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jueves, mayo 31, 2012

Bob Dylan rompe cánones establecidos















Bob Dylan aparece de la nada en 1960 y es visto como un fenómeno que trae en su cuerpo el espíritu de Woody Guthrie quien era uno de los cantantes folk más respetados, si no el que más, de Norteamérica.
Trae su guitarra, su aparente frialdad, y un enfoque diferente de cómo puede cantar los temas más comunes que afectan a toda alma humana: el hambre, el amor, la guerra, el mal, el desamor, algo de política, algo de religión, algo de lo extraño que es la vida en sí cuando le pones atención, temas que en ocasiones se vuelven tan contradictorios que no puedes más que caer en la trampa de que creerás que los alcanzas a entender.
Bob Dylan rompe cánones establecidos, él sólo controla una sala, junto con su armónica y su guitarra y  a sus 20 años ya parece un músico establecido con muchas tablas. A sus 22 ya empieza a tocar en lugares grandes, con público que se sienta a escuchar los mensajes que salen de su rasposa voz. Mensajes que les parecen significativos, que son como mantras sacados del mismo aire, del mismo viento de donde salen las respuestas.
Bob Dylan no lo sabe todavía, pero cambiará el futuro de la música él sólo y con dos o tres movimientos o gestos o como quieras llamarles, estremecerá a su público.
Los sesentas insospechadamente en sus inicios traen signos de que los tiempos estaban c-a-a-a-mbiando en todos los ámbitos posibles: en cuest
iones de los derechos humanos, en cuestiones de lo social, de lo militar incluso en forma de una Gran Guerra Casera que se tendría en vivo y en directo en todas las salas desde el mismo Vietnam y agregado a eso todas las cadenas de eventos que se desprenderían de todo lo anterior hacia direcciones inimaginables.
Bob Dylan sin proponérselo compone himnos que todo mundo entiende, o que ellos pretenden entender y aparece, también sin pretenderlo, como si fuera el gran profeta de las luces de neón. Su cabello todo largo, hirsuto y despeinado y junto con sus lentes oscuros, le da una imagen distante, desconectada de la humanidad que lo busca, requiere, procura.
Humanidad que lo acepta y lo toma como para sí.
Alguien se pregunta cómo es esto y sólo el viento contesta, tal y como dice su canción de

Blowing in the Wind:
How many roads must a man walk down / 
Before you call him a man? / 
Yes, ‘n’ how many seas must a white dove sail / 
Before she sleeps in the sand? / 
Yes, ‘n’ how many times must the cannon balls fly / 
Before they’re forever banned? / 
The answer, my friend, is blowin’ in the wind, / 
The answer is blowin’ in the wind.

Lo siento, Dylan sólo hace las preguntas, no hay respuestas, quizá las respuestas están en todos, o en ninguna parte, o estarán en ti si le buscas lo suficiente, a él sólo le toca mover tu alma para que lo contestes con tus actos o quizá todo no es más que pose de parte de él porque pudiera ser que él tampoco tiene la más remota respuesta a nada de todo esto.
Lo peor o lo excelso, dependiendo de dónde te encuentres, puede ser lo ambiguo, en la metáfora del viento no puede haber más que el mismo silencio de la vida misma, del tiempo mismo, de Dios o lo contrario en su misma y divina ausencia.
Pero todo eso te lo dijo Dylan a sus 21 años, en el año de 1963, no poca cosa…
Pasarían muchas cosas que no alcanzarían a ser comentadas por aquí, tales como la muerte de Kennedy, el ascenso de la violencia, como mencioné el aumento de la presencia de soldados americanos en Viet Nam, la llegada de los Beatles con su mensaje de quiero estrechar tu mano, la misma conquista del espacio, al nivel que fuere, el ascenso de las sustancias que irían tras la conquista del espacio interior de cada quien lo quisiera, el cambio de las costumbres, el desasosiego estudiantil.
Y no quiero contar exactamente la biografía de Dylan año con año pero lo más impresionante que pudo pasar a la música, fue la incorporación de Dylan al Rock.
Hay muchas teorías por las cuales el Rock and Roll se despojó del más que alegre término “Roll” y en el que se convirtió solamente en Rock.
Se puede asegurar que no hay respuesta fácil. Puede ser que con el cambio sutil de los Beatles hacia el dejar de escribir puras canciones de amor hacia canciones que subieran de tono y de tema, hacia canciones que hicieran, tal como lo hizo Dylan, preguntas retóricas para las cuales no hay respuesta fácil. Un My Life contra un Money, de dos años antes es muy distinto en tono e intención. Es la aparición de la metáfora preciosista, de la ironía subjetiva.
El ascenso de la temática de las letras hacia lo complejo, el cambio de lo rítmico hacia algo más lento que no necesariamente tuviera a dos personas bailando alrededor de un compás es lo que quizá bien lo pudo haber puesto como punto de referencia  The Animals con Eric Burdon en La Casa del Sol Naciente, canción que casualmente también tocaba Dylan y que hablaba de todos los temas de un burdel en Nueva Orleans, ni más ni menos, uno de los temas más alejados de lo normal, lindo y luminoso que pudiera estar en las listas del Top Forty de Billboard de aquellos momentos.
Agregándole lo anterior el ascenso de la guitarra eléctrica como el instrumento clave fue lo que dio al Rock la posibilidad de evolucionar más allá de una canción de 3 minutos para bailar en una fiesta hacia las ceremonias y rituales de los 70s con grupos como Allman Brothers, el mismo Led Zeppelin, los Grand Funk, los Aerosmith, los Pink Floyd.
Las posibilidades fueron infinitas.
Tal como infinito fue lo que se pudo observar cuando en 1965 en el Newport Folk Festival le tocó a Dylan tocar en el festival y llegó con equipo a ser conectado y de pronto empezó a tocar Like a Rolling Stone con guitarra eléctrica, la anatema de un festival folk, ni más ni menos Obvio, todo mundo se quedó así, petrificado, sin saber qué pasaba, muchos abuchearon pero fue un momento tan avasallante que aún hoy se discute que si eso fue por el pésimo sonido, o por lo poco del número de canciones, 3, del set que tocaron o por el hecho mismo de tocar con guitarra eléctrica.
El punto es que el disco en donde venía esa canción llamado Highway 61 Revisited rompió con muchas ideas establecidas desde su misma duración, que ponía a prueba el mismo formato en el cual la música se transmitía en la radio de por entonces. Canciones de ese disco que hablaban también de desolación, de duda religiosa, de alienación, de examen de conciencia, de cuestionamientos, de ubicación en el tiempo y en el espacio, y una vez más, de preguntas del porqué de las cosas.
Para muestra de canción extraña, interesante, fuera de todo, ahí está precisamente Like a Rolling Stone, una canción potente, inmortal, por donde se le vea extraña, siempre actual gracias a la misma ambigüedad de la que tanto le gusta a Dylan… la precisamente magnífica e inmortal: 

Like a Rolling Stone
Once upon a time you dressed so fine / 
You threw the bums a dime in your prime, didn’t you? / 
People’d call, say, “Beware doll, you’re bound to fall” / 
You thought they were all kiddin’ you / 
You used to laugh about / 
Everybody that was hangin’ out / 
Now you don’t talk so loud / 
Now you don’t seem so proud / 
About having to be scrounging for your next meal. / 
How does it feel / How does it feel / 
To be without a home / 
Like a complete unknown / 
Like a rolling stone? 

O la magnífica canción que la escribió casi al vuelo en el set de la película de Pat Garret y Billy The Kid:
Mama, take this badge off of me / 
I can’t use it anymore. / 
It’s gettin’ dark, too dark for me to see / 
I feel like I’m knockin’ on heaven’s door. / 
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door / 
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door / 
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door / 
Knock, knock, knockin’ on heaven’s door

Por donde se le vea, Bob Dylan es lo más cercano a un dios del rock, admirable es su permanencia, su significado, aún válido en estos tiempos revoltosos en los que no podemos diferenciar bien un grupo de rock de otro y que los temas de permanencia y significado han quedado también para ser respondidos en el viento o por el viento, o como sea.


Una noche en la vida, Paul en el Zócalo




Al principio no pensé que fuera tan relevante, pero a la luz de lo acontecido creo que sí.
Atestigüé desde Internet el majestuoso concierto de Paul McCartney desde el Zócalo y quedé maravillado.
Increíble concierto, fabuloso, sí, nada que ver con las producciones de U2, o de Pink Floyd o de Roger Waters o de los mismos Rolling Stones, pero no se ha de negar que Sir Paul no tenga corazón: su nivel de entrega es impresionante.
Veamos, el señor cumple 70 años este 16 de Junio, lo cual significa que vimos a una persona de la tercera edad más diez, cantando alrededor de 40 canciones en un lapso de 3 horas sin descanso.
McCartney siempre me ha parecido un personaje que no se da cuenta del tamaño que tiene. Por varias razones:
1)    El hecho de haber sido el guapito de los Beatles le hizo ser siempre inseguro, ¿porqué? Porque en ocasiones llega la madurez, quizá a los 25 o a los 30, momento en el que le dicen al oído en forma de los demonios de lo incierto que quizá la gente lo sigue sólo por su linda carita de niño más que por su talento.

2)    Los artistas tienen ego, más grande que cualquier Zócalo, a los verdaderos artistas les pega que se les aprecie sólo por su exterior o encanto aparente. El hecho de que sean bellas o que sean guapos les tiene sin cuidado, aceptan que serlo no les cae mal, pero en el fondo saben que lo que vale son las ideas creativas que se tienen dentro, y que eso es lo más importante. Se dice que Paul McCartney incluso en un momento compuso alguna canción con un seudónimo con el fin de saber que tan bien le iba sin la etiqueta de su tan conocido apellido.
Eso sólo indica una especie de duda existencial, ¿soy tan buen compositor o sólo es que estoy asociado a esa entidad mágica y misteriosa que son los Beatles?
3)    ¿Otro punto? Ha de haber sido muy difícil haber estado muchos años de amigo, confidente, compañero, compadre y sobre todo coautor y músico con John Lennon. No me quiero detener en lo complejo que ha de haber sido su relación, esa facilidad en conjunto de escribir melodías insuperables llenas de encanto, candor, energía, vitalidad, unas tras otras, que bien hacían creer a esos ayatolas de las conspiraciones que los Beatles no eran más que la proyección de un consorcio que solamente los usaba de tapadera, porque no podían aceptar que estos dos tipos que ni a universidad llegaban pudieran sacar tanta armonía, belleza e ingenio de sus guitarras y gargantas.

¿Y qué hace Paul en sus ya muchos años de madurez? Dos cosas que agregan a la teoría de la inseguridad: Una, que pide que las canciones sean denominadas, en las que él tenga dominancia, claro, como McCartney-Lennon, en lugar de Lennon-McCartney, como es tradición de toda la vida el conocerlas incluso en las que Lennon no hubiera tenido nada que ver con ellas, como por ejemploYesterdayMichelle, o Let it Be al contrario de las de Lennon eminentes, como RevolutionHelp!,Come Together.
Obvio, Yoko y la tradición se opusieron y tal petición no prosperó. Sonaba absurdo que después de 40 años eso viniera a importunarle al bueno de Paul.
El segundo punto fue relativo a algo más elusivo: Paul afirmó recientemente que del cuarteto era él el de las opiniones fuertes y atrevidas relativas a lo que sucedía en el mundo. Está comúnmente establecido que él que deseaba hablar de Vietnam y de la situación de los derechos civiles en Estados Unidos era John Lennon y que Paul se mantenía a distancia de lo controversial.
John el de las discordias fue quien dijo que los Beatles eran más grandes que Jesus y fue él quien habló de revolución y del presidente Mao y fue John el de las protestas ruidosas y llamativas con Yoko.
A lo mucho lo más controversial de Paul fue aceptar públicamente que utilizaba drogas y hasta ahí, además de su estancia en la cárcel de 8 días por introducir mariguana para su comsumo en Japón en 1980.
A Paul le interesa su legado en la historia sabiendo que no puede competir contra un fantasma idolizado.
Paul además tiene una ventaja que John no tiene, está vivo y está sano y sigue haciendo ruido en cuanto puede y como puede, tal como lo hizo hace unas horas en el Zócalo de la Ciudad de México.
Fue un concierto que duró 3 horas sin intermedio. Fue divertido, fue simpático, se echó a la gente al público de inmediato, Tocó de todas las épocas que quiso, desde And I Love Her, hasta la de My Valentine, su último éxito.
¿Qué impulsa a un hombre de casi 70 años, ya famoso desde los 22, a seguir tocando, a seguir moviéndose, a seguir siendo vibrante?
La gente se le entregó a McCartney en el Zócalo. 200,000 personas.
Lo que más me impresionó fue que tocó A Day in the Life, nunca me imaginé verla en concierto. Fantástica, Paul la sacó decentemente a como pudo, sabiendo que la canción es más Lennon que de él (de Paul es sólo la parte de en medio). Nos hizo pensar que esa fue precisamente la parte musical de los Beatles que jamás apareció en vivo debido a la complejidad y arte que obtenían de trabajar en estudio creando nuevos mundos.
A Day in the Life fue un momento super super especial, único.
El otro momento super especial, Ob-la-di Ob-la-da con mariachi, algo increíble.
Muchos momentos sobresalientes, 200,000 personas en la plancha del Zócalo, incluso en las calles aledañas, con pantallas y todo. Ha de haber sido magnífico estar ahí.
Y Paul, satisfecho, dos encores, uno con Hey Jude, otro hasta con Helter Skelter y asì llegar con el verdadero final de todo Abbey Road, y de todo Beatles: The End.
The End que acaba con la frase: el amor que tomas, es igual al amor que haces.
John Lennon dijo en un reportaje con su opinión canción por canción de los Beatles y de él mismo, que publicó Playboy en 1981, que cuando Paul se esmeraba podía hacer cosas maravillosas.
El amor que tomas, es igual al amor que haces.
Paul McCartney, que bueno que estuviste con nosotros. Qué bueno verte bien.
(La gente por Twitter le dio connotación política a la canción de Give Peace a Chance, dedicándosela a Calderón. Pero no sé qué pudieron pensar o qué pensaron con Let it Be o con Live and Let Die. A veces una canción, parafraseando a Freud, es sólo una canción.)

domingo, enero 29, 2012

Anecdotario de una Vida Inútil, pero Divertida, por Fulana de Tal (remembranza Parte II)


Siguiendo pues, lo de su libro de Anecdotario de una Vida Inútil... pero Divertida, llega un punto que alguien le dice a Fulana dentro de su narración que “¿por qué no cuenta su o sus historias de tal manera que lo que le ha pasado en la vida, le sirva a la gente”?

Y no dudo que algo similar a eso se han de haber dicho miles de personas a otras miles de personas que al oír extrañas historias, complicadas historias, misteriosas historias, divertidas historias.

Pero pocos, muy pocos hacen caso acerca del escribirlo, y no dudo que el mundo lo agradezca, pero en un grupo muy pequeño de personas sí surge una necesidad más allá de comentarlo.

(A mi me ha pasado mucho que la gente se me acerca y me dice, “eso no es nada, si quieres te puedo contar mi historia para que hagas una novela, porque mi vida sí parece de novela, y si te haces millonario, nos dividimos las regalías, ¿cómo ves?” Me lo cuentan como si fuera la más fascinante oferta que he oído en mi vida… y siempre me les quedo viendo y pensando ¿qué se les puede contestar? “A la siguiente, ¿qué te parece?” Se quedan contentos.)

Así fue como la persona detrás del seudónimo Fulana de Tal, decidió llevar a la práctica tal consejo, y si lo vemos fríamente, ella hizo lo que mucha gente no ha hecho, ni hará, escribió su libro, lo imprimió y lo vendió.

¿Cómo lo hizo? Bueno, creo que jamás lo hubiera yo sabido si ella misma no lo hubiera explicado claramente (creo) en los últimos capítulos de su libro.


Todo comenzó como dije, con el tema de que se puso a escribir su libro a máquina como ella creyó que debía ser. Al final ya que lo tenía, se le ocurrió que debía imprimirse en alguna editorial y fue así como…
…a través de desventuras, aventuras y milagros no sólo consiguió imprimirlo, sino que consiguió que el primer actor de entonces, Augusto Benedico, le escribiera una recomendación que viene en la parte de atrás del volumen, pero lo más extraordinario para la época, para todas las épocas, fue que consiguió que el mismo Jacobo Zabludowsky, a través de, al parecer, encuentros fortuitos, consiguiera que se lo leyera,  y no sólo eso, sino que lo recomendara a todo México por televisión, y aún más, que la entrevistara por la misma, oculta y todo.

Yo creo que esto equivale en estos días de audiencia hiperfraccionada, pulverizada y fuera de sincronía, a que te entreviste López Dóriga, Loret de Mola, Carmen Aristegui, Javiér Solórzano, Dennise Maerker, Yuriria Sierra y Sergio Sarmiento, ya no el mismo día, pero sí la misma semana.

Tan poderoso, enfocado, concentrado, amplio era el poder de la influencia ejercida sobre sus televidentes del señor Jacobo Zabludowsky.

Por cierto, esto es lo que escribió Benedico:


     "Escrito con una cautivante espontaneidad, sin ningún propósito de hacer "literatura", "ANECDOTARIO DE UNA VIDA INUTIL... PERO DIVERTIDA"  es un libro sorprendente en le que una mujer, una joven de hoy, de este instante, con aparente frivolidad y desenfado, pero, en el fondo, con una profunda visión crítica y agudo y certero humorismo al hablarnos de su vida, en realidad, nos hace el análisis despiadado de un medio, de un ambiente familiar y burocrático, en el que viven, sufren y gozan millares y millares de muchachas de nuestra clase media que trabajan,

FULANA DE TAL,  autora y progatonista (sic) de este libro valiente y apasionante, se nos descubre en sus páginas como una mujer excepcional que, como escritora, también va camino de serlo."

AUGUSTO BENEDICO.



Así, de esa forma tan fortuita, sucedió lo increíble, apareció un bestseller de la noche a la mañana que al menos en la 4ta edición se hicieron 15,000 ejemplares más sobrantes para reposición… así de sencillo, así de complicado.

Para dar una idea de cuantos son 15,000 ejemplares, bueno, sólo hay que contrastar que en estos días, un libro se considera editado sólo con 1,000 ejemplares, y después, a esperar que se venda para imprimir otras 1,000 y así. Puede tardarse meses. Si vendes 3,000 tu libro es considerado un bestseller.

Y la Fulana vendió y vendió, no sé cuantos, esto de los libros vendidos por alguien es muy difícil, más a la distancia, pero podría ser un buen cálculo decir desde 40,000 hasta, ¿por qué no? sus buenos 60,000 unidades.

Y lo hizo sin editorial. Sólo con el impresor. Claro, eso debió bastar para ser notable y el hecho que no encuentre yo algo en internet que la muestre a ella como autora relativamente importante, como por ejemplo en uno de los libros de sucesos más representativos que se conozca sobre México y sus últimos 75 años de historia, pues como el de José Agustín, Tragicomedia Mexicana 2, que cuando le dedica espacio a la cultura popular, a las artes populares, a los personajes incluso marginales, al menos una palabra o comentario, muestra el desprecio, o al menos indiferencia, al no mencionar siquiera la notable ocurrencia de la señora Fulana de Tal.

Eso es lo que me parece.

Así las cosas, pues, no me queda más que remediar un poco eso y hacer mención del libro en estas líneas, aquí en Internet, como muestra pequeña de lo que pasó en esos años con este libro de Anecdotario, etc.

¿Qué pasó con Fulana? ¿Se hizo millonaria? ¿Sacó muchos libros más?


No, no fue así, supongo. Lo del dinero ni idea, lo de sacar otros libros pues... sólo supe de dos, el de M.S.O. o “Mientras Sale Otro”, que un día lo podremos leer en Internet, si la Universidad de Texas y Google Books así lo deciden, mientras les comento que también se puede conseguir en lugares de libros de segunda mano.

¿Vale la pena leerlo, ese su segundo libro? No lo sé. Dicen que no fue tan bueno, quizá era repetición del otro, con los mismos garrafales errores, quizá ya no cayó tan simpática, quizá el público esperaba otra cosa, pero en honor a la verdad, creo que se puede leer posiblemente sólo para completar lo que escribió la señora. Sólo for the sake of it.


Luego, investigando un poquito más, en 1991 sacó otro libro llamado Santihago Polvo... no tengo ningún dato de él, por Internet hay varias personas que hacen referencia del mismo mencionándolo como libro favorito, pero no agregan nada más.

¿Qué sucedió entonces con ella?

Al parecer ya murió, no sé de qué, ni de qué edad, ni cuándo, sólo sé que murió, ¿cómo lo sé con cierta seguridad? Pues… por dos o tres pistas que he leído por ahí. Ahora tendría alrededor de 60-65 años, posiblemente...

Si alguien quiere saber el dato exacto no tiene más que seguir el hilo de lo que se puede deducir a lo ya visto. Repito, está al alcance de todos.

¿Por qué no lo hago yo mismo?

Porque le tengo respeto a Fulana.

Porque me gustó su libro, y de hecho este escrito es un homenaje a ella.

Porque se atrevió a escribir y más que eso, se atrevió a publicar algo así, imperfecto, lleno de errores de ortografía y demás, pero honorable, un esfuerzo siempre, a mi parecer, honesto, de querer mostrar su mundo, su entorno, su ser, su humanidad, y de paso, su mexicanidad, que sin ser Octavio Paz, o sin ser Rosario Castellanos (hey, ¿qué quieren?), también ella es mexicana y sabía lo que era ser parte de ese México setentero que ya va cumpliendo los 40 años y que sigue siendo incomprensible, así como lo vemos en la tv, o en los documentales, o en los libros de historia en los cuales se desliza y que nosotros mismos sin poder creerlo nos contenemos apenas de decir, sí, también vivimos en esos años.

Porque ella quiso ser anónima por temor a su entorno y a las posibles consecuencias, idea un poco fuera de lugar en estos tiempos de Wikileaks y de grabaciones privadas expuestas, Internet, ley S.O.P.A. y tanta y tanta cosa.

Se quedará anónima. A nadie le interesará saber quién era ella, nadie pide su foto, nadie clama por su identidad.

Su libro, todos sus lectores están conscientes, fue sólo eso, quizá un accidente en el ámbito de libros de esos años, un anecdotario de una vida inútil, pero divertida… que cumplió con sus lectores, que cumplió con su momento, que cumplió con ella misma…

¿Qué más se puede pedir?

Fulana de Tal, un saludo, donde quiera que estés…



Y este es el video que hice al respecto... por si quieren verlo...






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viernes, enero 27, 2012

Anecdotario de una Vida Inútil, pero divertida, por Fulana de Tal (remembranza) Parte I

  
La nostalgia es una manera tramposa de recordar el pasado, de traerlo a la realidad por unos pocos instantes, de saborearlo, de capturarlo, de tenerlo entre nuestras manos.

Tramposa digo, porque jamás se podrá REALMENTE hacer eso, por supuesto, pero no por falta de ganas: no dejamos de intentarlo una y otra vez.

De pronto entramos a un supermercado de los antiguos, de los que todavía no son de cadena y nos llega de golpe su aroma ambiental natural, cuando olemos un olor característico que nos recuerda al ahora inexistente Choco Milk de canela, de súbito nos transportamos a los 8 años de edad.

 De pronto un perfume curioso del que su esencia vaga por un centro comercial nos recuerda a una maestra ya perdida en el tiempo, a la que pudimos acercarnos y a la que un amigo nuestro le robó un gis con su esencia que le duró más de dos meses.

Más allá vemos en televisión o en YouTube, la fuente de la eterna aleatoria gratitud a una caricatura en particular inesperada que nos trae de golpe la oleada del sentir de un sábado soleado en la mañana en casa de tu abuela; en otro instante, un comercial que juramos que lo vimos en alguna bolsa amniótica de algún patio de mi casa que es particular, en un verano de vacaciones que sólo se volvería a rememorar gracias a un documental en particular en el History Channel ; o de un programa de televisión que busca lo mismo: recrearte la nostalgia en tu misma cara, en tus mismos sentidos con carros de época, con efectos especiales, con actores que no pueden fingir que vivieron esa época.


Y así hay muchos elementos para esto: conforme pasan los años las experiencias se van acumulando, y no es evadir el presente o las dificultades o los obstáculos o los problemas cotidianos o los eternos problemas que  no podemos y que ni siquiera intentamos resolver.

Al grano: en casa de mi abuela materna, mi tía Mary traía al mundo doméstico en forma de libros recientes o actuales.


Tenía de muchos tipos, de hecho ya saben, los bestsellers del momento, por decir Preguntale a Alicia. No voy a quemarla innecesariamente con lo de que tenía dos o tres libros de Xaviera Hollander, famosísima hetaira urbana extra-activa de esos años, claro que no.

De hecho, el año al que hago referencia era más bien allá por 1976-1977, y he aquí que no puse atención a otros libros del librero de mi tía por verlos algo más densos, pero uno de los que recuerdo mucho es el de Anecdotario de una Vida Inútil pero Divertida por una tal Fulana de Tal.

Sólo recuerdo de aquél entonces su portada, anaranjada y con gente arriba de una carcachita, además de haberlo hojeado una que otra vez, leer algunos capítulos quizá y darme cuenta que el tal libro tenía un tono más bien desenfadado.

Lo poco que leí se me hizo amable, divertido, agradable, afable, cálido.

Y ya. Nunca lo leí. Tampoco que me acordara mucho de él.

Pasaron muchos años. Inviernos, primaveras, semestres, amores, desamores, impuestos, trabajos, cambios totales, más inviernos, más cambios climáticos-políticos-sociales-tecnológicos y ya no hay patios de tu casa que puedan ser particulares.

Ya no estás en tu bolsa amniótica.

Y que llega internet. Y que llega un amigo de Rodolfo quien me dice, “Luis, ¿no tendrás por ahí el libro de Anecdotario, etc, de Fulana de Tal?, es que me lo están pidiendo mucho, y dije, a lo mejor Luis lo tiene, para sacarle copia o que lo tenga en pdf, o algo así…”

Le respondí que no, que tenía todas las épocas del mundo de no ver el libro y que mi tía probablemente ya lo había perdido años ha.

Pero me agradan ciertos retos (soy selectivo, sí) y me puse a buscarlo por internet a ver si estaba en uno de esos lugares de donde se descargan libros. Nada, el libro, sencillo, no existe en internet. Eso sí, lo vi en dos lugares de tipo de esos de subastas y su precio.

Lo comenté y lo olvidé.


Y he aquí que aparece en FB un lugar o amigo-entidad llamado “La Aventura de Leer” que es un lugar en la Ciudad de México que ofrece libros de segunda mano y que hizo la pregunta en general: “Si se te ofrece un libro, dinos, te lo buscamos…”. 

En ese momento se me ocurre pedir el mencionado Anecdotario de una etc.

Al poco rato me dicen (o se me hizo poco rato): “sí, lo tenemos y vale tanto…”

Yo: “¿Donde están ubicados?”

Ellos: “Por Córdoba en la Colonia Roma Norte, cerca de Álvaro Obregón”.

Así quedó.

Así lo olvidé también.

Pasaron mas meses y un buen día, o buena tarde, que andaba con tiempo en la Gran Ciudad de México se me ocurre buscar algo en Google Earth relativo a una dirección cerca de donde estaba y me encontré con nombres de calles de Veracruz. Fue ahí donde me acordé que tenía una necesidad de ir a una parte y ahí me acordé, la calle Córdoba, ¿para qué la quería? Me acordé del dato de dónde quedaba exactamente, resultó que estaba a 10 cuadras de ahí y me dispuse a ir.


Fui, me lo vendió un señor muy simpático y me lo llevé.

Transcurrieron los días en medio de otras tantas lecturas dispersas que me suceden, me pasan y me ocurren, lo empecé a leer. (Sí, sé que habrá criticas de porqué perder mi tiempo en ese libro, pero la vida es muy dispersa, oh, sí).

Me encontré con un libro extraño, único, curioso. Digo extraño y único porque, tiene una estructura narrativa de biografía, eso no es lo extraño, sino el cómo estaba escrito.

Primero: La persona que la escribió, una joven que no da nunca su nombre o alguna pista de quién pudiera ser, tenía una necesidad extrema de contar su historia.

Como todas las biografías empieza por la juventud, sus pretendientes, sus novios, sus trabajos y cómo se va desenvolviendo en el mundo profesional, tan enrarecido para nosotros, luego se centra en sus relaciones con los hombres, cómo la buscan (al parecer era muy guapa de joven) cómo se defiende, como se siente, siempre mostrando sus emociones a través de su lenguaje, de su manera tan coloquial de decir las cosas, de expresar sus emociones, de evocar sus sensaciones.

Su estilo es gentil, amable como ya dije, esa mujer no puede evitar ser simpática, o dejar de ser ocurrente sin que tenga creatividad en lo que dice y cómo lo dice, para avanzar utiliza muchas iniciales, como por ejemplo:


“Mi M.V. es una combinación de VIAJES CON CONGRESOS. Si combinara VIEJOS CON PROGRESOS, O.G.M.C.         
Me llamó mi amiga B.B. (le dicen la B.B. porque es más puntual que el observatorio), que nos iban a dar trabajo en un congreso de Agencias de Viajes Latino Americanas en Acapulco, pero teníamos que ir a oír las instrucciones a casa de una de las coordinadoras, M.C., ella y M.M. eran las responsables.”

Y en la parte inferior de la página dice:

M.V. – Modus Vivendi
O.G.M.C. – Otro Gallo Me Cantara
B.B. – Big Ben
M.C. – Mátalas Callando
M.M. – Mosquita Muerta”

Así las cosas, ella va creando su propio mundo con sus propias reglas. Va deshilando lo que trae dentro, lo que desea contar a través de relatos espaciados que ella, lo que consideró soltar poco a poco sin al parecer quedarse nada, tanto lo bueno, lo divertido, como las Cosas Feas, como ella intituló así a uno de sus capítulos en los que narra la muerte de su madre.

Pero ella no pierde la fe nunca, va a través de su entorno avanzando en lo que quiere, resolviendo su vida excepto quizá, en la parte emocional.

A través de incontables anécdotas, hazañas, historias, descripciones de situaciones o de estampas, Fulana de Tal va mostrando el México de 1970 hasta quizá 1976. Un México en el que los  míticos sesenta ya sucedieron, que ya se vive otra circunstancia y que de algún modo la resaca política, el sopor inicial en los que nada emociona ya, va invadiéndolo todo después del encontronazo del 68 y del 71.

Fulana de Tal probablemente tenía entonces 20 o 22 años al principio de su historia, además, de manera un tanto natural ella no menciona mucho de política salvo en sus contactos o relaciones que tiene con varias personas específicas que pertenecen a varios ámbitos de por esos lares. Sale alguien de la Suprema Corte, alguien más que es asesor de la campaña de Lopez Portillo (quien se menciona por un débil apodo, Lotes Cortillo), y también sale mencionado alguien que está relacionado con alguna importante director de alguna paraestatal de las cientos que creó Echeverría por entonces en la ola de la economía mixta, a quien no se menciona en absoluto.

Bueno, hasta aquí he descrito un posible libro costumbrista urbano capitalino del último tercio del siglo veinte. Considero que tiene un valor el recordarlo así, como un libro que nos entretuvo, que nos agradó, que nos causa esa nostalgia de que al revivirlo casi podemos imaginar esos lugares por donde andaba Fulana de Tal y que no conocimos.

(Bueno, cuando camino cerca de la glorieta de Colón, cerca de donde hay hoy un Starbucks, hay una estructura así de esas modernista que hace marco a un esquina de un edificio, al parecer es de aquellos años, y es cuando me pregunto, “¿estos serían los rumbos de la agencia de viajes de Fulana?”.)





Fin de la primera parte, a esperar la segunda...  Saludos!



(Incluyo el video que hice al respecto... por si lo desean ver...)









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