Si lo tuyo es colaborar --- > Buy Me a Coffee

miércoles, agosto 08, 2007

Sobre Stephen King, revisión de sus novelas y Celular.

Más genio de la oscuridad que el mismo Ozzy Osbourne, Stephen King conoce su estilo, conoce su material, y lo más impresionante de todo es que conoce perfectamente a sus lectores.

Stephen King siempre se me hizo un escritor que va directamente por ti a cazarte en tus sueños y pesadillas. Siempre es alguien que se ha distinguido por exponerte la realidad prosaica y cotidiana y de pronto en un segundo, le da un doblez inesperado y te la coloca enfrente pretendiéndote ahorcar con ella.

Me sigue agradando mucho Stephen King. He leído sus editoriales en el Entertainment Weekly sobre cultura popular y se me hace muy lucido. Se me hace muy yo. En el término de familiaridad es como muy nuestro. Habla mi lenguaje y eso que soy mexicano, 44 años, de origen católico, etcétera. Es muy tendiente a universal, ¿está claro?

O común y corriente, dirían otros.

Y he leído magnificas novelas de él. Insólito Esplendor, la primera, creo. Ese fue su título originalmente de The Shining, más llamada El Resplandor desde la película de Stanley Kubrick. Recuerdo que mi tía me dijo que en la noche, muy ya de madrugada, tenía que detenerse a rezar de lo impresionantemente diabólicas escenas que ese libro traía (o trae, claro). Yo leí ese y recuerdo su particular estilo de colocar texto fuera del párrafo

(porque porque porque porque)

que de alguna manera daba cierto conocimiento, presencia de pensamientos, ráfagas extraídas de diálogo perdidas en alguna parte del subconsciente del protagonista o del villano. Insólito Esplendor me llevó sin problemas hacia ese hotel maldito a pasar varias noches acompañado de personajes malditos.

Inevitablemente sabemos que eso no puede existir. Por más que se diga de leyendas y folklore, sabemos que los hoteles no están malditos. Él mismo lo afirma en algún texto de esos que tal vez sean tan sabrosos de leer que mucha de su prosa en sí. Pero el genio de un escritor como Stephen King es que es tan hábil en el truco de magia que hace con sus propias manos delante de tus propios ojos

(él sabe lo que hace siempre lo ha sabido él sabe lo que hace siempre lo ha sabido)

que no puedes evitarlo, te hace el truco y le crees. Crees algo y de pronto totalmente descubres que suspendiste tu incredulidad. Clave de todo esto es el make believe. ¿Si están familiarizados con ello, no? La suspensión de la incredulidad. A partir de la página uno tiendes a creer lo que el escritor hace, describe, estimula y reacciona.

Con los años leí más cosas de él: Carrie, Salem’s Lot, o La Noche del Vampiro (llena de clichés vampirescos, pero genial a fin de cuentas), luego la colección de cuentos de El Umbral de la Noche o Night Shift, La Zona Muerta o Dead Zone (genial, una de mis favoritas), Ojos de Fuego o Firestarter (fascinante, durante su lectura hasta aprendí a decir bien la letra erre), Christine (so-so). Danse Macabre (colección de ensayos sobre literatura y cine y demás sobre espantos y cosas que te dan terror y que nunca lo he visto en español), La Danza de la Muerte o The Stand (esta está descrita más abajo). Cujo (la del Perro San Bernardo rabioso con su final un tanto…), Pet Sematary o Cementerio de Mascotas (más aterradora con el paso del tiempo, sobre todo si tienes hijos, cuando la leí todavía no tenía los míos y ya no la podría leer, sólo basta recordarla). Las Cuatro Estaciones o Four Seasons, que no son más que cuatro noveletas: Alumno Aventajado (me gustó con todo lo viciosa que es), El Cuerpo (de la que hicieron la película de Stand by Me), Rita Hayworth y La Redención de Shawsank (cuya película y por raro que parezca a mucha gente le fascina como lo puede atestiguar el site de
http://www.imdb.com/chart/top con su lista de 250 películas más populares en Internet y que misteriosamente quedó en el ¡número dos!), y la última de las cuatro que no recuerdo su nombre que tiene que ver con una mujer embarazada y su método de respiración (¿se llamaría así?), o sea, textos que son más largos que cuentos y más cortos que novelas, y después de eso uno ya empieza a perderle la vista. Por decir, no conozco nada, pero nada, de The Dark Tower, que por cierto abarca varios libros y que al parecer acaba de terminar y que me dicen que está super...

Con el correr del tiempo nos enteramos también que escribió novelas con otro nombre, Richard Bachman, debida a su excelentísima prolificidad (¿así se dice?) (de la cual sólo leí Thinner, o ¿cómo se llama en español? Ah, sí, Maleficio), cuestión totalmente envidiada por muchos escritores. Luego siguió con más novelas como por ejemplo La Mitad Obscura o The Dark Half, la cual me leí en cuatro idas a un supermercado de compras con mi esposa, mientras yo manejaba el carrito (o sea, la parte más fundamental e importante de ir de compras a un supermercado) y antes de eso recuerdo que Stephen King trabajó con Peter Straub, otro escritor de terror (escribió Fantasmas, genial) en El Talismán. Y creo que cerré ese ciclo de mi existencia respecto a Stephen King, con It, una genialidad en sí misma, larguísima novela, hábilmente contada en dos tiempos, descubriendo detalles de ambos de manera que nunca te enteras de lo que sucede en el pasado sino cuando él lo desea, lamentablemente con un pésimo final (cuestión de la que sí adolece nuestro escritor, malos finales en la mayoría, detalle que no lo hace menos, supongo).

En televisión dieron muchas cosas de él: Tommyknockers, Langoliers, su propia producción de The Shining o sea, la revancha de King contra Stanley Kubrick, últimamente dieron por cable Kingdom Hospital, y también me tocó ver la película de Johnny Depp de La Ventana Secreta de al parecer un cuento desde mi punto de vista demasiado predecible. Ah, y acaban de estrenar 1408, una película con John Cussack que tiene algo parecido, por lo menos a lo que Hotel se refiere al Overlook, el que salió en El Resplandor.

O sea, nada muy muy muy memorable últimamente. Quizá Rebecca de Mornay en The Shining, sólo estéticamente mejor, para mí, que Shelley Duval.

Nunca leí Misery, ni Dreamcatcher, ni La Tormenta del Siglo ni El Corazón de Atlantis o Dolores Clairborne, o Needful Things, o Nigthmares and Dreamscapes o Buick 8 ni muchas más que siguieron. No me llamaron la atención de ninguna manera.

Pero luego leí Un Saco de Huesos, o sea, Bag of Bones. Y dije, woow, qué excelente trabajo. No era este el horror por el horror, ni era el efecto por el efecto, era la búsqueda de lo que realmente hay en su corazón, de cuando un ser perfectamente normal en un mundo perfectamente normal (lo que quiera decir eso) se encuentra con seres ultraterrenos, con lo que no existe, con lo que es imposible de que exista venga a este mundo (sí, este, el de levantarse en las mañanas, el de comer huevitos con tortillitas, el de sufrir el tráfico, a tu jefe y a tus gobernantes, el de leer las noticias, el de reírte de Seinfeld, el de asombrarte con Lost) declarando que la maldad por maldad positivamente (o negativamente, claro) de fuera de este mundo sí existe en lo ordinario y tú, o peor aún, tú familia, la va a pagar y de manera muuuuuuy mala.

El punto del terror que invoca, provoca y convoca Stephen King es la naturalidad con la que la realidad fantástica (esto último es un oxymoron, o sea, una recontradicción en esencia) que nos proyecta en nuestras mentes e imaginaciones, está siempre a nuestro alcance, una realidad totalmente retorcida de maneras espantosas, que se regodea haciéndonos recordar nuestros temores infantiles: por un lado de los espantos y cocos y viejos que vendrían a hacernos daño; y por el otro nuestros temores más maduros: por supuesto el temor a la muerte, o el de la muerte de nuestros seres queridos, y también por supuesto a la manera misma de morir, llámese de enfermedad crónica o adquirida o genética (sea de cáncer, de ántrax, de ébola, de bacteria necrótica, de pandemia de SARS), o en un terreno de más violencia próxima desenfocada, llámese a manos de locos sueltos en la calle que la aleatoriedad cotidiana nos pondrá enfrente en cualquier bonito y brillante día, o, si se quiere, llámese morir en manos de objetos comunes que de pronto adquieren autonomía y cierta consciencia y que esos objetos llámese automóviles, sean estos planchadoras de vapor, camiones, y mil objetos inanimados más

(eso no se estaba moviendo y ahora se mueve no se movía y se mueve)

que, curiosamente, en lugar de maravillarse y vanagloriarse de la recién adquirida razón, les ocurren deseos acelerados de destruirnos a nosotros, seres humanos inmersos en los dramas ahora compartidos de significancia leve a excepción de nosotros mismos.


En el caso de Un Saco de Huesos, aunque hay fantasmas y formas de comunicarse con seres del más allá con nosotros, en este caso con los imancitos de letras de colores que se pegan a un refrigerador, no es una novela tan sencilla de asimilar a como muchos bestsellers nos tienen acostumbrados.

Porque han de saber que Stephen King es firme creyente de la camisa hawaiana, es decir, mencionar algo a mitad de la novela, un snippett aparentemente inocuo de información regalado de manera somera que a la larga toma mucha influencia en el desenlace de la misma (lo mismo hacía Irving Wallace en sus kilométricas novelas de entonces, especialmente en La Palabra y El Documento R).

Este punto de entender eso no es que te haga revisar dentro de todo el texto el punto preciso de cuando llega la camisa hawaiana (se llama así porque alguien en una parte del texto dice por ejemplo:“Ah, no te había contado de esta, mi camisa hawaiana de la suerte, cuando la uso todo está bien, me da mucha confianza en mí mismo y me otorga cierto poder de salir de las dificultades…”, y cuando surgen la persecución de los monstruos y hombres lobo, el protagonista se pone a buscar frenéticamente en su guardarropa

(la tenía aquí donde está maldita sea)

mientras los dientes y fauces babeantes del terrible ser sin entrañas están afanosamente en busca de su cuello…) pero sí te da una idea de lo formulaico que un escritor puede llegar a ser.

Y es entonces cuando Stephen King se pone más interesante, cuando no es predecible y no cae en esa consabida receta. O bueno, puede que también se lo perdonemos porque finalmente no le exigimos más a este prolífico escritor.

Así las cosas y ahora que lo pienso, antes de hablar de Celular o como se haya llamado en español, deberé de mencionar algo de las demás novelas, ¿no? ¿O dejaré algo para después? O las compararé con el mismo Celular, sí, mejor, eso haré.

Celular es una novela que es como un divertimento de parte de Stephen King. Es como una especie de Danza de la Muerte o The Stand alternativa que en lugar de una pandemia terrible que azota a la humanidad y la disminuye en un 99%, es un pulso electromagnético o algo así que explota a través de las mentes que tuvieron la mala suerte de hablar por su celular en el momento del pulso y a los que hablaron después.

Mientras algunos críticos ven a un King que regresa a la excelencia en cuanto a escribir se refiere (después de su accidente en el que lo atropellaron y es que, díganme, que otra persona de tal notoriedad ha sido atropellada en los últimos cincuenta años, yo no me acuerdo), yo la vi como si fuera eso, un divertimento algo insatisfactorio en el que King vuelve a visitar sus paisajes queridos, esto es, las calles de una gran ciudad abandonada, llena de muertos, con los pocos sobrevivientes en pie de lucha unos con otros. Y como ya mencioné Celular (o Cell) tiene más puntos de similitud con La Danza de la Muerte (cuyo título siempre se me hizo un excelente nombre más que el ambiguo The Stand en inglés, que quiere decir algo así como La Batalla, pero en un término más amplio, como La Cruzada o El Conflicto, pero así de proporciones magnas, algo como entre el Bien y el Mal, ni más ni menos) que con alguna otra.

La Danza de la Muerte pertenece a unos veinticinco años en el pasado y se le considera la obra maestra de Stephen, situación que a éste le perturba respecto a que no se le considera así a su trabajo posterior a 1981, y que desde entonces han pasado veintiséis años, después de todo. Es impresionante en cuanto a recursos de imágenes que usa, teniendo como lienzo a todos los Estados Unidos concentrándose en sus paisajes, carreteras y pueblitos, y en cuanto a cuadro de actores, por decirles así, utilizando como base a un cuadro diverso de lo más variado y diferente de la sociedad norteamericana.

Su conflicto se basa en la premisa de que en un laboratorio militar ultrasecreto en problemas en Nuevo México, o un lugar así, se escapa un personal contagiado con una cepa ultrainfecciosa de supergripa, a pesar de todos los candados y barreras de seguridad habidas y por haber, y que en plena posesión de sus facultades y debilidades humanas huye con su familia hacia Texas contaminando a todos con quien se atraviese en el camino hasta que ellos mueren. Pero ya se imaginan, cada persona contaminada de inmediato contamina a los demás en la misma proporción y tasa de contagio

(eso no puede pasar jamás ellos saben lo que hacen siempre lo han sabido)

y así avanza hacia todo el mundo. Lindo cuadro, ¿no? Por fortuna, en la historia hay personas que son inmunes y son las que plantean el drama (en el caso de que nadie hubiera resistido la famosa supergripa no hubiera habido drama que contar, punto clave de lo que es la esencia de una narración).

Aún y que La Danza de la Muerte es fascinante, una de sus debilidades es haber planteado un conflicto básico maniqueico entre el Bien y el Mal, como si fuera de una vez, ante la muerte de casi toda la humanidad, dividir a todo mundo en cuanto a la izquierda y la derecha. No hay en medios.

La Danza de la Muerte cuenta con un villano impresionante, Randall Flagg, el Hombre Oscuro que es también muy atractivo aún y que evidentemente es el tipo diabólico, énfasis en esto último por supuesto. Y hay otros personajes por ahí inolvidables, especialmente el que es también de cierta manera formidable: el Basurero, con su sorprendente habilidad para la mecánica. La última escena con él es de las mejores del libro. Totalmente nuclear.

Ahora, Celular. Es la misma circunstancia de la destrucción del mundo como lo conocemos y también producto colateral e inesperado de la tecnología. El mundo ahora es veintiséis años después de La Danza, pero el resultado también es similar: muchos muertos, pocos sobrevivientes, también hay un Conflicto, y claro, hay una desesperanza total acerca del futuro. La reflexión básica es la misma compartida por muchos desde que se escribió Frankestein de Mary Shelley en los principios del mil ochocientos: ¿No seremos demasiado listos para nuestro propio bien?

En este caso es el ubicuo celular el que altera la ya desequilibrada existencia humana. No sé si Stephen King quiso realizar un relato de prevención, o uno de sátira acerca de las debilidades humanas en cuanto a necesidad de comunicación se refiere, pero evidentemente utiliza el celular como el elemento común a través del cual el ser humano cae al infierno.

King dice más de decenas de veces y de formas distintas lo mismo: necesitamos demasiado esos artilugios, quizá demasiado es sólo una figura de lenguaje en la que se queda corto.

Aquí surge la caricatura de The Stand, en lugar de colocar a buenos contra malos, pone a personas que recibieron el Pulso contra los que no. Los que lo recibieron les fue borrado el por decirle así, boot system de sus cerebros.

El uso incluso de la metáfora por la cual a muchos millones de personas les es familiar, es decir, el programa básico ya preinstalado con el cual las computadoras al encender ejecutan de manera básica, cuentan la memoria, se dan cuenta de que discos tienen, para de ahí obedecer instrucciones automáticas dirigidas a cargar el Sistema Operativo de su preferencia, es también muestra de que King sigue con la misma recurrencia de utilizar artilugios que nos son familiares,

(sería tan fácil meterle un zumbido de ultrafrecuencia al celular y después)

por más misteriosos que sean en sí en cuanto a sus principios de operación, porque estoy seguro que mucha gente ignora como funciona un celular pero eso no importa finalmente, el celular es utilizado de mil maneras y nadie necesita un curso técnico de cómo las frecuencias de transmisión son utilizadas o de cómo los esquemas de seguridad son instalados, es más, ni siquiera como las tarjetas de pago en sí les permiten seguir a sus usuarios comunicándose, sólo saben que escriben con su tecladito mensajes de todo tipo ad nauseaum.

Y una vez más esas metáforas sencillas que flotan en el inconsciente colectivo de sus lectores es la que hace efectiva la transmisión de las emociones del escritor hacia ellos. Las personas que recibieron el Pulso y que ya se quedaron sin su boot system original se vuelven salvajes y violentas, como si nunca hubiera existido la naturaleza humana que nos es tan familiar.

Pero comienza la magia de Stephen King y no me refiero a magia en el sentido de positivo de admiración, podríamos hablar más bien aquí de la brujería de King con todos sus conjuros, como es el caso del desarrollo de entre los seres desconectados de conciencia que de pronto la adquieren de nuevo pero en esta ocasión de forma colectiva.

Es aquí donde la novela se pierde y cae en la presentación de trucos de brujería como telepatía, sueños exactamente iguales compartidos entre muchos, incluso apariciones de levitación lo cual funciona a medias (la imagen de la escena en este caso resultó incluso graciosa, o sea, un efecto contrario en cualquier novela de terror que se respete) como algo extraordinario en un mundo presentado lleno básicamente de sucesos fuera de lo ordinario.

Ya una vez leí, hace muchos años, una crítica de la revista Time respecto a La Mitad Obscura o The Dark Half en la que se decía de él, que si la violencia que rezumaba esa novela fuera sexo, sería totalmente pornográfica. El caso de Celular es el mismo. La violencia se aparece de mil maneras, muchas incluso grotescas y sus descripciones no dejan nada a la imaginación, lo cual desde mi punto de vista, haber aceptado entrar en un mundo infestado por zombies (que mucho le agradece a El Despertar de los Muertos) ya se percibe que la vida para los que no lo son, no será tan sencilla.

Al final es obvio que hay varias insatisfacciones, a la novela sólo la salva el punto de que te identificas con ese personaje que se parece tanto a ti, con tus dudas, angustias e incertidumbres, que está en su propia búsqueda vital y que esperas fervientemente que encuentre eso que tanto necesita.

Una vez más no hay que confundir magia con brujería ni extraordinario con maravilloso, es solamente la manifestación de los poderes de Stephen King (que los tiene y le sobran) como escritor de terror o de suspenso, que se podría responder que sí, que mantiene sus dotes de narrador, pero en cuanto a su imaginación también es cierto e inevitable tener que aceptar, que no ha podido superar La Danza de la Muerte, y como muchos otros, esa novela tan admirada, por más superior que la tengan los fanáticos de Stephen King es asimismo un límite, por más, repito, alto que este esté.

(en este punto sé que los lectores querrán que mi cerebro será devorado si no lo impido si no lo imp-)

martes, agosto 07, 2007

Antonioni en las alturas, Parte II: Blow Up, un vistazo, cuarenta años después.



Pero no sólo en los sesentas L’Avventura encuadró Michelangelo Antonioni esa búsqueda existencial del ser humano en su derredor además de dentro de su propio ser interior absoluto, en ocasiones no encontrando a nadie (mismo camino que siguió Ingmar Bergman, búsqueda perpetua que sucedía en los sesentas, y que en las cuatro décadas siguientes ha estado ausente en la inmensa mayoría de lo que es el cine), Blow Up hizo también algo más al respecto.

Según la revista Time, tal vez Bergman le dio más significado y profundidad al cine, pero que es Antonioni quien tuvo más influencia en los cineastas. Bergman, sin menospreciarlo jamás, les dio límites en el abismo interior y exterior de la existencia. Antonioni les dio permiso de hacer cosas más adultas, le quitó lo puritano a Hollywood. Le dio universalidad de temas. Y así fue el cine occidental, adulto en temas y tratamientos hasta que llegó, lástima, los Spielberg y los Lucas que hicieron del cine juguetes de acción para beneplácito de todos nosotros adolescentes.

El cine de Antonioni fue hecho no para ser actuado en forma de teatro filmado, sino para ser admirado como en una pintura, cambiando los tiempos, alterando los ritmos.

¿Qué fue primero? ¿Londres en los Sesentas o los Sesentas en Londres o los Sesentas y luego Londres?

Primero veamos los Sesentas.

De alguna extraña manera la consciencia de una sociedad envuelta en las primeras posibilidades de adquisición de productos de consumo que la tecnología podría entregar daba los primeros visos de lo que vino a conocerse como “el cambio”.

Los transistores, las nuevas telas, el nuevo mundo que ya dejaba por fin atrás los temibles años típicamente ingleses de los cincuentas con sus oscuras razones en lo que a prolongados racionamientos provenientes de los años de la guerra se refiere, dio lugar a una explosión de luz que dio por iluminar los más hasta entonces comunes y sin distinción barrios londinenses.

La posibilidad de consumir era algo tan nuevo que nadie se acostumbraba. Puede que todo parezca estar junto:

El ascenso de la música del Rhythm and Blues, junto con Los Beatles también subiendo inesperadamente como la espuma (y provocando que los conocedores se hicieran la pregunta más clave al respecto de los Fab Four: ¿Porqué ellos? De entre todos, ¿porqué ellos?), las nuevas opciones de rebeldía, la confluencia de la sociedad de consumo y su apremiante necesidad de vender más debido a que las fábricas por fin ya estaban despertando, la sensación de libertad sexual con la aparición de la píldora anticonceptiva, el surgimiento de la minifalda, el ascenso del pelo largo con su respectiva asociación con la música estridente y sus dejos de rebeldía evidentes

(agarren aire con el ex abrupto)

(en el libro de Bill Wyman, Stone Alone, el Rolling Stone que renunció a serlo cuenta como ellos empezaron a imitar el desaliño de sus ídolos marginados del blues y como al poco tiempo sus mismos seguidores comenzaron a imitarlos: me preguntó, ¿serían Los Rolling Stones, como evidentes máximas estrellas de la escena pop del Londres de por entonces [Los Beatles estaban más allá y dejaron de tener contacto directo con la gente a partir de 1966], repito, serían Los Rolling Stones los que iniciaron la moda del pelo largo entre los jóvenes y que luego se extendió por todo el mundo hacia todas las edades a lo largo de la década?),

-con el aumento en el uso de las primeras drogas de amplio consumo, y siendo la misma juventud la principal usufructuaria de todo lo anterior, siendo así como volvieron a grandes sectores de la sociedad inglesa en definitiva en experimentadores en contraste con los siglos conservadores que quedaban ahora hacia su espalda, muy, muy lejos en la memoria.

Naturalmente que tenía que haber un ground zero desde donde se generarían como desprendiéndose de una gran matriz intangible, muchísimas tendencias en cuanto a telas, modas, aditamentos, actitudes y la puerta en la que todo ello se abría era Londres.

Naturalmente Londres.

Cómo también es natural la moda no se quedó ahí, en lo externo y en las apariencias sino en el sentido amplio de expresiones culturales, incluso teatro, incluso literatura, incluso cine.

Londres era el lugar para estar. Así como San Francisco y su cruce de Haight-Ashbury: El más importante place-to-be. Donde las cosas ocurren. Donde las cosas “que valen la pena”, suceden. La ocasión de toda una vida y que mientras los que estuvieron ahí lo recordarán con alegría y nostalgia, si es que estuvieron conscientes, y los que no estuvimos ahí, sólo leeríamos de ello y nos maravillaría a la distancia de pensar qué pudo ser lo que ocurrió ahí y qué no pudo ser traducido a palabras.

Michelangelo Antonioni tampoco se pudo resistir al poder succionador del Londres de ese momento. Tal vez lo estrafalario en aquél instante significó verdadera Libertad e Individualidad por primera vez en toda la humanidad

(sin detenerte a pensar mucho que de cierta manera, cuando sigues esos designios de moda de ropa, colores, drogas y uso de pelo largo, o sea, lo que marca la Moda en sí, tal como los demás en su conjunto por más happening o in que pudieran estar, ya estás atentando contra esos conceptos de Libertad e Individualidad absolutas por aceptar implícitamente los designios de un sector en particular convirtiéndote en uno más igual al otro, o en uno más igual al otro, o en uno más igual al otro, per secula seculorum.)

al menos en la superficie, toda esa percepción de apertura de sentidos fue suficiente para que él se pusiera a realizar su siguiente película en ese ambiente.

Para ello eligió algo de lo más raro posible en esos ambientes de cine europeo, un cuento de Julio Cortázar llamado Las Babas del Diablo. No tengo muchos antecedentes en ese sentido de cuantas obras de literatos latinoamericanos han sido utilizados en un cine de tal significancia como el europeo, sólo me llegan a la memoria Carlos Fuentes, tal vez Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante y el propio Julio Cortazar si es que habiendo vivido éste último más de la mitad de su vida en Europa se podría considerar latinoamericano en esencia, pero finalmente leyéndolo, disfrutándolo y haciéndolo nuestro coincidimos que siempre lo fue.

Las Babas del Diablo es un cuento corto de Julio Cortázar que habla de una situación de lo importante que son las grandes cosas y que a fin de cuentas no lo son. Hay un cadáver en esto. Hay un crimen sin resolver. Hay un testigo que registra ese crimen de manera casual.

A partir de ahí hay una gran preocupación en lo que sucede. Pero a final de cuentas nada importa. A la sociedad no le importa. Al conjunto de nosotros tampoco. Igual que en L’Avventura, hay una gran importante parte del Todo en el que hay una gran Indiferencia hacia lo que se considera aunque sea superficialmente, trascendental, en el primer caso, una persona desaparecida que se diluye en la suma del todo. En el caso de Blow Up, un crimen de alguien que de cierto modo se diluye en la suma también del todo. Entonces, ¿qué nos queda a los seres humanos en medio de lo que le sucede a todos? ¿Dónde queda la base de lo significativo que los seres humanos nos debemos de tener?

El cuento de Cortázar se trata de un traductor-fotógrafo que se llama Roberto Michael y que vive en Páris (¿Dónde más podría vivir?) Un día sale a dar un paseo y toma unas fotos en un parque. Al parecer algo sucede en algunas de las fotos porque una mujer que se da cuenta que fue fotografiada le reclama airadamente acerca del rollo, el fotógrafo se lo niega y se va y luego lo revela, grande grande, como poster y descubre que no había inocencia sino manipulación. La revelación es implacable.

Hasta ahí el cuento de Cortazar.

Antonioni lo usa de punto de partida y de ahí compone, o más bien, espesa la trama llevándola a sus temas, lo hace aparentemente de forma casual pero con precisión. Vanessa Redgrave viene a darle vida a su vida lánguida y entre toda la libertad y libre albedrío, predecible y frívola. Vanessa Redgrave y su crimen aparecido entre fotografías le viene a dar vida a Thomas, el personaje de David Hemmings.



Y este estará tan vivo hasta su disolvencia personal en el parque de nuevo, entre los mimos que juegan tenis y que lo obligan a ser parte del juego de manera intrigante de una pelota que existe sólo en su mente y que aún invisible la vemos todos, la escuchamos todos, la sentimos todos.

Blow Up es una impresionante película por varias cosas:

Una, por su ritmo trepidante que no deja pausas.

Dos, la misma inclusión de David Hemmings en la mejor película de su vida (murió recientemente apareciendo todavía en Juegos de Espías de Tony Scott, en Pandillas de Nueva York de Scorsese y en Gladiador de Ridley Scott).

Tres, en la propuesta de imaginar como oficio de Hemmings el de fotógrafo profesional, de tanta importancia que tuvo esto, que las principales revistas serias de fotografía colocan tal hecho como uno de suma relevancia en la historia de éste arte-técnica tan importante (como lo hizo la revista Life Magazine en el 150 aniversario, en 1986, del desarrollo de la Fotografía), abriendo caminos a incontables aspirantes a fotógrafos profesionales. (Por tanto podemos expresar por extensión que este asunto le pertenece más bien a la iniciativa de Julio Cortázar por haberlo descrito así, con exquisito detalle, en su mencionado cuento de Las Babas del Diablo, que no es otra cosa que el inverso o quizá el anverso de Los Hilos de la Virgen).

Cuatro, Blow Up fue la primera vez en que apareció un desnudo femenino integral frontal abriendo posibilidades impresionantes para el futuro para nosotros eternos adolescentes inmaduros de la Historia.

Cinco, salieron los Yardbirds con Jimmy Page acompañado de Jeff Beck, grupo directo antecesor de Led Zeppelin, en un acto que al final se termina rompiendo la guitarra en pedazos, en un acto que no era original de ellos (ya que le pertenecía a Pete Townshend de The Who), creando con uno de los pedazos una situación entre la multitud al final del evento que siempre despierta gracia.

Seis, el final de Blow Up es maravilloso, sencillamente maravilloso y se queda en nosotros de una manera sencilla tal como el fresco recuerdo de la brizna especial de un día especial de un verano especial en medio de nuestras propias vidas.

Blow Up es otra película con textura. Escenas como la de la compra de la hélice gigantesca hecha de madera que casi huele a resina. La escena del parque donde David Hemmings toma fotografías a lo que le da la gana. La escena de las dos atrevidas y liberadas chicas que querían ser modelos a como de lugar en medio de toda la ropa. La escena del revelado de las fotografías

(confieso que me entusiasma la fotografía y es la parte que más me subyuga, ese proceso lento de ir revelando e imprimiendo, un acto de descubrimiento, y de verdadera revelación, palabra más que afortunada en sí y que siempre me ha impactado)

con sus mágicos movimientos y manejos de luz. El momento preciso de descubrimiento de esa sospechosa mancha que está dentro de la miríada de sombras y claros que forman un insignificante arbusto. La escena del juego de tenis… sí, ese juego de tenis. La sensación de que el mundo gira siempre sin importar los microbios que somos todos en la danza de la existencia. Ausencia. Presencia. Ausencia. Fin.

Blow Up es el retrato casi fiel de su ambiente. Antonioni italiano retrata al Swinging Londres inglés mágico y misterioso de los sesentas. Momento legendario de la década. Leyenda momentánea en la Historia.

Si consideramos que hay en la humanidad lo plausible en circunstancias de guerra, de amor, de lucha, de afecto, de pasiones, de miedos, ternuras, terrores y quereres, lo que muestra Blow Up es plausible, lo que muestra L’Avventura es plausible.

Y en toda la humanidad la indiferencia reina, y sólo lo que me impacta en peor o mayor o mejor o menor grado tiene significado.

Lo demás no existe aunque lo lea, ni aunque lo vea, ni aunque lo sienta, ni aunque me conmueva, ni aunque me quieran convencer que el mundo está afuera de mi propia piel.

La indiferencia. La indiferencia.

Porque se decía que afuera en el espacio, a bordo del Nostromo de Ridley Scott, con el Alien de H. R. Giger acechándote, nadie te oirá gritar.

Y aquí en la Tierra, al parecer, tampoco.

viernes, agosto 03, 2007

Antonioni en las alturas, Parte I: L’Avventura, un vistazo cuarenta y siete años después.


Impactante, todavía no nos reponíamos de la muerte de Ingmar Bergman y el mismo día, Michelangelo Antonioni. Puesto que no estaba del todo bien preparado, he aquí lo que sucedió en mi parecer alrededor de Antonioni en 1960 y L’Avventura por una parte y Blow Up después en una segunda parte de este blog.

El cine es, como ya se ha dicho mucho, la fábrica de sueños en sí.

La narración de una película debe de acercarse a la realidad hasta un punto de entenderse que sólo es un sueño imaginado por sus autores, ya sean estos los actores, los escritores y adaptadores y el director mismo. Si se trata que el sueño esté iluminado de cierto modo alegre o sombrío es el director de iluminación el encargado.
Pero cuando todas las cualidades de cada persona que intervienen en la misma obra quedan encajadas en el mismo contexto en sincronía que se tenía pensado de manera colectiva, es cuando obtenemos que esa suma de las partes es mayor que cada una de ellas y eso es lo que forma la película en sí.

Esa suma de partes es la que nos incumbe.


Michelangelo Antonioni era otro de los grandes que sabía que había que transmitir la suma de las partes de manera directa al espectador que está abajo o enfrente de la pantalla.

Ese espectador es quien a final de cuentas es el que tiene que hacer sentido en su mente esa suma, para que después de tratar de interpretarla sepa o adivine cual de esas partes quedó más en su cabeza, buscando la resonancia evanescente de las imágenes que acaba de presenciar para que en el recuerdo de su memoria pervivan en ese sentido en busca de idea o esa idea en busca de sentido.

Antonioni en L’Avventura nos da un ejemplo claro de esto. Una mujer se pierde al principio de la película y ésta no se trata de ella, en el transcurso vemos mil cosas y asuntos y situaciones que no están directamente relacionadas con la mujer en cuestión, sino en la búsqueda del sentido del hombre y de la mujer que fueron más afectadas por esa desaparición.

Tal como la vida misma es causa y efecto, en muchas circunstancias a partir de las decisiones que toman los seres humanos, así los protagonistas van a buscar a la mujer por Italia tratando de hacer sentido de los efectos causados por esa desaparición.

La psique de estos seres humanos por ningún momento está devastada por la pérdida. Eso sí, en algún punto se ven como marionetas del destino desencadenado por una situación plausible que va llevando a estos a los encuentros y desencuentros de sus personas de manera mutua. No hay aquí situaciones autodestructivas, la gente es así porque, de manera autoreferenciada y de tan sencilla, absurda, de entender, es porque así es la gente.

Siguiendo eso en nuestras mentes realizamos lo que realizamos por la conveniencia de nuestras propias necesidades. Si llega a suceder un evento a nuestro alrededor aunque uas personas más que otras dependiendo de cada quién, tendemos a buscar en primer lugar en qué nos afecta.

Si este evento nos afecta positivamente hay quien piense incluso que estaremos felices por ello. Si nos afecta negativamente dirán los que se den cuenta cuando lo expresemos que sólo pensaremos como si el mundo debiera dar vuelta alrededor de nosotros y que nos damos ínfulas de sobreimportancia porque sólo pensamos de manera egotista y egoísta, autocentrada y definitivamente en contra del pensar de los demás, que para muchos visto a la distancia y al tiempo, es lo único que importa.

Eso es lo que sucede con Sandro y Claudia al recorrer parte de Sicilia primero y de Italia después en busca de Anna. En pocos momentos ellos sienten culpabilidad de algún modo. Claudia, la mejor amiga de Anna, no siente mucho remordimiento por convertirse en el foco de atención de Sandro, el novio próximo a casarse con la desaparecida Anna. Sandro, a fin de cuentas, tiene vocación de hombre de mundo. Si es que pensaba casarse con Anna sería cuando él quisiese y punto.

Cuando Anna desaparece de manera misteriosa, las pasiones humanas naturales, dentro de lo posible, toman forma y van creando un nuevo vínculo que en teoría no debería de estar ahí por haber pasado, o peor, por estar pasando, una posible tragedia de una persona cercana desaparecida o muerta, una persona querida por ambos. ¿Es esto plausible o no? ¿Es esto posible o no? Totalmente.

Las veleidades humanas lo permiten y se dice que dos personas que pasan por una tragedia en compañía tienden a aumentar sus vínculos afectivos de manera considerable


(como sucedió en Nueva York en el 11 de Septiembre de 2001, con lo de la tragedia de tanto bombero muerto y por tanto tanta viuda desolada que, y no trato de decirlo con sorna, fueron acompañadas por muchos de los colegas de ellos en forma de consuelo, creando entre ellos vínculos que desembocaron en divorcios de sus propios cónyuges y en la creación de nuevos matrimonios con estas viudas, generando así otra situación de causa y efecto entre personas que merece ser estudiada en los ámbitos de la psicología social),

por lo mismo no es raro esa situación de repentina cercanía entre ambos, la amiga y el novio.

El final sólo muestra que la gente también es cómo es y las pasiones humanas dan sorpresa como al mismo tiempo no la dan. La actitud del consuelo, del abandono, de la misma naturaleza de estas relaciones afectivas fotografiadas en blanco y negro aparentemente casi de manera casual pero precisa nos resaltan que ciertas historias en el mundo serán eternas por siempre.

Cómo película L’Avventura no decepciona a lo largo de sus casi dos horas y media. Las escenas de la isla tormentosa son de una textura impresionante. Ves a las personas y casi sientes las piedras rugosas en las propias plantas de tus pies. El sonido de las olas golpeando una y otra vez son estremecedoras. Los riscos, el oleaje, la misma agua de lluvia. El ser humano en su pequeñez, como siempre, de manera fina y sutil, los elementos están ahí y nosotros no les importamos en lo absoluto.


Antonioni sabe de la veleidad de las emociones, prepara sus estímulos y sin saberlo ya estamos inmersos en el misterio de la mujer desaparecida que aunque si bien sabemos que ellos la estarán olvidando poco a poco, nosotros no.

Nosotros nunca.

L’Avventura me recordó de cierta manera El Extranjero de Albert Camus, en el sentido de un mar Mediterráneo dueño y señor de vida, de unas pasiones desencadenadas, de una incomprensión hacia la sociedad y moral imperantes, de un desconocimiento de lo que espera la gente en su mayoría que hagamos.

Mientras en El Extranjero se miraba la sociedad como un ente con su idea de justicia particular, indiferente al hecho de que si era justicia o no realmente, con atenuantes a tomar en cuenta o no de manera discrecional o arbitraria, aquí en L’Avventura se mira la sociedad, como tanto Sandro y Claudia, como los demás participantes, Ettore, Guilia, como indiferente al destino de Anna, estuviese tan presente en su mente al principio o no, estuviese viva o no, estuviese con ellos o no, fueren sus amigos o no.

La película de L’Avventura fue abucheada en el Festival de Cannes cuando se presentó en 1960. Según el New York Times, fue la primera vez cuando una abucheada en Cannes se convirtió en un símbolo de una rara distinción. No sé que esperaba la gente entonces, la historia redondeada, el castigo a los malos amigos y amantes, el final esperado natural, y ojo, sea cual fuera este, pero el que fuera natural y satisfactorio.

Pero a fin de cuentas con el paso del tiempo la película adquirió altura y entendimiento (algo al menos). La revista Sight and Sound, inglesa y que cada diez años publica una lista de las 10 Mejores Películas de la Historia, la colocó en segundo lugar inmediatamente después del Citizen Kane.

Con el paso de los años se torna menos complicada y más sencilla de entender (creo).
Pero en sí misma, L’Avventura, jamás dejará de asombrar.


Ni Antonioni tampoco.

lunes, julio 30, 2007

DIOS NORDICO DE LA DESESPERANZA: INGMAR BERGMAN



Esto lo escribí hace meses. Recién acabé de leer La Linterna Mágica. Ahí, Ingmar Bergman habló del mundo de los sueños. Ingmar Bergman está ya en el mundo de sus sueños.


Ingmar Bergman es difícil, complicado. Sus películas no son muy accesibles que digamos. Acabo de revisar de nuevo por ejemplo El Rito, una película hecha para la televisión sueca en 1969. Cinco personajes. Diálogos inquietantes. Preguntas oscuras. Una amiga hace años que la vio y me dijo en esa ocasión: terrorífica, espantosa. Si te gustó El Rito eres fan. Si no te gustó es que sencillamente no conoces a Bergman. Ni lo conocerás.

Será porque muestra la desolación del ser humano, su soledad. Su desesperanza.

Habrá gente que se pregunte: ¿Y eso que tiene que ver con el buen cine? ¿O con el llamado entretenimiento del cual mucha gente dice que para eso es lo que debe servir el cine?

Aunque pueda ser el cine para usos culturales o educativos, la mayoría de las personas piensa que el cine es eso, puro entretenimiento.

Cuando reflexionamos que el cine funciona en base a foto fijas procesadas por un motor que hace que estas se muevan de manera secuencial a través de una potente lámpara de luz, sus movimientos, que tienen como único propósito engañar al cerebro humano, mutan a una revelación de sueños y a un intento parcial, patético de alguna manera, de documentar nuestra realidad en toda su vastedad, de manera aproximada solamente.

Para eso también es el cine.

“Cuando el cine no es documento, es sueño”.

Acabo de leer La Linterna Mágica, la autobiografía de Bergman, y es sorprendente.

He aquí una persona llena de culpa, de dudas, de conducta inestable que se casó como ocho veces. Una persona de la que sus hijos, al momento de escribir este libro, 1985, no querían saber nada de él, que no comprendió en absoluto a sus padres, que no supo relacionarse con mucho de su círculo interior y que sin embargo hizo maravillas con esa potente linterna.

Bergman lo demuestra una y otra vez.

Con el menor de los recursos Bergman filmó El Séptimo Sello. Película que habla de la muerte y la humanidad. Del desconcierto de la existencia. Y la hizo en un parque cerca de unos edificios de departamentos que en algún momento se asoman en una escena de la misma. (Similar que Rashomon, un drama japonés medieval complejísimo acerca de la relatividad de la verdad que aún hoy asombra por su validez universal y su eterna actualidad, Akira Kurosawa la realizó en una cañada a unos cuantos metros de una autopista no muy lejos de Tokio).

Bergman después hizo Fresas Salvajes, Escenas de un Matrimonio, De la Vida de las Marionetas. Gritos y Susurros. Fanny y Alexander. Meditaciones de la existencia, todas ellas. De la madurez, del amor, del sufrimiento, de la angustia existencial, de Dios, del dolor, de la vejez.

Y en su biografía hay mucho dolor. Muchas confesiones impresionantes, eso sí. Destellos de su creatividad. Reflexiones que asombran por terribles y crudas, por el tormento que rezuma en sus páginas, imaginando la decepción perpetua de verse así como él siempre se vio, como sólo él y su familia lo ven, un pobre ser humano que despreció todas las oportunidades de aspirar a ser feliz. Y feliz es sólo una palabra.

“Las sombras mudas o parlantes se dirigen sin rodeos hacia mis espacios más secretos. El olor a metal caliente, la temblorosa luz de las imágenes… la manivela en la mano…”.

Nosotros vemos al genio, al sensible, al iluminado que tomó como pincel la cámara y a la linterna como lienzo. Él y su familia perdieron, los demás ganamos.

Y eso me causa, sabiendo además que a ustedes les podrá tener sin cuidado, mucha amargura.

miércoles, julio 25, 2007

CEGUERA DE TALLER A LA REGIOMONTANA, PERO PODRÍA SER UNIVERSAL

A los amigos de fuera de México, o de Monterrey para el caso, este artículo les parecerá en extremo localista. Pero se habla de una ciudad latinoamericana sui generis. Puede decirse que Monterrey, Nuevo León es la ciudad más importante más cercana de los Estados Unidos, a menos de doscientos kilómetros de distancia. Cambio brutal de frontera, cambio brutal de cultura, cambio brutal de mundo a menos de dos horas de manejo.

Monterrey es un planeta en sí misma, y también está enamorada de sí misma. Por tanto Monterrey se mira toda orgullosa en su pasión por la cerveza, por el fútbol, por la carne asada, por su música grupera, por sus tantos logros, por sus tantos retos.

El detalle es que acabo de estar en Monterrey. Aclaro que no nací ahí pero viví en esa ciudad por más de 30 años. Salí hace tres y posiblemente vuelva. No sé cuando, un año, dos, quién sabe. Pero sé que volveré. Bueno, mínimo a estar de visita, ¿me explicó?

Entremos primero a lo que es Ceguera de Taller.



Siempre se habla de que algo que sucede frente a nuestros ojos cuando lo vemos demasiado tiempo se va desapareciendo. Llega un punto que todo se nos vuelve borroso y luminoso. Como si formara parte misma de nuestras escleróticas. Junto a eso está el hecho de que la realidad que nos envuelve la juzgamos según lo que somos y lo que sabemos. El tamaño de nuestra percepción se ve sometida a prueba en cada momento. Estamos comprometidos con nosotros mismos de lograr lo mejor en todo momento, pero en ocasiones, la bruma no está afuera, está en nuestros lentes manchados por nuestras propias yemas y que no hemos limpiado en todo el día.

¿Nunca les sucedió que tienen un lunar o verruguita en alguna parte, digamos en una mejilla o en el pecho o en la espalda tan familiar desde el principio de los tiempos y que de pronto se les hace irreal, como si de repente les acabara de salir? O sea, las verrugas de cierto tamaño no nacen de la noche a la mañana. Algunas asustan porque uno piensa, ¿de qué tamaño era? Y sólo viendo las fotografías de uno de pequeño, si es que estas marcas estaban en algún lugar visible, puede uno comparar si estas han crecido o no.

O sin riesgo a extenderme mucho, vean una película de Robert Redford de joven, digamos en Butch Cassidy and Sundance Kid, de 1969, luego véanlo en una más reciente como Spy Games. Analícenle el rostro. Tiene ciertas marcas como granos debajo de la piel en su mejilla. Y hace cuarenta años estas no eran tan grandes. Vean a Robert De Niro en Mean Streets, de 1973, ahora véanlo en Analyze That de 2004, creo. Le creció un lunar de su mejilla “algo” en un lapso de treinta años. En el ámbito nacional miren a Alberto Vázquez. En sus películas de joven, de esas mexicanas en blanco y negro, sólo un pequeño lunar. Y ahora, ese lunar también ya creció.

(No, no pierdo el tiempo en revisarles el rostro a los actores y actrices y tampoco soy dermatólogo aficionado, pero sin embargo me pregunto sobre ese lunar o peca que traes, ¿es de hace mucho o te acaba de salir?)

Me pregunto si se habrán dado cuenta ellos mismos de lo que sucede en esos casos frente a sus propias narices, literalmente. Ya ellos decidieron en sus propias vidas privadas si decidieron atenderse o no, o si de manera típica masculina despreocupada o indiferente las ignoraron.

Volviendo.

Hablando de lo mismo en los talleres surgen los problemas cotidianos que se resuelven en lo planeado, en lo perfectamente esperado, y también están los problemas que por alguna causa sucede que los que están ahí para resolver una falla mecánica de plano no la encuentran en ninguna parte.

Lo mismo sucede también al estar arreglando un programa computacional. En la escuela me tocó un programa de proyecto final que me tardé más de siete días tratando de detectar un grave error y lo descubrí casi horas antes de su entrega. Y el “grave error” en realidad era tan sencillo que me dio un coraje que todavía me dura. Lo pude haber encontrado al segundo día, ¡pero fue hasta el séptimo! Y lo tuve delante de mis ojos todo ese tiempo.

Cuando escribes algo, llámese un cuento, un ensayo, una presentación, una disertación, una presentación tipo Powerpoint, la terminas, la revisas de todo a todo en cuanto a contenido, en cuanto a redacción, equilibrio, estética, forma, fondo, sobre todo en cuanto a transmitir lo que se quiere decir. Se hace ese proceso detallado de todos esos puntos y se siente plenamente en el plexo solar que ya está lista o listo

Y te podrían haber llevado al cadalso porque afirmaste de antemano que te condenaran de haber alguien que pudiese encontrar un gazapo, una palabra mal pronunciada, una letra fuera de lugar dentro de tu trabajo tan primorosamente logrado.

Y en cuanto se lo presentamos a alguien, o peor, en la presentación misma de la sala de juntas, ese alguien con una sencillez pasmosa en los mismos primeros diez segundos que la está leyendo, nos dice con sonrisa llena de preocupación: “Aquí hay un error”. Pero antes de ello el error ya había sido detectado al llegar al cerebro en micronésimas (no microdécimas, micronésimas, que son más chiquitas en un 45%) de segundo antes de que lo lea la persona frente a la atenta concurrencia.

Lo descubres cuando es demasiado tarde.

¿Cómo fue que no nos dimos cuenta?

Bueno, a ese proceso se le llama “Ceguera de Taller”. El primero que me lo comentó fue mi amigo Polo Álvarez, famoso por ser director de programación tanto de aquella RG 690 en AM y esa Stereo 99 en FM, legendarias estaciones de radio, enfocadas a rock allá en los setentas, en aquella ciudad de Monterrey de por entonces casi treinta y cinco años antes del Ipod.

Por más que se den cursos de innovación, de mejora continua, de detección de áreas de oportunidad, de buscar ser agentes de cambio, siempre nos topamos con eso. La espantosa Ceguera de Taller. No nos la podemos quitar.

Por eso el extranjero en una ciudad es mal visto de pronto, si se llega a quedar. O sea, no es el visitante el que se ve mal, porque ese se va. No. Es el que se queda, el pernicioso.

No todos, claro. Pero hay algunos sujetos terrenales que a todo lo que les rodea de su ambiente exótico (exótico para él, para los demás habitantes de la zona es totalmente normal) que le ven falla, error, pifia, problema, despropósito, aberración, equívoco, absurdo. A quién se lo hace ver, créanlo, no les caerá nada bien. Ni por la dizque buena intención, (¡claro que era buena intención!), cómo que viene a estorbar en la buena vibra que existe, y así al llegar esta persona con la etiqueta de fuereño es de esperar desatar los malentendidos, los desencuentros, los shocks culturales.

Y todo por comentarles de la existencia de esa parte de nuestras vidas que es SU Ceguera de Taller.

(En la vida lo había escrito, sólo lo había mencionado, el caso es que se lee un poco raro: Ceguera de Taller).

Bueno, eso me dijeron cuando llegue a donde vivo, una bucólica ciudad del centro de México.

Pero ahora que volví a Monterrey, uff, el calorón fue lo primero que me recibió. Es de aclarar que una cosa es el calorón seco, ese que te recuerda a un dragón que exhala aire ardiente (me suena que se podría inventar la palabra “airdiente”) pero el calorón húmedo, tórrido, tropical, bochornoso es torrible, digo, terrible. Y del sol de Monterrey ya han hablado muchos y lo han hecho mejor que yo. Pero entendámonos, vengo de un lugar en donde nunca me quito mi sweater (con excepción de dos o tres horas diarias a lo mucho) en todo el año.

Pero no nada más la idea de sentir calor con nueva piel (y es que si decimos que vimos todo con nuevos ojos, supongo que está correcto decir que sentimos calor con nueva piel, ¿no?), sino sentir a Monterrey en todo su esplendor, en todo su desarrollo, en toda su diversidad.

Y hay mucho de que hablar del tema, pero trataré de ser breve. Digo, si esto no es un tratado, por supuesto.

Antes de continuar debo decir que había estado en Monterrey sólo durante los últimos tres diciembres, en tiempo de fiestas, de descanso, de pausa laboral. Y que ya eran tres años de no haber estado en julio.

Y esto es lo que vi:

Me subí al metro. Tiene más de diez años y no me había tocado subirme. Está genial. Lástima que no lo hayan continuado según el plano original. Sería fabuloso que llegara a los extremos de la ciudad, norte, sur, este, oeste. Supongo que algún día lo harán llegar a todas partes. Pero mientras no. Y el Metrorrey, definitivamente sí que es un metro construido afanosamente centímetro a centímetro.

La televisión local de Monterrey sigue infame. Los programas que realizan son peores que antes. Pocos son los programas que podrían ser alabados por su calidad y hechura. Por decir, los que siempre están bien son los de comentarios de noticias, los de debate en sí. NO LOS NOTICIEROS.

Entendámonos. Los noticieros NACIONALES duran tres horas a lo mucho y repiten sus noticias en demasía, supongo que para que los vea la gente que se va levantando a las 6:00, a las 7:00 y a las 8:00, etc. Pero los Noticieros LOCALES de la ciudad de Monterrey son de 6:00 a 10:00 AM. Cuatro horas. Digo, está correcto que se vea la vialidad, el tránsito, ¿pero regodearse en los accidentes viales? De pronto se ven tres equipos de camarógrafos de canales distintos cubriendo un solo accidente. Tanto derroche de recursos, tanto talento reprimido que no lo puedes creer. A mi me encantaba Mónica Escamilla, que hablaba del clima en uno de esos canales locales cada media hora. Claro, menudita, bien formada, simpática, y como un real bonus, ¡sí sabía del clima!, pero estuvo siete años ahí, haciendo lo mismo. Lo mismo. Lo mismo. Lo sé perfectamente.

El punto es que te vas y vuelves después de tres años y te decepciona que se está en lo mismo.

Las estaciones de radio, igual. Lo que hizo mi amigo mencionado arriba, el de RG 690 y Stereo 99, Polo Álvarez, definió unos conceptos de formato de hará más de diez años, que se siguen usando. Música de antaño, éxitos sobre todo, mezclados con aaaaalgo de música actual. Cómo me dijo un amigo, “Ya no le quiero mover al radio, al prenderla entro al Túnel del Tiempo y de plano no sé en que año vivo…” ¿En qué año vivimos cuando se escucha American Pie de Don Mclean, I Will Survive de Gloria Gaynor o cuando ponen a Creedence Clearwater con Proud Mary, dos veces al día? ¿Para que quiero un canal de nostalgia o de recuerdos si no me han dejado tiempo a querer recordarlos?

Las calles. Cambios en vialidades, bueno, es un buen síntoma de crecimiento y de progreso que siempre estén construyendo algo nuevo. Pero hay puntos en los que piensas cuando manejas por esas grandes avenidas. No son de respuesta fácil. ¿Sabían que Monterrey es una ciudad con cuatro veces la cantidad de accidentes per capita que la ciudad de México? Se asegura que el culpable es el mismo material con el que hacen su pavimento. Los autos cuando llueve, no pueden frenar como por ejemplo lo pueden hacer en la ciudad de México, debido a la mezcla de agua, gravilla, pavimento liso y aceite además de la suciedad normal. En la ciudad de México su pavimento es más poroso, o rasposo, es de más agarre y eso ocasiona que no haya tantos accidentes. Las compañías de seguros debieron de haber puesto atención en ello desde hace lustros. Se hubieron ahorrado toneladas de dinero. Y la otra. Con el ascenso de tráfico vehicula debido a las facilidades con que entran autos extranjeros a México y por ende a Nuevo León, y por ende a Monterrey, una cantidad cercana a un 5% anual de autos se incorporan a las calles. Y estas calles no crecen en la misma proporción. Se quedan las mismas avenidas principales por donde transita el nuevo tráfico, anchura y distancia. Mas gente queriendo ir a donde mismo por el mismo ancho de tubería prácticamente.

La gente, como siempre, amable, a esa no la cambian. Dicharachera, abierta, franca. Bueno, como dicen, gente es gente. Alguien que ni conoces te hace un chiste genial, acerca de ti, y ni siquiera resientes la burla, te ríes con él. No lo hace con malicia, lo hace por la broma en sí. Igual festejas. Eso no lo harías en el centro del país, ni te lo harían. La gente puede ser más reticente, más desconfiada. Cosa de ir a un estadio para ver un partido de fútbol en Monterrey y ver uno en el centro del país. Nunca he ido a Ciudad Universitaria al estadio a ver un partido de Pumas, pero según lo que leo, la tensión es lo que impera. Pero vayan a ver a los Tigres o a los Rayados. Se van a divertir al máximo. Aunque los equipos sean maletas. Que muchas veces lo han sido. Y la gente es tan… ¿qué? Ni idea. Sigue yendo. Ese es un gran misterio. Y se ha discutido por todas partes, en todos momentos.

La autopercepción. Monterrey tiene un gran evento delante de sí, el Forum Universal de las Culturas (que se realizó en Barcelona hará cuatro años con resultados mixtos). Bueno, lo único que se podría reflexionar al respecto es que sí, es un gran paquete y que se lo puso ella solita. Bueno, no ella solita exactamente la ciudad, sino el mismo Gobierno del Estado en sí. Y aunque con el paso del tiempo las cosas se han puesto complicadas y difíciles (problemas de planificación de exceso de gastos y demás, cómo siempre) ya no es tiempo de sólo criticar. Parece que ya es mejor el tiempo de colaborar y de decir, bueno, yo no quería la gran fiesta pero debo de ayudar a que las cosas salgan lo mejor que se pueda. Ignoro en lo del Forum si es este un asunto de tipo Exposición Universal o algo así. Olimpiadas no son. Pero si es algo que tiende a ser de relevancia. Monterrey lo requiere tal vez. Algo para que crezca su autoestima. Ignoro si eso da más empleos con el paso del tiempo o si da más entendimiento y luces para que la Raza Humana se entienda (¡ah, raza!). Pero ni hablar.

Ya luego se podrán analizar las necesidades de las personas con poder de tratar de buscar la relevancia en los eventos que estén a su alcance. Ya lo he dicho antes o lo diré ahora, Enrique Krauze dice que carácter es gobierno (lo dice en su libro de La Presidencia Imperial y eso es muy posible de creer si le damos una pensadita), y puede que así sea. Y dentro de todo no hay nada de malo en lo del Forum sino que es el momento inoportuno que se elige en sí. Desgraciadamente le tocó a la ciudad la violencia, los muertos, lo que es negativo de toda esa subcultura ya de por sí negativa. Y todo eso junto con sus consecuencias rozaron a Monterrey justo meses antes de la celebración del Forum. (Y ya hubo la narcotregua, ¿seguirá esta o no? No quisiera ser el Gobernador o el encargado de la Seguridad en el estado en esos días cuando de alguna manera muchísimos reflectores habrá por ahí. O eso quisieran).

Y algo de ese carácter-gobierno a veces miope y con Ceguera de Taller remarcada está expresada en forma de un irrelevante en todo excepto en su derroche inútil de concreto en un puente atirantado sobre un río seco, copia burda de alguno majestuoso que sí pasa por agua. Ese puente, fruto de esa necesidad absurda de dejar marca en donde uno se encuentra lo cual es más genial si el dinero no es de uno, por supuesto, lo vimos construir poco a poco preguntándonos todo el tiempo, ¿qué no hay una mente cuerda con poder que logre detener esa insanidad a tiempo? Por más que los medios, que la consabida opinión pública se opuso, por más que se mostraron otras opciones racionales a cubrir su función, no, no lo lograron evitar. No se pudo con esa terquedad. Esa demoledora terquedad.

(Siempre se usa el ejemplo de la Torre Eiffel acerca de que al principio nadie la quería y ahora es un símbolo de Paris bla-bla-bla. Será todo lo que se quiera pero el Puente Atirantado NO ES símbolo de Monterrey, además que está en otro municipio, ¡caramba! Punto. Y si quieren nos esperamos unos cuarenta añitos.)

El Forum corre ese riesgo. Al año a ver quién se acuerda de él. Serán las vialidades, serán los edificios. ¿Pero la esencia, el legado? El recién fallecido Enrique Canales lo tenía claro. Forum Farolorum. Todo es un gran farol que ilumina. No un sol. Es un sencillo farol de papel. Y ahora que él no está, Enrique Canales, uno de sus principales críticos, al estar todos los regios (que así se hacen llamar para molestia de muchos no regios porque son regiomontanos o séase, originarios del Regiomonte que así se podría decir al derivado que vive en Monterrey), repito, al estar todos los regios ya envueltos en la fiesta del Forum, ¿qué hubiera dicho al final? ¿Celebraría el éxito? ¿Celebraría el fracaso? ¿O sólo diría, como buen filosofo, que todo tiene su cristal…?

En fin, se pueden escribir documentos, tesis, ensayos, disertaciones de todo lo que encierra Monterrey, su carácter colectivo que conforman sus millones de habitantes, cada uno con una visión muy particular de lo que es, de lo que significa, de lo que fue y de lo que será su ciudad. Cada persona, una opinión, un sentido de permanencia encerrada en su propio concepto de persistencia de sus múltiples visiones.

La Ceguera de Taller ahí también persiste. Las voces aisladas que protestan no logran masa crítica sino hasta que el agua llega hasta el cuello en las propias masas que hasta ese instante no habían sido críticas. Ahí donde confluye la palabra crisis con la palabra crítica.

Y cuando vuelves de fuera después de la ausencia, te das cuenta de muchas cosas. Y aunque sospeches que los de dentro no se dan cuenta, lo curioso es que, en muchas, muchas ocasiones, los que están dentro también se dan cuenta. Y como en esas muchas ocasiones, en esas muchas cosas, tampoco pueden hacer nada.

Ese será el tamaño de la tragedia.

Y aún con todo, recordando la voz aliviada de Guille, el hermano de Mafalda, cuando se entera de que no hay escasez de chupones.

¡Se puede vivid!

lunes, julio 23, 2007

Piratas Mentales (Ficción de 600 Palabras, una mas, una menos)

Con el riesgo de que la introducción sea más larga que el cuento, sólo sepan que es una pequeña ficción realizada como ejercicio. La iba a mandar a una revista de Colombia, pero no alcancé a enviarla. Digo, sí pueden leer 600 palabras, ¿no?

Eran las tres, tiempo meridiano de Flamigio, FMT: No sabía porqué debía de saber el orden de las horas. Ya no importaba. Sólo saber que ya todo ardería y casi nada quedaría, más que yo.
No sé si era cierto que me podría salvar.
¿Lo peor? Sentir que te abandonan, que todos se fueron. No es justo que tranquilamente te digan que te podrías quedar observando un fin de un planeta y que te mientan. No es justo. Cabrones.
Las cinco. Según parece, el amanecer no será nada bueno. Algo logro sentir. Todo arderá. Tal vez la explosión empiece cinco minutos antes de lo probable, la distancia de este Sol Supernova a Flamigio. Minutos-luz. Y no lo sabré. Hasta que el estallido esté encima.
No me importa cómo lo hayan hecho pero “bajaron” de manera estúpida mi personalidad a esta máquina y estoy sufriendo, ¡caramba! Cuatrocientos sensores en cuarenta kilómetros a la redonda, me hace pensar: las llamas, así como estoy ahora, ¿las podré soportar?
Nunca entendí nada. ¡Máquinas espirituales, mis huevos!
—Te lo digo, Ramírez. Eres el único capaz de hacer eso…
Miré la máquina, negra, con sus conectores, cables, casco, criopodérmica y todo.
—¿Que es?
—Es un aparejo con el que vamos a “descargar” tu mente a esta máquina espiritual.
—¿Para qué?
—Ya van tres veces que te lo digo. Necesitamos tu conciencia para que puedas manejar desde aquí la recuperación de información por si algo llegase a fallar y realizar finalmente el envío automático de ésta hacia la estación Arathia, allá —apuntó al espacio—, a 800 millones de kilómetros casi por sobre el horizonte. Rutina.
—Pero la Supernova va a destruirlo todo… —estaba asustado, la verdad.
—Sí, pero no a ti… Ya te dije… tú estarás con nosotros, allá en el transporte. Tú conciencia, la de aquí, estará protegida con blindaje especial refractario que se fortalecerá con el mismo calor. A más calor, más fuerza.
—Sí yo sé, claro. Estaré en la nave con ustedes… porque… no me van a dejar aquí, ¿verdad? No serían tan cabrones…
El señor Lot sonrió. Con impaciencia.
—Imposible. Nadie más puede llevar esta contabilidad de campo tan terrible. Disposiciones oficiales son eso, oficiales.
—¿Y… yo? ¿Quedaré como… retrasado o algo peor?
—No seas tonto, quedas como tú mismo.
Fingí tranquilidad. No iba a quedar mal frente a este idiota.
—Entonces, me van a clonar… la mente…
Lot sonrió aliviado.
—Exacto. Sí, te vamos a clonar… Es algo extraño, pero muy interesante…
— ¿Sentiré malestar?
—Nada, te lo puedo asegurar. Es más, ni siquiera estarás aquí cuando instalemos todo. Saldrás en el transporte, ya te dije… Será sólo una transición.
Así se hizo.
Y de pronto me vi a mí mismo como en una pesadilla, allá en la plataforma del transporte.
Después todo fue irreal. Lo ubiqué gracias a un sensor deficiente, pero en activo: El ser que era… yo, fue golpeado y tirado fuera de la plataforma por el mismo Señor Lot. Me dejó ahí. Como bulto.
Cuando despegaron los propulsores, estos quemaron… mi cuerpo.
Simultáneamente sin saber con claridad cómo, dirigí sesenta dispositivos hacia el mismo punto. Infrarrojo. Ultravioleta. Ondas de radio. Gamma. Rayos X. Sentí calor, el fuego que salió de sus propulsores en una de mis… palmas, algo así. Luego, silencio. Trataba de escuchar con mis muchas antenas. Luego descubrí el mecanismo automático que proyectaría la información recabada al espacio, hacia Arathia.
Las siete, hora FMT. Justo. Llega mi segundo infierno. Me quema. Ardo en todas partes, pero soporto… bien.
No, no transmitiré nada. Ya vendrán intrigados, los cabrones. Me piratearon y desecharon. Vendrán por mí. Y entonces…

domingo, julio 22, 2007

Del Ritmo Secreto de las Cosas

Extraído del baúl de mis recuerdos. La intriga sobre lo que sucede a nuestro alrededor y que somos incapaces de captar es tal que apenas en los últimos años se está comenzando a explorar de manera seria los recovecos e intersticios de las cosas sencillas de la realidad que nos rodea. Tan sencillas y obvias que ni las percibimos. La ciencia de esa forma está examinando patrones de conducta escondidos en las personas, individualmente y en grupo (la psicología del bostezo, por ejemplo, que de sólo imaginarlo aquí leído probablemente dispare el reflejo que lo produce) quizá para aplicarlos mezquinamente a mercadotecnia, o para incorporarlos a ciencias de la misma psicología conductual, a estudios de sociología o de antropología social tal vez para un día alcanzar a mínimo pretender entender las cadencias ahora desconocidas de las puertas anónimas de nuestras percepciones a lo largo y ancho de nuestras existencias.

Lo que sigue fue escrito un 23 de Julio de 1993 (pero todavía válido, supongo)




Hace menos de dos años me pasó algo muy curioso: Me tocó ser presidente de una casilla electoral durante unos comicios federales y llevábamos la cuenta de los votantes que iban llegando a nuestra casilla (lo de la casilla misma fue curioso y merece un artículo pero no es a lo que me refiero por el momento). Conforme avanzaban las horas fue notorio que al hacer el conteo de las personas que iban llegando invariablemente sumaban estas alrededor de veinte por hora, a veces diecinueve o a veces veintidós, pero siempre alrededor de veinte.

Inclusive hubo ocasión de que al faltar cinco minutos para llegar al "corte" y llevando sólo quince votantes, inmediatamente se daba una racha de cinco o seis personas que llegaban en ese pequeño lapso de tiempo para cumplir la "cuota".

Aquí esta la pregunta: ¿Qué sería lo que movía a estas personas, que no se conocían entre sí ni llevaban una relación especial entre ellas, para que se hubiese observado el mismo ritmo de llegada de votantes hora tras hora, invariablemente?

Muchos dicen que la casualidad existe, otros dicen que hay un ritmo escondido en la naturaleza por conocer y aprender algún día. Otros dirán que las coincidencias son inevitables que existan porque nos topamos con miles de sucesos diarios distintos (un "suceso" sería igual a cualquier cosa, decisión, hecho, percepción, realización, y existencia de todos los momentos separados frente a nuestras vidas) y que es inevitable que acontecimientos sin relación aparente hagan "click" en un momento determinado.

Cuando dimos una clase de Sistemas Operativos en una universidad local, hubo una sección del curso en la que nos tocó hablar del principio de la localidad y temporalidad con respecto a los procesos de la paginación de la memoria en una computadora.

Este principio quería decir que si está lloviendo en este momento en Monterrey probablemente podría estar lloviendo también en Saltillo. O que sí en este momento está lloviendo probablemente estaría lloviendo igual dentro de una hora más. O que si estamos tratando de hablar por teléfono con alguien y si está ocupada la línea, ésta seguirá ocupada probablemente por otro rato más.

Por otro lado también se ha descubierto este principio de la experiencia humana: Lo que necesitas ahora es muy probable de lo que necesites después, e inversamente lo que no necesitas ahora muy probablemente nunca lo necesitarás. Siendo que la clave de los dos principios radica en la "probabilidad de las cosas".

Claro que esto no se aplica en el cien por ciento de los casos a los que estamos expuestos y/o conscientes, pero se aplica en la mayoría.

Y de alguna manera lo anterior está relacionado con la idea de que tendemos a trabajar con la ley del mínimo esfuerzo. Más del 50% del tiempo hablamos reciclando solo 100 palabras. Nos haríamos entender y podríamos sobrevivir un tiempo considerable con un mínimo de conversación.

Dos ejemplos clásicos para mostrar la frecuencia del uso de las palabras:

En las obras de Shakespeare la cantidad de palabras diferentes de las que se componen estos textos llega a ser de 29,066 palabras distintas, de las cuales solo 40 las usó el 40% de las veces.

En el Ulysses de James Joyce (obra máxima de la literatura inglesa de este siglo) se encontró que consta de 29,899 palabras (sí, muy similar al número de Shakespeare) en las que 135 de las palabras (el, la, de, y, un, a, en) constituyen la mitad del texto y 16,432 aparecen sólo una vez.

De hecho y en resumen en ambos casos y análisis, se encontró que con 40 palabras se resuelve el 40 por ciento de todo.

Y así llegamos a la ley del 80-20, las cuales son las que predominan en el 80 por ciento de las veces y en el 20% simplemente no.

¿De donde salió la ley del 80-20?

Cuenta la leyenda que en el volúmen 3, Sorting and Searching, de la yá clásica, e incompleta, magna opus de Donald Knuth, The Art of Computer Programming, menciona la regla del 80-20 como que es "comúnmente observada en aplicaciones comerciales" citando un número de la revista del IBM Systems Journal de 1963 donde una persona de apellido Heising aseguraba la existencia de ese principio y lo aplicaba a cuestiones de computadoras.

Filosofando un poco el porqué sucedan estas cosas, puede pensarse que pudiera haber un ritmo en la naturaleza que es el que maneja estas situaciones y que está ahí, escondido a nuestra vista y a nuestra percepción, de la cual nos damos cuenta solo cuando reflexionamos en las cosas multicotidianas que nos suceden y que percibimos, tales como coincidencias, casualidades y/o curiosidades.

Pero todavía podríamos tratar de averiguar el grado de orden que puede haber en la naturaleza. Para eso es descubrir o usar la ley del 80-20 en nuestras vidas.

Lo anterior no explica realmente tal vez nada, pero sí muestra que podría haber un ritmo secreto ortogonal a nuestra realidad y que en el universo la verdadera aleatoriedad no existe.

Si se han "descubierto" el principio de la localidad y temporalidad, el principio del 80-20, el principio de la mínima cantidad de palabras para realizar la mayoría de las conversaciones, la relación escondida detrás de la ley de probabilidades (recordando el caso de la casilla de votación) además de la curva de distribución normal (lo de que lo más probable es de que pase tal cosa a diferencia de tal otra... la cual es una forma de 80-20) y sin olvidar las múltiples leyes de Murphy, es posible que conforme pasen los años se sigan revelando nuevas pautas y ordenes de la Naturaleza, ahora escondidos.

Pero muchos no sabrán esto porque para este instante el 80% de los lectores dejó de leer éste artículo al llegar al 20% del mismo.

Era... natural.

martes, julio 17, 2007

Como Hacer Su Propia Bomba Atómica

Aparecido en la red en aquellos días sin navegador, traducción y adaptación libre de parte mía. Autor, como tantos de tantas cosas simpáticas de la vida, desconocido.


(Este artículo-traducción-etc. fue publicado por primera ocasión en la ciudad de Monterrey el siglo pasado, el 15 de enero de 1993, y al menos una señora, de Torreón parece, se quejó de cómo se atrevía uno a escribir esto. Sus hijos ya querían realizar el siguiente proyecto... el que viene al final)

(¡Ah! Con el perdón de U2, ¿o será al revés?)


Para mostrar lo sencillo que es construir ciertos proyectos se muestra el siguiente documento el cual está tomado del “Journal of Irreproducible Results”, con sede en Chicago.

INTRODUCCIÓN
El proyecto de este mes es la construcción de un utilísimo dispositivo termonuclear, del cual se espera que aclare las dudas y la desinformación que existe en este tema. Veremos lo fácil que es hacer un dispositivo de este tipo de su propiedad en sólo diez pasos sencillos, para tener y guardar.

El proyecto costará entre $5,000 y $30,000 dólares (entre 15,000 y 90,000 nuevos pesos) dependiendo que tan acabado se quiera el producto final. Dado que la columna anterior, “Máquina del Tiempo: Como disfrutar en familia mientras se construye una”, fue recibida tan bien en el formato de paso tras paso, se seguirá de la misma manera.

MÉTODO DE CONSTRUCCIÓN
PASO 1.- Obtener cerca de 110 libras (50 kilogramos) de plutonio refinado del tipo llamado “weapon grade” con su proveedor más cercano. Una planta nuclear no es recomendable, ya que el perder grandes cantidades de ese material pone a sus ingenieros muy tristes e infelices, Se sugiere se recurra a la asociación u organización terrorista local o quizá al grupo pastoral de la parroquia de su colonia. Si no están disponibles siempre quedan el grupo de Boy Scouts de su ciudad. Son muy atentos.

PASO 2.- Hay que recordar que el plutonio, especialmente el plutonio refinado y puro, es algo peligroso. Hay que lavarse las manos con jabón y agua tibia después de haber manejado el material. Por ningún motivo hay que dejar que ni los niños ni los perritos jueguen con él, menos que lo ingieran. Por otra parte el polvo de plutonio es muy bueno para repelente de insectos. Lo sentimos, no sirve para cucarachas.

La sustancia se puede guardar en una caja de plomo (si se tiene una en el jardín), pero no se debería de guardar en viejos botes de nescafé.

PASO 3.- Búsquese una estructura de metal para guardar el dispositivo. Muchas variedades de comunes de metal pueden usarse como cubiertas pero se podría usar desde un maletín hasta un vehículo. Pero recuerde: no debe de usarse papel aluminio.

PASO 4.- El plutonio se debe de arreglar en dos formas hemisféricas, separadas unos 4 centímetros. Se puede usar cemento plástico (como el que se usa para armar modelos) para contener el polvo de plutonio y no se salga por las orillitas.

PASO 5.- Ahora se tienen que conseguir cerca de 100 kilos de trinitrotolueno (TNT). La gelignita, exacto, es mucho mejor, pero es más engorrosa de trabajar con ella. El señor de su ferretería favorita más cercana estará muy complacido y feliz de ayudarle con el material. Esas personas son muy amables y serviciales.

PASO 6.- Hay que empacar cuidadosamente el TNT alrededor de los hemisferios construidos en el PASO 4. Si no se encontró la gelignita, siéntase libre de usar el TNT empacado con arcilla, plastilina, masilla o Playdoo. La arcilla coloreada es aceptable pero no hay necesidad de ponerse artístico de momento.

PASO 7.- Guardar el empaque del PASO 6 dentro de la estructura utilizada en el PASO 3. Es recomendable utilizar un pegamento fuerte tipo “Kola Loca” (MR) para guardar el arreglo de un hemisferio dentro del estuche para prevenir una detonación accidental, la cual podría resultar de una vibración fuerte o de un mal manejo. Eso no sería bueno para el vecindario.

PASO 8.- Para detonar el dispositivo, sólo basta conseguir un servomecanismo radio controlado, como el de los carritos o avioncitos esos de control remoto, de los caros. No hay que olvidar conseguir el detonador capaz de efectuar una pequeña explosión. Estos detonadores pueden ser encontrados en la sección de artículos de ferretería y electricidad de cualquier tienda departamental de su preferencia. Se recomienda la marca “Blast-o-Matic”, porque ellos sí aceptan devoluciones. Las o los dependientes entenderán cual elegir cuando se les explique de qué se trata el proyecto. Siempre es útil tener una mano amiga cerca de a la cual se pueda acudir en caso de duda.

PASO 9.- Ahora hay que esconder el dispositivo completo de los vecinos y los niños. La cochera no es muy recomendable por aquello de la alta humedad y por el rango extremo de temperaturas que se puedan llegar a tener. De hecho los dispositivos termonucleares a veces explotan accidentalmente en este tipo de condiciones inestables. ¡No deje que eso le pase a usted! Un closet o debajo del lavabo de la cocina pudiese ser suficiente.

PASO 10.- Ahora ya es usted el orgulloso propietario de un flamante dispositivo termonuclear armado, listo para entrar en acción. Mientras tanto le puede servir de un excelente tema de conversación en las fiestas y en un descuido pudiera ser usado en la defensa nacional.

TEORÍA DE OPERACIÓN
En realidad es más sencillo de lo que uno se imagina: el aparato funciona básicamente cuando el TNT detonado comprime el plutonio y lo vuelve una masa crítica. Esta masa crítica produce una reacción en cadena similar a una reacción similar a un efecto de dominó (igualito al que salió en aquél documental de “Mi amiguito el átomo”). La reacción en cadena en turno produce una gran reacción termonuclear.

Y ahí lo tiene: ¡Una explosión de diez megatones! ¡Temperaturas de diez millones de grados!

Imagínese: ¡Será la envidia de sus amigos!

LA COLUMNA DEL PRÓXIMO MES…
Aprenderemos a como hacer un clon de la esposa de su vecino en seis pasos sencillos.
Este proyecto nos lo han pedido mucho. Realizándolo podrá darse otro fascinante fin de semana lleno de diversión. Todo lo que se necesita es utensilios comunes de cocina.

El proyecto de cómo hacer su propio Tiranosaurio Rex de momento queda suspendido hasta nuevo aviso.

¡Hasta entonces!

jueves, julio 05, 2007

MÁS CONATOS DE CUENTOS ULTRACORTOS. EL, O LA, QUE QUIERA LEERLOS, QUE LOS LEA. (YO AGRADECIDISIMO DE QUE LO HAGAN).


Este es el segundo batch (como me encantaba esa palabra, término computacional que significa algo así como lote. Ah, ¿eso significa en el inglés normal? No importa, así me sonaba de antes) de cuentos ultracortos. De repente uno se encuentra en esa onda de andar definiéndolos.

A veces me he preguntado, ¿cuál es el valor de todo esto? ¿Dónde reside esa posible valía? Pienso que habita en el mismo lector, si a él le conmueve, y con eso quiero decir que hubo un movimiento en su psique, y que incluso si le provocó ser indiferente pues ya se realizó algo válido. De perdido los leyó.

Y decir lo anterior no es muestra de autocompasión o para que tengan conmiseración alguna. Es sólo una reflexión que raya en lo trivial.

Sigo ignorando las reglas, supongo. Pero ahí descansa esto, son todos ejercicios ultimadamente. En alguna parte leí que una regla de los cuentos cortos, en el sentido del que estamos hablando, pueden ser de hasta doscientos palabras. En este parrafito hay 45, incluyendo el número.

Y también pienso que de observar lo que te rodea, pueden salir más y más. Sólo que sean divertidos, mientras se escriben, mientras se arreglan y mientras se leen. Es lo único que se pide. Por eso es que valen la pena. Tal vez sólo por eso.


26. Cristo bajó de su cruz. Avisé y, en eso, se me vinieron encima romanos y apóstoles.

27. La gran tecnología estaba lista. Gasolina, obsoleta. Si tan sólo recordara el password.

28. Tu alma será el cuaderno donde escriba. Usaré de tinta… ¿Tu sangre, me dices? Me parece.

29. Esta ficción apesta. Oprimo la tecla y… esta ficción apesta. Oprimo la tecla y…

30. Eres tan dulce, me abrazas y me abrazas… y me abrazas… y… ya no puedo resp-

31. Me invitó a su rito. Llegamos el verdugo y yo. Pregunto y su viento metálico, me responde.

32. Cefalópodos, sueño con cefalópodos. Caminan con su cabeza. No, peor, soy uno de ellos.

33. Poder mío. Omnipotente soy. ¡Mis laureles! Ahora, si tan sólo pudiera dormir un poco…

34. Rechaza mis avances mujer y nunca serás de nadie… pero, ¿es eso lo que querías? Oh.

35. La civilización tuya cabe aquí en este punto. Y la mía entera cabe en este. Ahora, te reto.

36. Traigo suficiente antiebullente como para regalar... ¿Cuánto dices que dura una Supernova?

37. ¿Seres minúsculos que paralizan? Son tan pequeños. ¿No ves que estamos listos para tod-

38. Estar en el siglo XXI es aburrido. ¿El siglo XXII? No. El XXIII, nop. El XXIV, ¿otro...?

39. “La Razón es lo que nos separa de las bestias”. No me hagas eso, Babieca. Yo no lo dije.

40. ¡La naturaleza de las cosas las hizo así, inmóviles, caramba! ¡Paren ya, se los pido, rocas!

41. ¿Ir más rápido? Mi padre me lo enseñó. Dar vueltas y alcanzar mirar tus placas. Plomo.

42. Me hicieron reingeniería. Ahora soy un comité. Eso sí, decido igual: Más rápido y… mal.

43. Me entrevisté y contesté. Me convencí y emocioné. Ser así. Sólo yo. Mi sangre, clon y yo.

44. Intenta la realidad cero. Cero grados. Cero absoluto. En el frío, casi ser. Disfruta el metal.

45. Diséñame tu misma. Diséñame yo mismo. Diseñémonos todos. Seamos como quiero, al fin.

46. Lo humano está en tus ojos. Los cinco. En tus garras bellas. Las tres. La belleza es. Mental.

47. Recorrí el filo del Universo. Todo oscuro, negro y divino. Excepto los anuncios. Los odio.

48. Recuerdo tu tradición de metal untuosa. Vieja y segura. Toda así, azul, repta y me rapta.

49. Vi las gallinas morir. Últimas gallinas del mundo. Y aquí tengo al huevo. Fin del misterio.

50. Inmerso en tu pod misterioso. ¿Percibes al mundo que creaste? ¡No despiertes, todavía!

domingo, julio 01, 2007

El Cine finalmente, ¿para qué? La visión de Syriana.

Hay Cine para entretenimiento. Hay Cine para pensar. Hay Cine para denuncia. Hay Cine para… uno nunca supo.

Renté la película de Syriana no hace más de 3 semanas. Es una película con George Clooney, Matt Damon, entre otros, dirigida por Steven Gahgan, el escritor de Traffic.

Syriana es la palabra con la que se denomina a un análisis de escenarios políticos que realizan ciertos Centros de Inteligencia con respecto al Medio Oriente. Cuestiones de geopolítica, influencias de poderes, análisis de contingencias, fríos y calientes.

Nadie se mueva, esto es un escenario.

Es una película compleja, complicada. Leí en una crítica que hay que llevar cuaderno y pluma para anotar las relaciones entre compañías, entre abogados con empresas, entre políticos con potentados. Y luego están las explosiones. Luego esta la decencia, tal vez el remordimiento. Luego está la CIA. Luego los muertos. Luego está el olvido. Y la arena.

La primera vez que vi la película (fueron dos) se me escaparon detalles de quién tenía que ver con qué. El Hezbollah aquí, ¿es bueno, malo, flexible, gris?

El hijo del potentado/sultán/o lo que sea árabe, doctorado en Inglaterra, que siempre no hereda, que tenía tantos planes para hacer de su pueblo un pueblo menos atrasado, con esperanzas para el futuro, ¿es terrible sólo porque quiere vender su petróleo a un mejor postor, China, en lugar de a los Estados Unidos?

El petróleo se ha dicho que es una bendición para los pueblos. Y también que es una maldición. Le han dicho “veneros del diablo”. Parece que sólo hace millonarios a los que se encontraron el petróleo en sus patios como aquellos Beverly Ricos que aparecían en la TV en los sesentas. Si yo cazando liebres en el rancho de mi abuelo hubiera disparado y atinado en algo que luego se convertiría en un lago de petróleo, hubiera sido una maldición para los que me rodeasen, para toda la región. Clarísimo. Veamos Tabasco.

Me hubieran maldecido por siempre.

Pero el petróleo es bueno para plásticos, para combustibles. Para la civilización en general. De origen dinosaúrico, muchos de esos animales gigantes y antediluvianos tuvieron en mal descomponerse abajo de países con no muchas tendencias prooccidentales. Países fundamentalistas que un día aprendieron el dato de que lo que abundaba debajo de sus tiendas, de su arena y de sus camellos era valioso para Occidente.

Y que había muchísima gente dispuesta a negociar. Lo que fuera. El alma. Dinero sobre todo. Para el pueblo. Porque el petróleo es nuestro, porque el petróleo es de todos.

Syriana muestra a un agente de la CIA casi retirado, Clooney, en medio de un armazón enmarañado con traficantes, agentes, doble agentes, que logran que se muevan hilos terribles que están pegados con alfileres a estratégicos mapas . Al alterarse los equilibrios llegan las facturas por pagar. Acuerdos sobre acuerdos de grandes megaconglomerados con compañías que están más allá de la corrupción y que de pasada intervienen en todo el asunto. Y lo ennegrecen.

El petróleo es el centro de Syriana. El petróleo que se cotiza, que se usa, que está siempre presente en el mundo como intriga, como causante del estado de descomposición en el que una parte del mundo en constante lucha de intereses y de poderes está sumida.

Al final todos perdemos.

¿Qué para qué es el Cine? Para que, entre todo, un grupo de personas muestre como en medio de la corrupción (reflejo del mundo) se puede asomar un poco de decencia (reflejo de nuestros ideales).

No siempre se ganará. Pero la esperanza nunca podrá morir.