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martes, marzo 18, 2008

De ideas peligrosas...


He andado por un período errático que me ha impedido escribir aquí desde hace un ratillo, espero subsanar tal error. Así que…


Leí un libro que se llama ¿Cuál es tu peligrosa idea? o What is your dangerous Idea? editado por John Brockman, que tiene como subtitulo, “Lo que los pensadores de hoy piensan sobre lo impensable”

Es un libro bastante interesante, que contiene más de 80 ideas impensables.

¿Qué es lo impensable? O más bien, ¿qué es una idea impensable? Es una que a algún sector de la sociedad se le ocurre pero que no les gusta expresar mucho por aquello de que son peligrosas.

Peligrosas en el sentido de que son políticamente incorrectas en algunos casos. Peligrosas porque hacen pensar en cosas que no son del todo convenientes.


Ideas que son atractivas, por eso, porque son peligrosas...

Por decir, existen ideas que lastiman a la sociedad. No son populares. En ocasiones son contraintuitivas. Se les considera emocional, moral y socialmente peligrosas. Políticamente incorrectas, ya dije. Las ideas de Copérnico lastimaron a la mayoría de la sociedad existente en su tiempo. Las de Darwin. Las ideas de Einstein, por ejemplo la relatividad, cuando las derivaron a la sociedad, situación que se da eventualmente de muchas maneras, nos dio la relatividad social lo cual justificó, a su obscena y absurda manera, el fascismo, el genocidio, el totalitarismo, la bomba nuclear.

En resumen las ideas que son peligrosas lo son no por ser falsas, sino porque pueden ser verdaderas.

El problema de nuestros tiempos es que los intelectuales y pensadores ya no gozan de reflectores como en los 60’s. Era muy común que un intelectual saliera opinando en alguna revista de difusión normal tal como Life, Time, Selecciones y Contenido. Jean Paul Sartre, Margaret Mead. Ezra Pound. Vladimir Nabokov.

Ahora no salimos de las celebridades adolescentes banales y triviales que por cualquier aparición desastrosa en los medios acaparan la atención mundial. Eso es lo deprimente, que es mundial. Las critican por lo mismo y al mismo tiempo les dan esa publicidad que buscan. ¿Los culpables? Todos. Ellas, los medios y la misma gente.

Pero mientras tanto las ideas siguen llegando.

Steven Pinker dice (y que tiene un reciente excelente artículo sobre moralidad que sacó en el Magazine del New York Times):

“Cuando se hace bien, la ciencia (junto con otras instituciones buscadoras de la verdad, como la historia y el periodismo) caracteriza al mundo como es, sin importar que sentimientos lastima. La ciencia en particular ha sido siempre una fuente de herejías, y hoy los avances galopantes en áreas delicadas como genética y evolución, y las ciencias del medio ambiente están arrojando inquietantes posibilidades sobre nosotros…”.

Hay muchísimas ideas interesantes que llaman la atención. No las puedo transcribir todas, mejor cómprense el libro, pero que valga como que esto existe y que son puntos de vista demasiado valiosos como para dejarse ahí.

Y un muestrario de esos temas, de los cuales visitaré después son:

Grupos de personas pueden diferir genéticamente en sus talentos y temperamentos promedio.

La Base Genética de la Conducta Humana.

Marionetas con cuerdas genéticas.

La idea peligrosa de Francis Crack.

Estar solos en el universo.

Estamos enteramente solos.

La idea de que entendemos al Plutonio.

No es correcto ni bueno saberlo todo.

El Multiverso.

La ciencia debe destruir a la religión.

El Yo como concepto intelectual.

Esto es todo lo que hay.

La ciencia nunca silenciará a Dios.



Y un gran etcétera…

Espero, como ya mencioné, agregar algo de esto, a manera de comentarios a algunas de esas ideas que son sobre todo, estimulantes, heréticas y en muchos casos, desconcertantes…
















miércoles, febrero 06, 2008

El amor prevalecerá.

Poetas, belleza, Sentir vibraciones que derriten al mismo aire. El vivo deseo de estar vivo junto con alguien en particular. En consonancia con ese alguien en particular. Sólo con ese alguien como si los 6,200 millones de personas más no existiesen. Mundos finitos e infinitos que se abren con el fluir de una canción, o de una emoción, o de un recuerdo, o de una resonancia, a través de las distancias, a través de los tiempos.

¿Lo peor de una relación? El no saber porqué. El famoso no-sé-qué. ¿Qué le miras a ese tipo? ¿Qué le miras a esa chava? La belleza genera atracción. La atracción es parte de lo obvio. Y lo obvio es lo obvio, pero lo maravilloso en ocasiones es más mágico cuando no es tan obvio.

¿De dónde sale el amor? Dicen que de una necesidad profunda de estar con alguien. De pensar en alguien. De sólo querer hablar con alguien. O de sólo querer guardar silencio con alguien. De sólo querer tocar a alguien. O de sólo querer que ese alguien te toque. Nada más. Nadie más. Si una persona más aparece en la ecuación, no es amor. Es sólo algun tipo de necesidad egoísta. Nada más.

Una mirada correcta. Una sonrisa. Un guiño. Un tono de voz. Una deferencia sin sentido, sin causa aparente.

El amor ha estado en la mente de todos. Desde el más bajo al más alto al mas rico al mas pobre. Panistas, priiestas, perredistas, ecologistas. Y a todos los que estamos en medio.

Lástima que con el paso del tiempo se esté descubriendo la razón de las cosas. Pero es muy probable que ese conocimiento se quede con un puñado de aguafiestas. Según un número reciente de la revista Time, científicos que se creen con el derecho de sólo ellos decidir que es lo que sucede en la mente de las personas enamoradas han descubierto pistas.

Y ahí están esgrimiendo razones. Amor como resultado de necesidades sociales y biológicas. Amor como resultado de cuestiones un tanto mecánicas de afianzar lazos de unión entre personas para preservar las crías resultantes. Amor como resultado evolutivo. Amor como resultado de mecanismos disparados a través de oscuros espacios entre neuronas que se complican con cuestiones hormonales que se subliman con detalles de neuronas y sinapsis.

Que si las drogas actuales que sirven como ayudas sociales o como antidepresivos se encuentran en el camino del amor. Que de cierto modo sus dosis son las que asimismo podrían ser dosificadas nuestras necesidades amorosas y de reproducción. Que no somos más que robots emocionales en potencia. Marionetas con cuerdas genéticas poseídas de sentidos de libre albedrío sólo aparente.

Esa búsqueda científica del porqué del amor. Del porqué enloquecemos. Del porqué flotamos. Porqué morimos. Porqué renacemos. Y poco a poco ellos lo sabrán. (O creerán saberlo.) Todo lo diseccionarán. Lo visual, lo auditivo, lo olfatorio, lo táctil, los procesos neuroquímicos. Las necesidades que lo hacen factible. Y las que lo hacen posible.

Y nada tiene que ver con la procreación, pero sin embargo... Y todo parece apuntar hacia más arriba... y no necesariamente divino.

Y los científicos analizaron y segurián analizando también el ritual de la primera cita y sus subsiguientes. Después de que a través de decenas de dudas, corazonadas, decepciones, esperanzas se llegue a la persona correcta... que es ahí es donde todo da lugar.

A través de máquinas oscuras de resonancia mágnetica se busca saber porque se siente tan bien el estar enamorado. A través de paneles de control misterioros se ha sabido que se realiza en lugares extraños y poco necesarios de saber por todos los demás normales y mortales, como ventrales tegmentales, en las regiones inferiores del cerebro, que es donde se deduce dónde la sensación del romance es procesada.

Lo magnificente reducido a una simple emisión de una refinería glorificada de dopamina. Pero, si la reflexión se da, descubriríamos que en eso también hay gloria.

Por raro que se escuche, la dopamina regula la recompensa, como cuando ganas en el pókar, es ahí de donde sale la señal de que te emociones. Cuando estás pensando en comer o cuando esperas un aumento de salario (todo es posible), es de ahí de donde fluye una cantidad continua de dopamina que te hace sentir el placer de la anticipación. (¿En tu mente? ¿en tu alma? ¿en tu espiritu?)

Ahí es donde esas máquinas de magnética resonancia revelan la señal inequívoca física del amor. De ahí se envía dopamina hacia las regiones superiores. Y es donde crea la motivación, la conducta encaminada a triunfar, la de conseguir objetivos. Incluso crea el extasis. La sensación de tocar el cielo. La sensación de flotar. La sensación de la eternidad.

Pero, como indican los estudios, no solo de dopamina vive el hombre. También de serotonina (sustancia que ayuda a que los neurotransmisores fluyan). Y sobre todo, de oxitocina.

Porque, mis amigos, la clave de la unión de dos bellas personas, es por la continua producción de la oxitocina de ambos. Refuerzo llama a refuerzo. Causa y consecuencia en una continua danza. Ésta oxitocina aparece en muchas partes, como por decir en el parto. La mujer en parto recibe una gran cantidad de oxitocina. El hombre que está esperando el niño de su mujer también la genera. Todo para estar unidos. La naturaleza es sabia, pero en ocasiones es más lógica. Refuerzo-llama-a-refuerzo.

Más sin embargo el amor sigue... Y sigue en las fases del pásame-el-periódico, o en la fase de porqué-no-mejor-jugamos-Monopolio. Y es porque sencillamente tenemos que adaptarnos a vivir juntos, más que por otra cosa, porque los niños y su crecimiento normal más su maduración propia así lo requieren. Y para que eso se dé se necesita amor. Causa-consecuencia-refuerzo-llama...

Y en estos tiempos de tecnología a través de sus artilugios de pantalla-teclado que impulsa más el conocer personas a través de las distancias, incluso a través de los océanos, esto no necesariamente diluye la posibilidad de encontrar a alguien que podrás amar y que estudie en tu misma escuela, o que trabaje en tu misma oficina, o que vaya a tu misma iglesia, o que viva al lado mismo de tu casa.

Todo puede pasar y hoy es el mejor momento para que pase. Aún si todo llega a ser una mezcla extraña de hormonas, feromonas, impulsos sociales, neurales, biológicos, a pesar de lo que haya en el no-se-qué catalítico posterior del cerebro, a pesar de que los científicos evolutivos descubran, a pesar de que los psicologos propongan, a pesar de lo que los tecnológos inventen, a pesar de que hayas o no producido el día de hoy tu dopamina, hoy, nadie te lo podría negar al cien, hoy puedes enamorarte.

Lástima que con el paso del tiempo se esté descubriendo la razón de las cosas.

Pero recuerda: al mismo tiempo puedes elegir en no creer esas razones.

Sólo ama. Sólo déjate amar. Ya sólo te quedaría rezar porque sea eso con quien quisiste, para toda la eternidad.

viernes, mayo 25, 2007

La tecnología en nuestras manos, en nuestra cabeza, en nuestra conciencia.

Hay una especie de embrujo con la tecnología. Supongo que tiene que ver con necesidades primales de estatus, de conciencia, de ser parte de un grupo selecto con deseos de aprovechar lo que el hombre ha creado.

Ahora estamos en el mundo acelerado de los nuevos celulares, las nuevas cámaras digitales, incluso el aparato que los reúne (en alguna parte leí que Nokia es hoy por hoy el mayor fabricante de cámaras del mundo superando a los que se dedican en realidad y exclusivamente a hacer cámaras), nuevas pantallas planas de TV, nuevas consolas para jugar, nuevas grabadoras digitales para televisión que no graban comerciales, nuevas cámaras-de-verdad-cámaras digitales, nuevos GPS, nuevos mp3, nuevas laptops, nuevas laptops ultra compactas, nuevos Blackberrys, nuevos todos.

Tecnología, tecnología everywhere. Y todo tiene sus ramificaciones. Hay usos y costumbres relacionadas con ello. Hay cambios en la conducta individual de las personas que están expuestas a su uso. Se vuelven indispensables, la memoria se les borra de manera selectiva y esas personas ya no recuerdan como era su vida antes de que el artilugio apareciese en su cotidiano devenir.

Hay cambios en la masa de la gente. Hay modificaciones en las costumbres. Por decir ahora pueden tomarse imágenes de sucesos inmediatos y ponerse a disposición de todo el mundo. A partir de ahí la gran comunidad les da sentido. Sentido de todo tipo para esto, no hace mucho me tocó ver a un adolescente mostrarle el video de la autopsia de cierto cantante acribillado a balazos recientemente, a una chica con el afán de impresionarla, o al menos eso me pareció, cortejo raro, para esto. Supe recientemente de una niña de una secundaria cercana que fue atrapada por un director viendo escenas de snuff en un celular. El director ignoraba como se manejaba el reproductor de video del celular e ignoraba que era el snuff. Pero cuando lo vio ya nunca lo olvidará. Nada agradable creánme, aunque sea una leyenda urbana.

Hasta ese momento.

Lados buenos y lados malos, y sobre todo el lado de en medio. Aún me molesta (y me seguirá molestando) que la gente interrumpa una conversación, de esas en persona, para atender a una llamada que vino a interrumpirnos. De ese modo me establece que la llamada de esa persona, para la estupidez que sea, es más importante que yo o que mi conversación. Habrase visto.

Me imagino que pensaríamos todos si alguien llega de improviso en la conversación y pide que se le atienda con perentoriedad. De grosero no se le bajaría. Y si la persona le responde, exacto, ese es el caso.

Se podría presumir que la tecnología divide, que existe ese gap de tecnología que dividirá a la sociedad entre los que tienen acceso de los que no. Pero a veces eso lo pongo en duda severa cuando veo a todo todo todo mundo haciendo el gesto típico de leerse la mano, perdón, mirando su celular en cualquier parte, en cualquier lugar.

¡La habrán llamado? ¡Un mensaje! ¡Quizá sea E-L M-E-N-S-A-J-E! ¿Será importante? ¿Será trascendente? ¿Será relevante?

Sepa. Cada quién lo sabrá según los dictados de su propia consciencia.

Y hace diez años no había nada de eso. Típico. Hace millones de años, todo esto que ven, era mar.

Vi en la TV un documental sobre el ascenso del celular desde el punto de vista tecnológico. La lucha entre Motorola y ATT para quedarse con un pastel hasta entonces indefinido de mercado ansioso por poder estar comunicado en cualquier lugar que se pudiese. Ganador a corto plazo, ATT. Ganador a largo plazo, Motorola, pudiera ser. El costo de un celular en 1986, cuatro mil dólares. Ahora, veinte, cuarenta, no más de doscientos dólares.

Y esa necesidad de que te encuentren donde sea y que tú lo uses cuando lo requieras, ¿será tan necesaria? Vivíamos bien antes, ¿no?

Pero no iba a hablar de celulares. Sino de la tecnología en sí.

Hace años en Manhattan se creó una red de tubos neumáticos con el objetivo de poder enviarse mensajes entre oficinas utilizando aire comprimido o algo por el estilo. Podrían enviarse pequeños objetos dentro de las capsulitas, incluso tal vez hasta la cartera de alguien olvidada se pudo haber enviado. Había futuro para ello, pero con el paso del tiempo se descubrió que no tanto. Se masificó el teléfono. Después el fax. El correo electrónico. El beeper. El tubo neumático es hoy por hoy sólo una interesante reliquia.

La clave Morse ya no se usa actualmente. Ya no hay telegramas en los Estados Unidos. México sigue. Es más, no estoy seguro, ¿se siguen enviando telegramas en México? Tuve una novia hará veinticinco años que me mandaba de vez en cuando sólo para saludarme. ¿Se acordará ella de eso?

Pero también me enteré que esa sucesión de sonidos y pitiditos, puntos y rayas, cuando ya te metes en eso de la transmisión y recepción, como todo, tiendes a conocerlos íntimamente, ritmos, pausas, ese tipo de cosas. De ese modo ya podrías hasta reconocer quién era el que transmitía, eso por un lado, porque hay como detallitos imperceptibles para todos excepto para los operadores que vivían en eso todo el día, y que en medio de noticias o mensajes entre estos expertos operadores se comunicaban mensajes personales de cómo estaban las cosas, de la novia, de la familia, detalles así, ¡por ahí mismo, en medio del telégrafo! Dicho de ese modo no suena raro.

Pero no me lo imaginaba.

Hubo un programa de TV que no ha de haber durado ni cuatro episodios, allá en los 90’s. Abraham Lincoln, de entre todos los personajes posibles, era el protagonista. Un programa de comedia con fondo histórico. Tal vez era pésimo. Nunca lo conocí, pero leí que tenía una escena de él manejando un telégrafo entre él y un operador que resultaba que era operadora mujer. Me hizo mucha gracia que en una conversación entre ellos las cosas se fueron calentando (ya saben, "¿traes medias?") y en pocos minutos tuvieron un conato equivalente de cybersex, ¡pero con puntos y rayas! ¿Cómo se llamaría? ¿Morsesex?

Y eso me recuerda que el sexo es muchas ocasiones el motor de ciertas tecnologías.

Los proyectores que mostraban películas porno de 8 o 16 mm. Los primeros videocasetes Beta con lo mismo. Los CD-ROMS. Internet y sus websites. Los DVDs. Las webcams. Ya mencioné el caso del snuff en el celular.

Porno es prohibido es atractivo es productor de ganancias exorbitantes.

Pero la cuestión es clara. La tecnología que forma nuestras vidas no es del todo dominante en lo que a modernidad se refiere.

Un artículo reciente del New Yorker menciona un libro que se llama “The Shock of the Old: Technology and Global History Since 1990” escrito por David Edgerton que da en el clavo. Seremos lo modernos que queramos ser pero nuestro teclado es 99.99 % con seguridad del tipo QWERTY, directo representante del que se diseñó para escribir en el siglo XIX por más DVORAK que me quieras presumir. En otras palabras el asegura que es el uso de la tecnología lo que nos cambia, no la tecnología en sí.

David Edgerton es un historiador militar que propone la idea de que no es tanto que vivamos en una nueva época cada que un cambio importante y relevante de tecnología llegue. Si no que él afirma que esa tecnología sólo se adapta a lo que tenemos. Claro, con nuevos desafíos pero que a final de cuentas nada cambia. Las costumbres superficiales tal vez.

Digo, se sigue yendo la luz cuando llueve o nieva o con los huracanes. La distribución de energía se habrá eficientizado a lo mucho desde hace un siglo, pero nada más. Se sigue yendo. Ojala hayas salvado.

Lo que pasa es que el avance tecnológico no es suficiente. Es el uso del mismo. Beta contra VHS. Ganó VHS, Beta era mejor. Mac contra las PC compatibles con IBM (¿se acuerdan?). Ganaron las PC compatibles. La Mac es mejor, clarísimo, pero… (y sí, yo uso una PC).

Dice el artículo un punto interesante. El asunto de los caballos en la guerra. ¿Qué con el uso de vehículos todo terreno estos cuadrúpedos se iban a abandonar? ¿Qué fue en la Segunda Guerra Mundial cuando la mayoría cree que fue la última ocasión que se utilizaron a gran escala? (Durante el Blitzkrieg, de parte de la caballería polaca contra los Panzer alemanes, adivinen quien ganó...)

Resulta que se usan hoy mismo en Afganistán para poder andar en ese terreno rocoso y montañoso. Y los soldados americanos les es necesario saber coordinar ataques realizados con B-52’s JUNTO con cargas de caballería, al mismo tiempo (Ya escribí un artículo en el que menciono el asunto de los B-52, aviones jet provistos de armas nucleares, puestos en marcha en 1962 y con un uso previsible para veinticinco años más). Incluso ha habido ya cargas hasta de trescientos jinetes. Soldados americanos contra mujeidines. Guerra es guerra hasta con resorteras y piedras.

Se han escrito miles de toneladas de hojas de papel hablando de las oficinas sin papel que desde 1975 iban a darse por todos lados. Me hizo gracia también que Bill Clinton dijo en el año 2000 que “…dentro de dos o tres generaciones gracias al proyecto del Genoma Humano los niños sabrían que (el) Cáncer será sólo una constelación en el espacio…”. Lo cual sólo se podría agregar que para entonces habrá muchas escuelas elementales con clases de astronomía.

Y ahí está la nanotecnología. ¿Exactamente en qué beneficiará a los procesos de producción del día con día la utilización de la nanotecnología? Digo, nuevos materiales y nuevas medicinas. Ajá. ¿Cuándo? Ya lo veremos. ¿Desean apostar? (Y me considero tecnofílico, conste.)

Y la investigación de las células madre. Sigo dudando de la utilidad de los laboratorios que congelan el cordón umbilical de los bebés recién nacidos y que con una no tan módica cuota anual para manterlos congelados podrá colaborar a la salud de estos niños cuando ellos crezcan. Se me hace una tecnología muy jalada de los pelos, nada probada, pero no me hagan caso, total, no es mi dinero. Pero es una industria pujante (supongo que es de esas industrias basadas en el miedo, muy apropiada para esta nuestra época libre de temores). Y bueno, si hay clientes…

Otra cuestión de las nuevas tecnologías es lo que se vino a llamar la Nueva Economía y sus reglas. Son temas geniales, pero no son todavía para consumo o utilidad general: las diez compañías más importantes del planeta son petroleras (Exxon, Royal Dutch Petroleum, BP), financieras (ING), del llamado retail (Wal-Mart), de servicios (IBM) o automovilísticas (GM). Nada de nuevas tecnologías por ahí. Acaso el uso de las tecnologías las han eficientizado algo, pero ¿hasta qué punto? Pero no están por ahí en los supuestos primeros lugares los productores o creadores de la misma.

Las representantes de la nueva economía están allá hasta el número 33, Hewlett-Packard, o en el remoto número 140 como Microsoft, tan poderosas como nos puedan sonar.

La píldora anticonceptiva y toda la modernidad y el condón, descendiente del mismo que se inventó no hace cuantos siglos y que se usa hoy por hoy más que antes. Y no se le agregaron baterías ni nuevos diseños ni nada. Es lo mismitito. De la píldora masculina, o implantitos en la piel para hombres, ni sus luces.

Luego se llevó el tema a otro. El tema del mantenimiento. El de que quizá es más productivo el negocio de mantener que el de vender y que eso es más claro en nuestros países tercermundistas. El autor del libro pone de ejemplo a Ghana, que ha llevado el desarrollo del taller mecánico a una forma de arte. Pero yo me quedo con Cuba. Cuba, lo puedes ver en documentales, conste, no he tenido la fortuna para ir, digo, de ir, pero siempre me ha parecido una imagen congelada de hace cincuenta años con sus viejos autos andando. Ese es el mérito. Siguen andando después de cincuenta años.

Y mucho se ha dicho que la industria de la computación mexicana, en lo que a técnica se refiere, es maravillosa en cuanto a remedios. Yo conocí a personas que arreglaban una minicomputadora en los 80’s con sólo papel aluminio e ingenuo ingenio .

En cierto periódico muy famoso y ahora glamoroso de estos tiempos oriundo del norte del país, allá en 1985, antes de “modernizarse” utilizaban una unidad de cinta de datos, de esas de carrete, muy mona ella, arriba de una basecita de madera convertida en carrito transportador de esos de rueditas como de carrito de roles. Así la movían entre varias minis que tenía el dichoso periódico. Tiempos de la prehistoria.

No hay mucho que hacerle ahí. Se les llama, acabo de saberlo, a estas tecnologías, porque lo son, tecnologías creoles, o criollas. Ha de ser como dicen que los rusos eran para el cine en los años veinte. Los mejores teóricos del mundo. Eisenstein y demás. Era natural, no había celuloide para filmar.

Y si no hay tu materia prima, a teorizar, que el mundo se va acabar.

Hay también en el artículo una reflexión de Carl Sagan: “Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y de la tecnología, en la cual difícilmente alguien sabe algo de ciencia y tecnología.”

Triste, pero cierto. ¿Será necesario que se sepa más de tecnología y de ciencia? Yo digo que sí. Que es urgente. Y eso es otra historia.

Así las cosas. Este mundo nos dará muchas sorpresas en el futuro. Y siempre estaremos pensando acerca del nuevo gizmo, ¿es tan necesario usarlo? Para años después afirmar, “sin él el mundo sería tan diferente.” O una variación: “Sin él me moriría”.

Ajá. Claro.

Mismas gatas pero revolcadas.

Igual en el siglo XIX como en el XX y como en el XXI y en los siglos por venir.

Recuerden, es el uso de la tecnología, no la tecnología en sí, la que nos cambia, sea eso lo que quiera decir.

Amén.

viernes, febrero 02, 2007

¿Todo tiempo pasado fue mejor? (¡Jamás!)


Ya lo había comentado antes. El tema de la ciencia está alejado del hombre común y normal.

Sólo ve ciencia, y eso de vez en cuando, en medicinas y en nuevos descubrimientos tecnológicos que aprovechan esa ciencia (un microprocesador de computadora personal con sus 3.7 Ghz, básicamente es ciencia aplicada, igual un celular, igual un nuevo puente con nuevos materiales, un nuevo maquillaje, nuevas telas, etc.).

Por lo demás la gente está más motivada emocionalmente EN CONTRA de la ciencia. Está por ahí la emoción que pulula en contra el tema nuclear, el de las centrales eléctricas o al menos sus torres eléctricas, el tema de los productos transgénicos (que no se comprenden en realidad), y así hay muchos temas similares donde la ciencia y la tecnología son villanas contra la humanidad.

Hasta del calentamiento global han de culpar a la tecnología, y a la ciencia. Me ha tocado conocer incluso personas, como de seguro hay muchas más, que añoran los tiempos pasados, como si estos hubieran sido más sanos para la humanidad.

Y en relación a esto acabo de leer que en 1956, de cuando al presidente Eisenhower tuvo un ataque cardíaco. Su jefe de médicos recetó, entre otras cosas, que su esposa, Mamie Eisenhower, se recostara junto con su marido para “darle calidez durante los momentos difíciles”, algo así. Sí, que se recostara con su marido.

El hecho es que en estos últimos cincuenta años se han inventado muchísimas cosas que han aumentado la vida promedio del norteamericano promedio, de 65 a casi 74 años. Ese es un aumento gigantesco en cantidad de años de vida promedio.

Estas cosas son drogas, tecnologías (marcapasos, por ejemplo), nuevos procedimientos, nuevos enfoques a la salud, nuevas formas de enfrentarse a las enfermedades, en este caso, coronarias.

Si a la gente le gusta escuchar a sus abuelitos decir que que bella era la época del pasado, claro que era bella… mientras vivieras, mientras no te enfermaras de virus peligrosos, mientras no se te infectaran heridas sencillas, mientras no requirieses cirugías complejas.

Y de hecho, esto tiene sus derivaciones sociales interesantes. Antes de 1918 la esperanza de vida promedio era de 40-45 años. Luego fue aumentando poco a poco hasta llegar, como ya mencioné, a los setenta y tantos años en estos tiempos (incluyo México).

Por eso a los que contraen matrimonios tradicionalmente se les decía con tranquilidad (bueno, y se les dice): “hasta que la muerte los separe”, ¡porque la gente no duraba mucho en aquellos años! En otras palabras, lo que dure el asunto.

Por un lado eso también indica que uno de los dos moría relativamente joven. O sea, había viudos, viudas y huérfanos por doquier. Novelas y novelas de Charles Dickens, de Víctor Hugo y de Emilio Zolá están hechas de ese material humano.

Y esa probablemente sea una de las causas de que al escarbar nuestros árboles genealógicos siempre nos encontremos con la circunstancia que tal y tal viudo o viuda parientes nuestros desaparecidos hace décadas se casaron en segundas y hasta en terceras nupcias con otras personas contribuyendo con ello a tener a familias nutridísimas, a parentescos inexplicables, a referencias familiares cruzadas y sobre todo, a testamentos complejísimos de entender.

Todo esto porque la vida era implacable: en un sentido, no había muchas formas para defenderse de la enfermedad, y las condiciones de entonces eran antihigiénicas, existían sin servicios sociales de salud, y por consiguiente la esperanza de vida promedio, redundo, para hombres y mujeres eran casi treinta años menos que en la actualidad.

“Porque todo tiempo pasado fue mejor”. Visiones románticas, que no son malas en sí, pero como en todo, dependen del cristal. Manías de querer siempre embellecer con la memoria selectiva nuestros recuerdos, resaltando los buenos y empañando los malos.

En el año 2057, probablemente los médicos de entonces se reirán de nuestras drogas, de nuestras técnicas, de nuestras visiones del mundo. Y la esperanza de vida, quién sabe, tal vez será de noventa y tantos años.

Y eso, en esas épocas futuras, será interesante de presenciar.

Si los llego a ver por entonces, les contaré.

Y de seguro, la gente seguirá despreciando a la ciencia.

Triste realidad, indeed.