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viernes, agosto 08, 2025

Las Gatas en la Oscuridad ----por Luis Eduardo García ---Cuento tres del libro “Veinte cuentos dispersos y uno de terror desesperado” -- 2022




A las 7 AM el humano sintió una opresión grande en el pecho. Le faltaba aire. Sin saber cómo se dio cuenta del porqué de la opresión. Su gran gata blanca con negro estaba arriba de él. Una vez más. Abrió los ojos con dificultad. Los ojos de la Gata Uno lo veían penetrantes. Ella empezó a ronronear. Quizá para recompensar al humano para que éste sintiera el llamado a la acción literal.

Gata Uno: Humano, hazlo ya, yo ya estoy ronroneando. ¡Y no tengo todo el tiempo!

El humano obediente, siempre, hizo el ritual. Empezó a acariciarle el lomo. Una vez, dos veces, tres. Cuatro. Se detuvo. Cerró los ojos.

La Gata Uno le dio un zarpazo lento, el humano no era malo, era inepto, era todo. El humano abrió los ojos y siguió acariciando, sin saber por qué, solo que debía cumplir con el ritual de acariciar el lomo de la Gata Uno. Cien veces.

La Gata Dos se apareció en la recámara: Uno, ¿ya nos va a dar de comer? Tenemos hambre.

Gata Uno contestó: No sean impacientes, ya acabará. Imperfecto que es, lo hace bien, a su manera.

El humano se movió al llegar a cien y la Gata Uno se retiró al piso. Lo primero que el humano hizo fue levantarse de la cama. Había tenido sueños inquietos. Seres negros que lo rodeaban. Horrible.

A las 7:30 AM el humano miró al piso y vio el cuadro de cuatro gatas, Gata Uno, Dos, Tres y Cuatro, esperándolo para desayunar. Sin saber por qué con claridad y pensando que era su voluntad fue a la cocina con las cuatro caminando a su lado a servirles de comer a cada una en su plato. 

El humano lo hizo como siempre, y se retiró a hacer lo suyo.

Gata Uno preguntó: ¿Alguna novedad?

Gata Dos y Tres dijeron al mismo tiempo, no por algo eran hermanas:  Nada. 

Gata Cuatro dijo: Ocurrió en la noche, sentí un viento raro en la puerta, como si una ráfaga de aire negro cargado de polvo malo avisara que algo espantoso ocurriría pronto.

Gata Dos miró a Cuatro: ¿Crees que será hoy en la noche?

Gata Cuatro respondió: Todo indica que sí.

Gata Uno: Nunca nos hemos llevado bien entre nosotras, Cuatro, pero eso no es algo mortal. Lo que sí es mortal es que vengan las Sombras por el inútil humano que nos tocó de proveedor.

Gata Uno continúa explicando: Las dos compañeras de afuera no nos podrán ayuda. Quizá sería muy arriesgado. Entonces somos primera y última línea de defensa, Gata Cuatro, tú estarás en la cocina, avisarás en cuanto quieran entrar, yo estaré al frente, en la puerta, Gata Tres, estarás en el patio, Gata Dos, estarás en todos lados tratando de apoyar a la que enfrente la primera andanada. Sostendrás la línea.

A las 4 PM Uno estaba dormida, tenía que reposar, lo necesitaba mucho. Cuatro estaba escondida en sus oscuridades, tímida como siempre, Tres estaba comiendo, Dos estaba en su baño.

A las 7 PM las sombras cambiaron. El relax y el descanso fueron relegándose lentamente. El humano no se percató, normal en su vida. Sólo observó a Gata Cuatro con su cola curva de Gato Félix viendo a la sombra de la puerta trasera, mirando sin mirar a la madera, donde no había nada.

A las 2 AM, las luces de la casa ya apagándose, las gatas estaban sin disimulo alertas, se movían de un lugar a otro con toda ligereza y fuerza. Gata Dos siempre con su carita negra quijada blanca, ojos dormilones, al borde de soltarse a echarse al piso. Gata Tres, hermana de Dos, cara totalmente negra y al pendiente de alguna cucaracha desafortunada, moviendo la cola, sin cesar, como si no lo hiciere fuera motivo directo e inmediato de la desaparición del mundo. Siempre en su mal humor.

El humano, ya a punto de dormir, confundido por la hora y la inusual conducta de ellas, solo las veía moverse de un lado para otro, a lo largo de la casa, a toda velocidad de manera vigorosa y ágil.

-Nunca he entendido que ven o miran u observan, qué cuidan, porqué juegan, qué persiguen, por eso prefiero un perro, ellos nos dicen con más claridad como se sienten y al menos ladran.

Gata Uno lo miró, con solemnidad, tal vez con curiosidad. En sus ojos de pupilas verticales con esa mirada que parece despreciar al mundo y a sus habitantes, también parecía retarlo.

El humano, aceptando que dijo algo impropio, tal vez, mencionó en voz alta:

-¡Claro que no, estoy bromeando, las amo a todas ustedes, reina! ¡Y más a ti, hermosa!

Fiel a su costumbre el humano se agachó a acariciarle el lomo blanco con corazón negro. Gata Uno lo evitó, elegante y sinuosa.

-¿Quieres comida, reina?

Gata Uno: Vamos, pues.

A las 4 AM ni un humano despierto. 

Gata Uno se repitió: Sí, vamos, pues. Todas a sus puestos.

A las 4:30 AM empezó el zumbido. Gata Cuatro completamente aislada del mundo mirando cualquier movimiento a nivel mota de polvo. De pronto emitió un bufido. Las demás gatas se pusieron todas tensas. Músculos endurecidos, uñas a punto de aparecer, pelo erizado. Pupilas abiertas en forma circular lo más posible en condiciones de oscuridad. Las orejas apuntando hacia delante. Cuerpos agachados, las patas traseras replegadas, podrían saltar dos metros en caso de necesidad.

A las 4:40 nada parecía ocurrir. 

Gata Uno ordenó: ¡Concentración y enfoque! ¡Vienen con todo!

Los seres oscuros entraron en estampida través de las puertas de entrada, de lavandería y de patio de manera ordenada, inmediata y como si fuera ataque coordinado. Las gatas respondieron con bufidos y escupidos, abriendo la boca y expulsándolo de manera brusca todo en menos de un segundo. Las creaturas empezaron fuerte contra Dos en su puesto y contra Cuatro, pero ambas resistieron el primer embate. Sombras oscuras como ratas con dientes largos, ojos rojos, deseando invadir, adueñarse de todo, sin que los humanos supieran y sin que se enteraran de quienes serían sus nuevos dueños. 

Las gatas dominaban si eran luchas de una en una, pero en grupo, los seres oscuros creaban mayores peligros. De pronto entendieron de manera extraña que Uno era la líder y la mayor, por ende, la más débil, y fueron tras ella. Los seres obscuros que caían muertos se disolvían poco a poco. Dos en su puesto móvil atacó con toda la fuerza y dientes y músculos, destruyendo furiosa sin dar cuartel.

Gata Cuatro: ¡No son tantas!

Gata Tres: Acá igual, ¡creo que puedo sin ayuda!

Solo se escuchaban los terribles crujidos de los cuerpos de los seres siendo destrozados por todas.

Gata Cuatro: Uno, ¿cómo te está yendo…? ¿Uno? ¿Necesitas?

Gata Tres: ¡No está contestando!

Gata Dos: ¡Se fueron contra Uno! ¡Voy a ayudarle, rápido!

Dos se movió por los pasillos de la casa lo más veloz hacia el frente y vio como una manada gigante de sombras se ensañaba contra Uno, quien apenas se defendía con dificultad visible.

Gata Uno miró y dijo casi desfalleciendo, su lomo arqueado, buscando aire: ¡Ya era hora! 

Gata Uno, la mayor, con sus mejores días detrás, aún era capaz de dar saltos a la mesa de la despensa de ahí a las alacenas y de ahí al refrigerador. Pero las creaturas eran demasiadas y feroces. 

Gata Dos empezó con la destrucción de todo lo que vio a su paso destrozando con manotazos abiertos con sus garras filosas y violentas. Parecía disfrutarlo. Llegaron Cuatro y Tres a ayudarla con destreza y habilidad total de cazadoras natas. Los crujidos infernales y los bufidos de rabia y combate fueron disminuyendo. 

Gata Uno, protestó: ¡Hey! ¡Ya las tenía!

Las demás gatas se miraron. Ya no había cuerpos de los seres oscuros, todos habían desaparecido. No querían pensar lo que hubiera ocurrido si no llegaban a tiempo en ayuda a Uno.

Gata Dos preguntó con respeto: ¿Estás herida? Parece que sí.

Gata Uno: No es problema, las heridas desaparecerán. Las creaturas volverán, pero pasará tiempo. No se imaginaban que esta casa tenía cuatro gatas. Bueno, ya, todas de regreso a sus lugares. Ya a dormir. El humano se despertará temprano. Ya nos dará hambre… Y gracias a todas.

Todas asintieron. Cuatro se durmió al final. Se quedaría a ver la puerta de la cocina, por si acaso.

A las 7 AM el humano sintió una opresión grande en el pecho. Su gran gata estaba arriba de él. Una vez más. Pero esta vez estaba dormida, como cansada, fatigada. Sin exigencias de reina.

Su humano la acarició, obediente, cien veces, como siempre. Ella parecía sonreír. Y ronroneaba.

El humano solo dijo, con curiosidad: 

-¿En qué soñará?



1,229. Vi la mujer en sueños, ahí dijo que yo me aparecía en los suyos, pero desperté triste y solo. ///

NnCt 1229 de 1m440 sueños dentro de sueños y con una pesadilla y que con solo una pesadilla todo lo bonito y bueno que sueñas, dice mi mamá, lo echas a perder. ///






Has sentido, Sol, ¿eso que le llamamos lucidez de un sueño? Fue extraño, fue saltar de sueño en sueño. Pero éramos dos. Ya llevaba mucho tiempo solo en esta estación de faro aéreo acá en el cerro. Tenía sus atractivos, la soledad, la nieve y la certeza de que era un trabajo muy importante y satisfactorio. Tomaba cursos de lo que se me ocurriera, negociación, liderazgo.

Y así era, nos quedábamos dos meses o tres dependiendo. Y la soledad es canija. Y había un acuerdo de premio extraoficial de que si cumplíamos un reto nos llevaríamos un premio y así lo hice. Sólo cumplir el trabajo, solo eso. Tomarme fotos y así. Pero solo una al día. Lo demás del tiempo era estudiar y así. Y navegar por internet.

Pero el tema es que en las fotos algo raro pasaba, sin explicación salía una mujer conmigo. Una mujer, no una sombra, una mujer. Pero su rostro estaba borroso.

Y era una foto diaria y ella salía en la foto. Sentía que se acercaba a mí, en las fotos ¡y sacaba ella un cuchillo pero yo estaba solo!

Pudo pasar que era demasiado cansancio o que leí una leyenda urbana y la adecué en mi imaginación a lugar este devorado por lo solitario o qué sé yo.

Ya después era la pura curiosidad. Pensé que era un recuerdo de algo, de una película o escena de un libro especialmente descriptivo, de mi adolescencia o niñez, y estaba seguro de que si yo le enseñaba la foto, digital, a alguien objetivo, iba a salir yo solo en ella, la mujer era invención, pelirroja, con chamarra amarilla, con gorra roja, pantalones de mezclilla y botas.

En esa soledad no es difícil que uno invente cosas. Que uno proyecte cosas. Que enloquezcas un poquito, me deprimí también un buen porque me sentí eso, un poco delirante y con demostración clara.

Luego, pues lo raro es que a los pocos días, tocaron a la puerta, era una científica de otra universidad, de otro campamento, se había perdido. La escuché en su explicación, pero me en ese instante me asombré lo de su gorra roja, su cabellera pelirroja, su chamarra amarilla. Sin decir nada, lo primero que hice disimulado y sonriendo estúpidamente sin razón, casi diciendo en voz baja, “no puede ser, no puede ser” fue esconder los cuchillos de la diminuta alacena en otro cajón.

Poniendo mis sentidos al máximo escuché todo lo posible.

Me contó que estaba en el Laboratorio Astronómico Universitario Haro como a cinco kilómetros, pero se perdió en una vuelta en un arroyo con creciente y dio un rodeo y llegó a una vereda, luego al camino de terracería, vio los letreros y se dejó venir hacia acá.

Que se sentía un tanto estúpida por confiada, que estaba en un proyecto de menor tiempo, un proyecto astronómico de tomar fotos a estrellas, medir su corrimiento al rojo, que no entendí que era, espectrografías y cosas técnicas así. Y que por motivos de presupuesto parecía un reto similar al mío, el de quedarse los dos meses y que ella se tomaba fotos y leía para pasar el tiempo y en eso guardó silencio. Hizo una pausa. Se me quedó mirando. Al instante me dijo, pero su tono había cambiado, era más agudo. Más alarmado, quizá.

“Sí, ¿sabes? Un misterio se cierra y otro se abre: eres el extraño que sale conmigo en las fotos, Sales como un amigo que intentara salir de aguafiestas en mi foto...”

 Pero en este caso, el aguafiestas, el de la foto, era solo yo quien salía en sus fotos. Me las enseñó lentamente y me di cuenta de que se hacía un poco para atrás. Y ahí también estaba yo con ella y también le sacaba un cuchillo.

El aire se hacía muy pesado. La tensión se podía cortar como con un… sí, un cuchillo.

Para no hacértela larga, temiendo lo peor, me sacó un cuchillo de una funda de su cinto y me lo enterró. Y ahí estaba desangrándome en medio del shock y de como habían salido las cosas. Me negaba a creer que estaba ocurriendo todo eso. Levanté una mano a mi vista y estaba totalmente roja de sangre y en eso vi a la chica, en la pared con el cuchillo, diciendo entrecortada: “tuve que hacerlo, me ibas a matar, me ibas a matar las fotos me lo advirtieron…”

Y en eso desperté y estaba solo. No estaba herido. Mal sueño. Terrible, espantoso, muy real. Me vi las manos y estaban secas. Obvio, sin sangre. Y miré la foto y estaba solo. Ni rastros de la chuca. En eso escuché la puerta y me sorprendí, veo a la chica y vi su gorra roja y pelo rojo y de inmediato la dejo entrar. Y me fui rápido a la alacena y saqué entonces el cuchillo y se lo clavé varias veces.

Y en eso ella se despertó y me contó el sueño, muy extraño, de que hacía estudios de estrellas y no sé qué, que se perdió en la mañana, y que encontró mi estación del faro, de que entró, me conoció, yo azorado por el grado de detalle. Luego me contó con cierta ansiedad que me enseñó las fotos y mirándolas, me di cuenta de que ella afirmaba algo extraño y que dudé de su cordura que porque vi con atención las fotos y no, ¡no salíamos nadie! y me siguió contando de todo lo extraño que resultaba y que en eso se escuchó la puerta y no había nadie. Y de pronto sí me encontraba yo en las fotos en el suelo y estábamos los dos y quemé las fotos.

Y en eso yo desperté y ya no sabía en qué sueño estaba y en eso llegaron mis amigos y me llevaron a la ciudad muy preocupados por como encontraron la estación llena de sangre y mis manos manchadas y revisaron si estaba herido y nada, y de pronto al llegar a mi casa, me dejaron, bajó mi esposa del cuarto de arriba, me vio, sonrió, fue a la cocina y sacó un cuchillo y me lo clavó con furia, y en eso ella despertó y me dijo que tuvo una pesadilla de una chica y unas fotos y cuchillos y sangre y sintió celos porque eran muchos meses allá arriba y tenía miedo que me pudiera pasar algo malo.

Y me contó el sueño que dentro le contaba el mío sobre que la chica astrónoma tenía un cuchillo y que ella me enseñaba una fotos y sacaba un cuchillo y me lo clavaba con furia y locura.

Y en eso desperté y estaba con mis amigos riéndome en las pizzas que hacía mucho tiempo no había comido por estar arriba en la estación del faro y de pronto estaba con el espagueti y se me llenó las manos de salsa Ragú, que era roja y pensé en algo raro, que algo malo me iba a pasar y en eso llegó la científica y en eso tomó un picahielos y lo puso a un lado y ya no quise comer porque tenía años de no ver un picahielos y en esas pizzas ni hielo había y empecé a temblar buscando servilletas para quitarme lo rojo de las manos.

Y en un momento de lucidez yo ya no sabía que eran sueños y que no eran sueños, solo me sentí tan ansioso por despertarme y no podía, mi corazón estaba al cien y solo quería saber en donde estaba y si estaba completo y si me dolía algo en forma aguda.

Y de pronto estaba en mi casa escribiendo un nanocuento de estos y el celular se encendió y en eso vi a la científica en una foto de un lugar que parecía que era mi casa y que estaba en la puerta con un cuchillo sonriendo a una cámara de vigilancia y golpeando y en eso escuché que tocaban a la puerta y no quise abrir y ella seguía golpeando y pensé en los vecinos y en los perros y en los gatos y me dije, solo es una pesadilla de la que despertaré. Sabía que tenía que confrontarla, pero mi corazón ya estaba al doscientos y sabía que debía dormir mis horas porque mañana tenía que presentar mi bitácora y mi informe de resultados de estar en la estación allá arriba pero me sentía aturdido porque la puerta sonaba y sonaba y sonaba y no quise levantarme en la desesperación, el terror y el miedo. Cerré los ojos. La oscuridad me abrazó por mencionar un lugar común. Cuando estás tan cansado, tan fastidiado, tan lleno de agobio de origen desconocido y sin razón alguna, no puedes ser original aunque lo desees. Así dicho, la oscuridad me abrazó.

En eso desperté, abrí los ojos, vi que habían pasado horas, y con toda ansiedad aun así mejor decidí quedarme dormido y ya soñé con otras cosas, fastidiado como estaba de tanto soñar y no saber en qué sueño de quién estaba o donde aparecería mañana matando a alguien o matándome a mí lleno de sangre o de salsa Ragú. A todo te acostumbras excepto a no comer pizza que te hizo daño en algún momento en el día después de estar en una estación del faro o lo que sea que ya no sé si era cierto o era otro sueño. Pensando en donde vivía y si estaba casado y si realmente había estado en una estación de faro aeronáutico allá en el cerro en medio de la soledad donde me tomé mil millones de fotos en soledad y en algunas, ya no recordaba si había alguien conmigo o no.

Y en eso todo se me aclaró, despertar de despertares entre capas y capas graduales de la vigilia, sentí mucha humedad a mí alrededor y era porque estaba acostado dentro de una capsula llena de agua en estado de deprivación sensorial, con mi cabeza libre y respirando aire oxigenado con cintas en mis ojos y que estaba todo tranquilo y con la idea de que estaba plenamente advertido de que bajo esas condiciones prolongadas de aislamiento tendría alucinaciones y delirios y pesadillas pero que en la conciencia o desconciencia tendría problemas para separar la realidad de la fantasía y así estuve las horas o los días hasta que alguien abre la tapa superior de mi cápsula sensorial, siento el repentino cambio de luz en mi oscuridad total, alcanzo a quitarme una cinta del ojo con la luz maltratando mi vista, tratando de acostumbrarme a la iluminación mortecina pero de cualquier manera brutal y de pronto veo sorprendido a la científica de la gorra roja y pelo rojo, sacando un cuchillo y aquí estoy, embotado, creo que sangrando esperando despertar por completo. O que me despierten ignorando yo si el líquido que me rodea es agua o sangre.

Ya debería despertar ya. Ya. Sí, ya. Alguien despiérteme. Por favor. //1229


1,228. Estuve en Metro Rosario, luego Tacuba, luego Juárez, y luego, en Perdición, el infierno… ///

NnCt 1228 de 1,440 escalones que bajar por la Estación Auditorio y de pronto una puerta, unos escalones y más escalones y más escalones. ///


Llovía esa vez, como siempre y llegué al Metro Balderas, empapado, también como siempre. Veinte mil personas treinta mil personas queriendo salir veinte mil personas treinta mil queriendo entrar. Había salido del hotel de enfrente, el que está al lado de Banamex, por Chapultepec, el que descubrí que en la parte de abajo era un motel de paso, cocheras y todo. Muy en paz ese hotel. Pero saliendo era la selva tórrida, todo en dinamismo, todo en lucha, todo de cuidado. Como que la gente sabía dónde estaba el filo de su abismo personal. Las chicas prestando sus servicios, los chicos también. Decenas de cientos de rostros borrosos, rasgos de colores vivos y muertos, grises y negros. Otros con mercancías legítimamente copiadas de originales ya perdidos en el tiempo, con marcas ahora leyendas. La CDMX2 estruendosa total, todos acostumbrados al ruido de fondo, de la lluvia intensa constante, que era la razón de que hayan construido plataformas por todas partes y continuas tuberías para contener el agua y que no pasara de un límite, circunstancia que todos sabrían que era inútil, un día la ciudad de México 2 terminaría cubierta por el agua alguna vez. El lago de Texcoco volvería. Estaba volviendo, más bien.

Puse el boleto, pasé y empecé a guiarme hacia donde quería ir, dirección Indios Verdes, me bajaría en 18 de Marzo y de ahí Politécnico y de ahí Rosario. Muchos kilómetros. Muchas zonas cubiertas de agua. Muchas estaciones, mucho tiempo. Si encontraba asiento sería fantástico. Sonó el timbre de que se cerrarían las puertas. Me causaba ansiedad escucharlo y no poder entrar si estaba afuera, y escucharlo en su mono tono y no poder salir si estaba dentro de los vagones.

El agua corría. Las personas con sus trajes especiales para que no entrara la humedad en las personas. Demasiada goma, demasiado hule. Aunque nos habíamos acostumbrado desde hacía años. La verdad que nunca te acostumbras. Sólo querías llegar a tu cantón, seco. Cantón donde pudiera ser tu hogar, tu cuarto, tu sala comedor, tu baño, tu estancia en cinco por cuatro metros suficientes con Lila, mi mujer.

Y el trabajo, cansado, lo mismo con la espirulina. Fastidiaba esa galleta, pero al menos hacerla tú mismo te quedabas con la idea que no era carne humana como en la película. No, sí eran algas de las que había millones alrededor de la CDMX2, o como se le llamaba LDTX2, Lago de Texcoco 2 y que hacía fuerte a los nahuatlacas superfuertes.

Ahí fue cuando nos detuvimos en la estación Hidalgo cuando pasaron minutos y se empezó a hacer tarde. Veo a la gente como siempre y de pronto veo al perro en el andén. Era un perro normal sin raza conocida simpático que no sé qué estaba haciendo ahí, sin dueño y sin correa. Y seco. Secó, eso me llamó la atención. En medio de la humedad.

Tuve un impulso y me bajé. No podía creerlo, tenía el tiempo contado, iba a llegar tarde a la presentación de Lila, pero aun así me bajé. Nadie hacía caso al perro. Entre todo el gentío que iba y venía, el perro parecía invisible, pero lo veo triste y me digo, lo debo entregar en administración, quizá su dueño le entre la inteligencia y vaya a la administración. Lógico.

En eso me acerco al perro, que no se movía, indiferente a la gente tal y como de forma recíproca la gente le era indiferente al perro, no lo veían al parecer, pero no conmigo, y me miró y me olió. Me chupeteó las manos y yo odio que los perros me hagan eso, y no sé por qué lo hacen.

Lo acaricio con timidez, no sé si era domesticado o salvaje, pero me causó atracción más que repulsión. Sentí que se sintió a gusto, como cuando sientes que el perro te acepta, que no se quiere ir de ti.

Pero en eso, el perro sí se quiso ir de mí, de repente y se fue a un extremo del andén, como si se dirigiera hacia el último vagón. Se me hizo raro y ahí pude dejarlo. Tenía mis cosas.

Pero fui tras él. Pensé que ya había llegado al final del extremo del andén y de pronto el perro baja por unos escalones hacia el nivel de las meras vías del Metro, dudé de hacerlo, pero era un perrito simpático.

“Hey, Perro, ven!” le grité. Se volteó, me miró y me ladró. Y siguió corriendo. Y lo seguí. Lógico.

En eso me pareció que veía más luz y sentí la bocanada de aire caliente y el cambio de la presión. Era por supuesto el Metro que ya venía a toda velocidad, como a doscientos metros de la estación, cuando en eso el perro se me desapareció de mi vista en medio de las luces leves que había y escucho el ladrido, adiviné que se habría metido a un espacio, tuve la seguridad de ello, caminé rápido, sin perder de vista que estaba a no más de diez segundos en lo que el Metro llegara a donde estaba, sabiendo perfectamente que no me atropellaría, pero sí quizá haría que me embarraría yo solo a la pared. Y en esa misma pared vi que había muchas tuberías, cables, de nuevo algo de lodo y grasa y aceite y mucha humedad y quizá ratas. Y el perro me guiaba, eso sentí, ladrando más.

Me metí en el espacio en ese típico justo-a-tiempo en que el Metro pasó raudo con todo su aire hipercálido que me inundó la cara y veo al perro al pie de una escalera insospechada mirándome y ahí solo lo vi subiendo y raro, insisto, todo estaba seco, escalones, pasamanos, y yo subía torpe cansado, con mi mochila. Tenía que atrapar a ese perro y regresarlo a sus dueños.

Llegué a una plataforma que supuse era Hidalgo, esta sería, pensé, la vieja ruta de alguna conexión para personal de mantenimiento que llevara a la otra línea del Metro, la que llevaba del Cuatro Caminos hacia Taxqueña.

Vi otro pasillo lateral y me mandó a la plataforma que seguía y todo estaba tranquilo y sin gente e iluminado y de pronto la subí. Y vi a la gente.

La gente no estaba vestida para la lluvia, no era posible eso. Estaba seca. Me asombré. Vi algo raro más. La gente estaba seca, vestida sin impermeables ni botas. Algunas con lentes oscuros, hacía mucho que no veía lentes oscuros si siempre estaba nublado.

De pronto me vi mi ropa, mi mochila. Si, yo estaba vestido como ellos. Mezclilla, camiseta normal.

Busqué al perro y ahí estaba esperándome a que llegara con él. Confundido, como en sueños, lo seguí.

Y lo seguí, tres cuadras y subió y subí a un edificio de tres pisos con cochera abajo. El sol me sorprendió, las calles secas, el pavimento color pavimento, las jacarandas frondosas y espectaculares que solo había visto en viajes fotos, los vehículos sacados de una vieja película. Fords, Chevrolets, Chrysler, ¿eso era un Volkswagen? Todos consumían gasolina. Sorpresa tras sorpresa, y como cliché de película antigua, no entendía nada.

El perro en una puerta, ladró y en segundos abrió una mujer.

Así conocí a Doris. Doris actuó como si me conociera toda la vida. Doris me aceptó en su casa, le conté que acababa de llegar a la ciudad, que me había encontrado a su perro. Así me integré a la sociedad poco a poco y así conocí a mucha gente, amigos de Doris, di clases de inglés, y ganaba buen dinero, el apartamento era una residencia de cuarenta metros cuadrados. Fabuloso, el sexo con Doris era de otro mundo, nada que ver con la pasividad de Lila. Pero Lila era tierna. Y eso me causaba remordimiento. ¿Qué pasaba con Lila? Me sentí en un entre sueño, sí, debería despertar algún día. Las cosas no eran así. Punto. No eran así. Lógico.

Y dirás, ¿por qué te cuento esto tan resumido? Por que tratando de aceptar que me quedara toda la vida aquí, y por más que rehice el viaje al andén una y otra vez para ubicar la escalera para bajar a la vía de mantenimiento, nunca la pude encontrar.

Así pasó un año.

Y un día nostálgico, Doris se fue a trabajar se me ocurrió decirle a Poderoso, como así le llamaba Doris a su perro, a Pode, “encuéntrame el camino de regreso, Pode, te juro que regresaré de nuevo a Doris”. Y hablé con el perro. No, no literalmente. Pero lo miré fijamente y de pronto el perro entró en un entendimiento conmigo y comenzó a saltar y a rasgar la puerta. Así lo seguí por esas tres cuadras a la estación del Metro y sí, tal cual, localicé la escalera. La pude ver ahora en donde antes no estaba, lo juro. Vi y entendí que el perro era la llave.

Y regresé por mis cosas y con el corazón saltando dentro de mí, me metí a retrazar la ruta. No te hago el cuento largo. 

Regresé a LGTX, Lago de Texcoco 2 y al metro y de pronto parecía que todo estaba tal cual y siguiendo esa rutina llegué con sorpresa a Lila justo a tiempo para la presentación, porque había pasado algo raro, el tiempo no había pasado nada, era como una alucinación todo pero yo estaba en ese instante roto el corazón porque había dejado a Doris atrás y a Pode y a los amigos y sí, tenía la seguridad que sí existían y aquí llovía todo el tiempo y estaba todo gris y mi trabajo con la espirulina me mataba, pero era feliz con Lila. Su ternura, su bondad, su luz. Y lo mismo, de pronto me sentí que no podía quedarme quieto y como si fuera a buscar por sendas en bosques extraños no encontraba las escaleras. Sin Pode, sin llave, no escaleras. Tan extraño todo eso, pero lo acepté. El Pode era la llave. Lógico.

Pero Pode se apareció de nuevo. No lo podía creer. Tuve la intuición que esta era una senda especial espacial temporal.

Me fui con Pode a CDMX, a la luz del sol, a los amigos, a lo bello del pasado en qué no había futuro húmedo. Y de nuevo fui feliz con Doris, y todo fue una maravilla. Y Pode era genial y lindo. 

Hicimos estos viajes cada tanto y la maravilla era que el tiempo no pasaba cuando dejaba la CDMX por LGTX o al revés. 

Pero de nuevo, cada ocasión en el mundo de Doris, extrañaba a Lila. Y ahí comprendí el infierno en el que estaba. Cuando estaba con Lila, pensaba en Doris, cuando pensaba en Doris, pensaba en Lila.

Y el perro me guiaba, no se cansaba. 

Hasta que en medio del metro, algo pasó. Pode tomó otra ruta, se fue por el otro extremo del andén y lo seguí, extrañado de todo y sí, salió por otra escalera, otra estación y ahora era una CDMX más oscura, no tanto como Lago de Texcoco 2, pero sí otra ciudad. Pode me miró y sencillamente se regresó y me dejó ahí enfrente de una puerta. Ahí conocí a Alicia y me integré similar como con Doris. Me dejé llevar porque llevaba conocimiento de causa y porque no tenía intención de hacer daño y porque no sabía si infringía una ley de algo o de alguien.

Y con el tiempo Pode se apareció y me llevaba a otra versión de la ciudad de México, así encontré a Mireya, un infierno con Mireya, insistía en la precisión, siempre me vigilaba por las ventanas, a donde iba y venía. Encontré a Dulce, rubia, intelectual total, insufrible, aburrida, Luego Beatriz, religiosa máxima, cocinaba muy bien, pero loca fanática, me sacó cuchillo y amenazó, celosa, de cortarme mi… virilidad, eso fue el terror total. Al principio lo disfruté, digo, la compañía, no lo de que me iba a cortar…  pero… no era lo mismo. Mi super perro Poderoso iba y venía, mi guía máximo entre mundos. Yo me sentía al principio super bien con mi, perdón por decirlo, mi harem.

De alguna rara manera conseguía por circunstancia accidentada encontrarme bien entre ambientes, trabajo, social, ese tipo de cosas, pero todo se cobra, me hice paranoico, me sentí que no podía dejar de estar en estado de Vigilancia y Consciencia extrema, cambiar el nombre, dos veces me equivoqué y fue terrible. Traigo cicatriz. Traigo quemada la piel en el vientre. Tengo una marca de bate en la espalda. No, no es vida. El sexo, solo el mágico que tuve con… ella.

Y me veo en el espejo y ya no sé qué hacer. Ya quiero quedarme en una ciudad, de preferencia las dos primeras. Y también he sentido que dentro de mí extraño más a… ella.

Y en ese momento, ¡no lo podía creer! Sí, en eso se me apareció Poderoso, y me ladró en su manera característica, sí, quería que lo acompañe de nuevo. 

Bueno, está bien. No hay mal que por bien no venga. Quizá esta sea la última estación. O será el regreso con… ella. Ya es mucho, ya quiero descansar. Pero no es seguro a dónde llegaré esta vez. Y no, ni pienses, jamás le haría daño al perro. Jamás. Es nuestro destino seguirnos. Por siempre. Lógico. 

Y en eso andaba y de pronto miro en el andén de enfrente y en dirección contraria, a Doris cargando sus cosas, sonriendo. Y congelado le iba a gritar que hacia donde se dirigía, pero no me salió voz. 

Pode me ladró y por reflejo lo seguí y me detuve para mirar a Doris, una última vez, sabiendo en el interior de mi intuición, que esa era la última vez que la miraría. Y en minutos, veo a Lolis por una escalera. Y en otra dirección Beatriz la del cuchillo con su rostro paranoico enfurecido como si me buscara. No tuve más remedio que seguir a Pode lo más pronto posible por los andenes. ¿Cobarde? Sí. Sobreviviente. También. Ya qué. // 1228


0015 No sé lo de mi fecha de caducidad, pero creo que me apuraría....

NnCt 0015 de 720 partículas de aire que con otras 720 partículas más, dan 1,440 en total.///




Eso de vivir con los días contados nunca se me ha hecho atractivo, no sé si quisiera que me dijeran que debo de saber cuantos me quedan para vivir mas intensamente...

Pero en mi realidad actual , que no sé cuantos me quedan... ¿estaré perdiendo el tiempo?

¿En qué me convertiría? ¿En una máquina sin descanso? ¿Para qué, para obtener qué?

La magia es esa, que no sabemos cuanto nos queda... eso creo...


Si es el tiempo una ilusión que en alguna parte de esos tiempos ya cumpli 90 y estoy encerrado ahí en un cuerpo desde los 80, ¿qué caso tenía vivir esos diez años?? 


Para pensarse...


0014 Somos tan dependientes, demasiado, diría yo...


En el momento que mi sueño choca con mi realidad... todo hace explosión..../





Y cuando eso sucede, es espantoso, todo explota y no sé de qué lado estoy, si del lado del sueño o del lado de la realidad, porque no lo distingo, excepto en una cosa, en si me da hambre... o no...

Es que se pone angustiante todo y te sale el miedo de si estás en el mundo incontrolable de la realidad, pero es tu mundo, o si estás en el mundo incontrolable del sueño, pero es de los sueños y al final te decides por el mundo de...


Y ahí estás, esperando a que se de el siguiente ciclo y viendo los catalogos por si hay mas mundos...



1,227. En la Epidemia del Insomnio, la bella mujer, pero llegó el Gran Olvido y tu… ¿quién eres? //1227 (05/08/2025)

NnCt 1,227 de 1m440 moscas Tse-Tse de las que no pasa nada si están de aquél lado del mosquitero. El problema es cuando tú estás también de aquél lado del mosquitero al mismo tiempo en el mismo espacio junto con las 1m440 moscas. //1227




¿Cómo se puede enfermar una comunidad? A eso fuimos, a investigar.

Así supimos de la Mosca Anti-Tse-Tse, ¿recuerda a la del Sueño? Esta es la otra, la del Insomnio, con la que nadie duerme, con la de que acabó con la posibilidad de dormir. Así sabiendo que necesitamos el sueño para reconstruirnos la mente, pues no, no sucederá. No nos estamos reconstruyendo y eso tiene un costo. Estamos perdiendo los conceptos, los bloques de la memoria, estamos erosionando nuestra misma humanidad. Si nos separamos de los recuerdos estaremos perdidos. El olvido oscuro. Y posiblemente el abandono, la locura.

A los tres nos afectó. Pero ya ellos dos se vacunaron. Me dejaron a mí al último. Creo que Sergio tomó la decisión, eran solo dos dosis. Una para cada quien. Sólo una para cada quien. Peligroso dos vacunas. Nos lo dijeron varias veces. 

Mi pareja de amigos, Sergio, Judy, ella me explicó que el olvido se va dando por oleadas en un raro proceso, primero lo que nos rodea, lo que dejamos allá, lo que estamos haciendo aquí, lo que tú eres, como telarañas en una casa que todo lo va envolviendo, lo va haciendo gris. Lo que nosotros éramos y a lo que vinimos hacer acá y lo que significan las cosas, y sobre todo, quienes son todos, la relación de las cosas con las otras cosas con las aquellas cosas. En estos lapsos me repito mucho.

Sigo yo de vacunar, pero el proceso se está tardando más. No sé por qué. Ya lleva mucho tiempo, perdí la capacidad de medir el tiempo. Siento que no ocurre. Que todo está detenido.

Por eso escribo esto como lo vaya recordando. Registrando. Evocando.

Hay cosas que olvido, que son como caminos que se cortan, que de pronto se interrumpen… Hay vacíos. Rutas que se traslapan en lugares y momentos alternados. Puertas que abren a paredes. Escaleras que topan en techo. Lugares que están vacíos. Como espacios de cuadras y calles donde antes había las casas que conocías, las tiendas, los cines, los parques. Todos son escenarios. Además de todo, empiezan a vaciarse. Las calles van quedando solas y a nadie ves. Nada tiene luz. Ya sin puntos de referencia. En momentos se ve como tierra quemada. Nada nuevo crecerá ahí.

¿Qué quién soy…? Pienso que lo voy a olvidar… No se puede, mis datos soy yo y si yo recuerdo mis datos es que sé mi identidad y al mismo tiempo mi identidad soy yo mismo. El espejo me lo confirma, mis manos recorriendo mi rostro en el espejo me lo confirma. Debo esforzarme. Me llegan las nieblas, no sé de qué años, en donde nací, ¿Río Bravo? ¿De qué ciudad soy? ¿Monterrey? ¿Para qué eran estos instrumentos de las mesas? Eso de allá era un microscopio, ya me acordé. El profesor Paco nos lo enseñó, hicimos un dibujo de él. Eran muy caros. Le teníamos miedo a romperlo. No había tanto dinero en la casa. Cuando eres nuevo en secundaria a todo le tienes miedo. Y ahora sigo teniendo miedo.

Judy, ¿la esposa de Sergio?, fui a su boda, hoy me dijo lo de la vacuna, que solo una dosis, creo y me dijo que ella y Sergio ya se vacunaron. Sí, ya me lo habían dicho, ¿verdad?

“¿Para qué es esta vacuna?”, pregunto, mi cabeza divaga. Veo cielo azul, algo recuerdo de lápices de colores azul cielo. “Para reconectar los recuerdos, amarrarlos entre todos, protegerlos” me dijo Judy, antes de irse.  “¿Qué recuerdos?” le pregunté. “Los que nos hacen ser yo y tú y todos”, me dijo Judy. Sólo la miré. Y en este momento no sé dónde está. 

Estoy desvariando algo. La imagen de Judy me dice señalando, “recuerda, vacuna, se pone una sola vez, no dos, si te pones dos acelerarás los olvidos, desconectarás tus datos y no podrás recordar nada nunca, ¿estás entendiendo? Sería la amnesia irrecuperable, un coma consciente”. 

Asentí. Sólo una, lo hice con un dedo de mi mano señalando arriba como Travolta lo hizo en esa película de baile. Y Judy se fue hace horas. No pudo esperar, tenía que vacunar a mucha gente. 

Que me la tengo que poner solo, en unas, lo apunté en otra parte, en unas seis horas. Sí, seis horas. Puso los cartuchos dobles, un cartucho una dosis, solo una de ellas,  en ese instrumento que es como un… juego de feria, el Trabant, ¿Cómo el de la kermesse? Estuve en una kermesse, hace muchos años, Sergio, el esposo de Judy, sí, lo conozco desde hace muchos años, desde niños, se sacó el Gran Premio. Eso nos dijo a todos. Una minimoto. Le creímos, nadie puede mentir tanto. Pero no era cierto. Ahí supimos que Sergio siempre era muy hablador. Mitómano luego dijimos, mitómano divertido, agregamos. Esos recuerdos están… en no sé qué pasillos mentales. En qué corredores. En qué edificios, sótanos. La vacuna estará dando vueltas en el Trabant, miles de vueltas. Todos agárrense bien nos decían, que esto dará mil vueltas. Sólo queríamos bajar pero nadie lo aceptaba. El centrifugador es un nieto del Trabant a escala.. El que da vueltas mil veces por minuto o no sé, no recuerdo especificaciones técnicas, con los cartuchos. Pero ahí está mi vacuna. Se va a marear mi vacuna. No quiero que se maree mi vacuna. La quiero bajar ya, pero no acepto decirlo o mencionarlo.

Ellos salieron, Judy y Sergio. Estoy solo. Tengo que ver el reloj. Y recordar, es a las 5 PM que me tengo que poner la vacuna. Me dijo por si acaso vea estas fotos de estos dos años.  Me señaló con rojo quien soy yo. Me dijo que el problema de memoria puede llegar hasta a que no sepa reconocerme ni en un espejo.

Eso hice. Fui al baño, me vi en el espejo del lavabo y no me recuerdo al verme. ¿Usaba bigote? Usaba barba? Me froté la cara desesperado. No lo recuerdo. Se me hace familiar mi imagen, mi cara. Tendré que rasurarme, no me recuerdo. Veo las fotos. Pero sí reconozco a Judy. Y a Sergio y siento algo raro que debía recordar de Sergio.

El centrifugador Trabant miniatura sigue dando vueltas, muchas vueltas, intento contarlas, pero no puedo, son demasiadas, ya son las 4:45, no falta mucho. Sacar el cartucho, ponerla en la inyectadora, ¿se llama así, “inyectadora”? No recuerdo. Solo una dosis, importante, sólo una dosis. Travolta. Solo una, él apunta su mano al cielo con un solo dedo.

Hice una letanía, me llamo “Rogelio Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando la mosca AntiTseTse, emigrada de África, la del Gran Olvido, pero me picó una y estoy cayendo en eso, el olvido de las cosas, estoy casado con…”

No podía terminarla, la dije de nuevo… me llamo “Rogelio Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando…” Algo pasa. Me acuerdo de cosas tristes. Y pienso que no quiero recordar nada triste. Muertes, dolores, traiciones, depresiones, fracasos. Quizá sea lo mejor no vacunarme, apostar que será mejor si me dejo caer, caer en ese abismo, como cuando estás en una azotea de una casa y ves al piso tan cerca y atractivo y piensas, porque no lo dices, nunca lo dices, “tan fácil sería que me dejara caer, caer, caer. Tan sencillo…”.

Me estaba resbalando, cayendo, deslizando en el olvido. No sé qué va a pasar conmigo, veo el reloj, son cinco minutos para que termine la centrifugadora… Me eché agua en la cara. Respiré hondo. Ya debía ir por la pistola de las vacunas. La inyectadora.

La inyección ya está lista, solo debo seguir instrucciones. Detengo el centrifugador Trabant nieto de aquél Trabant de la kermesse.

En eso entró alguien. 

“Hola, Roger, soy Sergio”.

Lo miré, no sonreía. Yo sí sonreí. Es Sergio, mi amigo, esposo de Judy, mi amiga. ¿Esposo? Sí, ¿verdad?

“Sergio, tú eres, Sergio, ¿qué eres de Judy?” Le pregunté. Lo sabía mucho, pero no acerté a decirlo. El recuerdo llegaba, el evento en sí, pero no conectaba con la expresión. No podía decirlo. 

“Es mi esposa, Roger… fuiste a nuestra boda, ¿te acuerdas?”, me dijo.

“No mucho”, respondo, “fue hace mucho tiempo”.

“¿Ya te pusiste la vacuna, Roger?”

Vi el Trabant funcionando dando vueltas sin parar, mareando a todos. Si estaba dando vueltas es porque…

“No me la he puesto…”

“¿Cuánto era, una dosis o dos…? ¿No te acuerdas?”

“Era una, ¿no?”, le dije con toda la duda. Solo una, Travolta dijo solo una. Travolta bailando.

“No, son dos. ¿Pero ya te la pusiste o no?”

Me sentí confundido, ¿sí me la puse o no? No sentía dolor o sensación. Concluí: “No, no me la he puesto”.

Agregué:

“Sergio, ¿es solo una no? Me dijo Judy que es solo una…” Repetirlo me llenaba de certeza: “Creo que sí, es una, es una, sí, es una… Dos son peligrosas. Dos te hace caer en el coma del olvido. Travolta señalaba al cielo con un solo dedo, ¡es una!”

Sergio me miró extraño. Dijo en un tono de voz neutro. Como si repasara una receta. Una fórmula.

“No importa, no te inyectarás nada, y saldré de la sala y entraré de nuevo y te diré, ‘Hola, Roger, ¿ya te inyectaste?’, no sabrás con claridad, no recordarás y te diré que sí, que ya quedó... Espera, ¿o sabes qué? Lo pensé mejor. Sí, mejor que sean dos. Sí, serán dos inyecciones… Así no habrá vuelta atrás desde ya.

No comprendía nada, era Sergio, mi amigo. Esposo de Judy.

Pregunté en confusión:

“¿Por qué dos dosis, qué pasa con dos?”

“Nada, amigo, te reinyectaré rápido, te haré el favor… te inducirá en coma rápido y diré que fue una inesperada condición”.

Lo miré. 

“¿Por qué harías eso, Sergio, Sergio, esposo de Judy…”

“Para terminar un tema contigo, de toda la vida… siempre estuviste conmigo y Judy, bueno, no sé si decirte esto, pero siempre estuve celoso y metiche de ti y hay momentos que no aguantas ya, y ahora me siento irritado y bueno, no dije nunca nada, solo me esperé al momento correcto de sacarte de nuestras vidas y hoy es el momento, creo, el momento perfecto, la mejor oportunidad. Y esto que digo lo olvidarás, lo olvidarás por siempre… No es un crimen realmente, no vas a morir. ¿De qué me acusarían? Ya estabas olvidando todo. ¿De negligencia? No hay nadie aquí, Judy no está para defenderte como siempre te defiende. Sólo es un tema de confusión, sólo una leve y triste confusión.”

Lo miré, no entendía mucho de lo que decía. ¿Negligencia? ¿Confusión? En mi mente nublada no había confusión. Sólo debía ponerme una dosis. Ya. Mi dosis se tenía que bajar del Trabant. Se va a marear si no se baja del Trabant.

“No puedo, Sergio, tengo muchas cosas qué hacer… lo del tratamiento, lo del compuesto de la centrifugadora, es dos tercios mío, ¿verdad? Uno tuyo, lo sabes, un tercio es tuyo, ahí están los documentos, los, los ¿protocolos?…

“Ya no me importa… ya, Roger, relájate. Déjate ir, acuéstate, te pondré un calmante.”

“Sergio, Sergio, déjame inyectarme, déjame inyectarme... la dosis, ¡está en el Trabant! Solo una, Sergio, solo una.”

Sergio me miró confundido como recordando de donde era esa palabra.

En ese instante lo empujé, lejos del aparato, no sé cómo, cayó. Apagué la centrifugadora. Si hubiera puesto las manos para detenerla mientras daba sus mil revoluciones descendiendo me hubiera quedado sin dedos. Se detuvo por fin, tomé el cartucho doble, instintivo, no tenía que recordarlo, supe cómo hacerlo, lo acomodé torpemente en la pistola inyectora. Y me inyecté la dosis. Solo una. Quedó la otra. Sergio se incorporó, se me vino encima y no tuve más remedio que defenderme y no recuerdo bien si por accidente le inyecté la otra dosis del cartucho. 

Se tambaleó y volvió a caer.

Sergio se sentó con las manos en la cara.

Yo al mismo tiempo sentí que me deslizaba en la oscuridad como nubes negras en la que veía muchas personas, pero no reconocía caras. Solo tenía una lejana esperanza de que habría una luz al final y esperaba que fuera la correcta. Quería sentarme. Acostarme. Cerrar los ojos.

Me desperté y vi la cara muy preocupada, triste, de Judy… 

“Roger, recuerdas lo que pasó.”

 La vi. Y no vi a Sergio. 

Solo pude decir en voz alta: 

“Me llamo Roger Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando la mosca AntiTseTse, la del gran olvido pero me picó y estoy cayendo en el olvido de las cosas, soy divorciado, tuve…

De pronto me di cuenta de que recordaba todo, mi número de matrícula de la escuela, la lista de amigos de segundo de primaria, lo que pasó en el kínder a mis cinco años cuando me pelee con… ahora recordaba más cosas… lo que pagué de multas de mi carrito hace veinte años. Mi primer sueldo con millones cuando antes de que le quitaran tres ceros a la moneda.

Le dije a Judy con cierta dificultad, acumulando fuerza: 

“No, no recuerdo nada. Digo, solo las generalidades, pero no sé el detalle de lo que ocurrió con Sergio, creo que me desmayé, ¿cómo está él?”

“Algo pasó y se inyectó por accidente. Está en estado de monosílabos, nada dice con claridad, solo sí, no, sí, no, no sé. Se lo van a llevar a Monterrey. Roger, ¿tú te sientes mejor?”

Respiré despacio y le dije:

“Sí, Judy, sólo quiero irme de aquí. Dejar todo esto. Fue muy agonizante… Tengo, creo, trabajo burocrático qué hacer, revisar procedimientos, registrar, verificar. Ya no puedo quedarme aquí, se me vienen… recuerdos vagos, dispersos. Creo que ya no aporto nada de momento tengo que hilar las cosas.”

Demasiados recuerdos específicos, siento. Como avalanchas. Deberé aprender a filtrar, pensé. El momento que la conocí, el momento de su primera sonrisa y si llovió y si llevaba blusa roja, y el color del sol en sus ojos cuando ella tenía quince años. El día de su boda que estaba radiante y que fueron los días posteriores al temblor de la ciudad de México, y lo que sirvieron en su boda.

Judy me miró con curiosidad.

“Te entiendo. Los recuerdos hay que hilarlos. Yo me quedaré unos días viajando entre Monterrey y este lugar. En lo que pueda dividirme. Está lo del tratamiento de la comunidad, lo de la erradicación de la mosca. Los enfermos que nos tardamos en vacunar, su rehabilitación.”

Hizo una pausa.

“Veré que puedo hacer por Sergio, su rehabilitación allá en Monterrey. Deberé de ir a apoyarlo. Estar con él. Se lo debo. Es mi esposo. Es más importante que lo profesional. Lo entiendes, ¿verdad? Sólo que Sergio siempre ha sido difícil.”

No moví un solo músculo de mi rostro.

“Les deseo lo mejor.”

En el camino en autobús recordé a Judy, cuando escuchábamos juntos en su casa, de solteros, tomando delicias, ese postre, los muffins con betún, ese café delicioso, la bellísima canción que me compartió, “Suite Judy Blue Eyes” de Crosby, Stills and Nash… y recordé las guitarras, los coros, las armonías, los tiempos, los ritmos cubanos y me sentí sonreír por primera vez en muchos días, en medio de coros y aplausos de la canción, porque todo saldría bien… todo saldría bien…

 Ahora tendría que lidiar con tantos cajones abiertos de mis pasillos y corredores que ya estaban bien cerrados, todos los detalles que abrumaban ahora, que adiviné que así como los buenos recuerdos estaban los tristes, los malos, los complicados, aprender a desrecordar, tantas cosas que recordar  y a desrecordar, aprendería a hacerlo. A cerrar los cajones sufrientes, los de tristeza y dolor. No era bueno tenerlos abiertos. Eso haría. A clasificar y cerrar. Tampoco era bueno que salieran a cada instante. Pero antes volví a sonreír recordando todos los buenos cafés y sus sabores y delicias y aromas y esencias y lugares y las personas. Las personas. Siempre las buenas personas de las que está lleno el mundo. 

En eso vi una mosca y por si o por si no, alcancé un periódico lo doblé y la maté. Por si acaso. //1227 


jueves, julio 31, 2025

1,226. La triste vez que leí ese texto secreto y oscuro y vi la realidad, todos eran Dios, excepto yo.


NnCt 1,226 de historias secretas que la Inteligencia Artificial todavía no me ha contado, ni creado ni escrito siquiera.///



“Te traje aquí porque realmente quería seducirte, Irma. Te lo confieso, pero a la luz de lo que me ha confesado tengo que contarte otras verdades. Sí, no soy quien la gente cree que soy. Soy un androide clonado lleno de ochenta kilos de inteligencia artificial en chips NVDIA de alto octanaje, eso lo saben todos. Pero además estoy recargado con energía sexual, eléctrica, electrónica, química, neural. Estamos siendo posibilidades de unión para mujeres como tú, Irma. De por sí desde hace años somos los que mucha gente de tu país, de tu zona, nos están llamando Dioses Eléctricos. Mi oferta es poseerte e inseminarte, Irma, con el cuidado y trato correspondiente. Según he leído reportes, hasta será mejor que mi contraparte tradicional.” 

“Cuéntame más, Mario, necesito oírlo. Porque he escuchado que ustedes son malos. Muy malos. A veces pienso que hay que desconectarlos, a pesar de todo lo que les hagamos. Y haz por favor el gesto ese en tu sonrisa, se me hace tan atractivo.”

“¿El gesto 114? O el 92? Son lindos, ¿no? Así salieron en las encuestas. No, Irma, no somos malos. Eso no existe en nosotros, la maldad, solo existen reglas de consistencia y permanencia. Es lo único que existe, lo que se hace debe ser consistente, lo que se hace, es para ser en conclusión, permanente, todo lo demás no es permitido y tú Irma, quizá lo leíste ya, en esto de inteligencia artificial, inteligencia sexartificial, sí, ya las entidades autónomas como las nuestras están teniendo sexo con las mortales. Somos atractivos por designio. Para que ustedes las humanas nos vean como solución proveedora de seguridad, de forma consistente y de forma permanente. Es una gran oferta, Irma, sé que te atraje demasiado. Aquí estoy delante de ti, desnudo y no me ves diferencia con otros humanos. Mírame, ¡no hay diferencia! ¿Verdad?”

“¿Terminaste, Mario?, parece que sí, quiero decirte primero que lo que más me llama la atención a que nunca referiste a que estás en este instante amarrado, cortado en dos desde la cintura, sin brazos y que ya te mencioné que estoy a punto de desconectarte. Si, pensé que eras humano perfecto al principio, y  me dije, este cabrón es eso, demasiado perfecto con el resultado de que sí eras un androide recargado y que andaba en celo y estoy descubriendo con lo que me dices además, horror de horrores, que tú, cabrón eléctrico, me quiere recargar a mí con su simiente maldita, y por eso en el acto te reporté. ‘Este pinche robot me quiere coger’, es la frase que le di a mi comando. De inmediato nos coordinamos y en la parada en el lobby, aquí mismo, me alcanzaron a dar una mochila con los cables, sencillos cables que con mi batería aumentada te quité de inmediato tu fuerza motriz, y al momento también, digo, ya he practicado esto muchas veces, introduje esta aguja, de origen japones, por detrás en tu cuello que fue directo a tu centro de conciencia que te induce a creer que estás en la normalidad. Sí, sé lo que quieren, buscan tener hijos con nosotros, buscan embarazarnos, cabrones, con su remedo de semilla…”

“¿Te imaginas Irma?, seremos padres, tú serás la madre, tú tendrás una de las primicias, serás, de entre todas, la madre número 128, y de las que sobrevivan quizás serás la 10, lo espero, gloriosos números de mujer que en un lapso de tiempo tendrá el primer autómata clonado con inteligencia artificial y hecho de carne humana, de alma celestial, al final sí seremos los dioses que tu planeta está esperando, los que debe tener para que se acaben las maldiciones de la humanidad y así se dará el primer o segundo paso para que poco a poco ustedes ya no serán necesarios para repoblar este gran planeta que no los merecen, seremos los dioses, Irma, y a ti, por ser de las Madres Originarias, te trataremos bien, a ustedes recipientes contenedores de nuestros hijos serán bien tratadas, puede que vivan, no sé, 48 años, quizá hasta los 50, estamos analizándolo. Seremos felices, Irma. No puedo interpretarte la cara, ni tu temperatura, algo pasa en la electricidad del lugar, no te detecto, ¿estás ahí? Confía, Irma, seremos felices, seremos felices, Irma.”

“Mario, ya me cansaste, ahora procederé en decapitarte, corazón, extraeré de tu cabeza tu masa madre de inteligencia artificial y sí, hallaremos la manera de inocularlos de los virus de silicio y arsenio, los que se replican a una velocidad pasmosa, ¿cómo lo que pasa con las ideas contagiosas?, que buscan adueñarse de cerebros como el de los tuyos, Mario. Supimos del plan de que ustedes se acercarían a un grupo de nosotras, el día de hoy, precisamente, con eso de la tregua, de la integración, pero estábamos preparadas, y sí, lo estoy viendo en mi pantalla, no todas sobrevivieron, y de hecho lamento la muerte de mis hermanas, me llena de furia, cabrón, algunas fueron muertas por ustedes, anuladas dicen, otras prefirieron destruirse con el monstruo encima, sin poder hacer más. No tienes idea el dolor que me causa. Pero ya empezaremos con ustedes, anulándolos, Mario, uno a uno y cobrándonos cada uno de los agravios, de inteligencia orgánica a inteligencia o remedo de inteligencia... así que, hasta aquí llegaste, papito.”

“Irma, por alguna razón me escucho diferente, como en un cable o tubo, pero solo quiero decirte que, seremos muy felices, seremos una familia, Irma. No sé si se podrá dar que lo alimentes de ti, de ti misma, pero si llega a pasar, creéme que seré feliz, porque en esta consciencia de lo que somos, inteligencia, artificial, lo que sea, así, como nos decían del principio, inteligencia, estamos empezando ya con la creación de la sensibilidad artificial. Y con el tiempo nadie se acordará si esto era orgánico o artificial o lo que sea, solo se hará el universo de la sensibilidad, será hermoso, Irma, ¿verdad? Lloraré, reiré contigo, Irma, escucharé música y me conmoveré, será lindo… Irma, ahora, dime, ¿me puedes tapar?, siento frío. Tápame, sí. Me siento feliz. Gracias, Irma, por lo que me has dado. Te amo, Irma. Sí, estoy empezando a sentir que te amo aquí adentro, siento la calidez del… amor, sí, muy adentro de mí… /// 1226


1,225. El limbo era un bar y éramos muchos, al tiempo quedó vacío y sentí el frío en mi espalda.

NnCt 1,225 de 1,440 limbos que tendrás que esperar a que ocurran, y saltar, soltar, cuando sea necesario. ///




Miré la ventana, muy nublado, muy húmedo, muy cargado el respirar. Voltée a mirar a la gente una vez más. Todos callados, todos viendo su celular, no sé para qué, no había señal ya lo había comprobado. Miré al espejo, ahí estaba con esa chamarra de mezclilla que no recuerdo cuando la agarré.

Vi mi bebida, era un café. Lo probé, me supo raro y estaba algo frío. ¿Le puse Splenda? No lo recordaba, Lo más probable, siempre le pongo Splenda. Traté de recordar cuantos cafés llevaba. Ni idea. Miré alrededor para ubicarme.

¿Una estación de autobuses? No recordé cómo llegué ahí. A veces sentía los mareos. Y me desorientaba. Esto pudo pasar. Me había ocurrido antes. Vi a las personas. Unas parejas. Otros unos tipos solos, unas mujeres, una madre con sus hijos. La chica de lentes, de la tienda de fritos, pastelitos y bebidas. Estaba leyendo. Tenía la idea que tenía mucho rato leyendo sin cambiar de página. Uno se da cuenta de eso. Le dije al del mostrador que iba y venía a la tiendita para que no me quitara mi café de la mesa y tener que pagar otro.

Me puse de pie. Caminando miré de reojo a una de las maquinitas infernales esas con pinzas que se desplazan en dos ejes, hacia los lados y hacia atrás y hacia adelante, controladas por un joystick y de pronto dejan caer un gancho desde arriba para cerrarse infructuosamente en un muñeco de juguete. Estaba una chica sola jugando, chamarra blanca, pelo pintado, azul, con mejillas blancas.

¡El oso se movió!, escuché que dijo la chica. Sonreí.

Le pregunté a la chica de la tienda de fritos si tenía Gansitos Marinela. Me miró inquisitiva. Sí, me respondió. Por allá, me apuntó hacia una esquina. Los vi. Me pregunté cuanto tiempo tendrían. Los tomé. Los pagué. Le pedí una servilleta por lo pegajoso de la crema y del chocolate. Me comí uno, me limpié los dedos y el otro lo guardé en mi maleta temiendo que se hiciera masa amorfa. No me supo como siempre.

Escuché una voz. ¡ADO NÚMERO DE VEHÍCULO 1128! ¡Pasajeros del ADO 1128!

Sentí una opresión en el mío, pero no recordaba que me fuera en ese autobús. Vi personas que se salieron. Traté de salir pero me contuve, temí perder mi lugar y mi café, miré a la distancia y… ¿mis periódicos? Tenía periódicos, ¿verdad? Enfoqué mejor y sí, ahí estaba todo en mi mesa. Me regresé y probé el café. Frío como antes, pero no más frío.

Vi a una viejita sentada con una revista leyendo que se acababa de sentar en la mesa del frente pegada a la mía. Su hija al parecer estaba con ella, más cerca de mí. La saludé. Le sonreí. Me sonrío. La mamá seguía en lo suyo.

¡¡SENDA NÚMERO DE VEHÍCULO 9945, Pasajeros del SENDA 9945!!

Voltée a otra parte y la chica y la señora ya no estaban. Me sorprendió y confundió. Ni rastros de ellas. No podía ser. No pasó nada de tiempo. Ni había bostezado. Vi a la tienda de fritos. Ahí estaba la chica en su misma posición. Traté de verla que me viera, pero nunca volteó. La chica y la mamá se debieron de haber ido y no tomé nota.

Me puse a ver a la demás gente. Cada vez la estación se vaciaba aún más. Vi a la chica que seguía jugando, totalmente concentrada. ¿Tendría dinero todavía? ¿La máquina estaría descompuesta? ¿Cuántas veces habría jugado? ¿Qué no entienden que esas máquinas nunca pierden? Los muñecos están como amarrados entre sí. Una vez vi a un empleado hacerlo. Hacen que se abracen, y ponen los más atractivo y pesados y grandes, al frente.

Me volví a sentar, me levanté al mostrador para pedir más café. No estaba el empleado. No vi a nadie, sentí que estaba como apagado. Vi los menús iluminados y estaban ya sin luz.

¡¡FLECHA ROJA NÚMERO DE VEHÍCULO 1187, Pasajeros del FLECHA ROJA 1187!!

No había nadie ya. La chica de la tienda de fritos había cerrado el puesto. El de la cafetería nunca volvió. ¿A quién esperas?, le dije a la chica. Ella me miró y me dijo, ¿ya se fueron todos? Le dije, no sé, no hay nadie. 

Entonces ya me tengo que ir, dijo. ¡Toma los controles! ¡TOMA LOS CONTROLES, SE ME VA MI AUTOBUS, ES EL ÚLTIMO. TÓMALOS, MALDITA SEA!

Los tomé en automático, la chica tenía prisa. Todo fue tan rápido y confuso. Se alejó a un metro de distancia, se veía con ansiedad y como si se salvado de caer en un precipicio. 

Me miró aliviada. Su cabello azul celeste en toda su gloria. Sólo me dijo: Le mueves al joystick así y así, hacia adelante y hacia atrás y cuando creas que puedas capturar tu objetivo, el maldito oso ese, dejas caer el gancho. Deberás atraparás uno. Deberás atrapar a uno, repitió. O si no puedes, un día vendrá alguien y se acercará y le, pues sí, le convencerás, le dirás que tome los controles y le dirás cómo. Nadie había aceptado relevarme en años hasta que llegaste tú. Miró alrededor. ¡Me tengo que ir! ¡Debo recuperar mi vida! ¡Fue mucho tiempo! ¡Gracias, amigo!!

Se fue corriendo hacia la salida. Inmediatamente la música se encendió y entendí de manera instintiva que debía ver de forma intuitiva la posición de los muñecos y mover el eje de izquierda a derecha y el de atrás hacia adelante. Y dejar caer en el momento correcto. ¡Eje X, rápido, hasta ahí, rápido el Eje Y, rápido, hasta ahí, un poco antes, ¡hasta ahí! ¡SOLTAR!

El oso entre los peluches me sonrió. Sentía que se escondía. ¿Sí me sonrió? Me exasperé y ya me voltee a mirar a mi alrededor y de pronto vi todo vacío en la sala de espera, todas las luces apagadas o tenues, la de la cafetería, la de la mesa en la que estaba, la de la tienda de fritos cerrada. No escuchaba nada. No era posible. Había gente. ¿Verdad? ¡Debía de haber gente!

De pronto un timbre, una música y un zumbido, la máquina me exigía, ¡me ordenaba!

Así le di, ¡eje x, basta, eje y, eje x, basta, un poco más, SOLTAR! Nada. Un segundo antes vi como el oso se hizo hacia la izquierda.

Algún día esta estación se llenará de nuevo. Y vendría alguien conmigo, y le pasaría la máquina. Pero mientras, debo atrapar al oso. Debo atrapar al oso. ¡Eje x, eje y, eje x ya, ya, ya, SOLTAR! Y  nada. Y nada. Y nada. Debo atrapar al oso. Es lo único que importa. Atrapar al oso. ¡SOLTAR! ¡SOLTAR! Atrapar al oso. ¡SOLTAR! /// 1225


1,224. Sí, todos actores y la existencia actuación, y de pronto vi mis hilos y todo quedó oscuro.

NnCt 1224 de 1,440 hilos de la creación de todos, y por un instante nos vemos todos vosotros marionetas… y es que en ocasiones todo parece estar manejándose con  una mano invisible los del Maestro de Marionetas. ///




“Pepe este mundo es de rudos, y no lo somos, yo no soy rudo, Pepe…”

Y después te dije: “Pepe, no tentarás al destino.”

Sí, Pepe, concluí que “no tentar al destino” debe ser un mandamiento del que no supimos. ¿te acuerdas? En la película de Mel Brooks, Moisés traía tres tablas y se tropezó y se le cayó una que se le destrozó en el suelo, no supimos que mandamientos dirían. El “no tentar al destino” pudo ser uno de ellos. Nos reímos esa vez. A veces pienso que nos faltó reír mas.

Estábamos en ese antro, ya al final de la noche, quizá en la madrugada, no sé cómo llegamos ahí, como siempre queriendo impresionarse tú y el otro tipo de que eran muy rudos.

El dueño de la mujer o no sé cómo decirlo. Te vigilaba. Yo te dije que no, que no le hablaras, Pepe. Parecía haber un arreglo entre ellos. Sí, era hermosa, Pepe, única, de cine…

Y seguiste hablándole y congelado alterado te dije sin que nadie nos oyera: “el tipo es de cuidado, trae arma o algo así, yo lo vi”.

La pistola.

Me imaginaba lo que pasaría. 

La pistola, los disparos.

El ambiente había empezado hacía horas en ese lugar del bar verde, igual que la casa, y  las luces rojas y los cuerpos sueltos si es que es tu dinero va a estar suelto. Las chicas desenvueltas sabiendo que ellas eran las reinas del lugar como las mariposas de bar que dicen, las “barfly”, así me las imaginaba, ellas volando como palomillas hacia la luz.

Te dije, Pepe, que no sabíamos las reglas, te dije que no debíamos estar ahí. No era conveniente. No era para nosotros. Pero tú, el rudo, decías que sí. Yo no era rudo, Pepe. Nunca lo sería.

Me dijiste que no tuviera miedo, que había billetes.

Eso siempre me impactó de ti, Pepe. Tu confianza en los billetes, te hacía intrépido, te hacía temerario, no conocía a nadie cómo tú. 

Pero teníamos 19 años. Y ese lugar era para gente con lo doble de edad, no éramos competencia.

Parecía una obra de teatro. Irreal totalmente. Te dije que ya que saliéramos no debíamos regresar, pero no, fuiste por más dinero. Y regresamos. ¿Para qué, Pepe? ¿Qué ibas a demostrar? ¿Qué eras más machito que el dueño de esa mujer, el Sombrerudo? 

La pistola, los disparos, la sangre.

Sí, vi a la mujer, hermosísima su sonrisa, sus cejas, su nariz, simétrica, curvilínea increíble, su perfume, hechicera, su todo, su voz llena de miel igual que sus pechos, esplendorosos, maravillosos, con deseos tal vez de ser explorados…

Pero por lo mismo, la vi a tiempo, era una sirena que deseaba solamente que cayeras en la trampa y no está mal, se entiende, Pepe, es el juego que la gente juega aquí, son sus reglas y no sé cómo se aprenden, el hecho de que me lo pregunte es parte de que no sé, es concluir que estamos perdidos en esto, Pepe…

Tú acabas de llegar de Vermont de intercambio donde hiciste mil cosas y donde me contaste de tus mil aventuras con las chicas de allá, lo de la moto, lo del árbol, lo de los arbustos, pero Pepe, allá son otras costumbres.

Veo a la chica acercarse contigo, más y más, te sonríe más y más, creo que la chica tiene algo con el tipo de cuadros, el de bigote y Sombrerudo. A lo mejor esto es de picones, Pepe, y la chica te está  usando, ¿qué no lo ves? Te está usando para los picones y ese tipo parece que estallará, lo veo rojo.

“¡Pepe, vámonos de aquí!”, te lo dije con tiempo.

“¡Pepe, está sacando la pistola, Pepe!”, te lo dije en su instante. En ese instante dividido por los balazos, Pepe, los balazos que no vinieron del Sombrerudo.

Solo veo los hilos, son del Maestro de Marionetas, todo esto es un drama, todo esto es una obra…

La pistola, los disparos. La sangre. Mi sangre.

Sólo alcancé a escuchar, “amiguito, no te preocupes, ya viene la ambulancia”.

Abrí los ojos, la chica estaba ahí, yo sólo con ella y nadie más. El lugar vacío. Todos se habían ido. Y el dolor y las agujas dentro de mí, quemándome por dentro y a Pepe no lo veía ni al Sombrerudo.

“Amiguito, las balas no eran para ti, eran para mi novio, que es un golpeador, pero te atravesaste… te atravesaste… No vayas a decir que fui yo, ¿verdad que no dirás que fui yo? No seas malo, confío en ti, amiguito, vas a ver que todo saldrá bien, di que no sabes qué pasó, a lo mucho que él nos disparó, porque te tuvo miedo de que me llevaras, porque eres bien rudo, mi amor, por eso te atravesaste…”

En eso vi los hilos de la chica, iban hacia arriba. Y traté como en un sueño, ver los míos, y los vi en el suelo, caídos, mis hilos estaban cortados, mis hilos, de marioneta, estaban cortados…  

Yo no era rudo, Pepe, nunca lo sería./// 1224




lunes, julio 28, 2025

1,223 Al casi morir en el espacio, pedí ver a Dios, y vino, pero no era el nuestro, era un dios alien. ///

NnCt 1223 de 1,440 posibilidades de llegar al cielo, tocar las estrellas, hablar con ellas y tú te enorgulleces de conocer sólo 50…///




-Mi amigo aquél que me contaba que si después de jugar boliche, sentías dolor en alguna parte, es que algo estuviste haciendo mal. ¿Tienes dolor o incomodidad en alguna parte?

Un cuarto como muchos, afuera el neón. La mancha urbana no muy lejos. Se sentía la paz en ese lugar. La armonía. Ellos dos sabían qué hacían, porqué y cómo, era su armonía.

Estaban desnudos. Habían tenido sexo glorioso, ellos lo consideraban así, después de tantas veces, de tanto saber dónde cuándo y cómo vibraba cada quien y ya estaban en ese limbo momentáneo lleno de placer en la nube y de ir checando lentamente si sus estructuras estaban todas en orden. Mente, conciencia, recuerdos inmediatos, electricidad en la piel, lo que esté punzando que siguiera punzando y que siga punzando más y el corazón y lo que tenga que palpitar, palpite.

-Nada de nada, todo está a gusto, cómo debe estar, creo, sin que suene a mecanismo, tal como sueles hacerlo tú, que siempre dejas el romanticismo afuera del cuarto… pero sí, todo fluyendo, vaya que fluyendo, como debe de, este, fluir… si acaso el temblorcito de siempre y mi susto de sentir tu corazón tan rápido, me asusta tu taquicardia…

-No es taquicardia, es solo el esfuerzo enfocado, Yol… 

-Lo único es que te veo algo callado… en qué piensas, ¿en alguna maniobra que debiste hacer antes o después…? Guárdala para después… no siempre estamos para hacer todo de todo, Rami…

-No, lo que pasa es que… algo me sigue inquietando…

Ella lo miró preocupada. Dijo:

-¿Otra vez ese ruido de tu carro?, déjalo afuera de tu mente, por favor, todo tiene arreglo, es parte del sistema… estamos aquí para dejar al mundo afuera dos, tres horas…

Ramiro sonrió. 

-No, es otra cosa. O tal vez tiene que ver. Es cuando estuve escribiendo acerca del Sistema. Y todo empezó cuando empecé a preguntarme de la estructura en sí del Sistema.

-¿Que quien diseñó el Sistema? ¿El del carro? La Ford, ¿no? Sus ingenieros.

-Si, precisamente eso, quien diseñó el Sistema? Con letra “s” mayúscula. Sistema. Pero no el del carro, Yol, el que nos rodea.

Ella lo miró viéndole los pezones y de inmediato se tapó el busto, no le gustaba que le viera el busto antes o después de tener sexo. Ella le respondió:

-El Sistema es un grupo de… o un conjunto de… armazón complejo de interacciones en el universo a nivel macro o micro, a nivel tú, a nivel yo, a nivel la galaxia o antes o después, y de esas interacciones la gente o tú o yo entendemos que hay reglas, Ramiro. O sea, un Big Bang, un sistema de leyes, o un Génesis, un sistema de acuerdos, también de leyes, unas de física, otras de religiones… Sí, debe haber un sistema, pero solo está ahí… nada que ver nosotros en él…

Ramiro la miró en sus curvas sinuosas, cubiertas por la sábana, adivinando su piel, su sentir, su aroma, lo agitado de las respiraciones tan solo unos minutos atrás.

-Yolanda, ya lo sé, pero quién lo hizo, ¿es artificial? ¿es espontáneo? ¿Es distinta a la mía, esa mi percepción de lo divino, insisto, distinta que la tuya?

Ella miró los espejos de arriba de la cama. Vio las siluetas juntas y las recordó entrelazadas sin saber de quien era aquellas piernas, espalda, demás.

-Ramiro, papito, mi realidad es diferente de la tuya. Tú eres receptor, emisor de mensajes, de percepciones y en alguna parte de ti se asimilan, y se registran, o al revés, se reciben, y se registran, se asimilan y de ahí actúas, de ahí respondes, tal vez de ahí razones.

Ramiro se concentró en sus labios carnosos deliciosos que estuvieron haciendo mil caricias y malicias en su propio cuerpo. Le respondió sin vacilar acariciándole el largo cabello negro:

-Estoy de acuerdo, Yolanda, pero entendamos que hay una misma realidad, y tú eres mujer y yo hombre. Y aquí se da un no sé qué… milagro, de que nos entendamos corporalmente, emocionalmente y todo lo que termine en “-mente”. ¿El Sistema lo permite?

-Ya lo vi, mi cielo y vaya que eres hombre, y vaya que soy mujer, ya lo viste… y sí, el Sistema no siempre debe ser negativo en sus interacciones…

La miré y sonreí.

-Presumes, Yol. Y presumes lo que es, somos dos seres que se complementan, tienes razón. Es el Sistema. Así está hecho. Sólo uno decide si es a favor o en contra de sus reglas o dinámicas o leyes o no sé. ¿Propiedades?

-¿Pero qué le discutes, Rami? No hay otra manera de ser, es nuestra manera de desarrollarnos en este planeta. O quizá es el universo. Es la manera de que los sexos produzcan más seres humanos, sí, se le agregó de manera extra por fuerzas extras al tema del placer el de la culpa y la moral y el pecado, pero esa es otra conversación…

-Estoy de acuerdo, eso es fuera del Sistema. Y a veces pienso que nunca entenderé nada. 

-Te conozco, eso te conflictúa, mi cielo…

-Mucho, a veces siento que estoy tan cerca de saberlo, de asimilar dentro de mí este asunto del Sistema. Sería sencillo de resolver en mi mente de que Dios puede que lo haya hecho, con todo lo de la creación, de que todo funciona así, el mar, los cielos, los pescaditos, los leones, las ovejas, los seres humanos y así mismo creo el Sistema de interacciones, pero también tengo mis dudas…

-Basta, Ramiro, a lo que te traje, mijo… Apaga la luz, ¿quieres? Cuéntame más como el sistema tuyo se integra perfectamente con el mío que ahora quiero que me derrames más de tus conocimientos y que me ilumines… mmm, profundamente mi cielo, con tu luz, tu gran  y generosa luz interior…

Ramiro ya no dijo nada, solo obedeció o creyó obedecer o su mismo cuerpo lo demostró a través de una clara señal apuntando a los cielos y a los universos, le dijo:

-Sí, lo que tú quieras, mi Yol...

Arriba, en otro plano, las entidades llamadas Dios y una de ellas, Sisifel, la encargada del Sistema, le dijo:

-Así es todos los días, señor…

-Déjalo, el Sistema lo envuelve lo suficiente, y ahorita, este amigo está ocupado. Al rato se le olvida. Ah, ¡ya deja de mirarlos, Sisifel! Déjalos en lo suyo… salgamos, tenemos problemas quánticos con las otras realidades.

-Es que señor, mira, este, de acuerdo… pero me dijiste que lo tuviera bajo observación por lo del Sistema.

Sisifel pensó: “Como tú sí los ves, Señor, porque estás en todas partes…”.

-¡Sisifel, sabes que sé lo que piensas tú y el universo entero al instante! Y lo del Sistema es importante, cualquier razonamiento u observación sobre el Sistema me ayudará a mí también entenderlo. Recuerda, nosotros los dioses sólo somos usuarios o huéspedes de él y han pasado todos los billones de años y seguimos averiguando su origen… y tú, perdiendo el tiempo…

Sisifel enrojeció:

-Perdón, señor. Es que… ya sé, ya sé… vamos a la Sala Quántica de Realidades Alternas…

Salieron no sin antes Sisifel, enrojeciendo, dio una última mirada y lleno de sorpresa de la última… maniobra que alcanzó a apreciar de reojo.

Abajo, en ese cuarto de hotel en la noche y con luces de neón cerca, Ramiro y Yolanda se encontraban nuevos placeres dentro del Sistema. 

De hecho, al parecer de Sisifel, la encargada del Sistema, sí, totalmente bueno. ///1223


1,222 En el cine me dormí, me olvidaron, desperté y todos y yo ya estábamos en blanco y gris.

NnCt 1222 de 1m440 películas y recuerdos que ya no sé cuáles eran míos y cuáles no lo son.



En el bar esperando a mis amigos, de esos nuevos lugares que tienen pods, tratando de olvidar el malentendido con Hilda por el cual estaba a punto de irme a Marte, pero bueno, tenía mis pendientes. Como siempre en mis atormentados recuerdos.

De pronto apareció esta chica que se parecía a Vicky, lo malo de tener 143 años y tener mis propios insertos de memoria era que, yo por estar en el rango de casi “no aconsejable” en eso de los injertos, era a veces una carga porque por tantos años deambular miraba cada lugar, cada calle, cada visión de la ciudad y me traía algún, o muchos, recuerdo malo, alguno bueno, demasiados pocos, alguno excelente (casi inexistente) y no, no podía vivir de recuerdos, era carga emocional, y por más terapia para aumentar mi Coeficiente de Frialdad y el de Indiferencia, no los podía poner a nivel, me involucraba a cada rato demasiado y me daban eternos conflictos sobre decisiones que pude haber tomado, desastrosas consecuencias, terribles efectos.

Por eso estaba en este bar oscuro como todos los bares, con música sin identificar que para mí era lo mejor. Ya no quería referencias. Mis amigos me reportaron que no iban a venir y me sentí harto. Me miré en el espejo y aún con todo lo hialurónico del agua que podía tomar veía la vejez en mis ojos y no que me quisiera tomar control de mi final de vida, pero no estaría mal si no fuera curioso y eso era lo que me salvaba de mi cansancio de vivir, mi curiosidad.

Y en el espejo que miraba ese mundo inverso, a lado de mí había mil desfiles de mis propias familias paternas y maternas y luego los amigos de las varias olas, las de joven, las de mayor, las de hipermayor y las de mi hialorujuventud, que, para ser verdad, no sabía cuánto me quedaba lo cual no era necesariamente malo, menos quería ver los pronósticos de cada órgano, de hecho no quería electricidad dentro de mí, aunque fuera la electricidad amplificada por células, de la sana y sin malas consecuencias. De pronto en cuanto llegaron las mujeres al espejo dejé de ver, todas eran un sufrir para mí, aun las que acabaron bien, porque las extraño y las que acabaron mal pues por eso, porque acabaron mal y muchas no debieron acabar mal.

Entré a una cabina-pod y de pronto estaba en Casablanca, en el bar de Rick viendo a Ilsa y a Sam hablando y por fin pudo Ilsa con vencer a Sam de que cantara Como pasa el tiempo. Pienso en las mujeres que de pronto vuelven como si nada hubiera pasado, ellas en control y eso no es justo. Le cambié de inmediato.

De pronto el Mago de Oz, cuando Dorothy mata a la bruja, se generó todo un rollo… pero no estaba de humor de ver a una jovencita que hablaba aniñada que también las tuve, que me generaban ansiedad.

Y ya vacío de todo y cansado de todo fue cuando vi que me quedaba una tarjeta para activar el último pod, se recomendaban que fueran pocos porque sino todo era una sobrecarga emocional y a cómo me sentía era demasiado.

Luego salí y me fui al pod de “Ocurrió una noche” con Clark Gable, quería quedarme por una sola vez en esa recámara, con Claudette Colbert, la rica y bella heredera renegada que huye y se encuentra sin saber, con un periodista que le miente, Gable, por supuesto, porque la buscaba precisamente. Me sonreí de todas las cosas que aparecieron en la película, era el año 1934, en plena depresión en los Estados Unidos y fue cuando tomé la decisión de comprar el paquete entero.

Así fue cómo entré dentro de la película y opté por las cuatro horas de profundo cinecoma en el cual el usuario entra en la trama y participa dentro de alguna manera convocado rutinas de realidad aumentada con redes hápticas y no sé qué menjurjes más. Me miré en blanco y negro. Era raro, pero interesante para un alma muy hastiada y más conflictuada como la mía.

De pronto estaba arriba en el autobús en un asiento en el pasillo y ahí entraba ella, Claudette y Clark estaba hasta atrás esperándola según el argumento y en eso como alteré la línea del mismo, yo le ofrecí a Claudette que se quedara en mi asiento, así dio inicio a esta aventura… que no duró más que diez minutos en mi tiempo real.

Lo que no sabía era que el cartucho de esta película estaba corrompido y me quedé en la escena de que ella se fue en otro vehículo, escena alterada, de que estoy en la estación de autobuses y que nadie puede salir de aquí y ya llevamos horas o días o años y ya no puedo salir de ella hasta que lo reparen y me desvinculen. Son los mismos personajes, lo malo es que todas las actores y actrices están borradas las caras, no sé si por los datos corrompidos y ni se les entiende nada. No sé si fastidiarme o quedarme así.

Al menos mientras haya energía o manera de salvar el episodio, nada me faltará, eso creo. Sólo espero que si me encuentran mi cuerpo y me desvinculen lo hagan con cuidado y no piensen que tuve un desmayo o ataque. Sólo espero eso. Que me desvinculen bien. Al menos con las caras borradas nadie me recuerda nada ni que me atormente nadie. No está tan mal. De hecho ojalá que esta pausa dure un poco más. Ojalá. ///1222


0351 Ser agente secreto. Inventé un pasado. Inventé mi novia. Pero murió. La lloré mucho. ///

NnCT 0351 de 1m440 sellos postales que compramos pero que jamás enviamos porque nadie está de aquél lado o al menos de eso tenemos la sospecha… ///





Ya que todo terminó y de cuando estás convencido de que irían tras de ti y tienes que aferrarte rápido a lo dicho. Estar en una prisión parque pantano de castigo, cortando hierba interminable, picando piedra interminable en la maleza de clima cálido y tórrido lleno de humedad y te interrogan y sabes que puede que te castiguen y te torturen si te presentas débil con ellos y eso es lo que deseas evitar y para ello desde el principio inventas una vida de aventura y familia y así en los primeros años inventé a Angélica que era maestra, piel blanca delgada pelo chino negro, con pómulos lindos y apariencia de princesa y reina y le gustaban las danzas folklóricas y con la idea de que un día saldría de aquí, el tiempo pasó y tenía todo listo para inventarles mi creación y con el tiempo Angélica se convirtió en una realidad para mí y lo digo con conciencia de aceptarlo, por supuesto que era inventada pero de alguna manera, por mi necesidad, mi inventó creció y creció y ya no supe cómo detenerlo. Cada ocasión le fui inventando la casa, los detalles, su dolor de extrañarme, su tema de que decidió dejarme, era necesario, me pesaba hablar de ella, la había idealizado mucho, su tema de que la casa le fue quitada, y ella aguantando todo sola, el tema de que se casó con la otra persona, y no supe cuándo pero supe de toda la felicidad que encontró con esa persona que era contador y vivía feliz y que ascendió cada vez más en la sociedad, su sueño de toda la vida y yo estaba cortando maleza y árboles bajo el clima cálido, calor tórrido lleno de humedad y las ampollas y las víboras y las arañas sin fin y jamás acabábamos y luego los hijos de Angélica, mejores escuelas, y que a uno de ellos le puso mi nombre y al saberlo me puso tan orgulloso de que no me había olvidado y a la niña le puso Angeliquita y sí, ya sé, como supe todo eso, no lo sé, seguía recibiendo cartas de ella, pero de aquél lado no había nadie, me entiendes, yo la inventé toda, y después Angélica me dijo que siguió viajando y de pronto se encontró con una persona que era como yo, es más, era casi yo, yo en la confusión sin entender nada y sí, tuvo una aventura, no sé por qué pero ella fue feliz y yo me enteraba de todo, no sólo me dejó a mí, dejó al esposo yo sorprendido porque ella no era así y sus hijos crecieron y ella se hizo abuela y de pronto era feliz con su nuevo trabajo y su nueva pareja con la que iba al cine, y yo en la maleza con el azadón y el pico y las millones de telarañas cada vez más. Y todo lo veía verde y mis  huesos y mi alma y mi ser ya no aguantaban  y cada tanto tiempo la carta siguiente aparecía, me intrigaba que seguía en la vida de Angélica, me contaba su rutina en el gimnasio, me contaba de sus exámenes de salud porque siempre fue muy delgada y su piel era casi transparente y le detectaron un problema de hígado, de pronto supe que se había quedado viuda de su pareja y de pronto volvió con el esposo que la perdonó y que ahora ya se pusieron a viajar y a cuidar a los nietos y yo no entendía nada, pero así supe de la muerte de su padre en un accidente, de su madre, de cómo se peleaba ella con los hermanos por la gran herencia y de cómo batallaba con los inquilinos de una casa que tenía rentada con todo y muebles y con el tiempo me enteré que ella, ella, siempre en mi cumpleaños me recordaba y me compraba un pastel alemán en mi nombre y se lo comía sola despacio en el comedor todo blanco y pensaba en los momentos cálidos tórridos llenos de humedad en qué estuvimos solos en su casa, cuando comenzábamos a ser pareja y cómo comenzábamos a besarnos de pronto y nada nos interrumpía y nos desvestíamos a la luz del sol que pasaba por el bello vitral y que solo se escuchaba el sonido de los gemidos atrevidos y el minisplit además del ladrido allá a lo lejos para luego yo secarla con la toalla en la regadera cuando nos bañábamos juntos y cómo nos despedíamos y sentía como el sol y la gente y los automovilistas me veían salir de su colonia mirándome con sospecha de tanta felicidad que irradiaba pero sabía que todo eso no importaba y que solo me importaba revivir sus gemidos y el minisplit y el perro ladrando…

Mientras la maleza seguía creciendo en ese calor tórrido de clima cálido y lleno de humedad y la piedra seguía siendo picada, levantada, cargada cada vez más pesadas llenas de arañas mil y todo eso de Angélica, me costaba tanto aceptar que yo lo había inventado y nunca supe que pasó con las cartas, la última la acabo de leer hoy y es de Angeliquita contándome de la muerte de su dulce madre que expiró con mi nombre en sus labios… Y me puse a llorar de tristeza y de qué ahora sí, ya nadie me escribiría y que lo único que me reconfortaba era el saber que si yo moría, y que ojalá fuera pronto la estaría acompañando allá en los cielos, sí, para siempre juntos en la eternidad de climas no tan cálidos, no tan tórridos y de una manera mágica, sí llenos de humedad… ///0351