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lunes, marzo 14, 2011

Crónica Escolar-Laboral en los Tiempos del Año Cero de la Crisis:

You must remember this:

Estas son dos historias entrelazadas, un poco de la UDEM en tiempos de pre-crisis y un poco sobre mi primer empleo.

Y no tiene moraleja o mensaje claro. Sólo crónica. Avisados están.

Fue el 16 de marzo de 1981 cuando entré a trabajar por primera vez en modo formal. Mi primer trabajo de relacionado con la profesión que estaba estudiando: ICAP, Ingeniería de Producción Administrativa y de Producción.

La carrera estaba en DICNE, o sea, División de Ciencias Naturales y Exactas y a falta de campus todavía muy muy lejano, esta división de la Universidad de Monterrey se encontraba en el Colegio Labastida, cerca de Fátima en la muy rumbosa y ornamentada Colonia del Valle.

En ocasiones nos tocaban clases una o dos durante la mañana, y luego en la tarde de 3:50 PM hasta las 9 o incluso 10 de la noche.

Las clases que llevábamos en ese cuarto semestre eran Ecuaciones Diferenciales, Análisis y Diseño de Sistemas IV, Contabilidad II, algo así como Sociología (o como se llamara), Lenguajes y Técnicas de Depuración, Equipo Periférico, no estoy seguro si llevamos también Estructuras de Información y Sort,  etc. 

O cosas similares.

El Labastida, del que no sé si se ha transformado mucho desde entonces, era un colegio muy sobrio, con colores oscuros por dentro, amplios pasillos donde corría el aire, en el que la UDEM arrendaba toda un ala de dos pisos arriba de un patio llamado cubierto por obvias razones.

Todo el lugar estaba rodeado por arboles, flores y recuerdo que era un lugar muy pacífico, fresco, agradable, ideal para estudiar… excepto a la hora del recreo de las niñas de secundaria, en el que se volvía un pandemónium.

Para ubicar, ¿qué más sucedía en el año de 1981?

La película de moda era El Imperio Contraataca; en ese marzo, un día antes de la entrega de los Oscares, fue balaceado en una banqueta el presidente Ronald Reagan; en mayo se casó Lady Diana con su Príncipe Carlos. El gran Fernando Valenzuela fue novato del año en las Ligas Mayores de Beisbol.

¿Datos económicos?

Refresco a 2.20, Cerveza Carta Blanca, a 4.70, gasolina Nova a 2.80, camión a 3.00, dólar a 24.50, el periódico a 5.00, el cine a 35.00, un VW Sedan a 190,000. El salario mínimo a 190.00. La inflación estuvo a 28.68%  anual. La deuda a 74.8 miles de millones de dólares.

1981 fue el año que más ha crecido México: 8.8% anual. Iba a ser un buen año. Probablemente fue el último, con alguna excepción por ahí.

También en 1981 llegó el Columbia al espacio (se incendiaría al entrar a la atmosfera hace pocos años), en México hubo apagones,¡¡nació el osito Panda!! Nuestro Presidente defendió el peso como un perro, (ajá). México no pasó al Mundial de Futbol de España, máxima vergüenza total y en el Río Santa Catarina hubo un gran concierto de Rigo Tovar.

En ese año el Pac Man empezó a comerse el dinero de la gente en las tiendas de videojuegos llamados por entonces Chispas. MTV apareció en USA.

El cubo Rubik empezó su largo reinado. Intenté armarlo.

Una mañana agradable y fresca de principios de Marzo estábamos reunidos abajo del patio cubierto cuando nos habló Ricardo (los apellidos quedan ocultos para proteger a los inocentes) para decirnos que había trabajo para programadores COBOL en Cigarrera La Moderna.


De los seis qué estuvimos ahí sólo tres asistimos a la cita en la empresa: Magda, Marisa y yo.
Sería un trabajo de medio tiempo, los tres sabíamos COBOL y entramos a trabajar después de las pruebas psicométricas el 16 de Marzo de ese año.

El sueldo era fabuloso, lo recuerdo todavía. Sí, lo era.

Nos enseñaron los rudimentos de trabajar en pantalla en terminales voluminosas de Control Data (de  hecho, con Control Data, todo era voluminoso) que incluso tenían un foquito parpadeante en una tecla.

Nos dieron lugares con escritorio individual en una vieja sala sin ventanas a la que llegábamos por un pasillo oscuro después de subir a una escalera también oscura. Los escritorios eran grises, de esos de oficina burocrática, sin adornos, sin nada sobre ellos, ni teléfono siquiera.

Ahí nos dio Juan, nuestro jefe de entonces, un alto, flaco, con bigote y cachetón, unos bloques con hojas cuadriculadas que eran para hacer líneas de código que luego una chica capturaba  donde salían miles de errores; teníamos citas con el analista de sistemas quien nos daba en un folder azul los diagramas de lo que se buscaba hacer con el programa en cuestión en sus más grandes rasgos, y más hojas con la “lógica del programa” que traía el detalle fino como guía para que el programador no batallase a la hora de hacer el programa.

Sencillo como puede sonar ahora, era complicado. No entendíamos ciertas cosas porque no era lo mismo tratar los archivos de prueba  que hacíamos en nuestras tareas o trabajos en la escuela con tarjetas, que entender que acá había archivos “reales” que hacían las cosas más “de verdad”.

Mi primer programa se llamaba PRO4060 y todavía el nombre me suena interesante.

Llegó mayo y seguíamos trabajando, nos dieron muchas facilidades para los exámenes finales. Fue un ambiente nada hostil para estudiantes programadores medio tiempo.

Ese verano fue ya de tiempo completo.

Fue nuestra primera ocasión en un ambiente laboral real formal e informal, con jerarquías, autoridad, organigrama, bromas, dobles sentidos, juntas, secretarias; el gran jefe, el Ing, García, a quien todo mundo le hacía reverencia (y todo mundo en automático se reía con él); la secre buenísima a la que tú también le hacías reverencia; luego los demás todos, subordinados, sin olvidar al rebelde que siempre decía los últimos chistes, quien traía el sarcasmo y la ironía a todo lo que se pudiera y que desafiaba sin arriesgarse mucho, claro, al orden establecido;  las idas al comedor donde no sabías o entendías porqué la comida era tan barata y tan aburrida, ni porqué todo mundo juntaba las mesas para comer en grupos de hasta 18 personas, o el porqué se nos quedaban viendo las obreras que las había en grandes cantidades todas vistiendo falditas muy rabonas.

Pasábamos el tiempo escuchando un aparato tipo grabadora, pero este era un 8-Track con música de entre otros, Supertramp en vivo. En otra ocasión poníamos cassettes de música de fondo donde los míos dieron tantas vueltas como para recorrer medio Monterrey.

Luego veíamos a los compañeros mayores en como les tocaba trabajar a veces con la consola principal de la Control Data 170, y que a través de certeros comandos manejaban las bibliotecas de archivos que estaban en unidades de disco de no recuerdo cuantos megas tendrían pero que no creo que fueran más de cincuenta por unidad y que tuvieran en la empresa, ¿ocho?, ¿diez unidades de esas?

O sea, posiblemente 500 megas en total. Medio gigabyte. Para toda Cigarrera. Recuerda el dato cuando mires el USB de 2 Gb de tu hijo.

Mmm, el olor a cigarro. Nunca olí jamás tanto a cigarro, y no molestaba, era suave, el que se dejaba reposar. (Nunca fumé y sigo sin fumar).

¿Lo más curioso? Regalaban a todos los empleados cigarros Raleigh (en ese año todavía no podía decir la “r” y decir la frase anterior era un verdadero suplicio), veinte cajetillas cada quincena, pero había gente que cambiaba dos o hasta tres por una de Marlboro.

¿Lo más intrigante? Muy poca gente traía cerillos o encendedor.

¿Lo más extraño? Nos regalaban folletos que afirmaban que el cigarro tal vez no era peligroso para la gente fumadora y que finalmente era un derecho de la libertad de elección del ser humano.

¿Lo más celebrado? Cuando Patty o Juanita llegaban a avisarnos que ya podíamos ir a cobrar. Era genial. Dos veces al mes.

En las tardes después de Cigarrera seguíamos yendo al Labastida, territorio UDEM, donde podíamos seguir siendo estudiantes sin más problemas ni más responsabilidades que pasar con bien todavía dos años más de duras materias. Muchas cosas todavía por aprender.


Casi finales de verano de 1981. En agosto en una clase de Administración al maestro le llamó la atención ciertas opiniones que di. Él era de Vitro, me ofreció trabajo y decliné, quizá porque tenía sólo cuatro meses de trabajar en Cigarrera y pensaba convencido de algún concepto de lealtad debido a que ya nos habían dicho en forma vaga que nos iban a dar un puesto más permanente. En septiembre murió mi abuelo. Utilizábamos la gran Cyber para hacer trabajos finales de la escuela.

Empezamos otro año, en 1982, llegó la Guerra de las Malvinas, fui a la Isla del Padre en vacaciones, llegaron los finales, nos dieron igual facilidades para estudiar. Al volver de los finales no todo fue igual.

Me recortaron de Cigarrera el 12 de mayo de 1982, primer año de la crisis.

Crisis económica en todo el país que ya para entonces era tan evidente como sonoro es un océano enfurecido.

En mis curricula, el nombre de Cigarrera desapareció con los años empujado por otras empresas. Luego la compró BAT hace tiempo.


Aún así, el nombre de Cigarrera La Moderna vive  hoy de nuevo. Ha vuelto a aparecer a causa de LinkedIn al añadir a amigos de por entonces y como esa red social te pregunta en qué empresa fuimos colegas, pues la tienes que añadir, delatando de cierto modo, tu edad.

Las experiencias sirvieron, me dieron ciertas ventajas, profundidades, entendimientos. Lo importante es vivir. Oh, sí.

Jamás pude armar el cubo Rubik.


Pero así que ustedes digan que particularmente eso me hizo mucha falta en la vida, pues no. ¿Ok?

Y ya.

(Y sí, conservo una impresión de ese programa que hicimos en la Cyber, una impresión del 15 de diciembre de 1981... faltaba tanto tiempo para el siglo XXI, teníamos tiempo de sobra para hacer tantas cosas...)




martes, marzo 01, 2011

La Casa (Perdida) del Fin del Mundo



Desde hace muchos años tengo una especie de romance con el cine de Luis Buñuel. Sí, se puede escuchar raro. Ya saben, como en el sentido de admiración total por su persona, por su vida, ideas, filosofía religiosa, expresiones y demás.

Pero es que es de esos cines de director tan devastadoramente claro y distintivo que sí tú ves una película particular mexicana sin saber de antemano nada de ella, de pronto dices “esta película no es como todas, se ve, se siente rara”.

Definimos “películas mexicanas” como aquellas denominadas de manera simplista de las costumbristas realizadas desde los años 40 hasta mediados de los 60’s que veíamos, o vemos todavía cuando hay oportunidad.

Estas películas se miraban por toneladas en los años que las daban en televisión abierta con sus horarios fijos en las tardes, antes de que esas estaciones de fueran vendidas o arrendadas o como se llamen, a los grandes consorcios o a las cadenas de cable y que estas las tomaran y encadenaran a sus propios planes corporativos. De ese modo los antiguos canales regionales dejaron de transmitirlas a su vez, haciéndonos extrañar ese esmero, amor, y hasta dedicación, con el que las transmitían.

Por ejemplo una buena tarde hace muchos años en casa de mi abuela, y eso sí que es hace muchos años, veo la tarde pasar y al mismo tiempo una película en la que sale Jorge Negrete en donde la pesco en una escena multitudinaria en un teatro y arriba de su escenario está una bailarina que empieza su acto y que de pronto, baja por la escalera a recorrer camino por entre la concurrencia y lo más impresionante: ¡la cámara no corta! ¡La cámara la sigue alrededor de la escena y no la suelta!

Te das cuenta que ella va hasta el fondo del teatro salón en medio de la gente, y sigue bailando con la música tropical o algo así y sigue y sigue y sigue por el contorno del mismo, por la parte del fondo y luego ya, de pronto, llega a subirse al escenario de nuevo por el otro lado.
Para esto la cámara como ya dije, nunca cortó, la siguió en una sola toma en toda su vuelta completa, y estamos hablando de una película mexicana “costumbrista” de 1947 llamada Gran Casino. Dirigida por Luis Buñuel. (Con el tiempo supe por el libro de “Prohibido Asomarse al interior”, o como le cambiaron el nombre, “Buñuel visto por Buñuel”, de Tomás Pérez Turrent y José de la Colina, que lo hizo así sin corte, sólo para estar en forma porque tenía casi los 10 años sin filmar).


Así nada más, Gran Casino. Con Jorge Negrete y con Libertad Lamarque, con una historia que habla de temas de petróleo, un hermano perdido, Tampico, si mal no recuerdo, un trío de guitarristas que se aparecía de la nada cuando Negrete se disponía a cantar, ¡y que siempre se saludaban cuando se veían! Y sobre todo un beso enorme, recordado, romántico, que nunca se ve porque la cámara se encuentra más confortable mirando hacia lo que el galán se dedica, mientras besa a la bella mujer, a remover un palo en el lodo oscuro durante todo el rato del beso… sí, eso fue todo lo que vimos ¡la verdad, genial!

No puedo dejar de mencionar las demás películas mexicanas de Buñuel. También todas impresionantes, poquito o mucho o muchisisísimo: Los Olvidados, La Ilusión Viaja en Tranvía, Subida al Cielo, Él, El Bruto, Susana, Carne o Demonio, Ensayo de un Crimen, Nazarín, Viridiana y El Angel Exterminador, entre otras.

Precisamente de El Angel Exterminador quería hablar.


Pero no tanto de la historia o del desarrollo de la misma o de las actuaciones.
Ni hablaré de lo extraño para la gente que resultaría ver una historia en El Angel Exterminador que nunca parece concretarse. Pensaría en las personas que verían en el cine la película en su tiempo y que de seguro se asombrarían que la historia de esa cena tan elegante degenerase en algo tan poco común, en que todos los comensales no llegaran a salir de la casa, como sintiendo algo, o más aún, como presintiendo algo raro y aceptando entre todos el hecho, que nadie podría salir de ahí de esa área, en esa casa.

Y viendo la puerta de la casa, en este caso la salida, al alcance aparentemente de todos, pero ninguno de los invitados pudo tener la voluntad de traspasarla, surge la pregunta: ¿por qué solo los criados lo pudieron hacer?

¿Castigo? ¿Maldición? ¿Brujería? ¿Satanás? ¿Dios? ¿El Angel Exterminador que vendrá durante la noche a matar a los hijos primogénitos y que para evitar tan cruel destino la puerta de la casa debería ser marcada con sangre de cordero?

Creemos que la locura los posee por los actos absurdos que vemos aunque el transcurrir es casi en paz (¿mencioné un doble suicidio?),  excepto por esa extraña dimensión: el no poder traspasar los límites de esa casa tan única en la que es seguro que algo sucede pero que nadie sabe explicar y que nadie, ni los de dentro ni los de afuera, se atreven a hacer algo que rompa el hechizo porque como en hipnosis colectiva aceptan las cosas como están.

Hasta de momento, podría uno pensar que Buñuel se adelantó a Stephen King en escribir una historia sobrenatural acerca de una casa siniestra (y pido perdón a los puristas que se desgarran el corazón pidiendo al árbitro del sentido común: ¡FALTA! ¡15 YARDAS DE CASTIGO POR MENCIONAR  EL NOMBRE  DEL INMORTAL CINEASTA JUNTO CON EL NOMBRE DE ESE ESCRITORCILLO POPULAR!).

Evidentemente Buñuel, poseyendo otra clase de inteligencia en comparación con la nada despreciable de King, lo resuelve de una manera más extraña, sí, surreal, sin tener que recurrir a espantos o a monstruos en el closet, o a muertos que vuelven o a hoteles malditos con personalidad expresa y angustiosamente asesina.

Buñuel no lo explica. Ni falta que le hace. Sólo nos hace cómplices, nos hace sentir el desamparo, la angustia de los invitados dentro y de los espectadores afuera que saben que esa casa ya pertenece a otra dimensión que se adueña de todos y con la que nos hace entrar en otra realidad fuera de nuestra comprensión.

Como sea, pero no deseo hablar de la película (imagínense que lo deseara, uf), un día llegará para eso y diré lo molesto que él estaba, Buñuel, por el reparto que no fue de lo mejor, pero lo que me llama la atención en estos momentos es la localización de la casa.

Encontré un catálogo de una expo que apareció en 2008, llamada BUÑUEL, ENTRE DOS MUNDOS algo así organizado por el Centro Nacional de Artes, ya saben.

Y bueno, el catálogo es fabuloso, no podía ser menos.

El punto es que se va, inevitablemente, película por película. Será otro libro icónico de lo que fue Buñuel en el siglo XX, explicando en cierta medida el porqué fue recordado, el porqué trascendió, el porqué marcó época, rumbo, destino en el cine.

Lo demás ya es conocido y si no lo es, ya lo escribiré, porque como que se me antoja hablar más y más de por decir Simón del Desierto, o Ensayo de un Crimen, u otra, Nazarín o Viridiana… y ya veremos.

De lo que quiero hablar ahora más bien, es… la casa esa.

La del hechizo, la de la otra dimensión, la que vendría a ser el lugar maldito, el lugar destino del Angel Exterminador, el del nombre bíblico, el del nombre final, el del fin del mundo tal y como lo conocemos, el que llegará a destruirlo todo.

La verdadera posada al filo del Fin del Mundo. 

Esa pudo ser la casa en la que los que entran están en una estación de tránsito hasta el más allá o quizá en la puerta al limbo, a lo desconocido, al intersticio donde la sanidad deja de existir, siendo el más allá o limbo o intersticio más terrible que ninguna imaginación prodigiosa pueda llegar a imaginar jamás.

O tal vez no.

Porque avanzando en ese catálogo de tal y tal muestra los lugares donde se filmó tal y cual película comparando los paisajes de las mismas fotos con el lugar de las locaciones de cómo quedó en la película.

Ahí muestran el lugar cerca de Ixmiquilpan del bello estado de Hidalgo en donde se realizó Simón del Desierto, en medio de la total nada, matorrales, arena, desierto y cerros pelones, pero que con cierta habilidad el equipo fílmico de Buñuel lograron hacernos sentir que ese lugar era en realidad Antioquía en la antigua Siria, donde los hechos narrados sucedieron (o no sucedieron, de acuerdo, pero ustedes me entienden).

Así en el catalogo está Ixmiquilpan, y así también aparece Acapulco y cercanías, y así también pueblitos de Morelos, como también algunos lugares de ríos donde se hizo  El Río y la Muerte y películas de esa época que tenían que hacerse forzosamente en locación.

 Y ahí dice claramente en el catalogo que la casa maldita estaba en el cruce de Homero y de Pedro Calderón de la Barca. Colonia Polanco, claro.


La casa donde el Angel Exterminador extendió sus macabras alas y les generó a esos ricos y no sé si famosos esa necesidad no natural de quedarse donde estaban, creándoles el terror total de salir y a los de fuera, el terror serval de no poder entrar.

Vi la foto de la casa, muy señorial, palaciega, amplio patio, elegante, definitivo: podría ser una embajada orgullosa de cualquier país, toda una revelación. Lo que en la pantalla no se pudo ver por lo fugaz, por lo oscuro, se pudo ver en las fotos de la búsqueda de la locación.
Ahí empezó también mi curiosidad, vi las calles y vi los nombres, obvio, se me hicieron familiares en más de un sentido y ahí pensé, Google Earth, ¡ven a mí!

En ese instante Google Earth hizo de las suyas y se poseyó de mi pantalla y tomó el control y me empezó a dar la luz al respecto de donde estaba ese cruce, pero, ustedes saben, Google Maps se transformó a través de un acto de tecnología indistinguible de magia, Clarke dixit, en Google StreetView.

Google StreetView es como muchos saben y dependiendo de qué lado estás, un instrumento de Dios o del Diablo que también podría descender hacia dónde moramos y al tomar de manera Borgiana la foto de cada casa de cada cuadra de cada calle, es como si buscara en las puertas la señal de la Cruz hecha con sangre de cordero so pena de que, de no ser así, el primogénito de cada familia moriría.


Pero hoy por hoy, claro, no hay Angeles Exterminadores más que los de excelentes películas. Siendo ese el caso veo desde arriba las calles, como si fuera un dios hecho de barro y logro ubicar la precisa esquina de Homero y Calderón de la Barca en donde están situadas las fotos, no hay que olvidar que esas fotos son de 1962, muy presente tengo yo ese año, excelente cosecha y claro, las cosas cambian mucho en un lapso tan considerable, díganmelo a mí que por entonces era un…


Sí, las cosas cambian, y mirando no había más que las palmas chaparras de en medio de la calle y pues nada más por ahí o por acá, y no encontrando nada significativo en las esquinas y miraba y sin ver nada a que asirme, una figura, un contorno, una silueta, un signo por el cual vencer.

Solo veía unos edificios de departamentos y casas en renta, un árbol que podría ser o no ser, algo raro estaba con la escala, ¿qué tan grande es la imagen de la casa original en blanco y negro con el ciclista ayudando un poco a establecer la necesitada escala?

Finalmente al ver la imagen de la zona urbana delimitada a pocas cuadras desde arriba que voy detectando algo familiar en los contornos de un edificio detrás de los departamentos que daban a la calle, ¿sería posible que…?


Sí, ni más ni menos que encontré la casa, estaba, o está, detrás de los edificios de departamentos, como si de un acto de… otra vez magia, la casa hubiera sido movida más atrás para poder acomodarlos, ¡pero esperen! ¡No! La casa no se movió, sencillamente fue que el patio muy particular, fue amplísimo, como de 30 metros de fondo, más que suficiente para separar el terreno, lotearlo y venderlos a mejores postores en mejores épocas, quizá todavía en alguna década del avance económico y de bienes raíces de tiempos ya idos.

Por fin me meto imagen por imagen, si es que se acuerdan como es Google StreetView con sus fotos tomadas cada 10 metros o algo así,  por la calle de Calderón de la Barca hacia el norte, pareciendo yo de pronto un intruso, mirando los carros, mirando las paredes, buscando ese dato que comento, otra silueta, en este caso, ese grupo de pixeles que agrupados me diera una seguridad, una comprobación.

Y la encontré, debajo de un gran anuncio de MetLife, una barda que desemboca en una columna que está segmentada horizontalmente, y sí, originalmente habían columnas segmentadas a cada tanto las que rodeaban el perímetro de la Casa Encantada. Todo esto en primer lugar.


Las demás piezas fueron cayendo una a una, como en un Tetris atrevido y lleno de audacia logrando más y más puntos en mi voluntad necia de querer entenderlo todo (inútilmente, claro).

Ahí estaban los primeros detalles, los cuales no se pudieran ver si estuviera enfrente, ¿realmente ustedes creen que los de MetLife me dejarían entrar, tomar fotos, sólo para saber si esa era la casa en la que habían filmado esa película de Buñuel? ¿Qué me dejarían hacer un tour por ella? La película se filmó en interiores en estudio, ahora no habría nada similar. 

Obvio.

Pero para eso están las herramientas modernas y ahí se miran el balcón, los ventanales, los adornos de estos mismos, el contorno tomado desde un satélite anónimo cientos de kilómetros de altura sigue después de casi 50 años, al de la foto ya no tan anónima de la casa.


Ok, a lo mejor sí. Tal vez los de MetLife sean buenas personas. Tal vez sepan de la historia completa de la casa del Angel Exterminador, quizá hasta hubiera alguien, no sé, el hijo de un hijo de alguien que conociera de ese lugar en esos años en los que lo palaciego era la norma de la Ciudad de los Palacios, por más a turista que sonara eso.

Que nos contara la historia de cuando a alguien se le ocurrió por motivos cualesquier a hacer lo que describimos arriba, segmentar el terreno y que los nuevos dueños hicieren lo que quisieren.

Que para esto ese fue precisamente el caso. Después de todo, una casa es una casa es una casa, y un palacio es un palacio es un palacio, y una casa donde filmaron los exteriores del Angel Exterminador es sólo una casa donde filmaron los exteriores del Angel Exterminador.


Eso pasa todos los días. Y no se pide que se haga monumento nacional de ello, eso no se pide, sino solo se ruega que haya en la memoria colectiva de la gente que ama al cine de Buñuel, que ama al cine de manera afín a la manera que muchos verdaderamente aman al cine, la existencia de esa casa, desaparecida de la memoria de la Gran Ciudad y que gracias a recursos en base a fotos de alta tecnología de casi 50 años de distancia, una casa real que nos vincula en el tiempo y en el espacio a El Angel Exterminador, del señor Luis Buñuel.

Y para mí, eso es suficiente.



lunes, febrero 07, 2011

Muestra de un Criterio Curioso de como Grupo Reforma trata DIFERENTE a Monterrey de la Cd de México



CRITERIOS A LA ORDEN...


Esto es relativo a como hay ciertos criterios de expresión HACIA LOS LECTORES.




El de la izquierda es El Norte, periódico de mucha alcurnia y aceptación en la ciudad de Monterrey, fundado en 1938.


El de la derecha es el Reforma, publicado en la ciudad de México desde 1993.


Y la de abajo es la de Mural, el de Grupo Reforma y que se publica en Guadalajara.


Digo, comparado con lo que pasa en el mundo y en México y demás, esto es  nimio, pero me llamó la atención de esa línea editorial. 

Cómo si en algún lugar la gente pudiera protestar más por la lectura de las palabras gruesas de las que se hablan en todo México, pero no por la vista de sangre o cosas así.

Monterrey, calma, tranquilo, que no se ofendan por las palabrotas mencionadas en un documental, Presunto Culpable y que hay que ver, para ver la calidad de justicia que tenemos.

En fín. Estampas de nuestro México disímbolo.

Y no pasa nada.



viernes, diciembre 31, 2010

Romances apasionados cuasi infantiles, cuarenta años de Melody

(con pequeña mención obligada al final de Let the Right One In  o como han cambiado los tiempos)

Después de muchos años he podido ver de nuevo Melody, una película de 1970-71 que en este año glorioso de 2011 cumplirá 40.


La película nunca figuraría entre las mejores de su tiempo, o que yo sepa no es memorable por nada en especial. Sólo digamos que la dieron en Monterrey supongo que a partir de 1972 y que creo que fue reprogramadísima como complemento a la película de moda, cuando esta era programada en matinés en los cines de esa ciudad (el Río 70 y el Cuauhtémoc) por esos años y quizá hasta por 1975, por decir una fecha en que puede ser que la cinta ya estuviese hasta transparente de tanto ponerla en los carretes.


También dieron varias veces a Digby, un perro peludo que se hace gigante; a los Charlots en 5 Locos en el Supermercado, una ya olvidada comedia francesa de pastelazo (notable sólo por el hecho de que fue de las primeras películas que mostraban un hipermercado, posiblemente un Carrefour, de alguna manera antecediendo en décadas a los Wal-Mart, Sam’s y mil más Marts, posteriores, profetizando de cierta manera la vida actual con la idea de que el hipermercado era el villano en sí); y finalmente Las Aventuras de Rabbi Jacobo con Louis de Funes, ooootra comedia francesa de pastelazo, por decir algunas lindezas que nos tocó ver por ahí. No, no ejercieron gran impacto en mí… eso creo…

Melody la han de haber dado como 40 veces, yo creo que la vi como 10 de esas.
El porqué las vi tantas veces debió relacionarse con que soy parte precisamente de ese segmento demográfico a quien le correspondía precisamente ser atraído por esa película. ¡Caí perfecto! La edad correcta en la que las niñas a mi alrededor dejaban de serlo. Tantas inquietudes y preguntas… tantos misterios…

Pues así las cosas, ¿de qué se trata Melody? ¿Porqué es tan agradablemente recordada por algunas personas cuando se las mencionas?

Película eminentemente inglesa, que de entre todos los posibles la escribió Alan Parker quien luego sería famoso por filmar películas muy interesante tales como The Wall en 1982, o Mississippi Burning en 1987, o The Commitments en 1991. Su director fue, fue, ok, no, no recuerdo quien fue, y no vale la pena perder el tiempo recordándolo (ok, fue Waris Hussein, ya lo chequé, este cuate es notorio porque fue de los primeros en dirigir episodios del muy venerable Doctor Who en 1963, no encontré nada más notorio más que la misma Melody).

Respecto a los actores y actrices pues, tenemos al gran Mark Lester haciendo el papel de Daniel Latimer, el recién llegado, al gran Jack Wild, el improbable Ornshaw, y a la tierna y dulce Tracy Hyde en el papel de Melody Perkins.

Melody pues trata de la mirada sobre episodios del crecimiento de dos niños a jovencitos, que están ya en sus 11 años y que después de todo, ya comienzan a sentir y a pensar que la vida no sólo está alrededor de amigos, juegos, mamá o papá.

Empieza en Londres, todavía conservadora y aún así emergiendo de la borrachera de la década de los sesentas con sus torbellinos de modas, de tendencias, de revoluciones y de experimentos, en una escuela como tantas, con abundantes edificios de ladrillos, un Rolls Royce blanco por ahí, y tradición, mucha tradición por todos lados, cerca de panteones que guardan a personas desde hace dos o tres siglos por el tipo de tumbas ya desgastadas que se ven en un cementerio abandonado y más allá edificios de varios pisos a punto de derrumbarse pero que no terminaban de hacerlo de los cuales solo queda la estructura.

Londres era un símbolo de una ciudad que buscaba de nuevo su gloria envuelta ahora en altos impuestos y alta inflación, con sus artistas con pocas esperanzas emigrando a lugares menos hostigosos en esos no tan triviales sentidos fiscales.

Ahí el niño llamado Daniel Latimer de aspecto delicado y rostro de un recién regañado, todo afligido, mucho pelo rubio rebelde y algo bajillo, acaba de entrar y ya empieza a formar parte de la vida cotidiana de la escuela.

Son esos momentos de aprender a ser como los demás cuando la escuela intenta acondicionar la conducta de cada quien al entorno general: a que todos aprendamos lo mismo, sepamos lo mismo, hagamos lo mismo, obedezcamos lo mismo, la parte que hemos dado en llamar “ambiente” que junto con genética nos forman… a menos que uno sea Jack Wild, quien da vida como mencioné a Ornshaw, quien es uno de los más vivos de la escuela y quién es quién quisieras que te ayudara, guiara y hasta protegiera en los casos difíciles, como sabemos todos los que hemos estado en una institución educativa en la que el alumnado está dividido en dos, o eres parte de la minoría y eres bully, o eres parte de la mayoría y no lo eres… y te asustan o atacan aleatoriamente los bullys.

O raramente eres como Jack Wild, que no es ni uno y menos lo otro.

Jack Wild es salvaje, incontrolable, anarquista, respondón,  vivaracho, además de un buen amigo y de ser del tipo sentimental. Le cae bien Daniel y lo va guiando poco a poco en los protocolos  y formalidades de la escuela de la que los maestros están como ausentes. Pero lo que pudo ser predecible no lo es. En el camino de una gran amistad, interviene alguien inesperado: Melody.

Melody es una niña linda, dulce, cariñosa y noble, que lo único que quiere es estar con las amigas, hablar con ellas, aprender de las mayores, estar lo menos posible en la escuela y quizá estar en casa con su mamá y abuela escuchando historias familiares. Y todo sería normal, pero el destino indica que debe estar en un salón de música para practicar flauta y se queda sola con,

Daniel que la acompaña en una tonada con su cello, que ayuda a que de algún modo la conexión se esté creando, ellos dos ya se han visto en varios lugares como por casualidad, en el comedor, a la hora de cantar himnos, varias de esas ocasiones resultando con situaciones verdaderamente embarazosas, pero hay algo, hay algo que está sucediendo alrededor de ellos, que es donde reside la magia, donde reside lo espontáneo, donde se empieza a crear ese no-se-qué que hace a alguien a buscar a la persona en una reunión sin que sepamos porqué, sólo por el deseo de mirarla, verla, apreciarla, y quizá soñarla, una vez más, de esa forma tan inesperada algo sucede, y la simpatía se forma alrededor de y con Melody de tal manera que,

Se van viendo en varios lugares, uno de ellos un baile que es muy similar a los que nosotros tuvimos, en los que ahí está la chica que queremos, que está con su amiga del alma de quien no se separa y que por esos motivos trata Daniel frenéticamente de convencer a Ornshaw para que este se preste a bailar con la amiga no tan agraciada (vieja necesidad que todos hemos tenido y que forma parte de ese ritual de sacrificio que tiene algo de inmolación tan de antaño para que uno de los dos goce más que el otro de los favores efímeros de la doncella en cuestión; en México se le llama a eso, “hazme el paro”) para que de ese modo él baile con Melody, resultando, como ya dije, en ese tipo de encuentros que se combinan con desencuentros medio tragicómicos y que a final de cuentas,

Uno no se sabe cómo se dan estas cosas, pero cuando va Jack espera por su amigo después de un particular castigo a los dos por no saber traducir unas frases al latín, al bajar de la oficina del maestro mira a,


Melody, con particular indiferencia, quien está ahí esperando al mocoso de 11 años, Daniel, a que baje de su castigo, con la extraña situación de que él,


el formidable Ornshaw, salga sobrando en este caso y quien se sorprende porque no puede creer que una niña se interponga en la amistad de él y su gran amigo,

Daniel, quien poco a poco va teniendo una especie de relación con Melody que nadie, ni la constante burla de sus condiscípulos y condiscípulas (la maldita presión de grupo que todo lo estropea… hasta cierto punto), puede impedir, y esto se da antes y durante, y sobre todo después de,

La salida a la playa cercana, bueno, quizá no tan cercan, donde ambos, Daniel y Melody, en un acto de arrojo se van solos y pasan el día de manera linda y bella (agregaría ideal y tierna, pero soy poco afecto a poner demasiados adjetivos a una descripción, porque se me hace que alenta el ritmo de lo escrito, entorpece el esfuerzo, hace ver presumido, arrogante, patán, soberbio, creído, torpe al escritor, no mejora nada, y muchas veces interrumpe la lectura con esos largos paréntesis que como desconcentran), mientras la música de los Bee Gees suena en el fondo (To Love Somebody, Melody, First of May), pero los problemas se van fraguando como tormenta que se vienen encima junto con las olas heladas del Mar del Norte golpeando inclemente las rocas impasibles, cuando al día siguiente,

Ocurre que los maestros obviamente se dieron cuenta que ambos faltaron, y por eso llegará, inevitable, el castigo de parte de los maestros pero con la pequeña diferencia que al mismo tiempo surge lo impensable,

Daniel se rebela con fuerza, rabia e impotencia y Melody no se queda atrás, a sus 11 años hablan de frente y con firmeza contra la actitud condescendiente de los maestros incapaces de comprender sus emociones, que nosotros no dudamos, debe ser amor, si no ¿qué podría ser? Así las cosas, de alguna manera derrotados, burlados,

están solos en el cementerio, con la lluvia cayendo, sentados en una de tantas tumbas, tapándose solamente con el pequeño maletín de él, pensando: tienen que planear algo, y deben llevarlo a cabo, pero para cuando algo sucede los adultos se dan cuenta, cuando
estos se fijan que no hay alumnos en dos clases y es con ayuda de un alumno, un anarquista en ciernes que construye bombas fallidas, descubren la verdad: ambos niños, ya casi jóvenes en pleno, se fueron a un lugar, al viejo paradero de trenes, ya medio abandonado, con su grupo de amigos,

A casarse…

¿Qué pasará? ¿Se casarán tan pequeños ambos ambos… ambos, mmm, amantes, no, eso suena muy fuerte, no califican todavía, ¿novios? Sí, es más lógico, suena más claro, ¿¿se casarán tan pequeños novios??

No, no voy a contar el final, en un punto delirante, oh, no…

De lo que voy a hablar es de… bueno, ¿qué tuvo esa película en la psique de muchos de nosotros cuya adolescencia galopó por los 70’s?

¿Por qué está guardada en nuestra memoria con tan buenos recuerdos?

¿Será que por ser la niña dulce, linda, agradable, no guapísima, no voluptuosa, nada, sólo linda y bella? Melody es, hagan de cuenta, Danica McKellar la Winnie Cooper de Los Años Maravillosos al tiempo de cuando comenzó la serie, de hecho la Winnie es muy de su tipo, ambas proyectando de alguna manera inocencia y repito, dulzura.

¿Será el ideal de la memoria? La que inesperadamente una película en el momento correcto nos programa el cómo deberían ser las niñas que nos agraden, y no hablo exactamente del físico sino del como son por dentro, y no hablo que después no nos hayan agradado otro tipo de chicas, acaso más extrovertidas, acaso más abiertas, acaso menos dulces, acaso más graciosas.

Pero por algo lo ideal es lo ideal. La vida no lo es. Con los recuerdos podemos jugar y manejarlos a nuestros antojos, lo que no podemos manejar son los hechos pasados y remarcados en la memoria, los cuales también nos formaron en su dosis y golpes correctos.


Y la adolescencia nuestra transcurrió sin mayores sorpresas, nos gustaba la que le gustaba a todos, la rubia, la desarrollada (obvio), la de piernas bonitas, la guapa, la hermosa, nos gustaban por lo externo, ¿qué más podíamos hacer? No nos podíamos acercar a muchas de ellas, al menos los de mi club, los que vivíamos en la duda, en la angustia, en la presión constante, y ellas hasta donde sabíamos eran seres extraños con modos impredecibles de conducta… aún así… veíamos a nuestras Melodys Perkins y Winnies Coppers a la distancia.


El tiempo y la vida, y los errores son los que forman la experiencia y son los que nos dan las bases y las seguridades para actuar frente a las circunstancias a la que terminaremos de enfrentarnos con la madurez.

Pero no le pidamos eso a un chico de 11, 12, 13, 14 años.

Menos frente a una linda chica, dulce y agradable, de mirada soñadora. Menos frente a Melody,  allá arriba en la pantalla, por siempre sonriendo, por siempre mirando… por siempre siendo parte de nuestra memoria.





(Nada más para comparar nuestros tiempos acelerados llenos de Ipad, Ipod, Iphone, Blackberrys, celular, internet, ultracomunicación, ultrainformación conllevando a la hipersaturación de los sentidos, hay una película similar de cómo se conocen dos jovencitos, de las mismas edades, quizá 12, en la que primero se llaman la atención mutuamente, luego se gustan y luego sienten algo especial el uno por el otro, la película se llama Déjame Entrar, la versión que vi es la sueca, la original, que es genial, uno de los niños es de madre divorciada, viven en la omnipresente nieve  sueca y como ya dije con el paso de los días tiene un tipo extraño de atracción con la niña correspondiente, que vive muy cerca de él. 


Y todo sería normal, algo similar a Melody, con la excepción de que la niña de 12, ha tenido los mismos 12 por muchos años: es vampira, mata a varios de los vecinos y aún así, algunas emociones cálidas se dan entre los dos. Es violenta y desagradable en momentos, pero los resultados son muy buenos. Los tiempos cambian, y las relaciones de amor juvenil de hoy en día, sí que han cambiado un poco :-)