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viernes, diciembre 26, 2025

1239. Su voz metálica por teléfono, enamoraba, hacía vivir. Me dijeron que murió hace 40 años. ///

NnCt 1239 de 1,440 de episodios en donde ella desarrolló su voz, su intuición, sus consejos, donde le decía a todos qué hacer, qué no hacer, y donde adivinaba lo que los corazones de las personas más misteriosas escondían frente a sus ojos todos se derritian, todos se hincaba todos la adoraban y con el tiempo, como con todo lo que ocurre, todos la olvidaron, menos uno. ///

ARTICUENTO 1239 EL DE EL PODCAST SIEMPRE SU PODCAST

Su podcast era bellísimo, me llenaba de energía y con los años un día quise conocerla, era genial, bella, sensible, la había encontrado en un panel de controles y transistores y su voz, su voz… era magia pura.

 La empecé a buscar entre el gremio y nadie me decía nada, eran solo pistas falsas, al preguntar por ella mientras caminaba por las viejas banquetas rotas por los árboles airados de tanto castigo y descuido en ocasiones sentía que me seguían, busqué en el centro, en el sur, en el norte de la ciudad, de pronto supe, me dijeron, el consenso de las pistas apuntaba en esa dirección, que todo lo que ella hizo o hacía estaba en una agencia por la colonia Brisas, en medio de colinas, subidas, cielo azul, árboles, sol, pendientes, postes antiguos ahí enfrente de un gran parque en pendiente a veces seco a veces yerboso a veces con sendas por donde el ser humano tomaba ventajas del atajo estaba la antigua agencia de publicidad

La vista hacia las sierras del sur era hermosa. Pero nunca me daría cuenta, hasta después, al final del raro incidente si es que fue el final y no sólo el primero, en el que bajé lleno de terror porque ahí no había nadie vivo a cien metros a la redonda. Así de enfocada visión de túnel estaba en mi asunto. Al llegar a la casa esa descubrí que había una escalera de mil escalones, así me pareció, subí y subí y subí, y mis pulmones y corazón y bazo protestaron además porque el aire estaba de pronto enrarecido, y no me di cuenta de los pájaros muertos, ni  de sus esqueletos que por tanto tiempo de seguro ni gusanos tenían. Mi corazón, repito y rapto, a punto de estallar del esfuerzo y de pronto llegué a la terraza, con su vista soberbia dos a esas montañas que todo lo devoran, osos, personas, coyotes, y así miré el panorama y no alcancé a ver nada más, ya que estaba lleno de bruma como era tan común en esa época del año. En eso vi la puerta y la toqué tres veces y  para mi sorpresa y alarma de ciudadano alerta siempre alerta se abrió sola. 

Y en ese momento por primera vez de sesenta desee nunca haberme encontrado con la invitación esa. Todo el polvo, todo el escombro, todos los años de descuido estaban frente uno tras otro pidiéndose perdón, muebles derruidos, libreros destrozados, sillas destruidas, cojines destazados todavía quejándose, a mi espalda escuché de pronto la melodía que abría el podcast ese todavía bellísimo e increíble, el que presagiaba bondad y calidez y buena voluntad en mi corazón, respiré algo casi sólido de la nube de polvo que intuí de manera totalmente correcta que nunca acabaría de depositarse en el suelo, y con el temor, no sé, de qué pude haber aspirado algo malo si respiraba profundo, ya sea un COVID a todo galope, una toxoplasmosis a todo maullido, asbesto que gustosamente reptaría en mi pleura, ébola que me haría pasar las mil vergüenzas, los males del mundo región cuatro, y sin embargo no tenía fuerza de voluntad para irme, nada de fuerza de voluntad, nada, al menos de momento, pensé piadosamente buscando en mi interior estoicismo y consuelo. 

Y caminé y en eso abrí la puerta y en el instante que vi el estuche de cuchillos en esa mesa, al mismo tiempo que la puerta de la entrada, con esa corriente de aire que en este manicomio cerca de la hermosa sierra a la que nadie quiere ver ni pararse  a ser contemplada o contemplado ni a cien metros de distancia, desde todos los años, y eso es algo que no he vuelto a sentir jamás,  esa puerta de la entrada que se cerró como obedeciendo oscuras órdenes y con ello, barriendo con mi voluntad de vivir y de resistir porque ahí estaba ella, la mujer del podcast realmente indescriptible y yo ya sin fuerzas… ///1239


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