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lunes, junio 16, 2008

Por fin, La Venerable Matriz de Interactividad de Wired de 1993!!!!

Uno pensaría que en Internet está lleno, mucho, de muchas cosas, de las generales. O sea, de lo que esperas que haya. En promediazo, en aproximaciones, en lo normal de lo que la gente quiere y requiere.

Santo Google de todas las dudas, no te acabes.

Y no es así. Quizá es un reflejo de mi propio prejuicio.

Pensándolo bien lo que pasa es que no hay suficientes samaritanos de información para la red. Hay muchos faltantes. Pareciera que uno es demasiado especial de lo que uno realmente NO es por aquello de buscar cosas muy específicas, que no lo eran tanto al principio.

Y es como dicen, “si pones a setecientos monos a escribir a máquina durante setecientos años, alguno escribirá las obras de Shakespeare”. Obvio que esto fue escrito antes de haber PCs, pero la metáfora queda.

(…y me pregunto de donde salen esas ideas o metáforas de monos escribiendo a máquina y alguien cuidándolos y esperando a que sigan escribiendo y que si se dan cuenta cuantos son en realidad setecientos años en tiempo-mono, y cuantas generaciones de monos hay en un siglo para de ahí saber cuanta monería debe de cultivarse y cuidarse y alimentarse y como se les enseñará a tanto mono a escribir con las teclas, y lo de las hojas y porque deberían de ser las obras de Shakespeare y no las de C. Sanchez (¡¡¡Horror!!!) etcétera, sé que es un decir, pero sólo pensemos en ESE decir…)

Me induce a reflexionar en que eso significa que todo existirá, lo que sea, tarde que temprano, en medio del caos más o menos complejo.

O lo que dicen de You Tube, que si alguien escribe aleatoriamente cualquier palabra de 7 consonantes seguidas no tardará en aparecer un video de algún muchacho de Roanoke, Virginia, haciendo una locura y que le dio a su video por nombre esa misma palabra de 7 consonantes seguidas. Casualidad, destino o libre albedrío.

Los monos, los monos.

Pensando en eso me preguntaba yo, ¿donde está en Internet la Matriz Interactiva de Wired?

No que alguien me la haya pedido. No. Nadie. Y yo sí la tengo desde que tengo esa revista, pero la quería ver en alguna parte de Internet. Mínimo en la página de Wired. Y no estaba en la página de Wired,
www.wired.com . No, tampoco sé porque no estaba en la página de Wired. Puede que tenga que ver que los dueños de la revista Wired no son los mismos del website.

Pero debería de estar.

Esa Matriz de Interactividad, o Interactive Matrix es algo muy interesante, la verdad. Tiene que ver con la vivacidad de los medios, es decir, en cómo se calificarían o compararían estos si su realidad mostrada y si fuera valorada en razón de su vivacidad intrínseca.

Irían de lo más bajo a lo más alto en cuanto a sensorialidad. Esto se definiría como esa sensación de que lo que percibes es una realidad envolvente.

Por decir algo el radio en el siglo pasado transmitía radionovelas (lo sigue haciendo, parece, pero no sé de quien ni de nadie que las siga). En Estados Unidos había muchísimas, allá por los 40’s, por decir El Avispón Verde, Supermán (en su serie de radio inventaron la Kriptonita) etc. En México eran El Ojo de Vidrio entre muchas y sobre todo, Kalimán (en un hotel de la ciudad de México, en el Geneve, está en sus libreros ambientales de su mezzanine, entre tanto libro de adorno, dos libros de guiones de Kaliman, originales, a la vista de quien les quiera dar un vistazo).

Y la radio era envolvente, sugería una realidad en la que los personajes, actores con voces moduladas como debía de ser sugerían estados de ánimo y emociones y demás en conjunto con un excelente grupo de técnicos que de manera correcta generaban el ambiente gracias a sus efectos de sonido. Ellos generaban la realidad que envolvía a la audiencia.

En la cúspide de esto no olvidemos la realidad transmitida por radio por la gente del Teatro Mercury en 1938, que tomaron el control de una estación de Nueva York y con un guión basado en la obra de H.G. Wells, La Guerra de los Mundos, causando, ya saben, el pánico total.

Ese grado de envoltura o envolvimiento o como se le llame al hecho de que uno se pueda envolver se basa en lo que la gente, o sea el que está al pendiente esté dispuesto a aceptar que le sucede por ese medio y al mismo tiempo se permite ignorar al menos por un tiempo que es solo un medio.

Pero nos falta el tema de la interactividad.

Cuanta gente no ha querido actuar durante lo que está mirando de manera aparentemente pasiva. Los que gritábamos “¡¡¡SANTO, SANTO, SANTO!!!” cuando se aparecía el enmascarado de plata durante cada una de las tres películas que veíamos en la matinée en Tampico de a tres pesos en cualquiera de los domingos de rutina allá en 1971. O los que LE avisábamos del peligro: “¡¡¡CUIDADO SANTO!!! (Un amigo me contó que en Tucson mirando una película de Rambo, allá en los 80’s, alguien de entre el publico (mas ecuánime, supuestamente) gringo gritó “DON’T TELL THEM NOTHING, RAMBO!!!”.

Eso es querer adentrarse en lo que miramos, como si tuviéramos posibilidad de alterarlo con nuestro solo deseo, aun cuando el resultado final ya está hecho o grabado o transmitido o realizado.

O cuando vemos un partido de futbol repetido y quisiéramos que nuestro equipo no pierda esta vez (loserrrssss!). O cuando vemos tal o cual película en la que queremos que el final no sea así de trágico como sabemos de antemano que lo será…

Este concepto de “realidad presencial” (telepresencia, teleinmersión, términos así) con la que puedes interactuar es materia de escritores en la ciencia ficción desde hace décadas. Y los que lo leen ya hace esas mismas décadas se preguntan con muchísima curiosidad como sería ese ambiente, y de hecho Jaron Lanier, Nicholas Negroponte y otros grandes pioneros han hecho muchas investigaciones al respecto de cómo es eso.

Pero el punto aquí es que en ocasiones uno se pregunta como es ese panorama finalmente. Y de que hablamos al referirnos a medios, a vivacidad, realidad e interactividad.

Me gustó esa imagen, esa matriz. Ahí había varios conocidos, como por ejemplo, el Holodeck de Star Trek, ese fantástico lugar donde la computadora podría cargar un escenario en el cual podría suceder de lo que quisieran los tripulantes e incluso las personas dentro podrían sentir de todo también: aventura, paz, descanso, o incluso violencia.

Ese holodeck, sin dudarlo, era un buen artilugio para los escritores de la serie, y para los fans, un lugar que sirviera de punto de referencia como algo fantástico y digno de conocerse. O incluso de estar dentro.

Y lo más impresionante es que a medida que el programa fue superando el trauma de ser el sucesor del original Star Trek: The Original Series, ganando su justo lugar con sus nuevos fans, estos nuevos fans ya no solo tomaban el holodeck como motivo argumental sino como un santo grial en sí en cuanto a investigación, posibilidades, alcances y cuanto faltaría para llegar hasta tener algo así.

Esa es una de las razones de aparecer tan a la derecha y tan arriba en esa matriz.

Aparecen nombres como el de Martin Hellsig, un tipo que en los 50-60’s intentó poner las sensaciones a la mano, literalmente de los que veían una programación particular.

Obvio en este sentido de temas, tenemos ni mas ni menos que a Gibson, William, que fue el que popularizó el tema de ciberespacio, ese tema vago que define esa realidad que existe en medio de estas teclas y esta pantalla y más allá hasta donde está la pantalla de quién me está leyendo, conceptual y todo, es un espacio en el que dudo mucho se escriba algún día algo en que lo pensemos como definitivo.

Y más allá, a mero arriba a la derecha, se encuentra las Guarderías de Ray Bradbury Bradbury’s Nurseries, que yo ignoré que eran por 14 años, hasta que leí una historia de él el año pasado llamada The Veldt, La Pradera, un cuento que trata acerca de una familia que tiene en su casa un espacio en el que se desenvuelve un ambiente de lo que vendríamos a llamar posteriormente “Realidad Virtual”, pero ésta está en pleno, sobre todo al final, un tanto macabro, como muchos de los cuentos de Bradbury de esos tiempos, allá por los cincuentas.

Pero ese ambiente de tan natural que es más allá que el ciberespacio de Gibson y un más allá que el Holodeck de Star Trek, así que por esa interactividad merece estar en el pináculo de esta Matriz de Interactividad o Interactivity Matrix .

Por cierto que esta matriz que fue realizada en 1993 dice en su texto:

“Lo más interactivo y vivido que un medio particular es, mayor es su sentido de presencia. Sin embargo, si la interactividad (el grado de respuesta a un usuario) y la por decirlo así, vivacidad (el rango de las respuestas) son distinguidas como dimensiones separadas, de ese modo es reveladora ésta gráfica que muestra el rango de cada medio en estos dos ejes. Lo más impactante de este diagrama, su mensaje principal, es lo que yace en el área en blanco. Aquí yace el medio del futuro. Algún día habrá algún día más cosas más vividas que un videotape, pero no más interactivas. Hay también lugar para un medio no más vivido que una fotografía pero algo más interactivo. Esta gráfica fue compilada por Jonathan Steuer, un estudiante graduado de Stanford y consultor de Wired, durante su investigación sobre el potencial de la telepresencia del medio virtual.”

Este párrafo fue publicado en el primer número de Wired, en Febrero-Marzo de 1993.

(Antes de seguir con lo de la Matriz, sólo me queda decir que la revista Wired fue amada y seguida por mí (tal como lo fue la Rolling Stone y la venerable revista Byte), enfocada a lo que era la tecnosfera por donde se le viera, técnica, tecnología y sociedad, anticipando lo que venía en el futuro, analizando lo que estaba ocurriendo en el presente y reflexionando lo que sucedió en el pasado. Sí, lo sigue haciendo, pero como muchas cosas del pasado, ya no es lo misma cosa… ¿o más bien será que quién no es el mismo soy yo?

Interesante posibilidad.

Finalmente la Matriz de Interactividad no mostró algunas cosas. Digo, si los profetas del futuro y los ayatolas de la predicción realmente lo fueran, también serían millonarios, y no, no lo son.

Lo que no se previó tal vez, y hablo del 1993, de lo interactivo y ubicuo que podría ser Internet (todavía no registraba la aparición de los navegadores o browsers que estaban a punto de salir en menos de un año), las consolas de juegos que habría de desarrollarse cada vez más potentes, la revolución del MP3, el comercio en línea, la aparición del HDTV, los nuevos simuladores, la revolución del peer to peer, el ascenso del chat como medio socializador, los juegos como Los Sims, el Warcraft, el Second Life, etc.


Pero de que esta matriz marca un punto de referencia, lo marca.

Alguien un día la podrá expandir y ver si las nuevas tecnologías no son más que repeticiones de las anteriores, solo que más esbeltas, más rápidas, más ubicuas. Si habrá que hacerle adecuaciones, nuevos espacios, desplazamientos, ajustes.

Mientras tanto, ya la tengo aquí en Internet.


Denle click y asómbrense...
























Y si esto no vale la pena, traigan a setecientos monos a ver si en setecientos años pueden llegar a hacer algo así de ponerlo aquí.

¿Que con siete monos? ¿Que en una semana y media?

No, ya no los traigan.

Quedémonos con la duda.



















domingo, mayo 11, 2008

UN NUMERO CASI COMPLETO DE LIFE EN ESPAÑOL: UN CORTE TRANVERSAL DE LO QUE SE LEIA EN LOS AÑOS SESENTA.



Esta es una especie de memoria o referencia u homenaje o experimento que hago con la revista Life en Español, que tuvo tiempo de existencia desde aproximadamente 1953 hasta 1969, diciembre 15, para ser preciso.

Mucho se dijo que Life en Español al igual que Selecciones del Reader’s Digest eran como instrumentos del imperialismo norteamericano en Latinoamérica, durante la década de los años cincuenta y sesenta, como era común ver las cosas de ese modo en aquellos años, en el marco de la Guerra Fría.

De ese modo se decía, en círculos intelectuales, que Life en Español era un intruso en casa que entraba como amigo y que de alguna manera u otra vendía a los desinformados, las ventajas de los Estados Unidos, llámense culturales, de producción, sociales, comerciales y sobre todo, políticas.

Así podríamos ver muestras de la prosperidad americana, contrastar de soslayo, por lo mismo, lo terrible que eran las condiciones de la vida de los soviéticos y de sus satélites y el punto que era el no poder descansar nunca de todo eso.

Pero dejando a un lado sutilezas y lecturas entre líneas, Life en Español era también una oportunidad de vernos en ciertos espejos, que aunque pudiera decirse con cierto sesgo, digo, al parecer no podría ser de otra manera por entonces, esos espejos nos hablaban de esperanzas, de búsquedas de caminos hacia una prosperidad prometida, que aunque nunca llegó a como la pensamos, a como se nos vendió en cada uno de nuestros países.

Y bueno, de cualquier modo, estas imágenes, que son un chorro, sirvan para ver una revista de entonces, de casi 43 años de edad, en un número especial dedicado a México (que según las cartas posteriores eso no les gustó a algunos de los lectores en Latinoamérica) llena de comerciales, de fotografías, de pensamientos, de puntos de vista, enfoques, que, bueno, no se pueden leer, está la letra muy pequeña, la cámara me fallaba en cuanto a enfoque de repente (escanearlas es casi imposible, ahí te encargo el tiempo para hacerlo, con los scanners tan chiquitos como están ahora, y quizá un día haré algo, pero nada es seguro), pero así mismo no se trataba de ser exhaustivo, sino de mostrar un corte transversal de una revista representativa de lo que se leía por entonces no sólo en México sino en Latinoamérica misma, y de la cual se vendía muchísimo.

Finalmente Life en Español desapareció, como muchas revistas de por entonces porque, pues, no era negocio. México no podía aislarse de las tendencias mundiales, las revistas tipo Life, de temas generales, como Look, The Saturday Evening Post, no pasaron de la década de los sesentas.

La misma Life Magazine, la obvia madre de la versión latinoamericana, no llegó a 1973. La culpa fue de la televisión, quizá. Tal como ahora, siguiendo la tendencia, muchos periódicos están perdiendo lectores gracias a Internet. Todo se repite. Las condiciones cambian. Y pues hay que cambiar.

Pero el 27de Septiembre de 1965, la vida en México, era así:

















Esta, la portada, obvio, era doble...





















¿Ya notaron que la caja de cigarros, en México así les llamamos a los cigarrillos, es de plástico?





















Esta es el índice, lado izquierdo....





















...lado derecho.




















...los comerciales, tenían su parte sexy, claro... ¿qué habrá pasado con la cultura de las fajas?




















Una línea clásica que nos dio un mundo al parecer sin chiste....















































Esta es una primera parte de una foto, esto es Tlatelolco, 1965, antes que nadie se imaginara que pudiera ser un día, una tarde, una trampa...
























...la segunda parte de la misma. El fotógrafo es el gran Alfred Einsenstaedt, que, bueno, valdría la pena tener un artículo de él solo...





















La de abajo es Paseo de la Reforma, la de arriba a la izquierda es de Automex, como se llamaba a la Chrysler de por entonces...
























Desde el Castillo de Chapultepec...


dí...




"Parece postal", pero no, es el Paseo de la Reforma, todo limpio él...








(cómo me gusta el edificio de la derecha...)







Escenas de la lucha de clases en el supermercado, un Aurrerá, para esto...




No podía faltar la observación de que el gran Presidente Diáz Ordaz, en la cúspide de su poder, defendiera los principios de un país en estabilidad...







Ahí lo dice... "El Mexicano tiene, día a día, Más fe en sí mismo", lo dijo Aníbal de Iturbide




El señor de la izquierda es Carlos Prieto, de la otrora magnificente Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey... el de la derecha se llama Gastón Azcárraga, de la Fábricas Automex.






Manuel Espinosa Yglesias, el de arriba, ¿qué será lo que está a su lado? ¿un conmutador? ¿Y ya vieron las piezas precolombinas de atrás? Son muñecas olmecas....






Este señor es el Slim de la antiguedad, el dueño, por entonces, sí, dueño, de Teléfonos de México, Carlos Trouyet, ¿alguien lo recuerda?










Emilio Azcárraga, el señor, el que comenzó todo, arriba... "dando órdenes a su vasto imperio de radio y televisión...".


El de abajo es Rómulo O'Farrill, dueño de Novedades... "Romulito pertenece a los juniors que trabajan...".





Un pequeño comercial de Chevelle'65 !!!!!!!! (sí, ya sé, la redundancia)








Antonio Ruiz Galindo, subdirector ejecutivo de DM Nacional, cada oficina gubernamental de todo el país, tenía muebles de ellos. Hagamos cuentas...






"La Mexicana Alegría..." se hizo vox populi...






La moda era la moda...






(El genial) Abel Quezada y su representación del Grito de la Independencia...








¿Otro junior que trabaja? No parece, es mas bien "así vive un empresario que trabaja y se divierte..."






La Transición de una Familia...












El Mural, precisamente...









Siqueiros: "Por una seguridad social integral y para todos los mexicanos"








Tamayo: Dualidad y América.



Gabriel Flores: "El Hombre, la filosofía y la ciencia" y "Orígenes del Teatro en México"






Cuevas es Cuevas...





Este mural que aparece como en perspectiva y es como mecánico, no recuerdo el nombre, pero aparecía en un libro de texto de, creo, Lengua Nacional de sexto año, muy interesante.




La moda de Vanity, desde entonces...


...forever...


Y bueno, algo tendríamos que ver cuando estábamos chiquitos....






(Continua en la segunda parte porque ya me cansé... gracias por su paciencia y tolerancia....)






viernes, mayo 02, 2008

REPULSION MACABRA EN LAS SERIES TV DE HOY: EL CASO DE LOS CUERPOS DESCARNADOS EN CSI, EN BONES, Y UN GRAN ETCETERA


La gente quiere ver representada la vida como es en alguna parte. Algún misterio de la representación de la realidad. Lo que existe dentro de la mente y que se quiere mostrar a los demás.

Algo que tiene que ver con los dramas de la vida. Algo básico, supongo. Algo profundamente enraizado en los genes humanos. Algo de presunción y de arrogancia hay en eso de celebrar la sangre.

Imágenes de cazadores acorralando mamuts, tigres, antílopes. Luego los dramas de los egipcios, todos de lado los pobres. Luego los romanos describiendo las matanzas gráficamente en los arcos triunfales de sus emperadores. Luego los normandos encabezados por Guillermo el Conquistador describiendo en el fabuloso Tapiz de Bayeaux la derrota del rey Haroldo, incluyendo la flecha en su ojo que lo terminó matando.

La violencia siempre llama la atención. Goya con sus monstruos, ese cuadro de Cronos devorando a sus hijos es estremecedor. El cuadro de Manet del fusilamiento de Maximiliano habla mucho de la indiferencia de uno de los tiradores, mientras los demás le disparan al ex emperador casi a bocajarro.

Llega la fotografía con su clara descripción de la realidad capturada en un cuadrito. Su primera guerra, la de México con USA, es fotografiada, pero solo a nivel de tropas entrando a la ciudad, como sucedió en Saltillo en 1846. Luego tomaría a la muerte de frente en la Guerra Civil con los muertos de un lado a otro de los caminos de los campos de la muerte de esas batallas como Manassas, Gettysburg, y un gran etc.

Pero esas son fotos de circunstancias reales. Crean la sensación de la perpetuación de los instantes, mortales o no. Transmiten de manera sobrenatural el dolor, la vida desvaneciéndose. Campos de batalla, los panoramas quietos que desmienten de manera no natural la violencia precedente, creadora de la desolación humana.

Y así va la cosa. Los temas de la violencia y su descripción en las artes es solo una consecuencia natural.

Bueno, hace pocos días vi la película The Wild Bunch, de Sam Peckimpah, filmada en Durango, México, en 1969, con William Holden, Ernest Borgnine y un bunch de actores incluyendo al Emilio “el Indio” Fernández y a Alfonso Arau.

Es una película western que se sale de la línea de los westerns de hasta entonces. Porque déjenme les cuento que hay un contexto de evolución en todas las cosas. El cine no está exento de evolucionar.

Y ciertamente hay personas que dicen que mostrar la sangre por todas partes no es evolución. Evolución mis polainas, aseguran. Que es asqueante, aseguran, innecesario, ver como la espalda de un tipo explota envuelta en sangre. O sea, aquí el punto, evolución de cine como objeto-sujeto de narración no es el punto aquí, de momento, sino en concentrarse en el ver, en el observar, en el regodearse con la visión de la sangre, de lo rojo, de mirar, de atestiguar como el líquido rojo vital se está escapando del cuerpo de un ser vivo. Que este ser haya sido denominado como “bueno” o “malo” finalmente no importa.

Mirar en The Wild Bunch ese casi final de balas y balas y sangre y sangre y muerte y muerte, en cámara lenta, en ese, ya lo dije, regodeo de la violencia, admirar la convulsión del ser humano, su degradación final total, en la que se percibe la mortal indiferencia (literalmente) del mismo acto de segar vidas, no con la hoz mortal, sino en este caso con una gran metralleta de 1912, enfriada con agua, utilísima para su cometido.

Fue la primera película con excesos de sangre qué hubo en el cine (¿cuántos litros nos detenemos antes del llegar al one-too-many litros? ¿Cuántas heridas? ¿Cuántos muertos? ¿Quién o que sentido del buen o mal gusto define al one-too-many? ¿Cómo parar antes? ¿Se tienen deseos/impulsos de seguir adelante con más y más litros de sangre? ¿Alguien habrá usado el término de bloodycolor antes?) Hemorragia, borbotones, más términos relacionados que podrían ser útiles al menos en un laboratorio de análisis de sangre, tal vez, sólo tal vez.

Luego saldría El Resplandor con Stanley Kubrick con sus fancy elevadores del Overlook Hotel saliendo de ellos cascadas y cascadas de sangre y en el Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola, él mismo gritando en el plató “¡más y más sangre!”.

No quiero que sepan el final de Butch Cassidy and The Sundance Kid, pero alguien, (un poco antes de que saliera The Wild Bunch), nos evitó el punto de presenciar algo similar. O en el Zapata de Elia Kazan con Marlon Brando, igual (el caballo blanco sale de la emboscada y las balas lo cosen, pero nada de sangre). No como a Bonnie and Clyde, en su final en cámara lenta, cuando los abaten sangrando por todos lados.




(Detecto un patrón aquí)



Y ya luego siguieron más. El umbral empezó a moverse.

El asunto va por el lado de lo que es mainstream, es decir, en lo que es el grueso de la gente, lo popular, lo que es admitido por todos.

En alguna parte escribí acerca del daño relativo que hizo el cine de Spielberg y de Lucas al cine de adultos que comenzó con Vaqueros de Medianoche (Midnight Cowboys) de 1969, pasando por Chinatown (1974), Looking for Mr. Goodbar (1977), etc.

A partir de Tiburón (Jaws), 1975, y sobre todo de La Guerra de las Galaxias (Star Wars), 1977, y de Cazadores del Arca Pérdida (Raiders of the Lost Ark), 1981, el cine se hizo más suave. El cine mainstream, me refiero.

Llegando a estos años es contrastante con lo que pasó con la TV. Se hizo más real. Pero mas mas mas mas. Y hablo de las series de médicos, de las de policías. Parece que son las eternas en lo que a dramas se refiere. Digo, están las demás: las de aventuras, las de misterio, las familiares, las de abogados, las de etc.

Y bueno, hablemos solo las de policías. Las de médicos, pues, sólo Dr. House llega a ese extremo con sus modelos de cómo la enfermedades toman control en los conductos dispersos y diversos del cuerpo humano.

Ya hablé de CSI hace como un año en estos espacios. De cómo exageran las cosas para conseguir la confesión del asesino, del malvado, del que comete la felonía, el delito. De cómo no existen esas técnicas estos días, de cómo chocan estas con la realidad, finalmente.

De cómo personas en la vida real muestran un por decir hilo de un sweater de un malhechor y esperan impacientemente a que la policía logre la identidad del tipo que lo compró para meterlo en la cárcel.

De como ese efecto CSI causa efecto en la vida real. Caramba, estos cuates, los de Miami, los de Nueva York, los de Las Vegas, jamás pierden una. Siempre encuentran al asesino utilizando esa técnica y ciencia que es devastadora, todo en 48 minutos.

No sé porque en la vida real la gente mala, la que asesina lo sigue haciendo. ¿Qué no ven la tele? ¿Qué no saben que los encontrarán a pesar de que hayan cometido su asesinato con el cuidado más extremo?

Luego está NCIS. Al principio no me gustaba, lo sentía muy nacionalista gringo en tiempos de guerra. Patriotero y jingoistic. Los malos son los que quieren matar a nuestros soldados que luchan desinteresadamente por imponer el estándar de vida norteamericano, junto con el gusto por el pay de manzana.

Pero lo he visto después y es muy humano de repente, o quizá he visto pocos programas, no sé. El ultimo se trató de lo de siempre, un asesinado, en este caso un soldado americano musulmán. Sí, un marine musulmán. ¿Por qué no? El caso es que se imponía hacer una autopsia. Pero el forense, el viejo David MCallum, el original Illya Kuryakin del Agente de C.I.P.O.L., se oponía, porque la fe musulmana se opone a eso a abrir un cuerpo muerto. Así de sencillo. Y bueno, el caso es que hay respeto en esa acción. Respeto a la fe musulmana tal como debe de ser. Okey, sólo es un programa de televisión.

Y me pongo a pensar en la violencia. Adoro el programa de Lost, pero de que es violento, lo es. La sangre aflora de manera sencilla. Bueno, algo de El Señor de las Moscas había de tener. Desamparados en una isla, la fuerza se impone, etc.

Y así sucede. En Bones, un programa de forenses, se ve que tiene raíces con Quincy, aquél programa de los 70s con Jack Klugman. Sólo que en el caso de Bones, que también me agrada mucho, pasa algo con el programa que definitivamente no voy de acuerdo.

Es aquí donde junto ambos, NCIS, CSI y Bones van de la mano. Su hipergraficidad del asunto de los muertos. Sí, todos son de policías. De descubrir al malo. Al asesino, al que cortó la vida a alguien más.

Ya mencioné que NCIS es mas humano en ese sentido con sentido del humor. Bones es de humor y de la tensión erótica entre ambos protagonistas. CSI es mas frío, más efectista y eso sí, sólo con chispazos aislados de humor sólo en el de Las Vegas.

No he mencionado a Criminal Minds y al de Dexter. Luego hablaré de ellos. Algún otro día. Dexter es más espeluznante. El protagonista es tan criminal como a quienes persigue. Criminal Minds es algo que trata con gente enferma y violenta de la que uno sabe que sí hay afuera., Y no hablo de la diferencia o de si hay diferencia o no, entre los criminales latinos, o en mi caso, mexicanos, con los de Estados Unidos. Lo menciono por el hecho de cómo estamos construidos psicológicamente en esos aspectos los seres humanos.

Bueno, la crueldad es la crueldad. El matar es el matar. La fascinación es la fascinación. La repulsión es la repulsión.

Y ha pasado mucho de ver programas de TV en los que vemos personas caer sin sangre, solo caer al piso, cuando un balazo les pega. Digo, cada persona caída es alguien, en ese mundo, con madre, esposa, hijos, que sé yo.

Luego veo la película de Donde las Aguilas se Atreven, Where Eagles Dare, 1969, con Richard Burton y Clint Eastwood, con éste último matando con dos metralletas en cada mano, a mas de doscientos alemanes él sólo. Nada de sangre. Sólo cuerpos.

Y es el caso que Bones saca cuerpos cada semana queriendo superar el gore de su semana anterior. Pies cortados. Mutilaciones. La carne pegada al hueso. Esqueletos realizados con restos de 18 cuerpos diferentes. Cráneos, mandíbulas. Gusanos en las órbitas de los ojos de algún cadáver descomponiéndose en medio de un bosque.

El realismo a todo lo que da. ¿Se necesita? ¿El efecto será menor si no fuera así? ¿Es importante mostrar, más que sugerir?

No he leído de protestas de parte de los medios. No he leído de críticas en las revistas, sólo se menciona el gore, nada más eso. ¿Qué es el gore? La sangre, el órgano, el realismo de las tripas saliéndose. Eso es el gore.

Pero las series son populares. Eso no se niega. No sé si hay relación entre gore y popularidad.

Una vez leí una crítica del Time sobre una novela de Stephen King, llamada The Dark Half, La Mitad Oscura, de 1984, acerca de un novelista, el protagonista, que escribía sobre un asesino super terrible, que no sé si era el antihéroe o que. El caso es que ese escritor toma vida y, bueno, sobrenatural como casi todas las novelas de King. El punto es que el crítico literario de Time dijo que, si la violencia descrita en The Dark Half fuera sexo, la novela sería hiperpornográfica.

Si el descarnamiento, o como se llame el tratamiento que se muestra en pantalla de cuerpos, de los acercamientos a la descomposición, del otra vez, regodeo, que se da en la superficie de los cientos de cuerpos que aparecen cada semana, fuera sexo, la de voces que estallarían en contra.

Nip/Tuck era repulsiva y fascinante, en una extraña mezcla, ahora solo es repulsiva. Y es demasiado hedonista para mi gusto, pero ahí está lo del sexo, junto al bisturí, los implantes, lo bizarro del ser humano que quiere que le quiten o que le pongan. Y es repulsiva, pero el cuerpo mostrado no está muerto, a lo mucho está preso de la baja estima, o del dinero o de la búsqueda siempre fallida de la eterna juventud.

También está el caso de Pushing Daisies, que es otro programa, genial en cuanto a fotografía, pero totalmente macabro desde donde se le vea. Un tipo que tiene el poder de resucitar a los muertos (me suena, me suena), pero solo por un minuto, y que usa ese poder para averiguar quien mató a la víctima y a partir de ahí poderle hacer justicia. Los muertos que despiertan para esto, tienen sentido del humor aunque les falte una parte de sesos. Algo como salido de la película de El Sexto Sentido, pero con humor.

Six Feet Under. La historia de la familia que eran ni más ni menos que dueños de una funeraria que al principio mostraba solo las muertes más extrañas, usaré la palabra bizarra de nuevo, que luego tendrían que ser mostradas ya embalsamadas ante los deudos. Extraña, fuera de lo común, excelente música de introducción.

Y si estos programas, Bones, CSI, y demás, en lugar de dedicar esa energía a mostrar lo más bizarro de la carne muerta, lo dedicaran al sexo, uf, lo que no se escucharía en los medios, como programas decadentes, terribles, sin valores, repulsivos y… fascinantes quizá después de todo.

Ya veremos con el tiempo, ya lo veremos.

Recordando esa frase que alguna vez leí en Penthouse o en Playboy, “llevar a cabo un asesinato es un crimen, describir un asesinato no lo es, llevar a cabo un acto sexual no es un crimen, describir un acto sexual, sí lo es…”. ¿Aplicaría todavía?

Y bueno, Californication más o menos ahí la lleva en cuestiones de sexo, pero, habrá que ver. Y dicen que es comedia.

¿Cuál sería entonces el equivalente en sexo, de mirar una escena de CSI: Nueva York, de un tipo tirado en el piso sin nariz, sin boca y sin mandíbula, con un gran agujero rojo y grotesco en esa parte de la cara, porque le estalló, un puro, dizque de broma, cargado de verdadero explosivo?

No, no me lo puedo imaginar. Pero un sexo así, de impactante, estaría impresionante.

O bueno, quizá hasta yo tendría mis límites.

viernes, abril 25, 2008

Los tremebundos Expedientes X o como la gente les dice, los X Files


Antes de entrar en materia de los X Files déjenme les digo que:

Doy gracias al blog (como si fuera entidad lejana o divina etérea o sólo conceptual).

Doy gracias al blog que me deja escribir de lo que me plazca.

Doy gracias al blog que me deja escribir de lo que me plazca la extensión que yo quiera.

Porque la Verdad está allá afuera.


Vi un episodio de los X Files recientemente que grabé en el canal de FX que por horarios me era imposible de ver por cuestiones de horarios (¿X Files? ¿Canal FX? ¿Fox Network? Aquí hay un monstruoso patrón de alcances masivos ¿eh?). Este en particular es uno en el que Fox Mulder (¿más del mismo patrón?) está de manera extraña en un barco llamado Queen Anne, hundido en el Mar de los Sargazos en 1939, el 3 de septiembre para ser exactos, día del inicio de la Segunda Guerra Mundial, pero que de repente aparece en 1998 y en medio de una intriga complicada de explicar en este espacio, que envuelve una incursión de parte de soldados alemanes, un científico nuclear, los amigos de Mulder, The Lone Gunmen, los loquitos paranoicos que siempre lo ayudan y también, la eterna Dana Scully, por partida doble en este capítulo particular, con todos los secundarios, The Cancer Man, Spender y Skinner con el plus de verlos vestidos como nazis, en el caso del The Cancer Man, de la SS y fumando, para variar.

¿Más fascinación? En este capítulo en particular suceden dos historias simultáneas en el mismo capítulo, con pantalla dividida incluso, una en el barco mencionado lleno de alemanes, en el que Mulder está con una Scully que no lo es exactamente, y otra Scully, la verdadera, que recorre el barco mismo, pero vacío, buscando al Mulder extraviado.

Todo rodeado de una música trepidante tipo jazz con cierto staccato contrapunteado con música tipo Glenn Miller mientras sucedía una pelea entre marinos y alemanes.
Es divertido ver a Mulder hablar con los personajes del pasado con referencias del presente, como por ejemplo decirle a un inglés, que le empieza a creer que es del futuro, que los Estados Unidos ganaron la guerra sólo por dos palabras: Pearl Harbor. Además le dijo que en la contienda los ingleses habían hecho lo suyo, con la ayuda de ellos, los norteamericanos, y que de alguna manera la historia los trataba bien, excepto por lo de las Spice Girls.

No extrañamente, o bueno, tal vez, sí extrañamente, mi blog reciente trató de Lost, precisamente sobre el episodio de La Constante en el que hay un viaje en el tiempo, o más bien en realidades temporales traslapadas, lo cual es uno de los temas favoritos de la ciencia ficción o la fantasía, ultimadamente, pero en este caso particular de mi blog es sólo coincidencia el que hago una mención de un capítulo de los X Files en el que también hay una referencia de realidades temporales traslapadas.

¿Y si les dijera que el siguiente episodio de X Files que vi se trató de un asunto que involucraba una situación de rehenes en un banco en el que el agente Fox Mulder está dentro, herido, con Dana Sculley y un mártir-to-be trayendo un chaleco lleno de explosivos que finalmente explotará de manera tremebunda con ellos dentro? El punto aquí es que la historia no se detiene así, sino que empieza de nuevo y la trama se repite, y viene y vuelve una y otra vez más, como en un ciclo que se cumple eternamente hasta que…

Y no es que yo pregone la originalidad en sí de una idea que, deja tú en la venerable ciencia ficción, sino que ya es harto conocida en la misma televisión y en el cine (lo cual es ya mucho decir). De hecho, hay un excelente episodio de Star Trek: The Next Generation que trata de lo mismo, un evento que se repite una y otra vez hasta que otro evento diferente, pero que se va creando poco a poco en cada ciclo, rompe con todo. Y este plus, no salga sin ellos, es que el Enterprise explota. No una, sino en cada ocasión. El otro ejemplo famoso de episodio que se repite sin cesar es el de la película de Groundhog Day en la que a Bill Murray le ocurre el mismo día, sí, el mismo día una y otra vez, según leí, por diez años, tiempo que calcula el propio director de la película.

Volviendo a los X Files, ya vimos que tienen un lugar en el ámbito de la ciencia ficción y fantasía respetable en lo que a televisión respetable se refiere.

En ellos hay acción, conspiración, lo sobrenatural, sueños, mil cosas. Es drama, es entretenimiento cuyo efecto a ciertas personas es, ¿hacer pensar? ¿Convencer?

Pero sobre todo mucha gente identifica a los X Files con los extraterrestres. Y no sólo con objetos no identificados, sino con conspiraciones desde la misma parte oscura del gobierno. Ah, pero estos agentes su día no sólo era lidiar con la terrible burocracia, sino también se daban tiempito para lidiar con vampiros, con fantasmas, con espíritus. Con monstruos que parecían tenias humanas (sí, platelmintos, brrr), o que se integraron a la naturaleza boscosa de cerca de los Everglades, o los que eran como formados por lodo viviendo en los emblemáticos suburbios de América (así le dicen ellos), o investigando lugares en los que hay seres como si hubieran sido clonados de manera no natural uniendo a animales con humanos, o incluso en el cómo se puede ver que tan bajo (baaajo baaaajo) puede caer una serie, batallando incesantemente con Chupacabras latinos, ¿o qué, acaso hay de otros?

Will Shakespeare, James Joyce, Chris Carter, Henry Miller, Vladimir Nabokov Cuauhtémoc Sanchez. Todos genios. Nadie aspiró a comunicar un mensaje, todos aspiraron a entretener, a mostrar la verdad y diversidad de los orgullos, valores y vicios humanos. Al menos a su versión de la verdad y su visión de la diversidad.

El juego de los X Files era el de uno que decía que podría haber algo más allá. Como la Verdad que está allá afuera, pensando que no hay mucho problema, la cosa es solo levantarse, abrir la puerta y asomarse a la calle.

Conforme las temporadas iban pasando (fueron 9) Chris Carter, sumo pontífice de este programa, decidió irse por el asunto de deja-les-complico-la existencia-a-los-televidentes.

Para esto la receta es sencilla-complicada: Hay que mezclar de todo, conspiraciones de parte del gobierno, el cual siempre ha de tener una razón seria para acecharnos (les podría contar historias) a nosotros, pequeños seres de a pie, que en la edad post Watergate, post Once-de-Septiembre y post Huelga-de-Escritores de TV tenemos que apechugar, aguantar esas presiones de gobierno democrático elegido por la gente y para la gente, que busca eternamente nuestro beneficio a pesar del perjuicio en corto que esto pudiera causar. Pecatta minuta.

Pero todo esto es sólo especulación, y sé perfectamente que no cayó nada espectacular en Roswell en 1947, que no hay ovnis, que no hay profecías hechas por los diseñadores de la Gran Pirámide, que lo único que pescas en Teotihuacán en cualquier 21 de marzo no son rayos cósmicos ni energía ni buenas vibras, sino un resfriado de proporciones cósmicas, que no creo en fantasmas, o en brujas o en hombres lobo, que no creo en astrología, que no creo en la homeopatía, que no creo en la rabdomancia, que no creo en que te lean las cartas, que no creo en los biorritmos, que no creo en El Secreto.

A duras penas creo en Elvis (el de antes de 1959), en Dylan (por casi siempre), en Lennon (eternamente).

O sea, los X Files son absurdos, muy absurdos, increíblemente absurdos. Pero son historias, la mayoría bien contadas. Suspensión de la Incredulidad una vez más a bordo de una motocicleta Triumph 2290 cc a toda velocidad, rompiendo con lo queda de duda o de titubeos. No nos provoquen, sabemos muy bien que terreno caminamos, aún sí este es hielo quebradizo, no nos importa. Para eso estamos nosotros, los pensadores de sistemas, los decodificadores masivos inclusivos de las ondas hertzianas, y de sus primas, las transmisiones cableras.

Los programas de TV son las leyendas modernas, los mitos que se crean, por personas que aprovechan tendencias o zeitgeist del momento para construir figuras chinescas con sus sombras en la pared llenas de nuestros temores, ¿Qué tal si sí hay fantasmas? ¿Qué tal si sí hay conspiraciones? ¿Qué tal si las leyendas urbanas no son tales? ¿Qué hay si todo está alambrado para que mi destino esté encadenado aquí, en este lugar y no pueda ir más allá que mi fuerza de voluntad cese de existir pasando esa puerta…? ¿Qué tal si sí? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la verdad cuando hay comerciales tan largos? ¿Qué es la verdad cuando descubro que por hacer este blog tan extenso no he terminado mis deberes deberes? ¿Qué tal si el Sistema Windows Vista no logra despegar?

Estamos desamparados en este Valle de Lágrimas, en este Valle de la Muerte.

Y así dice la Biblia, que caminaré por el Valle de la Muerte, pero prefiero cambiarle a como dice Woody Allen: “¿caminar por el Valle de la Muerte? Nooo, mejor correr por el Valle de la Muerte…”.

Mejor así. Correré. Sí.

Pero estábamos hablando de los X Files.

Como dije, no creo en ovnis pero adoro los X Files. No creo en fantasmas pero adoro los X Files. Creo en conspiraciones Y adoro los X Files. Y sólo soy un representante común y silvestre masculino de contradicciones como buen hombre que soy. No en el contexto de bueno, de bondad, sino de hombre, hombredad, ¿ok?

Me encantan las frases entre ambos, la ironía total, el sarcasmo, el puntillismo con que las frases afloran. Hay que sobrevivir. A palabras o a mentadas, como decía María Félix en esa maravillosa película de la Revolución, ¿cuál era? Entre Sculley y Mulder la química verbal entre ambos, sublime, más que entre el agente Dogget y la Agente Reyes que los sustituyeron sutilmente en las últimas dos temporadas (ah, ese episodio en el que salió Burt Reynolds, grandioso).

Por cierto, esta serie fue la primera en basarse con celulares, presagiando la llegada de 24, una serie que, sin sus celulares, le tendrían que haber llamado Quincena.

Mulder le llama a Sculley: “¡Ayúdame Sculley!”. Sculley le grita a Mulder: “¿Dónde estás Mulder?”.

Al mismo tiempo plena recepción, plena batería. Roaming: ¡muérete en el infierno! (en aquellos años era algo menos sofisticado que ahora) y el mejor programa de pagos o tiempo-aire de la historia. O eso o la mayor cantidad de tarjetas prepago de todos los tiempos (que muy convenientemente no nos muestran, ¡ajá!, otra línea de investigación).

¿Les dije además que los nombres de episodios son geniales? Talitha Cumi. Anazasi. Redención. Teso Dos Bichos. Génesis. Memento Mori. Getsemaní. Tungunska.

El mundo de esta serie, sí que es terrible. Peor que el nuestro, aquí te peleas en el tráfico, con el cuate de la tarjeta, con el del cable que te cobró mal, con el del Internet que no te lo dejó bien, con la entidad federativa que no te ha pagado el aguinaldo desde Diciembre y ya estás en Abril (pregúntenme cómo así).


¿Pero el de ellos?

¿Me preguntas al respecto del de ellos? ¡Ponte a pensar! Hay una conspiración en contra de la población mundial, y mientras te das cuenta de ello y meditas que hacer, con una mano luchas contra todo ese aparato gigantesco (hay que recordar el episodio del Submarino en el Ártico), contra hombres de negro sospechosos (el episodio de José Chung, con hombres de negro protagonizados por Alex Trebek, de Jeopardy!, y Jesse Ventura, actual o anterior gobernador de Minnesota, sepa, y que es otro hiperexcelente episodio), con la otra estás contra hijos del demonio, contra seres que vienen por ti en forma de cucarachas, fantasmas, monstruos de todo tipo, chupacabras, tipos que leen la mente, extraterrestres sin ojos y sin boca, virus que se te mete en los ojos, momias incas, lo que se te ocurra, abejas peligrosas, implantes en tu cuello o en tu médula. Incluso dobles, incluso reencarnados.

¿Díganme cómo estos agentes pueden dormir en la noche? ¿Cómo se atreven a cerrar los ojos?

O sea, en su día matan, destruyen, conjuran, contienen invasiones extraterrestres, estorban conspiraciones gubernamentales, mil cosas.

De noche… bueno, van por los bosques mejor iluminados del mundo acompañados de valor, una pistola, una placa y mucha, mucha fe en sí mismos, en que su mundo tendrá solución. Algún día. O hasta que salga la película de X Files 2, que está ya en producción.

Y después de todo, de todo, sólo queda reflexionar que mientras sus celulares tengan batería, nosotros, sí podremos descansar.