casa un espacio en el que se desenvuelve un ambiente de lo que vendríamos a llamar posteriormente “Realidad Virtual”, pero ésta está en pleno, sobre todo al final, un tanto macabro, como muchos de los cuentos de Bradbury de esos tiempos, allá por los cincuentas.

Pero ese ambiente de tan natural que es más allá que el ciberespacio de Gibson y un más allá que el Holodeck de Star Trek, así que por esa interactividad merece estar en el pináculo de esta Matriz de Interactividad o Interactivity Matrix .

Por cierto que esta matriz que fue realizada en 1993 dice en su texto:

“Lo más interactivo y vivido que un medio particular es, mayor es su sentido de presencia. Sin embargo, si la interactividad (el grado de respuesta a un usuario) y la por decirlo así, vivacidad (el rango de las respuestas) son distinguidas como dimensiones separadas, de ese modo es reveladora ésta gráfica que muestra el rango de cada medio en estos dos ejes. Lo más impactante de este diagrama, su mensaje principal, es lo que yace en el área en blanco. Aquí yace el medio del futuro. Algún día habrá algún día más cosas más vividas que un videotape, pero no más interactivas. Hay también lugar para un medio no más vivido que una fotografía pero algo más interactivo. Esta gráfica fue compilada por Jonathan Steuer, un estudiante graduado de Stanford y consultor de Wired, durante su investigación sobre el potencial de la telepresencia del medio virtual.”

Este párrafo fue publicado en el primer número de Wired, en Febrero-Marzo de 1993.

(Antes de seguir con lo de la Matriz, sólo me queda decir que la revista Wired fue amada y seguida por mí (tal como lo fue la Rolling Stone y la venerable revista Byte), enfocada a lo que era la tecnosfera por donde se le viera, técnica, tecnología y sociedad, anticipando lo que venía en el futuro, analizando lo que estaba ocurriendo en el presente y reflexionando lo que sucedió en el pasado. Sí, lo sigue haciendo, pero como muchas cosas del pasado, ya no es lo misma cosa… ¿o más bien será que quién no es el mismo soy yo?

Interesante posibilidad.

Finalmente la Matriz de Interactividad no mostró algunas cosas. Digo, si los profetas del futuro y los ayatolas de la predicción realmente lo fueran, también serían millonarios, y no, no lo son.

Lo que no se previó tal vez, y hablo del 1993, de lo interactivo y ubicuo que podría ser Internet (todavía no registraba la aparición de los navegadores o browsers que estaban a punto de salir en menos de un año), las consolas de juegos que habría de desarrollarse cada vez más potentes, la revolución del MP3, el comercio en línea, la aparición del HDTV, los nuevos simuladores, la revolución del peer to peer, el ascenso del chat como medio socializador, los juegos como Los Sims, el Warcraft, el Second Life, etc.


Pero de que esta matriz marca un punto de referencia, lo marca.

Alguien un día la podrá expandir y ver si las nuevas tecnologías no son más que repeticiones de las anteriores, solo que más esbeltas, más rápidas, más ubicuas. Si habrá que hacerle adecuaciones, nuevos espacios, desplazamientos, ajustes.

Mientras tanto, ya la tengo aquí en Internet.


Denle click y asómbrense...
























Y si esto no vale la pena, traigan a setecientos monos a ver si en setecientos años pueden llegar a hacer algo así de ponerlo aquí.

¿Que con siete monos? ¿Que en una semana y media?

No, ya no los traigan.

Quedémonos con la duda.



















martes, agosto 07, 2007

Antonioni en las alturas, Parte II: Blow Up, un vistazo, cuarenta años después.



Pero no sólo en los sesentas L’Avventura encuadró Michelangelo Antonioni esa búsqueda existencial del ser humano en su derredor además de dentro de su propio ser interior absoluto, en ocasiones no encontrando a nadie (mismo camino que siguió Ingmar Bergman, búsqueda perpetua que sucedía en los sesentas, y que en las cuatro décadas siguientes ha estado ausente en la inmensa mayoría de lo que es el cine), Blow Up hizo también algo más al respecto.

Según la revista Time, tal vez Bergman le dio más significado y profundidad al cine, pero que es Antonioni quien tuvo más influencia en los cineastas. Bergman, sin menospreciarlo jamás, les dio límites en el abismo interior y exterior de la existencia. Antonioni les dio permiso de hacer cosas más adultas, le quitó lo puritano a Hollywood. Le dio universalidad de temas. Y así fue el cine occidental, adulto en temas y tratamientos hasta que llegó, lástima, los Spielberg y los Lucas que hicieron del cine juguetes de acción para beneplácito de todos nosotros adolescentes.

El cine de Antonioni fue hecho no para ser actuado en forma de teatro filmado, sino para ser admirado como en una pintura, cambiando los tiempos, alterando los ritmos.

¿Qué fue primero? ¿Londres en los Sesentas o los Sesentas en Londres o los Sesentas y luego Londres?

Primero veamos los Sesentas.

De alguna extraña manera la consciencia de una sociedad envuelta en las primeras posibilidades de adquisición de productos de consumo que la tecnología podría entregar daba los primeros visos de lo que vino a conocerse como “el cambio”.

Los transistores, las nuevas telas, el nuevo mundo que ya dejaba por fin atrás los temibles años típicamente ingleses de los cincuentas con sus oscuras razones en lo que a prolongados racionamientos provenientes de los años de la guerra se refiere, dio lugar a una explosión de luz que dio por iluminar los más hasta entonces comunes y sin distinción barrios londinenses.

La posibilidad de consumir era algo tan nuevo que nadie se acostumbraba. Puede que todo parezca estar junto:

El ascenso de la música del Rhythm and Blues, junto con Los Beatles también subiendo inesperadamente como la espuma (y provocando que los conocedores se hicieran la pregunta más clave al respecto de los Fab Four: ¿Porqué ellos? De entre todos, ¿porqué ellos?), las nuevas opciones de rebeldía, la confluencia de la sociedad de consumo y su apremiante necesidad de vender más debido a que las fábricas por fin ya estaban despertando, la sensación de libertad sexual con la aparición de la píldora anticonceptiva, el surgimiento de la minifalda, el ascenso del pelo largo con su respectiva asociación con la música estridente y sus dejos de rebeldía evidentes

(agarren aire con el ex abrupto)

(en el libro de Bill Wyman, Stone Alone, el Rolling Stone que renunció a serlo cuenta como ellos empezaron a imitar el desaliño de sus ídolos marginados del blues y como al poco tiempo sus mismos seguidores comenzaron a imitarlos: me preguntó, ¿serían Los Rolling Stones, como evidentes máximas estrellas de la escena pop del Londres de por entonces [Los Beatles estaban más allá y dejaron de tener contacto directo con la gente a partir de 1966], repito, serían Los Rolling Stones los que iniciaron la moda del pelo largo entre los jóvenes y que luego se extendió por todo el mundo hacia todas las edades a lo largo de la década?),

-con el aumento en el uso de las primeras drogas de amplio consumo, y siendo la misma juventud la principal usufructuaria de todo lo anterior, siendo así como volvieron a grandes sectores de la sociedad inglesa en definitiva en experimentadores en contraste con los siglos conservadores que quedaban ahora hacia su espalda, muy, muy lejos en la memoria.

Naturalmente que tenía que haber un ground zero desde donde se generarían como desprendiéndose de una gran matriz intangible, muchísimas tendencias en cuanto a telas, modas, aditamentos, actitudes y la puerta en la que todo ello se abría era Londres.

Naturalmente Londres.

Cómo también es natural la moda no se quedó ahí, en lo externo y en las apariencias sino en el sentido amplio de expresiones culturales, incluso teatro, incluso literatura, incluso cine.

Londres era el lugar para estar. Así como San Francisco y su cruce de Haight-Ashbury: El más importante place-to-be. Donde las cosas ocurren. Donde las cosas “que valen la pena”, suceden. La ocasión de toda una vida y que mientras los que estuvieron ahí lo recordarán con alegría y nostalgia, si es que estuvieron conscientes, y los que no estuvimos ahí, sólo leeríamos de ello y nos maravillaría a la distancia de pensar qué pudo ser lo que ocurrió ahí y qué no pudo ser traducido a palabras.

Michelangelo Antonioni tampoco se pudo resistir al poder succionador del Londres de ese momento. Tal vez lo estrafalario en aquél instante significó verdadera Libertad e Individualidad por primera vez en toda la humanidad

(sin detenerte a pensar mucho que de cierta manera, cuando sigues esos designios de moda de ropa, colores, drogas y uso de pelo largo, o sea, lo que marca la Moda en sí, tal como los demás en su conjunto por más happening o in que pudieran estar, ya estás atentando contra esos conceptos de Libertad e Individualidad absolutas por aceptar implícitamente los designios de un sector en particular convirtiéndote en uno más igual al otro, o en uno más igual al otro, o en uno más igual al otro, per secula seculorum.)

al menos en la superficie, toda esa percepción de apertura de sentidos fue suficiente para que él se pusiera a realizar su siguiente película en ese ambiente.

Para ello eligió algo de lo más raro posible en esos ambientes de cine europeo, un cuento de Julio Cortázar llamado Las Babas del Diablo. No tengo muchos antecedentes en ese sentido de cuantas obras de literatos latinoamericanos han sido utilizados en un cine de tal significancia como el europeo, sólo me llegan a la memoria Carlos Fuentes, tal vez Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante y el propio Julio Cortazar si es que habiendo vivido éste último más de la mitad de su vida en Europa se podría considerar latinoamericano en esencia, pero finalmente leyéndolo, disfrutándolo y haciéndolo nuestro coincidimos que siempre lo fue.

Las Babas del Diablo es un cuento corto de Julio Cortázar que habla de una situación de lo importante que son las grandes cosas y que a fin de cuentas no lo son. Hay un cadáver en esto. Hay un crimen sin resolver. Hay un testigo que registra ese crimen de manera casual.

A partir de ahí hay una gran preocupación en lo que sucede. Pero a final de cuentas nada importa. A la sociedad no le importa. Al conjunto de nosotros tampoco. Igual que en L’Avventura, hay una gran importante parte del Todo en el que hay una gran Indiferencia hacia lo que se considera aunque sea superficialmente, trascendental, en el primer caso, una persona desaparecida que se diluye en la suma del todo. En el caso de Blow Up, un crimen de alguien que de cierto modo se diluye en la suma también del todo. Entonces, ¿qué nos queda a los seres humanos en medio de lo que le sucede a todos? ¿Dónde queda la base de lo significativo que los seres humanos nos debemos de tener?

El cuento de Cortázar se trata de un traductor-fotógrafo que se llama Roberto Michael y que vive en Páris (¿Dónde más podría vivir?) Un día sale a dar un paseo y toma unas fotos en un parque. Al parecer algo sucede en algunas de las fotos porque una mujer que se da cuenta que fue fotografiada le reclama airadamente acerca del rollo, el fotógrafo se lo niega y se va y luego lo revela, grande grande, como poster y descubre que no había inocencia sino manipulación. La revelación es implacable.

Hasta ahí el cuento de Cortazar.

Antonioni lo usa de punto de partida y de ahí compone, o más bien, espesa la trama llevándola a sus temas, lo hace aparentemente de forma casual pero con precisión. Vanessa Redgrave viene a darle vida a su vida lánguida y entre toda la libertad y libre albedrío, predecible y frívola. Vanessa Redgrave y su crimen aparecido entre fotografías le viene a dar vida a Thomas, el personaje de David Hemmings.



Y este estará tan vivo hasta su disolvencia personal en el parque de nuevo, entre los mimos que juegan tenis y que lo obligan a ser parte del juego de manera intrigante de una pelota que existe sólo en su mente y que aún invisible la vemos todos, la escuchamos todos, la sentimos todos.

Blow Up es una impresionante película por varias cosas:

Una, por su ritmo trepidante que no deja pausas.

Dos, la misma inclusión de David Hemmings en la mejor película de su vida (murió recientemente apareciendo todavía en Juegos de Espías de Tony Scott, en Pandillas de Nueva York de Scorsese y en Gladiador de Ridley Scott).

Tres, en la propuesta de imaginar como oficio de Hemmings el de fotógrafo profesional, de tanta importancia que tuvo esto, que las principales revistas serias de fotografía colocan tal hecho como uno de suma relevancia en la historia de éste arte-técnica tan importante (como lo hizo la revista Life Magazine en el 150 aniversario, en 1986, del desarrollo de la Fotografía), abriendo caminos a incontables aspirantes a fotógrafos profesionales. (Por tanto podemos expresar por extensión que este asunto le pertenece más bien a la iniciativa de Julio Cortázar por haberlo descrito así, con exquisito detalle, en su mencionado cuento de Las Babas del Diablo, que no es otra cosa que el inverso o quizá el anverso de Los Hilos de la Virgen).

Cuatro, Blow Up fue la primera vez en que apareció un desnudo femenino integral frontal abriendo posibilidades impresionantes para el futuro para nosotros eternos adolescentes inmaduros de la Historia.

Cinco, salieron los Yardbirds con Jimmy Page acompañado de Jeff Beck, grupo directo antecesor de Led Zeppelin, en un acto que al final se termina rompiendo la guitarra en pedazos, en un acto que no era original de ellos (ya que le pertenecía a Pete Townshend de The Who), creando con uno de los pedazos una situación entre la multitud al final del evento que siempre despierta gracia.

Seis, el final de Blow Up es maravilloso, sencillamente maravilloso y se queda en nosotros de una manera sencilla tal como el fresco recuerdo de la brizna especial de un día especial de un verano especial en medio de nuestras propias vidas.

Blow Up es otra película con textura. Escenas como la de la compra de la hélice gigantesca hecha de madera que casi huele a resina. La escena del parque donde David Hemmings toma fotografías a lo que le da la gana. La escena de las dos atrevidas y liberadas chicas que querían ser modelos a como de lugar en medio de toda la ropa. La escena del revelado de las fotografías

(confieso que me entusiasma la fotografía y es la parte que más me subyuga, ese proceso lento de ir revelando e imprimiendo, un acto de descubrimiento, y de verdadera revelación, palabra más que afortunada en sí y que siempre me ha impactado)

con sus mágicos movimientos y manejos de luz. El momento preciso de descubrimiento de esa sospechosa mancha que está dentro de la miríada de sombras y claros que forman un insignificante arbusto. La escena del juego de tenis… sí, ese juego de tenis. La sensación de que el mundo gira siempre sin importar los microbios que somos todos en la danza de la existencia. Ausencia. Presencia. Ausencia. Fin.

Blow Up es el retrato casi fiel de su ambiente. Antonioni italiano retrata al Swinging Londres inglés mágico y misterioso de los sesentas. Momento legendario de la década. Leyenda momentánea en la Historia.

Si consideramos que hay en la humanidad lo plausible en circunstancias de guerra, de amor, de lucha, de afecto, de pasiones, de miedos, ternuras, terrores y quereres, lo que muestra Blow Up es plausible, lo que muestra L’Avventura es plausible.

Y en toda la humanidad la indiferencia reina, y sólo lo que me impacta en peor o mayor o mejor o menor grado tiene significado.

Lo demás no existe aunque lo lea, ni aunque lo vea, ni aunque lo sienta, ni aunque me conmueva, ni aunque me quieran convencer que el mundo está afuera de mi propia piel.

La indiferencia. La indiferencia.

Porque se decía que afuera en el espacio, a bordo del Nostromo de Ridley Scott, con el Alien de H. R. Giger acechándote, nadie te oirá gritar.

Y aquí en la Tierra, al parecer, tampoco.