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martes, abril 01, 2008

El Romance de Doom



Llegó Carlos con ellos. Eran 4 diskettes y dijo “Mi hermano dice que esto es otra onda”. Lo instaló. Y lo puso a andar. Y rompió todos los encuadres mentales de lo que podía ser un juego. Equivalente a lo que sucedió aquella vez del 23 de diciembre de 1977 cuando vimos por primera vez Star Wars.


Nada fue igual. En el caso de Star Wars ya no se pudo ver el cine de efectos de igual manera. (2001 siempre fue y será considerada aparte). El caso de Doom igual. Ya ningún juego podría ser considerado igual.



La oscuridad fue la norma. Su ambiente era extraño, pero raramente familiar. Un salón amplio en el que aparecimos de pronto. El movimiento, el movimiento, mi 
hermano. Era en continuo siempre. Caminábamos y la aceleración repentina provocaba el típico bamboleo, nos deteníamos de pronto y se sentía el freno, con todo y su movimiento recíproco en reversa, ligero y sutil. Veíamos las paredes, los pisos, los techos, lo que hoy das de hecho en un juego de matazón pero que nosotros en aquél tiempo, 1993, finales, nunca lo habíamos visto con tal realidad. De acuerdo, no era del todo real, no era como película, ¿me explico? No, y no hay problema.


De pronto tenías una escopeta y se te acercaba una figura de color verde, toda furiosa al parecer sin razón que te lanzaba bolas de fuego. Y al parecer te hería y no había de otra, intuitivamente le empezabas a disparar con tu escopeta hasta que lo matabas. O se te acababan las balas y tendrías que correr. Y todo se confabulaba para envolvernos en el juego y nada importaba. Querías saber que había más allá de los corredores, detrás de la puerta, arriba del elevador, más allá del teletransportador. De pronto querías matar a todos los demonios que empezaban a aparecer hacia ti, como si te olieran, como si te vieran realmente, como si quisieran ir tras de ti, y sólo querías sobrevivir y ganar. O como digo, al menos querrías sobrevivir. Pero salva tu juego mientras puedes mi amigo, salva tu juego, te digo. Mientras estas sano. Si a eso le puedes llamar sano.


Los primeros juegos que nos llegaban en cualquier parte de nuestras vidas en aquellos años eran por causa de la geografía y de con quien privilegiado te juntabas. La geografía porque depende de en que escuela estabas. Y de con quien te juntabas.


Recuerdo en los setentas, por ejemplo allá por el 76 precisamente en un lugar llamado de todos los nombres, Chispas, con lo que se demostraba una vez más la increíble imaginación con la que algunas personas bautizan su negocio. Había en, ejem, “Chispas”, ajá, sí, una consola con una pantalla en la que se veía dentro un juego de cuatro carriles que movían a una serie de carros en bandas en continuo y tu deber como jugador era manejar con tu gran volante de a mentiritas un carro de luz con la intención de ganar, en medio de todos el tráfico de ellos, la carrera supongo.


Había algo de mágico el ver ese carrito de luz que se lograba gracias a un reflejo o algo así en un espejo convenientemente colocado y que de pronto debido a la impericia de uno se estrellaba y se volcaba de manera espectacular.


Nunca supe el nombre de ese jueguito. Era del mismo tiempo, pienso, en que empezó a haber Pong en las casas. Las consolitas esas que eran no atractivas


Los juegos de arcade en los años de la prehistoria siempre costaban dinero. Sólo los fanáticos pudientes tenían la más clara de posibilidad de exceder y de colocar sus iniciales en el pódium catódico en el Tempest o en el Space Invaders.


Atari en la casa no era suficiente, aunque sí nos pasamos los fines de semana jugando en casa de Héctor torneos de Surround, de Cops and Robbers, del mismo Pac Man, del Missile Command, de Defender mismo. Pero nos satisfacía. A plenitud. No conocíamos más.


Era como leer comics. Y este es un pequeño impromptu: Muchas personas no le ven el chiste a leer comics porque sólo ven cuadros de personajes más o menos dibujados y que finalmente no ven conexión entre uno de esos cuadros con el siguiente en la secuencia correspondiente. No saben todo lo grandioso y horroroso que puede pasar entre ese espacio blanco que existe entre cuadro y cuadro. Mucha gente no se deja abandonar por lo que su objetividad percibe, y por lo mismo nunca se dejará llevar por su mera subjetividad. Y por eso jamás podrán disfrutar de los comics. Cosas de la suspensión de la incredulidad en cuadritos reducidas al absurdo.


Volviendo al cuarto de estar de la casa de Héctor, a su Atari, mirar los cuadritos que formaban a un tirador y una carreta de un lado y al otro el tirador contrario moviéndose con astucia disparándote con balas en forma de cuadritos en movimiento amenazante y tú gritándole a tu amigo-enemigo que hizo trampa, no tenía precio.

Y si ese mundo existía en 1981, y lo aceptabas y lo gozabas, ¿qué pasaría si vivieras lo mismo 8 años después, pero multiplicando la experiencia de dibujos y cuadros –ahora polígonos hasta el cielo—por 100,000?


Eso era Doom. Pero estos polígonos formaban demonios, sangre, líquidos tóxicos, cadáveres descuartizados en la pared, corazones sangrantes todavía palpitantes en columnas, y se combinaban en un frenesí de violencia con un engine como es realmente su nombre, un “motor de gráficas” detrás del juego que te permite jugar de manera que podías ver la tridimensionalidad de las paredes que están a tu lado y que te deja ver la perspectiva a lo lejos junto con los demonios que vienen hacia ti rápidamente con deseos tremebundos y rabiosos de rasgar tu rostro,


(¡¡¡GGGGGCCCRRRRRRRAAAAAAAAAAUWWWWHHH!!!!)


tu cuerpo y hacerte sangrar hasta morir.


Pero no mueres en los juegos. Jamás mueres realmente en los juegos.



Porque vuelves a jugar de inmediato porque fuiste sabio porque salvaste el anterior episodio, cuando tenías todo el poder contigo, la cantidad de salud correcta, las armas con las municiones todavía en su nivel mas optimista a ese episodio.


La acción, trepidante, la jugábamos en la oficina cuando caía la noche, apagando las luces y conectando como bocinas de la PC el amplificador de mi ya vieja grabadora con sus gigabocinas, lo cual agregaba los gruñidos, los gritos, los desgarradores sonidos de quijadas y uñas rasgando la espalda de uno, mientras caminábamos por los corredores oscuros tratando de detectar de manera astuta un cambio sutil en la textura de las paredes para encontrar puertas escondidas, mirando por las ventanas que hubieran a nuestro alcance, queriendo siempre saber que había más allá, esperando encontrar los tesoros, las áreas ocultas, provistas con regalos como lentes para ver en la oscuridad (que son necesarios cuando entras a un salón en la completa negrura y ves con ellos que está llena de demonios rosas), o invulnerabilidad, temporal, o sencilla salud para mantenerte erguido. ¿Y cuándo terminábamos?


Cuando ya eran las nueve de la noche. O cuando teníamos hambre.


¿Jugaste Tetris? ¿Dices que jugaste Tetris? No me importa si me ganases en puntuación, pero a mí me tocaba vivirlo cuando manejaba y estaba en una avenida con tres carriles y al ver que había dos carros en los carriles uno y tres, con el dos vacío, algo distorsionado en mi mente me sugería que ahí bien podría caber los bloquecitos que formasen una “T” o una “S”. El Tetris estaba haciendo estragos en mi persona.


Ok, no sabes de lo que te hablo.



Con Doom dominando en la mente en forma de preguntas punzantes tipo cómo 
poder pasar esa trampa en particular, o como ganarle al poderoso Cyberdemon, o al Boss gigantesco megademoníaco del máximo nivel que con sólo uno de sus proyectiles te podría aniquilar de manera total (¡y te disparaba tres de esos en sucesión!), que uno podría ir en un lugar real en donde vieras una pared particular y de la nada pudieras imaginar como detrás de esa pared pudiera haber un pasadizo que no hubieras visto antes. Mejor, que nadie hubiera visto antes…


Sí, era broma, ¿quién haría eso en la vida real?


¿Y ya hablé cuando lo alambramos y jugamos de a varios?


Y eso hizo al juego de Doom, el Nirvana de los juegos. Estar en esos mismos pasadizos, corredores, salones llenos de trampas con los demonios y zombies pululando, pero ahora ir acompañado de tus amigos y compañeros, acechando a los malos era otra cosa. Ir en misiones para matar al gran Demonio y llevarlo a cabo con la ayuda de tus compañeros, era maravilloso, padrísimo ser auxiliado por ellos.


Colocarte frente al Demonio mayor, el PODEROSO CYBERDEMON y apuntarle con tu arma de plasma BFG-9000, y que tu cuate se adelantara arriesgando su vida por ti, y tú en eso rápidamente tomar la decisión insensata de dispararle a tu cuate por la espalda, destrozándosela, momento verdaderamente sublime, y que lo hacía volver al principio del nivel, eso hacía que la amistad se reafirmase más allá de lo conocido, más allá de lo común, más allá de lo corriente.


Y ya siendo realistas, bueno, veamos por partes. Un juego como ningún otro, que Mortal Kombat o que Street Fighter ni que nada, da Big Enchilada fue Doom, siempre Doom, por los siglos Doom.


Vendrían otros juegos, Doom II, Hex, Heretic, Quake, Quake II y hasta Doom III. Pero Doom estuvo ahí con nosotros casi desde el principio.


Parte II.


Leyendo el libro de Masters of Doom, de David Kushner, te vas enterando de cómo fue la historia del juego y la de sus dos creadores principales, John Romero y John Carmack, cómo fueron avanzando en base a sus necesidades de programación y de ideas hacia la misma conceptualización de cómo un real juego de diversión debiera de ser, y como en el inter fueron dando forma a una revolución de entretenimiento. El subtítulo del libro dice “Cómo dos tipos crearon u imperio y transformaron la cultura pop”. Tal vez sea algo muy tirados de los cabellos ese subtítulo, si ellos dieron forma a la cultura pop de entonces o, más bien, si la cultura pop los formó a ellos.


Da para escribir en otra parte de ese tema.


Carmack y Romero se reunieron (¿Lennon y McCartney? No, Metallica, más bien, dicen ellos) y fueron juntos conociendo lenguajes de programación y se abocaron a realizar sus sueños como pocos lo hicieron, el juego perfecto para ellos.


Y para nosotros.


Un juego de computación es algo más que no existía en la mente de las personas allá en los años sesentas. Aun y que pudo haber juegos en las computadoras como el Spacewar en los años cincuentas y realizado en osciloscopios que rudimentarios y todo llenaban los espacios de imaginación de sus participantes, y después salió un juego de simulación como Sargon II, en el que eras un gobernante puesto a guiar a tu pueblo por el bien de tu salud ya que si fracasabas morirías en su posterior revuelta, o un juego como el mismo Pong en el que se te ponía tú una palita de luz contra otra palita de luz que oscilaba de arriba y abajo y que aparentemente golpeaba una pelotita de luz que tomaba arriesgados ángulos de rebote que definitivamente no alcanzabas.
Hágase la luz y la paliza cuando no conocías.


El punto aquí a observar es el acto del juego en sí. A cualquiera le gusta jugar, es una actividad en donde se abre una posibilidad y extensión del ser humano, jugamos porque así nos familiarizamos con el exterior, dicen, ya sea donde hay jugadores de tenis o competidores en el futbol o beisbol, o en actividades aparentemente más tranquilas cp,p las cartas, o como cualquier área humana en donde todos podemos “jugar a la realidad” sin obtener daño en el intento.


Porque allá afuera hay una jungla y todos son lobos que quieren destruirnos.
¿Si pudieras hacer juegos, si tuvieras la imaginación, no crees que lo intentarías? Uno, Carmack, haría poco a poco la evolución del perfecto engine que hiciera la simulación de movimientos de la realidad en sí misma. Romero su yang, tendría la mente lo suficientemente torcida como para diseñar el juego mortal en donde los demonios tuvieran (casi) su momento de gloria, con una experiencia acumulada de haber trabajado en el Wolfenstein 3-D, y haberse empeñado en romper todas las reglas posibles, te haría la vida lo más difícil posible. O las vidas. Que serían muchas.


Primero, Doom sería un juego que se adelantaría a todas las experiencias sensoriales al ver, esquivar, atacar, ser atacado, correr, pensar, adivinar y matar, matar, y matar, y morir (bueno, no realmente), y eso es lo que consiguieron estos cuates.


El libro narra además el mismo desarrollo de la industria del juego en los Estados Unidos, como llegó poco a poco a ser tan importante que sobrepasaría a la industria del cine, tema que posiblemente mucha gente no sepa, o que no le importe, so what?
Bueno, eso es lo interesante, la industria del juego es importantísima: consolas, los mismos juegos, las campañas de publicidad, el como incluso se anuncian con inusual prominencia en la misma revista para adultos con el estilo de vida sofisticado como es Playboy, dan indicios de cómo esta industria se ha caracterizado con un crecimiento sorprendente.


Carmack y Romero, en el libro Masters of Doom, dan cuenta de cómo el genio se forma donde quiera, como cualquier persona con ese drive implacable puede conseguir cosas más allá de sus sueños. Y como los egos, finalmente aseveran, que ciertas cosas no pueden durar. Lo inevitable, el hubris se hizo presente.


Y yo jamás jugué Daikatana, el Santo Grial de Romero, la estrella de rock, el dios de los juegos, el profeta de la violencia, el Cirujano, en juegos que empezaban cuando ejecutabas una serie de programas, hechos de bits, unos y ceros, que desencadenaban en ti tormentas de adrenalina, y delicias de terror y pasión que, digo, soy padre de familia de cuarenta y cinco, y no soy mas distorsionado que el vecino de enfrente, creo que sólo ve futbol todos los fines de semana.


Que si Columbine llegó y los monstruos esos, reales, mataron a sus compañeros, y dejaron claro que jugaban Doom, y que de alguna manera, muchos piensan, hicieron pensar que si no hubieran jugado tanto ese tipo de juegos no lo hubieran hecho, es algo que es risible. Como el boxeador que le pega a la pera y se imagina que acabando de pegarle a la cosa esa inflada pegada al techo va a ir a golpear a sus enemigos.


¿Pera? ¿Doom? Imaginación. Realidad. Sentido Común.


Los chavitos tenían armas, tenían acceso a ellas. No todos los que jugamos Doom nos consideramos sedientos de violencia o de destrucción, o con ganas de matar compañeros de salón solo porque se burlaban de nosotros. ¿Dónde estás Medina? ¿Dónde?


Las personas enfermas matan a personas. Con armas. Y son enfermas con juegos y sin juegos.


En fin. Doom. Un juego fabuloso que explotó nuestros sentidos. La revolución en nuestros teclados, en nuestros mouses.



La batalla perfecta a la productividad.


Sea esto dicho.


!!!!GHHHRAWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWHELLLLLLLL!!!!!


Esos buenos recuerdos…

lunes, marzo 31, 2008

El mundo es plano, plano, plano.


Con esto del petróleo uno piensa muchas cosas. Que si se está acabando. Que si el efecto popote. Que si llega una reforma los cavernícolas de un bando se propondrán alterar el orden con violencia para evitar que siquiera se discuta en el pleno donde legítimamente se pueden discutir tales cosas.


Sigamos pues…
De pronto se siente la imperiosa necesidad de que la gente lea libros que son clave para el entendimiento de lo que sucede a nuestro alrededor. Y hablo del “alrededor” respecto a todo el mundo, al orbe.


Luego está que esa imperiosa necesidad de toda comunidad o nación que se necesita que la gente que deba de leer esos libros sea la gente clave precisamente.
Libros como el Tipping Point de Malcolm Gladwell, La Estrategia del Océano Azul de…, Y el Mundo es Plano de Thomas L. Friedman. Claro que también ayudaría haber leído la de La Riqueza de las Naciones, o Porqué hay Países Pobres y Países Ricos de David R. Landes (del que ya escribí). Y todo esto es sólo para entender lo que nos está pasando. O peor aún, lo que nos pasará. (Para tener sensibilidad hacia los desposeídos, nada mejor que leer Las Uvas de la Ira, de John Steinbeck, y léanlo en tiempos de crisis, a ver que sienten).


Sé perfectamente que un libro no es la panacea que cura todos los males. O leerlo con atención, si es ese el caso. En muchos casos el escritor tiene una habilidad determinada de un tema particular, hay tantos temas importantes, críticos, ¿cuál tema es el trascendental? Un punto de vista desarrollado enfocado en cierto tema, para empezar. Que por circunstancias el autor sepa más que nosotros. No es lo mismo saber que un doctor te diga qué es un ataque cardíaco, un dato que quizá o sacaríamos de Internet o de un mismo libro del Reader’s Digest que pudiera contarnos las generalidades del caso, que leer del tema de alguien que ha investigado ese mismo tema por años. Aplica eso para alguien que escribe un libro para explicar la siembra de fresas, o la edificación de un molino de viento o de lo se quiera pensar.
Las cosas en el pasado eran tranquilas. Se sabía que el petróleo es importante, el oro también, los países subdesarrollados sólo sirven para obtener de ellos materias primas, los países desarrollados sirven para procesar esas materias primas y convertirlas en productos complejos y de ahí vendérselos a esos países subdesarrollados.


Esa era la ley normal. Ese era el entendido. Ese era el sistema.
Pero de un tiempo para acá, las cosas han cambiado un poco. Los sistemas financieros penden de pronto de hilos. China desatado, India buscando mercados y satisfacer, como China, su demanda interna. Países que ya han sufrido lo suficiente como para haber aprendido están cometiendo los mismos errores, como Argentina. El consumo está rampante, la falta de ahorro igual, Inglaterra e Irlanda están en dificultades. La irracionalidad campea por todos lados. Esa es una de las razones por las cuales el sistema bancario norteamericano está tan emproblemado debido a la crisis inmobiliaria.


Pero bueno, sucede que sí hay mentes que tratan de entender esa irracionalidad. Si quieres es un poco a posteriori. Algo como decir “ah, lo que pasó fue esto y esto, debido a esto y las condiciones estaban maduras para que se fuera por ahí tal cual sucedió, pero pudo pasar aquello…”. Muchos dicen que un razonamiento así es bastante obvio por decir lo mínimo. Y que no hay ningún mérito realmente en ir escribiendo lo que sucedió y apareció en la prensa o una interpretación de los hechos a final de cuentas arbitraria o ad hoc, o casualística debido a que los resultados se adaptan a tu teoría favorita de corte nuevo e intrigante.


Pero hay momentos en que vale la pena echar un vistazo a cierto tipo de libros.
El libro de Thomas L. Friedman de El Mundo es Plano, es de esos libros que me gustaría discutir con alguien que sepa, en que punto por punto que este cuate está mal por esto y por lo otro.


Pero dudo que ese alguien me lo diga. Y lo que pasa es que este tipo de libros los leen los creyentes y los que no lo son, sencillamente no lo leen y no lo creen. Entonces la discusión es más complicada. (En este mismo blog he escrito cosas que han logrado que, entre otras cosas, me digan ingenuo, como si la persona que me lo dice fuera inmune a serlo, y que sin embargo también de algún modo lo es, pero en el sentido opuesto).


¿Qué de que se trata el Mundo es Plano? De cómo sucedió tal cosa, de cómo se aplanó el planeta Tierra. Friedman dice básicamente que el Mundo es Plano porque ya no hay distancias, todo (y todo está realmente así), en corto y al alcance de quien quiera alcanzar la otra orilla. ¿Qué cosa? Riqueza, progreso, mercados. O al revés es mejor, más natural: Mercado, progreso, riqueza.


Más que lo anterior el Mundo es Plano nos dice cómo nos ha afectado, cómo nos afecta y cómo nos afectará el que no haya distancias.
Por decir el asunto de los hindús y de cómo conquistaron el mundo del desarrollo del software y de los Call Centers. Tengo amigos que no me creen que en varios AutoMacs del estado de Colorado, en USA, las personas detrás de las bocinas y que piden la orden a los clientes no están en un pasillo batallando con la diadema y los refrescos, de ese McDonalds que están visitando, sino que están en alguna parte de Bangalore, India, y que de inmediato que reciben la orden, la transmiten a la cocina, que está en Colorado y la cuenta a la caja, o sea, a la ventanilla 2, que también está en ese mismo McDonalds de Colorado. Y sí, se cruza la mitad del mundo para sólo hacer eso, aún y que se haya decidido agregar unas papas al final grandes. O pudo ser una toma de orden de unos 20 McNuggets. Con salsa agridulce. No se olvide la salsa agridulce.


Lo más chistoso de todo es que eso es una infraestructura que cuesta un montón en principio. Y que la pagaron los gringos. Y que los hindúes la compraron por una décima parte de lo que los inversionistas gringos pagaron originalmente. Ironías del Siglo XXI y de la literal explosión dotcom del año 2000.


O está el capítulo entero dedicado a las Vírgenes de Guadalupe hechas en China y que son vendidas en las calles de México más baratas que las hechas en México. Queriendo decir que México ha estado perdiendo espacio frente a los chinos en el mercado local doméstico y con más razón en el mercado norteamericano. Eso nos pega. Nos afecta. No acaba de pasar que supe de un supercontrato de software de una megadependencia oficial en México que fue obtenido por una empresa hindú por sobre dos nacionales y una trasnacional, las tres éstas importantísimas en el ambiente. Aún así ganó la hindú.


O sea, no están ganando porque hablan inglés solamente. Sino porque son competitivos. Baratos. Productivos. Útiles. Ansiosos por sacrificarse. Por ganar dinero. Mucho. O sea, ¿así o más claro? Están ganando contratos aquí en México.
Hace muchísimos años leí el caso de las empresas de motocicletas chinas que se hacían en barcos mientras viajaban por mar antes de llegar a los muelles de San Francisco. ¿Leyenda urbana (o marina, si ese fuera el caso)? ¿Quién sabe?, el caso es que pudiera ser ese el caso hoy mismo.


Pareciera que nada cambió alrededor nuestro y que, a final de cuentas sí cambió, pero que la gente se pregunta, ¿qué fue lo que pasó? ¿Cuándo? Y ultimadamente, ¿a mí que me importa?


Pero el punto es que sí, te importa, y a él, y a ella más allá, y a aquellos.
A todos nos importa. A todos nos importará. Porque hay que pensar. Mucho. En la carrera que tienes. En la carrera que tienen tus hijos.


Hoy son los hindúes. Mañana pueden ser los centroamericanos. Mientras nuestro cavernícola favorito dice tonterías sobre que el petróleo es nuestro y de nadie más. Sentimental el muchacho. Así no se podrá jamás.


Todo comenzó según Friedman con la número 1.- caída del Muro de Berlín un 9 de Noviembre de 1989. Las barreras cayeron y con el tiempo la gente se puso a hacer algo aprovechando la ola de apertura política a la que seguiría la ola económica. De pronto muchos cerebros orientales sintieron que habría oportunidades en el anteriormente llamado Occidente. Por decir, Google fue fundado por un ruso, Sergey Brin.


Pero antes de eso, la maravilla era otra, la aplanadora número 2.- Netscape, que abrió las posibilidades de la red tal y como la conocemos. La conectividad para el hombre (y la mujer) común. El flujo de la información se dio poco a poco, de todas partes hacia todas partes.


Friedman afirma que a esto siguió el número 3.- “Work Flow Software” o el Flujo de Trabajo del Software, o sea, formatos entendibles para todo el mundo. Nada de propietarios que lo que hacían era imponer barreras. Y lo que se quería era lo contrario. Y su utilidad fue para todos, desde las fábricas de aviones que necesitaban estandarización inmediata o flujo de partes y de manuales y de información urgente y precisa, o los que ponían su pequeña tiendita en Internet de rompecabezas. Permitió Internet, que todo mundo se concentrara en hacer funcionar el servicio, más que enfocarse en hacer funcionar el software.


Esa comunicación permitió también que el trabajo se pudiera hacer a la distancia de manera impresionante. Otra vez, pregúntenles a los hindúes.


Ya no estábamos hablando de entretenimiento, o de comercio solamente, sino de trabajo mismo. De labor, de esfuerzo, de método, de conocimiento aplicado, de know how, de manejo de conocimiento o knowledge management, etcétera, etcétera.
De esto empieza a hablar Friedman al referirse a las otras fuerzas que dieron planitud al mundo por decirle de alguna manera.


Estas otras fuerzas son:
4.- “Uploading” significa algo así como el acto de subir a la red, o por extensión, el acto de compartir al mundo un conocimiento, una visión, una canción, un comentario, una foto, una pieza de software incluso. Es decir, esto proviene de la gente que decide ser proveedora y no solo consumidora, como era de esperarse. Y esto se puede decir que también colaboró a aplanar las jerarquías y las mismas autoridades. De aquí viene Wikipedia y los blogs (como este, claro, en donde no tengo a nadie a quien pedirle permiso para escribirlo), también viene los sistemas de compartición de música que destruyeron prácticamente la industria musical, y además de esto, la creación de sistemas de software autónomos tales como el Apache, que es un servidor web, gratis y que todos pueden usar, eso que dije, gratis.


5.- El “outsourcing”. Mmmm, tema delicado como no hay más. Se da cuando las empresas entienden, comprenden, realizan, aprecian, piensan, que se deben dedicar a lo suyo, a su negocio básico, central. Una especie de zapatero a tus zapatos, global. Lo demás que no colabore a la hechura básica de los zapatos, contrátalo. Esto tiene que ver también con el famoso error del año 2000. Este gigantesco y presunto error permitió que los hindúes entraran a trabajar al por mayor en ese período para poder realizar las conversiones que eran aparentemente ultra necesarias. Y eso les dio a ellos mucha más fuerza y confianza. (Esto de los hindúes es toda una historia, y no estoy seguro que México la pueda reproducir, dominar el idioma ingles es básico en este asunto, entre idiosincrasia, escuelas, mentalidad, horario al otro lado del mundo, disponibilidad de gobierno para llevarlo a cabo, desregulación, entre otras cosas.)
El “outsourcing” no se ha quedado ahí y ahora está por todas partes y en muchas áreas.


6.- Sigue el Offshoring.
Casualmente el Discovery Channel trae el mismo mensaje que aparece en el libro. Supuestamente es africano, también supuestamente lo tradujeron al chino y cuelga en alguna fábrica en aquellos lugares. Dice así:


Cada mañana en África, una gacela despierta. Sabe que debe de correr más rápido que el león más rápido si no, será muerto.


Cada mañana un león despierta. Sabe que le debe de ganar a la gacela más lenta, si no, morirá de hambre.


No importa si eres león o gacela. Cuando el sol salga, debes de empezar a correr.


Ese es el punto. Los chinos. Ya hablé del punto de los juguetes que se hacen en China y como hay mucho por hacer en pro de los trabajadores chinos y todo lo que hacen los empresarios chinos para ser baratos. Y ese es el detalle todo es más barato en China. Ellos están aprendiendo rápido. Si los hindúes quieren ser buenos en software, los chinos quieren ser buenos en manufactura. Y luego también en software. Los chinos son muchos. Uno en un millón es una frase que si fuera uno mismo, yo incluso, me sentiría orgulloso, ¿no? Pero para eso en la Gran China Continental habría mil trescientos tipos como yo. Hay 160 ciudades de más de un millón de habitantes de las que la mayoría jamás hemos oído hablar de ellas. Arriba de la zona donde queda Hong Kong, hay más de cincuenta mil proveedores de equipo electrónico.
Es de miedo. Digo. Por más que todo mundo diga, no pasa nada.


Sí pasa. Y mucho.


7.- Luego la “Cadena de Proveedores”. El perfeccionamiento del arte de la cadena de partes y productos. Wal-Mart uber alles. Ya he hablado de eso. Y lo que me falta. Maquinaria perfecta de relojes a escala solar, ya no global. Solar. No hay inventarios. Del camión al pasillo de pantalones de mezclilla. Ya decía yo que por algo los empleados de Wal-Mart no te saben decir nada. No se les puede culpar. Los anaqueles traen toda la información pertinente.


8.- El “Insourcing”. Es hacer las cosas de dentro de otra manera. El caso de UPS y Toshiba es impactante. Toshiba produce y vende laptops. Las laptops de pronto pueden fallar en manos de los usuarios (tontos usuarios tontos). Cuando fallan estas los usuarios las envían a Toshiba. Las mandan a Toshiba por UPS. Ellos creen. UPS tiene un acuerdo con Toshiba. Nunca llegan a Toshiba. Las arreglan en el centro mismo de distribución de UPS. En las instalaciones de UPS. Y así del centro de UPS llegan más pronto al cliente. Nunca llegan a Toshiba. Eso es “insourcing”.


9.- El “Informing”. Es sencillo. Informarse gracias a Yahoo, a Google y a MSN Search. La gente que compara, y el primer dato de información que se obtiene de cualquier tema proviene, para muchos, de los servicios de información de Google. Información sin discriminación, con oportunidad y de una manera perfectamente democrática. Todo al alcance de los dedos.


10.- La última fuerza de la que habla Friedman se refiere a los esteroides. Y eso se refiere al usuario común y silvestre que se volvió digital, móvil, personal y virtual con la mezcla de USBs, Discos de 160 Gigas, Skype, VoIP (voz sobre IP), PDA, SoIP (servicios sobre IP), LCD, 3rd Generation, Videoconferencia, Tecnologías wireless, RFID, WIMAX, baterías, GPS, Iphone, MP3 y MP4 y y y y y y un gran etcétera. Eso y cada tecnología nueva que aparece ya a diario es la que le da poder a las personas cada vez más y más.


Es tan común ahora el Blackberry, los mensajes ya son de billones, que ya dieron forma, bueno, desde antes, un lenguaje nuevo a partir de los mensajes. La adopción de las cadenas televisoras de las imágenes que realiza el público para se transmitidas en cadena nacional.


Todo eso y más logran aplanar el mundo. Posteriormente trataré de escribir de las consecuencias de esto en otro blog.


Pero ya.



viernes, marzo 28, 2008

HAL-9000, si no existiera… Arthur C. Clarke, ya te extrañamos



La muerte de Arthur C. Clarke no me sorprendió. Al contrario, cada año que pasaba al recordar su enfermedad, consecuencias de polio, me maravillaba que siguiera vivo, de que siguiera con sus entrevistas, de que siguiera con su orgullo de haber superado el año 2001.

Eso era algo que él quería hacer con deseo y fervor, llegar al siglo XXI (fue de los primeros en recordar a lo ancho de la ignorancia humana que el siglo XXI no comenzaba en el año 2000, sino en el 2001.

Pienso que era un deseo que bien lo quería hacer desde hacía tanto tiempo, alrededor de 1966 supongo, al estar creando la película religiosa por excelencia, 2001:Una Odisea Espacial. Él quería ver que iba a pasar. Eso decía en sus entrevistas. Digo, nada pasó de un día a otro, pero esa sensación de esperar lo inesperado, que aunque nada suceda posteriormente, ¿quién te la quita?

Ya es mucho lo que se escribió sobre esta película. Aquí en Internet hay miles de artículos, notas e información al respecto.


Mejor cuento mi punto de vista.

Vimos Isaac, Jaime y yo, bueno, no sé si Isaac, pero si Jaime y yo, la película de 2001: Una Odisea Espacial en el viejo y desaparecido Cine Buñuel, que era de la Cadena Alatriste de por aquél entonces, disque de Cine de Arte, y que en realidad se hozo famosa con los años por pasar cine soft porn de media noche que como válvula de escape Monterrey necesitaba mucho por entonces, finales de los setentas.
Nadie nos había advertido de que veríamos. Fue mucho. Fue grandioso. Fue awesome, como dicen los adolescentes y jóvenes adultos gringos.

Por supuesto que sabíamos más de Arthur C. Clarke que de Stanley Kubrick. Habríamos leído alguno de sus cuentos. Creo que había leído ya el de Los Nueve Mil Milllones de Nombres de Dios en alguna antología del papá de Jaime (espléndida antología de Ciencia Ficción para esto…que creo que me quedé con ella).




Faltaba mucho por leer entonces.




Las Novelas.
Las Fuentes del Paraíso, acerca de un elevador que llevara al ser humano a las puertas del espacio, tema bastante realista.


El Fin de la Infancia. Eso, el fin de la infancia de la misma humanidad.


La Ciudad y las Estrellas. Delicada e intrínseca como reloj mecánico.






Rama. Impresionante. Multicolor. Gravitacionalmente confusa, pero sólida al por mayor.




2001: La leí muchas veces, “más ya pensaría en algo…”. No agregó mucho conocimiento extra a la experiencia religiosa de la película. Bueno, la hicieron juntos Kubrick y él y bla bla bla, y amerita un laaaargo artículo analizando cada escena, cada mirada, cada lanzamiento de quijada hacia el futuro, cada exploración espacial., cada efecto frío técnico de la película apropiado por Kubrick injustamente de su crew que realmente hizo esos efectos.

2010, Odisea 2. No me importa si secuela mala o buena, es un hilo de historia que su autor pudo dilucidar. Jupiter no sería igual de nuevo.
2061: Odisea 3. Cometas van y vienen. Monolitos que aparecen y no. Montañas de diamante en Europa, el satélite, claro.

3001: Odisea Final. Frank Poole despierta de su muerte fría no eterna.
Canciones de la Tierra Distante. Evocativo nombre de historia de tantos futuros probables del ser humano.

Luego saldría con más continuaciones de Rama, Rama II, El Jardín de Rama y Rama Revelado.

Los cuentos.

Ya mencioné el de Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios.



El libro de cuentos de Los Vientos del Sol están hipergeniales.
Ahí aparecen, entre otros, Yo te recuerdo, Babilonia. Predijo los satélites de TV con pornografía incluidos en el paquete MAX. Marque F de Frankestein. Cuento que habla de la inteligencia artificial cuando todos los circuitos se conecten cual neuronas. Cuento de los años sesenta que en los setenta saldría adaptado en un comic de Fantomas que todavía poseo por ahí llamado “El Bebé Supercomunicativo”. Encuentro con Medusa, impresionante que dio base a los seres que habitarían Júpiter y que serían representados en Cosmos de Carl Sagan.

La ciencia ficción, de la que podría hablar volúmenes, me enseñó a soñar. La ciencia ficción que escribió Arthur C. Clarke marcó límites muy superiores. Le encantaba escribir sobre religión, aunque mucha gente no lo ve así.

2001 habla de un tema de seres superiores que siembran vida en los planetas posibles. Eso es lo que hace Dios, ¿no?

El Fin de la Infancia es el ascenso de la humanidad a otro plano más allá.
La Estrella es… ¿para qué decirlo?, contaría el final, pero me conformo con escribir que es un-nadie-sabe-para-quién-trabaja cósmico-divino.

Y escribió mucho de ciencia. Ya sabemos lo que pudo ser de millonario si hubiera patentado su idea de poner satélites en órbita sincrónica frente a la Tierra. Y ahí están ahorita centenas. Tiene un libro llamado Perfiles del Futuro escrito en 1961 que todavía aguanta. Habla de una de sus leyes que dice: “Cualquier tecnología avanzada puede ser confundida con magia”. La magia, ¿ok? Tengo un amigo que no entiende como es que el teléfono conduce la voz humana. ¿O cuánta gente puede afirmar con exactitud porqué un avión Airbus 360 puede sostenerse en el aire? ¿Eso es magia? Por supuesto que no. Pero explícaselo a los aztecas, a los bosquimanos, al europeo del siglo dieciocho. Al del diecinueve.

Eso es lo que significa el progreso. Avanzar y avanzar a través de caminos inciertos. Cada paso abre posibilidades. Puertas y puertas cerradas que se van abriendo (como las que veía el pato Donald en El País de las Matemáticas).

Personas que exploran esos futuros son las que a veces escriben ciencia ficción. A otras las critican. A algunos los quemaban. Bueno, tal vez no, a lo mucho figurativamente. A muchos no les hacen caso.
Arthur C. Clarke llegó a los 90 años. Año 2008. No hubo ninguna computadora HAL- 9000 que matara al usuario. Como dijo la revista Wired en el 2001, con esa soberbia portada con una imagen del ojo de HAL mirándonos, a veces el usuario quiere matar a su computadora.

Isaac Asimov ya no está. Robert Heinlein tampoco. Philip K. Dick se fue hace mucho. Carl Sagan, te extrañamos (escribió solo una cosa de ciencia ficción, pero ya saben lo que quiero decir. Ray Bradbury anda por ahí todavía dando lata. Genial (¿Han leído el cuento de La Pradera? Ojalá puedan, primera y básicamente, la última y verdadera Realidad Virtual).

Ahora Arthur C. Clarke. Personas que nos dieron visiones de lo que nos podría o no deparar en el futuro. Personas que prevenían del futuro.

Sigue habiendo muchas tal vez, pero en esta Babilonia que más que recordarla, la vivimos, y aunque no se marque con F de Frankestein precisamente, nos inunda en la Avasallante Cacofonía de los Mundos.

Al parecer la película de Rama ya está programada por ahí.

Si es parecida a la historia y revelada tal y como fue escrita será impresionante. Pero si no hay nadie como Kubrick cerquita dirigiendo (ok, no hay nadie) o como el mismo Clarke (con ese respeto absoluto que se le tenía), la película será olvidada, lo preveo, lo prevengo (en otras palabras ahórrense la lana), de cierta manera como lo es ahora 2010: Odisea 2.

Porque sólo hubo un Stanley Kubrick. Y sólo un Isaac Asimov y un solo K. Dick, y un solo Heinlein, y un solo Sagan y un solo Bradbury (que aunque vivo, es un dios de la ciencia ficción).

Porque solo habrá un Arthur C. Clarke.

Ya estará en otra dimensión, tal vez. Una en la que no sabrá que hacer con todo su conocimiento, con todas sus visiones acerca de cómo podría ser el futuro, reflexiones sobre el progreso humano, con todos sus juicios sobre el avance de la humanidad y todo eso le dará un poder inconmensurable, tan vasto como el universo mismo, tan complejo que para nosotros será incomprensible, místico, que no sabrá por donde empezar.

Pero de seguro, él, donde esté, ya pensará en algo.

martes, marzo 18, 2008

De ideas peligrosas...


He andado por un período errático que me ha impedido escribir aquí desde hace un ratillo, espero subsanar tal error. Así que…


Leí un libro que se llama ¿Cuál es tu peligrosa idea? o What is your dangerous Idea? editado por John Brockman, que tiene como subtitulo, “Lo que los pensadores de hoy piensan sobre lo impensable”

Es un libro bastante interesante, que contiene más de 80 ideas impensables.

¿Qué es lo impensable? O más bien, ¿qué es una idea impensable? Es una que a algún sector de la sociedad se le ocurre pero que no les gusta expresar mucho por aquello de que son peligrosas.

Peligrosas en el sentido de que son políticamente incorrectas en algunos casos. Peligrosas porque hacen pensar en cosas que no son del todo convenientes.


Ideas que son atractivas, por eso, porque son peligrosas...

Por decir, existen ideas que lastiman a la sociedad. No son populares. En ocasiones son contraintuitivas. Se les considera emocional, moral y socialmente peligrosas. Políticamente incorrectas, ya dije. Las ideas de Copérnico lastimaron a la mayoría de la sociedad existente en su tiempo. Las de Darwin. Las ideas de Einstein, por ejemplo la relatividad, cuando las derivaron a la sociedad, situación que se da eventualmente de muchas maneras, nos dio la relatividad social lo cual justificó, a su obscena y absurda manera, el fascismo, el genocidio, el totalitarismo, la bomba nuclear.

En resumen las ideas que son peligrosas lo son no por ser falsas, sino porque pueden ser verdaderas.

El problema de nuestros tiempos es que los intelectuales y pensadores ya no gozan de reflectores como en los 60’s. Era muy común que un intelectual saliera opinando en alguna revista de difusión normal tal como Life, Time, Selecciones y Contenido. Jean Paul Sartre, Margaret Mead. Ezra Pound. Vladimir Nabokov.

Ahora no salimos de las celebridades adolescentes banales y triviales que por cualquier aparición desastrosa en los medios acaparan la atención mundial. Eso es lo deprimente, que es mundial. Las critican por lo mismo y al mismo tiempo les dan esa publicidad que buscan. ¿Los culpables? Todos. Ellas, los medios y la misma gente.

Pero mientras tanto las ideas siguen llegando.

Steven Pinker dice (y que tiene un reciente excelente artículo sobre moralidad que sacó en el Magazine del New York Times):

“Cuando se hace bien, la ciencia (junto con otras instituciones buscadoras de la verdad, como la historia y el periodismo) caracteriza al mundo como es, sin importar que sentimientos lastima. La ciencia en particular ha sido siempre una fuente de herejías, y hoy los avances galopantes en áreas delicadas como genética y evolución, y las ciencias del medio ambiente están arrojando inquietantes posibilidades sobre nosotros…”.

Hay muchísimas ideas interesantes que llaman la atención. No las puedo transcribir todas, mejor cómprense el libro, pero que valga como que esto existe y que son puntos de vista demasiado valiosos como para dejarse ahí.

Y un muestrario de esos temas, de los cuales visitaré después son:

Grupos de personas pueden diferir genéticamente en sus talentos y temperamentos promedio.

La Base Genética de la Conducta Humana.

Marionetas con cuerdas genéticas.

La idea peligrosa de Francis Crack.

Estar solos en el universo.

Estamos enteramente solos.

La idea de que entendemos al Plutonio.

No es correcto ni bueno saberlo todo.

El Multiverso.

La ciencia debe destruir a la religión.

El Yo como concepto intelectual.

Esto es todo lo que hay.

La ciencia nunca silenciará a Dios.



Y un gran etcétera…

Espero, como ya mencioné, agregar algo de esto, a manera de comentarios a algunas de esas ideas que son sobre todo, estimulantes, heréticas y en muchos casos, desconcertantes…
















miércoles, febrero 06, 2008

El amor prevalecerá.

Poetas, belleza, Sentir vibraciones que derriten al mismo aire. El vivo deseo de estar vivo junto con alguien en particular. En consonancia con ese alguien en particular. Sólo con ese alguien como si los 6,200 millones de personas más no existiesen. Mundos finitos e infinitos que se abren con el fluir de una canción, o de una emoción, o de un recuerdo, o de una resonancia, a través de las distancias, a través de los tiempos.

¿Lo peor de una relación? El no saber porqué. El famoso no-sé-qué. ¿Qué le miras a ese tipo? ¿Qué le miras a esa chava? La belleza genera atracción. La atracción es parte de lo obvio. Y lo obvio es lo obvio, pero lo maravilloso en ocasiones es más mágico cuando no es tan obvio.

¿De dónde sale el amor? Dicen que de una necesidad profunda de estar con alguien. De pensar en alguien. De sólo querer hablar con alguien. O de sólo querer guardar silencio con alguien. De sólo querer tocar a alguien. O de sólo querer que ese alguien te toque. Nada más. Nadie más. Si una persona más aparece en la ecuación, no es amor. Es sólo algun tipo de necesidad egoísta. Nada más.

Una mirada correcta. Una sonrisa. Un guiño. Un tono de voz. Una deferencia sin sentido, sin causa aparente.

El amor ha estado en la mente de todos. Desde el más bajo al más alto al mas rico al mas pobre. Panistas, priiestas, perredistas, ecologistas. Y a todos los que estamos en medio.

Lástima que con el paso del tiempo se esté descubriendo la razón de las cosas. Pero es muy probable que ese conocimiento se quede con un puñado de aguafiestas. Según un número reciente de la revista Time, científicos que se creen con el derecho de sólo ellos decidir que es lo que sucede en la mente de las personas enamoradas han descubierto pistas.

Y ahí están esgrimiendo razones. Amor como resultado de necesidades sociales y biológicas. Amor como resultado de cuestiones un tanto mecánicas de afianzar lazos de unión entre personas para preservar las crías resultantes. Amor como resultado evolutivo. Amor como resultado de mecanismos disparados a través de oscuros espacios entre neuronas que se complican con cuestiones hormonales que se subliman con detalles de neuronas y sinapsis.

Que si las drogas actuales que sirven como ayudas sociales o como antidepresivos se encuentran en el camino del amor. Que de cierto modo sus dosis son las que asimismo podrían ser dosificadas nuestras necesidades amorosas y de reproducción. Que no somos más que robots emocionales en potencia. Marionetas con cuerdas genéticas poseídas de sentidos de libre albedrío sólo aparente.

Esa búsqueda científica del porqué del amor. Del porqué enloquecemos. Del porqué flotamos. Porqué morimos. Porqué renacemos. Y poco a poco ellos lo sabrán. (O creerán saberlo.) Todo lo diseccionarán. Lo visual, lo auditivo, lo olfatorio, lo táctil, los procesos neuroquímicos. Las necesidades que lo hacen factible. Y las que lo hacen posible.

Y nada tiene que ver con la procreación, pero sin embargo... Y todo parece apuntar hacia más arriba... y no necesariamente divino.

Y los científicos analizaron y segurián analizando también el ritual de la primera cita y sus subsiguientes. Después de que a través de decenas de dudas, corazonadas, decepciones, esperanzas se llegue a la persona correcta... que es ahí es donde todo da lugar.

A través de máquinas oscuras de resonancia mágnetica se busca saber porque se siente tan bien el estar enamorado. A través de paneles de control misterioros se ha sabido que se realiza en lugares extraños y poco necesarios de saber por todos los demás normales y mortales, como ventrales tegmentales, en las regiones inferiores del cerebro, que es donde se deduce dónde la sensación del romance es procesada.

Lo magnificente reducido a una simple emisión de una refinería glorificada de dopamina. Pero, si la reflexión se da, descubriríamos que en eso también hay gloria.

Por raro que se escuche, la dopamina regula la recompensa, como cuando ganas en el pókar, es ahí de donde sale la señal de que te emociones. Cuando estás pensando en comer o cuando esperas un aumento de salario (todo es posible), es de ahí de donde fluye una cantidad continua de dopamina que te hace sentir el placer de la anticipación. (¿En tu mente? ¿en tu alma? ¿en tu espiritu?)

Ahí es donde esas máquinas de magnética resonancia revelan la señal inequívoca física del amor. De ahí se envía dopamina hacia las regiones superiores. Y es donde crea la motivación, la conducta encaminada a triunfar, la de conseguir objetivos. Incluso crea el extasis. La sensación de tocar el cielo. La sensación de flotar. La sensación de la eternidad.

Pero, como indican los estudios, no solo de dopamina vive el hombre. También de serotonina (sustancia que ayuda a que los neurotransmisores fluyan). Y sobre todo, de oxitocina.

Porque, mis amigos, la clave de la unión de dos bellas personas, es por la continua producción de la oxitocina de ambos. Refuerzo llama a refuerzo. Causa y consecuencia en una continua danza. Ésta oxitocina aparece en muchas partes, como por decir en el parto. La mujer en parto recibe una gran cantidad de oxitocina. El hombre que está esperando el niño de su mujer también la genera. Todo para estar unidos. La naturaleza es sabia, pero en ocasiones es más lógica. Refuerzo-llama-a-refuerzo.

Más sin embargo el amor sigue... Y sigue en las fases del pásame-el-periódico, o en la fase de porqué-no-mejor-jugamos-Monopolio. Y es porque sencillamente tenemos que adaptarnos a vivir juntos, más que por otra cosa, porque los niños y su crecimiento normal más su maduración propia así lo requieren. Y para que eso se dé se necesita amor. Causa-consecuencia-refuerzo-llama...

Y en estos tiempos de tecnología a través de sus artilugios de pantalla-teclado que impulsa más el conocer personas a través de las distancias, incluso a través de los océanos, esto no necesariamente diluye la posibilidad de encontrar a alguien que podrás amar y que estudie en tu misma escuela, o que trabaje en tu misma oficina, o que vaya a tu misma iglesia, o que viva al lado mismo de tu casa.

Todo puede pasar y hoy es el mejor momento para que pase. Aún si todo llega a ser una mezcla extraña de hormonas, feromonas, impulsos sociales, neurales, biológicos, a pesar de lo que haya en el no-se-qué catalítico posterior del cerebro, a pesar de que los científicos evolutivos descubran, a pesar de que los psicologos propongan, a pesar de lo que los tecnológos inventen, a pesar de que hayas o no producido el día de hoy tu dopamina, hoy, nadie te lo podría negar al cien, hoy puedes enamorarte.

Lástima que con el paso del tiempo se esté descubriendo la razón de las cosas.

Pero recuerda: al mismo tiempo puedes elegir en no creer esas razones.

Sólo ama. Sólo déjate amar. Ya sólo te quedaría rezar porque sea eso con quien quisiste, para toda la eternidad.

miércoles, enero 23, 2008

El amor de todos tan temido en Tajimara


La noche anterior yo había dormido por primera vez junto a ella y nos habíamos levantado juntos. Nos habíamos dormido abrazados, pero durante el sueño nos separamos y durante toda la noche apenas me daba cuenta, inconscientemente, estiraba el brazo buscándola.
Era una de esas tardes grises en las que, sin embargo, no llega a llover realmente, sino que sólo de vez en cuando caen algunas gotas gruesas y uno se queda con la sensación de que ha faltado algo o algo se ha frustrado, algo que de alguna manera nos disminuye.

Juan García Ponce, Tajimara

Tajimara es una película dirigida por Juan José Gurrola que vi hace días una tarde de domingo en el canal 22 de México y que más bien es un mediometraje y que junto con Un Alma Pura forman Los Bienamados, una película que en 1965 fue producida para estar en el Primer Concurso Experimental de Largometraje de ese entonces.

La historia es original de Juan García Ponce, también en ese entonces joven escritor mexicano de apenas 24 años.

Como toda película experimental que se respete (más si está en blanco y negro y si es mexicana y si es de los años sesenta), ésta comienza buscando a fuerzas lo inusual, en imágenes cambiantes en cuanto a enfoques y desenfoques, en el caer del agua de lluvia sobre el parabrisas, y sobre todo en mi caso, en la figura llamativa que nunca falta y que me hace perder la concentración y que puede ser un carro como el que un día le vimos a un tío cuando éramos pequeños.

Obvio que cuando cuentas historias, que pueden ser personales o que aparentan ser personales, y que intentamos que los demás piensen que no son personales, siempre tratas de encontrar tu camino creativo en base a tus fantasmas, a tus deseos, a tus fábulas, y tratas de mostrarlas o anularlas o volatizarlas en base a cuentos e historias que siempre guardaste y que dijiste que un día sacarás.

En el caso de Tajimara empieza esa historia como dos caminos temporales que se van cruzando con una bella y joven Pilar Pellicer actuando de pivote o de bisagra metafórica, estando en una escalera recargada frente a una puerta esperando por algo, o por alguien.

Perdonando el estilo de escribir esta nota de blog o artículo en particular, esa imagen (entre muchas de la mujer tomada como concepto mágico inalcanzable, o como terreno a conquistar posible, mapa tridimensional a explorar en su momento ya sea por fuera o por dentro, mejor por dentro, o como fuerza de la naturaleza incomprensible o inconcebible, fuera de nuestros sentidos), repito, esa imagen de una mujer recargada es cuando la vemos, de entre muchas, en todo su poder. Nadie puede adivinar que hay dentro de esa hermosa caballera negra, nadie y quien lo diga estará equivocado. Tal vez ni ella misma. Y nosotros, tú, él, sin jamás saber si ella obedecerá su instinto, o al tuyo, o a algo incomprensible que residirá por siempre en el misterio de lo femenino.

Siguiendo con Tajimara.

Aparece Claudio Obregón en su papel de Roberto, novio/amante/admirador/confundido que a muchos les/nos ha tocado jugar en cada uno de esos roles como si estos fueran dictados por las caras de un dado que es revuelto por cósmicas manos maliciosas.

No saber todavía cual es el rol que jugará la fortuna amorosa en ese día en particular, o el anterior, o el siguiente… Pero lo que sí sucede es el momento en que los dos amantes están vueltos en contra del otro, dándose la espalda, y el narrador (Roberto-Obregón) hablando melancólicamente de cómo se castigaban el uno al otro en esa pregunta mortal, un tanto abismal y sin respuesta de ¿por qué no fui yo su primer amante?.

Y desde esos momentos la historia de Tajimara proyecta destrucción, dolor, desolación en dos personas, separación y abismo y ella diciendo de pronto, me estoy entregando a ti por completo, no te hagas a un lado, no te lo permito, con ese tono de mujer que sabe que puede dominar, que pudiera ella hacer lo que ella quisiera con uno, que el hombre (de hecho, es su hombre en ese instante) que estuviera pensando de otra manera, se llevaría su ira con él.

Mujeres a las que habría que temer, o amar, o desear…


En el mundo de Tajimara, curiosamente aparecen antropólogos, traductores, artistas, actores, escritores, se siente que se habla dentro de un círculo especial, reservado, con cierta sensibilidad cultural que la gente normal (generalizadamente normal) no tiene… y no le interesa saber.

De pronto, sin saber porqué, aparece una pista de patinaje y se escucha a Perry Como (supongo) cantando en un altavoz atroces canciones inocuas. Muchos jóvenes deambulan por la pista. Se perciben los rituales de la adolescencia, los que existían al menos hará treinta años. Ellos allá, ellas acá y haciendo lo posible por llamar la atención, de manera sutil, o de manera hiperrídicula o sea, lo que se sigue haciendo ahora pero de manera confinada en los espacios virtuales, en la lucha por llamar esa atención diciendo, exigiendo, que los o las del sexo contrario se den cuanta, de que yo soy el indicado, de que yo soy la indicada…

Ahí en la pista de patinaje aparece un viejo actor conocido de todos, José Alonso, sólo que aquí se ve jovencito, contenido, sin aparentar ser él, quien sería uno de los actores más importantes de su generación por venir. Sería él, Guillermo, el tipo al que Cecilia querría realmente desde su adolescencia. Si no me expliqué lo suficiente claro es que estoy en lo correcto. Y es que así es el amor juvenil, inexplicable. Ya lo dice una vieja canción: “yo la amo/ y ella ama a él / y él ama a alguien más / ¡el amor apesta!”). Repítase ad nauseaum, o ad astra, lo que sea primero.

Volvemos a la recamara, donde la cama se muestra en sus funciones avasallantes de recinto sexual (¿las otras?, nacer, dormir, descansar, yacer, morir). Se mira la almohada, sus pliegues, nos hace presenciar la tragedia humana del no sentir nada.

¿A final de cuentas, la tienes, pero que es lo que tienes? ¿Qué es lo que existe? Son esas preguntas sin respuestas aparentes. Las que hacen mirar hacia el techo. Sintiendo una respiración, un aliento. En el que los pensamientos no son invadidos porque tememos que no sean para nosotros, o de nosotros, o hacia nosotros.

Entramos a Tajimara, que además de dar el nombre del mediometraje es la casa de Pixie-Julia, Pixie Hopkins, aquella mujer que en los 70’s nos aportó sus pestañas postizas y que en esa sociedad de consumo, totalmente dominada como era la mexicana de esa década, sus pestañas sexualizadas hicieron tanto furor que aún ahora se escucha de pronto esa frase, “ella traía sus pestañas Pixie”.

Y ella aparece ahí, casualmente, todavía a años de distancia de su look que la haría famosa en los eras por venir. Los que la vimos años después en su apariencia extranormal la vemos sin adorno, tal cual es. Y aparece artista junto con otro joven, Carlos, con quien vive en ese lugar taller casa donde pintan sus obras e invitan a sus amigos.

Y Roberto, o sea Obregón, nos confía, con nostalgia, como si quisiera explicarnos: en la calle había viento, afuera estaba gris, ya nada era igual.

La escena ahora es en el auto. Una mujer, Cecilia, en el carro, ella en el volante y esperando. El hombre entra y la lluvia afuera. Nadie a la vista y el universo en su totalidad, galaxias y agujeros negros, singularidades y demás, dentro del vehículo seco ya no son asunto más que para los de dentro. Pero ella dice casi con descuido, de mala gana: no quiero que pase nada, ten cuidado. Suficiente para cambiarlo todo. Él nos menciona: Lo mío y lo de Cecilia es diferente. No hay que mostrar más.

Aparece ahora una escena de tranquilidad, en es casa de ensueño y paraíso, podría ser Cuernavaca, Cuautla, que sé yo, que soy del norte, árido e ignorante, están sentados en equipales, esas maravillosas sillas tradicionales que hacen con cuero, únicas, realizando entre todos un pre-happening inconsciente, aparentando ser cool, iluminados por el beat, advenimiento preciso de lo in. Alguien le dice, al mirar una de sus pinturas, a Pixie-Julia: daría cualquier cosa por tener tu fuerza ante la pintura. Parecerían éstas obras influenciadas por las corrientes que Vicente Rojo y Gunther Gerzso pintaban por la época, figuras geométricas, planos de colores vibrantes y alegres (aún estando en blanco y negro para nosotros), audaces diseños basados en el pasado de esta tierra y de su futuro.

No tardamos en darnos cuenta que el personaje de Pixie-Julia y su pareja, Carlos, son hermanos. Y que llevan a cuestas esa situación. Tema complejo, la verdad. Pero bueno. De algo escribían en los sesentas y no era de cosas sencillas o cotidianas, no señor (o algo pasaba al respecto, el tema del otro cortometraje con el que Tajimara forma Los Bienamados, Un Alma Pura, también trata de… incesto. ¿qué pasaba en la mente de estos escritores de los sesentas?).

Obregón-Roberto cuenta de narrador al ver de nuevo la escena de él de nuevo con Cecilia, y se miran los mismos jóvenes en patines, y nos recuerda que debieron haberse casado a los quince años, y que todo hubiera salido bien.

De pronto, otro cambio temporal: aparece en Tajimara (la casa) Guillermo, el primer amor de Cecilia, o sea, el José Alonso que vimos al principio, pero otro actor, mayor, por supuesto. Cecilia, lo mira y lo saluda ahora, total e incomprensiblemente sumisa.

La indomable que ya no lo fue.

Corte a una fiesta y vemos a muchos de los actores y no actores que formaban parte de un círculo cultural de entonces, no sé si privilegiado, en donde aparece el mismo autor de la historia, Juan García Ponce, en la fiesta en la casa Tajimara, ahí vemos a la actriz Tamara Garina, al mismo Carlos Monsivais de siempre (el que sería el ajonjolí de todos los moles al pasar los años, todavía recuerdo una revista que decía en su portada: "en esta revista no escribe Carlos Monsivais"), a Beatriz Sheridan, a Lucía Guilmaín y a Juan Ferrara, hermanos también ellos, en una fiesta que tiene de todo, alcohol, representaciones y aburrición. Al final de ella, todos están exhaustos. Monsivais parece sólo mirar hacia el suelo, hacia la pared, hacia el olvido.

(Lo cual nos pone a pensar también, ¿para quién se filmaba esto? ¿Para el público en general? ¿O para ellos mismos?)

Al mirar las escenas de la humanidad en fiesta, en celebración, en descanso, en fatiga total, te pones a pensar en lo que el amor domina todo, deja tú la economía o la falta de recursos, finalmente es el amor en sus aventuras y desventuras, en los haceres y decires, en los triángulos, cuadrángulos y pentángulos que se materializan de manera perversa como hiedras venenosas alrededor de la inocencia, en forma de una mujer que se adivina desnuda porque está recién bañada y que te pide maravillosamente que le pases la toalla para secarse, sin rubor, sin pudor, sin parpadeo siquiera, haciéndolo de una manera que sea lo más natural del mundo, de su mundo, que te lo pida. Tarde gris en la que no llega a llover.

Cecilia dice, ese es el coche de Guillermo. Obregón-Roberto, responde, te quiero. Cecilia, contesta, no digas tonterías. La lluvia afuera contra el parabrisas. Y continúa, Me voy a casar con él... y si te interesa saber, no, no me he acostado con él.

Es 1965, y parece taaaan 2008.

Otra fiesta, música jazz. ¿Por qué no se escuchaba la música rock de entonces? ¿Es cierto que se escuchaba más el jazz? ¿O era otro signo sutil de esnobismo?

El hermano-amante de Pixie, Carlos, sabiendo ya el futuro próximo, aparece totalmente borracho, y se escucha otra voz: En cada crucifixión hay un buen ladrón… que se queda con la gloria.

Una boda. Es Pixie-Julia, que se casa con alguien más. “Parecía una virgen de pueblo”, alguien dice. No, no es el hermano por supuesto. La moral y la biología están, milagrosamente, contra ello. Es su novio correcto y formal, tal cual debe. Los trajes de los hombres con sus hiperdelgadas corbatas, asombrándose de verse usándolas.

Obregón-Roberto, sale solitario de la iglesia dejando el matrimonio aparentemente no consumado con cierta prisa. Atrás se quedan todos, Cecilia, Guillermo, Carlos, Julia, el Novio Amado, el Novio Amoroso. Afuera hay Renaultitos. Hay Chevrolets. La misa no ha terminado.

Obregón-Roberto sale hacia quien sabe donde.

Sólo se oye la voz. ¿Para qué hablar de todo eso?

Y sólo fueron 45 minutos. Una vez más. Es 1965, y parece taaaan 2008.

martes, enero 15, 2008

El caso de los trailers fraudulentos. O cómo va tanta gente a ver cortos de película engañosos.

El punto es, ¿de qué escribir? Habiendo tantos temas y aún así como que me encuentro no exactamente en un bloqueo pero en algo similar. Entiendo que algo como el perro del hortelano.

Esto es más bien un atiborramiento de temas diversos como por decir, de El Metro, o sea, el Sistema de Transporte Metropolitano de la ciudad de México (al que le traigo muchas ganas), o de la película de Kill Bill Vol. 1 y 2, que la he venido arrastrando por un buen tiempo, o de la película de Across the Universe, que acabo de ver no hace mas de dos semanas y que me fascinó sobre manera, o de muchos otros temas que han salido por ahí. O también puedo hablar de la novela de William Gibson de Patrón de Reconocimiento, Recognition Pattern y que acabo de leer. O tal vez pudiese ser de La Guerra y la Paz, del bueno de Tolstoi que estoy leyendo de nuevo. O de el libro de The Soul of a New Machine, de Tracy Kidder, que tiene muchas cosas fascinantes. Ya veré…

Resulta que también por cierto ya llegué a 15,000 visitantes a este blog, según un contador y según otros ya los pasé, según otros de más allá aseguran que no he llegado a tal cantidad.

Lo peor, como siempre, los detractores amigos que dicen con cierta malicia inocente disfrazada, “sí, pero, ¿cuántos te leen?” Goddamn it!

Esto de los contadores es una ciencia no exacta, ya lo he comentado pero solo son puntos de referencia finalmente. Ni los mismos proveedores de esos contadores de visita se ponen de acuerdo. Que si los hits que si no los hits, que si captan la atención o no la captan.

El punto no se va por cambiar de tema, ¿por cuál tema (precisamente) me decido?

Otra cosa peor: Me insisten estos amigos que haga artículos más pequeños. Más concisos. Que le haga como le hacen los escritores de editoriales o columnas diarias de periódicos. Leer cualquier cosa de un artículo de alguna revista o algo de un libro que estén leyendo y que lo comente. Así ellos van salvando el día.

No digo que es malo, al contrario. Da un buen sabor de boca el escribir de cualquier cosa, mientras esta valga la pena. Ya se verá si se puede o no. Ya veré si tengo el tiempo de minieditarlo, si se puede o no.

Hagamos la prueba. Total. Ni quien nos regañe, ¿verdad?

Veamos.

Aquí hay un tema. El primero.

El caso de los trailers (o cortos) fraudulentos.

Hay un cuate que me gusta mucho leer en el New York Times, que se llama David Pogue. Él escribe sobre tecnología de consumo, mas que otro tipo de tecnologías, él escribe de cámaras, de Ipods, de Smartphones, de PDAs, de compañías celulares, de tiendas, de hecho escribí sobre él y una opinión que salió hará seis meses sobre esa compañía de Slim, que ya vendió, y que daba, o da, muy mal servicio, llamada CompUSA.

Así las cosas este cuate escribió la semana pasada en su columna de Circuits, que así se llama esta, sobre el cómo se sentía defraudado por ver unos cortos que de alguna manera sobrevendían la película.

Hablaba Pogue del caso específico de esa película llamada “Tesoro Nacional: El Libro Secreto”, en la que sale Nicholas Cage, que al estilo de Indiana Jones, se pone a buscar no se qué que afecta a los Estados Unidos y al mundo, para variar.

Respecto a esta película, no la pienso ver hasta que salga en cine o en cable, dudo que valga la pena en sí, sólo como algo de entretenimiento y ya. Nada más en realidad.

Pero no sé que mosca le picó a Pogue que le dedicó toda la columna de la semana pasada a ese tema y el de esta también, con la reacción al respecto a lo que había afirmado.

El caso es que le llamó la atención hasta que punto los cortos de una película confunden a la gente. O la engañan.

Que él tenía muy claro lo que había visto en los cortos de la misma y que muchas de las escenas mostradas no aparecieron. Frases que no fueron dichas en ciertos contextos, escenas que fueron mostradas desde otros ángulos. Que por ejemplo en los cortos aparecían las pirámides de Egipto, las cuales no aparecieron en la película. Que aparecieron escenas del Lincoln Memorial con Cage en ellos, y que estos tampoco aparecieron.

El punto es que esta semana, como dije, la cosa continuó y el propio director apareció en el debate puesto en Circuits aduciendo que no es culpa de él ni de su equipo que se haya mercadeado la película de ese modo. Que lamentaba mucho que las compañías productoras de películas lo hagan y que los abogados de estas afirmasen que no pasaba nada si se llegaba a hacer eso.

Que lo que se ve en los cortos son incluso escenas desechadas que fueron utilizadas sin su total aprobación. Que eso es práctica común.


Que los estudios siguen viendo las películas como una inversión-producción-negocio que no da para que se escatime en recursos para atraer a la gente.


Que quizá ese pueda ser un problema como por decir afirmar que la película de Sweeney Todd, de Burton, se anuncie como un musical con tonos cómicos, cuando es algo más complejo, una comedia musical con tonos macabros incluso.


Que eso finalmente sí puede afectar a una película cuando se anuncia de una manera, la gente va a al estreno y descubre que no es como se las pintaron y de ahí se va todo al desastre fruto del boca en boca, que se dirá lo que se diga en estos tiempos, pero que es poderosísimo.

En fin.


Esta costumbrita ha sido de toda la vida y siempre ha puesto el dedo en la llaga: ¿Cuántas películas se hubieran preferido evitar de ver si nos hubieran dejado los verdaderos cortos, es decir, verdaderas escenas en la película?

Los cortos o trailers sirven para seducir, para captar la atención, para lograr convencernos que es necesarísimo para nuestras vidas el ver determinada película. Es una de las principales herramientas de mercadotecnia de una película, otra son los posters en los cines y los panorámicos y en las paradas de autobuses.

Estos cortos duran muy poco, por algo le llamábamos así desde que supimos que era el cine al principio de nuestra infancia.

A mí me pasó en una película llamada Un Loco Amor, o Fool for Love, de hace como veinte años, en donde salía el conocido dramaturgo Sam Shepard, y la bellísima Kim Basinger, a través de lo que percibí en esos cortos, la imaginé como una comedia.

Y me preparé para ver eso, una comedia. ¿Por qué? Porque la escena principal del corto era cómica, divertida, simpática.

La película es un drama de dos ex amantes traicionados. No digo que era mala, pero como que te preparas a ver una película que es comedia y luego resulta que es cualquier otra cosa que comedia, pues ya estabas en ese predisposition mode. Aún así, la película de Loco Amor, de lo único que me acuerdo es de esa escena cómica.

Recuerdo por otra parte en la vida de los cortos, por decir los mismos de Star Wars, impresionantes. Recuerdo también los cortos de Independence Day, Impactantes . Los de Godzilla. Los del nuevo proyecto de estos cuates de un monstruo estilo Godzilla que se llama Cloverfield, eso parece y que los cortos también son asombrosos.


O la idea que te sugieren los cortos. Y hay tantos y tantos ejemplos.

Pero ha de ser como las portadas de Playboy o como Cosmopolitan, que como es creído ampliamente o sabido por intuición, las chicas de la portada, aún y que son guapérrimas, todavía encima se les hace una mini, pero muy significativa miniliposucción digital.

A final de cuentas la onda es vender, total, ni quien se queje.

Así que, aguas (como decimos en México) con que se piense que los cortos lo son todo. Con los que creen que la última película de Burton, Sweeney Todd “sólo es un musical”.

Nada más para añadir algo en este asunto que ya dio para dos cuartillas: La mamá de un amigo, muy religiosa ella, llevó a sus hijos a ver una película de tema religioso.

La película se llamaba Apocalipsis Ahora.

Sin palabras.

sábado, enero 05, 2008

1968: 40 años Después, Bienvenidos a la Fiesta






La idea es que ya es 2008. Y 2008 está muy dentro del futuro en lo que pensábamos todos.

Pero como ya empezaron a salir los artículos y ensayos acerca del pasado y de ese año mítico de esa década mítica: 1968 y los sesentas respectivamente haré mi contribución.

Y es que cuarenta años son cuarenta años. Son una generación y media por aquello de que las generaciones pueden ser consideradas de entre 25 y 30 años. También puede ese período tomarse como cuatro décadas de la vida de alguien.

Y sí, un año más otro año más otro año más otro año son ya una olimpiada. Aquí en este caso de 1968-2008 hablamos de diez Olimpiadas: México (6 años tenía yo), Munich (10 años), Montreal (14 años), Moscú (18 años), Los Ángeles (22 años), Seúl (26 años), Barcelona (30 años), Atlanta (34 años), Sydney (38 años), Atenas (42 años), diez y con Beijing serían once Olimpiadas (y yo ya tendré 46, uff).

Y muchas personas de mi edad bien pueden acordarse de cada una y de saber que pasó de importante en cada evento. ¿Mis preferencias? México 1968 por razones de tradición, Montreal 1976 por razones de Nadia Comaneci, Barcelona 1992 por razones de de de de, no sé con exactitud, pero en general se me hicieron las mejores. ¿Las peores? Las de Los Ángeles 1984 y las de Moscú 1988 por razones políticas. Las de Munich 1972 por razones de terrorismo no cuentan por que me pasé ese verano en un rancho de mi abuelo que ni a luz llegaba y que por lo mismo me pasaron de noche.

Así las cosas ese año de 1968.

Van a escribirse muchas cosas de entonces desde muchos ángulos. Ya empezaron a hacerlo. Ya empecé a hacerlo también cuando conmemoré lo de Tlatelolco en este octubre reciente. Esas cosas así se dan. Cuando se cumplen lustros y decenios de algún suceso ponen a todo mundo a rememorar, a cuestionar, a celebrar, a examinar las causas y las consecuencias de los hechos y los acontecimientos de entonces.

Nada pasó significativo en 1468, ni en 1568, o en 1668 o en 1768, menos en 1868. Pero en 1968, pasó todo lo que no había pasado en eras.

Sigo analizando esa adoración por la época de los sesentas. La adoración de muchos y la adoración de mi parte. No creo que tenga que ver algo con un egocentrismo, tipo “mi época fue mejor que la de ustedes”. Es decir, nadie sabe en cómo su época será tratada en el futuro. Podría ser que estamos a la mitad de una edad de oro, o podría ser también al contrario, que estamos en el principio de la decadencia total, deleznable y terrible.

Y de esos años, 1960 (todavía no nacía y en la práctica es el comienzo de la década aunque es incorrecto), 1961, 1962 (nací), 1963, 1964 (s Beatles irrumpieron con toda su fuerza), 1965, 1966, 1967 (los Beatles en su peak creativo), 1968 (mil cosas como ya veremos a continuación), 1969 (“la conquista” de la Luna), 1970 (con su célebre campeonato mundial de Fútbol en México) sólo sobresale 1968 con fuerza.

Y lógicamente todo mundo se puede situar en esa época y decir, bueno, ¿y qué?, ¿qué pasaba entonces?, porque, con todo lo que México vivía en ese entonces, una especie de quietud optimista dominada políticamente internamente y con muy relativamente pocas cosas que ver su gente con el mundo exterior, fuera de los ámbitos culturales como cine o literatura, y sus expresiones afines así, por eso la pregunta ¿que tendría que ver la efervescencia mundial con México?

Por eso…

Si comparamos el México de enero de 1968 con el de diciembre de 1968, no podremos verlo con los mismos ojos.

O si comparamos a la Francia de enero de ese año con el de diciembre de ese año, igual.

O si más de lo mismo, si comparamos a los Estados Unidos de ese mes y año con el de su respectivo diciembre, más todavía.

No podemos dejar de pensar que esos sí son meses de impacto en la vida de la gente, comparables solo con los que sufrió Alemania en 1989 y con los de Sudáfrica en 1993, o con los de China también en 1989, o con los de Estados Unidos en 2001.

Para bien o para mal.

Cultural, económico, político, social, muchos fueron los ámbitos que fueron estremecidos. En el caso de 1968 no fueron tanto económicos, como sociales o políticos. Predominantemente políticos.

Así es cuando suceden los cambios en la vida de las personas. Es cuando te pegan más. Política maneja economía, economía maneja confianza, confianza maneja vida, ergo, política maneja vida. Lo quieras o no. Más en países inmaduros como los nuestros. Como el nuestro. Como el mío.

Y bien, también hubo cambios en 1988 en México. Y unos dicen que en 2000, o que en 2006. Pero ahí si vivimos igual relativamente. Mismas perspectivas, mismas percepciones en lo que sucedía.

Más cambió en el ánimo de la gente en 1994. En enero con el levantamiento de Marcos en Chiapas, marzo con la muerte de Colosio, septiembre con la muerte de Ruiz Massieu, terminando ese aciago año con la devaluación tremenda del peso a causa del Error de Diciembre, precisamente.

Pero nada en la historia mundial como 1968. Igual que ahora, una guerra, en aquél caso la de Vietnam. Pero a diferencia de entonces, los norteamericanos parecían estarla ganando. Y que se deja venir la Ofensiva del Tet, o sea, del año Lunar Chino. Les pegaron los del Norte a los gringos hasta por debajo de la lengua. Los mismos comentaristas, como el célebre y totalmente confiable de Walter Cronkite, lo decían: “Creíamos que estábamos ganando”. ¿Cómo que esos chinooks vestidos de pijama negra con chanclas le estuvieran dando batalla al mejor ejército de la Historia?

Un inepto gobierno demócrata, el de Johnson, en los Estados Unidos, que dejó la herencia de la grandeza y la impresionante altura de miras de un John F. Kennedy, hecha garras. Con razón se retiró de la contienda. Nunca entendió nada.

La muerte de Martin Luther King y la del hermano de John, Robert, extrañas y sólo vino a acentuar que realmente algo muy serio estaba pasando, algo nunca visto en la imaginación popular. Los diablos estaban sueltos.

En Estados Unidos se vio que las cosas estaban cambiando de manera impredecible. Tan impredecible que entonces no se sabía que se podía ganar a un demócrata. El fatídico e inteligentísimo a pesar de su natural ineptitud, Richard Nixon lo comprobaría muy bien.

(Una terrible ironía del destino es que el Programa Espacial que llevaría al hombre a la Luna, lo que comenzó con uno de los más impactantes discursos de la historia mirando al progreso, el de Kennedy de 1961, y que fue llevado por los demócratas durante ocho años, fue coronado por el señor Nixon, como lo atestigua una solitaria placa metálica soldada a una de las patas del módulo lunar que está ahora mismo en el Mar de la Tranquilidad, donde aparece la firma de este tipo con la frase “venimos en paz en nombre de toda la humanidad).

¿Consideraría a los Norvietnamitas como marcianos o algo así?

Si las cosas hubieran ido como hubieran debido, tal vez ese Kennedy, Robert, hubiera llegado al poder, otra era de idealismo se hubiera alcanzado y quizá sólo quizá todo hubiera cambiado. No hubiera habido Watergate, el manejo con los árabes hubiera sido distinto, no hubiera habido Iran, o Reagan, u Osamas o Saddams, el quizá imperio de la racionalidad o del sentido común. Digo, con todos sus asegures, hasta los más efectivos en el gobierno y con las mejores intenciones se empantanan, política es política. Ahí en Estados Unidos, y en todas partes.

Naive, ingenuo, que es uno.

Pero lees ahora lo que decía Robert entonces y te impresiona. Vaya que sí.

Pero con la perspectiva de la historia y con el algo de experiencia que tenemos ahora, es como con Benazir Bhutto, las mejores intenciones, ahora que murió como mártir se le idolizará (a mí me encantaba la señora, pero cómo no vio que estaba muy en peligro, caramba) y como con Luis Donaldo Colosio cuando murió, todo mundo se quería identificar con su legado por más evanescente que este era.

El mayo francés, del 1968, como se le vino a conocer, que principió de manera tímida, en Alemania y que llevó detonantes inimaginables en la cultura y la sociedad.

Las frases inmortales de Prohibido Prohibir, y la de La Imaginación al Poder, vienen de ahí.

Llenas de sueños, idealistas, llenas de verdad tal vez, pero finalmente ingenuas que nos parecen ahora, si contamos los hechos a corto plazo de entonces, porque no cambiaron nada.

Pero que a largo plazo algo quizá sí hicieron, porque crearon explosiones de resonancia de alcances nunca vistos.

El mayo francés de 1968 vino a estremecer los cimientos de la sociedad francesa. Hubo un momento en que hubo 10 millones de franceses en huelga, como nunca se había visto antes en esta era industrial. Y no hubo muertos por violencia, en caso dado.

Y bueno, en ese sentido los franceses, como muchos en el mundo, no se miden. Ahí está por decir lo que sucedió en la Argelia, colonia francesa, no más de 10 años antes precisamente.

Finalmente su presidente cayó, el gran Charles de Gaulle, y que vino a ser substituido por su heredero Georges Pompidou, que en la suma de las cosas, nadie lo recordaría a no ser por lo de un Centro Cultural impresionantemente moderno, que lleva su nombre. Fuera de ahí, a mí, que soy mexicano, no me trae ningún recuerdo de absolutamente nada.

Y así llegamos una vez más al México de entonces. Del que yo mismo ya he hablado mucho. Del que ya incluso escribí una novela. Del que a partir de los eventos de un verano y parte de otoño tuvo sus repercusiones de otro tipo.

Un Secretario de Gobierno de por entonces que todavía vive, al que lo han acusado de todo, incluso equivocadamente de genocidio, tema que por más apasionamiento que se tenga fue un gran error porque se zafó así como pescado enjabonado.

Sencillito.

Un país que fue otro porque ese Secretario de entonces, un verdadero zorro, aprovechando sus propias habilidades, su omnipotencia total como de gobernante de un país como el nuestro en el que la obediencia al de arriba está por encima de todo. Y digo bien, obediencia, jamás lealtad. Temor, terror, sumisión al poder. Mientras se tenga el poder absoluto se goza ese poder y este jamás se comparte.

Así las cosas, ese Secretario junto con sus ideas disparatadas formó la idea de un país alejado de la receta económica que al menos le había dado ventajas en lo económico, al menos algo, cuando no sociales o políticas. Y nos desbocó en una crisis de la que nunca hemos salido realmente.

Matanzas, Juegos Olímpicos, manifestaciones, invasiones, violencia, cambios, libres expresiones, protagonismos, crímenes encubiertos, delirios de libertad, expresiones de nuevas sensaciones que se adentraban en nuevos territorios, imágenes, colores, atmósferas, descubrimientos, exploraciones, todo eso, fue lo que pasó en 1968.

Y en silencio, de manera sigilosa, nos cambió y marcó para siempre.

Que este artículo sirva para mostrar que 1968, cuarenta años atrás, aún y que no fue el comienzo de una nueva era, al menos sí tiene las características de esos característicos y hasta cierto punto banales parteaguas que modifican aún así de manera substancial, hasta el mero hueso, nuestras mismas características nacionales.

Características de nuestra nación, y de otras muchas naciones.

Seguiremos informando.

Nos falta la cultura, la moda, la música, y mil cosas que ahorita, ni me acuerdo.

Va.