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lunes, enero 26, 2026

1250. Prendí el cigarro, el humo empezó a formar imágenes. Las sigo viendo veinte años después. /// TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

NnCT 1250 de 1,440 fragmentos, partículas de humo que contenía vida, amor, triunfo que son los que dan pie a los sueños, a las ilusiones, mientras el humo se dé y la luz del sol y la humedad no vengan a echar a perder tanto de lo construido. ///




MINIRELATO 1250 EL DE TODO ME DA VUELTAS PERO DE PRONTO DESCIENDO SOBRE TU PIEL BLANCA PIEL Y LA PASIÓN SE HACE

Bailando bajo la luz de la luna. La luz de cristal de Luna. La Luna de cristal de luz. Así estuvimos, Evelia, así estuvimos tú y yo. Sentía que bailaba en el cielo estrellado y no me preguntes si fue una frase hecha esta como tantas otras como cuando evaluábamos frases o palabras, esa nuestra costumbre tan intelectual de repente de tanto cuento y canción leída, asumida, asimilada, bebida, resumida y desbordada.

Te veía en esa foto, Evelia, que me mandaste, estabas en brassiere solamente, fumando y desafiando a los que te miran la foto. No me preocupaba que hubieras sacado esa foto sensual y así tal cual, desafiando a algo, a alguien, a mí, a todos los que pudieran ver las fotos. Me preocupaba el cigarro que estaba colgando de tu boca y en eso vi el humo y no pude evitar recordar, Evelia. Sentí cómo todo lo que estaba a mi alrededor empezaba a hacerse gris, blanco, blanco y gris y en mi vista reverberaba y pensaba en que lentamente se me congelaban los impulsos físicos, electricidad en decremento, pero los mentales seguían en control rumbo al corazón del sol, tu corazón, tu sol. De pronto estaba mirándote desde el espejo, sí, yo dentro del espejo y mi mano izquierda era la derecha y al mismo tiempo me veía una imagen de yo mismo al lado tuyo. El recuerdo se dio, la memoria perduró.

Esa vez que estuvimos, estuvieron, en tu casa, su casa, y tus hijos, y sus hijos, no estaban y así estuvimos en tu cuarto, su cuarto, con toda la libertad de mirar paredes azules y vigas por encima las nueve de ellas presintiendo y presenciando los milagros, encendiste el cigarro y el humo, lo encendió. Sí, te quitaste, se quitó, la blusa brillante azul y el collar de perlitas, te vi en brassiere, la vio, este era blanco, contundente, contrastante, impactante, retador y furioso, lleno de detalles mil, listoncitos que sólo una mujer entiende lo estético, lo delicado, lo preciso, lo esmerado, además, lo que miraba yo, él, eran visiones de pecador, muy pecador, sensual y sinuoso, lleno de subidas, bajadas, olores de mujer que solo sabes, sabe, que existen cuando estás, está, respirando su piel, su piel recién cubierta por su brassiere, y tú fumaste, y ella fumó, sonreíste, le sonrió, y exhalaste, exhaló, todo el humo posible. Y todo, esto, eso, flotó como nube de niebla en el aire de mar blanco con sus garras grises oscuras peligrosas espantosas, llenas de esperpentos y peligros apuntando hacia mí, hacia él, hacia ella. Y solo fuimos dos, siempre dos, más mi imagen de mi espejo que lo veía todo a veces con indiferencia y a veces con excitación genuina y melancólica esto de ser posible.

Y ahí vi el futuro, él lo vio, ahí contigo, con ella, semidesnuda, invitándome a seguir delineando la piel, su piel, su ansiedad, su necesidad, su deseo no expresado de forma verbal, por todas partes como si quisiera adivinarla para el caso, así me vi en tu humo, su humo, cortándome la respiración, mi respiración, por segundos. No supe si era el futuro, o dos al mismo tiempo, pero me preguntaba cómo iba a llegar ahí, yo, él, y de pronto me vi dentro de esa visión y lo mismo, estaba con ella, yo, él, pero en su recamara, tu recámara, Evelia, y ella fumando, tú fumando, y exhalando el humo tanto que me intoxicaba con ella, contigo, Evelia, que me veía en su cama, en tu cama.

Ella, tú, Evelia, ella, tú, era, eras como una cobra con su presa a punto de devorarla, de desvanecerla, de asimilarla dentro de ella, de ti.

Sus, tus, senos impresionantes guardaban las maravillas del mundo. Su, tu, brassiere negro resaltaba lo que sería acariciado, solo pensar en los, tus, pezones a punto de ser lamidos, probados, mordidos lo, me, hacía temblar. Cerraba, los ojos, sus ojos y la visión de unos pezones sobrenaturales me, le hacían estremecer.

Vio, vi, el humo de su cigarro que corría por todos lados en ángulos no naturales y sintió, sentí, que estaba dentro y apareció, aparecí con ella, contigo besándose, besándonos, sentados, abrazados en eso que se le llama frenesí total, frenético total, como cuando los tiburones en el océano rojo, y comen la carne de su presa y todo es devorar y el color es rojo, lo más posible y de esa forma así los amantes se acarician, por sobre la ropa y no saben dónde comenzar, pero al menos, milagro de los reflejos, el mismo instinto, sí, dónde y cómo terminar.

Entonces lo comprendí, algo tenía el humo, que me estaba dando lo calidoscópico en mis ojos de tal forma que en los reflejos de las luces veía diamantes cayendo en cascadas de cristal de luna que me hacía desvariar. Sí, posiblemente era Evelia que me había prometido estar en su tormenta privada y sensual de tal manera que me provocaba un estado de alucinógena, de intoxicación necesaria para olvidar que olvidábamos, todo era un plan para que olvidáramos en qué estábamos trabajando. A veces necesitamos un tema de dejar de pertenecer a este mundo y necesitamos la prolongación de las alucinaciones, necesitamos ver a las personas, a los eventos. Necesitamos la incitación. Necesitamos estar ahí. Es lo más imperativo. Trascender el ahí, ascender al cielo de tus ojos que es donde nacen las estrellas lo cual con los años, tú, ella, me lo diría.///1250


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