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miércoles, junio 20, 2007

WALT DISNEY: INSPIRACIÓN, INDUSTRIA, IMPERIO Y UNA SINCERA APORTACION, DESINTERESADA COMO SIEMPRE, DE CÓMO CREAR MEGATONELADAS DE PROTO-INGENIEROS

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Prometo que este blog no será tan caótico como aparenta.

Antes de que yo naciera, Disney ya contaba conmigo.


Yo era, fui, soy, seré, uno de los miles de sus clientes en el pasado, presente, futuro. Es que eso dicen, que cada hora nacen 10,000 clientes de Disney. Y no es para menos. Cada persona que compre o use o vea o disfrute una sabanita, sonajera, pañalera, pijama, librito, cuentito, video, canal de cable, película, hasta llegar al parque de atracciones, cuenta.

Si trae una imagen de Mickey, de Donald, etc., pues ya saben a quien beneficiamos.

Y no es esta una diatriba contra el imperio comercial de alguien. Digo, ya quisiéramos una diezmilésima parte de esos megaingresos anuales. Y de eso vivimos, ¿no? De venderle algo a la gente a cambio de algo. Un servicio, un producto, un precio, una cuota. Todo dando vueltas alrededor de un bienestar mayor o menor para alguien más, para alguien menos.

¿Qué nos da Disney? Ilusiones, sueños, alegría, risa, diversión, emociones, niñez, confort. Una camiseta sola no es peor que una camiseta estampada con Mickey, pero ¿cuál querríamos usar? Queremos el adorno. Queremos ese adorno.

Cuando mi hija estaba chica me decía cuando salía a algún lado: “tráeme algo de alguien famoso”. Todo estaba dicho. Algo de alguien famoso. La consumidora por excelencia desde pequeña.

¿Algo? Lo que sea. ¿De alguien famoso? Eso no es tan difícil. Debería ser famoso para ella. Su concepto de fama no difiere mucho del nuestro, del tuyo, del mío. Y entonces no tenía más de cinco años.

Y famoso era para ella lo que ella identificaba en la teve o el cine. Su primera película fue la de Aladdin (Me la acaban de corregir, pensaba que era El Rey León). Fueron sus primeras palomitas. Fue también su primera vez que estuvo a punto de ahogarse con una palomita de maíz (o pop corn para nuestros hermanos latinos).

Pero el punto a tratar hoy es Disney, Walt Disney. Muchos años hemos estado relacionados con él de muchas maneras. Por ejemplo cuando ansiamos muchas veces ir a Disneylandia o a Disneyworld a través de los malditos comerciales que nos inundan hoy mismo nuestro sagrado cable. Cuando veíamos en televisión Disneylandia, con Campanita, toda minideliciosa ella, tomando su varita y haciendo estallar por sobre el castillo de la Cenicienta, “el Mágico Mundo del Color” y mi méndiga tele que por alguna extraña razón se negaba y sólo demostraba todas esas maravillas en patéticos blanco y negro. ¡Ah, el color…!

Luego supimos de Walt y su supuesto intento de haber mandado congelar su cabeza, ¿y su cuerpo? en algún lugar secreto para que algún día lo descongelen, lo curen y lo vuelvan a la vida. Esto sonó a mentira absoluta sólo apta para crédulos, pero adorábamos ser crédulos en una época. Yo al menos lo era. No lo sabía, pero lo era.

Pero ahora acaba de salir unas biografías por ahí de Disney, que por supuesto no leeré, pero de las que me enteré de ciertas cosillas a través de un artículo escrito por Mark Greif del London Review of Books.

Por ejemplo que Disney ya no dibujó nada a partir de 1930. Entonces lo que hacía con sus animadores era actuar lo que buscaba. Así es, actuar. ¿Quería un búho? Entraba en trance y lo actuaba. ¿Un perro? Le hacía como perro, ¡guau! ¿Mickey? Hasta hizo la voz de Mickey en las caricaturas hasta 1946.

Ya es muy conocida la anécdota cuando en 1934 citó a sus cincuenta animadores a un estudio. Él y sólo él en un el escenario con su spotlight. Ahí les anunció que iba a hacer un largometraje, e inmediatamente les contó la historia de Blanca Nieves, no diciéndola, sino actuándola, asumiendo cada uno de los manierismos, los detalles de personalidad de cada uno de los caracteres, cambiando la voz para dar énfasis en cada uno de los puntos a resaltar. Él se volvió la bruja, Blanca Nieves misma, cada uno de los siete enanos. Tres horas duró su actuación. Y según uno de los animadores, esa sola actuación les duró los tres años. Si alguien se atoraba, sólo había de acordarse como la actuó Walt.

Esa era la característica de Disney, armar un equipo ultracompetente, luego orquestarlos y luego que todos toquen en la sincronía perfecta. De hecho Peter Drucker, mi admirado genio de la administración, eso es lo que dice, un líder o ya no digamos líder, un excelente gerente, debe de ser algo así, un conductor de orquesta en la que aunque no sepas tocar el fagot o los címbalos o el primer violín, debes de organizarlos a todos y a todo para que toquen perfectamente en armonía. Disney eso hizo. Él ya no dibujaba pero sabía inspirar a su sí muy dotado equipo.

Bueno, eso sí es un líder, pero ¿artista? Eso es la que las biografías tratan de dilucidar.

Se dice que hay muchas fotografías de él dibujando a Mickey Mouse ya muy tarde en su vida, él murió en 1966, para propósitos de publicidad, pero él jamás lo hizo desde que lo diseñó, en 1929.

Ese uno de los problemas, la naturaleza del artista en Disney. Visionario, futurista, administrador, comunicador, planeador, todo lo anterior probablemente.

En 1931 tuvo un ataque de nervios que lo postró, según esto. Y a partir de ahí tuvo que contar con sus dotes de inspirador para seguir adelante. ¡Y vaya que lo consiguió!
Debido a circunstancias familiares Disney estaba del lado del trabajador. Su padre había sido ferrocarrilero y llevó a su familia a vivir a Colorado, Kansas y Florida. Walt vendía periódicos. De alguna manera se quiso zafar de todo eso y se alistó de voluntario en la Primera Guerra Mundial (que me consta, nadie supo entonces que esa guerra se llamaría así hasta veinticinco años después, cuando llegó la Segunda). De alguna manera se aficionó a lo bonito que era Europa, tan diferente de los Estados Unidos y se cuenta que sus ilustraciones de entonces serían usadas en partes de Fantasía y de Cenicienta.

Ya en 1920, habiendo vuelto sano y salvo empezó a trabajar en la nueva tecnología de la animación muda gracias a un libro de la biblioteca llamado Animated Cartoons: How they are made, their Origin and Development, de Edwin G. Lutz., además de un libro sobre estudios de movimiento de Edward Muybridge y una cámara cinematográfica que él pidió prestada del trabajo y la montó en el garage de su padre. De ahí se fue a Hollywood.

O sea, y aquí hago uno de mis celebrados paréntesis o ex abruptos, y es que a veces uno se debe de hacer la pregunta respecto a ¿cuál es la clave?

Pero no basta con saber cuál es la clave.

Si supiéramos cual es la clave, ¿sabríamos dónde buscarla?

De saber cuál es y dónde está, ¿pagaríamos el precio?

Y si lo pagáramos, ¿la sabríamos usar?

Y si la supiéramos usar, ¿nos dejarían?

Y si nos dejaran, ¿bastaría?

Y si bastase, ¿sería a tiempo?

¡Qué barbaridad! Suena a nudo ideológico de novela tipo Ayn Rand, The Fountainhead o (El Manantial), o Atlas Shrugged (La Rebelión de Atlas). Mínimo.

¿Dónde estás Ayn Rand, ahora que te necesitamos tanto?

Analicemos el punto por un minuto: Dos libros y una cámara prestada. Eran los años 20’s. No hay manera de saber si lo que se leía era complicado o sencillo, pero he aquí algo para empezar. Dos libros disponibles en una biblioteca pública y una cámara. Libros de los años veinte, digo, algo de distancia con lo que puede haber dentro de los libros de los años, años, ¿cómo se llama ésta década? ¿Los ceros? bueno, del año 2007. (Incluyendo el tema de que todo ya está inventado, lo cual se viene diciendo desde 1899, fruslerías que sólo sirven para querer poner obstáculos a los verdaderos intrépidos) Si los reúne alguien ahora, algún equivalente actual… ¿creará un equivalente de Disneylandia en treinta años más? ¿O sólo hará uno más de los cientos de miles de videos de YouTube? (Recordar que YouTube no existía hace tres años, ¿okey?)

Está de pensarse.

A veces uno también se pregunta, ¿qué se necesita para crear inspiración o motivación en la gente?

Ayer estaba rumiando a raíz de leer y escuchar a Juan Enriquez en una entrevista primero con Aristegui la noche anterior y luego con Carlos Loret al día siguiente, acerca de la impresionante-urgente y al mismo tiempo trágica necesidad de requerir más ingenieros en nuestro país para que procuren la innovación y que como quiera tenemos muchos ingenieros que no buscan innovar…

(Nota de pie de página en el ciberespacio dónde no hay páginas físicamente: ¿Yo? Sí, soy ingeniero, pero bueno, lean mis novelas y luego me cuestionan, el que no me hagan caso es oooootra cosa, defensa no pedida, culpabilidad aceptada... )

…y nos puedan ayudar a salir del atolladero en el que estamos y estaremos más en el futuro, también acerca de la labor titánica necesaria para hacerles atractiva las matemáticas a los niñas y niños, y entonces se me ocurrió: más que regalarles a cada niño del Tercer Mundo (por inclusión, a México), una computadora de las verdecitas cool que está desarrollando Nicholas Negroponte del Instituto de Multimedia del MIT, ¿no sería mejor regalarles un Meccano a cada niño y niña mexicana de diez años?

O sea, además de sus libros de texto, ¿se imaginan regalarles a cada niño o niña, un Meccano o algo similar que resalte sus habilidades mecánicas, su ingenio constructivista? ¿Eso en lugar de una Enciclomedia? ¿O eso junto con la Enciclomedia? Al que no le guste armar, pues que se lo done a sus compañeros o compañeras. Meccanos y más Meccanos, modelos más y más complejos.

Recordemos que los Meccano existían antes que las computadoras.

Se dice mucho que muchos chavitos, y no quiero ser sexista aquí (no lo he sido antes y probablemente no creo serlo después) pero no recuerdo de chavitas a las que se les haya regalado un Meccano y hayan querido ser después ser ingenieros, pero uno nunca sabe…

(Conozco a una ingeniera de sistemas que es capaz de ganarle a muchos del sexo contrario en capacidad y tenacidad hasta en aparición de reportajes de revistas especializadas y no, no es, ni tengo el gusto de conocer a, Xóchitl Gálvez, aunque ella también es ingeniero de sistemas y es muy capaz y muy tenaz)

…les decía que se dice que muchos chavitos desearon ser ingenieros, y se enfocaron y lo lograron ser, cuando descubrieron que les gustaba armar cosas con las manos de pequeños, cuando crearon ruedas de la fortuna, grúas, elevadores, carruseles y sobre todo cuando se dieron cuenta que de ellos salieron todo tipo de cosas ingeniosas gracias a instrumentos como tuercas, tornillos, láminas, vigas, con sólo desarmadores, llaves, curiosidad e ingenio.

El interés nace de lo más impredecible. De dos libros ¡de una biblioteca pública! (ni siquiera los compraron) y una cámara. De un Meccano. (No habrá cámaras ahora, ¿verdad? Ni en celulares, ni las de video, mmm. Un poco de ironía fina siempre ayuda.)

Las vocaciones salen de ese tipo de cosas impredecibles.

Nota: Ya los vi, el modelo 30 costará como 300 pesos al mayoreo (supongo). Si calculamos grosso modo la cantidad de niños en edad de jugar, de 8 o 9 o 10 años, podríamos calcular en doce millones de niños (o 600,000 aulas) de esa población escolar, o sea que sería muchísima lana, 4,000 millones de pesos. Acomodemos cifras: si pudiéramos conseguir cinco equipos por salón de clase y si fueran veinte o veinticinco niños por salón, entonces sólo sería 1,000 millones de pesos. Digo, ¿ya han visto el tamaño de esos presupuestos?


¡Se trata de salvar al país! Sólo viendo al futuro se salvará, no revisando el pasado y queriendo sacar culpables de donde sea.

No es que desee seguir el antiguo modelo soviético de estar escrutando las filas de los niños pequeños en busca de dotes especiales para hacerlos directamente arquitectos, gimnastas o ingenieros, aunque no quisieran, desde chiquitos, pero ya lo dije, el país necesita ingenieros, científicos, matemáticos. Y que les guste serlo. Estos chicos y chicas debidamente inspirados y motivados nos darán muchas soluciones a problemas que estoy seguro saldrán en el futuro y que ni se nos han ocurrido que sucederán.

Es necesario hacer atractivas las matemáticas y las ingenierías, ya lo dijo el mencionado Juan Enriquez, célebre científico mexicano que vive en Boston haciendo labores de genética, que asesora a 17 países en cuestiones de ciencia, excepto al nuestro. Bonita cosa.

(¡Ah! Hoy ando desordenado. Me gusta mucho la serie de Heroes, la cual ya pasan en televisión nacional, resulta que el mejor personaje para muchos es el que hace un japonés, Masi Oka, quien es Hiro. Bueno, resulta que este chavito, hoy de treinta años, con cara de simpático y con la circunstancia de andarse metiendo en problemas de diversa índole en base a su ingenuidad y a su poder de doblar el tiempo, en la vida real es especialista de efectos especiales en la célebre Industrial Light and Magic, y ha hecho cientos de efectos especiales de películas conocidas. Pero lo que quiero resaltar de él es que apareció en una portada de la revista Time de hace 20 años, como parte entonces de un grupito de jovencitos asiático-americanos que empezaban a llamar la atención desde el punto de vista académico. Este dato me lo dio mi querida hija. Y por supuesto, en todo este asunto de matemáticos jóvenes, no hay que olvidar a la memorable Danica Mackillar, Winnie Cooper de Los Años Maravillosos, matemática excelsa, tan joven y bella ella, de la cual ya escribí un blog hará menos de un año, sólo búsquenla por ahí en los archivos de este su blog.)


Ah, y para cerrar el punto de la inspiración. En 1982, el equipo de diseñadores de la Macintosh original, la célebre computadora personal que también revolucionó al mundo, le fue puesto en ese tiempo, según Guy Kawasaki, quien estuvo cerca de ese proceso, en sus oficinas de Apple, una motocicleta BMW, preciosa, estilizada, potente, poderosa.

¿Por qué hacerlo? No, no como premio en sí, esa motocicleta BMW sería vista, observada, solemnizada diría yo, como fuente, origen, objeto y centro de inspiración, obra producto también de un equipo, llena de una belleza estética plena definida, de alguna manera poseída de una eficiencia ingenieril mensurable a toda prueba.

Mirarla, tocarla, palparla y luego de imaginar como llegaron a esa combinación, cualquiera y hago énfasis en cualquiera, podría armarse de esa creatividad, que está al alcance no exclusivamente de iniciados, sino de los mismos no iniciados, como tú y como yo. Como tus hijos o los míos. Los que tengas o tendrás.

En fin. Hagamos una pausa de reflexión.

Sigamos pues con Disney. Recordemos: dos libros de biblioteca pública y una cámara. Y mucha imaginación, habrá que agregarle. Y fé. Nunca olvidar la fé.

Después de la aparición de la primera película hablada, El Cantante de Jazz en 1927 Disney saltó a la idea de sincronizar una pista de sonido completa precisamente a una animación.

(¡Hijole!, apenas voy en 1927, con razón se quejan de que estos blogs-artículos son larguísimos, ni quien los lea… ¡ni los amigos, caramba!)

Disney propuso el sonido sincronizado en un corto divertido en el que Mickey maneja un bote de vapor. Steamboat Willie fue todo un triunfo. Pero Disney ya no lo animó, fue Ub Iwerks, mejor dibujante que Disney, pero por alguna razón no leemos Historietas de Ub Iwerks y novemos por ningún lado ninguna Iwerkslandia o Iwerksworld, o EuroIwerks o Iwerks Tokio a las que todo mundo quisiera ir.

Disney explicó como lo quería, él contrató a una orquesta para hacer la música. Él puso la voz de Mickey porque sabía qué quería hacer. Él también trabajó para lograr una profundidad de foco usando una cámara multiplano a través de placas de vidrio para dar tridimensionalidad y mejor amplitud de campo.

Ex abrupto dos:

Para esto casualmente hoy vi un Biography de Betty Boop, producida por Max Fleischer, deliciosa caricatura, llena de alegría, sensualidad, música, digna también de los años 20’s, que tuvo muchísimo éxito y que posteriormente también hizo una versión de Blanca Nieves en la que Betty la protagonizaba. Esta versión de la que vi hoy sólo unas pocas escenas tenía sus genialidades, tales como la de incluir a el payaso Koko con los movimientos marca registrada y voz de Cab Calloway, célebre conductor de orquesta de por entonces, cantando Minnie the Moocher, fantástica pieza que hoy mismo sigue vigente (Calloway apareció cantando esa pieza, por si quieren saber, en la película de The Blues Brothers, de 1980, con John Belushi y Dan Ackroyd, en la escena casi final, en el espectáculo que ellos, los Blues, arman para conseguir los 5,000 dlls para cubrir los impuestos del orfanato que…)

Los Fleischer usaron también técnicas de combinar seres reales con animados y también utilizaron modelos en miniatura movidos al fotografiar cuadro con cuadro, como lo habían hecho con Popeye.

Después de hacer a Betty, hicieron un largometraje que no recuerdo el nombre, ya que Blanca Nieves de Disney casi los sacó de mercado, lo último que vi de ellos fue unos cortos de Superman, hechos en los cuarentas que son ultrarecomendadísimos para los aficionados a la animación en general.

Ah, (nunca pensé que este tema saldría para tanto), cuando estaba pequeño, en 1971 y 1972, viendo el canal 12 de Monterrey, estando de vacaciones de verano puesto que yo vivía en Tampico, me tocó la fortuna de admirar las caricaturas de Koko el Payaso, Desde el tintero, en la que se veía a Koko salir del tintero del dibujante y vivir mil aventuras y hasta interactuaba con el dibujante, un acto admirable de metadibujos metaanimados sin paralelo hasta que el Pato Lucas interactuó con un dibujante en una caricatura en 1950 y tantos. La última vez que salieron en cine Betty y Koko en un dibujo animado fue con Roger Rabbit en 1988, creo.

Fin de Ex abrupto.

En otras palabras Disney estaba por entonces sin competencia prácticamente. Y aquí es donde empezó la dicotomía del artista y del industrial. Los dibujos animados ya eran prácticamente una industria. Y él estaba al frente. Batallando con presupuestos, exigiéndole a su gente de manera tremendísima. Y no era por el dinero, según cuentan, era más bien la ambición técnica. Ver hasta dónde se podía llegar.

Según el artículo que leí acerca de las biografías, de Mark Greif, dice: la manera de trabajar de Disney se parece a los inventores-artistas de la costa oeste de Estados Unidos, California, Seattle, los tecnologistas de la computadora, que empezaron a escribir código en sótanos y garajes, y desde ahí fundaron las que serían gigantescas compañías masivas de software, con sus nombres unidos a sistemas operativos cuyos tuercas y tornillos gradualmente dejaron de saber como eran y ya no pudieron arreglar o cambiar, aunque la dirección y los logros de esos sistemas serían inconcebibles sin ellos. La comparación apta sería probablemente con ese otro Napoleón del siglo XX, que tenía el ordinariamente engañoso nombre de Bill Gates…

Y agrega el artículo: …Pero Bill Gates jamás tuvo que actuar Windows frente a su gente.

¿Qué hizo Walt Disney?

Bueno, nombró a cada uno de los enanos. Sugirió como hacer la muerte de la mamá de Bambi, fuera de cámara. Eligió la música de Fantasía, (con asistentes). Excavó algo de Disneylandia (algunas paladas). Creyó más que nadie en el parque. Cambió de lugar un árbol, los detalles de las fachadas. Se paseó por las atracciones para medir su duración (no se sabe si supo cuanto tiempo tomarían las eternas filas para esas atracciones).

Aquí Greif habla de lo que siempre nos sucede acerca de todo tipo de temas. O estás a favor y amas y adoras todo ello. O en contra y eres irónico y sarcástico. O eres indiferente. Depende a quién le creas. Depende a qué creas.

Por ejemplo, ¿qué se hace con el dato acerca de que la famosa firma de Walt Disney, esa que es tan amable y agradable, tan familiar, tan cálida, tan de tiempo atrás que te suena nostálgica, tan como de tu tío al que extrañas, cuando te enteras que no es de él?

Así es. Esa firma, cálida, nostálgica, etc., fue diseñada por un empleado para que la rediseñara. Y es una firma que estaba al frente del trabajo de todos los demás, además. Habrá gente que diga, eso es justo. Otros dirán, no, eso no es justo. Probablemente ambos tendrán razón.

Supuestamente dejó de interesarse poco a poco de sus películas y empezó a dedicarse a los trenes en miniatura. Hasta construyó uno en su casa que incluía un túnel de 30 metros. Él de alguna manera ya seco de ideas, habiendo dejado muchas tareas creativas a otras personas, se dedicó a buscar un lugar donde poner un gran tren con vistas interesantes y de ahí poco después apareció la idea de Disneylandia.

Luego entró a la televisión donde juntó muchos de sus viejos cortos de dibujos animados, les mezcló acción en vivo, los filmó en color, él mismo hacía las introducciones y probablemente creó los mejores infomerciales originales, Disneylandia, el Mágico Mundo del… etc…

El punto es que el señor lo logró, o sea, como quiera se necesita dinero para hacer las cosas y él las consiguió llevar a cabo. De acuerdo, la economía norteamericana nunca estuvo mejor comparativamente hablando que en los años cincuentas (obvio, la economía mexicana jamás se le ha acercado a ese tipo de prosperidad), él además ya se había probado frente a Wall Street, y todo lo que me puedan decir saldrá sobrando, ya que él consiguió llevar algo de estado virtualmente virtual, como es su programa semanal de la TV basado en sus obritas u obras de cine, a algo real, como fue lo que está en Anaheim, California,en un lugar donde pocos años antes sólo había puras naranjales. Con sus respectivas naranjas.

Y bueno, lo demás es historia. Disneylandia fue, es, el mundo perfecto. No basura. No desordenes. Toda la felicidad del mundo mientras pudieras pagarlo, sobre todo tus gorritas, camisetas, y lo demás. Había algo de mente maestra en todo esto. Mente que todo lo podía medir.

De hecho Orlando fue elegido por razones de que se podía construir fuera del control de los votantes o de alcaldes de la zona, fruto de negociaciones con la legislatura de la Florida. Se construyó EPCOT, donde él, Disney, imaginaba que iría a vivir, en esa comunidad prototípica del mañana, lugar donde él se encargaría personalmente con sus imagenieros, imagineers, ingenieros con imaginación, de diseñarla y construirla, pero él murió inesperadamente en diciembre de 1966.

Murió Disney, pero quedó... Disney. Muchos dirán que los debates de arte o industria, artista o artistas, líderes o colaboradores, trabajo individual o en equipo, recompensa por trabajo individual o por trabajo colectivo, idea original o idea prestada, idea adquirida o idea adaptada o idea derivada, y todas sus ramas y mezclas y mezcolanzas, nunca acabarán.

Nada más recordemos el tema de las películas realmente realmente realmente originales de Disney ¿y cuál o cuáles quedan? ¿O no habían reparado que el Rey León es una copia desvergonzada de Kimba, el León Blanco? Bueno, todos lo saben excepto la gente de Disney, al parecer.

¿Winnie The Pooh? ¿Peter Pan? ¿Mary Poppins? ¿Alicia en el País de las Maravillas? ¿Tarzán? ¿La Espada en la Piedra? ¿Las mismas Cenicienta, Bella Durmiente y Blanca Nieves? (por algo Shrek se burla tanto de Disney, hay mucho de donde cortar.)

Originalidad, pues… Tanto como la de Windows frente a la Mac y ésta a su vez frente a los trabajos de la PARC de Xerox.

Esos debates, queramos o no, serán como otros, inmortales, como Walt Disney, queramos o no.

Respecto a lo de los Meccano, no se hagan, puede servir. ¿Y qué tal si no es tan caro? Millones de personas beneficiadas de ponerles cerca al instrumento que dé rienda suelta a su creatividad. Absurdo absurdo, lo que se diga absurdo, no se me hace tanto…

Ya volveremos a esto, en otra ocasión.

¿Acabaron de leer hasta aquí? ¡Qué bárbaros! ¡Mis respetos! ¡Los felicito!

¡¡¡Lo estuve escribiendo a la mitad y me cansé, dije, no tiene caso, a la goma, ni quién lo lea!!!

Y dejé de escribir a la mitad. Lo juro. (Bueno, no es cierto, sí lo acabé, me va a caer un rayo por jurar en vano, ni modo. ¿Dónde quedó la seriedad, pues?).

(Hasta suena a que me tiro para que me levanten, caray [viejo dicho mexicano :) ])

sábado, junio 16, 2007

Bradbury: Farenheit 451 no era sobre censura, sino sobre la mala influencia de la televisión. Algunas cosas no cambian.



Ray Bradbury siempre se me hizo lo más parecido a poesía que he leído en ciencia ficción. No se puede decir que soy un especialista en exceso de ciencia ficción o en poesía, pero yo sé mi cuento.

Puede que muchos la desprecien pero la Ciencia Ficción tiene su valor particular. Si desprecian el hecho de que no tenga la mejor prosa, pues es que no es su fuerte, no le pidamos peras al olmo. Digo, no leemos a Mario Vargas Llosa por su imaginación hacia el futuro, ni tampoco leemos a Gabriel García Márquez por tener su imaginación enfocada hacia los mundos alternativos. Sólo Jorge Luis Borges entre los grandes de la literatura pudo darle una vuelta a la tuerca a través de juegos magistrales de pensamiento conceptual. Julio Cortázar, genio de lo fantástico. Pero ciencia ficción, no.

Para nada. Bueno, no la necesitan.

Más sin embargo la ciencia ficción es un descanso para los ojos, para el espíritu que intenta ser objetivo al mirar al futuro. Aún y que mucho de ella es distópica, es decir, sombrías y de alguna manera predicando acerca del terrible futuro que nos espera, algo de ella también es de tipo idealista, de tipo esperanzadora. Algo así como, sobreviviremos, con nuestros problemas y todo, pero sobreviviremos.

Y es que hay que cavilar que hubo un tiempo en que la gente pensaba que no sobreviviríamos. La amenaza nuclear estaba muy cerca y la gente tenía esa percepción de inevitabilidad. La guerra se daría. Si no se puede hacer más, mejor ignorarlo. O escribir ciencia ficción.

Sólo con ver los documentales escolares gringos de los 50’s para darnos cuenta de la psicosis que se vivía entonces, advirtiéndoles de los efectos de una guerra nuclear, diciéndoles como agacharse (Duck!, ¡Agachense!).

No podía decir lo mismo de México, pues era razonable que nadie en su sano juicio podría pensar que México estuviese amenazado. Con sólo que los presidentes Miguel Alemán o Ruiz Cortines o López Mateos estuvieran de parte de Estados Unidos (cosa que decididamente estaban), ¿a quién le podría importar que cayeran bombas en Kansas o en Washington o en Sausalito? Esos lugares estaban lejísimos del Rancho El Porvenir de Camargo, o de la Chepevera, de la Lauro Aguirre, de La Condesa.

Aquí en México no había psicosis. Teníamos suficientes problemas como para preocuparnos de lo que hacían allá los grandes, tanto en Corea, como en China, Formosa, los Berlines, la misma Rusia o los mismos Estados Unidos. De hecho, México no podía estar en guerra con nadie porque como desde hacía más de 180 años, México, como todo país latinoamericano que se respete, estaba en guerra consigo mismo, ¿para qué ir a buscar guerras a otra parte? Sobre todo con nuestras grandes flotas y escuadrillas y sobre todo con nuestro gran arsenal nuclear.

Pero ese es otro asunto.

A Ray Bradbury recientemente le dieron el prestigiado premio Pulitzer, a modo de citación, pero premio Pulitzer a fin de cuentas, primer escritor de ciencia ficción en obtenerlo.

Los mundos que ha escrito este señor desde que empezó a escribir, y que no ha dejado de hacerlo todavía a sus 87 años, un cuento por semana, ¡échense ese trompo a l’uña!, son misteriosos, oscuros. Al menos los que escribía en sus inicios, allá en los 40’s y 50’s, tal y como vienen en Las Manzanas Doradas del Sol o El País de Octubre eran de miedo, brrr, sobrecogedores.

Cuando lees un cuento de él, de plano ya estás advertido, quizá cuando lo termines, es probable que no te va a gustar lo que leíste, y lo que te va a hacer sentir incómodo es como termina el cuento, las incidencias, los finales, la historia en sí, pues. No como esté escrito. Definitivamente que no.

Leí Crónicas Marcianas supongo que hará décadas, ¡hey, sólo tengo cuarenta y cuatro años!, pero ya saben a lo que me refiero. Y de hecho, lo primero que leí es una parte de Crónicas Marcianas que se llamaba Vendrán Lluvias Suaves, acerca de una casa automatizada que poco a poco caía en decadencia, una narración magistral como pocas. Definitivo que no era un texto producto de una mente directa y objetiva como la de Isaac Asimov o grandilocuente en su significancia o alcance como Arthur C. Clarke, o los efluvios paranoicos nada sutiles de Philip K. Dick, o el atrevimiento y audacia de Harlan Ellison o la actitud protofascista de Robert Heinlein, o los envolvimientos dramáticos de J.G. Ballard, o incluso la neuropunkmagia efectista de William Gibson.

Pero Ray Bradbury fue eso, sensible hacia la mortalidad de sus personajes en la que dejaba entrever esa delicadeza y amor por lo que les podría suceder con el paso de los tiempos.

Cada historia de marcianos, unas con más humor que otras fue clara y directa de corazón. Al final tuvimos piedad de los marcianos desaparecidos. No nos pusimos a pensar en simbolismos más o menos de las historias en sí, si eran reflejo de los tiempos terribles que se vivían entonces. Eran historia, fantasía, mezclada con ciencia, previendo el futuro, posible o imposible, no nos importaba. Al ver a Marte pudimos pensar con claridad, allá no hay marcianos, pero si los hubiera serían como Bradbury lo dijo, serían seres perceptivos. Y al final, cuando conquistáramos Marte, nos podríamos ver en el espejo de un lago marciano (ahora que el Sojourner y sus dos pequeños y más ágiles parientes lo han descubierto, con agua, un día se tendrá que descongelar, que caray), y al responder una pregunta hecha por tu hijo podrías contestar algo así como “¿Los marcianos? Ahí los tienes…” El reflejo de nuestros rostros en ese lago marciano nos dará la respuesta.

Y así llegamos a Fahrenheit 451. Excelente nombre la verdad. Una novela que se llama así sencillamente: Fahrenheit 451, ¿qué más quieres para ser inmortal? Y el señor Fahrenheit ya ni está para reclamar. Un golpe maestro de originalidad. Por eso Ray Bradbury se molestó con Michael Moore cuando en un ataque sin sentido de falta de originalidad de éste último bautizó a su genial (y por supuesto pretencioso y tendencioso, contradicciones de uno al pensar así de él) documental Fahrenheit 9/11, un bautizo absurdo-sin sentido total.

Y leí la novela, igual, hará cientos de años. Y quisiera leerla de nuevo un día, si no tuviera tanto pendiente por leer. Así que me conformo, por mientras, a ver la película de Francois Truffaut. Genialidad. Un director genial filmando una película de un escritor genial. Y el resultado no decepcionó, fue magistral. O eso o soy un maldito fan que ya ni discierne lo elemental de tanto amor al arte. No sé como pero hace poco tuve tres ejemplares de la novela, de la siempre cool coolección Minotauro. Regalé uno. Peticiones, lo siento. Me queda uno y el de repuesto.

La historia de un bombero que en lugar de apagar fuegos los iniciaba, sobre todo de libros, bueno, aparentemente era lo único que iniciaba. De esas historias que te cambian el punto de vista de lo que podría pasar si las cosas siguen así (de los postulados originales de la ciencia ficción). ¡A quemar libros, a quemar la palabra impresa, a quemar el recuerdo, a quemar las memorias de nuestros ancestros antepasados y todo lo que hubiera entre ellos!

Y les pagaban por ello.

Obvio, a partir de la comparación de la quema de libros por los nazis de hace tres cuartos de siglo de todo lo que no era ario o que estaba contra lo ario, uno, cualquiera, podría presuponer que si veíamos aquí en la novela el quemar bibliotecas, a las casas que las contenían y en ocasiones a los habitantes de esas casas, lo que naturalmente pensaríamos era que Fahrenheit 451 era una novela cuya idea central era la quema de libros, ergo, la quema de ideas, ergo, la quema de disidencia, la quema de disonancia, la quema de la diversidad.

Fahrenheit 451 indiscutiblemente era una obra contra la censura, ni más ni menos.

Y así es enseñada hoy por hoy en las escuelas preparatorias, como un punto de partida de pensamiento en contra de la censura, contra el fenómeno que intenta acallar las voces de protesta contra lo establecido por cualquiera que pueda establecerlo. Bueno.

El punto es que, además de su Pulitzer, Bradbury en una entrevista reciente que le hizo el L. A. Weekly afirma que… no precisamente, que en realidad Fahrenheit 451 no es una novela en contra de la censura, sino que es una novela que básicamente está en contra de la televisión y sus peligros.

O sea… ¿la televisión? Bien, no podríamos negar los conceptos de Bradbury de lo que él pensaba sería la invasión de la televisión en nuestros hogares en las décadas subsiguientes. Y él fue más allá. Cosa de recordar que la televisión de 1953 tenía escasa presencia relativamente y no superaba las siete pulgadas de diagonal.

No sólo se atrevió a imaginar entonces televisiones planas colgadas en la casa como grandes cuadros o incluso que servirían para cubrir toda una pared de tal modo que pareciese que las personas de la casa convivieran con personas televisivas, Bradbury no sólo eso, sino que describió un mundo que involucraría a los televidentes individualmente dentro de sus propios teledramas para ver que pensaban o decidían estos de tal o cual derivación de la trama, haciéndolos participantes activos en ello. Esto sería una derivación de lo que se le vendría a llamar telepresencia.

(Ya Bradbury hacía eso y más, para todos aquellos que les guste la ciencia ficción o la literatura de cuentos [de hecho lo leí en un respetadísimo libro de Selected Short Stories, más que en un Science Fiction Stories, si me permiten enfatizar la diferencia], quizá hayan leído La Pradera, o The Veldt, en la que él describe un artilugio que permite en una casa normal la posibilidad de inmersión en un ambiente total de realidad en la propia casa, en este punto, de una pradera africana con todo y leones. Antropófagos. Este ambiente vendría a ser lo que después sería harto conocido como realidad virtual, en los términos de quienes en los décadas por venir lo propondrían primero gente como Jaron Lanier et al. Por cierto, este ambiente fue llamado por Bradbury algo así como Nurseries, y en el primer número de Wired, en el año de 1993, este término apareció en una escala de interactividad contra inmersión por encima de todos los medios propuestos existentes o imaginados en ambos términos ganándole incluso al Holodeck de Star Trek: Next Generation! Toda una hazaña, créanlo.)


Esto de la preocupación de la TV por Ray Bradbury, pienso yo, habla de esa enajenación de la que ya he hablado cuando la inmensa mayoría de las personas de un país o países saben de cual o tal punto definido de una telenovela en particular. Esta enajenación focal es a la que tal vez pudiera haberse querido adelantar Bradbury al pensar que el estar apegados tanto a las televisiones y a sus contenidos no queda más que hacerse amigo de las personas que ahí habitan, sean ficción o verdad.

Ray Bradbury afirma que él quería referirse a que la TV destruiría la literatura, que por más esfuerzos que la gente hiciera por ver por televisión dramas clásicos de la literatura universal tales como La Odisea (que la habrán dado en TV hará como diez años) o como Troya (de cine, una versión muy muy light light de la Iliada) no eran nada, pero nada, como para decir que eran ni por mucho equivalentes.

Peor aún, el ver estos dramas de ese modo retratados podrían darle al televidente el tener la falsa seguridad de que él o ella está conociendo las versiones tal y como deberían de ser asimiladas, como dicen de manera suficiente y autocomplaciente: “sin tanto rollo”.

El problema es similar, lo he dicho varias veces, hoy en día con lo que ocurre con los documentales que pasan a carretadas y toneladas por canales culturales como History Channel, o el Discovery o el NatGeo, las personas que gustan de ver estos se dan cuenta de geniales interpretaciones de hechos ocultos de la historia o de descripciones impactantes de imperios acompañadas de soberbias opiniones por especialistas.

Pero ya lo he dicho antes, con todo lo visualmente atractivo, un documental no puede pasar por conocimiento suficiente cuando estás viendo un programa con imágenes lineales a las que no puedes dar reversa para asimilar mejor un punto (excepto si lo grabaste o lo tienes en las todavía raras para Latinoamérica, videograbadoras digitales, o si tienes el DVD), o si prefieres querer saber quien afirmó tal o cual cosa y en qué circunstancia, saber sus credenciales y sobre todo, la que sería maravilla de maravillas si se pudiera, saber que bibliografía tiene el tal documental porque, ¿han visto la velocidad a la que pasan los créditos finales de cualquiera de estos documentales?

Ray Bradbury dice que él advirtió de esa enajenación a lo largo y ancho de toda la pantalla de por entonces con la humanidad cercana y con su gran curiosidad hacia los aparatos de TV de por entonces.

Por supuesto que esto es amplificado en esta época de múltiple decisión-confusión y caos a partir de un control remoto en que podrá haber 500 canales y finalmente no tendremos nada que ver. Perdidos en la forma más que en la forma más que en la sustancia. Impactados más por la taquilla de la película de moda que por el valor intrínseco de calidad de la película en sí. Con las críticas de libros disminuidas en los periódicos de todo el mundo debido a problemas de costo-beneficio. Con los miles de blogs que se ostentan como poseedores de la verdad sin que en muchas ocasiones puedan sostener sus opiniones con argumentos sólidos y suficientes. El ascenso del yo-opino-en-el-momento-sin-molestarme-por-el-conocimiento-de-contexto.

Bueno, bienaventurados los que no discernimos, porque de nosotros será el Reino de los Cielos.

Lo anterior aunado al problema del reacondicionamiento de la mente humana en general hacia el span de poca atención, o sea, una manifestación en vivo y en directo del Síndrome de Déficit de Atención, que padecemos todos en el que si no conseguimos lo que queremos en pocos segundos le derivamos con nuestro Control Remoto hacia el mejor postor, al más barato. Al más florido. Al más cínico. Al más chantajista.

Resultado: La Guerra descarnada de los Ratings y la pérdida de la inocencia de los televidentes. El Mínimo Común Denominador. La viejorrona con el escote pronunciadísimo. Las repeticiones eternas del gol del triunfo. El pastelazo. El doble sentido. La sátira antisutil, gross y esperpéntica. El programa diario de revista que a fin de cuentas dice lo mismo cada día de la semana, tal como si fuera un teletubbie subdesarrollado. El noticiero nacional que todo mundo ve y que dura tres horas y retransmite lo mismo cada hora de manera suave sin que la gente se de cuenta (y nosotros que lo vemos: desgracia total, mejor ver videos matinales de VH1, para que te levantes). El drama telenovelero de vanguardia que cumple sus cincuenta y pico de años bien gracias. Lo insólito color rojo rojo sangre sangre sangre tipo usted lo vio aquí en close-ups clase CSI, todos anatómicamente correctos, hasta las más pequeñas fibras nerviosas, musculares, tejido y médula, tapabocas not included.

La televisión destruirá la literatura si no hacemos algo. Ese era el mensaje de Ray Bradbury.

La ciencia ficción o más bien, un escritor de ciencia ficción no prevé el futuro. Más bien lo previene. Diferencia enorme. Si él imagina la destrucción no es para llorar el hecho o para minimizarlo con un movimiento de mano, sino para tomarlo en cuenta, como si él describiera un universo en el cual algo similar sucederá si las cosas siguen tal cuales.

Prevenir. No solamente prever. Bueno, pensar que Ray Bradbury pudiera ser escuchado al advertir entonces de qué se trataba su libro realmente es vano y ya inútil. La ciencia ficción en esos años era puro escapismo. Tendrían que pasar décadas para redefinir su verdadero lugar en la cultura.

Claro, una derivación clara de esto se percibe cuando el problema vino luego con películas sencillas (aunque sorprendentemente visuales como Star Wars) que descansaban sus bases en ideas flojas y desconectadas de la verdadera ciencia ficción pero que se hicieron pasar como tal. Siendo Star Wars así, hace más complejo el problema. El ascenso del cine visual sobre todo, gracias a Lucas y a Spielberg, atractivo en primera instancia y básicamente optimista, enfocado sobretodo a niños y adolescentes, le quitó el mercado al cine de ideas, el no tan atractivo con finales, y fines, no necesariamente optimistas, dirigido a un público mayor deseoso de ser estrujado de vez en vez con conceptos atrevidos que lo hicieran reflexionar, ultimadamente, sea dicho sin vergüenza.

La televisión derrite nuclearmente nuestras mentes sólo si nos quedamos ahí como punto de partida y puerto final de llegada.

La lectura y la literatura sobrevivirán a través de los tiempos si los que deseamos que permanezcan ayudemos en lo que se pueda. Recordemos ese blog recién que escribí acerca de Disparates Conectados que escribí hace poco. Aún con los resultados desalentadores de los indicadores de lectura, no debemos descansar en nuestros laureles.

Hay mucho por hacer.

Ray Bradbury está ahí y aún da de que hablar a sus 87 años.

Si yo bebiera, brindaría por eso, con todo gusto.

Cosas de la Gran Central de Coincidencias del Cielo: resulta que tengo una gran colección de revistas Life en español y en inglés, de los cincuentas, sesentas y algo de setentas, mientras duró. Y abriendo una de ellas hoy mismo, gracias a una combinación de que una caja que las contenía cedió, pesadas las condenadas, me topé con una del 10 de diciembre de 1962 con una sevillana hermosísima llamada Carmen en la portada. Y he aquí que trae un artículo titulado “El Hombre frente al Cosmos, Rompiendo las amarras”, escrito por… Ray Bradbury, himself.

El artículo es una reflexión frente a la carrera espacial de aquellos años sesenta, años llenos de idealismo en el que pensaban que con esfuerzo y recursos podría la humanidad acabar con la pobreza, encontrar la cura contra el cáncer y mil cosas más, demostrado todo esto con la cuestión del mismo espacio como proyecto vital de las únicas dos naciones que tenían ese poder por sobre todas las demás.

Bien, en el artículo dice, entre otras muchas cosas geniales y cool, lo siguiente:

“Tenemos la fortuna de disponer, para esta empresa vital, de un vasto conjunto de universidades y escuelas. Pero precisamos levantar muchas más. Si no en los hechos, por lo menos en el espíritu, cada ciudad debe de convertirse en ciudad universitaria, en un lugar donde el artista y el profesional puedan comunicarse entre sí y con otros.”

“…ante todo lo que mueve a una sociedad son sus Ideales. Los Ideales son mayores que los hombres que los han creado. Los seres humanos tratamos de vivir conforme a ellos, pero rara vez lo logramos. Los Ideales siempre están por encima de nosotros…”

“La educación universal debe de devorar íntegra y cabalmente, digerir y emplear a las máquinas empáticas de que ya disponemos pero que tenemos poco menos que descuidadas, como medio de dramatizar las Ideas, de jerarquizarlas, honrarlas y hacerlas parte esencial de nuestra vida. Me refiero a recursos empáticos como la radio, el cine y la televisión…”

“Y es que hemos estado soportando una larga época de teatro morboso, de cine morboso, de novela morbosa y de reportajes morbosos, en los que se olvida que el veneno mata igualmente a la vida intelectual que en la corporal. Las artes nos han venido diciendo últimamente que distamos mucho de ser ángeles, y que desesperemos de llegar a tener alas…”

Esto último fue escrito cuando yo tenía dos meses y medio de edad. Y este año cumplo cuarenta y cinco años.

Algunas cosas no cambian. Ni un ápice.

A seguirle, que no hay de otra.

lunes, junio 11, 2007

ADIÓS ANTENA DE CONEJO, ADIÓS. OTRO FINAL DE NUESTRA ERA, UNO MÁS


A ver si me explico. Las antenas de conejo morirán en Estados Unidos de aquí a 20 meses, 17 de febrero de 2009. Y mañana, el mundo.

El artilugio para una mejor recepción de imagen de televisión que todos los de mi generación conocimos, que si muévele aquí-que si ponle un poco de aluminio más-que si un gancho de ropa o de plano un desarmador, desaparecerá de la utilidad normal, de la vista en menos de 20 meses, en USA. Calcúlenle pocos años más para que suceda en todos los demás países.

¿Por qué esto? Por la sencilla razón de que las estaciones de televisión abierta dejarán de transmitir en los anchos de banda que son los que transmiten las televisoras y que reciben actualmente las televisiones.

Vamos por partes. ¿Qué es una televisión? Una caja con cinescopio o monitor con circuitos y controles que permite captar del aire señales que se transforman en imágenes (¿habrá gente
que compre tv’s con pantallas de plasma para ver tele abierta? Creo que no… ¿verdad?) Una imagen dada de pantalla de tv transmitida que miramos (y no soy ingeniero electrónico para explicarme mejor) no es más que una ilusión en sucesión de 520 líneas horizontales, las pares primero y las impares después, compuestas de electrones que estimulan a un cinescopio para fulgurar en sucesión significativa treinta veces por segundo y que de esa manera vemos de manera milagrosa una cara, una mujer, un video, una película, un universo.

Y todo esto sucede en un solo canal. Las cosas no suceden solas. Ese canal está concesionado a
una compañía. A principios de la humanidad existía en la ciudad de México el canal 4 primero, el canal 2 después y luego el 5, el 8, el 11 y el 13 No sé porqué pusieron juntos el 4 y el 5 si normalmente eso de juntarlos no se recomienda, por aquello de posibles interferencias pero las cosas son así. El canal 8 luego se cambio al 9 para poder darle lugar al 7. (En Monterrey fue primero el canal 10, luego el 3, después el 8, el 6, el 12, luego el 28 en UHF, y finalmente el 4, para que esto pudiera suceder el 3 se cambió al 2).

Resulta que cuando estaba chavito mirando la perilla me fijé que esta empezaba en el canal 2 y terminaba en el 13 para dar paso a una letra “U”. No había mucha gente a quien preguntarle que algo malo le había pasado al canal 1 y esa duda la tuve por muchos años.

Resultó que el canal 1 desapareció en los años 40’s debido a que interfería con ondas de radio. Ahí como que les falló a estas lindas personas que diligentemente toman decisiones en el espectro radioeléctrico que a través de los años les comienzan a pesar. Bueno, no creo que se extrañase mucho ese canal 1. Jamás escuché que nadie pensara en él. Ni como nostalgia, caramba. Cosas que suceden.

La televisión entonces transmitía en algo que se llama Very High Frequency o VHF. Por eso era la “U”, a partir de ahí todo era Ultra High Frequency, o sea UHF. Y más allá las estrellas.

Cuando estaba pequeño en Monterrey, me tocó ver que ciertas televisiones sobre todo las de
color tenían dos perillas para cambiarle. Lo que no entendía era porque la segunda perilla nunca se usaba. Hasta que vi que se usó con la llegada del canal 28, que era del estado. Esa segunda perilla era como decir, a partir de aquí hay un mundo de posibilidades. Pero en aquél tiempo no entendía que cada una de esas posibilidades significaba una millonada invertida en equipo especial dedicado y una billonada más en talento por crearse (eso y si se preciaba de esa manera). Y de lo último, lo del aprecio, no hay mucho. Luego pude haber entendido que las posibilidades de que hubiera otra mil billonada en audiencia (la tercera parte de esta santísima trinidad) eran muy disminuidas y que esa es la parte más riesgosa del asunto en todo esto.

O séase, que no solamente el asunto de la televisión era, y es, cosa de canales, sino de dinero, de factor humano para transmitir algo significativo y que hubiera el recibir en personas que hicieran que todo ese esfuerzo valiera la pena.

Ya hablé en otra ocasión de la tv y de su modelo comercial. Que fue ese el que se decidió para México en tiempos de Miguel Alemán Valdez, 1948, por ahí (por don Salvador Novo, entre otros, ni más ni menos). ¿Y dónde estaba el negocio para los intrépidos mexicanos que decidieran invertir sus escasos recursos en algo tan aventurado? ¡Iban a regalar contenido de televisión gratis! En ese tiempo no se pensaba tanto en eso del contenido. Era algo que se daba ya por entendido. Digo, hasta Telmex ya está pensando en cuestiones de contenido para la famosa “convergencia” digital. De algo significativo tienes que llenar tus canales de medios diseñados para atraer y retener a sus usuarios y que no se vayan tan rápido a otras opciones. No basta poner las barras de colores. Cualquiera se cansa.

El negocio entonces era muestra de pura intuición salvaje. Suena a telenovela, “Intuiciooooón Saaaaalvaje”. Es más, se podría hacer una telenovela así. Imagínense solamente a algún protagonista yendo y viniendo en medio de las abismos y fiordos burocráticos para conseguir una concesión en gobierno para poder levantar un imperio multimedia decenas de años antes de inventarse la palabra, que sólo existía en su mente efervescente por el momento, en contra de todas las dificultades posibles. Imagínense que él pensó, y sus valientes amigos, claro, que iba a haber multitudes y multitudes religiosamente pegadas a ese aparato a diario, con esas antenas de conejo para poder verte mejor, m’ijita, para poder que me veas venderte más televisiones, con sus respectivas antenas de conejo, por supuesto, mejores estufas, mejores lavadoras, mejores sueños, mejores ilusiones, mejores vidas. Bueno, no era acto de venta, era más bien un acto de sugerencia, un acto mágico de sugestión, un acto de fe casi mística llegado a nuestras salas, a nuestras cocinas, a nuestras recamaras en vivo y en directo.

Así las cosas la televisión se desarrolló en ese tenor. Parecía gratis la condenada. Excepto para los que pagaban, según la leyenda, veinte centavos para poder verla en casa de los amigos. Nunca me tocó hacerlo pero me decían que así era. En casa del privilegiado, ahí estaban todos los gorrones.

Bueno, sí era gratis. Aparentemente. El concepto de que tú compras un aparato en algún lado (a plazos y paso a paso, despacito) y llegas a tu casa, lo enchufas a la corriente eléctrica (que tienes que pagar también) y ya casi por un milagro electrónico, ves un partido de fútbol o una telenovela o una serie, todo eso y gratis. Woow, eso sí que es negocio. Para el televidente.

¡Pos que generosidad, caramba, de los concesionarios que nosotros vemos desde aquí, en casita!

Muy poca, muy poquitísima gente, ha de haber pensado que la gente pagaba su televisión al mirar los comerciales ubicuos, eternos, malditos, sin seso en su 99.99% (lo restante, el .01%, es magistral). Ni más ni menos. Y ya hablé de que lo que la televisión vende realmente no es detergente o jabón o sopas para nosotros. Lo que la televisión vende es audiencia. O sea, a nosotros en bola. Nosotros en bola a cierta hora. Cientos de miles de nosotros. Millones de nosotros en bola al mismo tiempo, sufriendo la misma tragedia, admirando el mismo espectáculo, presenciando al mismo conductor de noticias recitar la misma noticia, el mismo delantero disparar su mismo gol. Punto. La cohesión monolítica total. Hacemos una pausa. No se vayan. No le cambies. A continuación unos mensajes de nuestros patrocinadores.

Ando buena onda y dispensaré a mis lectores de mi sorpresa conceptual-total a mis tiernos siete años al ver por primera vez una televisión en color. La maravilla de mirar un partido de béisbol de grandes ligas por tres horas, el pasto, el cielo, el estadio, los uniformes, y uno sin ser absolutamente un fanático de un décimo de medio pelo del llamado rey de los deportes.

Y esa imagen venía del aire. Así, solamente del aire. Al parecer a través de dos tubitos delgados rígidos aluminizados que se alargaban y se acomodaban de una manera misteriosa para poder
mirar una mejor imagen. Un mejor sonido. Era un arte, un misterio el dominar su acomodo. ¡Cómo odiábamos esas rayas en caos sin imagen, esa nieve ruidosa llena de estática de las profundidades que atacaba los sentidos y convertía a la gente rápidamente en piltrafas llenas de histeria! Brrr. Que recuerdos. No por nada ese ícono de imagen en ruido rosa que se llama, supongo, fue utilizado con mucha eficacia por una película de horror-terror evidente como Poltergeist durante los 80’s.

Y algo tiene de nostálgico ese fenómeno que incluso las presentaciones especiales actuales de HBO las transmiten con ese sonido caótico para sus inicios y finales, como un fade in de presagio y como fade out de epílogo.

Llegamos a Nicholas Negroponte. Este es un cuate a quien yo admiro mucho. Lo conocí en los
artículos del final de las páginas de cada revista Wired que me caía (cuando era magnífica, atractiva, impredecible, adictiva, genial, iridiscente, insólita en sus colores, audaz e irreverente la mencionada revista, socialmente tecnológica, tecnológicamente social). Él fundó el Centro o Instituto de Multimedia del MIT allá, obvio, en Massachussets. Y escribió un libro que se me hizo genial en muchos aspectos llamado Being Digital (también digamos lo otro, muchos criticaron a Negroponte porque no incluyó o previó, en él, pareciendo que esa es su profesión, el ser profeta, el ser ayatollah digital, la inimaginable explosión-expresión-multitudinaria de Internet a pocos meses de su aparición inminente en la conciencia mundial stream con el recién ascenso de los browsers o navegadores).

Este señor tiempo atrás habló de ¿qué era? ¿Ley? ¿Postulado? de Negroponte, en el que afirmaba que los medios que eran transmitidos tradicionalmente por el aire serían transmitidos ahora por cable y a su vez los tradicionales medios de cable serían transmitidos en
el próximo futuro a través del aire.

¿Cómo se refleja esto en la actualidad? Muy sencillo, ese telefonito por cable tiene menos hermanitos ahora que esos mismos aparatos pero inalámbricos, vulgo celulares (última cifra en México, 13 o 14 millones de líneas domésticas o comerciales, y 60 millones de celulares). Y esa televisioncita con su (¿¿¿cuántas veces lo mencionaré en este artículo???) antena de conejo ahora estaría predispuesta a ser usada sólo con un cable pegado a su posterior (en frente se vería muy muy pero muy feo).

Así las cosas, el cable coaxial está si no en todas partes, sí en muchas casas. Cuestiones de posicionamiento económico y mercadotécnico. La gente que quisiera calidad en televisión sólo tendía que acercarse a su concesionario de cable más cercano. Y pareciera que la televisión
gratuita que llegaba a través del éter, aparentemente gratis, se hubiera propuesto eso, que la gente corriera huyendo hacia el cable. Cuestión de ver la televisión hoy en la noche, cualquier noche.

Mientras peras o manzanas, la FCC o Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos decidió que ya estuvo bueno. Que hay que darle a la ciudadanía sin cable, una mejor imagen. Y los avances digitales dicen ya basta, que hay muchas maneras de manejar un ancho de banda. Hay que mandar bits en vez de electrones. Seamos digitales. 20 millones de hogares en los Estados Unidos ven televisión abierta. Increíble, ¿no? Bueno, difícil de creer. 60 millones de norteamericanos miran televisión con antenita de… conejo. Ya se acabará esto. Van a entregar dos vales de cuarenta dólares cada uno, ochenta para los que no tengan calculadora, para poder comprar un aparato receptor o convertidor digital (generosidad de generosidades), muy planito y mono él, que estará arriba de sus tevés para poder recibir la señal digital que las estaciones empezarán, o empezaron, a transmitir desde ya.

Los que vieron la presentación de comparación dijeron que la transmisión con convertidor se ve como imagen de DVD. Woow. Ya era hora.

Las señales que quedarán vacías, oscuras, solas, huecas, serán utilizadas para frecuencias de radio policíacas o para celulares. Y eso esas ondas son geniales para penetrar en edificios y casas.

Los lugares de curiosidades tendrán esas antenitas junto con los ocho tracks, las consolas antiguas esas magníficas, los fonógrafos imponentes, los prácticos teléfonos de esos de ruedita
con agujeritos por donde marcabas (¡se me olvidó como se llamaban! ¡No es posible!), los audiocassettes (próximamente, ya los veremos ahí), la Beta, la VHS (próximamente ésta última, yo ya me preparé, me acabó de comprar una sorprendente videocasseterita casi de plástico por alrededor de 27 dólares y me compraré otra por si las moscas, una no es ninguna), el CB, los incontables modelos de celulares de todos tamaños que han pasado por nuestras manos, las antenas parabólicas de esas gigantes que se usaban a la vista de todos, los faxes monstruosos de los que había antes, el Telepong, el Atari, el Intellivision, los jueguitos de Mattel de deportes, los radios de bulbos, los videodiscos, las televisiones esas de pantalla que se abrían hacia arriba y ocupaban un espacio inmenso, y un gran etc., etc., etc. Y un día también le diremos adiós al Ipod, al MP3, al mismo Internet, al DVD, al mismo Yahoo, al Bluetooth, al YouTube y nos acordaremos de lo eternos que parecían y que los queríamos tanto que querríamos que nos enterraran con ellos.

Y esa es la triste historia del final de las antenas de conejo en tu casa, en mi casa, en la casa de todos los seres vivientes del universo conocido.

sábado, junio 09, 2007

EL ESCALOFRIANTE PROPÓSITO DEL MEXICANO: VIVIR, PERVIVIR, SOBREVIVIR Y LO DE ENMEDIO.


Este artículo-blog-post tiene como 5,120 palabras. Está largo. Espero que los divierta algo. Y que los ponga a pensar.

Con eso de que se acaba de poner de manifiesto el Plan México 2030, ha resurgido mucho los temas de la Prospectiva y el de los estudios del Futuro.

Sin entrar en detalles los estudios de Prospectiva apuntan a desarrollar los escenarios posibles y probables del estado de una entidad determinada a un plazo también determinado en el futuro. No es adivinación. Es proyección. No significa que las cosas vayan a ocurrir tal y como se describan en los estudios realizados a partir de determinadas técnicas, como la Técnica Delfos, sino que sólo señalan rumbos que, si se tuviera la actitud apropiada, la voluntad adecuada, el poder de convocatoria conveniente, el consenso correcto, los instrumentos claves y la autoridad suficiente, se empezarían a crear desde ya los mecanismos que apuntasen a esa dirección deseada, la que fuera.

Así las cosas, topé con un artículo o colaboración en un libro llamado México 2030, Nuevo Siglo, Nuevo País, editado por el Fondo de Cultura Económica y coordinado por Julio A. Millán B. y Antonio Alonso Concheiro, libro de alrededor de 1999 o 2000 con motivo de eso, del Nuevo Siglo que se estaba abriendo paso en ese instante de manera imperativa.

(Pensar que llevamos siete años del nuevo siglo, mmm, eso me da no se qué, digo, las cosas siguen igual, ¿no? O tal vez un poco peor por causa del septiembre 11, de lo que se esperaba ese 1ero de enero de ese fatídico 2001, en fin).

El punto es que está bastante interesante el libro.

Me lo prestaron en el contexto de un curso que casualmente tenía que ver con Planeación y Prospectiva en la misma semana que se anunció el mencionado plan. El hecho de que el plazo del recién lanzado Plan fuera de aquí al año 2030 y el que el libro en cuestión hiciera referencia al mismo año, deja un saborcito de que, bueno, el conocimiento andado se tiene que aprovechar.

Por motivos de que el curso es de poco tiempo y el libro es de 600 y pico de páginas me concentré en los temas que me captaban más y uno de ellos era el de Cultura, Educación, Ciencia y Tecnología.

Y, bueno, lo que viene a continuación es revelador, es lúcido, es a final de cuentas, escalofriante. Ya verán porque uso la palabra “escalofriante” en un comentario común y silvestre que tiene que ver con cultura.

Como es de esperarse el capítulo es aaaaamplio por más que uno quisiera que no lo fuera. Esto es lo típico de estos libros. Abarcan y exprimen el tema de manera impactante en cuanto a gráficas, proyecciones, tablas y mil cosas más. No digo que esté mal, por supuesto que no, sólo digo que no dejan títere sin cabeza aún y que ellos aún afirman que no se pueden extender y es a partir de ahí cuando también me lleva a la reflexión que así es esto, que si tuviéramos el tiempo, el empeño y la recompensa, sacaríamos enciclopedias de hasta el estudio de los guisantes. Y luego podríamos añadir otros kilómetros de tinta en las ediciones subsiguientes del mismo.

En otras palabras, los temas tienen posibilidades de profundización totalmente impresionantes. El caso de la Educación y la Cultura no se quedan atrás.

Y no es que vaya a transcribir aquí todo el artículo, que es más de cincuenta páginas, pero sí de lo que me llamó la atención muy en particular.

Ya un post de este blog trató acerca de porqué hay países ricos y hay países pobres. Y aún en cuanto para algunas personas eso puede parecer obvio, este artículo, (que por cierto no puse sus autores y son, veamos, Jorge Elizondo Alarcón, que era, o es, Director del Centro de Estudios Prospectivos, A. C., Fundación Javier Barros Sierra, A. C. y de Daniel Rezéndiz Núñez, que entonces, supongo, era Subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública), decía, este artículo da un poco de luz a situaciones del carácter del mexicano.

Saber como es el mexicano te puede dejar descorazonado o lleno de esperanza. Ya veremos.

El artículo en cuestión empieza hablando sobre lo que son los Productos Culturales, que vendrían siendo los objetos artificiales y algunos naturales, las ideas, los objetos psíquicos y los valores. Aún y que pienso que habría muchas discusiones intelectuales en cuanto a la realidad y validez de estos conceptos vertidos, coincido que la cosa va por ahí. Son a final de cuenta las manifestaciones del hombre las que forman la cultura del mismo en toda su extensión.

Luego continua diciendo: El objeto de la educación es la cultura: la educación es siempre transmisión de cultura; es decir, su propósito es la modificación del estado cultural del educando (el sujeto de la educación).

Así llega a las tres funciones esenciales de la educación que resumidas, son (y yo me pasé 44 años de mi vida sin saberlo):

a) Socializar. Formando al individuo transmitiéndole los paradigmas de conducta y el saber para la convivencia o la moralidad. Carácter uniformador, ideas que de acuerdo el sentir colectivo no necesitan justificación. Implicación de la colectividad. Conciencia del “nosotros”.

b) Politizar. Sentido crítico en la persona, la conciencia, acerca del pasado histórico y el presente de su comunidad. Se le forma para vivir políticamente.

c) Capacitar. Se transmite el saber especializado, el filosófico, el de las ciencias formales y empíricas. Se tecnifica al individuo para que ocupe una posición productiva en la sociedad. Al individuo se le dota de habilidades para el hacer en un campo determinado.

Los tres, afirma el artículo mencionado es lo que da la idea del mundo. No poca cosa.

Las generaciones más viejas (gulp!) transmiten a las más nuevas esta idea a través de la educación. Poco a poco el hombre y mujer se individualizan.

Los autores por supuesto le dan su espacio a la familia, a los medios masivos de comunicación. Los valores de las religiones y demás protagonistas también influyen en esa formación.

Pero por supuesto que se mencionan los factores de comunicación internacionales que forman criterios a los individuos de maneras insospechadas.

Estos amigos (los autores), si hubieran podido atisbar en estos ocho años que han pasado desde que escribieron su ensayo, hasta ellos que hablaban del futuro posible se alarmarían al darse cuenta de la explosión inimaginable de los avances de Internet y de los mismos celulares, instrumentos de comunicación totales, indispensables y necesarios para la sobrevivencia social de las nuevas generaciones, que sería impensable describirlas en ediciones futuras sin agregar el sentido de esto en sus propias y ya normales-anormales cotidianeidades. Se hubieran quedado cortos.

Y no es el avance en sí el que sobresalta, eso que quede claro, sino es el uso tan generalizado del mismo el que causa la alarma, el punto de invasión de esa tecnología en la vida de los individuos, los alcances impredecibles de esa creación de redes sociales y de la sujeción a los imponderables de la misma, eso aunado a la dependencia casi patológica de tanto nuevo artilugio en las nuevas generaciones.

Ah, otra cosa, los autores no mencionan los motivos políticos o de índole práctica que se han sabido desde tiempo atrás. Por ejemplo en La Tercera Ola, Alvin Toffler dice que la educación es uniformizada, porque de esa manera te preparaba a ser masa para que trabajases haciendo las mismas cosas todos los días, y de cierta manera, se te hiciera perder tu individualidad, con ese pensamiento más enfocado al “nosotros”, muy útil en tiempos de guerra o de la sobreabundancia de trabajos iguales unos que otros, antes en las fábricas llenas de ruido, hoy en los cubículos llenos de computadoras y de formularios por capturar.

Segundo, la educación era repetitiva (¿o lo sigue siendo?) para realizar esas labores sin queja. No sé cuantos de mis lectores puedan recordar si en la escuela les pusieron a hacer planas y planas de lo mismo, llámense “plana”, por lo menos en México, al acto de llenar con palabras, o con series de números, o con oraciones (“máximas” le decían en mis tiempos) hojas y hojas de los cuadernos. Yo mismo le he preguntado a maestros a que obedecía o en que materia les dijeron que les podían “encargar” eso a los alumnos, me responden todos que no hubo nunca ninguna clase en la Normal que aconsejase tales tratamientos. ¿A quién le reclamo por los míos de mi educación primaria?

Otra, cuestión relacionada con la primera, lo de usar uniforme, hacer filas y tener una disciplina draconiana, te enseñaba a obedecer sin chistar ni rechistar.

Y el tema de la historia enseñada o más bien, implantada de manera continua, incesante y en ocasiones nada sutil, a través de los nombres de las calles, de las efigies de los próceres en las monedas, de los nombres de ciudades y estados, además de los días festivos o national holidays y con qué fines ya lo he tocado en otros blogs de esta misma colección. Espérense ahora a cuando toque el tema de Miguel Hidalgo, nuestro padre de la patria, próximamente.

Basta. Sigamos.

Aquí el artículo hace una pausa para resumir: De lo anterior se desprende que el estado cultural de un individuo es el conjunto de tres saberes (saber para la convivencia, saber político y saber especializado) que haya adquirido hasta cierto momento.

Ya va llegando al sabor exacto de las cosas.

Agregael artículo: Una persona educada es alguien que ha adquirido un conjunto de saberes o un conjunto de elementos culturales (creencias, conocimientos, habilidades, actitudes, valores), y de ella se espera que sea capaz de mejorar “por sí mismo” la calidad de vida de su vida en lo individual y lo colectivo… (Ésta frase es atribuida a Fernando Solana, La política educativa del gobierno de la República, Sepamos, 17, separata 5, México, 1979).

La cultura actual del mexicano medio… es un asunto complejo… se mencionarán, sin embargo, algunos de los rasgos con frecuencia considerados como parte del devenir de nuestra cultura:

Allá vamos. Abróchense sus cinturones, como dice Bette Davis en una de sus películas, éste será un viaje muy movido.

a) El nivel cultural que se obtiene en la educación básica no ha sido recibido por la mayoría de la población; de acuerdo con las estimaciones para 1999 del Instituto de Educación de los Adultos, el 9.6% del total de la población de 15 y más años es analfabeta, 16.3% no terminó la primaria y 26.6% no terminó la secundaria, es decir que 52.5% están rezagados educativamente.

¿Qué se puede desprender de esto? Digo, 1999 no está muy lejos atrás del 2007, las cifras pueden haber disminuido algo, pero no de manera significativa. Sólo cuestión de ver de nuestra Honorable Cámara de Diputados y averiguar cuantos de ellos terminaron la prepa o cuantos de ellos terminaron la carrera. Y no es que la educación formal, o falta de ella, los prive de algún derecho ciudadano básico, pero todos sabemos lo complicado que son algunos de los contextos de nuestras leyes, todos sabemos de lo complejo que son las decisiones. Como digo, no se les puede negar derechos de ciudadano a personas electas, pero que carambas, deberíamos poner cuidado en a quien proponemos para candidatos. El punto aquél de colocar en el mismo plano experiencia, sabiduría e inteligencia, por aquello de los que aprendieron de ver las nubes (o séase, dicho por nuestro ex presi Fox) pues no oculta que tienes que saber con cierto esmero y empeño de novato incluso de tasas de interés, de previsiones o de tendencias de precios de futuros de petróleo y entender que sólo saber de nubes no te hará resolver los problemas del país. Va eso a nivel de diputados, lo mismo gobernadores, lo mismo senadores que ciertos candidatos de presidentes de la República que no saben mucho de economía.

b) A juzgar por los resultados del Examen Nacional de Ingreso a la Educación Media Superior del CENEVAL, muchos de quienes completaron la secundaria no adquirieron la cultura prevista en los programas educativos. (Como se ve en el cuadro que está aquí al lado). Denle click, please y vuelvan.

Lo cual es abismal en cuanto a expectativas. De verdad ¿cómo podemos esperar un mejor país de la gente si ni siquiera la gente conoce al país, a su país? Digo, y los términos que vienen en el cuadro son digo, ¿de cuarto de primaria? No, no hay ningún lado cómico en esto.

Más bien hay mucho de trágico. Demasiado, realmente.

c) Las costumbres y tradiciones se están perdiendo, lo que significa un aumento de la uniformidad que traen consigo los medios masivos de comunicación.

Todo mundo sabe quien es Paulina. Todo mundo sabe quien es Thalia. Donde vayas saben que rollo hubo con Letty la Fea. Donde quiera, Mexicali, Mérida, saben de unidades básicas de información de medios tales como personajes de televisión nacional, conductores de programas recién removidos, programas de chismes. Muchos me resisto a mencionar aquí, si los llegase a mencionar sólo me servirían para que llegasen cibernavegantes errados a este blog y no quisiera ofenderlos.

Muchas de las costumbres en cualquier sociedad con el tiempo se pierden y otras no. Pareciera que un sector de la sociedad es el que elige sin saberlo cuales se van quedando y por contraste las que no son atractivas van desapareciendo. Las lenguas se van perdiendo también. Bendición o maldición. Perdida de la diversidad. La uniformidad no es nada recomendable. Es aburrida. Pero sólo paséense por alguna tiendita de cualquier parte de la república y verán lo que vende. Lo mismo. Lo mismo. Lo mismo. Son tendencias inevitables. Los mayores no saben (no sabemos) incentivar a los hijos. Prefieren comprar alguna camiseta hecha en Taiwán que trae un emblema familiar o popular que vestir algo tradicional. Pasa en Michoacán. Pasa en Manaos. Pasa en Nairobi. Pasa en Mumbai. Pasa en todo el mundo. Lo conocido es lo digerido es lo aceptado más fácilmente. También eso es una tragedia.

d) El mexicano es cortés, es suave en el trato con los otros. Prefiere que lo lean entre líneas que ser directo, sobre todo cuando se supone que el mensaje va a ser desagradable para quien lo recibe; el aspecto negativo de esta forma de ser es que con ella se elude la confrontación con la verdad llana.

Me suena a que hablamos de árabes o de chinos y no estoy ni generalizando o siendo racista, en la literatura se les muestra así. Le llaman astucia conveniente. Por otra parte es como si el mexicano pensara mucho en el sentimiento de la otra persona, “no se vaya a enojar o molestar”. ¿Qué lo impide? Pareciera también, esto sí es mío, que es como si habláramos con personas que tienen más poder que nosotros y que se molestarán si les tocamos fibras sensibles. Por decir, hace días estuve en un curso. Mencioné que hace mucha falta de autocrítica. Pero pareciera que hacerla o expresarla significa que estás cuestionando seriamente a la autoridad de alguien. En este país, cómo me encantaría que la misma gente pudiera decir, “es que el señor gobernador está mal permitiendo esto o lo otro por esto y esto, el señor presidente municipal cometió un error en este punto, el presidente de la compañía está incorrecto aquí y allá”. No, no que lo digan con sus amigos en petit comite. Que lo digan abiertamente. En una declaración. En una reunión de trabajo.

En México hablar así es como firmar tu sentencia de despido. De ingrato no te bajan. Ya veríamos si te incluyeran en el siguiente equipo de trabajo. Ya veríamos si no afectase al pan de sus hijos. Bueno, seré idealista, acabó de recordar la anécdota atribuida a Samuel Goldwyn, aquél magnate de cine que decía: “como me gustaría tener de empleado al hombre que me dijera que estoy equivocado y no temiera que fuera despedido en el acto”. Algo así.

O que tal si dijéramos: “señor Director, creo que el camino que estamos siguiendo está equivocado aquí, aquí y aquí. Mejor enderezar el rumbo, si no…”. Y que el señor Director dijera: “tiene usted razón, me equivoqué aquí y aquí, ahora sigamos por…”. Bueno, ya seré director a ver si me gustase que me dijeran así para ver si tendré esa ecuanimidad… Digo, todo puede pasar, ¿no? Idiosincrasia, pues. O madurez.

Uno de mis mejores momentos como comunicador fue cuando estuve en radio universitaria. Estuve seis años ahí. Me indicaron: “que bueno que estás en radio, pero recuerda, no vayas hablar mal de la universidad”. En ese momento me dijeron que no había problema. Digo, no estaba yo de ninguna manera inmerso en la vida cotidiana universitaria. Pero finalmente es una coerción. Si esa política no se desvanece un día (eso no se quita de la noche a la mañana) las cosas seguirán igual y seguiremos sin querer dar las malas noticias o decir las verdades acerca de algo. Temeremos siempre a la reacción del otro más si es mayor en autoridad que nosotros. Ellos o ellas pensarán que ya llegará el momento de cuestionamiento hacia el cuestionador.

También lo de “leer entre líneas” se aplica mucho a la corrupción. Al “usted me entiende”. “Usted dirá como le hacemos”. Y el problema es ese, que sí entendemos. Y muy claramente. En todo existe esto. En lo público y en lo privado.

Y también se dice mucho en muchos ambientes, el mexicano es una persona que le tiene mucho a la verdad. Por eso nos caen mal las evaluaciones. Y más si trascienden a la prensa o a los medios.

...Al mexicano no le gusta enfrentar la crítica abierta; prefiere los términos medios y tiende a hacer juicios negativos de lo racionalmente radical. Como consecuencia, cuando decidimos encarar problemas colectivos, tenemos una tendencia generalizada a abordarlos sin profundizar en su análisis, como si prefiriéramos eludir tanto sus causas profundas como su solución cabal...

¿Será por eso lo de las marchas y las protestas que se acepta manifestarse sin exactamente enterarse del porqué de la manifestación? ¿Será el mexicano tan dependiente que prefiere adecuarse al criterio de alguien que sí entiende, como puede ser su líder? ¿Será que es una manera también de aplicar la Ley del Menor Esfuerzo? Es más fácil repelar (reclamar) que resolver. Es más fácil destruir un aparador o hacer una pinta sobre una pared que protestar de manera inteligente. Por eso sus reuniones deben ser interminables, por eso deben ser aburridísimas, por eso muchas de ese tipo de circunstancias no se dejan nunca entender. Ah, pero que capacidad de organización tan admirable. La coordinación entre cuatro o cinco marchas para estrangular al mismo tiempo una ciudad del tamaño de la de la Ciudad de México es admirable. Si así fueran para otras cosas…

Por eso lo de las pensiones y las protestas. Las pensiones son insostenibles. Las reformas a las pensiones del ISSSTE de hecho sólo afectan a los nuevos. Pero ahí están los maestros marchando, sin querer reparar en que a ellos no les afectará nada. Los malos llamados “maestros”. No querrán entender jamás. Por ahí también está lo de la “soberanía” del petróleo y la monserga de “el petróleo es nuestro”. No se comprende que no se quiera ser como todo el mundo (en cuanto a políticas energéticas por ejemplo) para que los beneficios del petróleo te lleguen más a ti y a tu familia en forma de obras públicas realizadas con los impuestos obtenibles del energético. Como todos los países con cerebro lo hacen. (El caso es que a veces es necesario pensar en matar a la vaquita para ahora sí, sin petróleo, pongámonos a trabajar como si este nunca hubiera existido, estaríamos mejor, para terminar el ex abrupto, no hay país con una empresa paraestatal petrolera que sea rico y que su población sea prospera, ninguno).

...Esta peculiaridad de nuestra manera de ser hace que cada uno de tales problemas insuficientemente solventados se vuelva recurrente. Nuestras leyes están llenas de este tipo de soluciones a medias. No se trata del resultado de una transacción basada en el reconocimiento de preferencias políticas racionalmente diferentes, sino de una elusión colectiva a encarar la naturaleza profunda de las cosas...

Uff, soluciones a medias, ¿dónde habré escuchado esto antes? ¿Es que en México nada se termina de resolver? Mucho es dejar para después. Es lo más sencillo del mundo. Alguien se encargará de resolverlo. O el mismo tiempo se encargará, sea eso lo que se quiera decir. Todo tiene que ver.

(Por otro lado no vengo al caso pero me es claro que este lenguaje del artículo no es para todo el mundo. Es como si hubiera dos razas de personas: Los observados, que es casi todo el país, y que es el objeto de atención por varios agraciados, o sea, los observadores, queriendo decir, los que hacen sus observaciones sobre sus objetos de atención, o séase nosotros mismos, ¡pero qué lenguaje! Jamás había leído la palabra “elusión”, y acabo de ver que significa “confrontación”, pero eso es harina de otro costal).

En conclusión por eso las polarizaciones. Por eso el .57% de voto a favor de Calderón. Por eso deberemos de tener cuidado. Hay que crear mecanismos que den seguridad al voto, o crear segunda vuelta, o, o, o, o, o, o… ¿crear más sensación de confianza?

Mientras, todo será una solución a medias. Aeropuerto sí, aeropuerto no. Reforma fiscal sí, reforma fiscal no. Reforma Energética sí, Reforma Energética no. Ley Televisa sí, Ley Televisa no. (Estados Unidos no se queda atrás, sólo de ver la estupidez de los senadores anti inmigrantes que se niegan a aceptar la realidad al negarse antier a darle seguimiento a la tan necesitada Ley de Inmigración, ya les pesará, ya les pesará).

e) Es característico de la mayor parte de la población el sentimiento de la lejanía de poder…

Por eso está la cuestión del estado paternalista, del clientelismo, de que en circunstancias que se pide al ciudadano que participe en por decir, comités de planeación municipales, sólo los utilice en esos momentos para hacer peticiones. Resultado de años de complicidades silenciosas, muchas veces de facto. O situaciones sin remedio aparente.

Tal vez el mexicano piense que por eso votó. Que se le incitó a pensar que esa es la razón de que se le pidió el voto. Para conseguir cosas cuando llegase el momento. Llega el candidato o llega el presidente municipal o el gobernador o el mismo presidente de la república, y en el caso de lo privado llega el presidente de la compañía trasnacional y se le ve con respeto. Tal vez no sea devoción, pero se piensa que esas personas tienen el poder de resolver todos los problemas. Algo intuitivo se los dice al ver todas las ceremonias y protocolos que se desarrollan a su alrededor. El besamanos. Las ceremonias. Los formalismos.

El poder está allá. Ellos están sentados allá en la sombra y nosotros estamos parados acá en el sol. Ellos tienen meseros y nosotros hacemos fila para que nos sirvan una torta. El poder está en los vehículos lujosos, aviones, helicópteros, y el nuestro, a pie o en colectivo.

Ah, y jamás accederemos a ellos, sólo los afortunados que empiezan pronto en su juventud y le “entienden” a eso lo lograrán, además de necesitar tener la suficiente ambición, carácter y aguante, con eso y con la debida concurrencia de suerte, de habilidad, de sentido de la oportunidad y de coyuntura llegarán más allá.

…Según este rasgo, el individuo no tiene capacidad de influir en quien ejerce el poder en el Estado, en la empresa o en la institución educativa... (o en la institución política, pues).

No basta con decirle al mexicano que un voto es un voto y que eso es muy importante. Jamás se siente parte completa de una colectividad. No alcanza a comprender de todo el sentido. Piensan que perder por un voto es inimaginable. Eso es muy duro de digerir. Automáticamente pierden voluntad de hacer las cosas así. Por eso pierden la fe poniendo todas las instituciones en duda y es cuando llega otro caudillo que les venda el mundo y le aceptan la promesa (eso sí, somos muy crédulos por second and third and nth time around).

…De ahí que el mexicano sea explosivo; su respuesta al abuso del poder es la violencia, pues no confía en los medios racionales...

No hay mucho que agregar ahí. Mucho ya está dicho. Aparece en los diarios todos los días. Y en las calles. Y este inciso tiene su fuente en Hofstede Geert, Culture’s Consequences, Sage, Beverly Hills, 1984.

f) La preferencia por los términos medios y el sentimiento de lejanía del poder se combinan en una actitud hacia la permisividad de la verdad a medias, la solución ad hoc, la simulación, la ilegalidad, la discrecionalidad ante la norma.

Todos aprenden y todos hacen lo mismo, el que no lo haga es castigado o aislado. El que diga en el salón de clases que alguien cometió una fechoría será etiquetado para siempre por más ilegal que hay sido el hecho. Tlahuac y sus linchados descansó en la discrecionalidad de la multitud. Fuenteovejuna vive.

Insisto, alguien ya dijo: “México es un país que le tiene miedo a la verdad”. Y que odia las evaluaciones. Y que niega las comparaciones con otros países similares por decir de telecomunicaciones caras. O la de autopistas de cuota onerosas. O de combustibles por sobre la media para un país productor de petróleo. Y de electricidad y de gas y de tiempo de abrir un negocio y de personal de empresas petroleras y de y de y de…

h) Los empresarios y supervisores de las empresas productivas, nacionales y extranjeras, reconocen las habilidades y el ingenio del trabajador mexicano en las tareas que realiza. Pero no es difícil observar en todos los niveles ocupacionales la falta de disciplina, apego y rigor en el trabajo.

Se han escrito leyendas del ingenio mexicano. Pero por causas oscuras y otras no tanto mucho se habla también de lo otro. De las incapacidades del mismo por ir más allá de lo superficial, de lo trivial, de lo frívolo y vano.

La disciplina, apego y rigor existen muchísimo en México, pero no asociados al trabajo. Las demás características que se pueden asociar a esto, el ahorro, la frugalidad, el esfuerzo para lograr algo más allá van de acuerdo al concepto del futuro, como bien sigue en el artículo.

i) Los individuos y organizaciones otorgan poco o nulo valor al futuro…

¡Sopas!

Bueno, no es el hilo negro. O la receta para hervir el agua. Hemos de haber conocido circunstancias así. Se le dice como consejo al recién egresado “ahorra un 10% de tu salario aunque ganes poco”. No, Al contrario, se lo gastará todo. Se le dice que si le dan un aumento, pase un buen tiempo sin habérselo trasladado a su consumo. Pero tampoco. Si la gente gana X, la X que sea, deseará ganar dos X en todos los niveles sea X la cantidad que sea. Si a la gente se le da un aumento que tanto quería, su satisfacción durará sólo tres meses. Luego se sentirá igual de desgraciado que antes. Así es la gente. No tiene disciplina.

El futuro da miedo. La incertidumbre. Hay angustia por lo desconocido que hay más allá de la esquina o del primero del mes que viene. Tal vez por eso la gente agrega en su diario hablar la frase de “si Dios quiere” despojándose de la libre voluntad o aceptando incluso que él o ella no tienen poder para evitar las desgracias evitables.

De pronto sí se piensa en el futuro, pero se hace de manera errática o inconclusa. Por ejemplo el caso de las tarjetas de crédito en este país es impresionante. A la gente le es dada una tarjeta de crédito de manera irresponsable por los bancos y estas personas recién tarjetahabientes creen que esa tarjeta es para gastar. (O sea, para gastar ahora, hoy, ¿para qué esperar a ganar o ahorrar ese dinero necesario para el artículo? Ese gratificante lo quiero hoy, lo necesito hoy, ¡lo deseo tener ya!)

La gente muchas ocasiones piensa en la tarjeta, que implica en sí un uso ahora y un pago futuro, que es como un sobresueldo. Ahora el resultado está ahí. El índice de cuentas sin pagar entre tarjeta habientes está subiendo tremendamente.

…De ahí el poco aprecio al ahorro, el mantenimiento de las instalaciones, la conservación ecológica y los proyectos de largo plazo, por ejemplo…

Van a Teotihuacan en sus ceremonias de solsticio y maltratan de paso algo que aman. Lo mismo el Tajín. Se asustan con la contaminación y tiran el cigarro en el piso. No hay duda en esto, ¿verdad? Cuestión de ver una calle después de un desfile, el que sea. Y sí, eso puede ser en todas las grandes urbes, pero sin embargo…

...Tampoco hay suficiente respeto por el pasado más allá de los aspectos del folclore, posiblemente porque la historia se enseña mal, como se mostró en el cuadro de arriba, o porque se enfatizan más las derrotas militares (las invasiones) que los logros culturales. El sentido del tiempo del mexicano se estrecha hacia atrás y hacia delante, reduciendo su memoria y sus aspiraciones.

¿Qué más se puede agregar a esto? ¿Será la historia o la falta de entendimiento hacia ella la causante de muchos de nuestros problemas? ¿Será esa falta de querer ver que vamos hacia el futuro y por más pasado glorioso de los aztecas y mayas no queremos pensar que las cosas hoy ya son diferentes? ¿Es impactante saber que la Gran Tenochtitlan fue tan grandiosa que la añoramos? ¿Deseamos olvidar y odiar tanto a Cortés? ¿Tanto le tenemos miedo? ¿A los Estados Unidos? ¿Preferir Cuba a Inglaterra o España?

¿O el problema cultural que nace en algún lado de nuestra geografía, de nuestra esencia (sólo ver a los mexicanos que “la han hecho” en Estados Unidos o Europa como y que tan enfocados trabajan), es el causante de nuestros problemas actuales aparentemente sin solución a la vista?

Problemas hay muchos. Gente que defina los problemas también. Gente que desea soluciones, ufff, podemos llenar cerros, montañas, llenar abismos con ella.

Pero, ¿dónde están las soluciones?

Es un artículo bueno. Son revelaciones que de tanto que las vemos todos los días ya nos parecen lugares comunes. Cambiar la mentalidad, ¿cómo? ¿Qué la gente reaccione? ¿Cómo? ¿Actuar? ¿Cómo? Ya hablé lo de la lectura del mexicano en otro artículo, en el de los Disparates Conectados.

Y no basta decir “¡qué mal están las cosas!”. Hay que hacer más que eso. ¿Cómo qué? ¿Cómo cambiar? ¿Cómo empezar?

No lo sé. No lo sé. No lo sé.




¿Alguna idea?

martes, junio 05, 2007

Cuento Ultracorto: Definición, Propuesta, Intento, Conato y Práctica

El cuento ultracorto es por definición eso, ultracorto. Parecido a un haiku porque expresa algo sencillo, armónico, bueno, en mi caso intenta ser armónico y muy probablemente no lo logra. Además que el haiku mis respetos, siete sílabas, luego cinco y finalmente siete, indica que el que lo domine tenga una sensibilidad superlativa además de algo similar al dominio del ikebana, o del origami, o del volar papalotes. Cosas del wa. (Wa significa armonía, uno que está leyendo Gai-Jin de James Clavell, en estos momentos.) Vivir en el zen.

Ultimadamente los cuentos ultracortos que siguen son mis primeros en orden, esperemos que con el paso del tiempo (con veinte años será suficiente), estos mejoren.

Cada cuento ultracorto tiene una clara intención definida en su misma construcción. Es posible que el que se lea sea sencillo de entender, o también es posible que no se capte el significado. Eso sí, se hace el intento de explicarse sólo a través de sus palabras.

En este caso la intención fue que las palabras fueran lo suficientemente poderosas como para expresar un sentido, una posibilidad, un absurdo, una ironía que bastase para iluminar una región en el cerebro y que hiciese sentido en alguna resonancia emitida que destilase gracia, repulsión, terror, fascinación, apatía o indiferencia.

No hice trampa. El cuento debería de quedar en un renglón, o sea, un solo renglón de una línea típico de Word de tamaño de doce puntos en font de Times New Roman. O sea, algo estándar. Hasta ahora tengo 451. ¿Por qué no 500 o 1000 o 200?, ni idea. De seguro voy a sacar más en cuanto me concentre.

Escribir un cuento normal de una extensión típica de diez cuartillas puede llevar una semana, quince días o hasta un mes. Escribir estos cuentos ultracortos es sólo llegar a cristalizar una idea y escribirla. Un minuto para intentar crear un drama. Luego llegar con las palabras de la extensión correcta y pulirlas. Tal vez tres, cinco minutos. Ahora hacer lo mismo con 451 ideas distintas (o algunas variaciones, todo es válido), bueno, ya es otra cosa. Forzarse a tratar de ser original es mmm, divertido.

No sé que pueda pasar con algún copyright. No sé que pueda pasar si alguien toma una idea y escribe a partir de ahí un cuento (el mundo está lleno de presunciones) o luego ese alguien diga que eso sea original de él. No copié ninguno de los míos de ninguna otra parte. Quizá la memoria me falle y haya tomado alguna inspiración de algún lado, inconsciente, quiero decir, como casi siempre pasan estas cosas, pero no me importa.

Digo, como ya se ha dicho antes, no hay policías literarios. Y hay quien los pide y hay quien dice que no, que jamás aparezcan.

Otros quizá están en versión Beta, quiero decir, como mencioné, que tal vez les falte una pulidita. Pero quería verlos en Internet y que mejor lugar que mi blog.


El hecho de que no están en mi blog propio de cuentos, cuya dirección está en la barra de la izquierda es porque este blog es más frecuentado que aquél, pero no descarto la idea de que un día ponga todos los 451 cuentos ultracortos en cuanto me decida.

Así las cosas.

Aunque parezca que puedan abarcar más de un renglón, en el formato que mencioné arriba caben en uno sólo, sin numeración, repito, sin numeración.

Aquí van sólo 25. Espero que los saboreen. A alguien puede hasta que le gusten. A alguien puede que no.

En fin. (Si me convenzo luego pongo más).

25 cuentos ultracortos (del 1 al 25) de una colección que hoy por hoy son 451:


1. La Vida recomienza, las Ranas Metálicas ascienden al Reino, otra vez.

2. ¡No hay lugar! mis bisabuelos saludan a mis choznos, aquí ya estamos todos, algo flacos.

3. Discúlpame, tengo los Sonidos en mis oídos, zumbidos que no me dejan verte.

4. Las hojas y espinas de mis árboles, que maravilla, hoy me son sabrosas.

5. Acaricio tus números en tu rostro, negros códigos de barra del mismísimo averno.

6. Cuentas de Seguridad hay para todos, y todos pueden entrar, excepto tú.

7. La felicidad está a tu alcance, ¿para qué quieres tus brazos?

8. Líquido flameante y negro, piénsalo, tu alma era así, recóbrala, por sólo siete pesitos.

9. Único libro, todos con el único libro, sálvanos de los demás. Destrúyanse los sobrantes.

10. Tu amistad me sostiene, muleta mía. No me pegues, recuerda, más que lo suficiente.

11. Recobra el mundo, sé que deseas destruirlo, pero sólo camina por él. Eso bastará.

12. Las calles sucias. Maravilla de la naturaleza, los que no lo vean, quédense ciegos.

13. El estado soy yo. Todos lo saben. Los que no, ya no están conmigo, ni en el estado.

14. ¡Atención! Programa de software, me hace respirar. Favor de no apagar de nuevo.

15. Aire mezquino, llega a mis pulmones. Insemina mis alvéolos. Lo necesito tanto.

16. Si son cinco espejos y en cuatro entré y morí, me queda el quinto. No tardo. ¿Me esperas?

17. Clones reclamantes, piensan como yo, aburridos, quieren ser más. Pobres de nuestros todos.

18. Después de tantas guerras, enloqueces. Veterano en la calle. Mirando puntos luminosos.

19. Flores que comen insectos. Flores que huelen mi carne. Ojala fuera insecto, huiría volando.

20. Me diste, como siempre, tu café y tu sangre. Me fascinaron, pero hoy, hoy, me saben igual.

21. Amor de mi vida, dilúyete en mí y disuelve mi sentimiento. Pero creo que hoy no podrás…

22. Así no harás que te quiera. Oblígame y moriré. Sin rencores, ¿verdad?

23. Hoy vi a un caballo, arrogante, esbelto, con sus ardientes siete cabezas, preciosas todas.

24. Mi corazón está en tus manos. ¿Ya me lo transplantarás? ¿O seguiré esperando?

25. Eternidad es la que me haces esperar entre tanto cambio de eones, ya basta, ¿no?

sábado, junio 02, 2007

RUMINACIONES METABLOGISTICAS


Habrá que entender que sucede con lo de los blogs. Hace tiempo que no hablaba del tema, de estar escribiendo este blog precisamente.

Una cosa es entender para qué escribimos en blogs.

¿Es alguna moda pasajera? Ya mero cumplo el año y llevo un promedio de uno cada tres días.

¿Es un desahogo? Sí, definitivo. O más que eso, es una necesidad.

¿Es un intencionado lugar para exhibir nuestro trabajo? Pero por supuesto, quiero escribir en alguna revista, Ahora sólo escribo en un periódico local.

¿Es una necesidad? Por supuesto. Hay necesidad de opinar y de escribir.

¿Es un escapismo? No lo dudo.

¿Es una prolongación de nuestro ser exhibicionista? Pero por supuesto que lo es. Esa es una buena explicación.

Un día estuve vendiendo ejemplares de mi novela autopublicada hace años Technotitlan: Año Cero. Un día lo comenté delante de unas personas. Una de ellas me dijo: “Sí, vendiste tantos, pero ¿cuántos te los leyeron?” La verdad, me caló.

Una, bueno, me caló la mala leche de mencionar un punto que uno no puede comprobar de buenas a primeras. Dos, realmente sí importa que te lean, digo, para eso lo escribiste. Pero el comentario, medio malicioso, medio sincero y medio envidioso a todas luces, tiene una verdad ineludible: Sí, te los pueden comprar y eso, cuando tú estás recibiendo el dinero que le invertiste en la hechura, es un halago, pero lo importante y la verdadera justificación de todo este asunto es ese, que te lo lean.

Agrego: sí me consta que me lo leyó mucha gente, tengo correos que me lo comprueban así. Tengo personas que me lo contaron. Que me cuestionaron, etc. Que me preguntaron que sucedió después con tal personaje. Bueno, ese es otro punto.

Pero lo que quiero decir con esto es respecto al blog. A este blog le llegaban en promedio durante sus primeros 6 meses como 8 personas diarias. Los siguientes 6 meses le llegaron como 14.

En promedio llegaron en el año como 12 más o menos. 12 diarios.

Estos últimos doce días han llegado como 36 personas diarias en promedio. ¿Alguna explicación? No sé. Tal vez el todo poderoso dios Google me califica de manera diferente y me acepta como más influyente a las inmensas preguntas que hace la gente a su buscador. (Bueno, no sólo Google, hay otros buscadores por ahí). O me incluyeron en algún índice de peso como para reconsiderarme más importante y subirme en su índice y así más gente me encuentra más rápido. Y me accede así. Y la marea puede cambiar de nuevo.

Google ya me ha castigado antes por hacerme autoreferencia, ignorando yo en esos momentos que eso es pecado mortal en este mundo de los índices. Los índices son todo en la vida de un website. El pecado de autoreferencia me hundió en el abismo de sus buscadores. Ahorita estoy arriba. Pero ha habido momentos en que soy el número cuarenta. ¡El cuarenta! No es agradable. Nada, nada.

Ya no es sólo lo del principio. La gente que se equivoca y que escribe Techno… en vez de su querida Tenoch…, ya casi no pesa, situación que me hacía algo de gracia, pero que finalmente no les resolvía nada finalmente, ni a mí tampoco.

Sí, eran visitas hechas y derechas, pero se iban de inmediato ya que no veían nada de su agrado. Era natural. Les escribí una nota ubicándolas del mejor lugar de Tenochtitlan que he visitado. Pero el tiempo ha cambiado y los visitantes ahora se quedan más.

Sucede que en 120 artículos que más o menos que se encuentran aquí en este blog, hay para todos los gustos (supongo). Si escribo de cierta película, no falta que lleguen varios a querer saber de ella. Antier, ha de haberse transmitido en la televisión española la película de Network: Poder que Mata, ya que seis personas de España llegaron por aquí en la misma hora.

Me hace gracia que escribe uno una frase y no pasa mucho tiempo en que llegue gente a este lugar. Hagan lo mismo en sus blogs, ensayen con alguna frase y así llegará alguien a visitarlos. Hay toda la variedad del mundo posible. No la vamos a llenar aquí, ¿verdad?

Bueno, no, no todos se quedan, pero algunos sí y por mucho rato. Otros, obvio, se van de inmediato.

Me encantaría que se quedaran, pero no es posible.

Pero recordemos, escribimos porque queremos. Sale algo en los medios que consideramos de relevancia y aquí opinamos. Y largo y tendido. Ese tal vez es el problema. Mi problema.

No sé escribir de a poquito. Un día transcribí una nota aparecida en un diario local de hace diez años y que consideré simpática, que por cierto es de las más populares, y alguien me regañó diciendo que no escribiera de esas cosas superficiales, que yo los tengo acostumbrados a escribir temas de gran profundidad.

Hay algo de ego en que te visiten muchas personas. Pero yo no soy del tipo de escribir sólo un párrafo y que se refleje en algún índice como Mtyblogs con esa frecuencia necesaria para que me accedan dos veces al día.

He visto blogs con una asistencia diaria de 1700 personas. ¡1700! Y aquí apenas anduve en casi 12, menos de su uno por ciento. Esos sí que son famosos. No es mi caso. Un artículo que aparezca aquí tarda como tres horas en su preparación, en su escritura, en su corrección y en su “subida”. Tres horas que no puedo repetir a diario. Digo, tengo ciertas cosas que hacer. A veces trabajo. Okay, no, siempre trabajo. Y esto es algo también de inspiración, de gusto, de delicia. Y a eso no se le puede obligar a diario.

Nunca he escrito un artículo de primera impresión directo en Blogger, no me sale, no me sabe, no puedo, soy inepto en ese sentido. No puedo elegir las palabras correctas, las metáforas suficientes, las referencias correctas, de manera expedita.

No soy tan impresionista como esos blogs que son muestras y reflejos del momento en que se vive. Impresionista me refiero porque eso es lo que hace mucha gente. Y no es malo. Son las voces de la gente, las de primera impresión, las de la primera conclusión.

Algo sale en TV, opinan de ello, algún rumor, lo escriben, algún comercial, dos o tres impresiones, un resultado de fútbol y allá van. Yo no puedo escribir de ello. Sería como una especie de impropiedad al blog.

No es que se califiquen a priori los blogs impresionistas como de superficiales o triviales, pero así son muchos. Y definitivo, muchos de los blogs impresionistas son graciosos, chispeantes, agudos, y ultimadamente en general agregan sabor a la diversidad. Y eso es suficiente para justificar su existencia.

Siendo autocomplaciente por un segundo, ¿qué me gustaría? Que la gente se quedara a leer más. Que opinara más. Que leyeran los artículos del pasado. Que pidieran algunos temas, a ver si puedo cumplirles. Que se reimprimieran algunos por ahí, que se mencionaran por allá. Cosas así. No dudo que se pueda o que así suceda.

Escribir aquí no es por esperar una recompensa, que quede claro. O tal vez la recompensa sea mi pura sensación de que a veces algo se hizo bien.

Porque es tan divertido y fascinante hablar sólo.

Pero más todavía, dialogar con alguien… Y esto siempre será un diálogo.

Contigo.