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domingo, abril 08, 2007

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte IV: Un Final que no complacerá a Muchos.


Por última vez toco el tema de la Magdalena, acabando esta Pascua del año 2007. Se tocaron temas muy espinosos y no sólo religiosos, pero la explicación de ello está en el texto. Espero que el tema haya sido lo suficientemente relevante. Mientras pasen los años se descubrirán más cosas sobre estos temas, más elementos de decisión, más elementos de duda.


Y todo cambiará pero nada cambiará, lo sé, se ha dicho mucho al respecto.


Pero no importa, al final la verdad será la verdad, trataremos de seguir acercándonos a ella y ésta nos será, por siempre elusiva, como desde el principio lo fue...


Continúa Joan Acocella en su artículo del New Yorker analizando el punto de la Cristiandad como conjunto de verdades.

La Cristiandad ha sido considerada desde que aparecieron los Evangelios Gnósticos sujeta a discusión, lejos ahora de la verdad absoluta. Como mencioné antes lo de la Santísima Trinidad o Binomio, lo que conocemos hoy por hoy como doctrina cristiana es el resultado de las fuerzas dominantes ganando argumentos a través de los siglos de lo que era la Iglesia Ortodoxa entonces hasta la Iglesia Cristiana que es ahora, con todo y sus diferentes grupos.

Después de todo esto, muchos evitan estos conceptos y aún su discusión enfocándose en Jesús, un hombre que predicaba una idea acerca de amor y justicia. En aquellos tiempos eso era ultrarrevolucionario. Una causa real para morir. Y en estos tiempos, supongo que morir por los mismos conceptos ultrarrevolucionarios también lo sería. 


Miremos sólo a nuestro derredor.

Amor, Paz, Perdón y Justicia.

Lo demás son aderezos. Si hay gente que necesita de manera severa tener la seguridad de que Jesús resucitó, pues bueno, que crea. A mí nada me quita. Si creen lo contrario, igual. A mí tampoco nada me quita.

Amor, Paz Perdón y Justicia.

Quererlo como Jesús, como tu motivo vital, personal, absoluto, es hoy por hoy, ultrarrevolucionario.

Joan Acocella termina su artículo con una consideración acerca de la personalidad misma de Magdalena. El saber que ella es visionaria y líder no le da un brillo más allá del que le podríamos dedicar a una estampita. No hay más que ello. No hay drama. No hay punto de identificación o de admiración más allá en el que pudiéramos involucrarnos emocionalmente.

Ni la Biblia da mucho, ni la tradición medieval sobre de ella es cierta y los Gnósticos la pintan como mencioné, visionaria, líder, pero eso de levantar la mano y preguntar a Jesús más del 80% de las preguntas, como dice Acocella en su artículo, bueno, se entiende que Pedro estuviese molesto. Cualquiera lo estaría.

Y hay gente que extrañará su cabello, su jarra de aceites y ungüentos, su canción de No sé cómo amarlo

Es en el Nuevo Testamento en donde reside el drama, el que tú tienes en tu casa, o en tu cajón, el que quiera leer, no necesita ser Indiana Jones para buscar en medio de enemigos mortales los jarrones conteniendo los arcanos textos máximos llenos de misterio, poder y enigma.

No, el drama está ahí.

Supongamos que algo de lo dicho arriba y de los libros escritos basados en los Evangelios Gnósticos sea cierto.

Supongamos por un momento que sí, que Magdalena vivió al lado de Cristo.

Supongamos, sólo supongamos que Magdalena lo amó, (¿por qué no pudo ser así?) por sobre todas las cosas.

Supongamos que Jesús dijo algo de lo de arriba. Que ella era su compañera. No le demos si quieren estatus más allá de compañera. Ultimadamente no hay nadie hoy, vivo, que pudiera afirmar que estuvo ahí. Todo lo que conocemos son, reconozcámoslo, recolección de testimonios de segunda mano. Tanto los Evangelios Gnósticos como los cuatro Evangelios de todos conocidos.

Después que despojamos lo anterior queda algo en nuestras manos.

El Evangelio según San Juan.

Dice algo así:

Aquí la Magdalena va hacia la tumba en la oscuridad, antes del amanecer y ella va sola. Va de prisa, con la sensación de peligro. Ya si no, mataron a su Maestro por rebelde, los propios romanos, el ejército más poderoso del mundo entero de por entonces, que no andarán muy lejos.

Llega ella a la tumba y para su sorpresa la piedra que cubría la entrada está de lado. Vuelve con los discípulos y les dice: “Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos a dónde se lo han llevado”. Pedro y alguien más, no dice su nombre, corren a la tumba; ciertamente, van de prisa. Cuando llegan comprueban que la Magdalena está correcta: el cuerpo no está.

Vuelven a casa, confundidos, pero la Magdalena se queda detrás llorando. Ella mira de nuevo dentro de la tumba. En eso mira a dos ángeles vestidos de blanco, Ellos le preguntan la razón de su llanto. Ella les repite la misma queja: “Se han llevado a mi Señor y no se a donde lo llevaron”. Aún con los ángeles ella sigue buscando al cuerpo. Pero aparece otra figura que le pregunta: “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?” La tumba está en un jardín, y la Magdalena cree que es un jardinero. Una vez más, repite su lamento: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo tienes”.

La revelación es absoluta.

“María”, le dice el supuesto jardinero. De inmediato ella lo reconoce: “Querido Maestro”. Ella se le acerca queriendo abrazarlo. 


Él le dice: “No me toques” (Noli me Tangere en latín). También dice en otra traducción. “Suéltame”, sonando algo violento, tosco, rudo. En las típicas explicaciones de abajo en la Biblia dice: “es natural, se iban a ver después”.

Y el Maestro continua: “ve con mis hermanos, y diles que ascenderé con mi Padre.” Inmediatamente él se desvanece y ella se queda sola.

Joan Acocella, la escritora del artículo del New Yorker, mujer, en pleno despliegue de sus facultades de sensibilidad femenina, afirma:

“Esta escena es el punto más poderoso acerca de la confrontación con la muerte, acerca de la pérdida, para siempre, de quien amas.

“El entorno es maravilloso: el verde jardín, la luz en la mañana, los ángeles. Entonces se escuchan las crueles palabras: “No me toques” (o “Suéltame”). Él estaba ahí, le llamó por su nombre; ella lo trató de abrazar. Ahora debe de quedarse atrás, dejarlo ir, y quedarse sola…

Acocella concluye que deberíamos darle todo nuestro apoyo a los jóvenes eruditos bíblicos acerca de que los textos Gnósticos son una buena evidencia acerca de que la Iglesia debería de ordenar mujeres.

Termina mencionando que la evidencia de la autoridad de Magdalena sobre asuntos del alma esta ahí, en la historia del Evangelio según San Juan.


Hay dolor ahí. Mucho.

Sólo me quedo decir que difiero un poco de lo primero, más no de lo segundo.

El tema en sí de ordenar mujeres como sacerdotes es incidental en todo esto. Una vez más estamos hablando de un gran contexto, la Iglesia Católica, institución como ninguna otra en la que sus integrantes en jerarquía se han ido pasando un soplo espiritual de persona a persona en una gigantesca cadena de generaciones hacia atrás hasta llegar a las catacumbas.

Si su antecesora, la Iglesia Ortodoxa, degradó el nombre de Magdalena y la difamó, para 1900 años después, su sucesora enmendara su error, no creo que la revitalización del papel de ella quede sólo en poder lograr la ordenación de sacerdotisas.

Para eso, a los estándares de cómo la Iglesia maneja sus tiempos, pasarán dos o tres siglos más (y lo afirmo literalmente) y no se utilizará el papel de Magdalena como rol a seguir, más bien serán otras presiones las que lo consigan, incluyendo las de la falta crónica de nuevos sacerdotes para una población creciente. 


El motivo de ordenar sacerdotisas será de índole puramente práctica, la verdad. Complejísimo tema, lo sé, pero los tiempos que se vienen también lo serán.

Ahora sí, lo notablemente importante aquí es la reivindicación histórica de una figura real, Magdalena.

Lo otro notablemente importante es la puesta en escena de un concierto de conceptos que logran estar incluso fuera del contexto religioso actual, que serían de tal impacto, que ahora sí, la Iglesia, como la conocemos, podría evolucionar en algo más, en algo realmente más espiritual y poderoso, para aquellos que efectivamente quisieran llegar a ello.

El cómo eso podría resolverse para las grandes masas de allá afuera que no sabrían de buenas a primeras como entender los conceptos de visiones superiores del espíritu, estrictamente individuales y sin tener que recurrir a personal de instituciones que se los ha marcado y remarcado semanalmente por casi dos mil años de antigüedad, llenas esas instituciones de rituales que promueven obediencia y sumisión, sería otra cuestión.

Tal vez esa sí sería la clave de una verdadera liberación de las mentes, a lo largo y lo ancho de la nueva existencia humana, en los siglos por venir.

Y sólo recordar que, cuando todo comenzó, al lado de Jesucristo ahí estuvo siempre, María Magdalena.


jueves, abril 05, 2007

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte III: la Trama (como siempre) se Complica.

(Antes de seguir con la historia de Magdalena y su no Iglesia, favor de leer lo siguiente que tiene que ver con cómo se forma, conforma y reconforma la historia que da referencia a mucho de lo que percibimos a nuestro alrededor)

La historia está presente todos los días al lado de nosotros sin que le prestemos atención. 


Está en los días festivos declarados en el nombre de nuestros héroes que murieron por darnos patria. Están ellos en los museos que erigimos. Están sus efigies en las estampillas, en los billetes, en los billetes de lotería incluso, en los nombres de escuela, en las plazas, en los nombres (o apellidos, como se estila mucho en el centro del país) de pueblitos, en los nombres de las calles. 

No son mas que maneras sutiles de manipulación para todos nosotros. 

Es como si hubiera un hit parade de héroes que siempre está en suspenso, que valdría revisar como era en los años cuarenta y como ha ido evolucionando hasta esta nuestra primera década del siglo XXI. Un hit parade que hasta cierto punto alguien (o muchos alguien) diseñó o diseñaron.

Así se les da realce a algunos. Así se les oculta también a otros. 


Los que manejan la historia, los que pueden hacerlo, lo hicieron (hacen) sin que lo supiésemos (sepamos) en muchas ocasiones. Algo ya es modificar libros de texto, indicando la desaparición de ciertos próceres y destacando la labor de otros. 

Así se modifican maneras de pensar. Por carretadas. Por millonadas de personas. Por lustros o sexenios…

Hoy, niños, abran su libro de Historia en la página 56, vamos a leer la lección que corresponde a Benito Juárez, el segundo dictador de México, más de diecisiete años en el poder.


¿Cómo suena? ¿Un poco subversivo? Y los hechos así fueron. Juárez estuvo diecisiete años en el poder.

Maximiliano, emperador con ideas liberales, aún así fusilado. ¿Iturbide? Libertador de México, junto con Guerrero, durante la Consumación de la Independencia. A este último hasta le nombraron un gran territorio con su nombre, ¿y a Iturbide? ¿Sólo dos pequeños municipios de entre dos mil cuatrocientos que consta el país? ¿Duele todavía tanto a algunos el que lo hayan erigido emperador después de casi doscientos años? Y ni hablemos de Díaz ni de Cortés.

Hugo Chávez cambia el himno, cambia la bandera, cambia el nombre de su país. Stalin también lo hizo con sus ciudades importantes. Stalingrado, Leningrado. Muerto Stalin y muerto el comunismo (aparentemente): Volgogrado, San Petersburgo.

Detrás de sus hechos hay motivaciones. Eso es lo que hace el Poder. Ya sea imponer, hacer popular, engrandecer una reputación. ¿En quién? En la población. Los actos de los héroes son manejados como ejemplos de deber, de respeto por la patria y tal vez, de obediencia. De obediencia ciega. En ocasiones cuando se pide unidad en torno a un lema o a un símbolo se pide que no exista lo contrario, lo cual básicamente va en contra de la libertad de expresión, en contra la disidencia en sí de un punto de vista colectivo imperante.

La famosa voluntad de las mayorías. Que en realidad en su tiempo y en su lugar fue la de Hitler. La de Stalin y sucesores. La de Mussolini. La de Mao. La de Gaddaffi. La de los Ayatollahs. La de los Talibanes. La de Kim Il-Sung y de su hijo. La de Franco. La de Chávez (otra vez). La de Díaz Ordaz. La de Bush. ¿La de la misma Iglesia?

En la Iglesia se pide obediencia absoluta (dentro de la libertad de elegir, en teoría). Se pide respeto. Lo que no se está en acuerdo con la iglesia se ve como falla, se percibe como pecado. Y hay castigos para los pecados. Hay penitencias. En los casos extremos hay hasta excomunión.

Así las cosas, en circunstancias especiales se escriben encíclicas. Se dictan modos de actuar. Se dictan reformas. (De hecho, he estado leyendo que el Papa Ratzinger va a pedir, o ya está en eso, que la misa se vuelva a dar en latín, para volver al significado místico de la misa para que, supongo yo, vuelva a imperar ese ambiente de contemplación y sumisión en la grey que tanto se extraña en muchas áreas conservadoras de la Iglesia.)

Y el asunto con Magdalena es precisamente ese. ¿Qué fue lo que pasó para que cambiara la Magdalena de prostituta a sólo doliente y sufriente? Si hubo un proceso de revisión, ¿qué sucedió por la mente de los que la cambiaron? ¿Con qué objeto? ¿Qué hay detrás de todo eso?

Sé perfectamente que no son conspiraciones como para acabar con la humanidad, pero no deja de ser interesante dar un pequeño (bueno, tal vez no tan pequeño) vistazo a como las voces focalizadas en los siglos mueven sus piezas para, como dije al principio, dar realce a ciertos aspectos de nuestra vida cotidiana y sin que casi nadie preste atención, a ocultar otros. Las cosas no se dan por casualidad. Hay cierta discrecionalidad y selectividad en este, y en muchos otros, tipo de circunstancias.

El artículo del New Yorker en el que me basé para hacer esta reflexión más larga larga larga que la Cuaresma se llama “La Santa Pecadora: la Obsesión de Dos Mil Años con María Magdalena” escrito por Joan Acocella.

Este punto está interesante: Los eruditos bíblicos han entendido desde hace mucho tiempo que la Iglesia ortodoxa fue sólo el segmento de la Iglesia que ganó por sobre todas las demás sectas Cristianas compitiendo en aquél tiempo, los así llamados Gnósticos.

Recordemos que todos aquellos que se desvían de la doctrina imperante son denominados herejes. Aquí el punto es este, tal vez difícil de comprender.

Aquí estoy yo escribiendo esta tercera pieza de blog frente a una computadora HP, pantalla plana, de 3.7 Ghz con 80 Gb de disco y 1 Gb de memoria, que no es mía, por supuesto. Mis fuentes de información por las cuales defino mis verdades son los libros de toda mi vida más los que van apareciendo y el Internet, en ocasiones la TV y en ocasiones los medios periodísticos. 


Vivo con ciertas ideas al respecto de la vida y la muerte. Igual con ideas respecto a la política, a la naturaleza, a las artes, al equilibrio y armonía con mi universo que me rodea, con mi propia familia. 

Y muchas de estas ideas han sido formadas por una educación fuera de mi casa. Esa educación con algo de diferencia con la que, y me atrevo a decir, no tanto que me la propusieran la Iglesia y el Estado (a través este de su Secretaría de Educación Pública y los medios de comunicación que corrían presurosos en aquél entonces a lo que ella, y otras secretarías, dictaban), y no, no me la propusieron, realmente me la impusieron (como recordando el dicho aquél que dice: “la letra con sangre entra”).

Mucho de la veneración que pueda sentir, poca o mucha, por héroes y por santos me la impusieron ellos. (La devoción que pueda yo sentir por los Beatles y John Lennon y Carl Sagan y decenas más, la adquirí yo en forma definitivamente más libre y en plena conciencia de mis sentidos, gustos, necesidades, aficiones, percepciones y sensaciones a través de los años en incontables epifanías).

Navidad y Pascua. Juan Bautista, Judas Iscariote y Pilatos. Los Reyes Magos y Herodes. Bautizo. Comunión. Confirmación. Matrimonio. Confesión. Penitencia. Circunstancias con las que crecí. En su tiempo las aprendí y nunca las puse en duda, en su tiempo, repito.

¿Me haría daño, realmente daño, saber que la madre de Cristo pudiera no ser virgen? ¿Me podría dañar en el alma saber que Jesús tuvo hermanos? ¿Me podría causar problemas de conciencia el confirmar que Jesús pudo haber tenido hijos? ¿O que no murió en la Cruz? ¿O que Judas Iscariote pudo haber sido en realidad su amigo y no un traidor? ¿O algo de tal vez menor impacto, si hubiera una Santísima Dualidad o Santísimo Binomio en vez de una Santísima Trinidad, como comenté en un blog pasado?

¿La transubstanciación dejaría de serlo? ¿La misa no se daría igual? ¿No se sentiría igual? ¿No reconfortaría de la misma manera? ¿La confesión con el padre y la absolución no serían lo mismo? ¿Dejarían de valer?

¿Es tan malo ser hereje, en esta vida moderna de 3.7 Gigahertz?

Y si los Gnósticos hubieran sido más listos la cosa hubiera sido diferente. Y si la Guerra Civil Norteamericana hubiera sido ganada por el Sur en lugar del Norte. Y si Hitler hubiera descubierto la bomba atómica primero. Y si México hubiera ayudado a Alemania en la Primera Guerra Mundial.

¿Todo hubiera sido tan diferente? Lo acepto, algunas cosas, definitivo, más que otras.


La arqueología vino de manera ciega a ayudar a develar el misterio de la Magdalena. Así como hubo, o están, los manuscritos del Mar Muerto, que su fama se diluyó en el sentido de esperar por más de 60 años una edición satisfactoria de lo que traían escrito, así están los manuscritos de un lugar llamado Nag Hammadi, en el Alto Egipcio.

Estos manuscritos fueron encontrados por el proverbial pastorcito (en este caso, egipcio, el del Mar Rojo fue palestino, árabes a fin de cuentas) que ignorando lo que había encontrado los llevó a su casa iniciando un largo camino entre tratantes de antigüedades, contrabandistas hasta llegar a los eruditos que sí sabían copto, el idioma egipcio que se hablaba en los siglos II y IV de nuestra era en esa zona. (Woody Allen en una de sus deliciosas ficciones breves cuenta que algo así sucedió con ooootro pastorcito que se encontró ooootros manuscritos hassidicos, de antigua tradición judía, y que, en su ignorancia, los vendió a un museo de Filadelfia en tres cuartos de millón de dólares. Ese era el punto, en su ignorancia, ¿eh?)

Bueno, el caso es que los manuscritos de Nag Hammadi eran escritos gnósticos, trece códices abarcando cincuenta y dos textos que eran traducciones del griego de dos siglos antes. Se quedaron estos en un museo de El Cairo y no como otros, estos sí fueron publicados.

Así las cosas estos Evangelios Gnósticos dan sorpresas. En ellos se dice que no es tanto Dios, Dios, Dios el que creo el Universo, sino un Demiurgo, algo así como alguien distinto al que conocemos, no Creador del Universo, pero si impulsor, y la Caída de la Humanidad es contada ¡desde el punto de vista de la Serpiente, amiga de la Humanidad!

Si alguien quiere leer lo que dicen los mentados Evangelios, pudieran seguir a un libro de Elaine Pagel llamado así “Los Evangelios Gnósticos” o el de Marvin Meyer, “Los Descubrimientos Gnósticos: El Impacto de la Biblioteca Nag Hammadi”.

La relevancia de este asunto es que la estrella principal de estos Evangelios es ni más ni menos que la Magdalena. Y no sólo ella no es prostituta; más bien ella es una heroína evangélica y una discípula favorita de Cristo.

Aquí entramos en materia evangélica, pero nada de lo que estamos acostumbrados, ¿de acuerdo? Que cada quién piense como quiera, y que el Dios personal de cada quién tenga piedad de sus propias almas…

Dice el artículo del New Yorker (obvio, ya se han dado cuenta de que esto no es una traducción precisa del articulo en cuestión, no era intención en particular de este blog y bueno, se muestran párrafos para captar todo este asunto), escrito por la multimencionada Joan Acocella:

El texto clave es el Evangelio de María. El texto se abre y es el Cristo resucitado predicando a sus discípulos. No existe tal cosa como el pecado, dice. Los discípulos no deberán seguir autoridades ni seguir reglas, simplemente deben de mirar dentro de sí mismos. Así las cosas, los discípulos se quedan temblando. Temen por sus vidas.

Aquí es donde aparece la Magdalena, ella les dice: “No lloren o sufran o se queden en duda”.

(Lo siguiente son citas de los textos Gnósticos traducidos por Meyer, el autor del último libro).

Pedro dice a Magdalena que todos saben que Jesús la amo más que a otra mujer, y le pregunta si hubo algo que ella hubiera aprendido en forma privada con el Salvador.

La Magdalena le responde describiéndole una visión que ella tuvo del ascenso del alma hacia la verdad, una historia que ella sola compartió con Jesús. La concurrencia queda impactada. “¿Realmente Jesús le habló a ella en privado?” Pedro le pregunta a sus hermanos. “¿Deberíamos escucharla? ¿Él la prefería más a ella que a nosotros? ” Magdalena rompe a llorar y le pregunta a Pedro si cree que miente. Entra otro discípulo, uno llamado Levi: “Pedro, siempre estás molesto… si el Salvador la prefería a ella, ¿quién eres tú para rechazarla?”
En griego gnosis significa “conocimiento”. Para las comunidades griegas, significaba un tipo de entendimiento espiritual –el objetivo de todo creyente— que se lograba a través de una intensa reflexión, típicamente acompañada de visiones.

El Evangelio de María muestra a la Magdalena como una experta en esta práctica. También la presenta como líder, llena de confianza y pasión.

En otro texto gnóstico llamado Sabiduría de la Fe, “Pistis Sophia” muestra un diálogo de cuarenta y seis preguntas que se le hacen a Jesús, de estas, treinta y nueve son de Magdalena. Pedro se queja que no deja hablar a nadie más.

Se notaba que Pedro tenía ganas de expulsarla, definitivamente. Al parecer Jesús la prefería. Se le menciona en alguno de los textos como “compañera”, característica basada en que se le consideraba a su convicción de su entendimiento superior.

Mientras la Iglesia Ortodoxa, antecesora de la Iglesia Católica, esta ocupada en ese tiempo, siglo III y IV, eliminando mujeres de posiciones de poder, la secta de los Gnósticos parece haber estado siguiendo otra ruta distinta. Otro texto más dice que Jesús tuvo entre sus discípulos siete mujeres además de los doce hombres.

Y si se piensa que todo esto es muy feminista y “arriba las mujeres” y todo eso, hay textos que indican que Jesús pensaba que los hombres eran más espirituales de todo a todo que las mujeres, más terrenales, lo que era parte de las creencias generalizadas de esos tiempos.

El asunto del género, uno más inferior que otro, también estaba en la discusión entre los Gnósticos.

El hacer a Magdalena prostituta arrepentida le permitió a la Iglesia Ortodoxa resolver el problema y el como lo estaban resolviendo los Gnósticos y su líder pudo ser una causa, entre otras, para que estos fueran considerados, entre otras cosas, herejes.

Estaba el otro espinoso asunto: el del rechazo de los Gnósticos a las reglas y a las jerarquías, punto totalmente incompatible con la institucionalización de cualquier, redundando, great-power-to-be.

Los Gnósticos también eran elitistas. No todos pueden llegar a su Nirvana divino con la intensa reflexión. La Iglesia Ortodoxa quería ser para todos y quería decirle a esos todos lo que era divino-to-be a través de sus sacerdotes, que para algo habían estudiado mucho y que, a través de una rutina semanal, los todos confesaran ciertos prescritos artículos de fe y observasen ciertos rituales sencillos, y así ellos también, podrían entrar al Reino de los Cielos.

De hecho, dice Pagels, una de las escritoras mencionadas arriba, sin estos humildes puntos, no hubiera podido haber religión cristiana, tan sencillo como eso.

Hay más detalles, más feministas con los que no me pienso meter. Digo, estos están claros en ciertos puntos como para involucrarme en camisa de once varas en retóricas fuera de este texto. No es el punto de analizar a Magdalena como mujer en sí en su totalidad y excluir lo demás fuera de ello, sino de observarla como el ser humano digno de estudio que es.

Mejor pensemos que desde hace treinta años, con tantos cambios en los puntos de vista de pensamiento, ideas, intelectualidades y demás, las cuestiones del postmodernismo, las cuestiones de las investigaciones exhaustivas desde todas perspectivas, desde todos los frentes, todo todo todo ha sido puesto en duda, todo ha sido objeto de escrutinio, todo ha sido sujeto a la exploración de dobles y terceras intenciones, todo puesto a un cross-examination en la pesquisa de dobles y triples sentidos, y todo en medio de mil de caleidoscópicas circunstancias.

No dudo que haya personas, que hayan leído hasta aquí (todo puede pasar y soy optimista), que se estén preguntando cuáles serían mis reales intenciones al escribir todo esto. Y si yo escribiese aquí que no había más objetivo que trazar un punto de vista leído de otra fuente que consideré valiosa, ¿me lo creerían? ¿Cambiaría en algo las cosas?

¿O es mi plan destruir la fe de la Humanidad? ¿O la misma Iglesia? ¿O sería mi objetivo el socavar los pocos valores que quedan a nuestra juventud descarriada?

No lo creo así.

No sé si esto que relato aquí sea popular. Lo que sí, es que se me hizo importante. Se me hizo relevante.

Y todavía falta la conclusión. Será de proporciones bíblicas.

Literalmente.

sábado, marzo 31, 2007

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte II: un no bienintencionado desarrollo.




Hay muchas confusiones al respecto de María Magdalena.

Veamos los hechos que describe el artículo del New Yorker titulado: “La Santa Pecadora: la Obsesión de Dos Mil Años con María Magdalena” escrito por Joan Acocella el año pasado en Febrero.

María Magdalena consigue solo catorce menciones en el Nuevo Testamento. Lucas y Marcos la describen como el sujeto de uno de los exorcismos de Jesús –le saca siete demonios dentro de ella—y como una de las varias mujeres que lo siguieron.

En los cuatro Evangelios ella está presente en la Crucifixión.

Su rol es entonces pequeño. Excepto por un pequeño detalle: Cada uno de los Evangelios cuenta la historia un poco diferente, pero básicamente, la Magdalena, ya sea sola o con otra mujer, va el tercer día para ver el estado del cuerpo de Jesús, y es a ella o a ellas, que un ángel o el Cristo mismo anuncia que él ha ascendido de entre los muertos, y le instruye a ella a que vayan a contárselos a los discípulos.

Al parecer este mando, orden, instrucción, por leve que parezca, le da un giro a las cosas. ¿Por qué de entre todas las personas posibles, fue Magdalena, una mujer, a quién se le apareció? Pudiendo ser a Pedro, mínimo, ¿no? Él era la piedra, ¿no?, sobre la cual se iba a edificar su iglesia. (Pudo aparecerse a Pilatos, o a no sé, a Herodes, al que fuera, al emperador Romano Tiberio incluso, pero no, fue a Magdalena, cuatro evangelios lo afirman, ni más ni menos).

Por otra parte, tener sólo catorce menciones en la Biblia no te hace muy popular. Entonces, ¿qué sucedió?

El caso es que nunca olvidar que es la Resurrección la prueba de la verdad de la fe cristiana.

Y se podrán discutir mil cosas al respecto. Pero ahí está en los evangelios.

Dice el artículo mencionado que si está ahí en cuatro versiones ligeramente distintas es porque así sucedió, que es así porque la gente dijo que había sucedido de ese modo.

Y el problema es que hoy hay muchos eruditos especializados en la Biblia, bueno, que hay mucha tela donde cortar.

Los evangelios son colecciones de tradiciones orales. Ni Lucas, ni Marcos, ni Juan, ni Mateo anduvieron por ahí de testigos de primera línea cuando sucedieron los hechos.

Los evangelios son como los puntos de referencia a través de los cuales la demás gente se guía. Gente que al principio, en los primeros tiempos de la cristiandad, no sabía leer. Los evangelios son guías.

Por decir, orales y escritos y todo, son las personas, artistas y escritores y demás los que le han dado el sesgo que hoy conocemos. Un ejemplo, en la descripción del Nuevo Testamento del nacimiento de Jesús no hay paja o nieve u olor y calor de animalitos. La gente los puso ahí. De ahí los conocemos.

Aquí entramos en otro asunto. El tema del sexo, o del género, si me permiten decirlo. En el artículo del New Yorker, Acocella recalca que el intercambio personal más largo que tiene Jesús es el que hace con una mujer al lado de un pozo en Samaria. Un hombre judío, según la tradición, no podía hablar con mujeres que no fueran sus parientes. Y Jesús, no lo olvidemos, era judío.

De acuerdo a algunos eruditos, Jesús era ecuánime al respecto del género. Y esa actitud fue honrada en las primeras comunidades cristianas donde algunas mujeres sirvieron como líderes. Digo, no tiene mucho de extraño, en nuestros medios se da mucho el matriarcado, aunque muchos no lo quieran reconocer.

Pero en el segundo siglo, cuando se consolidó la así llamada “Iglesia Ortodoxa” o primera Iglesia Cristiana, las mujeres comenzaron a ser relegadas, dice el artículo, junto con la “cosa” en la que ellas se estaban viendo más identificadas: el sexo.

No fue hasta el siglo doce que se requirió a todos los sacerdotes católicos que fueran célibes, y ya desde antes los Padres de la Iglesia estaban siendo cada vez más rudos contra el sexo en sí, o sea, los peligros de la carne.

Siguiendo esa línea, en el siglo IV, la madre de Cristo, María, fue declarada virgen. La castidad se había vuelto el ideal. Las mujeres, la incitación a la lujuria, fueron estigmatizadas.

Entonces, se pregunta Joan Acocella: ¿cómo es que el prodigioso anuncio de la Resurrección se le hizo a una mujer?

Lucas dice que Magdalena era “pecadora”. Esto tenía sentido. Está lo de los “siete demonios” extraídos de la pobre mujer. La concupiscencia pudo ser uno de ellos. María Magdalena es de las pocas mujeres –yo no estoy seguro— que es referenciada por su lugar de origen, Magdala, una villa de pescadores, próspera, al parecer pueblo licencioso amante de placeres. Y como ella llegó a lavar los pies de Jesús con sustancias que había comprado, no es muy lejano pensar en el cómo pudo haber conseguido ese dinero.

Dicen algunos estudiosos que la cosa se ponía sencilla para la Iglesia.

Antes de que se diga que me pueden gustar los asuntos de conspiraciones y demás, yo podría decirles que si por favor se dan una pequeña vueltita por historias de las primeras religiones, para que vean de a como se ponían las cosas a la hora de definir si existían, por ejemplo un espinoso tema, la Santísima Trinidad o una Santísima Dualidad (ésta última niega al Espíritu Santo el mismo "nivel" del Hijo y del Padre, que no sé con claridad si eso sea pecatta minuta o no) en los años del cuarto siglo de nuestra era (por no decir “después de Cristo”), puesto que había grupos dentro de la Iglesia Cristiana de entonces que apoyaban un concepto más que el otro. 

Me pregunto, ¿cómo serían las cosas de diferentes si ahora tuviéramos una Santísima Dualidad en vez de la archireconocídisima Santísima Trinidad?

Así las cosas, no es de extrañar que estamos hablando de la formación de la Cristiandad como organización, símbolo, conjunto de rituales y de como la forma de las cosas, más que su fondo, bueno, incluso su fondo, debía de entenderse, de asimilarse, de enseñarse y de difundirse entre los creyentes. 

No creo que haya directriz prima de evolución de instituciones así. Así como en muchísimas muestras de lo que es Civilización, las instituciones-por-ser, debían de actuar conforme a sus tiempos, conforme a sus circunstancias y entornos. Las evoluciones de este alcance se dan lentamente no en el día con día, pero tal vez sí, en el siglo con siglo.

Por lo mismo, dice el artículo del New Yorker, y el programa del Discovery Channel, que la campaña de castidad sería mejor auxiliada si el primer testigo de la Resurrección fuera ni más ni menos, una prostituta. Más todavía, una prostituta arrepentida. Reunamos esto con el concepto totalmente cristiano de humildad y ya tenemos una perfecta combinación, una enseñanza implícita.

El famoso mensaje que es el que muchas personas, maestros y sacerdotes cuando lo van leyendo, nos dirigen una mirada significativa de “¿ya ven?”.

Según eruditos que sí saben el asunto (no creo que tenga que hablar de conspiraciones aquí, ¿verdad?, de congresos secretos que se empeñen en cambiar nuestras sagradas creencias para de ahí “cambiar al mundo”, material, por cierto, ya algo trillado de novelas de suspenso de Robert Ludlum (¡buenísimas, para esto!)), bueno, según eruditos, el asunto era bajarle el nivel de la Magdalena mientras se le daba ese carácter de arrepentida y ¡desde dónde! 

Para esto, en el siglo sexto en un mensaje a su grey, el papa Gregorio el Grande relegaba a María Magdalena a un nivel vergonzoso. Ella, una de las pocas mujeres independientes del Nuevo Testamento, se convirtió sencillamente en puta, tal cual.

Tuvo un éxito bárbaro en su nueva “carrera”. Según leyendas escritas por viejos arzobispos ya olvidados por muchos, se dice que hasta murió en Marsella, Francia, arrepentida de su terrible juventud.

Se nombraron muchas iglesias con su nombre, sobre todo en Francia, se le pusieron a muchas niñas también su nombre (si no recuerda el lector o lectora, piensen en cuantas Magdalenas han conocido en sus vidas, bueno, ahora con tantas Kims, Jennifers y Pamelas, eso puede también convertirse en reliquias de estos tiempos tan maltrechos en los que vivimos).

Tanto el artículo como supongo que el programa de Discovery, se basaron en varios libros recientes de investigación del tema, como por ejemplo el de Susan Haskins, “Mary Magdalene: Myth and Metaphor” (1993) o el de Katherine Cansen, “The Making of the Magdalene: Preaching and Popular Devotion in the Later Middle Ages” (2001).

Según estas mujeres (¿será casualidad que sean investigadoras y no investigadores?), en el siglo XII hubo un ascenso en la prostitución en las nuevas villas en camino a urbanizarse. Magdalena por tanto se volvió por así decirlo, “prominente”. O sea, el mensaje iba en el sentido de que las “prostitutas deben arrepentirse”. Algo así.

Ella fue puesta como el ejemplo típico de que los meros mortales podrían pecar y pecar, y todavía a través del arrepentimiento podrían tener esperanza de alcanzar el cielo (¡Salvación por todos mis amigos!).

Al pasar los siglos, la figura de Magdalena se suavizó. Como ya se mencionó, se volvió ejemplo de arrepentimiento total.

En la parte popular, el cine, por decir Jesucristo Superestrella de 1973, de Norman Jewison, sencillamente se le representa como prostituta arrepentida. En la película de Zefirelli de Jesús de Nazareth, de 1977, aparece ella terminando con un cliente y en la de La Última Tentación dirigida por Scorsese en 1988, las cosas se ponen peor, se ve a Magdalena vuelta prostituta sólo porque Jesús, que fue su compañero de infancia, la rechaza sexualmente, y no porque él no quería, sino porque no debía. Ahora, siguiendo la trama de esa novela y película, Jesús pasa por alucinaciones, o por fantasías, dependiendo, (sin que el público lo sepa hasta el final y sorry por el spoiler), en las que llegan a tener un hijo. Después de la fantasía, Jesús muere en la cruz.

En el caso de la muy reciente La Pasión de Gibson, la Magdalena sólo llora.

Como veremos, a partir de los 70’s, las cosas se complicaron para Magdalena y para nosotros mismos en ese sentido (como si a alguien le importara).

En 1969 se acabaron muchos santos por la revisión litúrgica del Santoral. Incluso San Cristóbal, el de las medallitas, se nos fue, pero, me pregunto ¿éstas se seguirán vendiendo? Supongo que sí. A eso me refiero, muchos ni se enteraron que San Cristóbal ya no era santo y siguieron vendiendo sus efigies y muchos siguieron comprandolas.

Como si a alguien le importara a estas alturas lo que dicta el Vaticano, repito.

Al reescribirse con más precisión las biografías de los santos, Magdalena dejó de ser prostituta.

Como ya vimos muchos querían que siguiera siéndolo. Y otros, dice Joan Acocella en su artículo del New Yorker, comenzaron a preguntarse en primer lugar, cómo, y porqué, llegó ella a ser degradada en ese sentido.




Eso lo veremos en la tercera parte de este blog largo largo largo como la Cuaresma.

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte I: una pequeña Introducción.


A modo de introducción ya que este blog va a ser largo largo largo como la Cuaresma, incidentalmente, fecha de publicación.

Hubo muchas palabras escritas el año pasado con tintes religiosos, con no sé qué propósito.


Había salido hacía tres años antes lo del Código Da Vinci, un libro mediocre que produjo una película también mediocre que levanto un revuelo tipo cualquier cosa, excepto, nada mediocre, la verdad.

Apareció el Evangelio de Judas Iscariote patrocinado ni más ni menos que por la National Geographic Society con el que hicieron muchísimo escándalo, lo transmitieron hasta el infinito en su canal e incluso imprimieron un número especial al respecto.

Y últimamente apareció un documental con el señor James Cameron por ahí en la producción, que tenía que ver con que habían encontrado la tumba de Cristo.

Sin ser yo especialista, el tema de la religión, como de todos los seres humanos, creyentes o no, me atañe.

Mucho se dice de cuales son los motivos por los cuales se tocan temas así. Muchas personas de inmediato mencionan que es por el dinero. Así de sencillo. Los perpetradores culpables de querer alterar el status quo quieren llamar la atención y por ese sencillo hecho esperan que haya dinero a toneladas que habrá que recoger.

Esto puede ser cierto en muchos casos, pero no en todos. Digo, hay personas que sí les gustan sus temas, que sí están apasionados y que sí hacen cosas que en sí les dan placer.

Otros motivos que se pueden derivar de ahí es, dicen, “desear hacer daño a las tradiciones, a las instituciones, y a la Iglesia en particular”.

El problema es que dentro de cada quién existen motivadores que despiertan o que incitan a seguir tras la comprensión y el entendimiento en muchas circunstancias.

Así como la Iglesia está dentro de su derecho a perseguir una erudición en temas teológicos dentro de su misma naturaleza de manera superlativa, así ha de haber miles de personas que se sienten también con derecho a perseguir su propia y diversa erudición por el sencillo punto de querer saber más acerca del entorno que los rodea y de la búsqueda de esa comprensión y entendimiento por sobre muchísimos misterios de los que está poblada la historia de la Humanidad.

La historia de la Religión es así, uno de esos temas en los cuales muchas personas quieren conocer sus propios orígenes como seres humanos en lo que concierne a la búsqueda de su creador.

Así como cuando uno va a la Iglesia físicamente no puede dejar de sorprenderse de estar en medio de una institución tan rica en capas de análisis queriendo tratar pobremente de abarcar lo que está sucediendo en medio del rito.

Primero el edificio que alberga el culto. Las imágenes que están ahí por motivos específicos. Las personas que imparten un mensaje de 2000 años de antigüedad atenuado o intensificado con las circunstancias modernas de 20 siglos de progreso, titubeos, cismas y revoluciones.

Luego, tenemos a la misma gente que acude al llamado a escuchar ese mensaje. Llenos de fe y en este caso casi sin vacilaciones, los que domingo a domingo acuden a recibir la palabra que ellos atribuyen a un ser de origen divino, más allá de la comprensión de todos nosotros. Acuden con fervor a lograr un poco de comprensión que pueda ayudarlos en su día con día. A tratar de realizar la conexión de la divinidad del universo con la misma esencia, miserable o no, de la presencia cotidiana de los mismos seres humanos. Seres humanos llenos de fragilidad, rodeados de tentaciones, repletos de angustia y de incertidumbre de lo que sucederá en sus vidas, y un asomo de certeza de que algo sucederá después dentro de sus inevitables muertes.

El mensaje que se da en la Iglesia es el producto de esos veinte siglos de tradición en que las palabras de un profeta diferente de los muchos contemporáneos que habían aparecido en esos tiempos, que murió y de quien luego se asegura que resucitó (la indiscutible clave de todo), que son el verdadero sentido de la existencia de más de 2000 millones de personas en toda la humanidad.

Palabras de concordia, palabras de fe, palabras de misericordia. Palabras de alegría, dicen incluso.

Palabras dichas por alguien que existió al principio de un tiempo que él como nadie más en la humanidad ha puesto denominación a su época, punto de referencia, punto de comienzo en la línea del tiempo que por eso es 2007 la cantidad de años después que el nació (que haya en realidad pequeños errores de cálculo, ¿qué son cuatro años entre buenos cristianos? bueno, eso no disminuye el significado del punto).

Esos estudiosos que se ponen a leer los registros que la arqueología entrega de tiempo en tiempo (de hecho cada vez más frecuentemente), no pueden ser acusados per se de querer cambiar un status quo. Ellos buscan saber culturas, muestras, castillos, reliquias, no exactamente buscan un cuerpo específico. Supongo.

Si la gente ya cree en las circunstancias divinas de Jesús, si la gente cree en la transubstanciación, si la gente cree en sus palabras, en sus hechos, bueno, que sigan creyendo a pesar de lo que aparezca: intrínsecamente nada cambia. Si se encuentran los restos de la Santa Cruz, si se encuentra la tumba de José de Arimatea, si se encuentra, ¿qué? ¿Los restos de la celebración de la tumba de Canaan? Lo que sea.

Nada cambia. Sólo se enterará un 2% de los cristianos mencionados arriba. De ese 2% un 90% ni les impactará. Los otros 1960 millones de personas actuarán como si nada.
Ojala la inmensa mayoría de la gente fuera como el ejemplo que Jesús predicaba. Ojala pusiera su otra mejilla, ojala fueran por la oveja descarriada, ojala siguieran el bien, punto.

Ojala no hubiera sacerdotes pederastas (con todo que han de ser más los pederastas no sacerdotes, por supuesto), ojala hubiera sacerdotes sin ambiciones ni orgullo, que fueran sin tacha (como los demás seres humanos también, pero el caso es que ellos son sacerdotes).

¿Qué importa que Judas pudiera haber sido el más inteligente de los apóstoles (en La Ultima Tentación de Cristo de Nikos Kazantzakis así es en realidad)? No se trataba de un concurso de inteligencia, sino de pasión, de amor por su maestro y por la causa espiritual en sí.

En fin. Hablar de religión es hablar de la experiencia espiritual de cada persona (cada una de las seis mil millones y pico de personas de este planeta, quiero decir) y de sus sensaciones, percepciones, conocimientos y experiencias. Mejor no hablar. No mucho, al menos.

Y en eso estaban las cosas cuando…

…leí hace como un año un artículo del New Yorker llamado “La Santa Pecadora: la Obsesión de Dos Mil Años con María Magdalena”… y me tocó ver un programa en canal 22 acerca del tema de la Magdalena, mismo programa que se había transmitido el año anterior en el Discovery Channel.

Y de eso se trata el siguiente blog.

Vuelvan, que esto se pone bueno.