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sábado, junio 09, 2007

EL ESCALOFRIANTE PROPÓSITO DEL MEXICANO: VIVIR, PERVIVIR, SOBREVIVIR Y LO DE ENMEDIO.


Este artículo-blog-post tiene como 5,120 palabras. Está largo. Espero que los divierta algo. Y que los ponga a pensar.

Con eso de que se acaba de poner de manifiesto el Plan México 2030, ha resurgido mucho los temas de la Prospectiva y el de los estudios del Futuro.

Sin entrar en detalles los estudios de Prospectiva apuntan a desarrollar los escenarios posibles y probables del estado de una entidad determinada a un plazo también determinado en el futuro. No es adivinación. Es proyección. No significa que las cosas vayan a ocurrir tal y como se describan en los estudios realizados a partir de determinadas técnicas, como la Técnica Delfos, sino que sólo señalan rumbos que, si se tuviera la actitud apropiada, la voluntad adecuada, el poder de convocatoria conveniente, el consenso correcto, los instrumentos claves y la autoridad suficiente, se empezarían a crear desde ya los mecanismos que apuntasen a esa dirección deseada, la que fuera.

Así las cosas, topé con un artículo o colaboración en un libro llamado México 2030, Nuevo Siglo, Nuevo País, editado por el Fondo de Cultura Económica y coordinado por Julio A. Millán B. y Antonio Alonso Concheiro, libro de alrededor de 1999 o 2000 con motivo de eso, del Nuevo Siglo que se estaba abriendo paso en ese instante de manera imperativa.

(Pensar que llevamos siete años del nuevo siglo, mmm, eso me da no se qué, digo, las cosas siguen igual, ¿no? O tal vez un poco peor por causa del septiembre 11, de lo que se esperaba ese 1ero de enero de ese fatídico 2001, en fin).

El punto es que está bastante interesante el libro.

Me lo prestaron en el contexto de un curso que casualmente tenía que ver con Planeación y Prospectiva en la misma semana que se anunció el mencionado plan. El hecho de que el plazo del recién lanzado Plan fuera de aquí al año 2030 y el que el libro en cuestión hiciera referencia al mismo año, deja un saborcito de que, bueno, el conocimiento andado se tiene que aprovechar.

Por motivos de que el curso es de poco tiempo y el libro es de 600 y pico de páginas me concentré en los temas que me captaban más y uno de ellos era el de Cultura, Educación, Ciencia y Tecnología.

Y, bueno, lo que viene a continuación es revelador, es lúcido, es a final de cuentas, escalofriante. Ya verán porque uso la palabra “escalofriante” en un comentario común y silvestre que tiene que ver con cultura.

Como es de esperarse el capítulo es aaaaamplio por más que uno quisiera que no lo fuera. Esto es lo típico de estos libros. Abarcan y exprimen el tema de manera impactante en cuanto a gráficas, proyecciones, tablas y mil cosas más. No digo que esté mal, por supuesto que no, sólo digo que no dejan títere sin cabeza aún y que ellos aún afirman que no se pueden extender y es a partir de ahí cuando también me lleva a la reflexión que así es esto, que si tuviéramos el tiempo, el empeño y la recompensa, sacaríamos enciclopedias de hasta el estudio de los guisantes. Y luego podríamos añadir otros kilómetros de tinta en las ediciones subsiguientes del mismo.

En otras palabras, los temas tienen posibilidades de profundización totalmente impresionantes. El caso de la Educación y la Cultura no se quedan atrás.

Y no es que vaya a transcribir aquí todo el artículo, que es más de cincuenta páginas, pero sí de lo que me llamó la atención muy en particular.

Ya un post de este blog trató acerca de porqué hay países ricos y hay países pobres. Y aún en cuanto para algunas personas eso puede parecer obvio, este artículo, (que por cierto no puse sus autores y son, veamos, Jorge Elizondo Alarcón, que era, o es, Director del Centro de Estudios Prospectivos, A. C., Fundación Javier Barros Sierra, A. C. y de Daniel Rezéndiz Núñez, que entonces, supongo, era Subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública), decía, este artículo da un poco de luz a situaciones del carácter del mexicano.

Saber como es el mexicano te puede dejar descorazonado o lleno de esperanza. Ya veremos.

El artículo en cuestión empieza hablando sobre lo que son los Productos Culturales, que vendrían siendo los objetos artificiales y algunos naturales, las ideas, los objetos psíquicos y los valores. Aún y que pienso que habría muchas discusiones intelectuales en cuanto a la realidad y validez de estos conceptos vertidos, coincido que la cosa va por ahí. Son a final de cuenta las manifestaciones del hombre las que forman la cultura del mismo en toda su extensión.

Luego continua diciendo: El objeto de la educación es la cultura: la educación es siempre transmisión de cultura; es decir, su propósito es la modificación del estado cultural del educando (el sujeto de la educación).

Así llega a las tres funciones esenciales de la educación que resumidas, son (y yo me pasé 44 años de mi vida sin saberlo):

a) Socializar. Formando al individuo transmitiéndole los paradigmas de conducta y el saber para la convivencia o la moralidad. Carácter uniformador, ideas que de acuerdo el sentir colectivo no necesitan justificación. Implicación de la colectividad. Conciencia del “nosotros”.

b) Politizar. Sentido crítico en la persona, la conciencia, acerca del pasado histórico y el presente de su comunidad. Se le forma para vivir políticamente.

c) Capacitar. Se transmite el saber especializado, el filosófico, el de las ciencias formales y empíricas. Se tecnifica al individuo para que ocupe una posición productiva en la sociedad. Al individuo se le dota de habilidades para el hacer en un campo determinado.

Los tres, afirma el artículo mencionado es lo que da la idea del mundo. No poca cosa.

Las generaciones más viejas (gulp!) transmiten a las más nuevas esta idea a través de la educación. Poco a poco el hombre y mujer se individualizan.

Los autores por supuesto le dan su espacio a la familia, a los medios masivos de comunicación. Los valores de las religiones y demás protagonistas también influyen en esa formación.

Pero por supuesto que se mencionan los factores de comunicación internacionales que forman criterios a los individuos de maneras insospechadas.

Estos amigos (los autores), si hubieran podido atisbar en estos ocho años que han pasado desde que escribieron su ensayo, hasta ellos que hablaban del futuro posible se alarmarían al darse cuenta de la explosión inimaginable de los avances de Internet y de los mismos celulares, instrumentos de comunicación totales, indispensables y necesarios para la sobrevivencia social de las nuevas generaciones, que sería impensable describirlas en ediciones futuras sin agregar el sentido de esto en sus propias y ya normales-anormales cotidianeidades. Se hubieran quedado cortos.

Y no es el avance en sí el que sobresalta, eso que quede claro, sino es el uso tan generalizado del mismo el que causa la alarma, el punto de invasión de esa tecnología en la vida de los individuos, los alcances impredecibles de esa creación de redes sociales y de la sujeción a los imponderables de la misma, eso aunado a la dependencia casi patológica de tanto nuevo artilugio en las nuevas generaciones.

Ah, otra cosa, los autores no mencionan los motivos políticos o de índole práctica que se han sabido desde tiempo atrás. Por ejemplo en La Tercera Ola, Alvin Toffler dice que la educación es uniformizada, porque de esa manera te preparaba a ser masa para que trabajases haciendo las mismas cosas todos los días, y de cierta manera, se te hiciera perder tu individualidad, con ese pensamiento más enfocado al “nosotros”, muy útil en tiempos de guerra o de la sobreabundancia de trabajos iguales unos que otros, antes en las fábricas llenas de ruido, hoy en los cubículos llenos de computadoras y de formularios por capturar.

Segundo, la educación era repetitiva (¿o lo sigue siendo?) para realizar esas labores sin queja. No sé cuantos de mis lectores puedan recordar si en la escuela les pusieron a hacer planas y planas de lo mismo, llámense “plana”, por lo menos en México, al acto de llenar con palabras, o con series de números, o con oraciones (“máximas” le decían en mis tiempos) hojas y hojas de los cuadernos. Yo mismo le he preguntado a maestros a que obedecía o en que materia les dijeron que les podían “encargar” eso a los alumnos, me responden todos que no hubo nunca ninguna clase en la Normal que aconsejase tales tratamientos. ¿A quién le reclamo por los míos de mi educación primaria?

Otra, cuestión relacionada con la primera, lo de usar uniforme, hacer filas y tener una disciplina draconiana, te enseñaba a obedecer sin chistar ni rechistar.

Y el tema de la historia enseñada o más bien, implantada de manera continua, incesante y en ocasiones nada sutil, a través de los nombres de las calles, de las efigies de los próceres en las monedas, de los nombres de ciudades y estados, además de los días festivos o national holidays y con qué fines ya lo he tocado en otros blogs de esta misma colección. Espérense ahora a cuando toque el tema de Miguel Hidalgo, nuestro padre de la patria, próximamente.

Basta. Sigamos.

Aquí el artículo hace una pausa para resumir: De lo anterior se desprende que el estado cultural de un individuo es el conjunto de tres saberes (saber para la convivencia, saber político y saber especializado) que haya adquirido hasta cierto momento.

Ya va llegando al sabor exacto de las cosas.

Agregael artículo: Una persona educada es alguien que ha adquirido un conjunto de saberes o un conjunto de elementos culturales (creencias, conocimientos, habilidades, actitudes, valores), y de ella se espera que sea capaz de mejorar “por sí mismo” la calidad de vida de su vida en lo individual y lo colectivo… (Ésta frase es atribuida a Fernando Solana, La política educativa del gobierno de la República, Sepamos, 17, separata 5, México, 1979).

La cultura actual del mexicano medio… es un asunto complejo… se mencionarán, sin embargo, algunos de los rasgos con frecuencia considerados como parte del devenir de nuestra cultura:

Allá vamos. Abróchense sus cinturones, como dice Bette Davis en una de sus películas, éste será un viaje muy movido.

a) El nivel cultural que se obtiene en la educación básica no ha sido recibido por la mayoría de la población; de acuerdo con las estimaciones para 1999 del Instituto de Educación de los Adultos, el 9.6% del total de la población de 15 y más años es analfabeta, 16.3% no terminó la primaria y 26.6% no terminó la secundaria, es decir que 52.5% están rezagados educativamente.

¿Qué se puede desprender de esto? Digo, 1999 no está muy lejos atrás del 2007, las cifras pueden haber disminuido algo, pero no de manera significativa. Sólo cuestión de ver de nuestra Honorable Cámara de Diputados y averiguar cuantos de ellos terminaron la prepa o cuantos de ellos terminaron la carrera. Y no es que la educación formal, o falta de ella, los prive de algún derecho ciudadano básico, pero todos sabemos lo complicado que son algunos de los contextos de nuestras leyes, todos sabemos de lo complejo que son las decisiones. Como digo, no se les puede negar derechos de ciudadano a personas electas, pero que carambas, deberíamos poner cuidado en a quien proponemos para candidatos. El punto aquél de colocar en el mismo plano experiencia, sabiduría e inteligencia, por aquello de los que aprendieron de ver las nubes (o séase, dicho por nuestro ex presi Fox) pues no oculta que tienes que saber con cierto esmero y empeño de novato incluso de tasas de interés, de previsiones o de tendencias de precios de futuros de petróleo y entender que sólo saber de nubes no te hará resolver los problemas del país. Va eso a nivel de diputados, lo mismo gobernadores, lo mismo senadores que ciertos candidatos de presidentes de la República que no saben mucho de economía.

b) A juzgar por los resultados del Examen Nacional de Ingreso a la Educación Media Superior del CENEVAL, muchos de quienes completaron la secundaria no adquirieron la cultura prevista en los programas educativos. (Como se ve en el cuadro que está aquí al lado). Denle click, please y vuelvan.

Lo cual es abismal en cuanto a expectativas. De verdad ¿cómo podemos esperar un mejor país de la gente si ni siquiera la gente conoce al país, a su país? Digo, y los términos que vienen en el cuadro son digo, ¿de cuarto de primaria? No, no hay ningún lado cómico en esto.

Más bien hay mucho de trágico. Demasiado, realmente.

c) Las costumbres y tradiciones se están perdiendo, lo que significa un aumento de la uniformidad que traen consigo los medios masivos de comunicación.

Todo mundo sabe quien es Paulina. Todo mundo sabe quien es Thalia. Donde vayas saben que rollo hubo con Letty la Fea. Donde quiera, Mexicali, Mérida, saben de unidades básicas de información de medios tales como personajes de televisión nacional, conductores de programas recién removidos, programas de chismes. Muchos me resisto a mencionar aquí, si los llegase a mencionar sólo me servirían para que llegasen cibernavegantes errados a este blog y no quisiera ofenderlos.

Muchas de las costumbres en cualquier sociedad con el tiempo se pierden y otras no. Pareciera que un sector de la sociedad es el que elige sin saberlo cuales se van quedando y por contraste las que no son atractivas van desapareciendo. Las lenguas se van perdiendo también. Bendición o maldición. Perdida de la diversidad. La uniformidad no es nada recomendable. Es aburrida. Pero sólo paséense por alguna tiendita de cualquier parte de la república y verán lo que vende. Lo mismo. Lo mismo. Lo mismo. Son tendencias inevitables. Los mayores no saben (no sabemos) incentivar a los hijos. Prefieren comprar alguna camiseta hecha en Taiwán que trae un emblema familiar o popular que vestir algo tradicional. Pasa en Michoacán. Pasa en Manaos. Pasa en Nairobi. Pasa en Mumbai. Pasa en todo el mundo. Lo conocido es lo digerido es lo aceptado más fácilmente. También eso es una tragedia.

d) El mexicano es cortés, es suave en el trato con los otros. Prefiere que lo lean entre líneas que ser directo, sobre todo cuando se supone que el mensaje va a ser desagradable para quien lo recibe; el aspecto negativo de esta forma de ser es que con ella se elude la confrontación con la verdad llana.

Me suena a que hablamos de árabes o de chinos y no estoy ni generalizando o siendo racista, en la literatura se les muestra así. Le llaman astucia conveniente. Por otra parte es como si el mexicano pensara mucho en el sentimiento de la otra persona, “no se vaya a enojar o molestar”. ¿Qué lo impide? Pareciera también, esto sí es mío, que es como si habláramos con personas que tienen más poder que nosotros y que se molestarán si les tocamos fibras sensibles. Por decir, hace días estuve en un curso. Mencioné que hace mucha falta de autocrítica. Pero pareciera que hacerla o expresarla significa que estás cuestionando seriamente a la autoridad de alguien. En este país, cómo me encantaría que la misma gente pudiera decir, “es que el señor gobernador está mal permitiendo esto o lo otro por esto y esto, el señor presidente municipal cometió un error en este punto, el presidente de la compañía está incorrecto aquí y allá”. No, no que lo digan con sus amigos en petit comite. Que lo digan abiertamente. En una declaración. En una reunión de trabajo.

En México hablar así es como firmar tu sentencia de despido. De ingrato no te bajan. Ya veríamos si te incluyeran en el siguiente equipo de trabajo. Ya veríamos si no afectase al pan de sus hijos. Bueno, seré idealista, acabó de recordar la anécdota atribuida a Samuel Goldwyn, aquél magnate de cine que decía: “como me gustaría tener de empleado al hombre que me dijera que estoy equivocado y no temiera que fuera despedido en el acto”. Algo así.

O que tal si dijéramos: “señor Director, creo que el camino que estamos siguiendo está equivocado aquí, aquí y aquí. Mejor enderezar el rumbo, si no…”. Y que el señor Director dijera: “tiene usted razón, me equivoqué aquí y aquí, ahora sigamos por…”. Bueno, ya seré director a ver si me gustase que me dijeran así para ver si tendré esa ecuanimidad… Digo, todo puede pasar, ¿no? Idiosincrasia, pues. O madurez.

Uno de mis mejores momentos como comunicador fue cuando estuve en radio universitaria. Estuve seis años ahí. Me indicaron: “que bueno que estás en radio, pero recuerda, no vayas hablar mal de la universidad”. En ese momento me dijeron que no había problema. Digo, no estaba yo de ninguna manera inmerso en la vida cotidiana universitaria. Pero finalmente es una coerción. Si esa política no se desvanece un día (eso no se quita de la noche a la mañana) las cosas seguirán igual y seguiremos sin querer dar las malas noticias o decir las verdades acerca de algo. Temeremos siempre a la reacción del otro más si es mayor en autoridad que nosotros. Ellos o ellas pensarán que ya llegará el momento de cuestionamiento hacia el cuestionador.

También lo de “leer entre líneas” se aplica mucho a la corrupción. Al “usted me entiende”. “Usted dirá como le hacemos”. Y el problema es ese, que sí entendemos. Y muy claramente. En todo existe esto. En lo público y en lo privado.

Y también se dice mucho en muchos ambientes, el mexicano es una persona que le tiene mucho a la verdad. Por eso nos caen mal las evaluaciones. Y más si trascienden a la prensa o a los medios.

...Al mexicano no le gusta enfrentar la crítica abierta; prefiere los términos medios y tiende a hacer juicios negativos de lo racionalmente radical. Como consecuencia, cuando decidimos encarar problemas colectivos, tenemos una tendencia generalizada a abordarlos sin profundizar en su análisis, como si prefiriéramos eludir tanto sus causas profundas como su solución cabal...

¿Será por eso lo de las marchas y las protestas que se acepta manifestarse sin exactamente enterarse del porqué de la manifestación? ¿Será el mexicano tan dependiente que prefiere adecuarse al criterio de alguien que sí entiende, como puede ser su líder? ¿Será que es una manera también de aplicar la Ley del Menor Esfuerzo? Es más fácil repelar (reclamar) que resolver. Es más fácil destruir un aparador o hacer una pinta sobre una pared que protestar de manera inteligente. Por eso sus reuniones deben ser interminables, por eso deben ser aburridísimas, por eso muchas de ese tipo de circunstancias no se dejan nunca entender. Ah, pero que capacidad de organización tan admirable. La coordinación entre cuatro o cinco marchas para estrangular al mismo tiempo una ciudad del tamaño de la de la Ciudad de México es admirable. Si así fueran para otras cosas…

Por eso lo de las pensiones y las protestas. Las pensiones son insostenibles. Las reformas a las pensiones del ISSSTE de hecho sólo afectan a los nuevos. Pero ahí están los maestros marchando, sin querer reparar en que a ellos no les afectará nada. Los malos llamados “maestros”. No querrán entender jamás. Por ahí también está lo de la “soberanía” del petróleo y la monserga de “el petróleo es nuestro”. No se comprende que no se quiera ser como todo el mundo (en cuanto a políticas energéticas por ejemplo) para que los beneficios del petróleo te lleguen más a ti y a tu familia en forma de obras públicas realizadas con los impuestos obtenibles del energético. Como todos los países con cerebro lo hacen. (El caso es que a veces es necesario pensar en matar a la vaquita para ahora sí, sin petróleo, pongámonos a trabajar como si este nunca hubiera existido, estaríamos mejor, para terminar el ex abrupto, no hay país con una empresa paraestatal petrolera que sea rico y que su población sea prospera, ninguno).

...Esta peculiaridad de nuestra manera de ser hace que cada uno de tales problemas insuficientemente solventados se vuelva recurrente. Nuestras leyes están llenas de este tipo de soluciones a medias. No se trata del resultado de una transacción basada en el reconocimiento de preferencias políticas racionalmente diferentes, sino de una elusión colectiva a encarar la naturaleza profunda de las cosas...

Uff, soluciones a medias, ¿dónde habré escuchado esto antes? ¿Es que en México nada se termina de resolver? Mucho es dejar para después. Es lo más sencillo del mundo. Alguien se encargará de resolverlo. O el mismo tiempo se encargará, sea eso lo que se quiera decir. Todo tiene que ver.

(Por otro lado no vengo al caso pero me es claro que este lenguaje del artículo no es para todo el mundo. Es como si hubiera dos razas de personas: Los observados, que es casi todo el país, y que es el objeto de atención por varios agraciados, o sea, los observadores, queriendo decir, los que hacen sus observaciones sobre sus objetos de atención, o séase nosotros mismos, ¡pero qué lenguaje! Jamás había leído la palabra “elusión”, y acabo de ver que significa “confrontación”, pero eso es harina de otro costal).

En conclusión por eso las polarizaciones. Por eso el .57% de voto a favor de Calderón. Por eso deberemos de tener cuidado. Hay que crear mecanismos que den seguridad al voto, o crear segunda vuelta, o, o, o, o, o, o… ¿crear más sensación de confianza?

Mientras, todo será una solución a medias. Aeropuerto sí, aeropuerto no. Reforma fiscal sí, reforma fiscal no. Reforma Energética sí, Reforma Energética no. Ley Televisa sí, Ley Televisa no. (Estados Unidos no se queda atrás, sólo de ver la estupidez de los senadores anti inmigrantes que se niegan a aceptar la realidad al negarse antier a darle seguimiento a la tan necesitada Ley de Inmigración, ya les pesará, ya les pesará).

e) Es característico de la mayor parte de la población el sentimiento de la lejanía de poder…

Por eso está la cuestión del estado paternalista, del clientelismo, de que en circunstancias que se pide al ciudadano que participe en por decir, comités de planeación municipales, sólo los utilice en esos momentos para hacer peticiones. Resultado de años de complicidades silenciosas, muchas veces de facto. O situaciones sin remedio aparente.

Tal vez el mexicano piense que por eso votó. Que se le incitó a pensar que esa es la razón de que se le pidió el voto. Para conseguir cosas cuando llegase el momento. Llega el candidato o llega el presidente municipal o el gobernador o el mismo presidente de la república, y en el caso de lo privado llega el presidente de la compañía trasnacional y se le ve con respeto. Tal vez no sea devoción, pero se piensa que esas personas tienen el poder de resolver todos los problemas. Algo intuitivo se los dice al ver todas las ceremonias y protocolos que se desarrollan a su alrededor. El besamanos. Las ceremonias. Los formalismos.

El poder está allá. Ellos están sentados allá en la sombra y nosotros estamos parados acá en el sol. Ellos tienen meseros y nosotros hacemos fila para que nos sirvan una torta. El poder está en los vehículos lujosos, aviones, helicópteros, y el nuestro, a pie o en colectivo.

Ah, y jamás accederemos a ellos, sólo los afortunados que empiezan pronto en su juventud y le “entienden” a eso lo lograrán, además de necesitar tener la suficiente ambición, carácter y aguante, con eso y con la debida concurrencia de suerte, de habilidad, de sentido de la oportunidad y de coyuntura llegarán más allá.

…Según este rasgo, el individuo no tiene capacidad de influir en quien ejerce el poder en el Estado, en la empresa o en la institución educativa... (o en la institución política, pues).

No basta con decirle al mexicano que un voto es un voto y que eso es muy importante. Jamás se siente parte completa de una colectividad. No alcanza a comprender de todo el sentido. Piensan que perder por un voto es inimaginable. Eso es muy duro de digerir. Automáticamente pierden voluntad de hacer las cosas así. Por eso pierden la fe poniendo todas las instituciones en duda y es cuando llega otro caudillo que les venda el mundo y le aceptan la promesa (eso sí, somos muy crédulos por second and third and nth time around).

…De ahí que el mexicano sea explosivo; su respuesta al abuso del poder es la violencia, pues no confía en los medios racionales...

No hay mucho que agregar ahí. Mucho ya está dicho. Aparece en los diarios todos los días. Y en las calles. Y este inciso tiene su fuente en Hofstede Geert, Culture’s Consequences, Sage, Beverly Hills, 1984.

f) La preferencia por los términos medios y el sentimiento de lejanía del poder se combinan en una actitud hacia la permisividad de la verdad a medias, la solución ad hoc, la simulación, la ilegalidad, la discrecionalidad ante la norma.

Todos aprenden y todos hacen lo mismo, el que no lo haga es castigado o aislado. El que diga en el salón de clases que alguien cometió una fechoría será etiquetado para siempre por más ilegal que hay sido el hecho. Tlahuac y sus linchados descansó en la discrecionalidad de la multitud. Fuenteovejuna vive.

Insisto, alguien ya dijo: “México es un país que le tiene miedo a la verdad”. Y que odia las evaluaciones. Y que niega las comparaciones con otros países similares por decir de telecomunicaciones caras. O la de autopistas de cuota onerosas. O de combustibles por sobre la media para un país productor de petróleo. Y de electricidad y de gas y de tiempo de abrir un negocio y de personal de empresas petroleras y de y de y de…

h) Los empresarios y supervisores de las empresas productivas, nacionales y extranjeras, reconocen las habilidades y el ingenio del trabajador mexicano en las tareas que realiza. Pero no es difícil observar en todos los niveles ocupacionales la falta de disciplina, apego y rigor en el trabajo.

Se han escrito leyendas del ingenio mexicano. Pero por causas oscuras y otras no tanto mucho se habla también de lo otro. De las incapacidades del mismo por ir más allá de lo superficial, de lo trivial, de lo frívolo y vano.

La disciplina, apego y rigor existen muchísimo en México, pero no asociados al trabajo. Las demás características que se pueden asociar a esto, el ahorro, la frugalidad, el esfuerzo para lograr algo más allá van de acuerdo al concepto del futuro, como bien sigue en el artículo.

i) Los individuos y organizaciones otorgan poco o nulo valor al futuro…

¡Sopas!

Bueno, no es el hilo negro. O la receta para hervir el agua. Hemos de haber conocido circunstancias así. Se le dice como consejo al recién egresado “ahorra un 10% de tu salario aunque ganes poco”. No, Al contrario, se lo gastará todo. Se le dice que si le dan un aumento, pase un buen tiempo sin habérselo trasladado a su consumo. Pero tampoco. Si la gente gana X, la X que sea, deseará ganar dos X en todos los niveles sea X la cantidad que sea. Si a la gente se le da un aumento que tanto quería, su satisfacción durará sólo tres meses. Luego se sentirá igual de desgraciado que antes. Así es la gente. No tiene disciplina.

El futuro da miedo. La incertidumbre. Hay angustia por lo desconocido que hay más allá de la esquina o del primero del mes que viene. Tal vez por eso la gente agrega en su diario hablar la frase de “si Dios quiere” despojándose de la libre voluntad o aceptando incluso que él o ella no tienen poder para evitar las desgracias evitables.

De pronto sí se piensa en el futuro, pero se hace de manera errática o inconclusa. Por ejemplo el caso de las tarjetas de crédito en este país es impresionante. A la gente le es dada una tarjeta de crédito de manera irresponsable por los bancos y estas personas recién tarjetahabientes creen que esa tarjeta es para gastar. (O sea, para gastar ahora, hoy, ¿para qué esperar a ganar o ahorrar ese dinero necesario para el artículo? Ese gratificante lo quiero hoy, lo necesito hoy, ¡lo deseo tener ya!)

La gente muchas ocasiones piensa en la tarjeta, que implica en sí un uso ahora y un pago futuro, que es como un sobresueldo. Ahora el resultado está ahí. El índice de cuentas sin pagar entre tarjeta habientes está subiendo tremendamente.

…De ahí el poco aprecio al ahorro, el mantenimiento de las instalaciones, la conservación ecológica y los proyectos de largo plazo, por ejemplo…

Van a Teotihuacan en sus ceremonias de solsticio y maltratan de paso algo que aman. Lo mismo el Tajín. Se asustan con la contaminación y tiran el cigarro en el piso. No hay duda en esto, ¿verdad? Cuestión de ver una calle después de un desfile, el que sea. Y sí, eso puede ser en todas las grandes urbes, pero sin embargo…

...Tampoco hay suficiente respeto por el pasado más allá de los aspectos del folclore, posiblemente porque la historia se enseña mal, como se mostró en el cuadro de arriba, o porque se enfatizan más las derrotas militares (las invasiones) que los logros culturales. El sentido del tiempo del mexicano se estrecha hacia atrás y hacia delante, reduciendo su memoria y sus aspiraciones.

¿Qué más se puede agregar a esto? ¿Será la historia o la falta de entendimiento hacia ella la causante de muchos de nuestros problemas? ¿Será esa falta de querer ver que vamos hacia el futuro y por más pasado glorioso de los aztecas y mayas no queremos pensar que las cosas hoy ya son diferentes? ¿Es impactante saber que la Gran Tenochtitlan fue tan grandiosa que la añoramos? ¿Deseamos olvidar y odiar tanto a Cortés? ¿Tanto le tenemos miedo? ¿A los Estados Unidos? ¿Preferir Cuba a Inglaterra o España?

¿O el problema cultural que nace en algún lado de nuestra geografía, de nuestra esencia (sólo ver a los mexicanos que “la han hecho” en Estados Unidos o Europa como y que tan enfocados trabajan), es el causante de nuestros problemas actuales aparentemente sin solución a la vista?

Problemas hay muchos. Gente que defina los problemas también. Gente que desea soluciones, ufff, podemos llenar cerros, montañas, llenar abismos con ella.

Pero, ¿dónde están las soluciones?

Es un artículo bueno. Son revelaciones que de tanto que las vemos todos los días ya nos parecen lugares comunes. Cambiar la mentalidad, ¿cómo? ¿Qué la gente reaccione? ¿Cómo? ¿Actuar? ¿Cómo? Ya hablé lo de la lectura del mexicano en otro artículo, en el de los Disparates Conectados.

Y no basta decir “¡qué mal están las cosas!”. Hay que hacer más que eso. ¿Cómo qué? ¿Cómo cambiar? ¿Cómo empezar?

No lo sé. No lo sé. No lo sé.




¿Alguna idea?

martes, junio 05, 2007

Cuento Ultracorto: Definición, Propuesta, Intento, Conato y Práctica

El cuento ultracorto es por definición eso, ultracorto. Parecido a un haiku porque expresa algo sencillo, armónico, bueno, en mi caso intenta ser armónico y muy probablemente no lo logra. Además que el haiku mis respetos, siete sílabas, luego cinco y finalmente siete, indica que el que lo domine tenga una sensibilidad superlativa además de algo similar al dominio del ikebana, o del origami, o del volar papalotes. Cosas del wa. (Wa significa armonía, uno que está leyendo Gai-Jin de James Clavell, en estos momentos.) Vivir en el zen.

Ultimadamente los cuentos ultracortos que siguen son mis primeros en orden, esperemos que con el paso del tiempo (con veinte años será suficiente), estos mejoren.

Cada cuento ultracorto tiene una clara intención definida en su misma construcción. Es posible que el que se lea sea sencillo de entender, o también es posible que no se capte el significado. Eso sí, se hace el intento de explicarse sólo a través de sus palabras.

En este caso la intención fue que las palabras fueran lo suficientemente poderosas como para expresar un sentido, una posibilidad, un absurdo, una ironía que bastase para iluminar una región en el cerebro y que hiciese sentido en alguna resonancia emitida que destilase gracia, repulsión, terror, fascinación, apatía o indiferencia.

No hice trampa. El cuento debería de quedar en un renglón, o sea, un solo renglón de una línea típico de Word de tamaño de doce puntos en font de Times New Roman. O sea, algo estándar. Hasta ahora tengo 451. ¿Por qué no 500 o 1000 o 200?, ni idea. De seguro voy a sacar más en cuanto me concentre.

Escribir un cuento normal de una extensión típica de diez cuartillas puede llevar una semana, quince días o hasta un mes. Escribir estos cuentos ultracortos es sólo llegar a cristalizar una idea y escribirla. Un minuto para intentar crear un drama. Luego llegar con las palabras de la extensión correcta y pulirlas. Tal vez tres, cinco minutos. Ahora hacer lo mismo con 451 ideas distintas (o algunas variaciones, todo es válido), bueno, ya es otra cosa. Forzarse a tratar de ser original es mmm, divertido.

No sé que pueda pasar con algún copyright. No sé que pueda pasar si alguien toma una idea y escribe a partir de ahí un cuento (el mundo está lleno de presunciones) o luego ese alguien diga que eso sea original de él. No copié ninguno de los míos de ninguna otra parte. Quizá la memoria me falle y haya tomado alguna inspiración de algún lado, inconsciente, quiero decir, como casi siempre pasan estas cosas, pero no me importa.

Digo, como ya se ha dicho antes, no hay policías literarios. Y hay quien los pide y hay quien dice que no, que jamás aparezcan.

Otros quizá están en versión Beta, quiero decir, como mencioné, que tal vez les falte una pulidita. Pero quería verlos en Internet y que mejor lugar que mi blog.


El hecho de que no están en mi blog propio de cuentos, cuya dirección está en la barra de la izquierda es porque este blog es más frecuentado que aquél, pero no descarto la idea de que un día ponga todos los 451 cuentos ultracortos en cuanto me decida.

Así las cosas.

Aunque parezca que puedan abarcar más de un renglón, en el formato que mencioné arriba caben en uno sólo, sin numeración, repito, sin numeración.

Aquí van sólo 25. Espero que los saboreen. A alguien puede hasta que le gusten. A alguien puede que no.

En fin. (Si me convenzo luego pongo más).

25 cuentos ultracortos (del 1 al 25) de una colección que hoy por hoy son 451:


1. La Vida recomienza, las Ranas Metálicas ascienden al Reino, otra vez.

2. ¡No hay lugar! mis bisabuelos saludan a mis choznos, aquí ya estamos todos, algo flacos.

3. Discúlpame, tengo los Sonidos en mis oídos, zumbidos que no me dejan verte.

4. Las hojas y espinas de mis árboles, que maravilla, hoy me son sabrosas.

5. Acaricio tus números en tu rostro, negros códigos de barra del mismísimo averno.

6. Cuentas de Seguridad hay para todos, y todos pueden entrar, excepto tú.

7. La felicidad está a tu alcance, ¿para qué quieres tus brazos?

8. Líquido flameante y negro, piénsalo, tu alma era así, recóbrala, por sólo siete pesitos.

9. Único libro, todos con el único libro, sálvanos de los demás. Destrúyanse los sobrantes.

10. Tu amistad me sostiene, muleta mía. No me pegues, recuerda, más que lo suficiente.

11. Recobra el mundo, sé que deseas destruirlo, pero sólo camina por él. Eso bastará.

12. Las calles sucias. Maravilla de la naturaleza, los que no lo vean, quédense ciegos.

13. El estado soy yo. Todos lo saben. Los que no, ya no están conmigo, ni en el estado.

14. ¡Atención! Programa de software, me hace respirar. Favor de no apagar de nuevo.

15. Aire mezquino, llega a mis pulmones. Insemina mis alvéolos. Lo necesito tanto.

16. Si son cinco espejos y en cuatro entré y morí, me queda el quinto. No tardo. ¿Me esperas?

17. Clones reclamantes, piensan como yo, aburridos, quieren ser más. Pobres de nuestros todos.

18. Después de tantas guerras, enloqueces. Veterano en la calle. Mirando puntos luminosos.

19. Flores que comen insectos. Flores que huelen mi carne. Ojala fuera insecto, huiría volando.

20. Me diste, como siempre, tu café y tu sangre. Me fascinaron, pero hoy, hoy, me saben igual.

21. Amor de mi vida, dilúyete en mí y disuelve mi sentimiento. Pero creo que hoy no podrás…

22. Así no harás que te quiera. Oblígame y moriré. Sin rencores, ¿verdad?

23. Hoy vi a un caballo, arrogante, esbelto, con sus ardientes siete cabezas, preciosas todas.

24. Mi corazón está en tus manos. ¿Ya me lo transplantarás? ¿O seguiré esperando?

25. Eternidad es la que me haces esperar entre tanto cambio de eones, ya basta, ¿no?

sábado, junio 02, 2007

RUMINACIONES METABLOGISTICAS


Habrá que entender que sucede con lo de los blogs. Hace tiempo que no hablaba del tema, de estar escribiendo este blog precisamente.

Una cosa es entender para qué escribimos en blogs.

¿Es alguna moda pasajera? Ya mero cumplo el año y llevo un promedio de uno cada tres días.

¿Es un desahogo? Sí, definitivo. O más que eso, es una necesidad.

¿Es un intencionado lugar para exhibir nuestro trabajo? Pero por supuesto, quiero escribir en alguna revista, Ahora sólo escribo en un periódico local.

¿Es una necesidad? Por supuesto. Hay necesidad de opinar y de escribir.

¿Es un escapismo? No lo dudo.

¿Es una prolongación de nuestro ser exhibicionista? Pero por supuesto que lo es. Esa es una buena explicación.

Un día estuve vendiendo ejemplares de mi novela autopublicada hace años Technotitlan: Año Cero. Un día lo comenté delante de unas personas. Una de ellas me dijo: “Sí, vendiste tantos, pero ¿cuántos te los leyeron?” La verdad, me caló.

Una, bueno, me caló la mala leche de mencionar un punto que uno no puede comprobar de buenas a primeras. Dos, realmente sí importa que te lean, digo, para eso lo escribiste. Pero el comentario, medio malicioso, medio sincero y medio envidioso a todas luces, tiene una verdad ineludible: Sí, te los pueden comprar y eso, cuando tú estás recibiendo el dinero que le invertiste en la hechura, es un halago, pero lo importante y la verdadera justificación de todo este asunto es ese, que te lo lean.

Agrego: sí me consta que me lo leyó mucha gente, tengo correos que me lo comprueban así. Tengo personas que me lo contaron. Que me cuestionaron, etc. Que me preguntaron que sucedió después con tal personaje. Bueno, ese es otro punto.

Pero lo que quiero decir con esto es respecto al blog. A este blog le llegaban en promedio durante sus primeros 6 meses como 8 personas diarias. Los siguientes 6 meses le llegaron como 14.

En promedio llegaron en el año como 12 más o menos. 12 diarios.

Estos últimos doce días han llegado como 36 personas diarias en promedio. ¿Alguna explicación? No sé. Tal vez el todo poderoso dios Google me califica de manera diferente y me acepta como más influyente a las inmensas preguntas que hace la gente a su buscador. (Bueno, no sólo Google, hay otros buscadores por ahí). O me incluyeron en algún índice de peso como para reconsiderarme más importante y subirme en su índice y así más gente me encuentra más rápido. Y me accede así. Y la marea puede cambiar de nuevo.

Google ya me ha castigado antes por hacerme autoreferencia, ignorando yo en esos momentos que eso es pecado mortal en este mundo de los índices. Los índices son todo en la vida de un website. El pecado de autoreferencia me hundió en el abismo de sus buscadores. Ahorita estoy arriba. Pero ha habido momentos en que soy el número cuarenta. ¡El cuarenta! No es agradable. Nada, nada.

Ya no es sólo lo del principio. La gente que se equivoca y que escribe Techno… en vez de su querida Tenoch…, ya casi no pesa, situación que me hacía algo de gracia, pero que finalmente no les resolvía nada finalmente, ni a mí tampoco.

Sí, eran visitas hechas y derechas, pero se iban de inmediato ya que no veían nada de su agrado. Era natural. Les escribí una nota ubicándolas del mejor lugar de Tenochtitlan que he visitado. Pero el tiempo ha cambiado y los visitantes ahora se quedan más.

Sucede que en 120 artículos que más o menos que se encuentran aquí en este blog, hay para todos los gustos (supongo). Si escribo de cierta película, no falta que lleguen varios a querer saber de ella. Antier, ha de haberse transmitido en la televisión española la película de Network: Poder que Mata, ya que seis personas de España llegaron por aquí en la misma hora.

Me hace gracia que escribe uno una frase y no pasa mucho tiempo en que llegue gente a este lugar. Hagan lo mismo en sus blogs, ensayen con alguna frase y así llegará alguien a visitarlos. Hay toda la variedad del mundo posible. No la vamos a llenar aquí, ¿verdad?

Bueno, no, no todos se quedan, pero algunos sí y por mucho rato. Otros, obvio, se van de inmediato.

Me encantaría que se quedaran, pero no es posible.

Pero recordemos, escribimos porque queremos. Sale algo en los medios que consideramos de relevancia y aquí opinamos. Y largo y tendido. Ese tal vez es el problema. Mi problema.

No sé escribir de a poquito. Un día transcribí una nota aparecida en un diario local de hace diez años y que consideré simpática, que por cierto es de las más populares, y alguien me regañó diciendo que no escribiera de esas cosas superficiales, que yo los tengo acostumbrados a escribir temas de gran profundidad.

Hay algo de ego en que te visiten muchas personas. Pero yo no soy del tipo de escribir sólo un párrafo y que se refleje en algún índice como Mtyblogs con esa frecuencia necesaria para que me accedan dos veces al día.

He visto blogs con una asistencia diaria de 1700 personas. ¡1700! Y aquí apenas anduve en casi 12, menos de su uno por ciento. Esos sí que son famosos. No es mi caso. Un artículo que aparezca aquí tarda como tres horas en su preparación, en su escritura, en su corrección y en su “subida”. Tres horas que no puedo repetir a diario. Digo, tengo ciertas cosas que hacer. A veces trabajo. Okay, no, siempre trabajo. Y esto es algo también de inspiración, de gusto, de delicia. Y a eso no se le puede obligar a diario.

Nunca he escrito un artículo de primera impresión directo en Blogger, no me sale, no me sabe, no puedo, soy inepto en ese sentido. No puedo elegir las palabras correctas, las metáforas suficientes, las referencias correctas, de manera expedita.

No soy tan impresionista como esos blogs que son muestras y reflejos del momento en que se vive. Impresionista me refiero porque eso es lo que hace mucha gente. Y no es malo. Son las voces de la gente, las de primera impresión, las de la primera conclusión.

Algo sale en TV, opinan de ello, algún rumor, lo escriben, algún comercial, dos o tres impresiones, un resultado de fútbol y allá van. Yo no puedo escribir de ello. Sería como una especie de impropiedad al blog.

No es que se califiquen a priori los blogs impresionistas como de superficiales o triviales, pero así son muchos. Y definitivo, muchos de los blogs impresionistas son graciosos, chispeantes, agudos, y ultimadamente en general agregan sabor a la diversidad. Y eso es suficiente para justificar su existencia.

Siendo autocomplaciente por un segundo, ¿qué me gustaría? Que la gente se quedara a leer más. Que opinara más. Que leyeran los artículos del pasado. Que pidieran algunos temas, a ver si puedo cumplirles. Que se reimprimieran algunos por ahí, que se mencionaran por allá. Cosas así. No dudo que se pueda o que así suceda.

Escribir aquí no es por esperar una recompensa, que quede claro. O tal vez la recompensa sea mi pura sensación de que a veces algo se hizo bien.

Porque es tan divertido y fascinante hablar sólo.

Pero más todavía, dialogar con alguien… Y esto siempre será un diálogo.

Contigo.

jueves, mayo 31, 2007

Quiero iluminarte (sic) a La Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta

Mañana primero de junio se cumplirán/cumplieron sesenta años de que la Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta se reunió a tocar… Y cuarenta años de que los Beatles celebraron ese vigésimo aniversario cuando cantaron precisamente It was twenty years ago today / Sgt. Pepper taught the band to play / They´ve been going in and out of style / But they’re guaranteed to raise a smile / So may I introduce to you / The act you’ve known for all these years / The Sgt. Pepper ‘s Lonely Hearts Club Band…

Fue hoy hace veinte años/ el Sargento Pimienta le enseñó a la banda a tocar / Ellos han estado de moda y pasados también / Pero ellos están garantizados que te harán sonreír / Así que te puedo presentar / al acto que has conocido todos estos años / La Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta

No poca cosa. Alter egos de cuatro personas que por un momento desearon hacer una pausa de sus existencias. Cuarenta años hace de ello.

La historia del disco fue relevante al máximo. Despojándose de las ataduras de llamarse como los Beatles, la banda del Sargento Pimienta se reunió a tocar. Y sacaron canción tras canción. Relevantes, trascendentes, exploratorias, audaces, retadoras. Me pregunto, ¿había un dejo de complacencia de ello? ¿De querer hacer algo que a nadie se le hubiera ocurrido hacer?

He estado escuchando estos días el disco de Pink Floyd, The Piper at the Gates of Dawn, obra que se ha dicho que es mucho más psicodélica que el Sargento Pimienta, de la misma época, de hecho se grabaron al mismo tiempo en los mismos estudios, sin embargo el SP es más accesible. Y The Piper, dirán lo que se quiera, pero está lleno de humor. Humor inglés, claro. Y el Sargento Pimienta, pues sí, también es inglés. Y tiene humor inglés. Pero también es más universal de cierta manera.

Lo psicodélico de esos años es difícil de explicar hoy día. Muchos creen que fue sólo ropa de colores estrafalaria y sexo liberado, amor y paz, maquillajes raros y consumir drogas.

Yo no lo viví tampoco, obvio, pero me ha tocado conocerlo en varios de sus contextos, en el lado contemplativo, registrando la realidad de manera un tanto directa y sin manipulación como la que venía en muchos ejemplares de revistas antiguas que tengo de Life en inglés y en español, también revisando el contexto un tanto liberal en artículos antiguos de la revista Rolling Stone que de repente se dejan ver, o, del lado conservador y hasta cierto punto objetivo, los de la revista Time Magazine de aquellos años, los cuales como dije hace meses, ya se pueden acceder; finalizando con un lado totalmente conservador como es la revista Selecciones de aquellos años de los sesenta, eso por el lado escrito. No sólo son artículos, son sus anuncios, son los reflejos de esos modos de vida, si un poco filtrados, si al menos en primera línea de lo percibido por la masa de aquella época.

Por otra parte he alcanzado a ver películas de esos años como Blow Up y Zabriskie Point, de Antonioni, o películas más comerciales como las que alcanzaron a hacer los Monkeys, hasta películas de alcance totalmente subversivo para su tiempo, como Easy Rider de Dennis Hooper. En todas se percibe ese intento por asir lo inasible. ¿La psicodelia era la muestra de algo por lo que se mataban (dicho en sentido figurado, por supuesto), o era ese algo?

Es complicado cuando tratamos de asimilar el sentido o significancia de esos nuevos estados de ideologías que estaban apareciendo, que un gran grupo de gente estaba creando y que otro mucho mayor gran grupo de gente comenzó a imitar ya sea por la búsqueda consciente de un nuevo estado de rebeldía en contra de su propia actualidad.

Esa su actualidad llámese Vietnam, o luchas de derechos civiles o la más plena alienación industrial de su época, en ocasiones en estos tiempos no alcanzamos a percibir lo que es estar ante un gran lienzo blanco que nos pide a gritos llenarlo con algo. Hoy por hoy nuestros lienzos son distintos. Son más bien lienzitos.

Primero que nada hay que pensar que hay millones de personas que ni a balazos lo podrán llenar de algo. Otros podrán llenarlo, claro, pero de porquerías, siendo amable. Unos más podrán intentar hacer algo pero sólo se quedarán en intentos.

Los Beatles tuvieron su lienzo, lo llenaron, fueron significativos, fueron trascendentes y aquí están hoy mismo todavía con nosotros. Si eso significa algo es que ellos si encontraron la manera de entender… el mensaje.

Innecesario decir que hay mucho que decir de ese disco. Su portada, reconocidísima como parteaguas en el ya amplísimo ramo de las cubiertas. Su doble cubierta. El haber dejado las letras impresas en ellas. Los regalitos que estaban incluidos. Y eso es sólo la forma. Ya hubieran revolucionado la industria sólo con ello.

(Y sí, me rehúso a hablar de la portada por más atractivísimo que me resulte hablar de ella. Por ejemplo, no quiero mencionar el detalle de tantas ideas incluidas en un cuadro de cartón de treinta y tantos por treinta y tantos centímetros, la audacia de poner mariguana entre tanta ornamentación, la muñeca con la camiseta o sweater referente a los Rolling Stones, supuestos competidores de toda la vida, ni querré mencionar tampoco lo de la referencia a tantas personas vivas y muertas que se veían, a partir de ser incluidas ahí, bautizadas y disponibles a entrar ya de manera propia en el cielo de la inmortalidad pop, no poca cosa que ellos, los Beatles tuvieran la posibilidad de llevarlos con ellos a la eternidad. Pero es tanto lo que todo mundo dice que yo ¿qué podría agregar al respecto?)

El artículo del Time de ese tiempo, septiembre de 1967 dice: Mensajeros de más allá del Rock and Roll, están creando la sonidos más originales, expresivos y musicalmente interesantes que están siendo escuchados en música pop. Ellos están guiando una evolución en la cual los mejores de los sonidos actuiales post-rock se están convertidos en algo que la música pop nunca ha sido antes: una forma de arte...

Y si comparamos la música del principio de ellos como agrupación, tipo Love Me Do y la de She Loves You, con piezas de este album, como She´s Leaving Home y la de A Day in the Life, pues como no mucha gente debió de pensar, esto no es posible, nadie puede crecer de esa manera en tan corto tiempo, y si no fuera porque tenemos materiales documentados de sus obras al día con día (la obsesiva The Beatles Recording Sessions, de Mark Lewishon, que tengo yo, muéranse de envidia), con los músicos que los acompañaron , por ejemplo en Eleanor Rigby y en la misma A Day in the Life, o atisbar de la increíble Strawberry Fields Forever a la siempre fascinante Lucy in the Sky with Diamonds, ya pensaríamos en alguna posibilidad exterior a ellos.

Y si no:

¡Mira a Lucy con sus diamantes en el cielo!
¡Piensa en si te querrán cuando tengas sesenta y cuatro!
¡Diviértete en el beneficio de Mr. Kite!
¡Busca a la que se fue de casa!
¡Excava un agujero!
¡Grita Buenos días, Buenos días!
¡Encuentra lo que está dentro de ti y fuera!
¡Hazlo con la ayuda de tus amigos!
¡Péinate y atestigua el paso de los días, un día en tu vida a la vez!

Me encantaría iluminarte.

George Martin, pero por supuesto estuvo ahí dándoles un oído en cuanto les hiciera falta un arreglito, algún truco técnico, lo que fuera, pero lo que los Beatles hicieron era de ellos, sólo de ellos.

Así las cosas, como dijo Time hace cuarenta años: hubo un largo y sinuoso camino de I want to hold your hand hasta I'd love to turn you on, con sus miles de interpretaciones y reinterpretaciones acerca de sí drogas o no drogas, inspiraciones del más allá y nosotros en los años venideros, preguntandonos en los lapsos en los que la conciencia nos lo permitía si los mensajeros algún día retornarían.

Luego el sueño se desvaneció. Los mensajeros no volverían.

No, hoy no escribiré letras de ellos, y ya no diré más. Sólo les pido que busquen el álbum, lo escuchen con atención una vez más, o miren bien la imagen de la portada y sólo piensen que hubo un tiempo en que la psicodelia reinaba en la tierra y en que hace cuarenta años, alguien celebraba que el Sargento Pimienta se había reunido a enseñar a tocar a su banda hace sesenta.

Me encantaría iluminarte.

No poca cosa.

martes, mayo 29, 2007

DISPARATES CONECTADOS: UNA LECTURA ACERCA DE LA LECTURA EN MÉXICO Y SU ESCASA RELACIÓN CON LA GUERRA DE IRAQ, EXCEPTO…



Tengan paciencia. Los temas están conectados. Poquito, pero lo están.

Primero: Algunos recurrentes a este blog sabrán que me gusta escribir. Es más. Algunos saben de mis novelas y de mis cuentos. Si vieran la cara de la gente que me dice: “¿Para qué escribes? ¿Qué no te has dado cuenta que la gente de aquí no lee?”. Y siempre que me dicen eso no sé que responder con claridad. Digo, a mí me gusta hacerlo y ya. Claro que uno piensa que escribir es un proceso que siempre encontrará su contraparte, el leer. Y definitivo, a menos que escribas un diario supersecreto, con todas tus aventuras secretas y desventuras desvergonzadas, siempre aspirarás a que alguien te lea.

¿Pero quién?

Es complicado y no hay respuesta fácil. Guillermo Sheridan escribió recientemente en Letras Libres un artículo sobre La Lectura en México. No puedes más que deprimirte. Y no es que el artículo traiga novedades en sí, o que venga con nuevos datos duros.

Dice Sheridan en su mencionado artículo: “Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que al mexicano (el 99.99 por ciento) no le gusta leer. Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata. Años de esfuerzo educativo, de aventar dinero a raudales en bibliotecas, centros culturales, publicidad, cursos, campañas y ferias, premios y becas, ofertas y descuentos, clubes y talleres, mesas redondas y presentaciones… Todo para merecer la sincera respuesta: No, no queremos leer. Que no nos interesa. Que no. Que no queremos. Que no haya libros y ya. Punto. No. ¡Que no! Ene, o = NO.”

Ya lo he dicho aquí o en otros medios. ¿Quieres saber como es una persona? Visítala en su casa. ¿Tiene libros? ¿Cuántos? Y todavía más: ¿Cuáles? ¿De qué tipo? ¿Son de la persona o son heredados o son de adorno o son de plano regalados? ¿O son de la escuela o son de colecciones fijas listas para que quepan en un librero? De ahí pa’l real. Ya sabes si tendrás amistad por años con esa persona o si ésta será incierta. La amistad, no la persona. El Nuevo Tesoro de la Juventud no cuenta.

¿Cuánto dinero no será lo dedicado, como afirma Sheridan, a “bibliotecas, centros culturales, publicidad, cursos, campañas y ferias, premios y becas, ofertas y descuentos, clubes y talleres, mesas redondas y presentaciones…”?

(Pensar en el tema del dinero reunido a través de tantas campañas y períodos anuales me hizo que entráramos, lo más discretamente, en el segundo tema, la Guerra de Iraq.)

Me recuerda a algo que leí en The Straight Dope, aquella colección de grandes preguntas sin responder (hasta que llegaron ahí) y que la verdad, los encargados de ese lugar son geniales en la labor de buscar la más plausible de las respuestas a esas grandes preguntas (su comentario un día: “estamos tratar de acabar con la ignorancia, pero, ¡caramba!, nos está costando más tiempo de lo que pensábamos”), al respecto de lo que costó la Guerra de Vietnam, de 1963 a 1973. Como el que responde no es muy conservador en verdad, afirmaba que tanto fue el costo, alrededor de 140,000 millones de dólares y el resultado fue de cualquier manera la derrota ignominiosa de parte de los EU, que si no hubiera sido mejor ganarse la buena voluntad de los pobladores de Vietnam al arrojarles, en lugar de bombas, balas, proyectiles y napalm, refrigeradores, televisiones, licuadoras, estufas y hasta autos. Habría que averiguar cual era la población de Vietnam del Norte por entonces, pero imaginemos que hubiera sido 39 millones de habitantes, mínimo le tocaban tres mil seiscientos dólares por persona, así, a una familia de cuatro personas catorce mil cuatricientos dólares, nada despreciable, ¿no? Además, 1,800,000 vietnamitas vivos más y nada de daño en su país por esa guerra.

De hecho, ¡excelente idea! Eso podrían hacer en Iraq y en Afganistán hoy por hoy: Si les regalas a sus habitantes, rebeldes y no rebeldes por igual, PC’s e impresoras en lugar de bombas gigantescas de las llamadas daisycutters, o cortadoras de margaritas, que son de las más poderosísimas, o pensemos tan sólo lo que se podría hacer con el equivalente del equipo de cada soldado norteamericano en Iraq y en Afganistán, que cuesta hasta 15,000 Dlls. cada uno, ¡imagínate el negocio de toners y papel que no se haría entre los mujeidines o mujaidines, acabándoselos cada mes al imprimir hojas y hojas de comunicados!

Como siempre, si lo que sobran son ideas, ¡caramba!

Y no es que me haya desviado. El tema es la lectura. O más bien, el tema es el fracaso de los programas de lectura en México.

Veamos.

Si aceptamos que los lectores en México somos el .01% de la población (como afirma Sheridan, quizá a la ligera, pero no está mal la apreciación), en ese caso somos como 105,000 personas que leemos religiosamente. La cantidad no es para deprimirnos a la ligera, de hecho desde cierto punto de vista hasta está excelente, sólo necesitamos sacar cuanto de la cantidad de arriba asimilada en lo que se dedica a estos asuntos a los que hace referencia Sheridan y muy sencillo, que los repartan entre nosotros, lectores primarios.

¿Por qué no? que nos paguen una parte de ello por ser lectores (hasta medalla deberían de darnos, sin nosotros que quedaba de la reputación de este país) en lugar de andar batallando por ahí comprando libros a precios de más de 200 pesos, o lo peor, pidiendo prestado o prestando, dependiendo del tipo de apóstol de la lectura que seamos. ¡Cuánto no nos tocaría!

Luego Sheridan a su vez, invoca a Gabriel Zaid en su ensayo llamado “La lectura como fracaso del sistema educativo”. Ahí afirma que “hay 8.8 millones de mexicanos que han realizado estudios superiores o de posgrado, pero que el dieciocho por ciento de ellos (1.6 millones) nunca ha puesto pie en una librería”. Bueno, ¿pero que es lo qué pensará esa gente? 1.6 millones de personas que acabaron los estudios universitarios. Dieciséis veces cien mil. Y que me imagino que sólo han de conocer librerías por necesidad ineludible de los hijos en tiempo de escuela, o tal vez manden a la esposa a comprarlos.

Sheridan afirma también que: esto demuestra algo realmente inaudito: en México la clase ilustrada es aún más bruta que la clase iletrada.”

Lo cual no es ningún favor a nadie, la verdad.

Entonces, ¿qué se puede hacer? En lugar de gastar tanto dinero en esos programas, mejor que nos entreguen ese dinero a nosotros también, además del de los lectores, a los que sí queremos escribir y que queremos que nos lean (no es mucho sacrificio, la verdad, uno tiene su corazoncito), y que si quieren, hay que ser legales, nos hagan evaluaciones al final de período contable al que se quieran referir y que nos descuenten si no cumplimos una meta de lectores efectivos. Esa es la palabra clave, “efectivo”. Así tendríamos que dejar todo tipo de ocupaciones de lo que no sea promoción efectiva de la lectura.

Los que nos consideramos escritores (más o menos en una escala muy personal interior, tal vez), tendríamos que estar a fuerza comprometidos a la causa. Deberíamos de ponernos a escribir mejor (eso sí) ya que estaríamos buscando siempre lectores efectivos y estos no serían a la fuerza, ya que podrían ser auditados o algo así. Podría haber además escuelas de escritores o programas enfocados a hacernos escribir mejor, con más creatividad, imaginación, audacia, lo que sea que compagine con las personalidades de cada quién.

Claro que luego entramos en problemas de que porque ese cuate que se dice escritor recibe su subvención, si ni siquiera lo leen sus parientes, o a ese otro que tiene décadas que no escribe también, o ese de más allá que no escribe ni su nombre, etc. O sea, dejaríamos ese pantano de la no-lectura en México por entrar en otro.

Pero que importa, el chiste es volar por los pantanos. Y no mancharse.

Entonces, como alguien ya preguntó, ¿para qué escribimos libros, si nadie los leerá? Llamémosles actos de fe. Del pequeño incauto desprevenido que se engancha con algo que le llamó la atención de lo que leemos, y acto de fe, no menor, el nuestro, de que nuestra escritura pudiera ser valiosa como para que alguien desee leerla algún día.

Y de hecho, gracias lector, por ser siempre comprensivo y apoyarnos en esta gran obra. No es para menos. Gracias gracias gracias… Ahí lo que sea su volunta’.


Por otra parte:

Pequeña especie-exabrupto-posdata-pacifista-derivada-del-comentario-que-dio-pie-a-este blog:

Ah, y norteamericanos hispanoparlantes, aprecien el punto, si es que no pusieron atención a lo que quise decir, que es mejor cesar toda ayuda militar, todo soldado, todo que huela a pólvora o gelignita, o como se llame eso, a un país que no los quiere, que más bien los ve como invasores. De no hacerlo así, saldrán de Iraq, como fuerza armada, en tres o cuatro años, morirán como diez mil más de personal militar innecesariamente, morirán como cien mil iraquíes igual, de manera terrible e inútil, se habrán gastado para entonces 400,000 millones de dólares (algo escuché de esa cifra) y dejarán un país el quíntuple de caos en el que está actualmente.

Mejor, esa es la gran idea, la gran clave: hagan cuentas y mejor cómprenles a los sunnitas, a los shiitas y hasta los iraníes, caramba, además de sirios, talibanes, afganos y gente de Al-Qaeda (aunque se diga que ni la modernidad de un año y medio de vivir en Estados Unidos les impidió a los diecinueve terroristas secuestradores de aviones cumplir su siniestro, y suicida, cometido, pero bueno, algo podrá ayudar, esperemos), estereos, computadoras, celulares, faxes, cámaras, todo lo que sea de consumo en masa, PlayStation 3 , XBoxes, Wii’s (con sus respectivos juegos, claro), aires acondicionados, refrigeradores, todo lo que sea para su relax.

Agoten su resistencia, y la de sus mujeres (puede que ayude más), con consumismo, con confort, arrópenlos en el concepto de gastar y gastar. Destruyan sus diversas espiritualidades con cuestiones egoístas, triviales, superficiales.

De ese modo, ustedes, norteamericanos, estarán más probablemente seguros ya en casita, vivos, enteros, completos, sin problemas emocionales, mirando la decadencia, ya no sólo la de su país, sino también la de Iraq y la de sus países circunvecinos. Lo que sea, pero nadie morirá el día después de que llegue ese dinero y se asimilen esas mercancías en vez de bombas, armamento, desolación, angustia, desesperanza y ultimadamente, muerte.

Mejor un Wal-Mart que se los vaya devorando poco a poquito, que un cuartel de tropas al que se ve claramente que van quedando menos y menos de estas, y que un país de iraquíes llorando sin cesar en la incertidumbre eterna. Mejor empleados de McDonalds que integrantes del complejo militar-industrial norteamericano, boyante en esta época del siglo. Mejor empleadas demostradoras de ropas de Gap, que mujeres musulmanas guardando bombas en sus propias ropas. Mejor adolescentes del medio oriente compitiendo día tras día por tener el mejor MySpace más concurrido, que adolescentes que están en el desgaste moral buscando no morir día tras día en una explosión producida por un carro-bomba.

Suena disparatado, pero no más que lo que sucede allá actualmente.

Y respecto a la lectura, igual de disparatado sonó lo que propuse, igual de disparatados son los hechos a como están ahorita. Díganme si no.

Y sigue dentro de poco el otro artículo de blog, ¿para qué escribimos blogs?

sábado, mayo 26, 2007

De narcos, pensiones y librerías.



La verdad que este país tiene varios problemas muy graves. Sí, eso no es novedad. La ola del narcotráfico. La ola de la inseguridad. La ola de violencia. Y esos son nuestros problemas inmediatos. Los de urgencia. Faltan los de emergencia. Y luego los de fondo.

¿Resolver los problemas de urgencia? Ni idea. Veamos lo del narco por una cuartilla: Cuestiones de narcos desatados unos contra otros. Eso es lo que nos dicen. Lucha de carteles sin cuartel. La policía en medio. Los civiles al margen, pero de repente involucrados con las balas perdidas y eso. Si es uno o más bandos, si ellos incluyen las corporaciones policíacas infiltradas, o el poder judicial débil, también corrompido o la misma sociedad civil, tolerante ante el dinero, al que no se le pregunta su origen incierto, probablemente eso es parte de todo.

La violencia está desatada y no hay quien la pare. Pero lo más probable es que ya parará. Esto no puede seguir por siempre. Hay tendencias, son como incendios o como epidemias. Estos se dan por mil circunstancias, arden por todo, hacen masa crítica, llegan a su tipping point, siguen por un tiempo e inexplicablemente se detienen. Claro, los bomberos y todo, por supuesto que ayudan. Pero dejan de suceder. El clima, el cambio de vientos, el aumento de humedad, las lluvias, todo junto.

Las tendencias de las masas así son. Las aguas se tienden a apaciguar solas. Podrán ser años, pero se apaciguarán. No hay ninguna benevolencia en este comentario, pero tampoco hay cinismo. Algo pasará entre carteles. Harán las paces entre ellos. Los mercados dejarán de ser atrayentes. El consumo será menor tal vez. Los precios subirán. Su atractivo disminuirá. Llegarán nuevas drogas. Morirán algunos de los cabecillas líderes y tal vez ascenderán los ineptos, que no serán tan buenos estrategas como los primeros, lo cual hará que le tengan que bajar a los ataques para reorganizarse y afianzarse. De hecho es poco saludable tener guerra en las calles. Eso siempre es malo para sus negocios. Ellos tienen familias también. Familias que desearían vivir en paz. Todos tenemos necesidades primarias que deben de satisfacerse. Ellos, al menos sus familias, deben ser como nosotros. Y tener aspiraciones dentro de lo razonable. Una es la aspiración a la seguridad. De ellos mismos y sus familiares. En algún lugar querrán sus hijos estudiar, ir al cine, comer en restaurantes. Lo que hacemos todos tarde que temprano. Y que todo eso se haga sin problemas de hostigamientos.

El mejor mundo es hacer y dejar hacer. La paz a las calles no se deberá a la policía. Ninguna tendencia puede ascender o descender indefinidamente. Ni llueve todo el tiempo hasta inundar al planeta ni hay sequía suficiente que dure toda la eternidad. Eso sí, habrá zonas de monzones eternos y zonas de sequías de décadas. Pero serán puntos localizados. Vivimos en un planeta cerrado, en un sistema cerrado, por más enorme que nos parezca. Cerrado, pero muy dinámico. Estos sistemas dinámicos tienden a equilibrarse por más tiempo que parezcan entre pequeñas o gigantescas desviaciones pendulares de un lado para otro.

Así sucederá con el clima del planeta. Si ese clima equilibrado será saludable para estar afuera tostándonos al sol o no es otro boleto. Si el clima de status quo que quede después de que se terminen las narcoguerras violentas en las calles no será saludable para la familia o si será extremadamente negativo para las libertades civiles comunes y corrientes, pero con la paz total, eso será también, otro boleto.

Ya luego podríamos analizar este fenómeno desde el punto de vista no judicial o criminal, sino de tendencia social natural. Las aguas buscan su nivel. Etc.

Pero me desvié totalmente. Los problemas de emergencia. O uno de ellos al menos. Dicen los que saben, en el libro Freakonomics de Steven Levitt (del que espero hablar pronto), que hay bases para afirmar que la baja de la delincuencia en las calles de las principales ciudades de los Estados Unidos durante los 90’s fue la aprobación del aborto en los 70’s, una generación anterior.

Dicen que el ascenso de Irlanda como país industrial con mejores estándares de vida que muchos de sus equivalentes europeos en esta década es gracias a que un índice de dependientes cambió una generación atrás positivamente dándole más productividad y menos costos a través de las pensiones durante la generación presente. O sea, hay mucha gente trabajadora con menos dependientes detrás de ellos.

Estamos hablando de problemas generacionales.

Se dice que las pensiones son claves en el desarrollo de un país. Mientras menos carga le coloques a un país en ese sector, lo que está directamente mezclado con términos de creación de capital para pagarlas (el capital no es infinito, o sirve para invertir o sirve para pagar lo que debes, y las pensiones las debes de pagar, y si se crearon fue por algo, pero se habla de circunstancias diferentísimas para un país diferentísimo) y con demografía envejeciendo a menos ritmo, significará mejor oportunidad de éxito para un país en particular que esté en su momento generacional correcto y no tanto para el que no lo esté.

China, dice Malcolm Gladwell en un artículo reciente sobre Irlanda, General Motors, y pensiones llamado The Risk Pool, se tiene que dar prisa para hacerse rico. Tarde que temprano pagarán la factura al hecho de tener un solo hijo. Cuando estos hijos únicos se hagan viejitos, no habrá una generación que venga detrás de ellos a ayudarles a soportar la carga, ¿quién hará sus trabajos? La India está en su momento justo. Sus mejores años están por delante, debido a los ajustes demográficos de sólo una generación atrás.

En el lado privado, General Motors, esa corporación automovilística mundial ya tradicional, está batallando con todo y sus records de ventas. No se da abasto para pagar las pensiones a sus jubilados través de sus décadas de existencia ya que decidieron hacerlo ellos todo solo.

El caso de México es inquietante. Primero que nada porque vivimos aquí. En México se está gastando enormidades para pagar a los trabajadores del ISSSTE que tranquilamente buscan ser pensionados y dejar de trabajar a los 48 años. 48 años. Tienen (tenemos, supuestamente) vida en promedio de 25 años más. Y cada año habrá más pensionados. Y el dinero en teoría debe de producirse a mayor ritmo. Y eso no prevé las recurrentes crisis económicas generalizadas que se pueden producir por mil frentes distintos. Recesión industrial, cambio climático lento pero recurrente con sus efectos en cosechas o en producciones de materias primas encadenadas a la producción manufacturera, problemas de terrorismo que afecten el día con día normal de un país, alarmas epidemiológicas, problemas sociales mal manejados (el año pasado se perdió una gran oportunidad respecto al acero, en USA necesitaban grandes cantidades y en México las productoras de acero estaban en huelga debido a los mineros). Triste el caso.

Las pensiones exigen estabilidad. Y la estabilidad no existe en este planeta más que en las fábulas y en los finales de los cuentos de hadas de “vivieron felices para siempre”. Por eso son cuentos de hadas. Peter Drucker habló en contra de ellas en 1950. Desde entonces. Pero no se hace mucho caso al respecto.

No es sólo el ISSSTE, también por decir en Telmex, empresa privada desde 1991: ahí tengo un amigo de mi edad, (de hecho un año menos que yo) que está en en esa empresa desde 1984, o por ahí, que ya me dijo la palabra mágica: retiro. Como siempre, el punto es que no son fenómenos aislados o individuos en soledad. Es la masa, o más bien, son masas que piensan igual. ¿Qué le digo a mi amigo? Estás mal. Renuncia a tu retiro. Ajá. Probablemente siga siendo productivo, tal vez ponga un negocio. Pero recibirá su pensión, claro que sí.

Y como siempre, nos interesan nuestros intereses (perdonando la redundancia) de golpe y porrazo. Que sean inmediatos, gratificantes y al menor costo posible. Piensan que el barril es enorme. Que si no alcanza para todos, es culpa de los que llegaron después. Y que ultimadamente el último (otra redundancia) que se preocupe, total, que falta mucho para ello. Lo cáido cáido. Es lo más natural defender lo que conseguiste, a todas luces, legalmente. No hay nada objetable en ello. El pasado es el pasado, el presente es el presente y el futuro, ese es el problema, es el de todos. Lo bueno es que mi amigo no lee esto.

Y lo más gracioso es que la gente no se muere. Está viviendo más y más. Y lo digo desde el punto de vista práctico. Sí, tengo a mi mamá vivita y todo. Y tiene 66 años. Y puede que viva 15 años más por la edad alcanzada promedio de mi abuela y bisabuela. Pero no es el caso de mi mamá. Es el caso de todo el mundo en México que vive cada día más. No sé si mejor, pero sí cada día más. Por eso la gerontología y asuntos geriátricos va en ascenso, así como la industria de los asilos, de las enfermeras, de los retiros de ancianos y mil cosas similares. (Por eso la frase, quiere mucho a tus hijos, ellos elegirán el asilo en el que te meterán.)

Los pensionados viven de sus pensiones. Y las pensiones alguien las tiene que pagar. (Aunque muchas son insuficientes también, pero he leído cada caso en ciertas circunstancias que, uff.) Pero ya no está la circunstancia de que había muchos trabajadores por pensionado. Cada vez hay menos por cada jubilado. Así se comportan las burbujas demográficas.

De hecho en Europa también reventarán, en lo que es Francia, Alemania, España, e Italia, ya veremos cuando empiecen a ser más laxos con los latinoamericanos en cuestiones de migración para que vayamos a vivir allá. Somos menos complicados que los árabes, ya veremos, y tal vez somos mas afines a ellos. Al menos sus iglesias ahora vacías tendrán más feligreses. Nos lo suplicarán. Eurabia es más peligrosa para ellos y sus costumbres que Eurotitlán. Paciencia, paciencia. Ya llegará ese momento.

En Estados Unidos hará treinta años que había cinco trabajadores por viejito. En diez años más habrá sólo dos. El problema ahí está y llegará. Claro que llegará. Tendrán que compartir la carga.

El dinero es finito, ¿eh?

Los viejitos siguen ahí. Ya con el problema encima, ¿qué hacer con ellos? Nada. Seguir igual. Pero si las cosas están así hoy, ¿qué pasará el día de mañana? ¿Lo sabes tú, lo sé yo?

Apres moi, le deluge. Después de mí, el diluvio. Lo dijo supuestamente el rey Luis XIV de Francia. Nada importa más que mis intereses. Él vivió super. Lo máximo sobre la tierra. El Rey Sol. El esplendor del absolutismo europeo. Quince años después, Luis XVI perdió su país y la cabeza. Literalmente, ambos.

El problema es que insisto, la gente no entiende que esto nos afectará el día de mañana y a nuestros hijos también. Debemos de ser más productivos desde el día de ayer, desde el de antier, desde el de hace veinte años. Pero no podemos. Debemos hacerlo desde el día de hoy: ya mismo. El mejor día para sembrar un árbol enfrente de tu casa fue un día de verano de hace veinte años. El segundo mejor día es hoy mismo.

No perdamos el tiempo en tonterías. (Tan fácil de escribir: No-Perdamos-El-Tiempo-En-Tonterías. Se escribe facilísimo. Sí. Lo sé.)

Cambiar las cosas ya. Los superpetroleros actuales pesan como 400,000 toneladas o más. Casi ya ni pasan por los canales, ni el del Suez ni el de Panamá. Son gigantescos. Para detenerlos necesitas media hora de maniobras anticipadas. Para cambiar de dirección algo similar. Sentido de la anticipación, no es mucho pedir.

De repente no hay volantazo que sirva. Si eso es con un simple superpetrolero, ¿que será de un país entero?

Pero en un superpetrolero sólo están la pericia de los marineros, de su capitán y de la física. No hay más. En un país son sus ciudadanos, los poderes elegidos, los tres y la inercia. El problema es convencer a la gente de que existe un futuro. Y que no necesariamente mi futuro es el único. Está el de mis hijos. Y el de los demás hijos de los demás.

Pero para que se convenza a la gente que el país que dio pie a las pensiones, al ISSSTE y al IMSS, es otro muy distinto al actual, está difícil. Para convencer de eso a un país que está viendo al futuro arraigado a las reglas del pasado, está canijo. Pero se tiene que hacer.

Las aguas llegarán a su curso. Pero nadie se ha preguntado a qué nivel. Si nos taparán por encima, o si sólo será un simple arroyito secándose al sol, el mismo sol de la historia. De nuestra propia historia.

De librerías hablo en el siguiente blog, para que no digan que este es muy largo… y con temas todos revueltos... ;-)

viernes, mayo 25, 2007

La tecnología en nuestras manos, en nuestra cabeza, en nuestra conciencia.

Hay una especie de embrujo con la tecnología. Supongo que tiene que ver con necesidades primales de estatus, de conciencia, de ser parte de un grupo selecto con deseos de aprovechar lo que el hombre ha creado.

Ahora estamos en el mundo acelerado de los nuevos celulares, las nuevas cámaras digitales, incluso el aparato que los reúne (en alguna parte leí que Nokia es hoy por hoy el mayor fabricante de cámaras del mundo superando a los que se dedican en realidad y exclusivamente a hacer cámaras), nuevas pantallas planas de TV, nuevas consolas para jugar, nuevas grabadoras digitales para televisión que no graban comerciales, nuevas cámaras-de-verdad-cámaras digitales, nuevos GPS, nuevos mp3, nuevas laptops, nuevas laptops ultra compactas, nuevos Blackberrys, nuevos todos.

Tecnología, tecnología everywhere. Y todo tiene sus ramificaciones. Hay usos y costumbres relacionadas con ello. Hay cambios en la conducta individual de las personas que están expuestas a su uso. Se vuelven indispensables, la memoria se les borra de manera selectiva y esas personas ya no recuerdan como era su vida antes de que el artilugio apareciese en su cotidiano devenir.

Hay cambios en la masa de la gente. Hay modificaciones en las costumbres. Por decir ahora pueden tomarse imágenes de sucesos inmediatos y ponerse a disposición de todo el mundo. A partir de ahí la gran comunidad les da sentido. Sentido de todo tipo para esto, no hace mucho me tocó ver a un adolescente mostrarle el video de la autopsia de cierto cantante acribillado a balazos recientemente, a una chica con el afán de impresionarla, o al menos eso me pareció, cortejo raro, para esto. Supe recientemente de una niña de una secundaria cercana que fue atrapada por un director viendo escenas de snuff en un celular. El director ignoraba como se manejaba el reproductor de video del celular e ignoraba que era el snuff. Pero cuando lo vio ya nunca lo olvidará. Nada agradable creánme, aunque sea una leyenda urbana.

Hasta ese momento.

Lados buenos y lados malos, y sobre todo el lado de en medio. Aún me molesta (y me seguirá molestando) que la gente interrumpa una conversación, de esas en persona, para atender a una llamada que vino a interrumpirnos. De ese modo me establece que la llamada de esa persona, para la estupidez que sea, es más importante que yo o que mi conversación. Habrase visto.

Me imagino que pensaríamos todos si alguien llega de improviso en la conversación y pide que se le atienda con perentoriedad. De grosero no se le bajaría. Y si la persona le responde, exacto, ese es el caso.

Se podría presumir que la tecnología divide, que existe ese gap de tecnología que dividirá a la sociedad entre los que tienen acceso de los que no. Pero a veces eso lo pongo en duda severa cuando veo a todo todo todo mundo haciendo el gesto típico de leerse la mano, perdón, mirando su celular en cualquier parte, en cualquier lugar.

¡La habrán llamado? ¡Un mensaje! ¡Quizá sea E-L M-E-N-S-A-J-E! ¿Será importante? ¿Será trascendente? ¿Será relevante?

Sepa. Cada quién lo sabrá según los dictados de su propia consciencia.

Y hace diez años no había nada de eso. Típico. Hace millones de años, todo esto que ven, era mar.

Vi en la TV un documental sobre el ascenso del celular desde el punto de vista tecnológico. La lucha entre Motorola y ATT para quedarse con un pastel hasta entonces indefinido de mercado ansioso por poder estar comunicado en cualquier lugar que se pudiese. Ganador a corto plazo, ATT. Ganador a largo plazo, Motorola, pudiera ser. El costo de un celular en 1986, cuatro mil dólares. Ahora, veinte, cuarenta, no más de doscientos dólares.

Y esa necesidad de que te encuentren donde sea y que tú lo uses cuando lo requieras, ¿será tan necesaria? Vivíamos bien antes, ¿no?

Pero no iba a hablar de celulares. Sino de la tecnología en sí.

Hace años en Manhattan se creó una red de tubos neumáticos con el objetivo de poder enviarse mensajes entre oficinas utilizando aire comprimido o algo por el estilo. Podrían enviarse pequeños objetos dentro de las capsulitas, incluso tal vez hasta la cartera de alguien olvidada se pudo haber enviado. Había futuro para ello, pero con el paso del tiempo se descubrió que no tanto. Se masificó el teléfono. Después el fax. El correo electrónico. El beeper. El tubo neumático es hoy por hoy sólo una interesante reliquia.

La clave Morse ya no se usa actualmente. Ya no hay telegramas en los Estados Unidos. México sigue. Es más, no estoy seguro, ¿se siguen enviando telegramas en México? Tuve una novia hará veinticinco años que me mandaba de vez en cuando sólo para saludarme. ¿Se acordará ella de eso?

Pero también me enteré que esa sucesión de sonidos y pitiditos, puntos y rayas, cuando ya te metes en eso de la transmisión y recepción, como todo, tiendes a conocerlos íntimamente, ritmos, pausas, ese tipo de cosas. De ese modo ya podrías hasta reconocer quién era el que transmitía, eso por un lado, porque hay como detallitos imperceptibles para todos excepto para los operadores que vivían en eso todo el día, y que en medio de noticias o mensajes entre estos expertos operadores se comunicaban mensajes personales de cómo estaban las cosas, de la novia, de la familia, detalles así, ¡por ahí mismo, en medio del telégrafo! Dicho de ese modo no suena raro.

Pero no me lo imaginaba.

Hubo un programa de TV que no ha de haber durado ni cuatro episodios, allá en los 90’s. Abraham Lincoln, de entre todos los personajes posibles, era el protagonista. Un programa de comedia con fondo histórico. Tal vez era pésimo. Nunca lo conocí, pero leí que tenía una escena de él manejando un telégrafo entre él y un operador que resultaba que era operadora mujer. Me hizo mucha gracia que en una conversación entre ellos las cosas se fueron calentando (ya saben, "¿traes medias?") y en pocos minutos tuvieron un conato equivalente de cybersex, ¡pero con puntos y rayas! ¿Cómo se llamaría? ¿Morsesex?

Y eso me recuerda que el sexo es muchas ocasiones el motor de ciertas tecnologías.

Los proyectores que mostraban películas porno de 8 o 16 mm. Los primeros videocasetes Beta con lo mismo. Los CD-ROMS. Internet y sus websites. Los DVDs. Las webcams. Ya mencioné el caso del snuff en el celular.

Porno es prohibido es atractivo es productor de ganancias exorbitantes.

Pero la cuestión es clara. La tecnología que forma nuestras vidas no es del todo dominante en lo que a modernidad se refiere.

Un artículo reciente del New Yorker menciona un libro que se llama “The Shock of the Old: Technology and Global History Since 1990” escrito por David Edgerton que da en el clavo. Seremos lo modernos que queramos ser pero nuestro teclado es 99.99 % con seguridad del tipo QWERTY, directo representante del que se diseñó para escribir en el siglo XIX por más DVORAK que me quieras presumir. En otras palabras el asegura que es el uso de la tecnología lo que nos cambia, no la tecnología en sí.

David Edgerton es un historiador militar que propone la idea de que no es tanto que vivamos en una nueva época cada que un cambio importante y relevante de tecnología llegue. Si no que él afirma que esa tecnología sólo se adapta a lo que tenemos. Claro, con nuevos desafíos pero que a final de cuentas nada cambia. Las costumbres superficiales tal vez.

Digo, se sigue yendo la luz cuando llueve o nieva o con los huracanes. La distribución de energía se habrá eficientizado a lo mucho desde hace un siglo, pero nada más. Se sigue yendo. Ojala hayas salvado.

Lo que pasa es que el avance tecnológico no es suficiente. Es el uso del mismo. Beta contra VHS. Ganó VHS, Beta era mejor. Mac contra las PC compatibles con IBM (¿se acuerdan?). Ganaron las PC compatibles. La Mac es mejor, clarísimo, pero… (y sí, yo uso una PC).

Dice el artículo un punto interesante. El asunto de los caballos en la guerra. ¿Qué con el uso de vehículos todo terreno estos cuadrúpedos se iban a abandonar? ¿Qué fue en la Segunda Guerra Mundial cuando la mayoría cree que fue la última ocasión que se utilizaron a gran escala? (Durante el Blitzkrieg, de parte de la caballería polaca contra los Panzer alemanes, adivinen quien ganó...)

Resulta que se usan hoy mismo en Afganistán para poder andar en ese terreno rocoso y montañoso. Y los soldados americanos les es necesario saber coordinar ataques realizados con B-52’s JUNTO con cargas de caballería, al mismo tiempo (Ya escribí un artículo en el que menciono el asunto de los B-52, aviones jet provistos de armas nucleares, puestos en marcha en 1962 y con un uso previsible para veinticinco años más). Incluso ha habido ya cargas hasta de trescientos jinetes. Soldados americanos contra mujeidines. Guerra es guerra hasta con resorteras y piedras.

Se han escrito miles de toneladas de hojas de papel hablando de las oficinas sin papel que desde 1975 iban a darse por todos lados. Me hizo gracia también que Bill Clinton dijo en el año 2000 que “…dentro de dos o tres generaciones gracias al proyecto del Genoma Humano los niños sabrían que (el) Cáncer será sólo una constelación en el espacio…”. Lo cual sólo se podría agregar que para entonces habrá muchas escuelas elementales con clases de astronomía.

Y ahí está la nanotecnología. ¿Exactamente en qué beneficiará a los procesos de producción del día con día la utilización de la nanotecnología? Digo, nuevos materiales y nuevas medicinas. Ajá. ¿Cuándo? Ya lo veremos. ¿Desean apostar? (Y me considero tecnofílico, conste.)

Y la investigación de las células madre. Sigo dudando de la utilidad de los laboratorios que congelan el cordón umbilical de los bebés recién nacidos y que con una no tan módica cuota anual para manterlos congelados podrá colaborar a la salud de estos niños cuando ellos crezcan. Se me hace una tecnología muy jalada de los pelos, nada probada, pero no me hagan caso, total, no es mi dinero. Pero es una industria pujante (supongo que es de esas industrias basadas en el miedo, muy apropiada para esta nuestra época libre de temores). Y bueno, si hay clientes…

Otra cuestión de las nuevas tecnologías es lo que se vino a llamar la Nueva Economía y sus reglas. Son temas geniales, pero no son todavía para consumo o utilidad general: las diez compañías más importantes del planeta son petroleras (Exxon, Royal Dutch Petroleum, BP), financieras (ING), del llamado retail (Wal-Mart), de servicios (IBM) o automovilísticas (GM). Nada de nuevas tecnologías por ahí. Acaso el uso de las tecnologías las han eficientizado algo, pero ¿hasta qué punto? Pero no están por ahí en los supuestos primeros lugares los productores o creadores de la misma.

Las representantes de la nueva economía están allá hasta el número 33, Hewlett-Packard, o en el remoto número 140 como Microsoft, tan poderosas como nos puedan sonar.

La píldora anticonceptiva y toda la modernidad y el condón, descendiente del mismo que se inventó no hace cuantos siglos y que se usa hoy por hoy más que antes. Y no se le agregaron baterías ni nuevos diseños ni nada. Es lo mismitito. De la píldora masculina, o implantitos en la piel para hombres, ni sus luces.

Luego se llevó el tema a otro. El tema del mantenimiento. El de que quizá es más productivo el negocio de mantener que el de vender y que eso es más claro en nuestros países tercermundistas. El autor del libro pone de ejemplo a Ghana, que ha llevado el desarrollo del taller mecánico a una forma de arte. Pero yo me quedo con Cuba. Cuba, lo puedes ver en documentales, conste, no he tenido la fortuna para ir, digo, de ir, pero siempre me ha parecido una imagen congelada de hace cincuenta años con sus viejos autos andando. Ese es el mérito. Siguen andando después de cincuenta años.

Y mucho se ha dicho que la industria de la computación mexicana, en lo que a técnica se refiere, es maravillosa en cuanto a remedios. Yo conocí a personas que arreglaban una minicomputadora en los 80’s con sólo papel aluminio e ingenuo ingenio .

En cierto periódico muy famoso y ahora glamoroso de estos tiempos oriundo del norte del país, allá en 1985, antes de “modernizarse” utilizaban una unidad de cinta de datos, de esas de carrete, muy mona ella, arriba de una basecita de madera convertida en carrito transportador de esos de rueditas como de carrito de roles. Así la movían entre varias minis que tenía el dichoso periódico. Tiempos de la prehistoria.

No hay mucho que hacerle ahí. Se les llama, acabo de saberlo, a estas tecnologías, porque lo son, tecnologías creoles, o criollas. Ha de ser como dicen que los rusos eran para el cine en los años veinte. Los mejores teóricos del mundo. Eisenstein y demás. Era natural, no había celuloide para filmar.

Y si no hay tu materia prima, a teorizar, que el mundo se va acabar.

Hay también en el artículo una reflexión de Carl Sagan: “Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y de la tecnología, en la cual difícilmente alguien sabe algo de ciencia y tecnología.”

Triste, pero cierto. ¿Será necesario que se sepa más de tecnología y de ciencia? Yo digo que sí. Que es urgente. Y eso es otra historia.

Así las cosas. Este mundo nos dará muchas sorpresas en el futuro. Y siempre estaremos pensando acerca del nuevo gizmo, ¿es tan necesario usarlo? Para años después afirmar, “sin él el mundo sería tan diferente.” O una variación: “Sin él me moriría”.

Ajá. Claro.

Mismas gatas pero revolcadas.

Igual en el siglo XIX como en el XX y como en el XXI y en los siglos por venir.

Recuerden, es el uso de la tecnología, no la tecnología en sí, la que nos cambia, sea eso lo que quiera decir.

Amén.

miércoles, mayo 23, 2007

LA FUERZA DE LA FUERZA Y DE STAR WARS, QUE TREINTA AÑOS NO ES NADA

Al principio era la Fuerza y la Fuerza fue hace mucho en una galaxia muy muy lejana, situada en San Francisco, California, donde en una comida Francis Ford Coppola le propuso a su buen amigo George Lucas que hiciera de ese asunto de la Fuerza una religión establecida y organizada, de verdad, vamos, corría el año de 1977 y Lucas sólo se río de la ocurrencia.

Después de más de doce mil millones de dólares entre entradas pagadas, y sobre todo de invasiones de juguetes con figuras extraterrestres y naves del universo creado por este señor, tal vez quede muy poco por decir.

Se reconoce la grandeza de un mundo inventado y se reconoce la grandeza de que invitaste al otro mundo, el nuestro, el real, a subir y que este mundo aceptó gozoso.

Se reconocen dos cosas más: un golpe maestro al decidir crear efectos que describieran para los demás su universo, y que decidiera guardarse para sí los derechos del llamado merchandising.

Lo que se dice original, Star Wars no es, definitivamente no, y eso ni a él ni a los millones de fanáticos les importa, ni les importará (característica clave para reconocer a un fanático).

Por ejemplo, saber que las ideas básicas de un mago, un aventurero y dos compañeros mecánicos como lacayos en busca de una princesa, ayudados por un contrabandista espacial (acompañado de un perro armado de dos metros y de dos patas), que se topan de casualidad con una princesa (republicana) depositaria de datos importantes para destruir un planeta artificial con gigantescos cañones de rayos no especificados (y que a fin de cuentas nunca fue una estrella, menos una estrella de la muerte, Death Star, por el tamaño del mismo a lo mucho fue un planeta de la muerte, pero, se debió de reconocer, Planet Star sonaba más a franquicia de hamburguesas galácticas y los especialistas de mercadotecnia del Imperio, de los que debe de haber en todos lados, no todos son militares, han de haber visto las ventajas de llamar a esa super arma “estrella” más que “planeta”, por eso los mercadotécnicos que en español denominaron a Star Wars como “La Guerra de las Galaxias”, pocos, eh, pocos).

Así las cosas todo el rollo galáctico no era más que un argumento tomado con o sin permiso, gracias, de La Fortaleza Prohibida del gran director japonés Akira Kurosawa, (de lo cual ya escribí aquí mismo) a quien se le devolvió el favor cuando George Lucas, Steven Spielberg y Francis Coppola le ayudaron a que este pasara mejor sus últimos años al estar presentes en la producción de películas como Ran, Kagemusha y Sueños de Kurosawa (incluso con la aparición en la última de Martín Scorsese).

Pero hay que pensar en esos fanáticos que vieron la película en su estreno nacional en México, por decir, un 23 de diciembre de 1977, viernes, a las siete de la noche, mirando a los demás que algunos traían incluso el libro con la novelización en inglés (malditos) y con sus camisetas estampadas con el célebre poster de los hermanos Hildebrandt (bastardos, los de la camiseta, no los hermanos Hildebrandt) y más aún, observando en medio de la película a personas que ¡tomaban fotografías a la pantalla!, ¡y con flash! (patéticos y ridículos, no se debe de usar flash).

También en el recuerdo está la primera imagen de la pantalla, después de los créditos ortogonales o como se digan (esos que van hacia un punto de fuga cerca de la eternidad, se van, se van, se fueron y ya no los alcanzaste a leer) y de repente baja la cámara hacia un planeta con su atmósfera y una nave espacial, que aaajum, igual que todas, estilo alargado, disparando rayitos a alguien, así, sin más, pero ¡cuidado! después de ese transporte espacial aparecía una nave blanca, larga, larga, larga, larga, llena de detalles y ¡la nave ocupaba ya toda la gran pantalla de Panavisión y no dejaba de aparecer! Nave larga aquella. Y después todavía, caímos en cuenta que sólo era un crucero imperial de tantos.

Y a ojo de pájaro, o de pequeña criatura espacial, ese crucero se veía inmenso con esa figura magnificente, triangular, con su centro de control impresionante, es más, se veía imperial (por eso, era una nave imperial).

Y la expresión “Lord Darth Vader está a bordo” se convirtió en una de las frases más conocidas, tal vez tan sólo similar en los anales de Cultura Pop a la de “Elvis ha dejado el edificio”. Bueno, conocidas para nosotros que sí estamos al pendiente de ese tipo de Cultura Pop.

Ese fue el principio. Lo demás se puede definir en jawas, tusken riders, Obi Wan, sable láser jedi, cantina, Han Solo, Chewbacca, Millenium Falcon, Stormtroopers, Tattoine, Alderaan, La Fuerza, lunas de Yavín, X-Wing, Death Star, ¡Ka-BOOM!

El impacto fue arrollador en nuestras mentes. Una película superbien hecha de ciencia ficción. (En realidad no era de ciencia ficción, pero se respetaban muchos elementos del género, y muchos no, lo aclaro, pero si cabía en lo que se venía a llamar space opera).

Las naves espaciales y sus diseños ocuparon arquetipos completos en nuestros esquemas de cómo deberían ser unas naves espaciales.

Era como una primera novia a la que no le veíamos defectos. Todo le era perdonable. Errores, grandilocuencias, final cursi (eso sí, muy Leni Riefehenstal, tipo El Triunfo de la Voluntad, con todas las filas de soldados nazis de un lado y del otro de los héroes, o del Füehrer himself) y Chewbacca gruñendo, exigiendo saludo, o algo así. El comic relief de R2-D2 totalmente en su papel y con sus silbiditos para que los niños rieran un poco.

Luego pasaron tres años. En diciembre de 1980 (otro mes marcado cruelmente por la Cultura Pop, ¿es necesario decir a quién me refiero acaso?) se estrenó la que nos sabíamos que sería la mejor película de la serie, El Imperio Contraataca, la cual tenía unos efectos que nos dejó estupefactos, sobre todo cuando vimos los fabulosos AT-AT caminando lentamente contra la base rebelde en el planeta Hoth (claro que con el paso de los años salen preguntas, por decir, ¿por qué simular bestias elefantásticas para destrozar unos gigantescos generadores de energía, cuando esas bestezuelas serían vulnerables a unos pequeños cazas?. Todo por el lector).

En resumen Yoda, Boba Fett, La Ciudad de las Nubes, Lando Calrissian, pelea de poder a poder para ver quién tiene un sable láser mejor, y al casi final una revelación de altísimo impacto: “Luke, yo soy tu padre”y después de eso, un lapso que tuvo esperándonos tres años para saber que iba a pasar con el pobre de Han Solo congelado (Pasando los años leí en una revista de tecnología, una Wired, hablando del fenómeno de Star Wars, una carta de un tipo protestando acerca de cómo se habían mencionado, según él a la ligera, las palabras de Yoda: “Yoda, lo que dijo en realidad fue ‘Haz, no intentes’” Y el tipo cerraba su carta afirmando con toda la seriedad posible: “Las palabras de Yoda son sagradas”, pero díganme, ¿qué sucede en las mentes de esas personas?).

Y vimos cosas raras, un intento de incesto ligerón, que sólo fue sugerido y que hizo pensar dos cosas: una, que a George Lucas se le hizo bolas el engrudo y que no había pensado bien bien bien el argumento general de su trilogía. Aquí fue cuando se supo que iban a ser nueve películas, divididas en trilogías, en las que se contaría su saga (palabra de origen escandinavo que significa algo así como leyendas y que hasta entonces nadie en general conocía). Luego las tres trilogías quedaron reducidas a dos, que es lo que estuvimos viendo hasta el momento.

Debo de confesar que después de ver El Regreso del Jedi (¿Cuándo se fue éste? ¿Quién lo hizo Jedi?, ¿Acaso fue Yoda? ¿En qué ceremonia?) el sentimiento que nos embargó fue de desastre. Los Ewoks, ¿tanto se necesitaban ositos de peluche con esteroides haciendo cosas graciosas?

Por favor, ¡se trata de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS! ¿Y el respeto a una saga, donde quedó?

En las arcas o bóvedas del señor Lucas. O destruido en forma de rocas de lo que era Alderaan.

Pasan los años y llega dieciséis años después La Amenaza Fantasma y todo se derrumbó. Los puristas no podemos seguir así, sí, nos gustan los efectos, sí, nos gusta ver velocidad, derroche de imaginación en... efectos... y nada más. ¿El colmo? Sus criaturas digitales, Jar-Jar Binks, y el intento por desanudar el mazacote de historia que hizo para querer explicar el origen del porqué Darth Vader se volvió malo malo malo (que al final del Regreso se hizo bueno de nuevo, en un final cursi a más no poder).

Finalizando. George Lucas de 1977, visionario, genio, malos diálogos, nos mantuvo con el cerebro desconectado, excelentísimo narrador o contador de historias y nos maravilló con la técnica del descontón: “¡POW! No pienses, maravíllate, no te detengas en buscar agujeros en la historia, ¡no pares, sigue, sigue! ¡Usa la Fuerza y compra monitos al por mayor, que se agotan!”.

George Lucas de 2005, creedor de efectos especiales, no sólo creador, sino creedor, imaginando que eso mantiene una historia, dueño magno del concepto de merchandising, si lo vemos desde el punto de vista empresarial, premio Nobel, caramba (si existiese), pero desde el punto de vista de creador con un genio y un corazón de una historia que debería de ser recordada sin afectación, sin clichés, sin oropel, la historia vista con calidad de leyenda. Despojemos al emperador y veremos que está desnudo.

Ah, pero que buenos efectos, ¿eh?

Otra cosa y tal vez lo peor. Es de amplio sabido que sin querer Lucas, y Spielberg, destruyeron el cine adulto norteamericano de los últimos 30 años. La mayoría del mundo dejó de poner atención al cine de temas maduros, al cine de pensar, al cine de visiones personales e intimistas, al de violencia real y no imaginaria o excesiva, por las películas de acción, dizque de ciencia ficción, en las que los niños son amenazados por sombras de villanos malvados, y los héroes son sólo músculo y astucia para evitar que una bola gigante se deslice y los atropelle al haber robado de su templo un ídolo sagrado.

El bien siempre triunfa, así, blanco y puro, igualito que en la vida real, ¿verdad?

Por lo menos eso se vio en los últimos treinta años, en la taquilla.

Que la Paciencia nos acompañe.

La mayoría de lo anterior fue escrito hace dos años, antes de ver la película de La Venganza del Sith (el mismo nombre se me escapa, tan poco arraigo le tuve), es más, tengo flojera de consultar como se llama. Triste película. Sombría a más no poder. Oscura, insatisfactoria, desesperanzadora. Tenebrosa incluso (la muerte de los pequeños aprendices de Jedi por parte de Anakin), macabra, además.

El cine desde el punto de vista de Lucas, no es para dejarnos callados. No hubo gozo en su realización final. Si nos debió a todos un final más sobrio, digno, con el Regreso del Jedi, con esta última y definitiva entrega se fue hacia el otro lado.

Pero, ¿qué necesidad? ¿Para qué contratar a tanto argumentista?

Una vez más, los efectos (no sólo de argumento sólido vive el hombre): El sable morado de Mace Windu. Genial. Los homenajes rapidísimos a 2001: Una Odisea Espacial (que ya lo había hecho cuando en la parte de La Amenaza Fantasma, había sacado al fondo una navecita tipo pod, que los que están familiarizados con el pod perdido de la nave Discovery reconocerán), el homenaje a Frankestein, cuando aparece Anakin convertido por primera vez en Darth Vader en todo su esplendor.

Pero los diálogos. Pero los agujeros lógicos de trama: Como acomodar una historia a fuerza a fuerza que ni con calzador. Y ya ni para qué reparar en ellos. ¿C-3P0 construido por Anakin-Darth Vader? No problem. ¿Obi Wan viviendo a poca distancia relativamente hablando en el mismo Tattoine, de entre todos los mundos posibles de la g-a-l-a-x-i-a, de Luke Skywalker? ¿Ahí mismo viviendo tampoco muy lejos de Jabba the Hut quien tenía contacto cercano con el mismo Bobba Fett, cuyo padre fue base de todos los clones de los Stormtroopers imperiales de la galaxia, y quién buscaba a su vez a Han Solo, el intrépido contrabandista por una recompensa?

Todo se puede explicar. ¿Qué la princesa Amidala no supiera que iba a tener cuates-gemelos en medio de tantatantatanta tecnología? Claro, hay sustento.

Podrá haber varias escenas simpáticas, o a lo mejor muchas. Dejando a un lado la primera, la que más se me viene a la mente es en la segunda, El Ataque de los Clones, creo: Anakin se deja caer al vacío de su nave voladora, que comandaba el bueno de Obi Wan, para ir tras el presunto cuasiasesino que iba a matar a la hermosa Natalie Portman, quiero decir, Amidala. Después de muchas laberínticas acrobacias, Obi Wan al ya reunirse con su aprendiz, le dice a Anakin algo así como: “Anakin, uno de estos días me vas a terminar matando”.

Innecesario decir que hace treinta años, antes de terminar el segundo acto de la primera película, eso es lo que precisamente lo que hace Anakin, vestido de negro, en ese primer gran duelo de espadas, a su antiguo maestro, Obi Wan Kenobi, al rebanarlo en dos. O al menos eso creemos entonces.

Me reí mucho en ese instante, en esa frase de cuando ambos eran jóvenes. Las palabras a veces se convierten en profecías. Punto alto del que hizo los diálogos. De los pocos puntos altos, claro.

Y todo todo todo lo aceptamos porque le tenemos cariño a Star Wars. Adolescente, en mi caso, infantil en otros. Esa es la razón.

Y porque no puede uno negarse a la marea gigantesca (como muchas otras a las que no podemos sustraernos) de lo que fue el fenómeno que cumple estos días treinta años, el de La Guerra de las Galaxias.