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lunes, noviembre 19, 2007

La lista de la gente, IMDB, criticada desde un punto de vista absolutamente personal

No crean que se me había olvidado. La secuencia de IMDB y sus 250 mejores películas de todos los tiempos según la gente sigue, y aquí estoy comentando cada una de las películas que viene en esa lista a fechas de agosto, porque ya había explicado, esa lista siempre está en movimiento algunas salen debido a que la gente siempre está votando, por decir a una película que está en 8.1 subió varios lugares debido a que la dieron en TV y la gente se vuelca de inmediato a dar su opinión buena o mala. Alguna la dan en televisión y más gente la ve y cada vez más gente opina en Internet.

Aquí se comenta algo de la película en sí, alguna curiosidad, alguna apreciación. Por supuesto que no he visto todas las películas que vienen aquí. La mayoría sí. Por ejemplo, acabo de ver Kill Bill Vol. 1 y Vol. 2 y no alcancé a comentarla en la entrega anterior. Pero ya llegará Kill Bill Vol. 1 y… habrá tiempo…

Bienvenidos sean…


Lugar 150, 8.1 puntos, Smultronstället (1957), 10,747 votos.
Esta película es Fresas Salvajes, del bueno de Ingmar Bergman, una película entrañable, difícil como algunas de él, pero no menos cálida, y que casualmente sigue el camino de Akira Kurosawa con su propia película de Madadayo, acerca de un anciano al final de sus días que va de un lugar a otro donde le van a hacer un homenaje. Y también similar a la de Humberto D. , una película que trata de la ancianidad en tiempos muy difíciles. Sencillo, no porque seas joven no querrás llegar a viejo, eso por un lado y no por lo mismo te gustaría llegar hasta allá de la mejor manera posible. Y es que los jóvenes se sienten tan indestructibles… Digo, no hay que ser necios. Woody Allen la homenajeó en su película de Deconstructing Harry.

Lugar 149, 8.1 puntos, Amores perros (2000), 32,561 votos. Increíble pero jamás la he visto en su entereza. De algún modo Alejandro González Iñarritú, a quien no se le podría negar que es muy buen cineasta, comienza con el entretejido de historias de alguna manera u otra entrelazadas muy a la Pulp Fiction, pero con un claro sabor mexicano-universal. Los perros por todas partes nos pueden recordar el mundo salvaje en el que vivimos, con ese recordatorio subyacente de que finalmente perro sí come perro… El problema de Iñarritú, con toda su sensibilidad, es que vuelve a lo mismo en su entramado de 21 Gramos y en Babel. No se negará nada de sus méritos y su aclamación mundial, pero aún así…

Lugar 148, 8.1 puntos, It Happened One Night (1934), 13,666 votos. Esta película si mal no recuerdo es de Frank Capra y sale Clark Gable y Claudette Colbert y la he visto ya varias veces y no me cansaría verla de nuevo. Es muy divertida, la Colbert está muy chispa, el enredo es tal vez mínimo, pero delicioso: la historia de una rica heredera a punto de casarse y que se escapa de su padre y la encuentra un periodista ambicioso que fue en su búsqueda ya que puede ser la mejor historia del año, eran otros tiempos, (ambicioso el muchacho pero algo típico de cine, de buen corazón) surge el romance inesperadamente y lo único que puedo decir es que cuando sucede la escena en el cuarto de motel dividido por una sábana y Gable es visto quitándose la camisa y dejándose ver también sin camiseta debajo, las fábricas de camisetas empezaron a decaer su producción y más de cuatro tuvieron que cerrar. Eran otros tiempos, era otro cine, pero eso sí, la mar de divertido… (¿Y dónde habrán conseguido tanto carro antiguo?)


Lugar 147, 8.1 puntos, The Graduate (1967), 46,562 votos. “Plásticos”, el mejor (y muy, pero muy real) consejo del mundo a un muchacho listo a conquistar ese mundo. La Señora Robinson. Goo-goo-ga-choo. Simon and Garfunkel. Katherine Ross. Ann Bancroft quitándose la blusa frente a un asombrado Dustin Hoffman. Una de las frases que cualquier joven moriría por decir: “Señora Robinson, usted está tratando de seducirme ¿verdad?”. Las estructuras sociales tambaleándose. También las estructuras amorosas, las económicas, las políticas y Paul Simon escribe y Art Garfunkel canta Los Sonidos del Silencio. No, no escribiré la letra de esa canción aquí. Pero bastaría hacerlo para explicar algo de El Graduado, el deterioro de ese tejido social tan aparentemente fuerte, pero finalmente tan endeble como una telaraña en el camino a la Scarborough Fair. ¿A dónde fuiste, Joe Dimaggio? Una nación busca su corazón. Y sigue sin encontrarlo. Es de Mike Nichols.


Lugar 146, 8.1 puntos, Kind Hearts and Coronets (1949), 6,805 votos. Esta no la vi y es de…. Y sale… y espero conocerla…. Y… y… es de Alec Guiness haciendo ocho papeles distintos, creo, ha de estar divertídisima, y... es de crímenes, y está buena, y...

Lugar 145, 8.1 puntos, The Princess Bride (1987), 83,052 votos. Tampoco la vi. Ya saben, la vergüenza es mía.

Lugar 144, 8.1 puntos, Battaglia di Algeri, La (1966), 6,256 votos. Es trepidante. (Por fin, por fin, quería escribir la palabra trepidante en alguna parte!!) Es trepidante. Es como un documental con actores casi casi aficionados. Es de Gillo Pontecorvo. Es intensa, es impresionante… es… ¿ya dije trepidante? Es una película que narra la guerra sin cuartel de allá de 1958 entre los insurgentes argelinos y los colonialistas franceses que estaban en pie de lucha, unos por defender un país a punto de nacer y otros por defender unos principios que ya no tenían razón de ser. Estuvo prohibida por muchos años en México, ya que es demasiado clara e incendiaria (explica el funcionamiento práctico con todo y diagramas de las células subversivas y casi solapa el punto de vista terrorista, que como dicen, un terrorista no es más que un patriota del otro bando), pero las cosas cambian, la vi en la TV, un domingo por la tarde. El ritmo es acelerado, ves las caras que buscan la libertad y los que buscan imponer el orden, o sea, claro, su punto de vista de lo que es el orden. Es relevante todavía porque las fuerzas de ocupación norteamericanas en Iraq la estuvieron poniendo (o lo seguirán haciendo, vete tú a saber) en sus cuarteles para que su personal militar al menos tuviera una noción de cómo un grupo subterráneo subversivo podría funcionar en una nación árabe o en Bagdad o en Kabul o en Falujjah o en… Hay escenas impresionantes como las de las tres mujeres que ponen sendas bombas en fuentes de sodas llenas de occidentales, una de ellas por explotar en una que tiene como música de fondo algo parecido a una música tropical reconocible en español, que mencionaba mucho la palabra “Yolanda”. Yo no sé como Ennio Morricone hace tantos soundtracks de películas, la mayoría memorables. Esta es una de ellas. Película que es, que es, ah, sí… trepidante. (¿Ya se los había mencionado?)


Lugar 143, 8.1 puntos, Diaboliques, Les (1955), 6,814 votos. Nunca la vi. Pero debería de verla, ¿no? Mínimo. De Henri-Georges Clozout, con Simona Signoret y Vera Clouzot. Las mujeres si que son diabólicas y malas. Y más cuando se juntan. Brrr. Es de miedo. ¿La película? Yo que sé. Cuando ellas se juntan. Siempre que ellas se juntan es de miedo…


Lugar 142, 8.1 puntos, Letters from Iwo Jima (2006), 19,486 votos. Es del bueno de Clint Eastwood, no la he visto. Es el punto de vista de los americanos en la batalla de Iwo Jima, una de las más costosas en vidas de norteamericanos, sobre todo la conquista del Monte Suribachi, la de la bandera izándose por los gallardos soldados americanos. Bueno, tal vez esa no es la intención de Eastwood, y de cualquier modo muchos han escrito que la película es sincera y honesta. Espero verla pronto.

Lugar 141, 8.1 puntos, Die Hard (1988), 103,402 votos. Yo no sé que tiene esta película que me gusta mucho y me divierte y que procuro ver cada vez que puedo. Será como una especie de placer culpable o algo así. El caso es que parece que fue la primera película de ese tipo de temas después ya tan recurrido como es la del rebelde policía o agente o lo que sea, que es el único que pude detener a los muchos-malvados-malditos-desgraciados que desean hacer un gran daño a la comunidad-localidad-sociedad-humanidad. El caso es que esta película tiene su chiste. Casualmente, para los fans de las teorías de la conspiración deberían de ver que hay relación entre la caída de las Torres Gemelas con las películas de Die Hard. Entre las tres películas hay un rascacielos que explota desde arriba (en la uno), un avión que se estrella en tierra por un acto terrorista (en la dos), escenas de Nueva York con explosiones, humo y gente huyendo en las calles (en la tres), etc, etc. Ok, serán débiles indicios que alejarán las sospechas de los enemigos de John MClane, pero con cosas más endebles, se han escrito libros. Y se han vendido. Del director John McTiernan, alguien que conoce bien de películas de acción. No es la gran cosa, pero es muy divertida. ¿Cuándo la repetirán?

Lugar 140, 8.1 puntos, Platoon (1986), 62,791 votos. De Oliver Stone, en su primera película que lo hizo famoso, antes de las teorías de la conspiración, antes del objetivo claro de analizar los sesentas. Pelotón tuvo mucho éxito en su momento, ya que dicen que retrató la guerra de Vietnam como sólo un excombatiente de Vietnam la pudo ver. La película la protagoniza Charlie Sheen y a mí en lo personal no me agrada del todo. La cuestión entre la dicotomía y maniqueísmo del bueno y del malo (William Dafoe y Tom Berenguer) se me hace demasiada explícita o autorreferencial. Me dijo un maestro de inglés, hace muchos años, que él sí había ido a Vietnam (y que me habló de las Zippo Parties, o sea, la quemazón de aldeas con encendedores encantadores del mismo nombre), que la mejor película de Vietnam sería Hamburger Hill, más desconocida y que creo que no se encontrará por aquí. Producto de su tiempo definitivo. Hasta portada del Time logró.

Lugar 139, 8.1 puntos, Crash (2004/I), 95,459 votos. Esta película, sencillamente, no la he visto. Mi pena la comparto con todos ustedes. Pero es de Paul Haggis.


Lugar 138, 8.1 puntos, The Deer Hunter (1978), 50,466 votos. ¿Quieres estar en una boda ortodoxa (porque parece que lo único que falta es que te den un vaso para brindar por los novios)? ¿Quieres ver la última película de un tan buen actor como lo fue John Cazale (quien salió en El Padrino y en Tarde de Perros)? ¿Quieres gozar con una de las primeras películas de Meryl Streep (recién salidita de Kramer contra Kramer)? ¿Quieres gozar con una de las primeras actuaciones weird de Christopher Walken (en la que presagiaba ese, su estilo weird de actuación)? ¿O de plano sólo quieres ver a Robert De Niro en un excelente papel como es éste (en la que hace de alguien que tenía que cumplir el papel del único que parecía estar despierto en medio de la pesadilla)? La película me gusta muchísimo. No es como Pelotón. Esta sí trata de meterse en la psique de los que fueron, y de los que regresaron. O algo más oscuro, de los que pudiendo, no quisieron volver. La ruleta rusa. La escena de la cacería. La triste y patética escena final. La pureza de la montaña. La locura de la guerra. No, lo último merece un plus al infierno: La locura de la Guerra de Vietnam.

Lugar 137, 8.1 puntos, Notti di Cabiria, Le (1957), 5,228 votos. Clásica película italiana no vista por mí. Canal Once, ¿dónde estás cuando te necesito? Es de Federico Fellini

Lugar 136, 8.1 puntos, The Killing (1956), 12,970 votos. Este es el primer largometraje de Stanley Kubrick. No la he visto, ¿Cómo ha podido ser vista por tantos? Maldita sea. Pero he visto los cortos, y vaya que parece interesante. Un asalto. Los tipos que van a asaltar. Stanley Kubrick. ¿No la tiene alguien para que me la preste? Juro que se la devuelvo.

Lugar 135, 8.1 puntos, V for Vendetta (2005), 109,228 votos. Esta película de es escrita por los Wachowsky, de Matrix fame, es basada en un comic de Alan Moore dibujado por Dave Lloyd. No he visto la película. He leído el comic varias veces. Me gusta mucho el comic, la verdad. Se va construyendo poco a poco una historia del no tan típico vengador de la oscuridad. La anarquía total para que renazca de las cenizas una nueva Inglaterra. Que muera el fascismo en todas sus maneras. Insisto, que él sea alguien que se tome la justicia por su propia mano no es más que una muestra clara y realista de la ambigüedad moral en la que muchos superhéroes están imbuidos y que sistemáticamente la evitan. Pero no todos. Este “V”, que ese es su nombre, no es del todo “bueno”, en el comic es un asesino que busca la vendetta, la venganza. Que quiera destruir al Gobierno Británico en sus mismas fundaciones ya es un bonus. Su máscara es enigmática. Sólo sé que Alan Moore, el cerebro detrás de todo, el que creó los parlamentos, la personalidad, sus rasgos, la trama, la historia, que barbaridad, su Majestad el ESCRITOR, CARAMBA, pidió que su nombre fuera retirado de los créditos y que todo fuera hacia el artista que dibujó el comic. No entiendo como es que a estos creadores, como Neil Gaiman o Frank Miller, Grandes Maestros del comic, pueden olvidar que cuando entras al cine, tu opinión queda por debajo de la del conserje del estudio. Y esa es la ley. Pero ya está al rescate, Robert Rodríguez. ¿Verdad, Frank Miller? Pero el comic es genial. Ya veremos que pasa con Watchmen, también de Moore.

Lugar 134, 8.1 puntos, Ladri di biciclette (1948), 13,726 votos. Esta película es de Vittorio de Sica y escrita por un tal Luigi Bartolini. Proverbial obra del neorrealismo italiano, actuada por puros aficionados. Se roban una bicicleta que es la única ventaja competitiva que tenía un trabajador. Es la Italia destrozada en su alma, espíritu y cuerpo. Los desplazados que buscan sus puntos de referencia. Un trabajo, una vida, una esperanza.

Lugar 133, 8.1 puntos, Life of Brian (1979), 56,297 votos. Monte Python es una troupe de varios actores ingleses entre los que destacan Eric Idle y John Cleese. Y junto con ellos el hipergenial de Terry Gilliam. El asunto es que jamás la he visto completa, pero es como si en lugar de Jesús, Brian fuera el Mesías. Y su lema es “Ofender muchísimo a dos tercios de la humanidad y severamente molestar al otro tercio también”. Y Brian no tiene el menor sentido de nada de lo que está pasando. Sátira hipergenial. Habrá que verla.


Lugar 132, 8.1 puntos, Gladiator (2000), 160,226 votos. Ridley Scott haciendo una película de gladiadores genial, pero sentimental. Con el bueno de Russell Crowe. O sea, puede aparentar que es de acción, y sí, es de acción, pero a final de cuentas a nuestro amigo lo mueve el sentimiento. De Scott me gustan más Alien y Blade Runner. Ni más que decir. Alguien que sabe mucho de esto me dijo que las primeras escenas son como si fuera Rescatando al Soldado Ryan, pero en la Roma Imperial. Joaquín Phoenix está genial. Pero es malo malo malo. Históricamente incorrecta, pero a estas alturas del partido eso no le importa a mucha gente.

Lugar 131, 8.1 puntos, Children of Men (2006), 68,549 votos. Esta la voy a ver por estos días, supongo. Es de ciencia ficción, y si así fuera reconocida, entonces Niños es la película mejor de ciencia ficción dirigida por un mexicano. La de Laberinto del Fauno, sería la mejor película de fantasía, dirigida por un mexicano, Guillermo del Toro. Pero serían películas mexicanas per se… No, no creo. Pero esta muy lúcida.

Lugar 130, 8.1 puntos, Ben-Hur (1959), 34,651 votos. Magnificente. Todavía aguanta en estos tiempos casi cincuenta años de haberse filmado. La carrera de cuadrigas es de lo mejor de Hollywood. Y con todo y todo, lo más gracioso es que mucha gente no se da cuenta de sus tintes hipercristianos que la pueblan. Oh. ¿Ya todos se habían dado cuenta? Bueno, lo que pasa es que el mensaje no es tan obvio. Y en esos tiempos lo Obvio era, eso, lo obvio. Y punto. La batalla naval también está genial. Ah, pero esa carrera, uff. Eso no se hace con efectos especiales, ¿verdad, Russell?


Lugar 129, 8.1 puntos, Finding Nemo (2003), 85,851 votos. Divertidísima. Pero. Pero. Pero. Pixar sólo sabe hacer películas cute, de valores familiares o de amistad, pareciese. Está bien que haya chistes, la pescada con voz de Ellen DeGeneres es fantástica, pero… digo, ¿¿¿no hay más en la vida más que películas generadas por computadoras, para niños??? (Y en eso que llega, poco a poco, Beowulf).

Lugar 128, 8.1 puntos, The Green Mile (1999), 108,760 votos. Formulaica y sentimental. La historia de Tom Hanks quien es guardia de una cárcel en donde se ejecutan a través de la Silla Eléctrica a reclusos condenados a muerte. Ya saben, el “French Fries” a todo lo que da, tal y como lo hacen en Texas todavía. Un drama sobrenatural y convencional que siempre que la dan en la TV lo evito de manera subliminal y hago como que no existe. Es donde te das cuenta que el bueno de Stephen King, autor de la historia, en ocasiones sentimentaliza demasiado. Pero la gente opina y vota, como lo volveremos a ver más adelante y la pone en este nivel de las mejores 250 películas. Y no hay complot a la vista. Es de Frank darabont, el de La Redención de Shawshank. Otra hipersentimentalidad que impacta por su, mmm, impacto. Ya lo veremos.

Lugar 127, 8.1 puntos, Per qualche dollaro in più (1965), 20,318 votos. El cinismo encuentra casa. Caballo. Silla. El Oeste. De vaqueros, magnífica. Es la primera si mal no recuerdo, dirigida en España por Sergio Leone. Acerca de un vaquero sin nombre y con sólo un apodo, Blondie, el güero o algo así. Es una visión decadente de cierta manera del oeste, si es que algo así existió en donde la ley la imponía la mejor pistola y el más rápido con ella. De cualquier manera es una belleza de película pero por razones que no se aciertan a explicar. Es admirar los veryveryvery close ups hacia los rostros de los personajes, para poder de esa manera adentrarnos en lo terrible de sus pensamientos más crueles, para recordarnos que la vida no es ni será jamás de color de rosa, que somos humanos y sujetos a la destrucción. Filmada en España como si fuera el viejo México. Clint Eastwood es como una catedral preludiada de arrugas. Siempre en control epitomizando lo que un vaquero cool debería de parecer. Y que DEBE de parecer. Cuando la ves a los veinte minutos te comienza a dar sed, y empiezas a sentir el calor. El calor. El calor.

Lugar 126, 8.1 puntos, The Sixth Sense (1999), 152,717 votos. Pretenciosa y aterradora. M. Night Shalamanyan es un director pretencioso, como se vio en sus siguientes películas, pero eso no lo hace ser un mal director, sino un común director que tiene pretenciones legítimas. Y ese es el problema, le pasa eso con sus demás películas, pero en esta se topa uno con algo diferente. Esta historia que ya muchos se saben el final y que no lo insinuaré por aquí es una que sólo alguien que conozca mucho de literatura oriental, ya sea hindú o china o japonesa pueda realizar por aquello de lo recurrente místico o lo autoreferencial del mismo destino. Algo debe de haber con ánimos sádicos quien quiera poner a un chico de seis o siete años a tener un poder terrible de ver a los muertos que no han terminado de saber que lo están. Las escenas están bien construidas aunque de repente se puede ver que el señor Shalamanyan hace trampa, como en la que sucede en el restaurant. Pero sin embargo, Bruce Willis nos convence y el chavito también. La película fue de terror y suspenso en la que el primero va cediendo para que al final se convirtiese en sólo una muy buena película de suspenso. Veo gente muerta. Ese es un gran slogan. ¿Y cúal fue el sexto sentido? ¿El de ver los muertos? No, mejor quedémonos así, o hasta que podamos ver debajo de las ropas de las mujeres sin que den cuenta. Ok, me vi muy sexista. Ni hablar…

Hasta aquí le dejo, porque 25 películas son demasiadas, más son 50, pero seguimos avanzando, total, que ya estamos a la mitad.

domingo, noviembre 11, 2007

Entre Miami Vice y el Blockbuster

Digo, para algo son los blogs.

No siempre me había gustado Miami Vice. No me agradan mucho las modas. Bueno, algunas modas. Pero en aquellos años, Miami Vice lo era. Y la imponía. Pero he aquí que con el paso del tiempo me agradó.

Me agradó hace pocos años cuando el canal sony la retransmitió subtitulada y más me agradó cuando el VH1 la volvió a transmitir, con doblaje original… y quedé enganchado…

El punto es que me impresionó el punto de que este programa todavía aguantaba el verlo a veinte años de distancia, no poca cosa.

Ver a actores conocidos ahora haciéndola de pequeños papeles fue un plus. Salió por decir Bruce Willis, Kyra Sedgwick, Ving Rhames, y por supuesto rockers de talla importante como Glen Frey, de Eagles, Gene Simmons de Kiss, el grandioso Ted Nugent, y sobre todo, Phil Collins, que hasta actuó en un capítulo entero.

Capítulos memorables. El de Calderone. Y el del Regreso de Calderone. El del Laberinto. El, o los, de traficantes de armas, uno en el que sale Bruce Willis, que está hipergenial su final, uno de los mejores en la historia de la TV. El otro, en el que destruyen el carro negro original de Sonny Crocket, Don Johnson, preparando el camino para conseguir su Testarrossa blanco que sería uno más de los distintivos del show. Y todos en los que salió el teniente Castillo, interpretado con disciplina samurai por Edward James Olmos con sus corbatitas negras ultradelgadas como las que yo mismo usé en aquellos tiempos.


Las luces de neón, las calles mojadas siempre, la ropa Armani, sacos utilizados con camiseta de colores, mocasines, colores pastel por todos lados, celestes, rosas, morados, todo de ultra de vanguardia, todo dando, entornando, esa atmósfera sensacional, que en suma es bastante atractiva.

Sí, son los 80’s. Pero, ¿qué importa?, por ahí anduve yo, probablemente tú, y no te arrepientes mucho de ellos, ¿verdad? Las secuencias ya sea de persecución, de acecho, de contexto incluso, acompañadas de la música del momento, son inolvidables.

Claro que en ese mismo momento se sabía que era imposible que existieran unos policías taaaaan de vanguardia, como que nadie con sueldo de policía de narcóticos iría en carros de ese tipo, tan llamativos, sólo para hacerla de un policía encubierto, con el pretexto de poder moverse en los bajos mundos de Miami, digo, ¿qué tantos narcos hay en Miami?, si este tipo se la pasaba atrapando narcos y matando a otros, entre otro tipo de criminales (el episodio de los invasores de casas también estuvo increíble), bueno, como para que no se pudiera correr la voz muy pronto entre los maleantes, ¿no? Ahí va un policía, en un Ferrari Testarrossa, cuidado con él.

Pero eso ultimadamente, qué nos importaba…

Así las cosas, la acción, los carros, los contextos, la hacen una serie bastante disfrutable.

Y todo iba bien. Digo, siempre me había dicho que algún día compraría las temporadas en DVD.

Pero he aquí que me encontré de golpe y porrazo, con Blockbuster.

Ahí estaban las temporadas. Ahí estaban vendiéndolas a muy buen precio, los discos separados de la primera temporada. Una de las mejores. O la mejor, ve tu saber.

No iba a comprarla a precio de temporada normal. No. Iba a comprarla a precio de ganga, después de todo eran discos usados. Pero no me importó. Tengo lo idea de que mientras tenga ese sellito de Blockbuster Garantiza cerrando de manera imponente las tapitas del estuche, todo sería perfecto. Soñado.

Seleccioné con cuidado mi título. Pongan atención, esto es importante:

Eran cinco estuches con los episodios de la serie los que estaban en el anaquel. Los cinco estuches dicen respectivamente “1-2”, “3-4”, “5-6”, “7-8” y repetido uno más con el “7-8”.

Busqué los capítulos que marcaban en el anverso del estuche y elegí el que considero es el mejor o el de los mejores. El de El Laberinto. Estaba en el presuntamente etiquetado “5-6”, precisamente en el recuadro impreso aparecía como que ese capítulo estaba en el “6” según el índice del estuche. Se me hizo cool. Bueno, los otros capítulos que lo rodeaban también. Serían 4 o 5 capítulos por los dos DVD’s. A 40 pesos el estuche con dos DVD se me hacía correcto el precio. Genial. Digo, estaban usados.

En un lugar de esos de remate estaba a 379 pesos más gastos de envío (35 dlls). Nueva y toda la cosa, envuelta demás, según esto. Es decir, cada DVD estaría a 47 pesos (4.35 dlls) aproximadamente. Nuevo. A 40 pesos (3.70 dlls), dos DVD usados es un poco a menos de mitad de precio.

Interesante.

Pero. No. La vida te lo cobra de maneras insospechadas. No sería tan fácil.

He aquí que llego a la caja y me dicen con amabilidad, siempre amables, eso sí, que no aceptaban tarjeta de débito, de hecho ninguna tarjeta. Sólo American Express (guuau!). Y no aceptaban tarjeta porque no tenían línea desde hace dos días. ¿Dos días? Dos días.

Mmmm. Son esas cosas que te hacen preguntar, ¿escuché bien? ¿No estará pasando algo que yo no sé?

Bueno, el punto es que pagué los 40 pesos. Ya me la marcaron. Y yo feliz en la alegría. Dos DVDs con más de 240 minutos de acción, bellas chicas, sentido del humor, balazos, correr, correr, correr, la tensión, el calor, los bikinis, Miami y el Vicio.

Y que se hago lo de siempre. La checo antes de salir. No me vaya a salir rayada o algo. Y que la abro delante del cuate. Y que sólo venía un DVD en el estuche que como mencioné, claramente indicaba que venían dos. Sorpresa. Me volteo a reclamarle al joven. Y que me dice, “pues elija otra”. No haga tanto rollo, le leí entre líneas.

Ni hablar, me ubiqué de nuevo en los anaqueles y ya no había otro “5-6”, ni hablar, fui por el estuche etiquetado “7-8” y que lo abro delante del tipo. Lo mismo, uno solo. Y caí en cuenta que sólo traerían un solo DVD donde debían de venir dos. Según la caja y lo que me digan deberían de venir dos.

Sin hallar solución ni satisfacción garantizada, me fui a buscar más títulos por 40 pesos y nada tampoco. Decidí que me devolvieran el dinero. Me indicó el joven que por sistema no se podía.

Amarrado estuve hasta que miré a otro joven con uniforme que andaba por ahí. Era el subgerente que no se había dado cuenta que había un cliente que no estaba satisfecho y que estaba criticando, con cierta voz alzada los servicios de calidad que Blockbuster entregaba (o trataba de).

No hago más largo el cuento. De manera milagrosa sí hubo manera para que me regresaran mis cuantiosos 40 pesos.

El punto es, Blockbuster no me dio satisfacción garantizada. No me hizo la garantía de manera explícita. Los DVD’s, no sé, estaban marcados de manera equivocada, no sugiero dolo ni nada, sólo eso, mal marcados y que por eso me guiaron mal en mi decisión de compra.

Cada DVD, de querer yo comprar la temporada completa, serían 47 pesos. Yo estaba creyendo comprar dos por 40 pesos. Nada mal, pero tampoco la superganga mundial.

Así las cosas no me llevé nada.

El motivo de esta discurrencia es airear mis pensamientos acerca de las circunstancias de servicio de una franquicia en una ciudad mediana del centro del país que no tenía línea siquiera para cobrar tarjetas. Que de alguna manera no había manera de que yo comprara el producto que yo deseaba. Y que al parecer no había modo de regresarme el importe y que tuviera yo que preocuparme de encontrar algo que sí me satisficiera, como si fuera cualquier tipo de cliente indiscriminante, que desgraciadamente no lo soy.

Así las cosas, salí de ese Blockbuster, molesto por partida doble. Por no haberme garantizado la satisfacción. Por haberme hecho perder mi tiempo. Me hubieran regresado el dinero a la primera.

Ninguno de los clientes me hubiera escuchado todo lo que dije acerca del servicio y de la calidad y el concepto de cliente satisfecho de haberme devuelto rápido mi dinero.

Había que protestar por pequeña que pareciera ser la causa de la protesta. Había motivo y eso era suficiente. Hoy 40 pesos, mañana un Wii de tres mil o cuatro mil pesos.

Blockbuster es una empresa gigantesca. Que si bien ahora tiene problemas por las compañías de renta de videos en línea, y por las tendencias que apuntan a que un día, en menos de diez años, si sigue aumentando el ancho de banda que llega a las casas, llegarán tus películas de video a tu TV por la red misma.

Sí, Blockbuster siempre ha sido gigantesca desde tiempos inmemoriales. En alguna parte supe que tenía ingresos anuales cercanos a los 10,000 millones de dólares. Y que de esa lana, un tercio de sus ingresos era por ¡multas a personas que no devolvían las películas a tiempo! En esta misma ciudad en ese Blockbuster, un futbolista ha pagado multas de hasta mil pesos por no regresar una película. Mil pesos así como si nada…

Pero para mí sí son algo 40 pesos.

Me salí de esa tienda con las manos vacías. Sin poder ver a Ricardo Tubbs ni a Sonny Crockett hacer de las suyas, en esa Miami del vicio. Sin saber más del vicio de Miami. Sin poder ver la arquitectura neo-deco de la que está poblada Miami. Sin ver los Everglades. Ni a los latinoamericanos malditos que envenenan a los pobres norteamericanos con drogas de todo tipo. Sin poder pensar en las cortinillas que tan hábilmente arreglaron los de VH1 como comerciales de ese programa durante el tiempo en que los transmitieron.

Sin poder ver la moda. Sin poder mirar a las mujeres doradas como espigas. Ni al sol de Miami. Ni a las playas de Miami. Ni a la escoria de la tierra que vaga por esa ciudad.

En fin.

Pero me regresaron mis 40 pesos.



lunes, noviembre 05, 2007

TÚ eres LA marca, LA marca eres TÚ

Con eso de que tengo acceso a una muy buena biblioteca universitaria y siempre ando a la caza de novedades específicas para mis ambientes en los que transito, llámese organizaciones (enfoques en duración y en el cambio en sí de las mismas), consultoría interna, las siempre eternas ventas, la constante (constante en sí y de constante necesidad) de las innovaciones y agentes de cambio, y bueno, todo eso que de alguna manera va permeando la mente de uno, enfocándola o redirigiéndola a circunstancias un tanto diferentes.

No es que se nos haya caído una venda de los ojos, pero hay cosas verdaderamente notables que no podemos dejar de reparar en ellas.

Ah, y ya sé que es materialmente imposible estar leyendo más de un libro a la vez. Bueno, más de cuatro libros, okay, lo acepto.

Por ejemplo, hace poquito me aventé el libro de No Logo de Naomí Klein. Este es un libro algo depresivo, la verdad. O deprimente.

Naomí Klein es una norteamericana-canadiense muy activa. En alguna parte le agarró el rollo a la onda de investigar las marcas y como trabajan. Sí, las marcas de ropa, de tenis, de productos, de todo lo que se te ocurra. Las marcas.

Para esto hay que reconocerlo hace un trabajo bastante extenso producto a su vez de una investigación muy extensiva al respecto. Viajó por todo el mundo para ver que estaba pasando.

El punto de las marcas. Es interesante como un emblema en una ropa la hace más cara. Un emblema que significa algo. Un algo al que queremos poseer porque nos hace distintos, o iguales, si preferimos verlo así. Que nos da una identificación frente al mundo. Tal vez una marca es un amuleto. Tal vez es nos da un poder. Si el comercial de Diesel o el de Levi’s es tan imponente, usar algo de ellos me da el poder que ellos muestran. No importa que no haya el contexto de las chicas anglosajonas. No lo capto, si uso esa marca soy anglosajón yo mismo. Todos somos Levi`s. Todos somos Niké. Todos somos Diesel. Todos somos Starbucks. Todos somos Microsoft. Todos somos Tommy Hillfiger.


Digo, es riesgoso en ocasiones concluir opiniones al respecto de asuntos muy espinosos. Por decir, primero que nada no pongo en duda los descubrimientos de Klein. Es harto sabido que Nike fabricaba su ropa deportiva y zapatos tennis en las llamadas sweatshops o talleres de sudor, algo así. Es decir las fábricas que están en Filipinas, Tailandia, Vietnam y puntos circunvecinos. Gente que trabaja en condiciones muy difíciles y cuyos sueldos que les pagan por hacer esos zapatos tennis por cada uno, tendrían que hacer decenas de esos tennis para que al cobrar pudieran poder pagar uno que ellas mismas hicieron.

Tal vez no serán condiciones infrahumanas, pero se acercan.

Pero Nike tranquilamente afirma que ellos no son los responsables. Que ellos no tienen empleados, que ellos no tienen fábricas ultimadamente. Que ellos sólo son la marca y que ellos encargan a fábricas terceras a que les maquilen sus zapatos tennis y demás de ropa deportiva. O sea, Nike, no fabrica nada. Todo se lo hacen. Al ponerles su marca, ya son Nike. Antes no.

O sea, Nike no es culpable de tener a esa gente infrapagada. Entonces, ¿quién es? ¿Nosotros, la gente que compra eso? ¿Qué de alguna manera leíste y te creíste el Swosh! O el Just do it! Digo, ese es el punto. Por perseguir la marca nunca quisiste ver donde estaba la tienda original.

No se trata de que nos rasguemos las vestiduras. O de que culpemos a las marcas de el desastre económico, ecológico o el de todas las desgracias de la humanidad.

Ellos responderían, nosotros sólo somos empresas que buscamos ganancias. Profits para nuestros accionistas. O dirán, el que esté libro de pecado que tire la primera piedra.

Mi primer empleo formal en mi área en que me desarrollé fue en sistemas en la extinta Cigarrera La Moderna, (que ya no existe porque la compró British-American Tobacco) y jamás fumé. Y sabía del peligro que es el cigarro en las personas. No estaba ignorante del hecho. Pero ellos me dieron trabajo, ¿soy culpable por asociación delictuosa por colaborar con una empresa que a sabiendas de lo que vende, contribuye a la muerte de no sé cuantos miles de personas al año en México por fumar?

Me regalaban 10 paquetes de cigarros cada quincena que yo regalaba más adelante. Nadie en esa oficina de sistemas tenía encendedor ni cerillos, cosa curiosa.

Todos somos Marlboro. Todos somos Donna Karan. Todos somos Prada.

Y cada tanto te regalaban un folleto en el que te reafirmaban los beneficios que la industria tabacalera prodigaba sobre el país.

Era hipertendencioso. Medias verdades y medias mentiras. Pero a nadie le preocupaba. Nadie se ha de acordar tampoco. Nadie iba a renunciar por ello, ¿verdad?

Es como trabajar en una Cervecería. Sabes que hay zonas marginadas en las que en cada calle hay dos o tres depósitos (lugares donde se vende cerveza, no exactamente una licorería) que en el colmo de la eficiencia, están abiertos en la tarde los domingos (hay lugares en los que la cerveza sólo se vende hasta las 5 de la tarde).

Y por algo existe el SanLunes. Y recuerdo haber visto personas alcoholizadas en una tarde de domingo. Y veo los titulares de los periódicos en los que se hace notar que el alcohol y el volante no se mezclan. Pero como insisten en hacerlo.

Y la gente no renuncia a Cervecería. Digo, puede ser perturbador, pero no mucho.

Y la gente sigue comparando al alcohol como una droga similar a los narcóticos. Y se preguntan de pronto cuanta gente mata la mariguana, cuanta gente mata el tabaco, los psicotrópicos en general. La pornografía incluso. Y no que esté propugnando la mariguana, pero el alcohol sí que mata gente. Y el tabaco, y no me lo podrán negar.

Y la gente no renunciará en masa el día de mañana ni a la Cigarrera ni a la Cervecería.

La sociedad ahí ha mostrado su tolerancia. Sin saber exactamente porqué.

El libro de No Logo cuenta otras cosillas por ahí. Sabrán que nadie en cantidad lee libros por ahí.

Por decir, que también se ha acusado a Disney de lo mismo que a Nike. Que contrata a personas en Haití a salarios irrisorios. Y ellos aducen que no tienen personal en Haití. Y eso es cierto. A Microsoft. Que ellos benefician sólo a los primeros empleados, los legendarios primeros millonarios. Que a los demás los contratan a través de terceros para que no puedan desarrollarse bajo la égida de Microsoft, precisamente y pueda ser sencillo de remover esa planta de trabajo sin que les afecte en prestaciones. Que UPS realiza cosas similares al contratar personal emergente para que cubran horarios no pico y lo mismo, para que no queden más que como empleados de medio tiempo. Aunque les falten pocas horas a la semana para serlo.

Que Starbucks lo que busca es saturar una zona de cafés. Verificar cuales son los que tienen mayor afluencia. Apretar a la competencia lo más que pueda. Que la competencia reviente y caiga. Aunque se lleven de encuentro a sus propios establecimientos. ¿Qué importa?, los locales son de ellos mismos.

Los Simpsons ya lo sospecharon alguna vez, en uno de sus episodios (le tengo que preguntar a mi hijo cual… ya me dijo, fue en el que Homero entra en la Marina, en la temporada nueve) esta familia amarilla entra a un centro comercial donde todas las tiendas son Starbucks. Todas. Bueno, había unas que decía “Próximamente Starbucks”.

Algo así me parecía que podía pasar con los Seven Eleven en Monterrey, o los Oxxos. Se trata de obliterar a la competencia con puro músculo. Algo similar a lo que pasa en la película Tienes un E-Mail en el que la gran librería destroza a las pequeñas. Aquí también pasó, los supermercados y Sanborns aplastaron a las librerías. Puede ser que hayan faltado lectores, pero no negaremos que estos dos hicieron su buena contribución.

Dice el libro de Klein que Starbucks incluso compra los contratos de renta de los cafés de alguna calle importante para establecerse ellos. Que muchas veces lo han logrado.

Que esa saturación de Starbucks ayuda a la marca a establecerse como omnipresente.

No lo había visto de esa manera. El poder de esta gente es impresionante. Ven un mapa y ven oportunidades de establecerse. Pero el costo social, esa es la pregunta.

Es como no querer en ocasiones preguntar a esa gente linda y bonita que te atiende, cuales son sus sueldos, prestaciones, horarios.

McDonalds en USA es similar. Se dice eso, que estas compañías son también conglomerados de bienes raíces inteligentísimos.

Tengo un conocido que si le comento todo esto me mirará con ojos entornados. Me dirá varias cosas.

Una, si tú fueras empresa, harías lo mismo. Serías sólo marca, de ese modo sólo venderías. Buscarías maximizar las ganancias de tu empresa, pues son para tus accionistas que para eso te debes. Que allá afuera es una guerra, que si no comes, te comen. Que las personas pueden elegir donde trabajar, que si eligen esos trabajos infrapagados, es por su elección, que no hay cadenas que los detengan, que no son esclavos. Que si hay países que permiten la mano de obra infantil, es porque de que otra manera le llevan dinero a sus casas. Que la alternativa es que esos niños se prostituyan en la calle o alternativas peores.

Eso diría mi conocido que un día hace años, comentando el asunto, lo veía todo con claridad y con lógica. No es correr personas, es sólo re-eficientizar a la empresa. Downsizing, reingeniería, rightsizing, outsourcing. Palabras que estuvieron de moda. Palabras que miles de personas aprendieron a temer.

Palabras que se entienden perfectamente.

Y todo está relacionado y el libro de No Logo no propone soluciones, quizá haya sido suficiente con reforzar la denuncia. Pero un artículo que leí sobre el libro en el semanario británico de The Economist apunta a lo contrario, que las fábricas extranjeras serán lo único que harán salir de la pobreza a esos países. Que Klein escribe como niña de secundaria idealista. Ahí es donde no estoy en desacuerdo con Klein. Ella investigó y definitivamente hay algo que huele mal en todo el mundo.

Desde esos lugares que sencillamente se aprovechan de la necesidad humana aduciendo excusas pueriles, hasta el mismo Wall Street aplaude cuando se entera que una organización pasa por una reorganización severa y le disminuye la planta laboral.

Hay algo perverso en este mundo. De alguna manera es notable como es que el mundo está de cabeza. Yo estuve en esos ambientes en que se decía a cada rato que iban a despedir gente allá por 1990 en mi empresa manufacturera en la que trabajaba. Éramos 120 al principio, luego 70, luego 50, luego 23 y luego ya me fui. Eso sí, al momento que veías las caras del miedo. Cada cara, una familia de tres personas más. Y eso sí, en navidad, no podíamos irnos temprano porque había que rezar el rosario. Muy cristianos. Su revista corporativa se llamaba “Nuestra Gente”. Ahora esa empresa la compraron los argentinos.

Y no soy socialista. Creo en la producción legítima de capital. Creo en que la gente se debe de beneficiar de lo que se reúne para hacer. Que hay personas que ponen su capital en riesgo y otras también se arriesgan a trabajar para engrandecer ese capital. Pero muchas ocasiones algo no conecta de manera correcta.

Por eso, ¿y la gente?

¿Qué se reacomode sola? Muchos podrán, pero muchos no.

Por algo sabía que No Logo era depresivo. O deprimente. O ambos.

¿Soluciones? ¿Formar parte de eso? ¿Estar en contra? ¿Meditar? ¿Negarse? ¿No comprar nada? Tampoco lo sé. ¿Resistir? ¿Fluir con el mundo? ¿Protestar? ¿Ser parte de ellos? ¿Ver TV? ¿Ver los comerciales? ¿Los panorámicos? ¿Los anuncios? ¿Los banners? ¿Los…?

Todos somos Calvin Klein. Todos somos Dolce & Galbana. Todos somos Corona. Todos somos…

sábado, octubre 27, 2007

Rock de Película: Simbiosis Perfecta



Hablar de cine y música es amplio. Demasiado material. Por decir, hay muchísimas películas que quedaron en la memoria para siempre que han tenido como tema la música, Singing in the Rain. West Side Story, entre otras.

Y cómo a mí me gusta el rock y cómo éste está grabado en mí como tatuaje hasta los huesos recordaré las películas más importantes con está temática, según yo, pues.

Jailhouse Rock. Elvis Presley en la cárcel. Elvis sale y triunfa. Elvis es el rey. Sencilla y rebuscada. Sí. ¿Y qué? Fin de discusión.

A Hard’s Day’s Night. Los Beatles juegan a que son los Beatles en gira. Los Beatles borgesianamente actúan como ese tal grupo. Los Beatles se divierten tanto que se convierten en ellos. Ultragenial, ¿no?

The Wall. La pesadilla hecha realidad. Cuento sin ton ni son de un rockero llamado Pink. Martillos marchando por nuestras cabezas. No, no necesitamos educación. Bueno, sí, a veces. Pink Floyd no fueron sólo cerditos rosas volando.

Heavy Metal. El film de caricaturas por excelencia de fantasía para adultos que fueron el vehículo de muchas canciones de rock de grupos setenteros que aún escucho en mi MP3. O al revés. Taarna. Aún se le recuerda entre tantos escenarios de acuarela.

Gimme Shelter. De cuando la mayor banda de rock del mundo, los Rolling Stones, tocaron a plenitud mientras eran amenazados por los Ángeles del Infierno. Simpatía por el Diablo, ciertamente. Los sesenta terminaron realmente ese día en el Anti-Woodstock.

Rattle and Hum. U2 con una expresión sensible y hacia la raíz de la música. La versión de Helter Skelter de Beatles y de All Along the Watchtower de Dylan son estremecedoras. ¿Por qué vale más el CD que el DVD? Sigo sin entenderlo.

Purple Rain. Prince en el máximo de sus habilidades y capacidades. Let’s Go Crazy. Un autohomenaje descarado. Pero valió la pena. Totalmente.

The Song Remains the Same. Led Zeppelin rompiendo bocinas por doquier. El arquetipo de los videos llenos de plutonio de heavy metal de décadas por venir. Onirismos pretenciosos. Rock and Roll. Stairway to Heaven. En vivo. No se diga más.

Grease. Saturday Night Fever. Sergeant Pepper’s Lonely Heart Club Band. Las pongo sólo por ver sus nombres impresos. Hacerlo es todavía crimen capital en ciertas ciudades. Cintas cursis, temáticas, nos hablan de su propio época. Sí, las disfruté. Soy culpable. Demándenme.

Amadeus. La Bamba. The Buddy Holly Story. Tres películas sobre tres artistas que murieron antes de su momento. Richie Valens y Buddy Holly, el día en que la Música murió. De acuerdo, Amadeus no era rocker, pero, como si lo fuera, ¿no? Y se le extraña también.

This is Spinal Tap. Si no la han visto, se han perdido de una parodia que llega a doblarlos de risa. El bioregistro de un grupo de rock decadente que no encuentra el camino hacia el escenario. Literalmente.

Almost Famous. Periodismo de ensueño. Eres adolescente y cubres la gira de un grupo de rock. Es que debiste de estar ahí. Sus sueños. Sus excesos. Eso no pasa en la vida real, ¿verdad, Zeppelin?

The Kids are Alright. The Who. Crudo. Poder. Real. Y además: Keith Moon. Para subirse con ellos en el Autobús Mágico. Por algo CSI usa sus canciones.

All You Need is Cash. La desconocida historia de cuatro tipos que se juntan para hacer un grupo de rock que estremecerá al mundo. Mientras más sepas de los Beatles, más te reirás de ésta su genial parodia.

Y me faltaron muchas: Let it Be. Yellow Submarine. Streets of Fire. Easy Rider. The Phantom of the Opera. The Rocky Horror Show. El Mil Amores. Ah, no, esa no.


domingo, octubre 14, 2007

Crónicas del Metrobus - Cómo funciona - Cómo funcionamos - El Año de Viajar Peligrosamente



En ocasiones te tienes que dejar llevar. Flojito y cooperando. No hay de otra. No te puedes oponer a la masa. No puedes oponerte al sistema. No le puedes ganar al sistema, bien lo dicen los londinenses. Por lo menos lo dicen en las camisetas que venden al respecto del Underground, como le llaman a su Metro. Ellos saben dos o tres cosas en cuanto a Sistema de Transportación Colectivo se refiere. En la ciudad de México le dicen “el Metro” y con él está su increíble aliado, el “Metrobus”.

Es cuando agradeces que estés en una situación de querer bajar de peso. Es necesario estar delgado, ser de talla media, no traer bultos voluminosos. En caso contrario sufrirás las consecuencias.

Estuve el pasado martes frente a un precipicio. Nada me separaba de caer. En un descuido podría hacerlo. Y traía conmigo un peso muerto de aproximadamente cinco kilos tomado de entre mis manos. Un peso muerto tan pequeño que a nadie haría preocupar en circunstancias normales. Pero ya eran 25 minutos de estarlo sosteniendo en la misma posición. Podría parecer como castigo escolar. Sostén una carga por un período prolongado y no te muevas de posición en lo absoluto, sino…

Estando frente a ese precipicio no hacía más que mirar hacia el frente. No quería mirar hacia abajo. No quería ver la poca distancia de la que estaba el filo de mi abismo de la orilla de mis zapatos.

Y luego, la ingente cantidad de gente detrás y al lado de mí. Cada ocasión sentía que me empujaban un poco más, un centímetro tal vez, hacia delante a la hora de tensarse y a la hora de relajarse, podría percibir que recuperaba sólo la mitad de eso. Como si estuviera descubriendo una absurda respiración de locura. Pero no me engañaba, cada ocasión sólo me dejaba medio centímetro más cerca de la orilla.

No, no era una pesadilla o un mal sueño, ni siquiera un mal viaje (¿Mal viaje?, pudiera ser sólo el principio.)

¿Mencioné que el precipicio hasta el suelo sólo era de un metro? No, no lo hice. Pero como pudieron ver en el título, desplomándome hacia abajo me podría enfrentar de lleno y de frente en cualquier instante con el sistema de transporte urbano llamado Metrobus del Distrito Federal enclavado en el Ombligo, entre todos, el de la Luna, República Mexicana.

Los temerarios se asoman lo que pueden hacia su derecha. No hay salvaguardas que protejan de un desliz, de una torpeza involuntaria, de un accidente no tan feliz. Piensan estas personas sin miedo que ahí viene, ya no tan lejos, detrás de aquella curva vertical. Podría ser, ¿por qué no? El gigantesco vehículo por su carril particular que está a punto de llegar a la estación de 18 de Marzo a como a un cien metros tal vez de la estación del esta sí, estación del Metro llamada también 18 de Marzo, en medio de la celebérrima Avenida de los Insurgentes, muy cerca de su cruce con la calle de Montevideo, al norte de la Ciudad de México.

Sí, es el vehículo que se asoma pitando un tanto irónicamente con una chicharrita que ha de significar algo así como “no se asomen, que no respondo”. No es sonido amenazante. Pero de que llega al frenar, a quedar a sólo unos dos-tres-cinco centímetros de la plataforma, sí queda.

Debe de haber crónicas del Metrobus por Internet. Eso supongo, pero no las encuentro. O del Metro. Pero pueden estar dispersas dentro de textos. O eso, o pueden ya ser materias tan aburridas para la gente que ya a nadie le interesan un comino. Andar en Metro o Metrobus puede ser ya parte del código genético de millones de personas. Y eso es por día. Y el Metro tiene 38 años de andar por ahí surcando las entrañas de la gran ciudad de México. El Metrobus tiene apenas dos años yendo para un lado, luego para el otro en sentido inverso. Podría estar dejando un surco. Alguna señal para ser vista desde el espacio dentro de unos decenios.

Y así como hay usuarios del Metro que ya ni se han de dar cuenta de nada nuevo (la experiencia Ceguera de Taller, de la que ya he hablado), disminuyendo en caída libre su atractivo como experiencia digna a ser narrada, porque, imaginemos por un segundo a alguien que vive en la Gran Ciudad desde hace más de 35 años y que desde hace 20 se dedica a utilizarlo en algún trayecto hacia y desde su oficina. Serían 220 días hábiles de trabajo anuales, o sea, 440 viajes, y eso por veinte años nos dan algo así como 8,800, o 10,000 para cerrar. Como quiera, son muchos viajes. ¿Qué le puedes decir de nuevo a algún usuario consuetudinario del Metro? No mucho.

Pero da la casualidad que yo soy nuevo usuario consuetudinario. Sigo viviendo en la bucólica ciudad aledaña al centro del país a donde llegué desde hace 4 años y me traslado todos los días a esta gran big-big-big epopéyica ciudad a 80 kilómetros de distancia.

El perturbado-esquizofrénico-maniático trayecto diario va como sigue: Me levanto todos los días a las 5:30 A.M., me traslado a la estación de autobuses a las 6:20 A.M. y justo llego a tomar el autobús de las 6:47 A.M.. La ciudad de México tiene para esto, entre muchos otros que pueda tener, un monstruo de tráfico que constituye la Madre de todos los Tráficos, el del gran punto de concentración humana llamado Indios Verdes.
Esta Madre en particular tiene la extraordinaria propiedad elástica de manipular el tiempo a su antojo. En ocasiones he llegado a mi punto de descenso a las 8:25 A.M., en otros momentos he llegado a las 9:10 A.M.. Esa es otra historia. (Y eso es todos los días. Será el lunes siguiente. Y el martes. Y el miércoles. Y así los días posteriores.) ¿Perturbador? Algo. Equis. Whatever. Nevermind.

El caso es que el autobús me deja invariablemente a cien metros de la Av. Montevideo y me toca punto de elección. ¿Me voy en Metro que está a cincuenta metros de mí? ¿O me voy en Metrobus que está a 125 metros siguiendo una angosta escalerita que tiene una visión digna de foto, look and feel, que te hace sentir que estás en el Metro de Tokio de los años 70’s? (Y que todavía no he tomado.)

Nada como vivir en el mundo libre que te deja opciones tan abiertas como estas. Parafraseando a Woody Allen en su clásico discurso a los graduandos: tenemos ante nosotros dos grandes caminos, uno de ellos te podría llevar a la desesperación de la aniquilación total, el otro, hacia la extinción absoluta, ojala seamos lo suficientemente sabios como para elegir el adecuado.

Ya antes me decidía siempre por el Metro pero cuando supe que la entrada al Metrobus estaba tan cerca, opté por ese cambio.

Las primeras veces no me fue tan desagradable. La estructura del Metrobus para esto consta de tres puertas. Aparte de primero como entender en el módulo automático algo tan complejo cómo el comprar mi tarjetita magnética para poder llenarla de pasajes válidos por un viaje, que cuestan 3.50 pesos cada uno, aproximadamente 32 centavos de dólar, y para después de ahí entrar a la plataforma, lo demás fue sencillo.

Esa primera vez no había muchas personas . Derivé hacia el fondo poco a poco. Donde había menos gente. Y nada, que de pronto, estoy rodeado de mujeres por todos lados. No me di cuenta de esto hasta que llegó el Metrobus en cuestión y subirme hacia él. Y ahí estuve en medio de fragancias escondidas de estrógenos que me rodeaban por todas partes. Hombres sólo yo y otros dos o tres. Luego me vine a enterar que una de las reglas que existen en esta transportación es que los hombres van separados de las mujeres por aquello de los extragrandebigsize apretujones a todo lo ancho y lo amplio de la experiencia. Las mujeres allá al fondo. Los hombres acá.

Mi primer viaje no fue tan complejo. Transcurrió sin novedad y ya para cuando llegué a la vigésimo tercera estación, que son las que transcurren hasta que me bajé, ya la población estaba más integrada.

Cosas extrañas, miré durante el trayecto a un hombre desnudo. Sí, un hombre en Full Monty en medio del amplio camellón-jardín de la avenida Insurgentes, a unos cuantos metros del pintarrajeado Monumento a la Raza (ah, Raza), ahí estaba el angelito como bañándose recién salido de la cuna, inmutable cual paciente habitante del Paleolítico Urbano, cerca de su casa-residencia-campamentoderesistencia. Imagen impresionante, surrealista y chocante. Me volteé a mirar las caras de las mujeres que probablemente también lo vieron. Nada. Todas ensimismadas en sus mismos yos.

Como mencioné, ese fue mi primer viaje. Hay que recalcar que son muchas estaciones. Que la velocidad del viaje es de 20 Km por hora. Que hay en promedio 500 metros lineales entre estación y estación. Y que algo curioso sucede en ciertos días. No sé a que se deba, pero hay un ultraexceso de personas en ciertas estaciones. Trato de discernir las causas.

Es decir, esas estaciones malthusianas son las que están cerca de una estación clave o emblemática del Metro, tales como la de la Raza o la de Insurgentes. ¡Qué barbaridad! Poco falta que salga alquien que grite “Soylent Green is people!” qué, cómo recordarán los que sepan de esto, es el grito que se avienta un Charlton Heston angustiado durante un Destino que Nos Alcance, aterrorizado de saber la verdad, que en un mundo del futuro, atestado de personas, lo que comeremos en esas galletitas verdes no serán más que, eso también, personas.

Y es que esa sensación de personas ultraarrembutadas ocupando cada centímetro cúbico de espacio respirable se da con mucha frecuencia, realmente, más que lo contrario.

Ya se imaginan los que conocen las imágenes del Metro de Tokio desde hace décadas. En la que contrataban a empujadores profesionales provistos de guantes blancos con el propósito de hacer que las personas pudieran caber dentro de cada vagón a como diera lugar. Pero comentar el punto del Metro, será para otra ocasión.

Volviendo a la experiencia del principio.

Llegué esa ocasión a las 9:00 A.M. excelente momento, según me había tocado en experiencias pasadas, para tomar el Metrobus, conforme a mis anteriores experiencias. Treinta y cinco minutos para recorrer los 11 km que me separan de ese punto de mi trabajo más los cien metros que caminar hasta mis oficinas. De inmediato percibí que había un buen de gente reunida en cada una de las salidas que concuerdan con las puertas del autobús. En las tres. Incluso en las de puras mujeres que está allá hasta el fondo. Ni modo. Tomé la decisión de pararme en la que estaba delante de mí.

A las 9:03 A.M. pasó el primero de los transportes. Las puertas estaban llenas de personas. Frase curiosa, pero sí: llenas de personas. Es decir, no se veía como pudiese alguien entrar, o en caso de quererlo, de salir de ahí. Atiborrado, embutido (se me acabarán los adjetivos, lo preveo, si de por sí no uso muchos adjetivos por mi acusada pobreza textual).

A las 9:07 A.M. llega el siguiente, no sale nadie, se sube uno. O más bien, se embarra uno adentro, afortunado que fue.

A las 9:11, arriba el nuevo, igual, no salidas, se unta otro, otra persona más con suerte.

A las 9:16, atraca el consecutivo, nadie desea salir, se aventura uno más.

Ah, quiero agregar que la gente es caritativa. Ellas ayudan al que se aventuró, le empujan hasta lo que pueden. Recordemos que la apertura hacia las puertas está llena de personas. A sólo 5 cm del filo. No hay línea amarilla preventiva como sucede con el Metro, que está separada del filo de la plataforma como por sólo 40 cm, y que la gente está muy advertida que no debe de cruzarla, que disminuya su riesgo, pero aquí en el Metrobus no hay una línea de seguridad, o si la hay es muy ignorada.

Mientras tanto las personas siguen llegando, acumulandose más y más. Se siguen apretujando. Cada persona es una entidad independiente. Tienen existencias separadas unas de otras. Tienen familias, propósitos distintos. Ideales, educación, necesidades. Orígenes y destinos separados. Pero aquí llegan todos con una sola idea. Subirse en el siguiente o en el siguiente del siguiente o esperar al siguiente del siguiente del siguiente. Y muchos con el pensamiento de hacerlo a como dé lugar. Todas estas personas tan diferentes entre sí, aquí guardan silencio. De ésta, hasta hace minutos heterogénea agrupación, ahora es homogénea hasta el asombro. De individuos nos convertimos en algo similar a una colmena. Nadie protesta, nadie exclama una queja. Eso es estoicismo colectivo de la mejor clase. Me hacen sentir orgulloso de ser mexicano. ¿Suena irónico? Tal vez. Me descubrí.

A las 9:18 A.M. se aparece un autobús vacío. ¡Dios existe! ¡Increíble! Todo hermoso él, sin personas, sin nadie a quien suplicarle con la vista de que se hagan más delgados para poder uno entrar. Recuerden, llevamos todos prisa infinita. Y no. Ahora no pediré a nadie nada. Soy libre. No me sacarán ni un “compermiso” siquiera.

Pero, esperen. No está frenando como debería. Se va se va se va, se fue.

Al parecer estas buenas personas que están a cargo del Metrobus a través de sus orwellianas cámaras en cada estación empiezan a enviar autobuses vacíos, supongo que con buena intención para aliviar en alguna parte delante de la ruta, la inmensa presión causada debido a la ingente cantidad de personas acumuladas en alguna de las estaciones críticas.

Pero eso no quita el malsano pensamiento de mi mente:

Veamos, ¿cuál será el criterio? ¿Ven a través de la camarita muchas personas que pasan por los torniquetes una tras otra tras otra tras otra y que al mismo tiempo no están llegando camiones con algo de espacio suficiente? ¿Cómo serán los criterios? ¿Se aíslan estas autoridades todopoderosas del Metrobus del pensamiento de que somos personas que estamos ahí para trasladarnos de la mejor manera posible por en medio de la gran ciudad? ¿Algún día sabremos del criterio que toman estos para enviar autobuses vacíos? ¿Algún día sabremos porque la gente se acumula más de lo normal? ¿Habrá signos reconocibles que podamos aprender a partir de la observación del Fenómeno del Transporte del cual nosotros todos somos parte?”

Deja cierta impotencia en el alma estas preguntas. Todo por no saber. Todo por no poder dejar de ser parte de esta necesidad de transporte aguda que sentimos, padecemos, vivimos.

A todo esto, ¿se habrá caído alguna persona por ese filo? No parece muy peligroso, sólo un metro, con la posible excepción de cuando esté por llegar el siguiente Metrobus a toda velocidad para poder frenar a tiempo en el punto indicado donde debe de frenar.

Pero el autobús vacío se fue se fue se fue y ya no volvió.

Pero a las 9:20 A.M. llega otro y lleno, igual que los demás. Las personas al principio parece que no son las mismas. El que me lo pareciera sólo era una ilusión óptica.

Porque a partir de un momento todas las caras empiezan a confundirse en una mezcla cada vez más homogénea, de pronto alguien muy feo se te queda viendo muy ídem desde la ventana de más allá, dentro del vehículo cuyo destino ya está predeterminado (el chofer lo sabe muy bien, lo instruyeron: váyase por todo Insurgentes hasta que acaba, hasta que esté a punto de caer en las fauces de algún monstruo que se lo trate de comer, ahí de la vuelta y haga el recorrido en sentido contrario, juro que se divertirá si lo hace las suficientes veces, si es que no muere antes de terrible abatimiento y sopor).

Pero no, la persona muy fea no es que sea fea, sino es que está haciendo gestos porque la están estrujando tremendamente y con prejuicio extremo entre otras quince que en un alarde de prestidigitación están elevando la hasta entonces nimia y poco atractiva (aceptémoslo, no nos engañemos, es poco atractiva) actividad descuidada de empacar personas más y más personas en un autobús finito (porque finito lo es sin duda) sin que nadie perezca de asfixia en el intento o se queje con el Jefe de Gobierno más cercano.

Esto es madurez ciudadana, no pedazos.

Pero la vida tiene siempre el contrapeso para los impíos, la mayoría de las personas que me acompañaron en esos viajes tan duraderos en mi mente y en el tiempo relativo al que de seguro Einstein se refería, (porque ya saben, ¿no?, te subes al Metrobus y el tiempo se elastiza tremendamente dentro de su estructura mientras el vehículo se mueve, o crees que se mueve, donde el viaje se hace eterno y juras que cuando sales de él has envejecido dos días más que si hubieras hecho el viaje de las veintitres y pico de estaciones a pie), y decía, esas personas con las que normalmente estoy al lado son estudiantes descarriados, o ejecutivos elegantes con sus trajes sufriendo un castigo planchándose aleatoriamente de manera activa y mirando el reloj preocupados cavilando si el cuarzo se detiene como si fueran manecillas (o como dijo Groucho alguna vez, no es que el reloj se haya parado, tal vez estén muertos), o más personas sin oficio o sin beneficio, bueno, algo habrán de hacer, no todo mundo se sube al Metrobus, si cuesta más que el Metro, ya dije, 32 centavos de dólar del Metrobus contra 18 centavos de dólar que cuesta subirse al Metro.

El punto es (tanta verborrea me enmudece) que a las 9:25 de la mañana (25 inauditos minutos desde que llegué a la estación de los cuales pasé 16 de ellos a unos cuantos centímetros del filo del precipicio mirando a la gente de Avenida Insurgentes Norte arriba de sus vehículos mirándonos de manera simultánea a nosotros a su vez [nada como una espera de veinticinco minutos como para hacerte sentir parte de la masa, esa togetherness que tanto nos hace falta en estos tiempos tan llenos de políticos tomadores de atajos o con jeeps rojos prestados], personas con sus manos sobre los volantes de sus propios vehículos y con sus pensamientos errando en sus mentes colectivas, idas, mientras escuchan al señor Gutiérrez Vivó despotricando contra el alguien en turno: “que bueno que hoy sí circulo” o “que bueno que tengo dos vehículos para írmela alternándomela” o “que bueno que tengo calcamonía Doble Cero, o sea, licencia para matar, y que se me permite circular per secula seculorum hasta que el combustible se me acabe”, si quisiera), sí, a las 9:25 de la mañana llegó otro Metrobus vacío.

La gente no lo puede creer por un picosegundo. Al segundo picosegundo ya estaban todos adentro y sólo quedé yo para estar de pie. Pareciendo infantes de hospicio cuando les dicen que ya llegó la comida y que sólo los primeros diez comerán, así entra la gente al interior del Metrobus. Algunos sonriendo y otros que no consiguieron asiento con caras mal disimuladas mirando al paisaje de la urbanidad de “a mí siempre me encanta ir de pie”.

Entre apretujones y derivaciones del cuerpo humano en todas sus flexiones el Metrobus va y va. Nada crees más que te pueda sorprender. Hasta que llegas a esas estaciones clave mencionadas cerca del Metro. Ahí sí es: ¡Sálvese quien pueda! Brazos, piernas, bolsas, todo es desconectado de sus dueños.

Por otra parte no quiero terminar esto afirmando que sí hay mujeres hermosas. Mujeres inquietantes con su ceja muy bien dibujada. Mirando con desafío a nadie en particular. Hay que ser fuerte para sobrevivir al apretujón, al Big Crunch. Hay que ser temible para pasar entre la meleé de la humanidad concentrada en cada puerta llena de seres anónimos que no tienen hacia donde salir, hacia donde moverse, hacia donde teletransportarse. Otra mujer guapa allá se está pintando, otra más acá huele precioso y sólo mi natural timidez me impide preguntar cual es el perfume que usa. Lo recordaré por siempre, lo juro, o al menos por diez minutos más. Hasta el siguiente perfume, la feromona anónima que me persigue y que estará ahí, entre tantos cuerpos pensando en donde bajar. Pensando en la hora. Pensando en la paciencia. Pensando en el momento eterno.

Pero el viaje continúa hasta su destino.

Señalaré, ya que ahora sí estamos avanzando, que hay cinco torturas aquí, en tiempo presente del infinitivo:

Una, la posición no natural en que tu cuello está colocado en la búsqueda de tus brazos por el tubo de aluminio más cercano que representa la estabilidad deseada. La vida ahora está llena de frenones y acelerones, tersos algunos y no tan tersos los otros.

Dos, que no alcanzas a ver a cuanto está tu estación de donde te encuentras debido a que el cartelito con ellas marcadas está a mucha distancia de tu ya deficiente vista.

Tres, que por la posición mantenida por minutos digna de un saltimbanqui du Soleil y ni sabes con precisión cual es la estación a la que vas llegando.

Cuatro, que por más que haces intentos mentales de pensar en otra cosa como porqué la gente podría tener interés en los bits de información que las pantallitas rojas que están empotradas en el techo del vehículo están transmitiendo de continuo, mismos bits repasados día con día, no ves la forma de cómo vas a salvar la distancia detrás de la pared humana compuesta por cuerpos y cuerpos de seres a los que no les interesas en lo más mínimo (a excepción de que si les preguntas, “¿se va a bajar en la siguiente?”, y cómo nadie lo piensa a hacer, ellos tratan de a su vez, sentimientos encontrados de afinidad humana, de contorsionarse muy amablemente para que tú trates de salir indemne de ahí por en medio de ellos, inverosímiles masas inamovibles).

Y cinco, el largo camino a la Salida en sí, es portentoso. La Odisea medida en decímetros. Sí sales de ahí es que estás compuesto de materiales que no todo mundo consta, ¿eh? Suenas a Tungsteno, suenas a Titanio, dulce olor de la mañana.

Huele como a... victoria.

No, no me quejo. Lo que me sigo preguntando, ¿es que esto del transporte humano-urbano es tan impredecible así? ¿No se puede medir la cantidad de gente que va de estación a estación de una manera aproximada como para ir enviando los autobuses poco a poco, o lo contrario, de mucho a mucho, para que la gente no se acumule en determinadas estaciones clave-críticas? ¿No venía eso en los manuales de uso del Metrobus? ¿O se perdieron? ¿O se necesita algo así como The Complete Metrobus Management for Dummies (like us)? ¿o están en un proceso de prueba y error? ¿No habrá un Microsoft Metrobus Simulator que puedan comprar? ¿Un SimMetrobus? ¿Un Metrobus Second Life? ¿Un Halo Metrobus 3? En algún lugar tendrán que aprender, ¿no? O practicar en nosotros, de plano, algún día aprenderán.

Me imagino la Sala de Control: Ahora el Ser Supremo del Metrobus envía uno vacío. Ahora no, mejor se espera a que se junten doscientos en la estación. (A lo mejor se pelean.) Ahora manda dos seguidos. Ahora hace que se vayan lentos. Ahora que se detengan a cada rato por dos minutos. (La vida, nos lo han dicho desde siempre, es un bello y agradable experimentar.)

¿Qué habrá en la mente de los conductores? ¿Qué habrá en la mente de estos Seres Divinos que manejan el Metrobús? No pueden ser personas como uno. No. No deberían ser. Manejan demasiados destinos como para ser normales.

Como yo sólo tengo dos semanas viajando en Metrobus, lo suspendí debido a ese retraso tan absurdo de 25 minutos. Tengo deberes. Tengo responsabilidad.
Tengo pudor.

Como parábola final comprensible-pero-inasible de la existencia de vivir al filo del abismo algo, una barrera infranqueable hasta ahora me hace desconocer su conducta o conductas. Lo afirmo y reafirmo.

Tanto de la gente como el de la ruta en sí. Tanto como el de la gente que administra ese Metrobus en sí.

Estarán rodeados de sus pantallas, es otra posibilidad que se me ocurre. Más opciones de su praxis posible es que tal vez tengan delante de sí una maqueta tipo pista Sizzler (¡Somos Los Vencedores!) o mejor aún: una Scalextric, desde donde ven y perciben la cantidad diminuta de personas que se juntan alrededor de un punto geográfico en forma de Sistemas Dinámicos en tercera dimensión, o como ya dilucidé, desde donde ese alguien se pone a jugar con sus amigos a ver cuanta gente se junta más y en dónde y cuánta se traslada más dentro de un vehículo determinado o no sé.

Algo así.

Y es que todo tiene su razón. Estoy convencido.

El chiste es que hay que encontrarla. Algún día se va a dejar.

Y entonces, mientras me bajo en mi destino alcanzado, embarrado de humanidad si no es personas, ¿qué es lo que le pondremos a las mentadas galletitas verdes?




viernes, octubre 12, 2007

Rozando al cielo, a través de una escalera / Led Zeppelin se reúne de nuevo.

Cuando tenía 19 años y trabajaba en Cigarrera La Moderna, Adrián, de 21, me decía que ese rollo del rock que escuchaba por entonces se iba a acabar pronto y del cual fanatizaba mucho. Que en dos años más ya le bajaría a mi acelere y que gradualmente iría escuchando música más pop. Eso fue en 1981.

Han pasado 26 años y sigo igual y hasta peor. Digo, ya tengo hijos y todo, y trabajo en un ambiente formal de trabajo y demás, pero ustedes saben de que hablo.

Bueno, es un decir. Yo aseguro que estamos para defender la causa de todos mientras sea en pos de la buena voluntad de la decisión libre y soberana que debemos contar y que todos debemos tener.

O sea, por más que otras músicas no me agraden ni tantito, no obsta para que no apoye el derecho de cada quien a escucharlas. ¿Qué le vamos a hacer?

Pero a mi me gusta el rock (suena a canción vieja de Menudo, ¿no? Como decir “Sí, ya lo sé, es sólo Rock and Roll, pero me gusta) Y es interesante que en un mismo artículo aparezcan esos dos nombres de grupos, ambos de relativo impacto, supongo, unos más que otros, sobre todo en la mente de sus respectivos fanáticos.

¿Cuándo escuché a Led Zeppelin la primera vez? No tengo la menor idea. Ni con quién. La primera vez que vi The Song Remains the Same fue en el desaparecido Cine Alameda, frente a la idem allá en Monterrey, pudo ser finales de 1978 o principios de 1979. Fue lo más cercano a ir a un concierto real. Todo mundo gritando en el cine, todo mundo diciendo estupideces y todo mundo riéndose. Era buena vibra. Nosotros, chavos todavía prepos, vimos a tipos salidos de proverbiales hoyos fonqui, pidiéndonos el oropel de los cigarros. No cigarros, sólo el oropel. Presurosos, se lo dimos. Nunca he estado en un cine con tanto humo por dentro. Alguien grita de pronto: “¡Chingue a su madre el que no ladre!” Todos ladramos de inmediato. Buena vibra.

La película comenzaba con un asunto raro, escenas de campiña inglesa. Carros antiguos. Arroyos primaverales corriendo con tranquilidad. Tipos sin cara jugando juegos raros. Y cada uno de Zeppelin, Plant, Page, Bonham y Jones, les avisaban, hay un concierto mañana.

Las palomas volando. Los flashes aislados. Y la canción potentísima, de Rock and Roll con su lonely lonely lonely, que un amigo por mucho tiempo pensó que esa canción se llamaba así “Lonely”.

Recuerdo haber ido a ver la misma película de The Song Remains the Same, por segunda ocasión al Cinema del Valle (al que asistimos sólo nosotros cuatro amigos y una pareja de viejitos orgullosos que definitivamente pienso todavía que se equivocaron y que no quisieron admitirlo) el día que el candidato a gobernador por el estado ilustre de Nuevo León, Don Alfonso Martínez Domínguez, llegó a la ciudad de Monterrey a reconocerla (había estado muchos años de su vida fuera) para posteriormente gobernar desde ahí, vieja costumbre de nuestro país con los designados candidatos del partido dominante de por entonces.

Corría el año de 1979.

No había camiones que tomar porque todo el transporte fue utilizado para llevar personas muy amablemente a recibirlo en su glorioso regreso y hacerle valla al prócer.

Y del Cinema del Valle (fallecido también) a mi casa había un largo lago largo camino. Camino que todo el tiempo estuvo lonely lonely lonely. Rock and Roll.


En alguna parte escuché por primera vez Stairway to Heaven, la sobrenaturalmente exquisita Escalera al Cielo. Debió transportarme al mismo lugar donde me sigue transportando cada que la escucho. Fue en radio, por supuesto, proveniente de una de las intrépidas estaciones de radio que había por entonces en Monterrey, la XERG.

No hablaré más de la canción. Eso lo haré cuando haga el ensayo dedicado para tal efecto, que espero sea pronto.

Muy posiblemente muchos de los que leen estas notas no tienen la edad para conocer el alcance de Led Zeppelin como grupo de rock and roll. Muchos tampoco alcanzan a entender (o quizá no les interese de plano) lo que significa escuchar una pieza como Dazed and Confused, ese extendido track que viene en el Led Zeppelin The BBC Sessions y que estoy escuchando en este instante.

En alguna parte uno se transfigura en desear explorar esos sonidos de distorsión y gritos acompañados con una batería que para nada guarda los tiempos que otras músicas podrían tener como signatura común y que sirven de punto de referencia familiar al cual mirar y al cual atenerse.

El rock, como la pornografía o la ciencia ficción sólo se reconoce cuando estás ahí y cuando la percibes. Es muy complejo y arriesgado expresar sólo una endeble definición que siempre estará a la búsqueda de las palabras correctas.

Led Zeppelin tal vez no fue el mejor grupo de rock and roll, de hecho es reconocido de facto que varios grupos le pueden pelear el título. Pero no muchos. O incluso en cuanto al adjetivo “pesado” que acompaña a la palabra rock, existen varios grupos que pueden también merecer ese nombre en el transcurso de los últimos 40 años. Pero no muchos, tampoco.

Pero además de la música Led Zeppelin también fue la banda. Como siempre en estos casos no es sencillo afirmar que juntas a cuatro personas y de ahí resulta una banda funcional, plena y lista para producir música.

La magia del rock, como de muchas expresiones colectivas es encontrar cuatro personas con un solo objetivo, ser una agrupación y que cada uno de los integrantes contribuya con su personalidad especial en algo indefinido o definido que tal vez sólo pudiese existir de manera temporal pero que en este caso específico y a través de un ademán mágico del universo dieron lo mejor de sí durante en este caso esos doce años fabulosos en que ellos, Led Zeppelin fueron la banda de rock más pesado del mundo.

Cualquier cosa que eso pudiese significar.

Led Zeppelin se reúne por primera vez de manera específica para un concierto desde 1980, en Inglaterra este 26 de Noviembre.

Esperemos que los que vayan a presenciar ese hecho, se maravillen como lo que yo y muchos más lo harían de estar ahí.

Rozando al cielo, a través de una escalera.

domingo, octubre 07, 2007

PREVINIENDO DISRUPCIONES, LA FICCIÓN TECNOLÓGICA



La tecnología nos forma. Nosotros somos lo que la tecnología nos ha permitido ser. Eso está registrado a hierro en la historia en todas las culturas. A falta de ella o por tener acceso a ella, o por haberla usado en su provecho.

Los que escribimos de Ciencia Ficción o de Ficción Tecnológica o como se le quiera llamar ahora, porque dicen que la realidad la ha rebasado, lo hacemos porque nos gusta imaginar lo que estamos viviendo y pensar un paso más allá o dos, o tres. A veces lo logramos, a veces sencillamente no.

Pero eso sí, el futuro ya no es lo que era antes…

Los artilugios están a nuestro alrededor primero como publicidad, luego como objetos de lujo prohibitivo, más después como objetos de glamour anhelado y posteriormente como supuestos objetos de necesidad básica y fundamental.

¿El celular ha hecho la vida mejor a todos? ¿La televisión por cable? ¿El mismo Internet? ¿El Ipod y subsecuentes? ¿Las pantallas de plasma? ¿La cámara en mi celular? ¿Soy por eso más productivo? ¿Más feliz? ¿El hecho de que todo mundo me encuentre ahora me ha hecho mejor? ¿Estoy realmente mejor informado con tanto feed? ¿Me hace mejor persona? ¿La música ahora hecha específicamente para ser escuchada a través de algoritmos de compresión como el MP3 es mejor que la que se diseñaba para LP’s, y posteriormente, para CDs?

Los que escribimos con la tecnología en mente en muchas ocasiones nos pone a pensar el a dónde irá tal o cual tecnología emergente.

No es muy aventurado suponer que Los Supersónicos nos marcaron el camino. Tal vez antes de ellos, el mismo Dick Tracy. No es difícil de creer cuando vemos a Cometín Sónico ser castigado en su salón de clases por su maestra, debido a que estaba carcajeándose en su lugar debido a que veía un programa desde la comodidad de su muñeca, situación a la que estamos ya a punto de tener a nuestro alcance. (Pero, ¿por cuanto tiempo puedes ver un juego de Fútbol Americano o un capítulo de Friends del tamaño de una pantalla de 4 cm por 4 cm en el que ni siquiera puedes distinguir entre cada quién?)

Una circunstancia como esa, diseñada hacia el futuro desde la mentalidad de alguien que lo imaginó durante los sesenta ya nos presagiaba de una aplicación, el poder mirar un programa de televisión, que llevada a cabo en ciertos lugares y momentos, en un salón de clases durante la impartición de una lección, llevaba una consecuencia, en este caso, un castigo.

Cometín no debería estar haciendo eso durante la clase. Hay momentos para eso. Supongo que se lo debieron haber dicho. Y no hizo caso.

El caso actual es similar. Las operaciones mochila son comunes en las escuelas, si acaso tienen motivaciones más bien de salud y seguridad, signo evidentemente trágico de nuestros tiempos. No es poco común que traigan los niños en esos momentos un celular (al menos no traen pistolas o jeringas, todavía) En algunas escuelas eso no está permitido. Ni los celulares, ni las pistolas, ni las jeringas.

Entendamos a los maestros. Hace veinte años eso era impensable, no había celulares en primer lugar. Ahora todos lo tienen. Ahora no sirven sólo para hablar de cuestiones de emergencia. Ahora son utilizados para comunicarse a través de un lenguaje criptográfico que sólo es entendido por una minoría (o mayoría realmente) que debe de tener menos de treinta años para ser aceptado dentro de ella.

Eso no lo imaginaron los que escribían de tecnología.

Por decir, los envíos de mensajes fueron descubiertos por el mismo usuario.

¿Qué pasa con los ringtones? Una industria de millones de dólares donde hace cinco años no era nada. Un tono particular que sea pegajoso en un celular será enviado, transmitido, copiado hasta la estratosfera y significará fortunas para algunos.

Eso tampoco fue imaginado. Un reciente artículo del New York Times menciona el tema con asombro. Que la gente quiera, desee, procure pagar sus treinta segundos de canción por un tiempo limitado como es tres meses en ciertos casos por el mismo precio que puede adquirir la canción completa de por vida, es enigmático.

Tampoco eso fue previsto por algún escritor de ciencia ficción o por algún escritor de tecnología. Esos son los casos fortuitos que hacen entrar dinero a las arcas de alguien.
Y esa es la tecnología que llega a nuestros oídos. Es la tecnología de las masas. La que se enfoca al consumo.

Y también hay otras tecnologías de las que sí escriben los que escribimos de esto. Son las que se ocupan de otro tipo de cuestiones tales como las conductas de los consumidores. Las que se enfocan en querer saber cuales son tus gustos en ropa, en libros, en cine, en supermercados, en bebidas, en compras en general.

Porque hay tecnologías que te van registrando poco a poco tus compras. Ya saben de tu gusto por ese vino espumoso tan delicioso, saben que estás a dieta y que tal vez tienes tendencia de diabetes. (Y eso que no hablamos de la tecnología de identificación de radio frecuencia, la RFID, que pudiera ser ubicua en pocos años, eso da para mucho más)

¿Qué cual es el problema? Que un día se pueda vender esa información a alguna compañía de seguros que sabrá que compras cigarros pero que declaraste en tu forma de registro médico que no fumas, que estás comprando carne de tal tipo y que lo haces como costumbre a pesar que tienes problemas de colesterol, que tus tallas de pantalón para caballero que compras es para una persona que tiene 20% de obesidad, que como no has comprado artículos deportivos en varios años, realizas una vida sedentaria, que tu riesgo de diabetes está creciendo y que por tanto, en lugar de cobrarte la menor tarifa de tu seguro ya calificarás para una tarifa mayor, o al menos para tener una mayor y muy seria entrevista a la hora de ir a pagar tu siguiente mensualidad.

Hace pocos días apareció en el Wall Street Journal un artículo acerca de Google. Me gusta Google. Me fascina Google. Su lema dice “Don’t be evil”. No hagas el mal. Más bien no era un artículo en sí, sino un cuento por Cory Doctorow, escritor de ciencia ficción, publicado en Radar Magazine en el que hablaba de una persona que de cierta manera a la hora de pasar una aduana se le empiezan a hacer preguntas acerca del expediente de sus costumbres, obtenidas en resumen de lo que había estado investigando en Google (lo mencionan por su nombre, incluso), y eso lo hacen al revisar de pe a pa su historial de búsquedas, su redes sociales de amigos a través de Facebook o de MySpace, sus hábitos de ver qué videos acostumbra a mirar en You Tube, para tratar de encontrar un patrón de conducta que pudiese indicar con certeza si él era una persona “confiable” para la seguridad del estado.

Google es el buscador por excelencia que nació hace nueve años. Nadie lo imaginó. Nadie pensó que Google sería tan avasallante. Que compraría You Tube, precisamente, con los más de cien millones de personas que ven videos ahí todos los días. Que permitiera guardar documentos y documentos en su casi infinita capacidad de correo por persona que tiene actualmente, casi 3 gigabytes de capacidad de guardar información.

Un día podrías pensar guardar las películas que más te gustan ahí, las compradas, eso no se hace todavía, pero podrás, ¿no? Pero no tendrías que guardarlas físicamente (si es que hablar de físico en estos asuntos es un poco absurdo porque, ¿dónde está Google? ¿Ahí, allá, en Seattle, en Santander Jiménez, Tamps.? Es de esas neoconcepciones en las que preferimos no pensar), no, una película es demasiado espacio, pero sí guardarías el permiso para poder verlas cuando quisieras a través de tu gigantesco ancho de banda, que para entonces ya se debería haber abaratado (we hope so).

Y mientras, ahí podrías guardar tus fotos, tus contactos, tus amigos, la suma de tus hábitos, tu vida misma. Pero sería guardada primero a través de una computadora que necesita electricidad, para esto, acceso a Internet, después. Y que a final de cuentas utilizarías los métodos de Google para guardarla ahí.

Aquí entra la imaginación de los autores: Y un mal día Google decide venderse al gobierno, o gobierno ordena: “dame los registros de esa persona y de esa otra”. O algo más sencillo, cuando quieres entrar a la frontera querrán los de migración verificar tu conducta. Y recurrirán a su método indicado. Del que saben que guarda tu historial que tú mismo le proporcionaste a través de los años.

Podrían saber de tus hábitos de compra, los que leímos arriba. ¡Qué vergüenza! Ya vio el tipo con la charola las películas que te gustan, esas son de adultos y tratan de personas de costumbres y, más importante aún, opiniones, dudosas, ¿eh? ¿Compras hebillas de a cuánto? ¿Botas de qué material? ¿Sí sabías que esas pieles pertenecen a especies en vías de extinción? Que se me hace que ni a McAllen llegas, bato.

Y eso, viendo ahora lo que sucede en los Estados Unidos, no suena tan lejano.

Para eso escribimos lo que creemos, pensamos, intentamos, de tecnología y de ciencia ficción, y que aún y que podrías pensar que todo eso ya está muy rebasado por la realidad, siempre habrá mucha tela de donde cortar. Prevenir, no sólo prever. No lo olviden. Nunca lo olviden.

Que estén bien.

lunes, octubre 01, 2007

DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA – DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA - Pronto, pronto, el Cuadragésimo Aniversario 1968-2008, ¡Espérelo!

Escribí una novela que tiene que ver con Tlatelolco, si han sido lectores de este blog ya estarán familiarizados con ella. Se llama Technotitlan: Año Cero y está publicada en uno de mis blogs que están aquí cerca. Al menos una de sus cuatro partes transcurre en aquél año, aquél otoño.

No sé si eso me da cierta autoridad sobre el tema. Pero pongamos que tantita. Así que...

Varios puntos de reflexión acerca de Tlatelolco - México 1968

Sobre los aniversarios en sí.

No que sea tanto el trigésimo noveno aniversario de la Noche del Dos de Octubre de 1968, sino que es la antesala para el cuadragésimo aniversario de la misma, lo cual, como muchos saben de manera un tanto sobrenatural, un tanto instintiva y un tanto trivial y frívola, despierta más atención que el trigésimo noveno aniversario o que el cuadragésimo primero aniversario por razones un tanto oscuras.

¿Cuál es la magia de celebrar los múltiplos de diez, los múltiplos de veinte, o los múltiplos de cincuenta años, digo, más que los múltiples de tres, o de siete, o los años en números primos?

Si meditamos en ese punto nunca terminaríamos. Lo único que podríamos decir es que en el décimo aniversario del 2 de octubre, en 1978 salió en la revista Proceso un artículo con el todavía vivo por entonces Licenciado Gustavo Díaz Ordaz y su recién encomienda para ir a España como flamante embajador, cargo al que renunció casi de inmediato aduciendo problemas de salud.

Lo que trae ese ejemplar de la revista en particular es un recuento de las entrevistas que dio el mencionado político y, que como nunca había dado la cara después de que había finalizado su período sexenal presidencial el 1 de diciembre de 1970, a los reporteros les era más interesante y jugoso lo que dijera respecto a los eventos de aquellos días del 1968.

No dijo mucho, pero si hubo algo de impacto fue la declaración final que a la letra fue así:

“No estoy de acuerdo con usted en que hay un país antes Tlatelolco y otro país después Tlatelolco, ese es un incidente remoto. Que va a España un mexicano limpio, que no tiene las manos manchadas de sangre…

“…Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años (de mi gobierno), es del año de 1968, porque me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste, con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo, vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la historia. Todo se puso en la balanza, salimos adelante, y si no hubiera sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando…”.


Woow. Definitivo. Es interesante cada uno de sus puntos.
Sobre la declaración de Díaz Ordáz a los periodistas.
La gente percibe lo que quiere percibir, lo que desea percibir, lo que las limitaciones de sus sentidos le dan para percibir.

Él afirmaba es más, estaba profundamente convencido de que el país no había cambiado en 1968. Él firmemente creía que no tenía las manos manchadas de sangre. Él absolutamente pensaba que salvó al país. Él imaginaba que había arriesgado su integridad física.

Él aseguró que había puesto todo en la balanza, y estuvo convencido de que salimos adelante. (Echeverría, su un tanto creepy sucesor en la presidencia, tan convencido estaba de esa idea que hasta sacó el lema presidencial de campaña, que lo tragamos hasta en la sopa en aquellos años de 1970, “¡Arriba y Adelante!”).

Lo mejor es el final.

¿Realmente el señor Díaz Ordaz pensaba que si no hubiera sido por todo eso, el periodista en cuestión no tendría la oportunidad, el muchachito, de estar ahí preguntando?

Les digo, aquí la cosa se puso interesante.

Introducción sobre los what if’s históricos y contemporáneos.

Veamos hacia dónde se despiertan las dudas de los what if 's históricos.

Los what if´s, o qué hubiera pasado si… son sólo juegos del intelecto, materia prima de las historias alternativas, que a veces no llegan y ni llevan a nada.

Pero aún así que muchos los consideran un desperdicio, los usan mucho los historiadores para dar más claridad a los hechos tal y cual sucedieron para analizar sus potencialidades y posibilidades dando de ese modo un refuerzo a tal o cual teoría en muchos de los casos, y en los otros para dar un punto de vista, algo romántico en sí, de lo que nos perdimos de ver, de presenciar, de estudiar o de ser parte de todo ello, a través de los hilos del futuro único y real que nos toca vivir al cual ciertamente pertenecemos ya que lo estamos precisamente comentando y ustedes precisamente leyendo.

Ejemplos rápidos de what if's:

¿Qué hubiera pasado si Hernán Cortés se alía con los Aztecas, así como se alió en la realidad con los tlaxcaltecas, y ya con la temible Máquina de Guerra Azteca, de impresionante poderío (esto afirmado por historiadores de todas partes, su costumbre de extraer corazones los horroriza totalmente), hubiera deseado irse contra los mismos españoles en Cuba y más allá, contra la misma Madre Patria?

¿Qué hubiera pasado si los españoles ya en la Post Conquista hubieran llegado con sus familias a la Nueva España (no solos como llegaron investidos como aventureros) y les hubieran dado iguales derechos a los mestizos que ellos mismos tuvieran?

¿Qué hubiera pasado si España en lugar de gastarse todos los metales preciosos encontrados en la Nueva España en guerras europeas y en lujos los hubiera invertido de alguna manera, colonial y todo, y en parte, digo, todo sería mucho pedir, en estos mismos territorios?

¿Qué hubiera pasado si Hidalgo no se hubiera detenido en el Monte de las Cruces teniendo ante sí a la en ese instante la muy indefensa ciudad de México en aquél aciago año de 1810?

¿Que hubiera pasado si se hubiera encontrado oro en California veinte años antes del 12 de febrero de 1847, diez días después de que California ya no era nuestra según el tratado de Guadalupe-Hidalgo?

¿Qué hubiera pasado si alguien hubiera encontrado la fórmula para que los dirigentes de nuestro país se hubieran puesto de acuerdo, debería de haber maneras, y hubieran dejado de cometer tantas estupideces como cometieron, con pocas excepciones, muchísimas durante el siglo diecinueve?

Ya lo dejaré, me emocioné un poco, caramba.

Y así y así. Los análisis de esas respuestas todas quedan en lo teórico o en las pláticas de cafés o como temas de disertaciones para tesis propias del tema.

Volvamos a 1968 y sus propios what if’s.

Concentrémonos en el que hubiera pasado si no hubiera habido Matanza del Dos de Octubre.

Los what if’s del Dos de Octubre.

Así de sencillito.




¿Qué hubiera pasado si Luis Echeverría no hubiera estado esperando agazapado esperando su oportunidad?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido soldados esa tarde que presagiaba lluvia?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera estado en el edificio Chihuahua el Batallón Olimpia, el grupo paramilitar altamente entrenado para disipar manifestaciones?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido sencillamente manifestación esa tarde?


¿Qué hubiera pasado si… todos se hubieran ido temprano a sus casas?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido helicópteros… o bengalas?



¿Qué hubiera pasado si los soldados no hubieran avanzado a bayoneta calada?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera llovido aumentando más la confusión?

¿Qué hubiera pasado si el 1ero de Septiembre de 1969 al no haber habido Matanza, se hubiera hablado sólo de disturbios que eventualmente se hubieran disipado como todos los demás lo hicieron después en todo el mundo?

Después de sus propios levantamientos estudiantiles se vio que no pasó nada en Brasil. Ni en Francia, después de todo, a lo mucho que al presidente De Gaulle lo hicieron renunciar pacíficamente el año siguiente, pero tomó el poder George Pompidou, de su misma escuela. Al tipo Gatopardo, todo cambia pero nada cambia realmente. Ni en Estados Unidos. Ni en Alemania. Ni en ninguna parte.

Los cambios se realizan de manera gradual. Nunca de manera sorpresiva o de golpe o sin causa o precedente.

Es decir, tanto disturbio juvenil que no llevó a gran cosa a final de cuentas.

Tomemos en cuenta también que el Movimiento estudiantil del 68 fue circunscrito exclusivamente al territorio de la Capital del país. Nada más. Una brigada de estudiantes médicos que fueron a un pueblito cercano a la capital y nada más.

Cuando se analiza la declaración de Díaz Ordáz y que involucra simbólicamente a todo el país, a los demás 29 estados y dos territorios en aquél entonces, uno dice, ¿realmente se podría perder un país, todo un país desde dentro?

Como que para que haya explosión pareja debe de haber suficiente combustible, ¿no? No me parece que hubiera tanto como para "incendiar" al país. Ni de manera simbólica al menos, menos de manera realista.

Más what if’s.

Si no hubiera habido matanza, ¿Díaz Ordáz se hubiera decidido por otro que no fuera su sagaz, astuto y culto en cuanto a sus intenciones, secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez?

¿El pérfido y a la vez confuso funcionario que trató de quedar bien con todos, y cuando quiero decir todos, eso es lo que quiero decir, todos, con los norteamericanos, con los rusos, con los cubanos, con los del tercer mundo y que a final de cuentas no quedó bien con nadie?

¿Habría habido una posibilidad real, mínima de que nos habríamos ahorrado la Guerra Sucia que tuvimos durante esos años de los setentas? (Insisto, nada como lo que sufrieron los sudamericanos en aquellos años, pero la nuestra también fue una Guerra Sucia al fin y al cabo).

¿Hubiéramos tenido otro candidato y por ende, a la usanza de esos tiempos, podríamos haber tenido otro Presidente de la República?

¿Hubiera sido más suave y más inteligente que Echeverría al no caer en los populismos que tanto nos costaron en los doce años siguientes?

¿Hubiera habido entonces otro presidente distinto a José López Portillo?

¿Hubiera sido otra nuestra historia?
¿Seguiríamos teniendo Partido Revolucionario Institucional?

¿Hubiera habido Salinas?

¿EZLN?

¿Colosio? ¿Aburto? ¿Un solo tirador? ¿Dos tiradores? ¿Conspiración?

¿Zedillo? ¿Fox? ¿López Obrador? ¿Felipe Calderón?

Pensemos en ello mientras da comienzo el cuarentavo período anual en el cual tendremos mucho que pensar al respecto.

Mientras se habla y hablará de la Independencia de México y de la Revolución Mexicana también pensemos, ¿cuánto le debemos al 68?

Todo un año. Todo un año…

Seguiremos con el tema... pero por supuesto que seguiremos...