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sábado, octubre 27, 2007

Rock de Película: Simbiosis Perfecta



Hablar de cine y música es amplio. Demasiado material. Por decir, hay muchísimas películas que quedaron en la memoria para siempre que han tenido como tema la música, Singing in the Rain. West Side Story, entre otras.

Y cómo a mí me gusta el rock y cómo éste está grabado en mí como tatuaje hasta los huesos recordaré las películas más importantes con está temática, según yo, pues.

Jailhouse Rock. Elvis Presley en la cárcel. Elvis sale y triunfa. Elvis es el rey. Sencilla y rebuscada. Sí. ¿Y qué? Fin de discusión.

A Hard’s Day’s Night. Los Beatles juegan a que son los Beatles en gira. Los Beatles borgesianamente actúan como ese tal grupo. Los Beatles se divierten tanto que se convierten en ellos. Ultragenial, ¿no?

The Wall. La pesadilla hecha realidad. Cuento sin ton ni son de un rockero llamado Pink. Martillos marchando por nuestras cabezas. No, no necesitamos educación. Bueno, sí, a veces. Pink Floyd no fueron sólo cerditos rosas volando.

Heavy Metal. El film de caricaturas por excelencia de fantasía para adultos que fueron el vehículo de muchas canciones de rock de grupos setenteros que aún escucho en mi MP3. O al revés. Taarna. Aún se le recuerda entre tantos escenarios de acuarela.

Gimme Shelter. De cuando la mayor banda de rock del mundo, los Rolling Stones, tocaron a plenitud mientras eran amenazados por los Ángeles del Infierno. Simpatía por el Diablo, ciertamente. Los sesenta terminaron realmente ese día en el Anti-Woodstock.

Rattle and Hum. U2 con una expresión sensible y hacia la raíz de la música. La versión de Helter Skelter de Beatles y de All Along the Watchtower de Dylan son estremecedoras. ¿Por qué vale más el CD que el DVD? Sigo sin entenderlo.

Purple Rain. Prince en el máximo de sus habilidades y capacidades. Let’s Go Crazy. Un autohomenaje descarado. Pero valió la pena. Totalmente.

The Song Remains the Same. Led Zeppelin rompiendo bocinas por doquier. El arquetipo de los videos llenos de plutonio de heavy metal de décadas por venir. Onirismos pretenciosos. Rock and Roll. Stairway to Heaven. En vivo. No se diga más.

Grease. Saturday Night Fever. Sergeant Pepper’s Lonely Heart Club Band. Las pongo sólo por ver sus nombres impresos. Hacerlo es todavía crimen capital en ciertas ciudades. Cintas cursis, temáticas, nos hablan de su propio época. Sí, las disfruté. Soy culpable. Demándenme.

Amadeus. La Bamba. The Buddy Holly Story. Tres películas sobre tres artistas que murieron antes de su momento. Richie Valens y Buddy Holly, el día en que la Música murió. De acuerdo, Amadeus no era rocker, pero, como si lo fuera, ¿no? Y se le extraña también.

This is Spinal Tap. Si no la han visto, se han perdido de una parodia que llega a doblarlos de risa. El bioregistro de un grupo de rock decadente que no encuentra el camino hacia el escenario. Literalmente.

Almost Famous. Periodismo de ensueño. Eres adolescente y cubres la gira de un grupo de rock. Es que debiste de estar ahí. Sus sueños. Sus excesos. Eso no pasa en la vida real, ¿verdad, Zeppelin?

The Kids are Alright. The Who. Crudo. Poder. Real. Y además: Keith Moon. Para subirse con ellos en el Autobús Mágico. Por algo CSI usa sus canciones.

All You Need is Cash. La desconocida historia de cuatro tipos que se juntan para hacer un grupo de rock que estremecerá al mundo. Mientras más sepas de los Beatles, más te reirás de ésta su genial parodia.

Y me faltaron muchas: Let it Be. Yellow Submarine. Streets of Fire. Easy Rider. The Phantom of the Opera. The Rocky Horror Show. El Mil Amores. Ah, no, esa no.


domingo, octubre 14, 2007

Crónicas del Metrobus - Cómo funciona - Cómo funcionamos - El Año de Viajar Peligrosamente



En ocasiones te tienes que dejar llevar. Flojito y cooperando. No hay de otra. No te puedes oponer a la masa. No puedes oponerte al sistema. No le puedes ganar al sistema, bien lo dicen los londinenses. Por lo menos lo dicen en las camisetas que venden al respecto del Underground, como le llaman a su Metro. Ellos saben dos o tres cosas en cuanto a Sistema de Transportación Colectivo se refiere. En la ciudad de México le dicen “el Metro” y con él está su increíble aliado, el “Metrobus”.

Es cuando agradeces que estés en una situación de querer bajar de peso. Es necesario estar delgado, ser de talla media, no traer bultos voluminosos. En caso contrario sufrirás las consecuencias.

Estuve el pasado martes frente a un precipicio. Nada me separaba de caer. En un descuido podría hacerlo. Y traía conmigo un peso muerto de aproximadamente cinco kilos tomado de entre mis manos. Un peso muerto tan pequeño que a nadie haría preocupar en circunstancias normales. Pero ya eran 25 minutos de estarlo sosteniendo en la misma posición. Podría parecer como castigo escolar. Sostén una carga por un período prolongado y no te muevas de posición en lo absoluto, sino…

Estando frente a ese precipicio no hacía más que mirar hacia el frente. No quería mirar hacia abajo. No quería ver la poca distancia de la que estaba el filo de mi abismo de la orilla de mis zapatos.

Y luego, la ingente cantidad de gente detrás y al lado de mí. Cada ocasión sentía que me empujaban un poco más, un centímetro tal vez, hacia delante a la hora de tensarse y a la hora de relajarse, podría percibir que recuperaba sólo la mitad de eso. Como si estuviera descubriendo una absurda respiración de locura. Pero no me engañaba, cada ocasión sólo me dejaba medio centímetro más cerca de la orilla.

No, no era una pesadilla o un mal sueño, ni siquiera un mal viaje (¿Mal viaje?, pudiera ser sólo el principio.)

¿Mencioné que el precipicio hasta el suelo sólo era de un metro? No, no lo hice. Pero como pudieron ver en el título, desplomándome hacia abajo me podría enfrentar de lleno y de frente en cualquier instante con el sistema de transporte urbano llamado Metrobus del Distrito Federal enclavado en el Ombligo, entre todos, el de la Luna, República Mexicana.

Los temerarios se asoman lo que pueden hacia su derecha. No hay salvaguardas que protejan de un desliz, de una torpeza involuntaria, de un accidente no tan feliz. Piensan estas personas sin miedo que ahí viene, ya no tan lejos, detrás de aquella curva vertical. Podría ser, ¿por qué no? El gigantesco vehículo por su carril particular que está a punto de llegar a la estación de 18 de Marzo a como a un cien metros tal vez de la estación del esta sí, estación del Metro llamada también 18 de Marzo, en medio de la celebérrima Avenida de los Insurgentes, muy cerca de su cruce con la calle de Montevideo, al norte de la Ciudad de México.

Sí, es el vehículo que se asoma pitando un tanto irónicamente con una chicharrita que ha de significar algo así como “no se asomen, que no respondo”. No es sonido amenazante. Pero de que llega al frenar, a quedar a sólo unos dos-tres-cinco centímetros de la plataforma, sí queda.

Debe de haber crónicas del Metrobus por Internet. Eso supongo, pero no las encuentro. O del Metro. Pero pueden estar dispersas dentro de textos. O eso, o pueden ya ser materias tan aburridas para la gente que ya a nadie le interesan un comino. Andar en Metro o Metrobus puede ser ya parte del código genético de millones de personas. Y eso es por día. Y el Metro tiene 38 años de andar por ahí surcando las entrañas de la gran ciudad de México. El Metrobus tiene apenas dos años yendo para un lado, luego para el otro en sentido inverso. Podría estar dejando un surco. Alguna señal para ser vista desde el espacio dentro de unos decenios.

Y así como hay usuarios del Metro que ya ni se han de dar cuenta de nada nuevo (la experiencia Ceguera de Taller, de la que ya he hablado), disminuyendo en caída libre su atractivo como experiencia digna a ser narrada, porque, imaginemos por un segundo a alguien que vive en la Gran Ciudad desde hace más de 35 años y que desde hace 20 se dedica a utilizarlo en algún trayecto hacia y desde su oficina. Serían 220 días hábiles de trabajo anuales, o sea, 440 viajes, y eso por veinte años nos dan algo así como 8,800, o 10,000 para cerrar. Como quiera, son muchos viajes. ¿Qué le puedes decir de nuevo a algún usuario consuetudinario del Metro? No mucho.

Pero da la casualidad que yo soy nuevo usuario consuetudinario. Sigo viviendo en la bucólica ciudad aledaña al centro del país a donde llegué desde hace 4 años y me traslado todos los días a esta gran big-big-big epopéyica ciudad a 80 kilómetros de distancia.

El perturbado-esquizofrénico-maniático trayecto diario va como sigue: Me levanto todos los días a las 5:30 A.M., me traslado a la estación de autobuses a las 6:20 A.M. y justo llego a tomar el autobús de las 6:47 A.M.. La ciudad de México tiene para esto, entre muchos otros que pueda tener, un monstruo de tráfico que constituye la Madre de todos los Tráficos, el del gran punto de concentración humana llamado Indios Verdes.
Esta Madre en particular tiene la extraordinaria propiedad elástica de manipular el tiempo a su antojo. En ocasiones he llegado a mi punto de descenso a las 8:25 A.M., en otros momentos he llegado a las 9:10 A.M.. Esa es otra historia. (Y eso es todos los días. Será el lunes siguiente. Y el martes. Y el miércoles. Y así los días posteriores.) ¿Perturbador? Algo. Equis. Whatever. Nevermind.

El caso es que el autobús me deja invariablemente a cien metros de la Av. Montevideo y me toca punto de elección. ¿Me voy en Metro que está a cincuenta metros de mí? ¿O me voy en Metrobus que está a 125 metros siguiendo una angosta escalerita que tiene una visión digna de foto, look and feel, que te hace sentir que estás en el Metro de Tokio de los años 70’s? (Y que todavía no he tomado.)

Nada como vivir en el mundo libre que te deja opciones tan abiertas como estas. Parafraseando a Woody Allen en su clásico discurso a los graduandos: tenemos ante nosotros dos grandes caminos, uno de ellos te podría llevar a la desesperación de la aniquilación total, el otro, hacia la extinción absoluta, ojala seamos lo suficientemente sabios como para elegir el adecuado.

Ya antes me decidía siempre por el Metro pero cuando supe que la entrada al Metrobus estaba tan cerca, opté por ese cambio.

Las primeras veces no me fue tan desagradable. La estructura del Metrobus para esto consta de tres puertas. Aparte de primero como entender en el módulo automático algo tan complejo cómo el comprar mi tarjetita magnética para poder llenarla de pasajes válidos por un viaje, que cuestan 3.50 pesos cada uno, aproximadamente 32 centavos de dólar, y para después de ahí entrar a la plataforma, lo demás fue sencillo.

Esa primera vez no había muchas personas . Derivé hacia el fondo poco a poco. Donde había menos gente. Y nada, que de pronto, estoy rodeado de mujeres por todos lados. No me di cuenta de esto hasta que llegó el Metrobus en cuestión y subirme hacia él. Y ahí estuve en medio de fragancias escondidas de estrógenos que me rodeaban por todas partes. Hombres sólo yo y otros dos o tres. Luego me vine a enterar que una de las reglas que existen en esta transportación es que los hombres van separados de las mujeres por aquello de los extragrandebigsize apretujones a todo lo ancho y lo amplio de la experiencia. Las mujeres allá al fondo. Los hombres acá.

Mi primer viaje no fue tan complejo. Transcurrió sin novedad y ya para cuando llegué a la vigésimo tercera estación, que son las que transcurren hasta que me bajé, ya la población estaba más integrada.

Cosas extrañas, miré durante el trayecto a un hombre desnudo. Sí, un hombre en Full Monty en medio del amplio camellón-jardín de la avenida Insurgentes, a unos cuantos metros del pintarrajeado Monumento a la Raza (ah, Raza), ahí estaba el angelito como bañándose recién salido de la cuna, inmutable cual paciente habitante del Paleolítico Urbano, cerca de su casa-residencia-campamentoderesistencia. Imagen impresionante, surrealista y chocante. Me volteé a mirar las caras de las mujeres que probablemente también lo vieron. Nada. Todas ensimismadas en sus mismos yos.

Como mencioné, ese fue mi primer viaje. Hay que recalcar que son muchas estaciones. Que la velocidad del viaje es de 20 Km por hora. Que hay en promedio 500 metros lineales entre estación y estación. Y que algo curioso sucede en ciertos días. No sé a que se deba, pero hay un ultraexceso de personas en ciertas estaciones. Trato de discernir las causas.

Es decir, esas estaciones malthusianas son las que están cerca de una estación clave o emblemática del Metro, tales como la de la Raza o la de Insurgentes. ¡Qué barbaridad! Poco falta que salga alquien que grite “Soylent Green is people!” qué, cómo recordarán los que sepan de esto, es el grito que se avienta un Charlton Heston angustiado durante un Destino que Nos Alcance, aterrorizado de saber la verdad, que en un mundo del futuro, atestado de personas, lo que comeremos en esas galletitas verdes no serán más que, eso también, personas.

Y es que esa sensación de personas ultraarrembutadas ocupando cada centímetro cúbico de espacio respirable se da con mucha frecuencia, realmente, más que lo contrario.

Ya se imaginan los que conocen las imágenes del Metro de Tokio desde hace décadas. En la que contrataban a empujadores profesionales provistos de guantes blancos con el propósito de hacer que las personas pudieran caber dentro de cada vagón a como diera lugar. Pero comentar el punto del Metro, será para otra ocasión.

Volviendo a la experiencia del principio.

Llegué esa ocasión a las 9:00 A.M. excelente momento, según me había tocado en experiencias pasadas, para tomar el Metrobus, conforme a mis anteriores experiencias. Treinta y cinco minutos para recorrer los 11 km que me separan de ese punto de mi trabajo más los cien metros que caminar hasta mis oficinas. De inmediato percibí que había un buen de gente reunida en cada una de las salidas que concuerdan con las puertas del autobús. En las tres. Incluso en las de puras mujeres que está allá hasta el fondo. Ni modo. Tomé la decisión de pararme en la que estaba delante de mí.

A las 9:03 A.M. pasó el primero de los transportes. Las puertas estaban llenas de personas. Frase curiosa, pero sí: llenas de personas. Es decir, no se veía como pudiese alguien entrar, o en caso de quererlo, de salir de ahí. Atiborrado, embutido (se me acabarán los adjetivos, lo preveo, si de por sí no uso muchos adjetivos por mi acusada pobreza textual).

A las 9:07 A.M. llega el siguiente, no sale nadie, se sube uno. O más bien, se embarra uno adentro, afortunado que fue.

A las 9:11, arriba el nuevo, igual, no salidas, se unta otro, otra persona más con suerte.

A las 9:16, atraca el consecutivo, nadie desea salir, se aventura uno más.

Ah, quiero agregar que la gente es caritativa. Ellas ayudan al que se aventuró, le empujan hasta lo que pueden. Recordemos que la apertura hacia las puertas está llena de personas. A sólo 5 cm del filo. No hay línea amarilla preventiva como sucede con el Metro, que está separada del filo de la plataforma como por sólo 40 cm, y que la gente está muy advertida que no debe de cruzarla, que disminuya su riesgo, pero aquí en el Metrobus no hay una línea de seguridad, o si la hay es muy ignorada.

Mientras tanto las personas siguen llegando, acumulandose más y más. Se siguen apretujando. Cada persona es una entidad independiente. Tienen existencias separadas unas de otras. Tienen familias, propósitos distintos. Ideales, educación, necesidades. Orígenes y destinos separados. Pero aquí llegan todos con una sola idea. Subirse en el siguiente o en el siguiente del siguiente o esperar al siguiente del siguiente del siguiente. Y muchos con el pensamiento de hacerlo a como dé lugar. Todas estas personas tan diferentes entre sí, aquí guardan silencio. De ésta, hasta hace minutos heterogénea agrupación, ahora es homogénea hasta el asombro. De individuos nos convertimos en algo similar a una colmena. Nadie protesta, nadie exclama una queja. Eso es estoicismo colectivo de la mejor clase. Me hacen sentir orgulloso de ser mexicano. ¿Suena irónico? Tal vez. Me descubrí.

A las 9:18 A.M. se aparece un autobús vacío. ¡Dios existe! ¡Increíble! Todo hermoso él, sin personas, sin nadie a quien suplicarle con la vista de que se hagan más delgados para poder uno entrar. Recuerden, llevamos todos prisa infinita. Y no. Ahora no pediré a nadie nada. Soy libre. No me sacarán ni un “compermiso” siquiera.

Pero, esperen. No está frenando como debería. Se va se va se va, se fue.

Al parecer estas buenas personas que están a cargo del Metrobus a través de sus orwellianas cámaras en cada estación empiezan a enviar autobuses vacíos, supongo que con buena intención para aliviar en alguna parte delante de la ruta, la inmensa presión causada debido a la ingente cantidad de personas acumuladas en alguna de las estaciones críticas.

Pero eso no quita el malsano pensamiento de mi mente:

Veamos, ¿cuál será el criterio? ¿Ven a través de la camarita muchas personas que pasan por los torniquetes una tras otra tras otra tras otra y que al mismo tiempo no están llegando camiones con algo de espacio suficiente? ¿Cómo serán los criterios? ¿Se aíslan estas autoridades todopoderosas del Metrobus del pensamiento de que somos personas que estamos ahí para trasladarnos de la mejor manera posible por en medio de la gran ciudad? ¿Algún día sabremos del criterio que toman estos para enviar autobuses vacíos? ¿Algún día sabremos porque la gente se acumula más de lo normal? ¿Habrá signos reconocibles que podamos aprender a partir de la observación del Fenómeno del Transporte del cual nosotros todos somos parte?”

Deja cierta impotencia en el alma estas preguntas. Todo por no saber. Todo por no poder dejar de ser parte de esta necesidad de transporte aguda que sentimos, padecemos, vivimos.

A todo esto, ¿se habrá caído alguna persona por ese filo? No parece muy peligroso, sólo un metro, con la posible excepción de cuando esté por llegar el siguiente Metrobus a toda velocidad para poder frenar a tiempo en el punto indicado donde debe de frenar.

Pero el autobús vacío se fue se fue se fue y ya no volvió.

Pero a las 9:20 A.M. llega otro y lleno, igual que los demás. Las personas al principio parece que no son las mismas. El que me lo pareciera sólo era una ilusión óptica.

Porque a partir de un momento todas las caras empiezan a confundirse en una mezcla cada vez más homogénea, de pronto alguien muy feo se te queda viendo muy ídem desde la ventana de más allá, dentro del vehículo cuyo destino ya está predeterminado (el chofer lo sabe muy bien, lo instruyeron: váyase por todo Insurgentes hasta que acaba, hasta que esté a punto de caer en las fauces de algún monstruo que se lo trate de comer, ahí de la vuelta y haga el recorrido en sentido contrario, juro que se divertirá si lo hace las suficientes veces, si es que no muere antes de terrible abatimiento y sopor).

Pero no, la persona muy fea no es que sea fea, sino es que está haciendo gestos porque la están estrujando tremendamente y con prejuicio extremo entre otras quince que en un alarde de prestidigitación están elevando la hasta entonces nimia y poco atractiva (aceptémoslo, no nos engañemos, es poco atractiva) actividad descuidada de empacar personas más y más personas en un autobús finito (porque finito lo es sin duda) sin que nadie perezca de asfixia en el intento o se queje con el Jefe de Gobierno más cercano.

Esto es madurez ciudadana, no pedazos.

Pero la vida tiene siempre el contrapeso para los impíos, la mayoría de las personas que me acompañaron en esos viajes tan duraderos en mi mente y en el tiempo relativo al que de seguro Einstein se refería, (porque ya saben, ¿no?, te subes al Metrobus y el tiempo se elastiza tremendamente dentro de su estructura mientras el vehículo se mueve, o crees que se mueve, donde el viaje se hace eterno y juras que cuando sales de él has envejecido dos días más que si hubieras hecho el viaje de las veintitres y pico de estaciones a pie), y decía, esas personas con las que normalmente estoy al lado son estudiantes descarriados, o ejecutivos elegantes con sus trajes sufriendo un castigo planchándose aleatoriamente de manera activa y mirando el reloj preocupados cavilando si el cuarzo se detiene como si fueran manecillas (o como dijo Groucho alguna vez, no es que el reloj se haya parado, tal vez estén muertos), o más personas sin oficio o sin beneficio, bueno, algo habrán de hacer, no todo mundo se sube al Metrobus, si cuesta más que el Metro, ya dije, 32 centavos de dólar del Metrobus contra 18 centavos de dólar que cuesta subirse al Metro.

El punto es (tanta verborrea me enmudece) que a las 9:25 de la mañana (25 inauditos minutos desde que llegué a la estación de los cuales pasé 16 de ellos a unos cuantos centímetros del filo del precipicio mirando a la gente de Avenida Insurgentes Norte arriba de sus vehículos mirándonos de manera simultánea a nosotros a su vez [nada como una espera de veinticinco minutos como para hacerte sentir parte de la masa, esa togetherness que tanto nos hace falta en estos tiempos tan llenos de políticos tomadores de atajos o con jeeps rojos prestados], personas con sus manos sobre los volantes de sus propios vehículos y con sus pensamientos errando en sus mentes colectivas, idas, mientras escuchan al señor Gutiérrez Vivó despotricando contra el alguien en turno: “que bueno que hoy sí circulo” o “que bueno que tengo dos vehículos para írmela alternándomela” o “que bueno que tengo calcamonía Doble Cero, o sea, licencia para matar, y que se me permite circular per secula seculorum hasta que el combustible se me acabe”, si quisiera), sí, a las 9:25 de la mañana llegó otro Metrobus vacío.

La gente no lo puede creer por un picosegundo. Al segundo picosegundo ya estaban todos adentro y sólo quedé yo para estar de pie. Pareciendo infantes de hospicio cuando les dicen que ya llegó la comida y que sólo los primeros diez comerán, así entra la gente al interior del Metrobus. Algunos sonriendo y otros que no consiguieron asiento con caras mal disimuladas mirando al paisaje de la urbanidad de “a mí siempre me encanta ir de pie”.

Entre apretujones y derivaciones del cuerpo humano en todas sus flexiones el Metrobus va y va. Nada crees más que te pueda sorprender. Hasta que llegas a esas estaciones clave mencionadas cerca del Metro. Ahí sí es: ¡Sálvese quien pueda! Brazos, piernas, bolsas, todo es desconectado de sus dueños.

Por otra parte no quiero terminar esto afirmando que sí hay mujeres hermosas. Mujeres inquietantes con su ceja muy bien dibujada. Mirando con desafío a nadie en particular. Hay que ser fuerte para sobrevivir al apretujón, al Big Crunch. Hay que ser temible para pasar entre la meleé de la humanidad concentrada en cada puerta llena de seres anónimos que no tienen hacia donde salir, hacia donde moverse, hacia donde teletransportarse. Otra mujer guapa allá se está pintando, otra más acá huele precioso y sólo mi natural timidez me impide preguntar cual es el perfume que usa. Lo recordaré por siempre, lo juro, o al menos por diez minutos más. Hasta el siguiente perfume, la feromona anónima que me persigue y que estará ahí, entre tantos cuerpos pensando en donde bajar. Pensando en la hora. Pensando en la paciencia. Pensando en el momento eterno.

Pero el viaje continúa hasta su destino.

Señalaré, ya que ahora sí estamos avanzando, que hay cinco torturas aquí, en tiempo presente del infinitivo:

Una, la posición no natural en que tu cuello está colocado en la búsqueda de tus brazos por el tubo de aluminio más cercano que representa la estabilidad deseada. La vida ahora está llena de frenones y acelerones, tersos algunos y no tan tersos los otros.

Dos, que no alcanzas a ver a cuanto está tu estación de donde te encuentras debido a que el cartelito con ellas marcadas está a mucha distancia de tu ya deficiente vista.

Tres, que por la posición mantenida por minutos digna de un saltimbanqui du Soleil y ni sabes con precisión cual es la estación a la que vas llegando.

Cuatro, que por más que haces intentos mentales de pensar en otra cosa como porqué la gente podría tener interés en los bits de información que las pantallitas rojas que están empotradas en el techo del vehículo están transmitiendo de continuo, mismos bits repasados día con día, no ves la forma de cómo vas a salvar la distancia detrás de la pared humana compuesta por cuerpos y cuerpos de seres a los que no les interesas en lo más mínimo (a excepción de que si les preguntas, “¿se va a bajar en la siguiente?”, y cómo nadie lo piensa a hacer, ellos tratan de a su vez, sentimientos encontrados de afinidad humana, de contorsionarse muy amablemente para que tú trates de salir indemne de ahí por en medio de ellos, inverosímiles masas inamovibles).

Y cinco, el largo camino a la Salida en sí, es portentoso. La Odisea medida en decímetros. Sí sales de ahí es que estás compuesto de materiales que no todo mundo consta, ¿eh? Suenas a Tungsteno, suenas a Titanio, dulce olor de la mañana.

Huele como a... victoria.

No, no me quejo. Lo que me sigo preguntando, ¿es que esto del transporte humano-urbano es tan impredecible así? ¿No se puede medir la cantidad de gente que va de estación a estación de una manera aproximada como para ir enviando los autobuses poco a poco, o lo contrario, de mucho a mucho, para que la gente no se acumule en determinadas estaciones clave-críticas? ¿No venía eso en los manuales de uso del Metrobus? ¿O se perdieron? ¿O se necesita algo así como The Complete Metrobus Management for Dummies (like us)? ¿o están en un proceso de prueba y error? ¿No habrá un Microsoft Metrobus Simulator que puedan comprar? ¿Un SimMetrobus? ¿Un Metrobus Second Life? ¿Un Halo Metrobus 3? En algún lugar tendrán que aprender, ¿no? O practicar en nosotros, de plano, algún día aprenderán.

Me imagino la Sala de Control: Ahora el Ser Supremo del Metrobus envía uno vacío. Ahora no, mejor se espera a que se junten doscientos en la estación. (A lo mejor se pelean.) Ahora manda dos seguidos. Ahora hace que se vayan lentos. Ahora que se detengan a cada rato por dos minutos. (La vida, nos lo han dicho desde siempre, es un bello y agradable experimentar.)

¿Qué habrá en la mente de los conductores? ¿Qué habrá en la mente de estos Seres Divinos que manejan el Metrobús? No pueden ser personas como uno. No. No deberían ser. Manejan demasiados destinos como para ser normales.

Como yo sólo tengo dos semanas viajando en Metrobus, lo suspendí debido a ese retraso tan absurdo de 25 minutos. Tengo deberes. Tengo responsabilidad.
Tengo pudor.

Como parábola final comprensible-pero-inasible de la existencia de vivir al filo del abismo algo, una barrera infranqueable hasta ahora me hace desconocer su conducta o conductas. Lo afirmo y reafirmo.

Tanto de la gente como el de la ruta en sí. Tanto como el de la gente que administra ese Metrobus en sí.

Estarán rodeados de sus pantallas, es otra posibilidad que se me ocurre. Más opciones de su praxis posible es que tal vez tengan delante de sí una maqueta tipo pista Sizzler (¡Somos Los Vencedores!) o mejor aún: una Scalextric, desde donde ven y perciben la cantidad diminuta de personas que se juntan alrededor de un punto geográfico en forma de Sistemas Dinámicos en tercera dimensión, o como ya dilucidé, desde donde ese alguien se pone a jugar con sus amigos a ver cuanta gente se junta más y en dónde y cuánta se traslada más dentro de un vehículo determinado o no sé.

Algo así.

Y es que todo tiene su razón. Estoy convencido.

El chiste es que hay que encontrarla. Algún día se va a dejar.

Y entonces, mientras me bajo en mi destino alcanzado, embarrado de humanidad si no es personas, ¿qué es lo que le pondremos a las mentadas galletitas verdes?




viernes, octubre 12, 2007

Rozando al cielo, a través de una escalera / Led Zeppelin se reúne de nuevo.

Cuando tenía 19 años y trabajaba en Cigarrera La Moderna, Adrián, de 21, me decía que ese rollo del rock que escuchaba por entonces se iba a acabar pronto y del cual fanatizaba mucho. Que en dos años más ya le bajaría a mi acelere y que gradualmente iría escuchando música más pop. Eso fue en 1981.

Han pasado 26 años y sigo igual y hasta peor. Digo, ya tengo hijos y todo, y trabajo en un ambiente formal de trabajo y demás, pero ustedes saben de que hablo.

Bueno, es un decir. Yo aseguro que estamos para defender la causa de todos mientras sea en pos de la buena voluntad de la decisión libre y soberana que debemos contar y que todos debemos tener.

O sea, por más que otras músicas no me agraden ni tantito, no obsta para que no apoye el derecho de cada quien a escucharlas. ¿Qué le vamos a hacer?

Pero a mi me gusta el rock (suena a canción vieja de Menudo, ¿no? Como decir “Sí, ya lo sé, es sólo Rock and Roll, pero me gusta) Y es interesante que en un mismo artículo aparezcan esos dos nombres de grupos, ambos de relativo impacto, supongo, unos más que otros, sobre todo en la mente de sus respectivos fanáticos.

¿Cuándo escuché a Led Zeppelin la primera vez? No tengo la menor idea. Ni con quién. La primera vez que vi The Song Remains the Same fue en el desaparecido Cine Alameda, frente a la idem allá en Monterrey, pudo ser finales de 1978 o principios de 1979. Fue lo más cercano a ir a un concierto real. Todo mundo gritando en el cine, todo mundo diciendo estupideces y todo mundo riéndose. Era buena vibra. Nosotros, chavos todavía prepos, vimos a tipos salidos de proverbiales hoyos fonqui, pidiéndonos el oropel de los cigarros. No cigarros, sólo el oropel. Presurosos, se lo dimos. Nunca he estado en un cine con tanto humo por dentro. Alguien grita de pronto: “¡Chingue a su madre el que no ladre!” Todos ladramos de inmediato. Buena vibra.

La película comenzaba con un asunto raro, escenas de campiña inglesa. Carros antiguos. Arroyos primaverales corriendo con tranquilidad. Tipos sin cara jugando juegos raros. Y cada uno de Zeppelin, Plant, Page, Bonham y Jones, les avisaban, hay un concierto mañana.

Las palomas volando. Los flashes aislados. Y la canción potentísima, de Rock and Roll con su lonely lonely lonely, que un amigo por mucho tiempo pensó que esa canción se llamaba así “Lonely”.

Recuerdo haber ido a ver la misma película de The Song Remains the Same, por segunda ocasión al Cinema del Valle (al que asistimos sólo nosotros cuatro amigos y una pareja de viejitos orgullosos que definitivamente pienso todavía que se equivocaron y que no quisieron admitirlo) el día que el candidato a gobernador por el estado ilustre de Nuevo León, Don Alfonso Martínez Domínguez, llegó a la ciudad de Monterrey a reconocerla (había estado muchos años de su vida fuera) para posteriormente gobernar desde ahí, vieja costumbre de nuestro país con los designados candidatos del partido dominante de por entonces.

Corría el año de 1979.

No había camiones que tomar porque todo el transporte fue utilizado para llevar personas muy amablemente a recibirlo en su glorioso regreso y hacerle valla al prócer.

Y del Cinema del Valle (fallecido también) a mi casa había un largo lago largo camino. Camino que todo el tiempo estuvo lonely lonely lonely. Rock and Roll.


En alguna parte escuché por primera vez Stairway to Heaven, la sobrenaturalmente exquisita Escalera al Cielo. Debió transportarme al mismo lugar donde me sigue transportando cada que la escucho. Fue en radio, por supuesto, proveniente de una de las intrépidas estaciones de radio que había por entonces en Monterrey, la XERG.

No hablaré más de la canción. Eso lo haré cuando haga el ensayo dedicado para tal efecto, que espero sea pronto.

Muy posiblemente muchos de los que leen estas notas no tienen la edad para conocer el alcance de Led Zeppelin como grupo de rock and roll. Muchos tampoco alcanzan a entender (o quizá no les interese de plano) lo que significa escuchar una pieza como Dazed and Confused, ese extendido track que viene en el Led Zeppelin The BBC Sessions y que estoy escuchando en este instante.

En alguna parte uno se transfigura en desear explorar esos sonidos de distorsión y gritos acompañados con una batería que para nada guarda los tiempos que otras músicas podrían tener como signatura común y que sirven de punto de referencia familiar al cual mirar y al cual atenerse.

El rock, como la pornografía o la ciencia ficción sólo se reconoce cuando estás ahí y cuando la percibes. Es muy complejo y arriesgado expresar sólo una endeble definición que siempre estará a la búsqueda de las palabras correctas.

Led Zeppelin tal vez no fue el mejor grupo de rock and roll, de hecho es reconocido de facto que varios grupos le pueden pelear el título. Pero no muchos. O incluso en cuanto al adjetivo “pesado” que acompaña a la palabra rock, existen varios grupos que pueden también merecer ese nombre en el transcurso de los últimos 40 años. Pero no muchos, tampoco.

Pero además de la música Led Zeppelin también fue la banda. Como siempre en estos casos no es sencillo afirmar que juntas a cuatro personas y de ahí resulta una banda funcional, plena y lista para producir música.

La magia del rock, como de muchas expresiones colectivas es encontrar cuatro personas con un solo objetivo, ser una agrupación y que cada uno de los integrantes contribuya con su personalidad especial en algo indefinido o definido que tal vez sólo pudiese existir de manera temporal pero que en este caso específico y a través de un ademán mágico del universo dieron lo mejor de sí durante en este caso esos doce años fabulosos en que ellos, Led Zeppelin fueron la banda de rock más pesado del mundo.

Cualquier cosa que eso pudiese significar.

Led Zeppelin se reúne por primera vez de manera específica para un concierto desde 1980, en Inglaterra este 26 de Noviembre.

Esperemos que los que vayan a presenciar ese hecho, se maravillen como lo que yo y muchos más lo harían de estar ahí.

Rozando al cielo, a través de una escalera.

domingo, octubre 07, 2007

PREVINIENDO DISRUPCIONES, LA FICCIÓN TECNOLÓGICA



La tecnología nos forma. Nosotros somos lo que la tecnología nos ha permitido ser. Eso está registrado a hierro en la historia en todas las culturas. A falta de ella o por tener acceso a ella, o por haberla usado en su provecho.

Los que escribimos de Ciencia Ficción o de Ficción Tecnológica o como se le quiera llamar ahora, porque dicen que la realidad la ha rebasado, lo hacemos porque nos gusta imaginar lo que estamos viviendo y pensar un paso más allá o dos, o tres. A veces lo logramos, a veces sencillamente no.

Pero eso sí, el futuro ya no es lo que era antes…

Los artilugios están a nuestro alrededor primero como publicidad, luego como objetos de lujo prohibitivo, más después como objetos de glamour anhelado y posteriormente como supuestos objetos de necesidad básica y fundamental.

¿El celular ha hecho la vida mejor a todos? ¿La televisión por cable? ¿El mismo Internet? ¿El Ipod y subsecuentes? ¿Las pantallas de plasma? ¿La cámara en mi celular? ¿Soy por eso más productivo? ¿Más feliz? ¿El hecho de que todo mundo me encuentre ahora me ha hecho mejor? ¿Estoy realmente mejor informado con tanto feed? ¿Me hace mejor persona? ¿La música ahora hecha específicamente para ser escuchada a través de algoritmos de compresión como el MP3 es mejor que la que se diseñaba para LP’s, y posteriormente, para CDs?

Los que escribimos con la tecnología en mente en muchas ocasiones nos pone a pensar el a dónde irá tal o cual tecnología emergente.

No es muy aventurado suponer que Los Supersónicos nos marcaron el camino. Tal vez antes de ellos, el mismo Dick Tracy. No es difícil de creer cuando vemos a Cometín Sónico ser castigado en su salón de clases por su maestra, debido a que estaba carcajeándose en su lugar debido a que veía un programa desde la comodidad de su muñeca, situación a la que estamos ya a punto de tener a nuestro alcance. (Pero, ¿por cuanto tiempo puedes ver un juego de Fútbol Americano o un capítulo de Friends del tamaño de una pantalla de 4 cm por 4 cm en el que ni siquiera puedes distinguir entre cada quién?)

Una circunstancia como esa, diseñada hacia el futuro desde la mentalidad de alguien que lo imaginó durante los sesenta ya nos presagiaba de una aplicación, el poder mirar un programa de televisión, que llevada a cabo en ciertos lugares y momentos, en un salón de clases durante la impartición de una lección, llevaba una consecuencia, en este caso, un castigo.

Cometín no debería estar haciendo eso durante la clase. Hay momentos para eso. Supongo que se lo debieron haber dicho. Y no hizo caso.

El caso actual es similar. Las operaciones mochila son comunes en las escuelas, si acaso tienen motivaciones más bien de salud y seguridad, signo evidentemente trágico de nuestros tiempos. No es poco común que traigan los niños en esos momentos un celular (al menos no traen pistolas o jeringas, todavía) En algunas escuelas eso no está permitido. Ni los celulares, ni las pistolas, ni las jeringas.

Entendamos a los maestros. Hace veinte años eso era impensable, no había celulares en primer lugar. Ahora todos lo tienen. Ahora no sirven sólo para hablar de cuestiones de emergencia. Ahora son utilizados para comunicarse a través de un lenguaje criptográfico que sólo es entendido por una minoría (o mayoría realmente) que debe de tener menos de treinta años para ser aceptado dentro de ella.

Eso no lo imaginaron los que escribían de tecnología.

Por decir, los envíos de mensajes fueron descubiertos por el mismo usuario.

¿Qué pasa con los ringtones? Una industria de millones de dólares donde hace cinco años no era nada. Un tono particular que sea pegajoso en un celular será enviado, transmitido, copiado hasta la estratosfera y significará fortunas para algunos.

Eso tampoco fue imaginado. Un reciente artículo del New York Times menciona el tema con asombro. Que la gente quiera, desee, procure pagar sus treinta segundos de canción por un tiempo limitado como es tres meses en ciertos casos por el mismo precio que puede adquirir la canción completa de por vida, es enigmático.

Tampoco eso fue previsto por algún escritor de ciencia ficción o por algún escritor de tecnología. Esos son los casos fortuitos que hacen entrar dinero a las arcas de alguien.
Y esa es la tecnología que llega a nuestros oídos. Es la tecnología de las masas. La que se enfoca al consumo.

Y también hay otras tecnologías de las que sí escriben los que escribimos de esto. Son las que se ocupan de otro tipo de cuestiones tales como las conductas de los consumidores. Las que se enfocan en querer saber cuales son tus gustos en ropa, en libros, en cine, en supermercados, en bebidas, en compras en general.

Porque hay tecnologías que te van registrando poco a poco tus compras. Ya saben de tu gusto por ese vino espumoso tan delicioso, saben que estás a dieta y que tal vez tienes tendencia de diabetes. (Y eso que no hablamos de la tecnología de identificación de radio frecuencia, la RFID, que pudiera ser ubicua en pocos años, eso da para mucho más)

¿Qué cual es el problema? Que un día se pueda vender esa información a alguna compañía de seguros que sabrá que compras cigarros pero que declaraste en tu forma de registro médico que no fumas, que estás comprando carne de tal tipo y que lo haces como costumbre a pesar que tienes problemas de colesterol, que tus tallas de pantalón para caballero que compras es para una persona que tiene 20% de obesidad, que como no has comprado artículos deportivos en varios años, realizas una vida sedentaria, que tu riesgo de diabetes está creciendo y que por tanto, en lugar de cobrarte la menor tarifa de tu seguro ya calificarás para una tarifa mayor, o al menos para tener una mayor y muy seria entrevista a la hora de ir a pagar tu siguiente mensualidad.

Hace pocos días apareció en el Wall Street Journal un artículo acerca de Google. Me gusta Google. Me fascina Google. Su lema dice “Don’t be evil”. No hagas el mal. Más bien no era un artículo en sí, sino un cuento por Cory Doctorow, escritor de ciencia ficción, publicado en Radar Magazine en el que hablaba de una persona que de cierta manera a la hora de pasar una aduana se le empiezan a hacer preguntas acerca del expediente de sus costumbres, obtenidas en resumen de lo que había estado investigando en Google (lo mencionan por su nombre, incluso), y eso lo hacen al revisar de pe a pa su historial de búsquedas, su redes sociales de amigos a través de Facebook o de MySpace, sus hábitos de ver qué videos acostumbra a mirar en You Tube, para tratar de encontrar un patrón de conducta que pudiese indicar con certeza si él era una persona “confiable” para la seguridad del estado.

Google es el buscador por excelencia que nació hace nueve años. Nadie lo imaginó. Nadie pensó que Google sería tan avasallante. Que compraría You Tube, precisamente, con los más de cien millones de personas que ven videos ahí todos los días. Que permitiera guardar documentos y documentos en su casi infinita capacidad de correo por persona que tiene actualmente, casi 3 gigabytes de capacidad de guardar información.

Un día podrías pensar guardar las películas que más te gustan ahí, las compradas, eso no se hace todavía, pero podrás, ¿no? Pero no tendrías que guardarlas físicamente (si es que hablar de físico en estos asuntos es un poco absurdo porque, ¿dónde está Google? ¿Ahí, allá, en Seattle, en Santander Jiménez, Tamps.? Es de esas neoconcepciones en las que preferimos no pensar), no, una película es demasiado espacio, pero sí guardarías el permiso para poder verlas cuando quisieras a través de tu gigantesco ancho de banda, que para entonces ya se debería haber abaratado (we hope so).

Y mientras, ahí podrías guardar tus fotos, tus contactos, tus amigos, la suma de tus hábitos, tu vida misma. Pero sería guardada primero a través de una computadora que necesita electricidad, para esto, acceso a Internet, después. Y que a final de cuentas utilizarías los métodos de Google para guardarla ahí.

Aquí entra la imaginación de los autores: Y un mal día Google decide venderse al gobierno, o gobierno ordena: “dame los registros de esa persona y de esa otra”. O algo más sencillo, cuando quieres entrar a la frontera querrán los de migración verificar tu conducta. Y recurrirán a su método indicado. Del que saben que guarda tu historial que tú mismo le proporcionaste a través de los años.

Podrían saber de tus hábitos de compra, los que leímos arriba. ¡Qué vergüenza! Ya vio el tipo con la charola las películas que te gustan, esas son de adultos y tratan de personas de costumbres y, más importante aún, opiniones, dudosas, ¿eh? ¿Compras hebillas de a cuánto? ¿Botas de qué material? ¿Sí sabías que esas pieles pertenecen a especies en vías de extinción? Que se me hace que ni a McAllen llegas, bato.

Y eso, viendo ahora lo que sucede en los Estados Unidos, no suena tan lejano.

Para eso escribimos lo que creemos, pensamos, intentamos, de tecnología y de ciencia ficción, y que aún y que podrías pensar que todo eso ya está muy rebasado por la realidad, siempre habrá mucha tela de donde cortar. Prevenir, no sólo prever. No lo olviden. Nunca lo olviden.

Que estén bien.

lunes, octubre 01, 2007

DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA – DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA - Pronto, pronto, el Cuadragésimo Aniversario 1968-2008, ¡Espérelo!

Escribí una novela que tiene que ver con Tlatelolco, si han sido lectores de este blog ya estarán familiarizados con ella. Se llama Technotitlan: Año Cero y está publicada en uno de mis blogs que están aquí cerca. Al menos una de sus cuatro partes transcurre en aquél año, aquél otoño.

No sé si eso me da cierta autoridad sobre el tema. Pero pongamos que tantita. Así que...

Varios puntos de reflexión acerca de Tlatelolco - México 1968

Sobre los aniversarios en sí.

No que sea tanto el trigésimo noveno aniversario de la Noche del Dos de Octubre de 1968, sino que es la antesala para el cuadragésimo aniversario de la misma, lo cual, como muchos saben de manera un tanto sobrenatural, un tanto instintiva y un tanto trivial y frívola, despierta más atención que el trigésimo noveno aniversario o que el cuadragésimo primero aniversario por razones un tanto oscuras.

¿Cuál es la magia de celebrar los múltiplos de diez, los múltiplos de veinte, o los múltiplos de cincuenta años, digo, más que los múltiples de tres, o de siete, o los años en números primos?

Si meditamos en ese punto nunca terminaríamos. Lo único que podríamos decir es que en el décimo aniversario del 2 de octubre, en 1978 salió en la revista Proceso un artículo con el todavía vivo por entonces Licenciado Gustavo Díaz Ordaz y su recién encomienda para ir a España como flamante embajador, cargo al que renunció casi de inmediato aduciendo problemas de salud.

Lo que trae ese ejemplar de la revista en particular es un recuento de las entrevistas que dio el mencionado político y, que como nunca había dado la cara después de que había finalizado su período sexenal presidencial el 1 de diciembre de 1970, a los reporteros les era más interesante y jugoso lo que dijera respecto a los eventos de aquellos días del 1968.

No dijo mucho, pero si hubo algo de impacto fue la declaración final que a la letra fue así:

“No estoy de acuerdo con usted en que hay un país antes Tlatelolco y otro país después Tlatelolco, ese es un incidente remoto. Que va a España un mexicano limpio, que no tiene las manos manchadas de sangre…

“…Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años (de mi gobierno), es del año de 1968, porque me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste, con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo, vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la historia. Todo se puso en la balanza, salimos adelante, y si no hubiera sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando…”.


Woow. Definitivo. Es interesante cada uno de sus puntos.
Sobre la declaración de Díaz Ordáz a los periodistas.
La gente percibe lo que quiere percibir, lo que desea percibir, lo que las limitaciones de sus sentidos le dan para percibir.

Él afirmaba es más, estaba profundamente convencido de que el país no había cambiado en 1968. Él firmemente creía que no tenía las manos manchadas de sangre. Él absolutamente pensaba que salvó al país. Él imaginaba que había arriesgado su integridad física.

Él aseguró que había puesto todo en la balanza, y estuvo convencido de que salimos adelante. (Echeverría, su un tanto creepy sucesor en la presidencia, tan convencido estaba de esa idea que hasta sacó el lema presidencial de campaña, que lo tragamos hasta en la sopa en aquellos años de 1970, “¡Arriba y Adelante!”).

Lo mejor es el final.

¿Realmente el señor Díaz Ordaz pensaba que si no hubiera sido por todo eso, el periodista en cuestión no tendría la oportunidad, el muchachito, de estar ahí preguntando?

Les digo, aquí la cosa se puso interesante.

Introducción sobre los what if’s históricos y contemporáneos.

Veamos hacia dónde se despiertan las dudas de los what if 's históricos.

Los what if´s, o qué hubiera pasado si… son sólo juegos del intelecto, materia prima de las historias alternativas, que a veces no llegan y ni llevan a nada.

Pero aún así que muchos los consideran un desperdicio, los usan mucho los historiadores para dar más claridad a los hechos tal y cual sucedieron para analizar sus potencialidades y posibilidades dando de ese modo un refuerzo a tal o cual teoría en muchos de los casos, y en los otros para dar un punto de vista, algo romántico en sí, de lo que nos perdimos de ver, de presenciar, de estudiar o de ser parte de todo ello, a través de los hilos del futuro único y real que nos toca vivir al cual ciertamente pertenecemos ya que lo estamos precisamente comentando y ustedes precisamente leyendo.

Ejemplos rápidos de what if's:

¿Qué hubiera pasado si Hernán Cortés se alía con los Aztecas, así como se alió en la realidad con los tlaxcaltecas, y ya con la temible Máquina de Guerra Azteca, de impresionante poderío (esto afirmado por historiadores de todas partes, su costumbre de extraer corazones los horroriza totalmente), hubiera deseado irse contra los mismos españoles en Cuba y más allá, contra la misma Madre Patria?

¿Qué hubiera pasado si los españoles ya en la Post Conquista hubieran llegado con sus familias a la Nueva España (no solos como llegaron investidos como aventureros) y les hubieran dado iguales derechos a los mestizos que ellos mismos tuvieran?

¿Qué hubiera pasado si España en lugar de gastarse todos los metales preciosos encontrados en la Nueva España en guerras europeas y en lujos los hubiera invertido de alguna manera, colonial y todo, y en parte, digo, todo sería mucho pedir, en estos mismos territorios?

¿Qué hubiera pasado si Hidalgo no se hubiera detenido en el Monte de las Cruces teniendo ante sí a la en ese instante la muy indefensa ciudad de México en aquél aciago año de 1810?

¿Que hubiera pasado si se hubiera encontrado oro en California veinte años antes del 12 de febrero de 1847, diez días después de que California ya no era nuestra según el tratado de Guadalupe-Hidalgo?

¿Qué hubiera pasado si alguien hubiera encontrado la fórmula para que los dirigentes de nuestro país se hubieran puesto de acuerdo, debería de haber maneras, y hubieran dejado de cometer tantas estupideces como cometieron, con pocas excepciones, muchísimas durante el siglo diecinueve?

Ya lo dejaré, me emocioné un poco, caramba.

Y así y así. Los análisis de esas respuestas todas quedan en lo teórico o en las pláticas de cafés o como temas de disertaciones para tesis propias del tema.

Volvamos a 1968 y sus propios what if’s.

Concentrémonos en el que hubiera pasado si no hubiera habido Matanza del Dos de Octubre.

Los what if’s del Dos de Octubre.

Así de sencillito.




¿Qué hubiera pasado si Luis Echeverría no hubiera estado esperando agazapado esperando su oportunidad?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido soldados esa tarde que presagiaba lluvia?




¿Qué hubiera pasado si no hubiera estado en el edificio Chihuahua el Batallón Olimpia, el grupo paramilitar altamente entrenado para disipar manifestaciones?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido sencillamente manifestación esa tarde?


¿Qué hubiera pasado si… todos se hubieran ido temprano a sus casas?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido helicópteros… o bengalas?



¿Qué hubiera pasado si los soldados no hubieran avanzado a bayoneta calada?

¿Qué hubiera pasado si no hubiera llovido aumentando más la confusión?

¿Qué hubiera pasado si el 1ero de Septiembre de 1969 al no haber habido Matanza, se hubiera hablado sólo de disturbios que eventualmente se hubieran disipado como todos los demás lo hicieron después en todo el mundo?

Después de sus propios levantamientos estudiantiles se vio que no pasó nada en Brasil. Ni en Francia, después de todo, a lo mucho que al presidente De Gaulle lo hicieron renunciar pacíficamente el año siguiente, pero tomó el poder George Pompidou, de su misma escuela. Al tipo Gatopardo, todo cambia pero nada cambia realmente. Ni en Estados Unidos. Ni en Alemania. Ni en ninguna parte.

Los cambios se realizan de manera gradual. Nunca de manera sorpresiva o de golpe o sin causa o precedente.

Es decir, tanto disturbio juvenil que no llevó a gran cosa a final de cuentas.

Tomemos en cuenta también que el Movimiento estudiantil del 68 fue circunscrito exclusivamente al territorio de la Capital del país. Nada más. Una brigada de estudiantes médicos que fueron a un pueblito cercano a la capital y nada más.

Cuando se analiza la declaración de Díaz Ordáz y que involucra simbólicamente a todo el país, a los demás 29 estados y dos territorios en aquél entonces, uno dice, ¿realmente se podría perder un país, todo un país desde dentro?

Como que para que haya explosión pareja debe de haber suficiente combustible, ¿no? No me parece que hubiera tanto como para "incendiar" al país. Ni de manera simbólica al menos, menos de manera realista.

Más what if’s.

Si no hubiera habido matanza, ¿Díaz Ordáz se hubiera decidido por otro que no fuera su sagaz, astuto y culto en cuanto a sus intenciones, secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez?

¿El pérfido y a la vez confuso funcionario que trató de quedar bien con todos, y cuando quiero decir todos, eso es lo que quiero decir, todos, con los norteamericanos, con los rusos, con los cubanos, con los del tercer mundo y que a final de cuentas no quedó bien con nadie?

¿Habría habido una posibilidad real, mínima de que nos habríamos ahorrado la Guerra Sucia que tuvimos durante esos años de los setentas? (Insisto, nada como lo que sufrieron los sudamericanos en aquellos años, pero la nuestra también fue una Guerra Sucia al fin y al cabo).

¿Hubiéramos tenido otro candidato y por ende, a la usanza de esos tiempos, podríamos haber tenido otro Presidente de la República?

¿Hubiera sido más suave y más inteligente que Echeverría al no caer en los populismos que tanto nos costaron en los doce años siguientes?

¿Hubiera habido entonces otro presidente distinto a José López Portillo?

¿Hubiera sido otra nuestra historia?
¿Seguiríamos teniendo Partido Revolucionario Institucional?

¿Hubiera habido Salinas?

¿EZLN?

¿Colosio? ¿Aburto? ¿Un solo tirador? ¿Dos tiradores? ¿Conspiración?

¿Zedillo? ¿Fox? ¿López Obrador? ¿Felipe Calderón?

Pensemos en ello mientras da comienzo el cuarentavo período anual en el cual tendremos mucho que pensar al respecto.

Mientras se habla y hablará de la Independencia de México y de la Revolución Mexicana también pensemos, ¿cuánto le debemos al 68?

Todo un año. Todo un año…

Seguiremos con el tema... pero por supuesto que seguiremos...





domingo, septiembre 23, 2007

Vida y Muerte de Gerda Taro: Fotógrafa de la Guerra Civil

Gerda Taro es una fotógrafa que fue novia de Robert Capa. Robert Capa fue un fotografo famosísimo de la revista Life de los años 30’s, 40’s y 50’s. Por la misma fama de Capa, la fama de Taro fue eclipsada de cierta manera. En estos días se está haciendo una exhibición de su trabajo en Nueva York. Al mirar las fotos me impresionaron. Tienen fuerza, tienen magnetismo.



Sobre todo ésta: la foto de la mujer con la pistola, tomada en Agosto de 1936 en la Guerra Civil española, ella con sus zapatos no especiales para la guerra, siendo entrenada para ella, uno pensaría en estas mujeres combatientes estarían equipadas como para trabajos rudos, pero no. Esta foto en especial de la mujer republicana con la pistola muestra una mujer decidida a morir. Igual que cualquier soldado.









Niño con una boina de la Federación Anarquista Ibérica. Los niños en las guerras son igual de arrollados por las mismas. Sucede en todas partes. Sucedió en México, en España, sucede en Afganistán. Sucede en Iraq.














Estos chicos son dinamiteros republicanos. Fue tomada en Junio de 1937. Tal vez esperan su turno de actuar. Como personajes extraídos directamente de la novela de Por quién doblan las campanas, de Hemingway.









Soldado republicano con clarín en Valencia en 1937 en la que con inusitada luminiscencia nos muestra la perspectiva femenina de un conflicto ya de cierta leyenda.









O estas imágenes que muestran a unas mujeres que también se están entrenando para la milicia republicana. No sé, pero, el hecho de que me digan que ella, Gerda Taro, sea quién tomó las fotos, y que aún a despecho de que las imágenes se deben de interpretar sin poner atención en sí al género del artista o al hecho de que ella murió en la misma guerra, o al punto que ella era la compañera o no sé con certeza que era de ese también legendario Robert Capa ("interés romántico" la denominan), me hace interpretar de manera distinta estas imágenes. Como si esto fuera algo especial de otro modo que no había explorado en ese sentido.



O tal vez sea que me recuerdan las imágenes de Margaret-Bourke White que también tomó fotografías de la Segunda Guerra Mundial también de la revista Life, muchas memorables, como la de los prisioneros del campo de concentración que miran con incredulidad a la cámara esperando a que los suelten, o a los nocturnos cielos iluminados debido al bombardeo en Moscú por los alemanes en 1941. Bourke-White también se arriesgó sobremanera. Pero ella no murió en la guerra.

Aquella mujer de la milicia republicana entrenándose con la pistola. Su silueta. Su firmeza. ¿Habrá muerto también? ¿La habrán extrañado? ¿Habrá sobrevivido? ¿Dónde estará? ¿O dónde estarán sus restos?

Y me hago esas preguntas porque Gerda Taro sí murió en una batalla mientras estaba en labores de traslado de heridos del frente al ser arrollada por un tanque.

Tenía 26 años de edad.

Fue enterrada en Paris.


Llegando a los 10,000 visitantes. Habría que celebrar algo, ¿no?

Este blog acaba de llegar a la marca de los 10,000 visitantes. No sé si eso es significativo pero supongo que algo sí.

No voy a decir que no esperaba o sí esperaba llegar a esa cantidad. El punto es que se llegó y que se espera que algún día lleguemos a 20,000, probablemente a la tasa de 1,400-1,600 mensuales se pueda en 7 meses más. A los 30,000 quizá en menos, unos 5 meses. ¿Por qué en menos? Porque así sucede en esto. Mientras más gente se da cuenta de este blog más gente vuelve en la misma cantidad de tiempo. Al menos eso dice la teoría. Así que calculando unos 10,000 cada cinco meses en tres años llegaremos a los 100,000. Ya. Dejemos eso. Hay personas que tienen 2,000 visitantes diarios. Yo tengo el dos por ciento de eso. Me pregunto, ¿cómo será su vida social? ¿Tendrán muchas invitaciones a fiestas y cosas así? Tal vez. La envidia maldita.

Y vuelvo a lo mismo. ¿Para qué queremos que nos visiten los que escribimos blogs? ¿Qué tanto será el ego? ¿O es que realmente deseamos compartir lo que vemos conocemos, sabemos, pensamos, elucubramos?

Soy muy obsesivo. Tengo un medidor de visitas. Me dice de donde llegaron estos visitantes y me dice taambién porqué llegaron. Gracias a Google la inmensa mayoría llegan a mi lugar gracias a sus preguntas.

De hecho a veces creo que la gente cree que Google es como una Bola 8 (los niños norteamericanos compraban un juguete, en forma de bola negra de billar, que trae dentro un líquido con un objeto adentro que rotaba según se le diera vueltas y tenía varias respuestas como “no lo sé”, “tal vez”, “no lo hagas”, “vuelve a preguntar”, etc.) o bien la gente piensa que Google es una bola de cristal que se sabe todas las respuestas posibles.

De ese modo, pregunta por decir, “pelicula en blanco y negro de cine de televisión y serie alta calificacion en IMDB” y Papá Google contesta con un listado de cómo 42,800 websites y se da el caso que el mío es el primero porque incluí en un artículo las palabras claves que la pregunta contiene. Si les llama la atención las personas le dan el tan deseado click click y ya están en Desde Techno y si les agrada lo leen.

Lo que sí no sé es cuanto tiempo se quedan leyendo ya que mi medidor de visitantes sólo me da el tiempo cuando se salen de mi página y se van a otra. El record lo tiene alguien de Perú creo con más de una hora veinte leyendo. Felicitaciones a esa gente linda de Perú.

Lo que sí es chistoso francamente es algunas de esas peticiones a Google. Tengo un artículo que habla de “Cómo hacer tu propia bomba atómica” y han llegado a él, por supuesto porque ellos ponen esa pregunta en el buscador. Pero otros llegan con preguntas por decir “cómo hacer un detonador”, o con el inquietante “cómo hacer bombas”.

Obviamente yo no sé quienes eran o quienes serán esas personas. O si su intención es solamente educativas. No me gustaría por ejemplo saber que estaban o están buscando esa información para llevarlo a la práctica, nonononono. Pero en fin. Apostemos porque sólo sea curiosidad, sólo curiosidad.

El punto es que ya son 10,000 y que trabajaremos para que sean más. ¿Por qué? Ni idea, sólo por el gusto de hacerlo. O como ya lo he dicho en lo del blog relacionado a IMDB y que trata de hacer un comentario significativo a las 250 películas que la gente en el mundo ha criticado como las mejores en base a una calificación verdaderamente ponderada, porque se puede.

Ya hemos escrito aquí de muchos temas como el de la no-iglesia de María Magdalena, la muerte del Capitán América, sobre Disney y su fábrica de ideas, sobre la cuestión de la necesidad de la lectura, de películas como la de La Fortaleza Prohibida, de Star Wars y su Fuerza de la Fuerza, de ensayos de rock bastante detallados sobre canciones de los Rolling Stones, o de Queen, o de discos como el Dark Side of the Moon de Pink Floyd, así como de la misma música Disco tan maldecida como maravillosa.

He tocado temas organizacionales y temas como el de Facebook y su entorno. He hablado de experiencias del pasado y temas de salud y de mi ciudad en la que viví más de 30 años, Monterrey, su esencia y su carácter, su gente y sobre todo un artículo que comenté con extensión de su ambigüedad que salió en la revista Time en noviembre del año pasado que no supe si se publicó o comentó en alguna parte.

También se han tocado tópicos como el de la idiosincrasia de los mexicanos en sí, del tema de la confianza entre nosotros mismos y varios más por esos temas. Hablé en un artículo sobre la necesidad de hacer entender la realidad de lo que pasa desde el punto de vista de los mexicanos a través de personas que nos lo hagan entender de una vez por todas.

De lo que pienso escribir en un próximo futuro es sobre el Dos de Octubre, que el año que viene será el 40 aniversario de Tlatelolco, en el cual por fin publicaré la cuarta parte de mi libro de Technotitlan: Año Cero, que trata directamente del tema, también trataré de acabar mis comentarios sobre esas 250 películas mejores de IMDB, así como hablar sobre temas de ese tipo de preguntas tan queridas por nosotros los latinoamericanos sobre el porqué los países ricos lo son y otros no, que comencé hace meses por aquí con un libro excepcional que por ahí ha de andar, asimismo hablaré de otro similar que tiene muchas luces que dar por el mismo tema.

Y me he propuesto hacer artículos más pequeños para poder ser más sintetizado, más productivo y con menos rollo. Pero no es mi culpa, entiéndeme, no es mi culpa. Hay temas que dan para más y más, con lo cual se hacen más largos que la misma cuaresma.

Así será. Ahora vamos por los otros diez mil visitantes. ¿Me acompañas?

Te espero.

miércoles, septiembre 19, 2007

La Venganza de la democracia en el cine: Tocatta y Fuga de www.imdb.com - Parte II

Respecto a los siguientes títulos de películas en la lista de top 250 de www.imdb.com

Ya saben, si están leyendo este asunto es la lista en donde la gente con sus votos va colocando incesantemente las películas que ve. Le da puntuaciones especificas y a través de una fórmula van a través de un valor ponderado con una fórmula estadística con el resultado las cotejan y van ascendiendo o descendiendo dependiendo del gusto general.

Es puro gusto general ponderado. No hay sesgo extra. Nadie gana una mención o premio internacionalmente reconocido. Es sólo un punto de referencia. En el artículo anterior Manhattan de Woody Allen quedó en el lugar 215, creo, con 7.9 de calificación. En mi lista personal yo le doy 10. ¿Cómo fue que le dieron esa calificación tan baja? ¡Son 2.1 puntos menos de 10! ¿Estarán todos tan equivocados? ¿O el equivocado sólo seré yo?

Exacto, los equivocados son todos ellos. O todos ustedes, vaya.

¿Para qué sirve una lista? Esa es la pregunta que muchos se hacen desde que conocieron los 10 mandamientos. ¿No serían mejor más mandamientos preguntan unos? Otros se preguntan si no son demasiados. Y otros más dicen, ¿no es mucha casualidad que hayan sido precisamente 10? ¿No serían 15 como asegura Mel Brooks en su película de Una Historia del Mundo, Parte 1, y que al ir bajando con la buena nueva (no creo que fueran muy buena) se tropezara y quebrara una de las piedras en donde estaban grabados los pecados del 11 al 15? ¿Cuáles serían esos mandamientos en ese caso?

Las películas de IMDB por otra parte que sobresalen son 250. No 300, no 100, no 5,000, son 250. No sé porque eligieron ese número. Parece tan arbitrario como cualquier otro. En los diez días de que recabé esta lista, las posiciones han cambiado mucho. A ciertas películas las han visto más personas que andaban de muy buen humor y las hicieron subir de lugar desplazando a la oscuridad a muchas más. La oscuridad sólo para recordarles está en los lugares post 250.

Me recuerda algo al libro aquél de Dave Marsh titulado The Heart of Rock and Soul, the 1,001 Greatest Singles Ever Made. Él dice en el prólogo de ese libro que mucha gente le pregunta por la canción número 1. Cuándo él responde I Heard Through the Grapevine, muchos dicen “¡Qué buena canción!” Otros dicen, “¿Y esa cuál es?” De Marvin Gaye, responde, de su álbum What’s Going On de 1971.

Y eso no es lo raro. Lo raro, agrega Marsh, es que NADIE le pregunta nada acerca de la canción 1,002. (No, no la escribe, pero la 1,001 es, según Marsh, No Way Out, Joyce Harris, de 1960, no apareció en listas)

Algo puede ser similar en el mundo de las películas. Esta es una lista sesgada. Dista mucho de ser absoluta. Y no sé cuanto pueda durar la película de a mero arriba, ahí, a mero arriba. Pero uno nunca sabe.

Lo único que sé es que del lugar 200 al 150 las cosas ya están más fijas. Y para que desaparezcan corriéndose hacia atrás, hacia el lugar post 250 pueden pasar años. Pero de que pasará, pasará con el correr de los años.

Cuestiones del gusto popular.

Lugar 200, 7.9 puntos, Stalker (1979), 9,240 votos. Para variar esta no la conozco. Es de Andrei Tarkovsky, lo cual es equivalente a un trabajo de arte. Al parecer trata de ese tipo de consecuencias que sufren las personas alrededor de ciudades que fueron productos de megaaccidentes bárbaros tales como el de Chernobyl o del de Bhopal. Pensé que mientras más avanzáramos en la lista más conocería de películas pero parece que no. Hay que ser humilde.

Lugar 199, 8.0 puntos, The Exorcist (1973), 59,026 votos. Esta película, El Exorcista, de William Friedkin, hiperfamosa en su tiempo. Dizque personas de la audiencia que les dio ataques cardiacos, dizque que no pudieron aguantar. Claro, eso causó más entradas, más taquilla. El tema levantó ámpula en muchas partes y también a su vez, causó más taquilla todavía. Los casos de “posesiones” se dispararon. La histeria colectiva a todo lo que da. Ahora ves sustancias más verdes y pegajosas en cualquier episodio de CSI. De la novela de William Peter Blatty. Tiene todavía muchas cosas impresionantes, más en las partes de suspenso más que en las de terror. Fue un retrato de su época. Al menos es más seria que sus secuelas. Digo, si se le puede llamar seria la situación acerca de un sacerdote poseído delante de nuestros ojos y una chica en la histeria total con una cama que se mueve a todo lo que da. Siento que no se le da el suficiente crédito al cuate de efectos especiales de sonido que consiguió un Oscar compartido. Todavía aguanta, supongo.

Lugar 198, 8.0 puntos, In the Heat of the Night (1967), 12,539 votos. De Norman Jewison. Al Calor de la Noche. Es una delicia silenciosa cuando sabemos de películas cuyos títulos son traducidos literalmente. Esta película es con Rod Steiger y con Sydney Poitier. La de un crimen y una averiguación en la que se enfrentan un sheriff sureño y un detective del norte, negro para mayores señas. Un crimen para mayores señas. Tuvieron que salir chispas y salieron chispas. Genial película, lo que he leído de ella. Tampoco la he visto, caramba. Dicen que es genial.

Lugar 197, 8.0 puntos, Scarface (1983), 74,124 votos. Cara Cortada. Al Pacino hablando en un inglés que no se ha visto ni siquiera en Miami Vice. Sale Michelle Pfeiffer como la novia de Pacino, conocido aquí como Tony Montana. Es excesiva, es derrochadora, es interesante. Es de Brian de Palma. La escena del final es de impacto. “El Mundo es Tuyo” decía una fuente por ahí. Mientras no tengas que reclamarlo todo está perfecto. La cocaína que aparecía por ahí parecía harina para un pastel de media tonelada. Pero el mal nunca triunfa, ¿ok? ¿Cómo dice la frase? “¡Digan Hola a mi amiguito!” Y la supertrupermetralleta disparando fuego a todas partes sin compasión ni clemencia. Vaya escena. Tony Montana es malo malo, y sin redención alguna. La sangre y la palabra “fuck” a todo lo que da.


Lugar 196, 8.0 puntos, The Terminator (1984), 98,961 votos. Esta casi nunca la traducen. Suena muy curioso decir “El Terminador”. El vehículo fílmico que ayudó a llevar a Schwarzenegger a la gloria. En el futuro la Tierra se va al diablo. No, no es 2007, ¿okay?, no se me adelanten en conclusiones. Quedan pocas personas sobre la superficie. ¿Esos niños están mirando la tele? ¡NO! Es una fogata dentro de una pantalla de televisor que los ilumina como lo hacía la tele. James Cameron pre-Aliens, pre-Titanic creó una minimitología alrevesada de viajes en tiempo. Resulta que alguien viaja en el tiempo para prevenir que maten a Sarah Connors antes de que de a luz a John Connors quién será el gran Paladín contra los Terminators que son los robots que desean destruir a la raza humana, etc. Lo que esperan hacer un día las máquinas de refrescos disimuladamente. El punto es que el malo es Arnold, y eso que lo era antes de ser gobernator. Y la película es interesante.

Lugar 195, 8.0 puntos, The Lady Vanishes (1938), 8,750 votos. La Dama Desaparece. Esta es de Alfred Hitchcock. Acerca de una viejecita que desaparece en un tren y nadie la recuerda excepto una persona que hace lo imposible por convencer a los demás de que sí existió. Es un argumento muy original que luego se copiaría en muchas ocasiones, desde esa película de Jodie Foster, Flight Plan, la del avión en que pierde a su hija y que nadie la recuerda, al contrario en la que piensan que iba sola, hasta en un episodio de Monk. Pero hubo un tiempo que fue original y como dicen, es el cantante, no la canción.

Lugar 194, 8.0 puntos, The Gold Rush (1925), 11,176 votos. La Fiebre del Oro, creo que se llama, de Charles Chaplin. Una película genial, muda, que es de las más antiguas que están aquí, tiene ochenta años, ¿no se dan cuenta? Charles Chaplin ejecuta aquí su maravilloso y sí, sin ironías (tener que ser especifico, ¡que caray!) ballet con los panes y los tenedores, además de estar a punto de comerse su zapato. Chaplin tenía el don de la humanidad y lo tuvo por muchísimo tiempo.

Lugar 193, 8.0 puntos, Spartacus (1960), 29,174 votos. Esta es de Stanley Kubrick, Espartaco. Llegó después que su primer director. Al tener que filmar la gran cantidad de personas tuvo que improvisar. Estaba muy joven cuando le tocó hacerla, pero ya tenía cierta experiencia, ya había filmado Paths of Glory o Senda de Gloria con el mismo Kirk Douglas que también salió en esta. No siento que sea precisamente de gladiadores. Más bien es de una rebelión de esclavos. Es una gran película. Tiene tono homoeróticos que la pusieron en aprietos cuando se exhibió. ¡Yo soy Spartacus! Fue el grito de Douglas cuando sus captores exigieron su presencia y luego cada uno de los demás prisioneros gritando lo mismo, ¡Yo soy Spartacus! ¡Yo soy Spartacus! es algo que te deja la piel con los pelos de punta. Valentía y sacrificio a toda prueba.

Lugar 192, 8.0 puntos, Ed Wood (1994), 41,588 votos. Esta película está aquí en un lugar curioso. Es decir, Tim Burton dirigiendo a su alter ego Johnny Depp en una película cerca de Ed Wood el alegadamente PEOR director del mundo y que esté esta película en esta lista de los 250 mejores películas de IMDB es una hazaña. Es una película que es divertida y que mueve a la compasión. ¿Qué acaso el mundo de Ed Wood estaba tan distorsionado como para pensar realmente que al encontrarse en el bar con Orson Welles, y que mientras éste estuviera hablando de las desventuras del reconocimiento del talento evidente, él se sintiera plenamente identificado con el director del Ciudadano Kane? Lo que hace en esta película Martin Landau con el papel de Bela Lugosi, aquél famoso Drácula es equivalente a lo que Burton hace con Vincent Price, entre otras cosas pedirle que actuara en Edward Scissorhands. Es una película encantadora, la verdad. Bueno, las dos son películas encantadoras.

Lugar 191, 8.0 puntos, Twelve Monkeys (1995), 100,509 votos. Doce Monos de Terry Gilliam es una película genial que no me canso de ver. Hace muchos años leí una crítica en la revista Time afirmando que era como Jumanji para adultos. Y no era un cumplido en absoluto. Tiene muchos de los elementos fantásticos que usa Gilliam normalmente en sus películas, Las Aventuras del Baron Munchausen, The FisherKing, la misma Brazil sin olvidar Time Bandits. Además esta brilla por dos razones más: el viaje en el tiempo recursivo y por aparecer el mismo Bruce Willis. Un punto extra se lo llevan los aparatitos entre recién-revolución industrial y ultramodernidad. Un día voy a comprar muchas televisioncitas de esas que ya valen como 175 pesos o 16 dólares y haré una escultura muy locochona. El destino es fatal o el fatalismo es destino. Las visiones del futuro son terribles. Brad Pitt hace muy buen papel aquí, si acaso un poco demasiado mucho exagerado. Por lo demás está genial como loquito. El final, como ya muchos saben, es medio amargo, pero cool.

Lugar 190, 8.0 puntos, Toy Story 2 (1999), 68,372 votos. Toy Story 2 es una película que existe para hacerte sentir bien. No tengo mucho que decir más que es cute. Los chistes que se hacen a partir del papá de Buzz son geniales. La muestra que se hace de los coleccionistas hiperfanáticos también es muy interesante. La secuencia del aeropuerto está también muy propia de nuestros tiempos. Se pensaba que esta película iba a ser directa a video. Que bueno que le pensaron estos cuates. Son más listos de lo que creemos.

Lugar 189, 8.0 puntos, King Kong (1933), 22,199 votos. King Kong es una película bella con todo y lo burdo que puedan parecer ahora los efectos especiales a los jovencitos. Tiene su sensibilidad en medio de lo absurdo. Sus peleas con los dinosaurios, la escena cortada de la araña gigante, todas esas tienen su poder. Las escenas de Fay Wray también son especiales. De hecho, muchas ocasiones se olvidan que ella fue el motor de la película. King Kong quedó prendado de su belleza. También nosotros. La versión de 1976 a lo mucho brilla por Jessica Lange y su escena de cuando el gorila le trata de quitarle su top. Y las Torres Gemelas. Las Torres Gemelas, caramba.

Lugar 18, 8.0 puntos, The Thing (1982), 37,781 votos. Esta película es una segunda versión de una que apareció en 1952, basada a su vez en un cuento que escribió John W. Campbell, uno de los sumos pontífices de la ciencia ficción de aquellos tiempos. Yo vi la primera y está, como suele pasar en esos momentos, muy divertida inesperadamente. Esta versión que está aquí sólo la vi en partes y no me puedo hacer una idea completa. Valdría la pena verla y apreciarla de lleno. Claro que es curioso que algo de ella la hemos visto de repente en episodios de series como los X-Files y en películas muy menores como Virus.

Lugar 187, 8.0 puntos, Bride of Frankenstein (1935), 9,094 votos. El It’s Alive!!! Es famosísimo, todo un clásico. Es el grito de sorpresa cuando el buen doctor curioso se asegura que la Novia de Frankestein ya cobra vida. El estilo de la cuasi mujer es importante, ese pelo negro con dos rayos blancos es innegablemente inmortal. Es del mismo director James Whale. No la he visto, mi perdida.

Lugar 186, 8.0 puntos, Belle et la bête, La (1946), 5,111 votos. Es de Jean Cocteau y es una película clásica. Supongo que ha de ser la favorita de los chicos feitos que sueñan que gracias a su buen corazón van a tener a la chica hermosa, buena y linda de carácter. Pobrecitos de ellos. Claro, de ellos, ¿que creían?

Lugar 185, 8.0 puntos, Lola rennt (1998), 52,974 votos. Corre Lola, Corre. O Lola, corre, Lola. Nombre curioso de una alemana, Lola. O Franka Potente también. ¿Cuántas mujeres alemanas se pueden llamar Franka? Esta película es un ejercicio de lo más estilizado, deliciosamente agil y bastante interesante de los pudieres y de los hubieres. En 20 minutos una mujer debe de conseguir 100,000 marcos para su novio que los perdió miserablemente. Eso es mucho dinero. Y 20 minutos es poco tiempo. Esas son mujeres, no pedazos. Agilidad y edición vertiginosa. ¿Qué más se puede pedir? Es de Tom Twyker.

Lugar 184, 8.0 puntos, Snatch. (2000), 87,990 votos. Es de Guy Ritchie. No la he visto. ¿Tendré yo un problema con el esposo de Madonna?

Lugar 183, 8.0 puntos, The Day the Earth Stood Still (1951), 17,064 votos. Es una película de la que están a punto de hacer un remake. Se trata de un ser espacial, Klaatu. que sin poder comunicarse del todo aparenta ser el gran enemigo de la tierra y por tanto debería ser destruido. Había entonces un ambiente de miedo por aquello del comienzo de la Guerra Fría y lo de la Guerra (algo caliente) de Corea. Habría que ver los papeles que se pueden juzgar a partir de los roles del ejército y de la gente en general. Esta muy buena. Aparece un robot muy cool que se llama Gnort, amigo de Klaatu. Klaatu también fue el nombre de una banda desconocida de los setentas que muchos pensaron que eran los Beatles que se reunían por primera vez desde su separación con otro nombre, teoría perfectamente plausible por entonces. En un disco de Ringo Starr llamado Goodnight Vienna aparece Ringo junto con el robot, Gnort. El grupo no tenía, obvio nada que ver con los Beatles. A la gente como le encantan estas cosas. Ah, la película está padre.

Lugar 182, 8.0 puntos, Toy Story (1995), 77,234 votos. Esta es una delicia desde varios puntos por más trillada que pueda aparentar estar hoy. No sólo basta la técnica con los mejores efectos (como puede ser el caso de Final Fantasy: The Spirits Within que es impresionante en su habilidad y destreza con las gráficas de sus computradoras), hay que agregarle la gracia y la humanidad a tus monitos. Toy Story los tiene a mares. Es graciosa y demás.

Lugar 181, 8.0 puntos, Glory (1989), 35,491 votos. Esta es sobre el primer regimiento de todos negros que peleó en la Guerra Civil. Por supuesto que tiene sus tonos de moraleja, de conceptos de justicia, de ironía. Se ve en esta película una lección de humanidad. Visto a lo lejos, en el tiempo, en la distancia y en la misma ideología de por entonces, que todos los negros eran buenos, todos los blancos del sur eran malos y que los blancos del norte servían en algunos casos para redimir a los demás. Salen varios de los actores negros importantes, o que serían importantes con el tiempo, como Morgan Freeman y Denzel Washington. Dirigida por Edgard Zwick. Se pone a pensar uno, como ya lo hemos visto aquí, que aún y que la IMDB es de origen inglés sus votantes son eminentemente norteamericanos. Es también de esas películas en las que el amor al detalle aparece en uniformes, en armas, en ese tipo de situaciones que quieren hacerte olvidar que estás viendo una película.

Lugar 180, 8.0 puntos, Trainspotting (1996), 87,748 votos. Esta película es controversial en todo. De Danny Boyle. A veces pienso que para ser aceptado entre tus iguales y los más jóvenes tienes que decir a mí me gustó Trainspotting. De acuerdo, a mí me gustó Trainspotting por muchas cosas. Es hipnótica en la cuestión de la droga, el hard stuff y eso. Sobre todo lo que puede impresionar es que en ningún momento que yo recuerde se sataniza a la droga, sólo se le pone como un elemento más al que cada quién decide que hacer enfrente de ella, si aceptar su atractivo o negárselo. Hay escenas bizarras, como las del excusado. Danny Boyle hace un excelente trabajo lleno de sutilezas por todos lados. La música es genial. Aparece el ajonjolí de todos los moles, el señor Ewan McGregor. Hay razones por las que se podría decir que esta película defiende a las drogas. Hay razones por las que se podría decir que esta película ataca las drogas. Que cada quien decida. De lo que más me agrada de la película es el comienzo, precisamente en lo que corresponde al discurso, es básico, es total, es implacable, es macabro: Elige la vida. Elige una carrera. Elige una familia. Elige una gran pinche televisión, elige lavadoras, carros, equipos de discos compactos y abridores de lata eléctricos. Elige buena salud, bajo colesterol, y seguro dental. Elige un crédito hipotecario de pagos de interés fijos. Elige una casa para empezar. Elige a tus amigos. Elige ropa para viajar y juego de maletas de viaje que les hagan juego. Elige un traje de tres piezas. Elige preguntarte quién jodidos eres en una noche de domingo. Elige quedarte en ese sofá viendo juegos por televisión que te aplastan el espíritu y te nublan la razón mientras te embutes pinche comida chatarra en tu boca. Elige pudrirte hacia el final de todo en un hogar miserable, siendo nada más que un ridículo para los hijos jodidos y egoístas que tuviste sólo para reemplazarte tú mismo. Elige el futuro. Elige la vida… ¿Pero porque querría yo hacer una cosa como esa? Yo elijo no elegir la vida. Yo elijo algo más. ¿Las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína? La película es genial. Gracias y a pesar de todo eso. Y punto.

Lugar 179, 8.0 puntos, Gone with the Wind (1939), 47,304 votos. Lo que el Viento se Llevó. La película. La mejor de todas le han dicho muchos. No sé si se nota el tiempo en ella. Es una película que me han dicho algunos que fue coloreada. No es así. Es muy bien hecha, sus actores Clark Gable y Vivien Leigh son inmortales. Todo lo que rodea a Lo que el Viento se Llevó tiene ese olor, ese aroma de inmortalidad. Hay que pensar que está a punto de tener 70 años. Imaginemos que al principio cuando lo hicieron la popularidad de esa película iba a durar tantos años así y probablemente otro tanto más. No sé que pase en el futuro con el cine, pero ¿porque no? Scarlett O’Hara era el mero diablo. Lo demás nos importa un bledo. Es de Victor Fleming.

Lugar 178, 8.0 puntos, Duck Soup (1933), 16,071 votos. Sopa de Ganso, con los Hermanos Marx en toda su anarquía. Es divertida, es irreverente, es antiautoritaria. Es inmortal. Son los Marx: Groucho, Harpo, Chico, Zeppo. Groucho es presidente de una nación y le declara la guerra a su nación vecina por una mujer. Los chistes son una dificultad de entender en español gracias a los juegos de palabras, pero la película es divertidísima de todas maneras. Es de Leo McCarey.

Lugar 177, 8.0 puntos, Groundhog Day (1993), 76,819 votos. No me acuerdo como se llama en español. Es de Harold Ramis con Bill Murray y con Andy McDowell. Lo más extraño de todo es que esta película con los años se ha vuelto sorprendente herramienta de estudio para investigadores religiosos ya que trata de la redención a través de la expiación en algo parecido a un purgatorio o su equivalente en las religiones donde lo haya. Se trata de un tipo que se encarga de dar noticias del clima por televisión, del peor tipo posible de persona que por una circunstancia especial le ocurre el mismo día todos los días. Al principio se sorprende y desea volverse loco, luego al darse cuenta que no puede morir ya que tendrá que repetir el día se aprovecha, luego quiere conquistar a la chica a través de conocerla cada vez más. Después comprende sus errores y… Es muy metafísica y muy divertida. Alucinante y te dices, ¡qué excelente idea! Luego lees por ahí que la idea viene original de Nietszche, ustedes saben, aquél gran escritor cómico alemán de finales de siglo antepasado. Se ha dicho que el personaje de Murray le sucede el mismo día por más de diez años. No sé como le hacen para sacar ese tipo de conclusiones. Y tampoco sé como le hago yo para aceptarlas. Es genial por muchos lados.

Lugar 176, 8.0 puntos, Patton (1970), 23,940 votos. Por más que Patton, George Patton haya sido una persona detestable, que era un general de la Segunda Guerra Mundial que al parecer su imagen era eso, una imagen de periódicos más que un verdadero general habilidoso, que ganó batallas más bien gracias a que a él le gustaba sacrificar a su gente, y por el puro peso de llevar un Tercer Ejército que estaba totalmente descansado, en comparación de los demás que ya llevaban su tiempo en Europa desde el mero Día D, cosa que él no, y que hubo mejores generales que él (el mismo Omar Bradley) y que era un boquiflojo que le encantaba meterse en problemas al menor de los pretextos, aún con todo eso, George C. Scott lo retrata magistralmente. Los tanques alemanes que aparecen en la película, los que sabemos de tanques alemanes (modestia aparte) sabemos que son tanques americanos mal disfrazados de Panzers alemanes (de perdido despístenle) y que son los llamados “Pattons” (¿?). Con todo eso, repito, la película es impresionante y la he visto y la veré por mucho tiempo más. De Franklin J. Schaffner.

Lugar 175, 8.0 puntos, Witness for the Prosecution (1957), 9,111 votos. No la he visto. Sé que es de Billy Wilder. Sé que es de una obra de Agatha Christie, la de Tres Ratones Ciegos, no sé como se llama en español, no tengo mi libro sobre Agatha a la mano. Sé que sale Tyrone Power. No sé mucho más de ella. Lo único que sé también es que comencé a leer novelas gracias a Agatha Christie. Que ella es única, que a veces hace trampa, que no pondré cuál novela es en la que hace trampa. Que me encantaron, y eso que las leí hará 30 años, Los Cuatro Grandes, Camino a Bagdad, Nemesis, y las mejores de todas de ella, según mi humilde opinión: El Misterioso Caso de Styles, El Asesinato de Roger Ackroyd, Diez Negritos y el glorioso Asesinato en el Orient Express. Leer a Agatha es como saborear un Gansito Marinela, es rápido, sin complicaciones y delicioso.


Lugar 174, 8.0 puntos, The Grapes of Wrath (1940), 13,266 votos. Viñas de Ira. Las Uvas de la Ira. Es tan impresionante esta película de muchas maneras que hasta escribí una nota de varias páginas en este blog. Basada en la dolorosa novela de John Steinbeck. Henry Fonda está sobresaliente. El everyman, Tom Joad, con el que te debes de identificar en cuanto a su lucha, su rebeldía, su honradez inmortal. Okay, no se identifiquen, total, ni los conozco a ustedes. Acabo de leer el lema del poster de la película por entonces: “Los miles de personas que han leído el libro sabrán porqué NO VENDEREMOS BOLETOS PARA NIÑOS para ver esta película”. Es un tema muy fuerte aún y después de 67 años de que apareció. La última escena de la novela, de haberla puesto en la película, hubiera estremecido a muchos. A mí me estremeció aún y que la leía hará tres terribles años. Es de John Ford. La frase más impactante que dicen tanto la película como el libro es: Dondequiera que tú veas – dondequiera que haya una pelea, para que la gente hambrienta pueda comer, ahí estaré yo. Dondequiera que haya un policía golpeando a un tipo, ahí estaré yo. Estaré cuando los hombres griten volviéndose locos de ira. Estaré cuando los chicos se rían cuando tengan hambre y sepan que la cena esté servida, y cuando la gente esté comiendo lo que ellos cosecharon y viviendo en las casas que ellos construyeron, ahí también estaré yo…



Lugar 173, 8.0 puntos, Cabinet des Dr. Caligari, Das (1920), 8,448 votos. Es de Robert Wiene, y yo pensaba que era de F.W. Murnau. Es una película que se llama ahora del expresionismo alemán, todo porque se expresa en sombras largas y derredores un tanto confusos de sombras y oscuridades además de ángulos inusuales. Es una película de terror legítimo tanto que se dice que es la primer película del género. La he visto a pedazos, supongo, años ha. Como dato totalmente trivial que raya en lo absurdo sepan que esta película de Caligari, se estrenó en México el 8 de diciembre de 1921. Gracias por preguntar.

Lugar 172, 8.0 puntos, Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922), 15,678 votos. Casualmente la siguiente película que aparece en la lista es la de Nosferatu, una Sinfonia del Horror (un subtítulo apropiado), dirigida esta vez por F.W Murnau y que narra la historia de Dracula sin poder decir que es Dracula porque la viuda de Bram Stoker aún vivía y requería sus derechos, algo así y tanto es esa historia que demando y ganó una decisión que daba los derechos de quemar la película, cosa que se hizo pero que no impidió que hubiera más copias en otros países. Se hizo una versión sobre la filmación de esta película con John Malkovich y Wiliam Defoe que está muy interesante y que vale la pena compararla con el producto terminado, se llamó La Sombra del Vampiro, Shadow of the Vampire. Por otra parte, nuestro Werner Herzog hizo una versión de Nosferatu con el genio Klaus Kinsky en 1979 que es casi una copia de la original pero que también vale la pena. En fin. Sinfonías del Horror, indeed.

Lugar 171, 8.0 puntos, The Big Lebowski (1998), 93,831 votos. Es de los maestros hermanos Coen, maestros del cine por donde se les vea. Pero no la he visto. Todavía.

Lugar 170, 8.0 puntos, Harvey (1950), 13,270 votos. Es de Henry Koster. Esta es con Jimmy Stewart y no la he podido ver, como que me resisto a verla en español. Me gusta la voz de Stewart en inglés (¿a quién no?), es nasal y como que siempre está protestando. Es de un amigo imaginario de Stewart que ni más ni menos es un conejo que mide 1.88 metros. Ayuda que midas 1.90 metros. A todos nos pasa.

Lugar 169, 8.0 puntos, The Conversation (1974), 18,154 votos. O sea, La Conversación, como su nombre lo implica. Esta película es de Francis Ford Coppola y que la sacó el mismo año que sacó la de El Padrino II y que incluso los tuvo compitiendo por el mismo premio Oscar a la Mejor Película si mal no recuerdo. Esta película es sensacional por donde se le vea. Es sicológica, intimista, reveladora, brutal. Es la impresionante vida d eun tipo que se la pasa grabando conversaciones ajenas para ciertas organizaciones de gobierno y que de manera casual escucha una conversación acerca de alguien que supuestamente va a morir y… El final es sorpresivo pero no en el tono de explosión sino en el tono de revelación que nos acontece cuando todo se vuelve introspectivo, torturante y psicológico. Es una genial película como esas de las que ya no se hacen ahora.

Lugar 168, 8.0 puntos, Heat (1995), 80,970 votos. En México se le llamó Fuego contra Fuego y es de Michael Mann, aquél creador de Miami Vice. Se trata acerca de dos personas tan opuestas y tan iguales al mismo tiempo. Es de esas películas que las disfrutas de todo a todo y se te dificulta contarla en su entereza. Por decir, ¿como puedes asimilar esos deseos opuestos no tanto del bien y del mal enfrentados unos contra otros? Y puede que me quede corto, ya que no es posible definir esa lucha en términos tan blanco-negros como estos. No, esto está en el área completamente lleno de grises tal y como es la vida. Aún más, el dizque bien , representado por Al Pacino contra el dizque mal, representado a su vez por Robert De Niro. Es algo excepcional de ver uno contra otro tomándose un cafecito en medio de la metafórica tormenta de lava a su alrededor. Derroche de armas, derroche de ingenio, derroche de violencia. Y aún en medio de todo ese derroche, la dosificación de la misma.

Lugar 167, 8.0 puntos, Brief Encounter (1945), 6,188 votos. Esta no la he visto ni por cortesía de ningún canal cercano a mi TV. Sólo sé que es de David Lean. Y como que la guerra acababa de terminar.

Lugar 166, 8.0 puntos, The Night of the Hunter (1955), 13,503 votos. Esta es de Charles Laughton y sale el malévolo Robert Mitchum, de los pocos actores que son tan versátiles y creíbles en sus papeles de villanos y de héroes con la menor facilidad. Robert Mitchum es un predicador terrible que en las manos trae tatuadas en un puño la palabra HATE y en el otro la palabra LOVE, circunstancia que ha sido hecha homenaje muchísimas ocasiones a través de los tiempos. De lo poco que le he visto se me hace genial y que vale muchísimo la pena. Cine negro muy negro.

Lugar 165, 8.0 puntos, The General (1927), 11,167 votos. Esta película es de Búster Keaton y sale Búster Keaton. Es sorprendente que casi nadie conozca a Búster Keaton. Bueno, yo sí lo conozco aunque no conozco esta su mejor película. Muchos la traducen mal y le ponen EL General y se llama LA General. Es sobre una locomotora. No sé mucho más de ella, pero sí he leído que es tan famoso como Chaplin y como Harold Lloyd. Es bueno pensar en ellos de vez en tanto en cuanto se esté acercando año con año sus centésimos aniversarios respectivamente. Como dice un buen amigo de Monterrey, Roberto Villarreal, habría que recordarlos.

Lugar 164, 8.0 puntos, Stand by Me (1986), 52,522 votos. Esta película está basada en una historia de Stephen King que vienen en el libro de Different Seasons y que se llamó originalmente The Body o El Cuerpo. Que yo recuerde la historia es idéntica. Es de Rob Reiner y sale Kiefer Sutherland de malo malo, y de los niños de entonces River Phoenix (alguien que pudo ser un actorazo, lástima que jamás lo sabremos), etc. Es la historia típica de los que van a ascender hacia la adolescencia. Es divertida, tiene buena música, y en las ocasiones en que debe, es dramática. El final lo es más todavía. Y eso que sólo se menciona.

Lugar 163, 8.0 puntos, Dog Day Afternoon (1975), 29,961 votos. Esta película es una comedia-drama de impacto. Sale Al Pacino haciéndola de un tipo que va asalta un banco con otro amigo porque desea poder pagarle la operación del cambio se sexo a su novia. La tarde de perros se va transformando en de verdad un drama de la vida real conforme el conflicto se va humanizando. Sale John Cazale con Pacino tal como salió de su hermano en las de El Padrino y como luego lo hiciera con Robert De Niro en El Francotirador, The Deer Hunter. Recomendadísima Tarde de Perros. Es de Sydney Lumet y se basó en hechos reales. Todo un circo. Attica! Attica! Tienen que verla.

Lugar 162, 8.0 puntos, The African Queen (1951), 21,615 votos. De John Huston. Esta película la vi hará veinte años cuando no sé como llegó a mis manos en forma de videocasete VHS, en las primeras videocasseteras VHS en la comunidad. Es una película deliciosa desde muchos puntos de vista, desde las actuaciones de Humphrey Bogart, un verdadero gigante, y la de Katherine Hepburn, una verdadera actriz del tamaño del mundo. La historia de un capitán de barco fluvial llamado La Reina Africana y una misionera ya de cierta edad que se queda sola en medio de toda África en el ambiente de la Primera Guerra Mundial. En cierto momento deciden salir de todo ello y buscan escapar de los alemanes. Se desarrolla a partir de ahí un romance muy especial entre ambos que… La chispa y la gracia de dos actores así no se da de manera sencilla. Esta película los guarda y los muestra entoda su plenitud y esplendor. Es una película sencillamente maravillosa.

Lugar 161, 8.0 puntos, Wo hu cang long (2000), 75,526 votos. Esta es la del Tigre y el Dragón. Su nombre en inglés es muy extraño. Tigre escondido, Dragón no se qué. Prefiero el más sencillo de El Tigre y el Dragón. Es el Kung Fu hecho poesía. Es Wire Kung Fu, o Kung Fu de cables, creo que le han llamado algunos. De Ang Lee, es una película de real belleza, lírica y real, en plenos colores vivos y vigorosos. La historia es casi arquetípica: Un héroe, una heroína, una espada, villanos y unos que no lo son tanto aquí y allá. Artes marciales en el sentido de modo de vida. La vida y la muerte vistos de manera poética. Película llena y plena en todo el sentido de la palabra. Si no está más arriba en la lista es porque de verdad hay muchísima competencia.

Lugar 160, 8.0 puntos, The Adventures of Robin Hood (1938), 13,151 votos. Esta película con el neocelandés Errol Flynn nunca la he visto más que en el pedacito que aparece en la caricatura del Conejo Bugs Bunny en la que este está en contra del Sheriff de Nottingham y que le hace diez mil diabluras y hay un tipo que de repente aparece en varias ocasiones en medio de toda la acción para anunciar: No hay que temer, Robin Hood vendrá para salvarnos. Y así lo hace varias veces hasta que el mismo Conejo se harta y le grita que eso no es verdad, el tipo le dice que tenga cuidado que sí es verdad, en eso la caricatura se corta para dar paso a el mismo Errol Flynn posándose en una rama de árbol y diciendo alegremente: “¡Bienvenidos al Bosque de Sherwood!”. Algún día la veré. Estoy seguro.

Lugar 159, 8.0 puntos, Judgment at Nuremberg (1961), 7,066 votos. No la he visto, es de Stanley Kramer, salen muchos conocidos como Spencer Tracy y Buró Lancaster, Judy Garland, Marlene Dietrich, Montgomery Clift. obvio, se trata acerca del juicio que ocurrió en la ciudad alemana de Nuremberg a un año del final de la Segunda Guerra Mundial en la que se enjuiciaron a los principales jerarcas nazis, los que no se habían suicidado o escapado por supuesto. Se enseñan las terribles muestras de crueldad de los nazis y ellos diciendo de continuo que sólo obedecían órdenes. Además de eso no tengo las más remota idea de que se trata esta película.

Lugar 158, 8.0 puntos, 8½ (1963), 15,216 votos. De Federico Fellini. ¿Me creerán que no la he visto? Tantas oportunidades y ni así. Bueno, al parecer en un canal de por aquí pronto la van a dar durante un festival dedicado a Marcello Mastroianni con el cual espero poder subsanar mi terrible falla. Por todos lados donde se le vea, sí que es una falla. Ni más ni menos.

Lugar 157, 8.0 puntos, Little Miss Sunshine (2006), 67,461 votos. Esta película tiene mucha gracia. De Jonathan Dayton. La puesta en marcha de la idea de llevar a la más pequeña de una familia disfuncional a un concurso de belleza de esos dedicados a niñitas de menos de diez años, lo cual, bueno, ya es bastante raro y disfuncional. Pero como dije, tiene su gracia muy especial. Eso sí, glorifica a las Combis a todo lo ancho de la pantalla.

Lugar 156, 8.0 puntos, Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969), 33,580 votos. Esta la vi hará treinta años en la clase de Apreciación de Cine en la UDEM. Teníamos esa opción de llevar la clase en el programa de Difusión Cultural. En la preparatoria Bachilleres Obispado era eso o llevar clase engorrosa de educación Física bajo el sol, sudor y lágrimas. Pero por supuesto que elegimos Apreciación de Cine, era ver sólo películas y opinar de ellas. Sólo eso. No está mal, ¿verdad? Sólo la supera el hecho de ver películas y que te paguen la maestría en España, como les sucedió a una pareja amiga de allá de Monterrey. Bueno, el caso es que habíamos estado viendo dos películas rusas por dos semanas consecutivas que ya nos tenían hasta el gorro por muy Eisenstein que estuvieran incluidas el Acorazado Potemkim. En eso que llego yo y pregunto: “¿Cuál toca hoy?”, pregunto y que me responden butchcasandsundansky y que respondo “¡¿Qué?! ¿¿¿¿Otra película rusa???”. Y que empiezan a salir vaqueros y ladrones y Robert Redford y Paul Newman y Katharine Ross y que se pone muy divertida y que salen mexicanos haciéndola de bolivianos y que al final todo se congela porque… Nop, no era rusa, era de George Roy Hill y salían Newman y Ross en una bicicleta haciendo piruetas por ahí bajo la canción de Gotas de Lluvia sobre mi Cabeza del bueno de Burt Bacharach. He dicho.

Lugar 155, 8.0 puntos, Gandhi (1982), 27,763 votos. De Richard Attenborough, creo. Película que debías de ver en aquellos años para demostrar que eras alguien a quien le importaba el mundo y todo lo que había dentro de él, sobre todo la cuestión terrible de las injusticias del hombre contra el hombre tan malvado que es. La historia de Mohandas Gandhi que desde muy joven en la India dio muestras de ser el líder que ese subcontinente estaba esperando para lograr la independencia. Se le muestra todo ser lleno de admirables cualidades, de las que me imagino ha de haber tenido muchas, pero en fin, ser humano también proclive a errores de juicio, pero estamos hablando de un país ultrasupergigantesco de diez veces la población de México (en los 40’s, tiempo de la independencia de la India supongo que la proporción de población ente ambos países debió haber sido similar). Está buena, eso que ni qué. Pero como todas las biografías hechas película, esta también acaba en la muerte de… Ah, no, si así es como empieza. Ni hablar.

Lugar 154, 8.0 puntos, Shadow of a Doubt (1943), 10,844 votos. Esta es de Alfred Hitchcock respecto al tío Charlie (Joseph Cotten) que llega al pueblo tranquilo a visitar a su familia. Todo bonito y nada, que el tío va saliendo un perfecto demonio. Es un drama muy bien realizado por el bueno de Alfred. Si que se disfruta, la verdad. Es como todas las películas de este lugar, sobreviven muy bien al paso del tiempo.

Lugar 153, 8.0 puntos, Hot Fuzz (2007), 51,924 votos. Esta no sé de que se trata, supongo que consultaré en el www.imdb.com. A ver que dice. Que es de Edgar Wright. Ajá. Sí.

Lugar 152, 8.0 puntos, The Wild Bunch (1969), 18,071 votos. Película filmada en Durango, lugar que el bueno de Sam Peckimpah, su director, amaba mucho. Ese cuate quedó en la historia del cine como alguien que hiperglorificaba la violencia tanto que fue de los primeros en mostrar como las balas perforaban-destrozaban-mutilaban a las personas de una manera hiperrealista y eso sí, muy detallista. Bueno, pues en Durango, cuenta un amigo que le tocó estar ahí, eso afirma, que cuando jóvenes les tocaba ir a alguna cantina de Durango donde estaba el bueno de Sam, éste les invitaba una ronda de cervezas. No he visto la película más que el final en donde se ve como William Holden, Warren Oates y El Indio Fernández se matan todos a balazos. O lo intentan pues.

Lugar 151, 8.1 puntos, Kill Bill: Vol. 2 (2004), 98,894. De Quentin Tarantino. Tarantino ya se puede morir. Bueno, ya se podía morir desde hacía mucho tiempo, desde Pulp Fiction. Y eso lo sabemos todos y eso es lo bueno de hablar con gente como uno bien enterada. Pero otra de mis incredibilidades es que no he visto Kill Bill. Ningún volumen. Sé generalidades, de las que sabemos los que estamos enterados pero no he visto la película. Más vergüenza en mí que caray.
Faltan 150. Ya mero. ya mero. Ah, y si no le pongo más imagenes es que a estas horas de la noche ya no puedes ni leer la hora del reloj.
Ya luego le acomo más imágenes.