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domingo, enero 29, 2012

Anecdotario de una Vida Inútil, pero Divertida, por Fulana de Tal (remembranza Parte II)


Siguiendo pues, lo de su libro de Anecdotario de una Vida Inútil... pero Divertida, llega un punto que alguien le dice a Fulana dentro de su narración que “¿por qué no cuenta su o sus historias de tal manera que lo que le ha pasado en la vida, le sirva a la gente”?

Y no dudo que algo similar a eso se han de haber dicho miles de personas a otras miles de personas que al oír extrañas historias, complicadas historias, misteriosas historias, divertidas historias.

Pero pocos, muy pocos hacen caso acerca del escribirlo, y no dudo que el mundo lo agradezca, pero en un grupo muy pequeño de personas sí surge una necesidad más allá de comentarlo.

(A mi me ha pasado mucho que la gente se me acerca y me dice, “eso no es nada, si quieres te puedo contar mi historia para que hagas una novela, porque mi vida sí parece de novela, y si te haces millonario, nos dividimos las regalías, ¿cómo ves?” Me lo cuentan como si fuera la más fascinante oferta que he oído en mi vida… y siempre me les quedo viendo y pensando ¿qué se les puede contestar? “A la siguiente, ¿qué te parece?” Se quedan contentos.)

Así fue como la persona detrás del seudónimo Fulana de Tal, decidió llevar a la práctica tal consejo, y si lo vemos fríamente, ella hizo lo que mucha gente no ha hecho, ni hará, escribió su libro, lo imprimió y lo vendió.

¿Cómo lo hizo? Bueno, creo que jamás lo hubiera yo sabido si ella misma no lo hubiera explicado claramente (creo) en los últimos capítulos de su libro.


Todo comenzó como dije, con el tema de que se puso a escribir su libro a máquina como ella creyó que debía ser. Al final ya que lo tenía, se le ocurrió que debía imprimirse en alguna editorial y fue así como…
…a través de desventuras, aventuras y milagros no sólo consiguió imprimirlo, sino que consiguió que el primer actor de entonces, Augusto Benedico, le escribiera una recomendación que viene en la parte de atrás del volumen, pero lo más extraordinario para la época, para todas las épocas, fue que consiguió que el mismo Jacobo Zabludowsky, a través de, al parecer, encuentros fortuitos, consiguiera que se lo leyera,  y no sólo eso, sino que lo recomendara a todo México por televisión, y aún más, que la entrevistara por la misma, oculta y todo.

Yo creo que esto equivale en estos días de audiencia hiperfraccionada, pulverizada y fuera de sincronía, a que te entreviste López Dóriga, Loret de Mola, Carmen Aristegui, Javiér Solórzano, Dennise Maerker, Yuriria Sierra y Sergio Sarmiento, ya no el mismo día, pero sí la misma semana.

Tan poderoso, enfocado, concentrado, amplio era el poder de la influencia ejercida sobre sus televidentes del señor Jacobo Zabludowsky.

Por cierto, esto es lo que escribió Benedico:


     "Escrito con una cautivante espontaneidad, sin ningún propósito de hacer "literatura", "ANECDOTARIO DE UNA VIDA INUTIL... PERO DIVERTIDA"  es un libro sorprendente en le que una mujer, una joven de hoy, de este instante, con aparente frivolidad y desenfado, pero, en el fondo, con una profunda visión crítica y agudo y certero humorismo al hablarnos de su vida, en realidad, nos hace el análisis despiadado de un medio, de un ambiente familiar y burocrático, en el que viven, sufren y gozan millares y millares de muchachas de nuestra clase media que trabajan,

FULANA DE TAL,  autora y progatonista (sic) de este libro valiente y apasionante, se nos descubre en sus páginas como una mujer excepcional que, como escritora, también va camino de serlo."

AUGUSTO BENEDICO.



Así, de esa forma tan fortuita, sucedió lo increíble, apareció un bestseller de la noche a la mañana que al menos en la 4ta edición se hicieron 15,000 ejemplares más sobrantes para reposición… así de sencillo, así de complicado.

Para dar una idea de cuantos son 15,000 ejemplares, bueno, sólo hay que contrastar que en estos días, un libro se considera editado sólo con 1,000 ejemplares, y después, a esperar que se venda para imprimir otras 1,000 y así. Puede tardarse meses. Si vendes 3,000 tu libro es considerado un bestseller.

Y la Fulana vendió y vendió, no sé cuantos, esto de los libros vendidos por alguien es muy difícil, más a la distancia, pero podría ser un buen cálculo decir desde 40,000 hasta, ¿por qué no? sus buenos 60,000 unidades.

Y lo hizo sin editorial. Sólo con el impresor. Claro, eso debió bastar para ser notable y el hecho que no encuentre yo algo en internet que la muestre a ella como autora relativamente importante, como por ejemplo en uno de los libros de sucesos más representativos que se conozca sobre México y sus últimos 75 años de historia, pues como el de José Agustín, Tragicomedia Mexicana 2, que cuando le dedica espacio a la cultura popular, a las artes populares, a los personajes incluso marginales, al menos una palabra o comentario, muestra el desprecio, o al menos indiferencia, al no mencionar siquiera la notable ocurrencia de la señora Fulana de Tal.

Eso es lo que me parece.

Así las cosas, pues, no me queda más que remediar un poco eso y hacer mención del libro en estas líneas, aquí en Internet, como muestra pequeña de lo que pasó en esos años con este libro de Anecdotario, etc.

¿Qué pasó con Fulana? ¿Se hizo millonaria? ¿Sacó muchos libros más?


No, no fue así, supongo. Lo del dinero ni idea, lo de sacar otros libros pues... sólo supe de dos, el de M.S.O. o “Mientras Sale Otro”, que un día lo podremos leer en Internet, si la Universidad de Texas y Google Books así lo deciden, mientras les comento que también se puede conseguir en lugares de libros de segunda mano.

¿Vale la pena leerlo, ese su segundo libro? No lo sé. Dicen que no fue tan bueno, quizá era repetición del otro, con los mismos garrafales errores, quizá ya no cayó tan simpática, quizá el público esperaba otra cosa, pero en honor a la verdad, creo que se puede leer posiblemente sólo para completar lo que escribió la señora. Sólo for the sake of it.


Luego, investigando un poquito más, en 1991 sacó otro libro llamado Santihago Polvo... no tengo ningún dato de él, por Internet hay varias personas que hacen referencia del mismo mencionándolo como libro favorito, pero no agregan nada más.

¿Qué sucedió entonces con ella?

Al parecer ya murió, no sé de qué, ni de qué edad, ni cuándo, sólo sé que murió, ¿cómo lo sé con cierta seguridad? Pues… por dos o tres pistas que he leído por ahí. Ahora tendría alrededor de 60-65 años, posiblemente...

Si alguien quiere saber el dato exacto no tiene más que seguir el hilo de lo que se puede deducir a lo ya visto. Repito, está al alcance de todos.

¿Por qué no lo hago yo mismo?

Porque le tengo respeto a Fulana.

Porque me gustó su libro, y de hecho este escrito es un homenaje a ella.

Porque se atrevió a escribir y más que eso, se atrevió a publicar algo así, imperfecto, lleno de errores de ortografía y demás, pero honorable, un esfuerzo siempre, a mi parecer, honesto, de querer mostrar su mundo, su entorno, su ser, su humanidad, y de paso, su mexicanidad, que sin ser Octavio Paz, o sin ser Rosario Castellanos (hey, ¿qué quieren?), también ella es mexicana y sabía lo que era ser parte de ese México setentero que ya va cumpliendo los 40 años y que sigue siendo incomprensible, así como lo vemos en la tv, o en los documentales, o en los libros de historia en los cuales se desliza y que nosotros mismos sin poder creerlo nos contenemos apenas de decir, sí, también vivimos en esos años.

Porque ella quiso ser anónima por temor a su entorno y a las posibles consecuencias, idea un poco fuera de lugar en estos tiempos de Wikileaks y de grabaciones privadas expuestas, Internet, ley S.O.P.A. y tanta y tanta cosa.

Se quedará anónima. A nadie le interesará saber quién era ella, nadie pide su foto, nadie clama por su identidad.

Su libro, todos sus lectores están conscientes, fue sólo eso, quizá un accidente en el ámbito de libros de esos años, un anecdotario de una vida inútil, pero divertida… que cumplió con sus lectores, que cumplió con su momento, que cumplió con ella misma…

¿Qué más se puede pedir?

Fulana de Tal, un saludo, donde quiera que estés…



Y este es el video que hice al respecto... por si quieren verlo...






***

  

Por cierto, aprovechando el viaje,  si quieres conocer de mis libros, estos están en --->  Amazon... <---







lunes, marzo 14, 2011

Crónica Escolar-Laboral en los Tiempos del Año Cero de la Crisis:

You must remember this:

Estas son dos historias entrelazadas, un poco de la UDEM en tiempos de pre-crisis y un poco sobre mi primer empleo.

Y no tiene moraleja o mensaje claro. Sólo crónica. Avisados están.

Fue el 16 de marzo de 1981 cuando entré a trabajar por primera vez en modo formal. Mi primer trabajo de relacionado con la profesión que estaba estudiando: ICAP, Ingeniería de Producción Administrativa y de Producción.

La carrera estaba en DICNE, o sea, División de Ciencias Naturales y Exactas y a falta de campus todavía muy muy lejano, esta división de la Universidad de Monterrey se encontraba en el Colegio Labastida, cerca de Fátima en la muy rumbosa y ornamentada Colonia del Valle.

En ocasiones nos tocaban clases una o dos durante la mañana, y luego en la tarde de 3:50 PM hasta las 9 o incluso 10 de la noche.

Las clases que llevábamos en ese cuarto semestre eran Ecuaciones Diferenciales, Análisis y Diseño de Sistemas IV, Contabilidad II, algo así como Sociología (o como se llamara), Lenguajes y Técnicas de Depuración, Equipo Periférico, no estoy seguro si llevamos también Estructuras de Información y Sort,  etc. 

O cosas similares.

El Labastida, del que no sé si se ha transformado mucho desde entonces, era un colegio muy sobrio, con colores oscuros por dentro, amplios pasillos donde corría el aire, en el que la UDEM arrendaba toda un ala de dos pisos arriba de un patio llamado cubierto por obvias razones.

Todo el lugar estaba rodeado por arboles, flores y recuerdo que era un lugar muy pacífico, fresco, agradable, ideal para estudiar… excepto a la hora del recreo de las niñas de secundaria, en el que se volvía un pandemónium.

Para ubicar, ¿qué más sucedía en el año de 1981?

La película de moda era El Imperio Contraataca; en ese marzo, un día antes de la entrega de los Oscares, fue balaceado en una banqueta el presidente Ronald Reagan; en mayo se casó Lady Diana con su Príncipe Carlos. El gran Fernando Valenzuela fue novato del año en las Ligas Mayores de Beisbol.

¿Datos económicos?

Refresco a 2.20, Cerveza Carta Blanca, a 4.70, gasolina Nova a 2.80, camión a 3.00, dólar a 24.50, el periódico a 5.00, el cine a 35.00, un VW Sedan a 190,000. El salario mínimo a 190.00. La inflación estuvo a 28.68%  anual. La deuda a 74.8 miles de millones de dólares.

1981 fue el año que más ha crecido México: 8.8% anual. Iba a ser un buen año. Probablemente fue el último, con alguna excepción por ahí.

También en 1981 llegó el Columbia al espacio (se incendiaría al entrar a la atmosfera hace pocos años), en México hubo apagones,¡¡nació el osito Panda!! Nuestro Presidente defendió el peso como un perro, (ajá). México no pasó al Mundial de Futbol de España, máxima vergüenza total y en el Río Santa Catarina hubo un gran concierto de Rigo Tovar.

En ese año el Pac Man empezó a comerse el dinero de la gente en las tiendas de videojuegos llamados por entonces Chispas. MTV apareció en USA.

El cubo Rubik empezó su largo reinado. Intenté armarlo.

Una mañana agradable y fresca de principios de Marzo estábamos reunidos abajo del patio cubierto cuando nos habló Ricardo (los apellidos quedan ocultos para proteger a los inocentes) para decirnos que había trabajo para programadores COBOL en Cigarrera La Moderna.


De los seis qué estuvimos ahí sólo tres asistimos a la cita en la empresa: Magda, Marisa y yo.
Sería un trabajo de medio tiempo, los tres sabíamos COBOL y entramos a trabajar después de las pruebas psicométricas el 16 de Marzo de ese año.

El sueldo era fabuloso, lo recuerdo todavía. Sí, lo era.

Nos enseñaron los rudimentos de trabajar en pantalla en terminales voluminosas de Control Data (de  hecho, con Control Data, todo era voluminoso) que incluso tenían un foquito parpadeante en una tecla.

Nos dieron lugares con escritorio individual en una vieja sala sin ventanas a la que llegábamos por un pasillo oscuro después de subir a una escalera también oscura. Los escritorios eran grises, de esos de oficina burocrática, sin adornos, sin nada sobre ellos, ni teléfono siquiera.

Ahí nos dio Juan, nuestro jefe de entonces, un alto, flaco, con bigote y cachetón, unos bloques con hojas cuadriculadas que eran para hacer líneas de código que luego una chica capturaba  donde salían miles de errores; teníamos citas con el analista de sistemas quien nos daba en un folder azul los diagramas de lo que se buscaba hacer con el programa en cuestión en sus más grandes rasgos, y más hojas con la “lógica del programa” que traía el detalle fino como guía para que el programador no batallase a la hora de hacer el programa.

Sencillo como puede sonar ahora, era complicado. No entendíamos ciertas cosas porque no era lo mismo tratar los archivos de prueba  que hacíamos en nuestras tareas o trabajos en la escuela con tarjetas, que entender que acá había archivos “reales” que hacían las cosas más “de verdad”.

Mi primer programa se llamaba PRO4060 y todavía el nombre me suena interesante.

Llegó mayo y seguíamos trabajando, nos dieron muchas facilidades para los exámenes finales. Fue un ambiente nada hostil para estudiantes programadores medio tiempo.

Ese verano fue ya de tiempo completo.

Fue nuestra primera ocasión en un ambiente laboral real formal e informal, con jerarquías, autoridad, organigrama, bromas, dobles sentidos, juntas, secretarias; el gran jefe, el Ing, García, a quien todo mundo le hacía reverencia (y todo mundo en automático se reía con él); la secre buenísima a la que tú también le hacías reverencia; luego los demás todos, subordinados, sin olvidar al rebelde que siempre decía los últimos chistes, quien traía el sarcasmo y la ironía a todo lo que se pudiera y que desafiaba sin arriesgarse mucho, claro, al orden establecido;  las idas al comedor donde no sabías o entendías porqué la comida era tan barata y tan aburrida, ni porqué todo mundo juntaba las mesas para comer en grupos de hasta 18 personas, o el porqué se nos quedaban viendo las obreras que las había en grandes cantidades todas vistiendo falditas muy rabonas.

Pasábamos el tiempo escuchando un aparato tipo grabadora, pero este era un 8-Track con música de entre otros, Supertramp en vivo. En otra ocasión poníamos cassettes de música de fondo donde los míos dieron tantas vueltas como para recorrer medio Monterrey.

Luego veíamos a los compañeros mayores en como les tocaba trabajar a veces con la consola principal de la Control Data 170, y que a través de certeros comandos manejaban las bibliotecas de archivos que estaban en unidades de disco de no recuerdo cuantos megas tendrían pero que no creo que fueran más de cincuenta por unidad y que tuvieran en la empresa, ¿ocho?, ¿diez unidades de esas?

O sea, posiblemente 500 megas en total. Medio gigabyte. Para toda Cigarrera. Recuerda el dato cuando mires el USB de 2 Gb de tu hijo.

Mmm, el olor a cigarro. Nunca olí jamás tanto a cigarro, y no molestaba, era suave, el que se dejaba reposar. (Nunca fumé y sigo sin fumar).

¿Lo más curioso? Regalaban a todos los empleados cigarros Raleigh (en ese año todavía no podía decir la “r” y decir la frase anterior era un verdadero suplicio), veinte cajetillas cada quincena, pero había gente que cambiaba dos o hasta tres por una de Marlboro.

¿Lo más intrigante? Muy poca gente traía cerillos o encendedor.

¿Lo más extraño? Nos regalaban folletos que afirmaban que el cigarro tal vez no era peligroso para la gente fumadora y que finalmente era un derecho de la libertad de elección del ser humano.

¿Lo más celebrado? Cuando Patty o Juanita llegaban a avisarnos que ya podíamos ir a cobrar. Era genial. Dos veces al mes.

En las tardes después de Cigarrera seguíamos yendo al Labastida, territorio UDEM, donde podíamos seguir siendo estudiantes sin más problemas ni más responsabilidades que pasar con bien todavía dos años más de duras materias. Muchas cosas todavía por aprender.


Casi finales de verano de 1981. En agosto en una clase de Administración al maestro le llamó la atención ciertas opiniones que di. Él era de Vitro, me ofreció trabajo y decliné, quizá porque tenía sólo cuatro meses de trabajar en Cigarrera y pensaba convencido de algún concepto de lealtad debido a que ya nos habían dicho en forma vaga que nos iban a dar un puesto más permanente. En septiembre murió mi abuelo. Utilizábamos la gran Cyber para hacer trabajos finales de la escuela.

Empezamos otro año, en 1982, llegó la Guerra de las Malvinas, fui a la Isla del Padre en vacaciones, llegaron los finales, nos dieron igual facilidades para estudiar. Al volver de los finales no todo fue igual.

Me recortaron de Cigarrera el 12 de mayo de 1982, primer año de la crisis.

Crisis económica en todo el país que ya para entonces era tan evidente como sonoro es un océano enfurecido.

En mis curricula, el nombre de Cigarrera desapareció con los años empujado por otras empresas. Luego la compró BAT hace tiempo.


Aún así, el nombre de Cigarrera La Moderna vive  hoy de nuevo. Ha vuelto a aparecer a causa de LinkedIn al añadir a amigos de por entonces y como esa red social te pregunta en qué empresa fuimos colegas, pues la tienes que añadir, delatando de cierto modo, tu edad.

Las experiencias sirvieron, me dieron ciertas ventajas, profundidades, entendimientos. Lo importante es vivir. Oh, sí.

Jamás pude armar el cubo Rubik.


Pero así que ustedes digan que particularmente eso me hizo mucha falta en la vida, pues no. ¿Ok?

Y ya.

(Y sí, conservo una impresión de ese programa que hicimos en la Cyber, una impresión del 15 de diciembre de 1981... faltaba tanto tiempo para el siglo XXI, teníamos tiempo de sobra para hacer tantas cosas...)




domingo, agosto 31, 2008

Corte Transversal del México de 1965, a 43 años de distancia... Life en Español (Segunda Parte)
















Una vez más, la portada de la revista Life en Español, una que decidía scanear para pues, que el que quiera la conozca... 27 de septiembre de 1965... ni más ni menos... favor de buscar la otra en meses atras, ahorita la encuentro... ah, ya, es http://www.technotitlan.blogspot.com/2008/05/un-numero-casi-completo-de-life-en.html





















Había un sexismo por ahí, evidente y total... sumisión, sometimiento, ¿quién hacía estos comerciales? ¿Serán sólo traducciones tropicalizadas de las modas que salían de la Avenida Madison, N.Y. USA?





















El punto de vista de la Coatlicue, que fue encontrada sepa donde, pero que fue trasladada por las calles de la Cd. De México, sobre todo el Paseo de la Reforma para dejarlo en donde está el Museo de Antropología... y ahi, Haste, la Hora de México, un reloj muy popular por entonces, (¿qué se habrá hecho? ) la coloca en su comercial... eran otros tiempos...





















Aquí se muestran los talentos de los artistas de por entonces, Amalia Hernández y su Ballet Folkclórico, que saldrá más adelante en un anuncio de Ron Bacardi, y el insigne Carlos Chávez.





















Y dos ejemplos más de imágenes interesantes, Agustín Lara, que podría ser denominado Monumento Nacional viviente, en ese tiempo, por cierto ayer escuché la pieza de Solamente Una Vez en una película fuera de lugar, pero no acierto a saber cual... ahorita me acuerdo...

























Esta es una copiadora de las de antes, supongo que las que olían a rayos si estabas cerquita, es marca Apeco, que ignoro en que se convirtió en el paso del tiempo... lo interesante aqui es el punto de como se sacan un numero de copias, con un disco de marcado como los teléfonos. No sé los precios para compararlos con los de ahora... Ah, la modernidad...






















El museo de Antropología, recién estrenado en 1964. Me encanta ese techo. Lo visité en 1980, no he vuelto a ir. Ya es tiempo, ¿no? Algo le han de haber agregado a la fecha...























Esta sí la conocí, creo...























Esos pañalitos eran horrorosos, de nylon... Luego uno se preguntaba, ¿a quién se le ocurría esas cosas? Afortunadamente no recuerdo haberlos usado... pero sin embargo...




















Por un lado León Michel, entonces conocido locutor de TV, que tenía una voz muy característica, profunda y suave, anunciaba Nescafé y Raleigh creo, estaba aquí porque tenía presencia... Camisas Mariscal... Michel, con una espada, y atrás, como era normal, una mujer en actitud de adoración...






















Aquí lo que me llama la atención es que se llama Varon Dandy. Y el símbolo es un sombrero de coppa, unos guantes y un bastón. ¿De quién fue la última fiesta y cuando que se usó esa vestimenta en México? Una vez más, una mujer típica que definía masculinidad y virilidad con una loción que se llamase así. ¿Y la Old Spice?





















Las polémicas jamás se han alejado de México. En 1964 la controversia de los libros de texto obligatorios. Por un lado, la derecha, que afirmaba que se sacrificaba la libertad...























...por otro lado, alguien que representaba la otra opinión, de que se "integraba al mexicano", lo que sí es que esos libros supuestamente te inculcaban el respeto a los mayores, y por decir al analizar esto, se dice que de paso, sutilmente, se lograba que los mexicanitos y mexicanitas, les fuera natural obedecer y respetar a sus mayores, y a la autoridad y a todos quienes les pudieran ordenar... Sólo habría que esperar algún reporte largo y concienzudo si algo de esta ingeniería social de la psique del mexicano fue en ese sentido.


Algo mas, el señor se apellida Salvat, ¿algo que ver con la enciclopedia?





















Y el debate seguía y ahí estaba, en pequeña imagen, La Patria, de la que hablé al mero principio de que escribí en este blog... corría el año de 1965... y lo que faltaba....

jueves, noviembre 22, 2007

Un Tema de Juguete Parte I (y rematamos con Seinfeld, por supuesto)

Un buen amigo un día llegó con un llaverito que decía más o menos “el que se muera con más juguetes gana”. Lo vi y me reí. Se me hizo ingenioso. De eso han de haber pasado como veinte años de cuando lo conocí y todavía ese recuerdo está muy presente en mi cabeza. Digo, además de hablar enormidades de la psique de mi amigo, hablaba de otras cosas por ahí.

Y pensé que sí, ahí estaba clara ante mis ojos, una especie de competencia inherente en toda nuestra existencia. En el caso de los juguetes no es difícil concluir que los carritos Mattel se convirtieron en autos con rines y quemacocos especiales (un amigo me confesó en tiempos de una navidad hace años, andar con el remordimiento de haber comprado cuatro “rines” carísimos para su camioneta, y que lo que había gastado en juguetes para sus hijos era como la cuarta parte de ello), con el mejor autoestéreo MP3. Las pelotas se convirtieron en palcos deportivos. Las figuras articuladas con aditamentos se convirtieron en… aditamentos, gizmos y gadgets (mi pregunta actual: ¿saben los que compran un Ipod con 16 Gb cuanta música es eso? ¿Tendrán idea de cuantos CDs podrían guardar ahí, y el tiempo que se tardarían en llenar eso? Ah, es por si acaso. Ajá. Por si acaso.

Ya sabemos que ese tipo de competencias existen. Y de hecho se pueden dividir en más. Una puede ser para conseguir más atención, otra para conseguir más recursos y una más para conseguir más satisfactores. Y ultimadamente, no sé cuantas más podrá haber (poder, posición, dinero, influencia que tal vez también vendría a ser poder) pero sólo hablemos de los juguetes por el momento…

Algo está pasando con los juguetes desde hace pocos años. O algo está pasando ahora mismo. Pero antes de tocar ese tema hablaré de juguetes… pero desde mi punto particular de vista.

Acompáñame.

El acto de jugar es esencial para los seres humanos, son preludios a la socialización y se entienden como partes del proceso de nosotros para entender al mundo que nos rodea y para relacionarnos e integrarnos con él.

Cuando uno lee de esto y me refiero a la literatura realmente docta en el tema, es notable encontrar ese grado de profundidad y seriedad con la que unas personas vestidas de bata blanca se ponen a examinar a niños de muchas edades en el acto pleno de jugar. Lo que obtienen de ahí es el entendimiento de para qué nos sirve el juego en nuestras vidas.

Eso en la cuestión interior y exterior. Interior porque de algún modo hay que explicar los procesos emocionales e intelectuales que se desprenden de esa actividad. Una muñeca y lo que significa para una niña podrían sencillamente ser explicados desde varios puntos de vista, llámese de imitación, del deseo de ser madre, o sencillamente de ser como ella quisiera que su madre fuera con ella. No soy para nada especialista y estoy escribiendo esto de memoria pero sé que mucho de esto se saca de ahí, por decir, para entender si la maternidad es un concepto heredado o de ambiente. Se nutre o se nace. Y mil etcéteras.

El lado de los juguetes de los varones y sus deseos de tener figuras de autoridad y poder por sobre de otras también son objetos de estudio. A todo esto uno puede no entender realmente que tienen que ver los carritos con esto. Los carros no necesariamente son masculinos o varoniles, pero mucho se les asocia con los niños más que con las niñas. ¿Por qué? Debe de haber muchos estudios de eso por ahí. Prejuicios tal vez, mitos, ideas preconcebidas.

O sea, que una de dos: o no he entendido nada del estudio de los juegos y juguetes y todo lo tergiverso o hay mucho más por entender de lo que sucede en las mentes de los pequeños.

Añadámosle eso a lo que es la imaginación. La proverbial caja de cartón con un hilo que para alguien es un carro, el proverbial caballo de palo (el de Juanito, el de la canción aquella de aquél programa antiguo de Juguemos a Cantar, ¿se acuerdan?), o la muñeca mínima conceptual hecha de trapo, pero que era una hija para la niña que jugaba con ella.

Bueno, todo eso implica en alguna parte de nuestros cerebros el uso de la imaginación y de la creatividad a fin de cuentas. Mucha o poca, pero ahí hay algo trabajando que ronronea en la oscuridad escondida por su respectivo cráneo.

Y todo esto se estudia por psicólogos con doctorado para entender cómo es que la mente de un niño o niña tiene o adquiere esas características o habilidades, cómo evoluciona, cómo se manifiesta, en qué se convierte, que tanto impacta en los roles sexuales, sociales y cognitivos.

Y también los estudian los mercadotecnistas. Y los que tienen fábricas de juguetes. Y los que venden los juguetes. Y vaya que lo estudian.

Pero primero establezcamos varias cosillas.

Lo que también sé es dos cosas. Una, soy padre de dos, niña y niño, y también la otra, también básica e imprescindible, fui niño y sé que es un juguete divertido y con posibilidades (hasta cierto punto, claro).

Antecedentes pues, para entrar en calor.

En nuestros tiempos nos compraban figuras de plástico rígidas, o como se diría ahora, inarticuladas. Eran de plástico inyectado y se hacían por millares. Un astronauta de los 60’s por aquí (reconocible porque su traje de presión era muy delgado, su casco era mínimo y no tenía nada de equipo para soporte de vida), unos vaqueros e indios por allá (que ha de haber habido millones, y que además de esos indios y vaqueros, con su respectivo caballo, había árabes con cimitarra y legionarios, como verán, muy característicos de nuestras tierras), y finalmente unos soldaditos verdes tipo norteamericanos más por aquél otro lado de más allá.

Y del lado mexicano se tenían unos luchadores realizados a semejanza del Santo, de Mil Máscaras, del Blue Demon realzados en sus poses características y de otros que sirvieron como moldes a otros más que después sirvieron a su vez de nuevo como moldes para generaciones posteriores perdiendo en cada reencarnación el detalle que los hacía tan preciados hasta quedar convertidos en remedos grotescos que difícil convencen a nadie que tuvieron dignidad anterior. Juro que a mi edad de 10 años admiré como esos luchadores diminutos tenían sus rasgos bien plasmados, bien definidos. Algún artista del juguete que fue generosamente prolijo en sus máscaras. Con pinceles muy finos le pusieron los símbolos sagrados de cada máscara con claridad. Y con paciencia.

Y eso bastaba, ya que, como proverbialmente dicen, nosotros llenábamos esos espacios, esos movimientos y esos gestos. Batallas épicas que se desarrollaban bajo nuestro control, momentos en que éramos como precoces directores de cine filmando nuestras sagas antes de saber incluso que se llamaban así.

Teníamos nuestros favoritos. Y cómo sobrevivían a terribles caídas. Cómo se sobreponían al ataque de los malvados. Normalmente nuestras justas no eran muy complejas. Se trataba de enfrentar a los buenos y a los malos y a pelear sin mucha discusión o preámbulos. Para esto, el ser buenos y malos correspondían a códigos de ética sencillos. Si se veía que tenía habilidades de un brazo como para golpear “correctamente” en forma de un gancho al hígado o un certero karatazo era bueno, si parecía más bulto que otra cosa, era malo. O de plano el que pareciese de entre todos el más cool y ya, ese era el bueno.

Las peleas eran eternas, no podían tener fin alguno. Si ganaba tu personaje era porque luchaba con esfuerzo y poder, con voluntad y sin rendirse jamás. Y era mejor cuando peleaba en inferioridad numérica. Sólo así se podría demostrar que era fuerte y poderoso, porque después de ir perdiendo de alguna milagrosa forma recuperaba forma y atacaba con todos tus poderes. Y hay de los malvados que se atravesasen en nuestros caminos.

Aún y que esas luchas eran eternas y podíamos entretenernos las tardes, y las mañanas en vacaciones y las tardes y las siguientes mañanas, no estábamos ciegos.

Mirábamos con codicia y avidez los juguetes que les compraban a nuestros vecinos más pudientes. Todo mundo conocía a alguien así. Juegos extranjeros como el de Fútbol Americano que se acomodaba en una mesa y que tenía un emparrillado que vibraba y que mucho del placer del mismo era admirar cómo se movían los jugadores de ambos equipos de las maneras más alocadas y aleatorias.

Por decir, desde que yo recuerdo los Hombres de Acción que fueron llamados posteriormente como su nombre original G.I.Joes y luego con incluso Agarre Kung Fu (y que no era sólo unos dedos no rígidos con los que podían manipularse las armas y que con el paso del tiempo terminaban, horror de los horrores, de romperse terminando con la admiración de ese juguete en específico) eran atractivísimos.

Si las niñas tenían su Barbie, nosotros teníamos al Hombre de Acción. Las palabras claves en esto, eran brutal, doloroso, terrible y temible. O algunas similares.

Pero antes del Agarre Kung Fu, de la barba y cabello que se sentía real, el Hombre de Acción podía conseguirse con sus trajes diferentes. Sin entender la conexión con los trajes de Barbie que se compraban por separado (que es donde estaba, y está, el negocio), al Hombre de Acción también se le podían comprar mil aditamentos. Desde un traje de hombre rana, fabuloso a como se veía en el paquete con todo y traje negro de goma y sus aletas (y su cuchillo), hasta uno de astronauta estilizado y todo de aluminio suave y dúctil. El del piloto de combate era bastante notable también, el casco era una obra maestra de ingeniería, pero dejaba serias dudas al respecto de si los que diseñaban esos juguetes en particular sabían su negocio. Es decir, ¿dónde ibas a jugar con un piloto de combate, si ni siquiera tenía avión? Le podrías poner su máscara de oxígeno cool, pero la fantasía no duraba mucho. No. No duraba. Y aquí en este ambiente, debe de durar.

En un alarde inaudito de ignorar algún estudio de mercado, en 1970, con lo del Mundial de Fútbol que se celebraba en México, los de Lili Ledy, os fabricantes en México de los que no sé casi nada, sacaron una edición magna de Hombres de Acción con uniformes conmemorativos de las selecciones compitiendo. Supongo que Brasil y México se llevaron los honores en cuanto a ventas se refiere. Ignoro cuantos quisieron comprar los uniformes conmemorativos de Israel, de Rumania, o de la misma superpotencia de por entonces, El Salvador y de su temible némesis, el equipo de Bulgaria. Y faltarían Perú, Italia, Inglaterra, Rusia, Alemania Occidental, Uruguay, Suecia, Checoeslovaquia y Marruecos.

Los Hombres de Acción eran multiarticulados y eran asexuales, no que uno buscara si tenía sus partes anatómicamente correctas o no, pero era algo que no podías evitar ver, situación que se resolvió con el paso de tiempo cuando le pusieron un traje de baño al Hombre de Acción para dejar de lado malos pensamientos.

Estaban también los soldaditos. Eran verdes, rígidos, pequeños y en varias posiciones. Después de un tiempo uno los quería más reales y el que se dedicaba a lanzallamas le tocaba eso, lanzar llamas. Después de algún experimento por ahí que incluía alcohol, unos cerillos y una jeringa, y de la creación de una cicatriz que todavía poseo en la parte superior de mi pulgar, opté por ya no jugar taaaan realisticamente.

Pero algo raro, en estos momentos también recuerdo que tenía un soldado rígido también como de 15 cm de alto, alemán, en posición de ataque, con su respectiva bayoneta cargada en su rifle. Que era parte de un como conjunto en la que recuerdo a un soldado japonés similar, de plástico también, con su sable desenvainado como para dar ordenes de avanzar. Eso sí, estaban muy bien detallados para lo que se podía esperar. Y es que, ¿qué podría importar a niños de 8 a 11 años el jugar con soldados mortales de juguete históricamente bien detallados? ¿Quién a esa edad los podría apreciar en ese contexto?

Por otra parte cabría agregar que en aquellos años, los mediados y finales de los sesentas la Segunda Guerra Mundial estaba todavía fresca en la mente de las personas, como lo atestiguan decenas de películas, libros, series de televisión que estaban de moda por entonces, y sí, juguetes. Para esto era curioso concluir que Vietnam en ese momento era incomprensible para todos, y lo sigue siendo de pronto, y creo que jamás salieron juguetes de esos lugares. Probablemente la razón era sencilla, la Segunda Guerra Mundial era cool y Vietnam, no lo era.

Ya había juguetes electrónicos por entonces. Pero eran más que nada los de control remoto, o más bien, seudo-control remoto y no lo digo por el cable sino porque de control no habría mucho. Patrullas que se le prendían las luces y monerías similares. Y en realidad no había mucho de sensación de juego o “playness” por decirle de alguna manera, que saliera de eso. Sí, se le veían las lucecitas y se movía por caminos caprichosos, producto de un conductor probablemente desquiciado ya que debajo del carro había una como ruedita independiente que hacía que el automóvil se moviera para todas partes. En alguna parte residía la diversión pero yo nunca acerté a encontrarla.

No hay un nombre mejor para camionetas o camionetitos que el de Tonka. Su nombre resuena con fuerza, como metal, como de devorador de caminos: Hummer, muérete de envidia, acaba de llegar un camión Tonka. Y no se diga más. Era poderoso como un Caterpillar. Amarillo con negro, los colores contrastantes de la precaución. Había también que tener precaución con alguien que tuviera un camión marca Tonka. Tosco, como los niños éramos, toscos, rudos, sin modales, como debíamos de ser los niños de siempre, sin civilización, rústicos. Camiones Tonka. Revolvedora y de volteo. Sólo nos faltaría la pala y la carretilla. Y músculos y sudor y esfuerzo.

En ocasiones uno se pone a pensar que el tema de los juguetes se abandona con el paso del tiempo cuando uno crece, como que sólo es tema como de negocios, o de lo que indica la moda, y más aún la tecnología. Antes de ya comenzar a comentar lo de un libro que estoy leyendo (y que dada la extensión de esto, será para después) hay que recordar el mejor homenaje a los juguetes desde el punto de vista adulto que me haya tocado conocer, y no, no es exactamente Toy Story (ya que esa era una película de juguetes finalmente para niños y no era una película sobre juguetes, enfocada en adultos).

Como remate de esta parte del tema de los juguetes, va lo siguiente:

Y no hay mejor manera de explicar cierta fascinación que tenemos ciertas personas con los juguetes que la siguiente (y que conste que no nos desvivimos por comprar ciertas cosas que caen dentro de lo que es nostalgia, que como se demuestra en los websites de subastas, sí hay muchos dispuestos a vender y muchos dispuestos también a comprar).

Resulta que en la serie de Seinfeld dieron un episodio un día llamado The Merv Griffin Show Episode, el número seis de la última temporada, de la novena precisamente.

Ya Senfield tenía por entonces serios problemas de creatividad. Muchos de los temas ya eran como que muy estirados, como que ya las mentes geniales de todo ya hubieran dejado a Jerry Senfield atrás, sobre todo Tom Cherones, uno de sus mejores directores y Larry David el co-creador de la serie.

Pero al final podían dar todavía algo interesante y estimulante.

Resulta que Jerry tenía una amiga, la novia en turno, que entre otras casas su papá había fallecido. En casa de la chica un día que invita a Jerry, éste hace un descubrimiento impresionante, en una sala de la casa había una pared llena de juguetes de los años sesenta, los años que precisamente Jerry pasó su infancia. Ahí había todos los juguetes que un niño pudo haber jugado por entonces, sobre todo, una colección del Hombre de Acción, el afamado G.I. Joe original, ni más ni menos.

Pero al ir querer tocar los juguetes queridos por su infancia, la novia no se los deja sacar de la casa: son recuerdos sagrados de su papá, intocables. Jerry empieza lo que con todas sus novias: se dedica a besarla pero mientras lo hace no puede apartar de su vista los juguetes inalcanzables de la pared. Cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo.

Para esto él tiene a su buen amigo George, otro treintón casi cuarentón, soltero como él, temeroso de los compromisos, hasta cierto punto tramposo y demás (si parece que lo muestro en luz negativa, y se preguntan como me puede gustar la serie es que jamás la han visto) con el que trama muchísimas de sus locuras, para decirlo al menos, y así es como urden un plan.

Aparecen los tres, en la mesa, en la casa de la chica. Están comiendo pero algo muy pesado, tipo pavo con vino y con mucho gravy sobre el plato. Dada la comida tan pesada inevitablemente la chica se queda dormida al momento. La escena que sigue se ven los dos, Jerry y George jugando con los juguetes de antaño. Intactos estos, recién salidos de la caja, posiblemente oliendo a lo que olían entonces. No se ve mal, sólo son dos seres que viajan a través del tiempo para recuperar algo de esos tiempos idos. Al fondo la novia de Jerry, dormida totalmente.

Aquí es donde se hace una pausa. Se habla de dos personas de cierta edad, que ya no son niños definitivamente. Y llegan a realizar el equivalente de narcotizar a una chica para poder completar o cumplir sus aviesos fines. Que no son nada de robar o violar o de nada más, excepto… jugar con sus recuerdos.

Yo no sé los demás. Quizá mis lectores son personas que maduraron al cien. Que ven un juguete de sus hijos y sólo recuerdan cuanto les costó, en dónde lo compraron y si han visto a su hijo jugar con él. O eso, pero sólo vagamente.

Pero esto que hicieron George y Jerry está en un punto nebuloso y gris entre lo que no tiene nombre y lo que sería natural de hacer por un par de tipos que de cierta manera valoran por todo lo ancho su infancia. Será idiosincrasia o lo que pueda ser, pero yo haría algo similar. Quizá no me hubiera atrevido a poner a mi novia en una narcolepsia inducida profunda, pero… algo hubiera hecho…

Entonces, George se lo comenta a Elaine, la inseparable amiga. La cual con suma razón los critica, como mujer y como ser sensible: ¿cómo en el nombre del Señor pudieron hacer algo tan ruin? Mira que dormir a una mujer para satisfacer sus inmaduros gustos extraídos de una infancia incompleta y lastimera. Hombres. Seres terribles.

“Elaine, la colección incluye un Horno Mágico (que en México lo hacía Lily-Ledy)”. “¡Queeeé!” La escena siguiente es ahora de cuatro. En la casa de la chica, ella ya está dormida y los otros tres jugando frente a la mesita de la sala, Jerry con un Erector, George con el G.I. Joe vestido de hombre rana y ¡Elaine jugando a las comiditas con el Horno Mágico!

Se oye una campanita. Dice ella, “¿Quieren?”, ofreciendo un panecito calientito y humeante recién salido del horno. “Elaine”, dice Jerry, “te recuerdo que esa masa en polvo tenía 35 años en su bolsita”. “¿Qué importa?”, responde Elaine, “huele riquísimo…”.

Por supuesto que al final del capítulo la chica se entera de todo y se arma la rebambaramba y todo aquello arde como Troya.

Eso es lo que hace pensar los juguetes de hace tantos años en la mente de los que no hemos crecido todavía…. Y que nunca creceremos. Tal vez… Y sólo tal vez.

Así que, a comprar juguetes para que el que se muera con más… gane…

Es sencillo. De verdad es… muy… sencillo.