NnCt 1249 de 1,440 pedacitos de cielo cada uno con tu nombre, con tu aroma, con tu imagen, cada uno un fragmento de tantos capítulos compartidos de nuestra vida juntos, nada más tengamos esa vida juntos, corazón. Yo al pendiente. Saludos cordiales. ///
CUENTO CORTO 1249 EL DE LOS FRUTOS ROJOS DE LA DEMASIADA FELICIDAD
Humberto: ¿Era un centro de qué, de apuestas? Dicen que esos dan la adrenalina. Me dijeron que solo lo bueno da adrenalina.
Trinidad: No, es un Centro de Felicidad Inmediata. Eso apostaban. Unidades de Felicidad. Son las del botecito rojo que brilla. Sin consecuencias de adicción. Eres de un grupo de personas que estás en la depresión y necesitas quitártela, extirpártela sin llegar a una remoción orgánica del mismo cerebro. No todos pueden hacerlo, sólo los que tienen dinero y los que consiguen los medios. Los nombres son secretos. Nadie puede saber que van ahí, es tal vez decadente. Tal vez el signo de los tiempos. Tal vez el fin de los tiempos.
Humberto: El tema es que entré. Y conocí a Mariana. Así de pronto apareció. Un correo, una autorización.
Trinidad: Mariana era una tormenta, un diablo. Se quería comer al mundo contigo dentro. Deja te digo que Mariana llega con la necesidad de shots de felicidad. No son malos. La idea es cuantos? Cómo? ¿Para qué? ¿Qué evitas? ¿Y el tema del costo? Quien lo paga? ¿Lo pagarías tú?
Humberto: Trabajábamos con esas drogas nuevas. Buscábamos hacer algo por la humanidad, hacer algo para la comunidad. Algo noble, lo que cayera primero.
Trinidad: Sí creo que hay bondad en las personas, de alguna manera llegamos aquí. Aquí a este lugar. Y en una de esas nos llegó un correo, que nos tocaría la becaria llamada Mariana.
Humberto: Mariana se llamaba la chica y me pareció normal. Muy normal. Pero en cuanto entró de asistente, de los dos, era asistente de los dos, pero entiende, yo no necesito asistente, yo hago las cosas solo, pero es un tema de status, tener asistente. Por eso la aceptamos. Pero me imaginé que sería más para Humberto. Le sonreía más a Humberto.
Trinidad: Ah, Mariana, pedía ayuda para todo y como eran labores sencillas, le ayudabas, creía que se acostumbraría. Pero nunca se acostumbró. Siempre se quejaba.
Humberto: Empezamos a encontrar un camino en la investigación, una ruta diferente la que nos plantearíamos nuevos enfoques. Hicimos muchas pruebas esos días.
Trinidad: el problema es que de casualidad, lo juro, de casualidad probé una de las muestras y sentí un potente shot de optimismo, me sentí lleno de luz, de que los proyectos saldrían en la fecha convenida. No pude evitarlo. Se lo di a probar a Mariana.
Humberto: Vi a Mariana trabajando intensamente, tenía que capturar unos resultados y hacer una conciliación de pruebas, resultados y hacer comprobaciones, era algo tedioso, no teníamos manera entonces de usar las técnicas de ahora. Sencillamente le encargas a la becaria que las hiciera. A veces teníamos culpa de eso. De usarlas para nuestro beneficio y ponerlas a trabajar haciendo eso. Lo olvidábamos al rato. Pero ella ya no se quejaba.
Trinidad: No, no teníamos culpa. Humberto me decía, se tienen qué justificar, que ella lo haga.
Humberto: Empezaron a ver nuestros resultados y empezamos a llamar la atención. Un director, deseoso de publicidad le llamó a nuestro Centro de Investigación, el Centro de la Felicidad Inmediata. No me gustó para nada. Y que íbamos a desarrollar las Unidades de Felicidad.
Trinidad: Lo interesante es que sí. Y había varios sets de componentes. Los avanzados, los nuestros, los privados. Y los originales y sencillos que empezamos a crear lotes que los marcábamos con colorante para distinguirlos.
Humberto: Los rojos se volvieron muy populares en nuestros institutos asociados. En mala hora les compartimos la noticia.
Trinidad: Empezamos a escuchar a los primeros adictos. Vivían en el ensueño. Pero había un detalle. Nosotros no potenciamos nada. Lo que ocurría es que, en alguna parte de la cadena los frutos rojos, así le llamaban algunos, “los Frutos Rojos”. Dejaban noqueadas a las personas, eso sí, envueltas en felicidad.
Humberto: pero no puedes tenerlo todo, la vida normal y la felicidad, los problemas diarios y la felicidad, los problemas personales y la felicidad, los problemas de la patria y la felicidad. La felicidad era como estar intoxicado, no se puede tener tanta. Tan de pronto. Tan de la mano.
Trinidad: Obvio, empezamos a llamar la atención y nos dijeron que ya no distribuyéramos tanta. Pero ahí nos dimos cuenta de que, porque ya no habíamos hablado los dos, estábamos ocupados cada quien lo suyo. Que yo pensé que era Humberto el que seguía haciendo las cosas.
Humberto: Yo pensé que era Trinidad, me era claro. Trinidad siempre quiso brillar y yo lo dejé. No tenía problema con eso. Pero no, no fue Trinidad.
Trinidad: Y así nos quedó claro quien fue. Y puedes pensar que es como un chivo expiatorio. Que tratamos de esquivar nuestra responsabilidad. Yo no. Pero tampoco fue una conspiración mía con Mariana. No sé si Humberto, pero no conmigo.
Humberto: El tema es sencillo. Mariana no volvió a aparecer nunca. Y sé llevó todo. Notas, pruebas, videos. Muestras, componentes beta. Y hablo de la última generación. Yo no deseo pensar mal, pero de todo el personal, la que era ajena era ella, la que no está es ella, la que se ganchó con… las primeras muestras fue ella…
Trinidad: No sé qué pensar de Mariana. Sí, fue Humberto quien le dio las primeras muestras. Él se encargó de engancharla. No, yo no supe de eso, hasta después. Creo que lo puso en las bitácoras. Sí, pero las bitácoras de esos días también desaparecieron. Sí, quizá fue Mariana. No sé, no soy juez, no lo sé. Te digo que ella llegó de pronto.
Humberto: Sí, afuera hay mucha felicidad. Pero el país se lo está llevando la ruina. Es peor que otras epidemias de drogas. No. No acepto responsabilidad. Nosotros estábamos en un lugar cerrado de investigación. Sé que buscan chivos expiatorios. No, no sé quien produzca ahora los Frutos Rojos.
Trinidad: No, no es adicción en sí. Sólo la gente evade la realidad. O la suaviza. No sé. Yo no la consumí. Humberto no sé. Tengo tiempo de no hablar con él. Nos hicieron proceso pero como no tuvimos nada que ver. Bueno, al menos yo. Nada tuve que ver con los Centros de la Felicidad Inmediata. Nada que ver. Nada pudieron probar. Vieron mis cuentas bancarias. Nada notable qué reportar.
Humberto: A veces la vida es descargada de alguna nube cósmica y ahí está el Árbol del Conocimiento a nuestro alcance. Una de sus frutas te hará feliz en sus dosis debidas. Distínguela. No te la recomiendo. Tú solo debes decidir. Pero todo tiene su costo.
Trinidad: Mariana nunca se supo adonde se fue, solo desapareció. Al parecer pudo salirse de la mecánica feliz-se acaba el efecto-entra en depre-toma refuerzas- se vuelve feliz de nuevo. No sé cómo llegó. Ni de donde vino. Salió de la nada. Entró en la nada. Se disolvió totalmente.
Humberto: Fue un sueño. Mariana fue un sueño. Pero me causa dolor. Dolor a la confianza. No sé si existió o si su nombre era irreal. Sí, le pusieron mal nombre a todo lo referente a la Búsqueda de la Felicidad. ///1249
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