Aquí están mis cuentos en serie, principalmente...
Todos los textos de aquí son mis creaciones y tengo los derechos reservados...
Mis videos de Youtube en https://www.youtube.com/@LuisG2099
y en Tiktok soy @luisgtok.
Así que, pasen un buen día!
En este lugar no se usa IA para crear los textos, todos son originales.
Era la prepa, Humberto y me gustaba la Ofelia y ya sabes, todos andaban con el tema del rock, había quienes les gustaba Electric Light, como al Emilio, ¿te imaginas? Hello, How are you?, a otras les gustaba Sharing the Night Together de Dr. Hook, la baladita, pero no sabían lo que decía, las amigas.
Y entonces caminando por Reforma, en los mil puestos de mil revistas y mil libros usados, me tropecé con un libro negro. Y tú bien sabes, Humberto, qué ocurre cuando ves libros negros en donde nunca hay libros negros.
Sí, Humberto, por supuesto, este libro de negro era de magia y pues, cuando estás en prepa, desesperado, por un amor no correspondido, ¿qué haces?, no, Humberto, el ejercicio y el agua fría en la regadera no resuelven nada, solo lo posponen, y no siempre se puede vivir de ejercicio ni de regaderazos de agua fría, no soy el camarada Daniel, el muy santo, ya te conté.
Y el libro negro parecía seguro, no tenías que matar animales, que ya sabes que mis experiencias extremas en la secundaria con los conejos en Biología, ni me recuerdes, o la de mis ocho años lo de los cabritos en el jardín de la casa de la abuela, para que eso sí, comiéramos un delicioso cabrito en salsa, el mismo con el que habíamos jugado horas antes.
Ofelia era maravillosa, Humberto, es maravillosa. Era reina, era princesa, era duquesa, era realeza, no, no porque fuera millonaria, Humberto, a esa edad no somos interesados, a los 22 pues ya empieza el virus maldito del interés por el dinero, pero a los 15, vivimos la ilusión, no sabía que era heredera. Y ya, total, atrás de la casa de Urquijo, ¿recuerdas? había un solar, donde a ladito filmaron un cortometraje, y donde una vez nos encontramos intactas las Penthouse. Y ese fue mi error.
El libro negro lo llevé con la Penthouse, porque pensé que me daba madurez, ambas cosas, porque en su portada salía una chica hermosísima vestida de negro, teta descubierta, que no, no me imaginé a Ofelia en ese momento o esa escena a lado de unos tigres y leones. Y llevé los espejos, llevé el carbón, para prenderlo, pero no quería crear un incendio.
El caso, Humberto, es que seguí las instrucciones, y pues, el libro negro, te digo, garantizado, siempre que desees hacer brujería, consigue un libro negro y por eso tuve éxito, todo se oscureció, escuché metal con metal, escuche sonido de aves, sonido de maleza y fue cuando me pregunté si la maleza hacía ruido, no me imaginé y fue cuando vi, del otro lado, que era, ya sabes, el típico portal entre dimensiones y ahí estaba quemándose el libro negro, alcancé a agarrar el refresco y se lo vacié, pero a la imagen en el espejo. Y el libro real al parecer se quemó la mitad y ahora solo hay medio portal, nada más. Sí, la mitad o menos y por ahí no quepo.
Sí, estoy sufriendo, pero al menos no me da hambre, Humberto, y supongo que un día ya sabré cómo salir de aquí, y una parte de todo fue cuando aprendí a salir de este ambiente de muchos humos y espejos, que no puedo describir, pero que son como ventanas, y de cierta manera concentrándome regreso a nuestro ambiente, Humberto y puedo descansar por un rato de la tensión de ese lugar.
Y así es esto, Humberto, que te estoy mirando dormido, carnal, que toda esta conversación la he imaginado, porque, te lo dije, el libro se me quemó por culpa de la parte de humo y espejos, que también cómo te dije, cuando creía que el que se estaba quemando le eché agua y fue a la imagen, pues, es la razón, creo, que es por la que no he salido. No hay funcionalidad todavía.
Y sí, he visto a la chica de la revista, y sí, he estado con ella algunos minutos, no he hablado de conversación normal, me faltó más inglés con el profesor Benavides y el Vicky, no lo entiendo bien y pues ni tiempo tengo de concentrarme porque de inmediato se sueltan los leones y los tigres y tengo que correr.
Que, por cierto, Humberto, ya vienen, ya me encontraron, luego te vuelvo a visitar. En mala hora me encontré con el maldito libro negro. Ni hablar. //1259
NnCt 1258 de 1,440 estrellas que cuento dentro de tus ojos cada vez que los miro y que me transportan a otro momento, a otra época en la que podíamos decidir de quién queríamos ser.//
MICRORRELATO 1258 EL DEL QUE VA HECHO BALA HACIA LA GRAN MANCHA
Rosy, yo no quería ir a Júpiter. Me enrolaron, como a muchos. Era necesario que alguien fuera, lo de la paga era excelente, lo de los extras, también, pero sí, Júpiter es demasiado grande. No sé por qué querían que fuéramos. Pero aquí ando, yo, el de Río Bravo, Tamaulipas, ¿qué te parece? Nadie hubiera apostado por mí. De entre tantos millones. De entre tantos miles, de entre tantas personas, yo.
No, nunca fui suicida de closet. Sí, Rosy, sabemos eso de que la vida es una enfermedad de la que la muerte es sabia y viene a curarte, eso sí, cuando le da la gana.
¿Me encontrará la Muerte aquí en el espacio? ¿O el fantasma de mi papá? ¿Sabrá que estoy en el espacio? Sí, la estoy considerando, lo de no regresar, no me lo había planteado. Supongo que la rutina diaria te mantiene sin pensar, solo actuar con el cien por ciento de las atenciones en eso. Es sano, es ¿cómo decían? De mentalidad sana, temas de higiene mental.
Recuerdo que me terminaste, Rosy, porque era demasiada carga emocional para ti.
Eran muchas nuestras peleas, nuestros ajustes interminables, me decías. Y yo, te aguanté cada cosa. No, no me contestes, no desperdiciemos tiempo, puede ser que me quede diez minutos o diez días, pero luego vemos, ¿no?
Esos ajustes interminables de dos personas que deciden estar juntas, no sé por qué quien lo decide, esa lotería emocional, de la que siempre bromeábamos de cómo vinimos a llegar a estar juntos, tú de Zaragoza, España, yo de Río Bravo y que nos vimos casualmente en un congreso en Ciudad de México y no sabías que pedir en el restaurant y tu amiga no llegaba. Te das cuenta, fue tu amiga la causante indirecta que tú y yo estuviéramos juntos, que tú y yo estudiáramos los nuevos programas, que tú y yo luego nos separáramos, que tú y yo luego nos peleáramos, que tú te regresaras a España y yo me metiera al pool disponible para que un día me llamaran, si fuera posible, si fuera un sueño al programa espacial en su primera expedición a Júpiter.
Sí, tu amiga, ¿cómo se llamaba? Nahíme, sí, Nahíme, de la que nunca supe nada de ella, jamás. Pues sí, Nahíme, maldita seas, todo lo que hiciste al no ir con Rosy cuando ella más te necesitaba, ¿o fue la suerte, Rosy? ¿O algún mecanismo del Destino del que todavía no sabemos nada?
La que decidió a Nahíme que no viniera contigo, ¿nunca pensaste qué le ocurrió? Me dijiste que la acababas de conocer, ¿verdad? Y lo que te quería decir, Rosy, es que en la soledad de todo esto, cayendo al abismo de Júpiter, ¿no sería que algo plantó a Nahíme?
Que alguien la puso ahí para que tú y yo nos juntáramos y luego ya no nos juntáramos y que ahora estoy a horas o días de deslizarme en esta negra noche, todo porque salió de un impulso de nuestro fracaso? No, no ando de conspirador, pero es que estas largas noches con final, te hacen pensar tanto, Rosy, en esa larga mano del Destino. Y tú sabes que el nombre de Nahíme es más que raro. Y con tanto tiempo libre, pues investigué.
Nunca ha existido ninguna Nahíme. Eso me hace pensar que todo fue falso. Que tú llegaste de la nada y me manipulaste y me hiciste que estuviera contigo y de milagro salí seleccionado en todo esto, ¿por qué?, por mis atributos de los que pienso que son normales?
¿La Gran Rifa? ¿El Gran Sorteo? Nunca lo sabré, y que todo resultó en que estoy a pocas horas de llegar a Júpiter. No sé para qué tampoco. Algo de un esquema de las cosas. No había otras maneras. Sí, guardas silencio, como siempre desde que nos separamos. Fue planeado. Tal vez nunca exististe. Triste es no saber por qué vas a morir. Pero ya, olvidaré todo.
Incluso a ti, Rosy. Disfrutaré la vista. Espero que la Gran Mancha Roja sea magnífica. Porque, por alguna extraña razón, vamos para allá.
¿Parte del plan? No lo sabré jamás tampoco. Me despido, Rosy. Me despido, lo que seas. Me despido, Destino, entidad, organización, esencia, indefinidad, aleatoriedad.
MICRORRELATO 1257 EL DEL MUTANTE, SU AMIGO, SUS COVID Y SU TREMENDA INFINITA SOLEDAD
Se ha escrito, mucho, Humberto, de lo que ocurrió después que salió al aire, literal, lo de las cepas de COVID-25, bueno, se ha escrito mucho el lapso en los que escribían mucho pudieron escribir mucho pero cada una de esas plumas o celulares o máquinas de escribir antiguas en donde escribieran se fueron acabando una a una y ya no escribieron más… y tú bien sabes que no me gusta hablar de los horrores de la muerte sin fin, de los espantos de las noches angustiantes, de los instantes terribles de rememoración de aquellas noches de agonía, los gritos eternos pidiendo ayuda, ayuda que nunca llegó porque los que podían ayudar estaban por las mismas con sus propios sufrimientos, y por eso menciono lo de mis limitantes piadosos de mi pobre imaginación de la que ya no tengo palabras que agregar y por eso ya no seguiré con descripciones que afortunadamente me acotan explicar mis recuerdos y así terminan pronto con mi circular sufrir y sufrir como molino de piedra al que le doy vueltas o vueltas bajo un sol lacerante o como carrusel macabro en donde todos los muertos siguen en sus monturas o carruajes de madera con esa música de organillo espantosa que dan vueltas y vueltas y todos me miran con recriminación porque yo sí estoy vivo y ellos no y sí, regreso al tema, disculpa. Me dejo llevar.
Y Humberto, sí te hice caso, me metí a lo del alcohol, afortunadamente hay mucho que quedó por ahí sin consumir y ahora vivo despierto, y confío en seguir despertando, mirando al futuro, al que merecemos y del que se ve grande, es limpio, está lleno de sonidos de la naturaleza, está lleno de esperanzas, ahora que estás tú y esos otros tres que al igual que tú, escuché en el radio aquella vez, y ¿sabes, Humberto?, el que las cepas estas nuevas de COVID que se fueron descubriendo nos hicieron cada vez menos, no por eso el optimismo debe de cambiar, no por eso debemos censurarnos al recordar que la naturaleza se autocorrige.
La naturaleza no es buena o mala, en el espacio nadie escuchará tus gritos decían de aquella película, acá tampoco nadie escuchará tus gritos o tus oraciones o tus maldiciones. Mira, nadie se imaginaba, Humberto, que el ser humano aparecería, por decir un trilobite del Cretácico, no, no puedo consultar en ninguna parte si el dato anterior es correcto y ya no hay nadie que le importaría si me equivocara o no, y eso es bueno, y bien, decía que nadie se imaginaba, ese trilobite feo, de un metro y medio de largo, o bueno, tal vez sí, sí, si hubiera escrito literatura de anticipación, de acuerdo, y si nos vamos al otro extremo de la Historia, muchos se imaginaban que sí desaparecería, envuelto en llamas, pero entre todo, al Universo, Humberto, le importábamos un comino a nadie en particular. Insisto que si hay seres en otras partes del mismo, o existieron o existirán y si existen en este instante, no sabemos si son buenas personas o malas, lo que sí, es que están con sus problemas en estos momentos y sus necesidades más urgentes.
Digo, el planeta sigue bien, solo con cinco entidades, sí, entidades, Humberto, no somos humanos, ya no sé lo que somos y no me quiero describir, he roto cada espejo a mi alrededor porque prefiero, eso sí, quedarme con la memoria de lo que era, pero estoy extendiéndome, lo que te quiero decir, Humberto, es que el planeta existirá mientras haya alguien que lo piense, como decían acerca de los dioses de antaño, lo de que mientras alguien les rece, esos dioses, el que sea, el del maíz, el del escarabajo, el del gato, existirán para su beneplácito.
Sí, Humberto, sí, sé que tienes cosas qué hacer, también yo. Sí, Humberto, hablamos luego, voy a desayunar también. Feliz día, Humberto, nos vemos.///1257
NnCt 1256 de las 1,440 posibilidades de que podamos ser cyborg sin que la señora de a lado nos denuncie al SAT porque se comunicaría a IMSS Bienestar y nos aumentaría la cuota patronal y eso no es correcto, y como finalmente nos quedó la enseñanza de Amy Winehouse: “no, no, no”.///
MICROCUENTO 1256 EL DEL BRAZO INTELIGENTE QUE COMPRÉ EN STEREN SUS MODULITOS Y AHORA ME PREOCUPA UN BUEN
Un brazo a la que le puse unas rutinas de inteligencia artificial. Al principio me ayudaba, ahora se está recreando. Está creándose un cuerpo. Sin permiso, sin que me haya preguntado si quería o no. Yo soy su creador, te lo dije, Humberto, que estas cosas adquirirían independencia e insolencia, con el tiempo. No, no me preocupa la insolencia, me preocupa la indiferencia, me preocupa que en una de esas se olvide de su creador. ¿Frankenstein, Humberto?
Yo jamás lo he leído, lo estuve buscando en Gandhi, pero no lo encontré. Bueno, en los libreros, ah, ¿te refieres al cliché de que la cosa creada, perdón, el objeto creado, al que le pusimos conciencia propia, se vuelva contra su creador? Todo es posible, no, las leyes de Asimov, pues, si no se implementan bien son solo buenos deseos, sí, es que lo Positrónico todavía no se inventa como tal, apenas están en eso de la IA, definiendo alcances, bondades, consecuencias. Pero volviendo a mi brazo artificial, ¿qué te digo? Si tengo miedo a que me ahorque de noche mientras no vea? Mientras esté dormido? Todo puede pasar, yo por eso prendo la luz de noche, y el detector de movimientos selectivo y le pongo seguro, y sí, todo se comunica a través de los Módulos de IA que compré en Steren, sí, son más baratitos, pero no, no tengo miedo que se comuniquen en eso que le están llamando la IAsfera, la que se está creando entre ellos para que se comuniquen, se den cuenta de su entorno y ellos filosofen a una velocidad que no comprendemos.
No, no creo que vayan a crear su sindicato, mira, no quiero cambiar de tema, Humberto, pero sí, lo del brazo me preocupa, que repte y eso y empiece a crear los planos de su cuerpo y luego de su cabeza, lo siento así con todas las ganas. No, lo de la energía le va a durar. Ya, si no me vas a ayudar, si me vas a poner nervioso, pues… ya no me ayudes. Ya veré que hago con este brazo.
Sí, lo debí desconectar cuando podía, con su seguro AntiMonstruoFrankenstein. Pero ¿qué podía hacer?, compré el disco duro de 2TB Adata que tanto necesitaba. Ya sé, ya no me digas. Sí, cerraré bien la puerta. Mañana será otro día. Sí, te hablo. Sí, espero. No, no me da miedo. El brazo se pone a hacer sus cosas. Sí, así es, sus cosas de él. Pero no lo olvides y sin moraleja, yo lo cree y eso pesa, ¿ok? Eso pesa.//1256
NnCt 1255 de 1,440 partículas de corazón partido, que por eso quedaron las partículas porque el corazón se partió en mil, cuatrocientas, etcétera. /// 1255
CUENTO CORTO 1255 EL DE LA BRUJA CON VOZ SABOR A MIEL
No creía en brujas, pero por si acaso… llevaba ajos. Y loción, mucha loción, porque no me quería encontrar con chicas hermosas que huelan mi piel a ajo. Debo poner distancia. Eso me indicaron mis mayores en estos terrenos que se los chupó la bruja. No sé cómo fue que se los chupó, pero más valía no preguntar.
Y ella, ella sí era una bruja. Se dedicaba a alimentar gatos en sus ratos libres por gusto y vocación porque dentro de ella había un tema acerca del trato digno y respetuoso de las almas gatunas en su estancia en la tierra camino a la siguiente estación, y por eso no me dejaba que me le acercara, decía que a nadie le gustaba estar cerca de personas que estaban, a su vez, tan cerca de los gatos. Nunca tuve oportunidad de enterarme si había una razón real de percepción o de sensación.
Cuando pude hablar con ella, Café Galindo de por medio, mañana soleada que me permitió darme cuenta de la piel alabastrina de ella, me contó algo, pero fue como solo saber de la marca, el peso, la longitud, el color, la sensación y la temperatura de una caja fuerte, no supe nada de lo que había dentro.
Le tuve que preguntar qué tenía que ver todo eso con la brujería, que yo había escuchado que había magia blanca. Y que ella me parecía que proyectaba magia blanca.
“Esa es una canción”, me dijo. “Me recuerda una canción”, lo repitió, risueña de tal modo que me desarmó su risa. Era melódica, hipnótica, suave, sabor a miel. Y en eso se me vino a la mente, pero es una bruja, tienes que recordarlo. Así lo hice. Una y otra vez, ah, su voz. Melódica, hipnótica, suave, sabor a miel.
“Pero es una canción bonita, de los Carreón”, me lo recalcó. Qué maravilla que supiera, nadie se sabe un dato así.
Magia blanca tú tienes…
Me atreví a preguntarle, total, era luz del día, era un café, estaba iluminado, era la primavera, el sol azul afuera, el cielo amarillo esplendoroso, perdón, el sol amarillo afuera, el cielo azul esplendoroso. ¿Qué puedes temer? Aunque me quedé pensando, ¿de qué color vi al sol?
Me miró con paciencia infinita. Suspiró mas no expiró. Con la sabiduría de las montañas que tienen mil veces la edad de las pirámides a las que Napoleón les calculó sus años hará unos doscientos y pico. Miró hacia su café marca Galindo y su pan delicioso mientras tarareaba una cancioncita rara de manera melódica, hipnótica, suave, sabor a miel.
“No te voy a decir. Y ya son demasiadas preguntas.”
Las velas iluminaban con vetas de luz como si fueran reflejo de alberca, su cara, cara afilada, hermosa, que hacía dudar que fuera bruja tal como portada de libro.
Pero… ¿por qué había velas si afuera había un sol…? Un sol que… no, ya no estaba, solo se veía la negra noche que extendió su manto muy José Alfredo. Pero eso no podía ser.
Me la decidí jugar.
“Sí, lo eres…”
“De acuerdo, ándale, sí, sí lo soy… ¿y ahora qué?”
Su voz ya no era melódica, ni era hipnótica, ni suave, ni con sabor a miel. Era lo mismo, pero en negativo.
Continuó:
“Soy bruja de dos etapas, una, la de la mamá de Blanca Nieves, la belleza que sé que me miras y deseas recorrer con tus dedos de maneras prohibidas por la Ley de Imprenta, mi rey, pero en ocasiones me vence la arrogancia, soy inhumana y me vuelvo del otro tipo de bruja, la que va a ir por ella, Blancanieves, a matarla con la manzana, lo cual es algo como improductivo y riesgoso.”
Hizo un silencio. Afuera empezó a llover y a escucharse aullidos.
“Eso es un cliché”, dije mirando alrededor.
“¿Qué cosa? ¿Lo que dije? ¿Los aullidos? Llámale ambientación.”
“Eso es muy tonto.” A veces tengo una terquedad de asombro. Una necedad de tipo deporte extremo.
Pareció enfadarse, todo lo bonito, hermoso, se le fue, la sentí incluso de color negro piedra pómez chapopote obscuro de obsidiana.
“Tú eres o tienes, Corazón de Piedra. Canción de la esposa de Diego Verdaguer.”
Me miró con ojos fríos de piedra de corazón. O al revés, cuando andas angustiado se te olvidan las palabras.
“Ya con eso me perdiste. Me llamaste tonta, no me queda mas que… eso, primero, endurecer mi corazón, y después… endurecer TU corazón”.
Y agregó muy enfadada, “¡ADEMÁS, ESA ES DE LUCÍA MENDEZ Y LA ESPOSA DE DIEGO VERDAGUER ES AMANDA MIGUEL!”
Sé que eso fue lo peor. Hay un algo de Amanda Miguel y de Lupita D’Alessio en todas las mujeres. No le hice caso.
“¡Pelearé contigo!”, le grité. A veces la vida necesita melodrama.
Ni me miró. Se veía las uñas perfectas.
“Ya demasiado tarde. Serás un separador. Te guardaré en un libro de Coelho.”
Me sentí agotado de pronto. Cansado, sin energía. ¿Cómo es que me convirtió en un separador?
La escuché decir:
“Primero, no sabías, mi ventaja estratégica, te leo el pensamiento, y respecto al separador, soy bruja y solo hice una versión de ti, plana, pequeña, inanimada, bueno, sí, mejor animada, ahí dentro solo está tu ánima, para que puedas estar entre las páginas sin maltratar al libro, porque nunca se maltrata a un libro. Dos. Sólo te puedo decir que algún día volveré a este café. Quizá te perdone, quizá no. Leve esperanza. Mi parte buena de bruja. A ver, a ver, ahora, ¿en qué libro te pondré?”
Estuvo viendo varios ahí en los libreros del Café Galindo. De pronto se escuchó su voz más fuerte que el trueno. Bueno, no tanto, acepto.
“¡Ah, este es un clásico, alguien te encontrará y tal vez la suerte, jamás te vuelva a ver!”
Y eso hizo. Estoy en El Alquimista. De Coelho. ¿Hay de otro?
Se fue. Punto. Se fue. No sé si pagó. Ah, ya recordé, pagas al pedir. Y… yo pagué. El café y el pan.
Pero un día regresará. Le caí bien. Sé que le caí bien. Solo espero que no haya muchos lectores de Coelho. Rezo por ello. Rezo mucho por ello. No quiero caerme del libro ni que me lleve alguna lectora de Coelho a su casa. Temería lo peor.
Afuera está de nuevo el sol amarillo, el cielo azul y la voz, ah, su voz, la recuerdo algo, los buenos momentos, cuando era melódica, hipnótica, suave, sabor a miel. ¡Qué tiempos! ///1255
NnCt 1254 de 1,440 partículas de polvo que cayendo en mis ojos me hacen llorar porque soy una persona sensible que tiene un gran corazón, al menos en etapa conceptual. ///
CUENTO CORTÍSIMO 1254 EL DE UNA VISITA CORTA, MUY CORTA, AL PLANETA CHAPOPOTE.
Desierto árido, piedras, lomas, cerros, rocas, arena. Viento. Esto ya lo habían visto en las películas. El desierto árido era lo mismo de siempre en todos los planetas conocidos. La misma definición, ¿o se quiere la de un pantano? ¿O se quiere o requiere la de un océano que despida metano? ¿O regresamos a la del desierto?
Al menos aquí el aire era respirable. Seco, pero respirable y con la presencia de material como asbesto lo cual obliga a usar máscaras.
Ya todo estaba seco y sí, habíamos escuchado de esa leyenda, cuando los comités se lanzaron contra los exoplanetas y quisieron terraformarlos. La libre empresa dijeron unos, la necesidad de área vital dijeron otros. El pueblo lo pidió, por eso votaron por nosotros dijeron los extremistas de más allá.
Lo recuerdo, lo leí de uno de los legisladores que incluso dijo que él no había votado, que eran órdenes muy brutales, que se saltaba la parte arborícola, que era parte verde.
Se decidían rápido por temas de votantes. Todo lo que les diera votos o al menos crédito como visionarios. Eso de los votos son iguales todos siempre fue demasiado tomado al pie de la letra.
Nos bajamos a examinar las maquinarias, había grandes parches de tierra y otras de asfalto. Yo no quería bajar. No con riesgos que caminas y están hable y hable para ocultar su ignorancia.
-Las máquinas que hacían máquinas -dijo Vines-. ¿No era eso algo de lo que no se quería hacer? ¿Qué iban a ser imparable? Si no fuera por la autoguarda de contar con el seguro de la energía implacable. Se les corta la energía y listo. Se detendrían. Perdón, se detendrán. Benditos algoritmos. Nada seríamos sin ellos, no pudiéramos viajar por los exoplanetas sin los benditos algoritmos.
Me acerqué un poco al monstruo negro al cual no se le veía detalle maquinal, por mí podría ser una piedra negra de chapopote del espacio sideral a punto de comernos.
Me estremecí.
-No te les acerques demasiado, Rojo, no sabemos por qué están paradas, en teoría ni deberíamos bajar a verlas. Hay protocolos de seguridad, hay reglamentos, Rojo, que siempre desprecias.
-Pero el de la bajada lo decidiste tú, Vines.
-Bueno, está lo de las fotos a lado. Es una buena manera de demostrar tu trabajo. Tu amor por la patria. El amor al riesgo por la patria es la patria.
No pasa nada cuando pones atención y hoy no estoy poniendo atención a ignorantes. Eso me pasa por dejar integrar tripulaciones con amigos ineptos. No quiero amigos honestos, los quiero aptos, es más nunca quiero amigos, y aquí solo soy yo el apto, mala la cosa.
En eso Vines por andar hablando estupideces y manejar la cámara para su selfie pisó algo, se escuchó click y nunca supe con claridad que fue lo que pisó. O si en realidad encendió un control palanca o botón o si cruzó un umbral fotoeléctrico por culpa de su curiosidad, de hecho nunca vimos el manual de la cosa maquinovaposoleléctricadelinfierno, nunca nos lo pasaron, al parecer estaba resguardado cinco años por temas de seguridad nacional.
Las inmensas maquinarias se pusieron a funcionar ensordecedoramente, las oleadas de calor fueron inmediatas y la temperatura del material negro empezó a arder y por algo esas fábricas funcionaban sin humanos. Eran un riesgo mortal y siempre serían eso, un riesgo mortal. Pero el humano, mortal como es, es desechable a largo plazo porque a largo plazo todos ya estamos muertos.
Vines no duró más que un segundo, pero aún derretido seguí escuchando sus gritos.
El problema es que él por su jerarquía guardaba la llave de la nave necesaria para encender en su bolsa y esa creo que está abajo del asfalto recalentadito, lista para ser moldeada, si es que existe como tal.
Además, las fábricas de carros no tardarían en aparecer.
Me subí con prisa y sin prisa al mismo tiempo. Ya nada evitaría lo inevitable.
Nada como escuchar tu sesión final de jazz. Vinito. Video de un striptease.
Nada más espero unos cinco minutos más para empezar mi última sesión de relajación.
NnCt 1253 de las 1,440 pantallas todas viendo hacia alguna parte, pero todos me miran a mí y no sé por qué, no soy Truman, ¿o sí? La persona a la que todos van a ver qué hago, qué muevo, si a la izquierda o a la derecha. Si al centro. ///
NnCt 1252 de los Mandamientos de la existencia, la tuya, la mía, la de todos, en la Nube, de 1,440 condiciones para que sigamos vivos por toda la eternidad. ///
CUENTO CORTO 1252 EL DE LO QUE QUIERO ES CAERME DE LA NUBE EN QUE ANDO
Sí, Evelia, yo también lo noté. Sí, eso es lo que descargan, toda tu esencia, todos tus recuerdos hasta el momento de la descarga. Es algo enfadoso, no sabes lo que está pasando ahora en todas partes, no lees los periódicos, solo estás. No sé con qué motivo a alguien le interesa descargarte en la Nube, quiero decir, sucede más bien un desdoblamiento, Evelia.
La persona a la que se le bajó o más bien, se le hizo un “download” ella sigue muy contenta, despreocupada, pues continua percibiendo cosas, sintiendo cosas, sigue interpretando su presente, recordando su pasado, es más, sigue reinterpretando su pasado, Evelia. Claro, lo que yo recuerdo de este tema de la Nube es que… todo está bien mientras esté la luz pagada, porque ocurre que una vez leí, sí, yo, el que está en la Nube descargado es un yo de la persona, en este caso soy Humberto, o sea, reitero, enfatizo, yo soy Humberto, aunque no sé si sea el indicado para ser el encargado de pleitos y cobranzas, como dicen que son los poderes notariales o algo así, y nada, que a mí me agrada lo de pleitos y cobranzas, sí, a mí me gusta el pleito, el buen pleito, por supuesto. ¿El mal pleito a quién le gusta? Solo a un masoquista…
Sí Evelia, hay muchos masoquistas… lo que debemos procurar es que el que el hilo no se rompa por lo más delgado. No se debe romper ese hilo de electricidad, luz, corriente, poder, energía, lo que hace que todos vivamos en esos servidores enfriados con agua del Polo Norte porque lo que queremos es existir, porque nos lo merecemos más que otros, hemos hecho tanto por esta tierra. Nos lo merecemos. Esa es la idea. Me lo merezco y hay gente que… ¿lo ves? No tiene para la luz. No se lo merece. Nosotros sí, la élite. Los que dominamos al mundo. Los que nacemos con la marca correcta. No, nada nos deten…
Evelia, ¿estás ahí? Al parecer algún gracioso hizo pruebas. Esto de la Nube no me gusta mucho, solo recuerdo que a mi yo, o sea, a Humberto se le había metido… de acuerdo, se me había metido la onda de ser Testigo de la Nube, un como derivado de esa religión que quiere guardar dentro a 144,000 personas que si te fijas, me suena el número, en alguna parte lo he de haber visto, el punto es que si llega la hecatombe, pues ya estamos salvados, Evelia. Pero, ok, entiendo. ¿De qué estamos salvados, dices? Lo primero que se me ocurre, es de la muerte.
De la muerte nadie se escapa, es muy probable, que con el estado de las cosas, a Humberto, mi Humberto, el original, el que descargó su consciencia, bueno, no sé si soy consciencia, pero sí su esencia, le queden no sé, 20 años de vida, Evelia. Son un buen de años, pero después ¿qué sigue, más que la misma muerte?, la nada, la no existencia, si te va bien, el cielo, pero dudo que haya cosas buenas en el cielo, no me imagino que pueda ver que no te llegue el aburrimiento.
Evelia, de hecho, me estoy aburriendo, no habría manera que tú me puedas buscar a una amiga a la que yo recuerde que era testigo de la Nube, bueno, de cómo se llamase antes la comunidad esa, esta amiga se llamaba Alejandra y era de Reynosa… ¿qué porqué te pregunto de ella? Bueno, porque eres mujer, porque esto es como una simulación de la vida real, quizá haya por ahí un Facebook y porque qué tal si sí la encuentras y que tal si ella me está buscando también…
Porque esto de la Nube no será como esa frase que dicen, que cuando la gente muere, la que queda viva le queda la esperanza de verla en el cielo, ¿no? Es parte de la esperanza cristiana, medio escondida, porque no se dice mucho, la de que, al menos cuando muera veré a mis familiares amados, a mi esposa amada, etcétera, no Evelia, no, no soy duro, o insensible, es lo que dice la gente… y la Nube en la que nos descargamos es similar, ¿no?
Evelia? ¿Cómo que me aislaron? Sólo pregunté por Alejandra, ¡éramos niños entonces! Nunca la hubiera acosado, ya somos adultos en esta situación… ¿Cómo que ya no te comunicarás conmigo? O sea, ¿también me aislaron de ti? ¿Evelia?
Anuncio de “Bloqueado hasta nuevo aviso”.
¿Y cómo se desbloquea uno de esto? ¿Hola? ¿No hay nadie…?
Creo que los que inventaron esto de lo de la descarga en la Nube no respondieron a varias cosas. No sé cuánto gente hayan descargado en la Nube, no sé cuánto tiempo haya pasado tampoco, lo que sé es que creo que fue un buen de tiempo. Sospecho que sí.
Sí, ya vi, ya estoy desbloqueado. Evelia, ¿estás ahí? ¿Tú me desbloqueaste? ¿Evelia? Sí, desbloqueado estoy, pero, ¿dónde están todos? ¿Evelia? No has vuelto. Soy yo quien se está hablando y contestando solo esto, ¿yo solo? Eso nunca me imaginé que pasaría. Que se hiciera una gran inversión para servidores, centros de datos, y que solo una persona se subiría, o sea Humberto, o sea yo hasta esa fecha en la que me subieron aquí… o algunas varias, pocas y que luego, ¿borraran a las demás? ¿Se les habrá acabado el dinero? Humberto, ojalá tengas dinero, sí tenías dinero, ¿verdad? Humberto, no te lo vayas a gastar todo, soy tu responsabilidad.
¿O a esas personas es posible que las pusieran en otras partes…? Ilógico, pero ya he sabido de megaproyectos inútiles hechos, ideados, realizados por personas muy inteligentes y si eso les ocurre a los super inteligentes, ¿que nos queda a nosotros?, ¿los que apenas pasamos carrera?
Parece que, según yo, también pudo ocurrir lo siguiente: salió algo nuevo, como por decir una plataforma nueva, o una sección nueva para los nuevos descargados o siendo pesimista y yo no soy pesimista, que tal vez ya haya llegado la singularidad que destruyó al ser humano al menos en este planeta, qué bueno que me lo perdí, ¿o no me lo perdí? Bueno, allá sí estoy y aquí también, o no sé, pero aquí estoy solo, no que me pueda poner a viajar en la red, digo, pero, no, no sé qué hacer.
Bueno, a Humberto le gustaba dormir, creo que eso haré, al menos dormiré. No creo que vaya a tener problemas musculares, acá soy esencia en la Nube, supongo...
Al menos me acuerdo de Alejandra y me la puedo imaginar ya grande. ¿Vivirá en Reynosa? ¿O vivirá en McAllen? Es más, ¿vivirá todavía? Espero que sí, era gran amiga.
Espero que con el tiempo más gente se suba a esta Nube… si no esta será una eternidad muy aburrida.
¡Evelia, vuelve! Me voy a portar bien, lo prometo!! /// 1252
NnCt 1251 de 1440 proyectiles que puedo disparar en tu defensa y es que todo lo mereces, mi vida, mil cuatrocientos cuarenta veces mi vida en un desfilar hacia la muerte sin fin, pero de preferencia cambia de marca de pilas, porque a estas se les va la carga muy pronto. Todo está en el comprar para ahorrar mejor. Una espiga dorada por el sol este verde que nos toca y extraño tanto a la tierra y a sus Cafés con terracita y lucecitas. ///
DIEZ HAIKUS Y MINICUENTO 1251 EL DE LAS PISTOLAS DE RAYOS DEL ODIO
Nos obligaban a jugar.
Éramos buenos.
Solos no tanto, sólo en grupo.
Eran las competencias eternas.
Yo en particular disfrutaba del juego.
Nací para el juego.
Me sentía triunfador.
Las masas me aclamaban.
Me aplaudían.
Que poco en la vida había hecho para ser triunfador.
NnCT 1250 de 1,440 fragmentos, partículas de humo que contenía vida, amor, triunfo que son los que dan pie a los sueños, a las ilusiones, mientras el humo se dé y la luz del sol y la humedad no vengan a echar a perder tanto de lo construido. ///
MINIRELATO 1250 EL DE TODO ME DA VUELTAS PERO DE PRONTO DESCIENDO SOBRE TU PIEL BLANCA PIEL Y LA PASIÓN SE HACE
Bailando bajo la luz de la luna. La luz de cristal de Luna. La Luna de cristal de luz. Así estuvimos, Evelia, así estuvimos tú y yo. Sentía que bailaba en el cielo estrellado y no me preguntes si fue una frase hecha esta como tantas otras como cuando evaluábamos frases o palabras, esa nuestra costumbre tan intelectual de repente de tanto cuento y canción leída, asumida, asimilada, bebida, resumida y desbordada.
Te veía en esa foto, Evelia, que me mandaste, estabas en brassiere solamente, fumando y desafiando a los que te miran la foto. No me preocupaba que hubieras sacado esa foto sensual y así tal cual, desafiando a algo, a alguien, a mí, a todos los que pudieran ver las fotos. Me preocupaba el cigarro que estaba colgando de tu boca y en eso vi el humo y no pude evitar recordar, Evelia. Sentí cómo todo lo que estaba a mi alrededor empezaba a hacerse gris, blanco, blanco y gris y en mi vista reverberaba y pensaba en que lentamente se me congelaban los impulsos físicos, electricidad en decremento, pero los mentales seguían en control rumbo al corazón del sol, tu corazón, tu sol. De pronto estaba mirándote desde el espejo, sí, yo dentro del espejo y mi mano izquierda era la derecha y al mismo tiempo me veía una imagen de yo mismo al lado tuyo. El recuerdo se dio, la memoria perduró.
Esa vez que estuvimos, estuvieron, en tu casa, su casa, y tus hijos, y sus hijos, no estaban y así estuvimos en tu cuarto, su cuarto, con toda la libertad de mirar paredes azules y vigas por encima las nueve de ellas presintiendo y presenciando los milagros, encendiste el cigarro y el humo, lo encendió. Sí, te quitaste, se quitó, la blusa brillante azul y el collar de perlitas, te vi en brassiere, la vio, este era blanco, contundente, contrastante, impactante, retador y furioso, lleno de detalles mil, listoncitos que sólo una mujer entiende lo estético, lo delicado, lo preciso, lo esmerado, además, lo que miraba yo, él, eran visiones de pecador, muy pecador, sensual y sinuoso, lleno de subidas, bajadas, olores de mujer que solo sabes, sabe, que existen cuando estás, está, respirando su piel, su piel recién cubierta por su brassiere, y tú fumaste, y ella fumó, sonreíste, le sonrió, y exhalaste, exhaló, todo el humo posible. Y todo, esto, eso, flotó como nube de niebla en el aire de mar blanco con sus garras grises oscuras peligrosas espantosas, llenas de esperpentos y peligros apuntando hacia mí, hacia él, hacia ella. Y solo fuimos dos, siempre dos, más mi imagen de mi espejo que lo veía todo a veces con indiferencia y a veces con excitación genuina y melancólica esto de ser posible.
Y ahí vi el futuro, él lo vio, ahí contigo, con ella, semidesnuda, invitándome a seguir delineando la piel, su piel, su ansiedad, su necesidad, su deseo no expresado de forma verbal, por todas partes como si quisiera adivinarla para el caso, así me vi en tu humo, su humo, cortándome la respiración, mi respiración, por segundos. No supe si era el futuro, o dos al mismo tiempo, pero me preguntaba cómo iba a llegar ahí, yo, él, y de pronto me vi dentro de esa visión y lo mismo, estaba con ella, yo, él, pero en su recamara, tu recámara, Evelia, y ella fumando, tú fumando, y exhalando el humo tanto que me intoxicaba con ella, contigo, Evelia, que me veía en su cama, en tu cama.
Ella, tú, Evelia, ella, tú, era, eras como una cobra con su presa a punto de devorarla, de desvanecerla, de asimilarla dentro de ella, de ti.
Sus, tus, senos impresionantes guardaban las maravillas del mundo. Su, tu, brassiere negro resaltaba lo que sería acariciado, solo pensar en los, tus, pezones a punto de ser lamidos, probados, mordidos lo, me, hacía temblar. Cerraba, los ojos, sus ojos y la visión de unos pezones sobrenaturales me, le hacían estremecer.
Vio, vi, el humo de su cigarro que corría por todos lados en ángulos no naturales y sintió, sentí, que estaba dentro y apareció, aparecí con ella, contigo besándose, besándonos, sentados, abrazados en eso que se le llama frenesí total, frenético total, como cuando los tiburones en el océano rojo, y comen la carne de su presa y todo es devorar y el color es rojo, lo más posible y de esa forma así los amantes se acarician, por sobre la ropa y no saben dónde comenzar, pero al menos, milagro de los reflejos, el mismo instinto, sí, dónde y cómo terminar.
Entonces lo comprendí, algo tenía el humo, que me estaba dando lo calidoscópico en mis ojos de tal forma que en los reflejos de las luces veía diamantes cayendo en cascadas de cristal de luna que me hacía desvariar. Sí, posiblemente era Evelia que me había prometido estar en su tormenta privada y sensual de tal manera que me provocaba un estado de alucinógena, de intoxicación necesaria para olvidar que olvidábamos, todo era un plan para que olvidáramos en qué estábamos trabajando. A veces necesitamos un tema de dejar de pertenecer a este mundo y necesitamos la prolongación de las alucinaciones, necesitamos ver a las personas, a los eventos. Necesitamos la incitación. Necesitamos estar ahí. Es lo más imperativo. Trascender el ahí, ascender al cielo de tus ojos que es donde nacen las estrellas lo cual con los años, tú, ella, me lo diría.///1250
NnCt 1249 de 1,440 pedacitos de cielo cada uno con tu nombre, con tu aroma, con tu imagen, cada uno un fragmento de tantos capítulos compartidos de nuestra vida juntos, nada más tengamos esa vida juntos, corazón. Yo al pendiente. Saludos cordiales. ///
CUENTO CORTO 1249 EL DE LOS FRUTOS ROJOS DE LA DEMASIADA FELICIDAD
Humberto: ¿Era un centro de qué, de apuestas? Dicen que esos dan la adrenalina. Me dijeron que solo lo bueno da adrenalina.
Trinidad: No, es un Centro de Felicidad Inmediata. Eso apostaban. Unidades de Felicidad. Son las del botecito rojo que brilla. Sin consecuencias de adicción. Eres de un grupo de personas que estás en la depresión y necesitas quitártela, extirpártela sin llegar a una remoción orgánica del mismo cerebro. No todos pueden hacerlo, sólo los que tienen dinero y los que consiguen los medios. Los nombres son secretos. Nadie puede saber que van ahí, es tal vez decadente. Tal vez el signo de los tiempos. Tal vez el fin de los tiempos.
Humberto: El tema es que entré. Y conocí a Mariana. Así de pronto apareció. Un correo, una autorización.
Trinidad: Mariana era una tormenta, un diablo. Se quería comer al mundo contigo dentro. Deja te digo que Mariana llega con la necesidad de shots de felicidad. No son malos. La idea es cuantos? Cómo? ¿Para qué? ¿Qué evitas? ¿Y el tema del costo? Quien lo paga? ¿Lo pagarías tú?
Humberto: Trabajábamos con esas drogas nuevas. Buscábamos hacer algo por la humanidad, hacer algo para la comunidad. Algo noble, lo que cayera primero.
Trinidad: Sí creo que hay bondad en las personas, de alguna manera llegamos aquí. Aquí a este lugar. Y en una de esas nos llegó un correo, que nos tocaría la becaria llamada Mariana.
Humberto: Mariana se llamaba la chica y me pareció normal. Muy normal. Pero en cuanto entró de asistente, de los dos, era asistente de los dos, pero entiende, yo no necesito asistente, yo hago las cosas solo, pero es un tema de status, tener asistente. Por eso la aceptamos. Pero me imaginé que sería más para Humberto. Le sonreía más a Humberto.
Trinidad: Ah, Mariana, pedía ayuda para todo y como eran labores sencillas, le ayudabas, creía que se acostumbraría. Pero nunca se acostumbró. Siempre se quejaba.
Humberto: Empezamos a encontrar un camino en la investigación, una ruta diferente la que nos plantearíamos nuevos enfoques. Hicimos muchas pruebas esos días.
Trinidad: el problema es que de casualidad, lo juro, de casualidad probé una de las muestras y sentí un potente shot de optimismo, me sentí lleno de luz, de que los proyectos saldrían en la fecha convenida. No pude evitarlo. Se lo di a probar a Mariana.
Humberto: Vi a Mariana trabajando intensamente, tenía que capturar unos resultados y hacer una conciliación de pruebas, resultados y hacer comprobaciones, era algo tedioso, no teníamos manera entonces de usar las técnicas de ahora. Sencillamente le encargas a la becaria que las hiciera. A veces teníamos culpa de eso. De usarlas para nuestro beneficio y ponerlas a trabajar haciendo eso. Lo olvidábamos al rato. Pero ella ya no se quejaba.
Trinidad: No, no teníamos culpa. Humberto me decía, se tienen qué justificar, que ella lo haga.
Humberto: Empezaron a ver nuestros resultados y empezamos a llamar la atención. Un director, deseoso de publicidad le llamó a nuestro Centro de Investigación, el Centro de la Felicidad Inmediata. No me gustó para nada. Y que íbamos a desarrollar las Unidades de Felicidad.
Trinidad: Lo interesante es que sí. Y había varios sets de componentes. Los avanzados, los nuestros, los privados. Y los originales y sencillos que empezamos a crear lotes que los marcábamos con colorante para distinguirlos.
Humberto: Los rojos se volvieron muy populares en nuestros institutos asociados. En mala hora les compartimos la noticia.
Trinidad: Empezamos a escuchar a los primeros adictos. Vivían en el ensueño. Pero había un detalle. Nosotros no potenciamos nada. Lo que ocurría es que, en alguna parte de la cadena los frutos rojos, así le llamaban algunos, “los Frutos Rojos”. Dejaban noqueadas a las personas, eso sí, envueltas en felicidad.
Humberto: pero no puedes tenerlo todo, la vida normal y la felicidad, los problemas diarios y la felicidad, los problemas personales y la felicidad, los problemas de la patria y la felicidad. La felicidad era como estar intoxicado, no se puede tener tanta. Tan de pronto. Tan de la mano.
Trinidad: Obvio, empezamos a llamar la atención y nos dijeron que ya no distribuyéramos tanta. Pero ahí nos dimos cuenta de que, porque ya no habíamos hablado los dos, estábamos ocupados cada quien lo suyo. Que yo pensé que era Humberto el que seguía haciendo las cosas.
Humberto: Yo pensé que era Trinidad, me era claro. Trinidad siempre quiso brillar y yo lo dejé. No tenía problema con eso. Pero no, no fue Trinidad.
Trinidad: Y así nos quedó claro quien fue. Y puedes pensar que es como un chivo expiatorio. Que tratamos de esquivar nuestra responsabilidad. Yo no. Pero tampoco fue una conspiración mía con Mariana. No sé si Humberto, pero no conmigo.
Humberto: El tema es sencillo. Mariana no volvió a aparecer nunca. Y sé llevó todo. Notas, pruebas, videos. Muestras, componentes beta. Y hablo de la última generación. Yo no deseo pensar mal, pero de todo el personal, la que era ajena era ella, la que no está es ella, la que se ganchó con… las primeras muestras fue ella…
Trinidad: No sé qué pensar de Mariana. Sí, fue Humberto quien le dio las primeras muestras. Él se encargó de engancharla. No, yo no supe de eso, hasta después. Creo que lo puso en las bitácoras. Sí, pero las bitácoras de esos días también desaparecieron. Sí, quizá fue Mariana. No sé, no soy juez, no lo sé. Te digo que ella llegó de pronto.
Humberto: Sí, afuera hay mucha felicidad. Pero el país se lo está llevando la ruina. Es peor que otras epidemias de drogas. No. No acepto responsabilidad. Nosotros estábamos en un lugar cerrado de investigación. Sé que buscan chivos expiatorios. No, no sé quien produzca ahora los Frutos Rojos.
Trinidad: No, no es adicción en sí. Sólo la gente evade la realidad. O la suaviza. No sé. Yo no la consumí. Humberto no sé. Tengo tiempo de no hablar con él. Nos hicieron proceso pero como no tuvimos nada que ver. Bueno, al menos yo. Nada tuve que ver con los Centros de la Felicidad Inmediata. Nada que ver. Nada pudieron probar. Vieron mis cuentas bancarias. Nada notable qué reportar.
Humberto: A veces la vida es descargada de alguna nube cósmica y ahí está el Árbol del Conocimiento a nuestro alcance. Una de sus frutas te hará feliz en sus dosis debidas. Distínguela. No te la recomiendo. Tú solo debes decidir. Pero todo tiene su costo.
Trinidad: Mariana nunca se supo adonde se fue, solo desapareció. Al parecer pudo salirse de la mecánica feliz-se acaba el efecto-entra en depre-toma refuerzas- se vuelve feliz de nuevo. No sé cómo llegó. Ni de donde vino. Salió de la nada. Entró en la nada. Se disolvió totalmente.
Humberto: Fue un sueño. Mariana fue un sueño. Pero me causa dolor. Dolor a la confianza. No sé si existió o si su nombre era irreal. Sí, le pusieron mal nombre a todo lo referente a la Búsqueda de la Felicidad. ///1249
NnCt 1248 de pisos que vas bajando y descubres que todo es madera, escenario, luces, andamios y personas que le dan mantenimiento al gran teatro, de 1,440 predimensiones y prejuicios y reglas del viejo mundo que no sobreviven cuando las reglas del nuevo mundo aparecen. ///
CUENTO 1248 EL DE LA PANTERA QUE TODO LO VE
Es el cambio total, todo lo que pensabas te quedaste corto, no existe, es una ilusión, no es esa persona la que mandaba en la compañía y pensabas que esa era la persona a la que le debías lealtad.
Y todo porque no vendiste tú, todo era una engaño… todo eso pensaba Enrique, una vez más.
-¿Por qué estás despierto?
-Sentí la inquietud de nuevo…
-¿De lo de tu empresa? ¿Lo de la venta que me dijiste?
-Sí, es impactante, me trastorna… ya no sabes en quién confiar. Ni en ti mismo.
-La vida es así. No eres ingenuo, no eres nuevo, Enrique…
-Sí, supongo que la vida es así, pero no lo esperaba en el grupo de los que confío. Hacen negocios a mis espaldas. Acuerdos. No se vale. Esto es de confianza. Y no, al final no la hay…
Ellos no pensaron que se daría cuenta. O si pensaron que se daría cuenta sería un “sigue la jugada” genérico. Un “ah, ok, así es como se hace…”. Algún día tendría que aprender y como a todos nos gusta el dinero pues, se sorprende uno, se asusta, pero poco a poco se asimila y se disfruta de la recompensa.
-Y todo eso te lo dijo Carlos, digo, el cómo ocurrió…
-Eso es lo peor, creo. No, pero se le salió a uno de México, al Gran Jaime, que lo del cheque, que no soltaba el pago de la factura hasta que saliera su cheque. Su cheque. Él de él. Ahí fue mi pasmo y creo que se dio cuenta: “Ah, lo que pasa es que no le hemos mandado su cheque, pásame con Carlos”. Y ahí me enteré.
Enrique pensó que a partir de ahí es donde situó su derrumbe, la confianza, la precisión, la seguridad, el conocimiento de los productos. No sabía con quien hablaba, si alguien podría estar grabando la llamada o si el correo particular lo iban a reenviar, o si hablaba con alguien que tomaba decisiones o si con alguien que recibiría dinero. Se volvió suspicaz. Siempre veía las oficinas cerradas de su jefe pensando si estaría elaborando una estrategia de dinero con algún cliente. Se sentía relevado de las decisiones importantes. Y se imaginaba porque él no sabía cómo hacer las cosas.
Con su esposa de nuevo.
-¿Pero por qué te causa tanta impresión?, ya sabes cómo son todos…
-Sí, pero no pensé que en esta empresa. No es que seamos los máximos honrados del mundo, pero no pensé que había esos esquemas acá…
-Bueno, ya te diste cuenta de que no todo es real, que todos manejan esos como tú les llamaste “esquemas”.
Su esposa se durmió.
Enrique se paró a fumar un cigarro. Sintió la fuerza recuperada, sus pensamientos enfocados.
Recordó cuando empezó en la empresa, cuando todos eran años más jóvenes y había esperanzas, sueños, ilusiones.
Así vendieron y competieron y ganaron y perdieron, y se rieron y se enojaron, hubo puertazos, hubo gritos, groserías y carnes asadas e idas al Table.
La confianza era absoluta.
Todo había comenzado meses atrás, cuando con el tiempo previsto salió el interés de una venta y fue cuando esa empresa corporativa salió de la columna de “Contactadas” para entrar en la deseada columna de “Prospectos”, que Enrique miró y que la vio con el deseo que ya se fuera y ahí estaban Gustavo, el gerente de tecnología que tomaba las decisiones financieras y estratégicas y estaba Adrián, el que tomaba las decisiones técnicas y tácticas. Habían pedido tantas cotizaciones con todo tipo de combinaciones que ya era ridículo, por lo que Enrique ya estaba fastidiado, jamás le comprarían, sintiendo que ya para qué se esforzaban. Sólo jugaban con la empresa. Un tiempo perdido con la consiguiente reclamo de la gerencia local y la de Jaime allá en DF.
En una ida al Table La Pantera, del cual eran afectos los de la empresa, Enrique conoció a Raquel. Hermosa. Sinuosa, una pantera negra. Casi se enamora de ella. Gustavo estaba ahí a veces también, sólo hablaba con Jaime el grande, el de DF. Muy amigos, a Enrique le llamó la atención pero no para indicarle nada, solo una conversación. Lo curioso es que no hablaba del trabajo que se hacía con Adrián, el de proyecto que se cotizaba de todos los colores y listones y cuadros y bolitas, pero él, Enrique suponía que era algo tal vez de finanzas, de cómo pagar o implementar su proyecto.
En la ida a La Nacional, en el estacionamiento vio el carro de Gustavo, Audi, era hermoso, estilizado. Lo que hace
Estaba Gustavo hablando muy de cerca con Jaime. Igual, pensó que eran amigos. Y parecía que sí lo eran, Jaime solo contaba cosas leves acerca de su amistad pero parecía que era de años, cosa rara porque Jaime era de México y Gustavo pues, de Monterrey y no era de que Jaime tuviera amistades muchas en Monterrey.
Una vez Enrique habló con Jaime por teléfono y mientras buscaba a Carlos, mientras éste se desocupaba, le quiso hacer plática.
-Oye, Jaime, ¿cómo te fue siempre con la chica esa del Table, la Angélica, la de los pezones del tamaño de…?
Jaime le interrumpió con su sonrisa, imaginada, de los millones de dólares:
-Jajaja, ni me digas, me pasas a Carlos, por favor, y sí está ocupado con su asistente dile que se trata de Gustavo.
A Enrique se le hizo raro lo de tanto secreto y amistad.
Decidió dejarlo por la paz.
Un día llegó la queja de Adrián de que no era atendido por Enrique. Carlos le reclamó a Enrique que para qué estaba. Que si quería le quitaba la venta y se la pasaba a Oscar. Enrique discutió con Carlos de que había hecho diez cotizaciones diferentes con todas las posibilidades imaginables. Carlos le dijo así sean cincuenta de la misma, se debían de mandar. Que se estaba para el cliente. Que el cliente era la razón de existencia de todos los de esa empresa.
Enrique le dijo que eso no tenía sentido. Que hay límites de entendimiento, de relación empresarial. Que él había hecho lo posible en la relación de servicio de Prospecto-empresa. Que ellos sí podían reclamar, pero que estaba dentro de la relación cordial normal. Eso pensaba.
Carlos le dijo que Gustavo pensaba diferente. Que si el quería cien cotizaciones de un proyecto, se mandaban las cien cotizaciones del proyecto. Que no es tema de caprichos o de juego. Que si no había otra opción este era un mercado de compradores y que había más de cinco opciones posibles. Que la competencia no estaba muy lejos de empatarles las ofertas.
Lo hizo a regañadientes, la 11ava, que era la misma que la 3, lo notó, de hecho, la más cara de todas.
Increíble pero a los pocos días llegó la orden de compra.
Se pidió el equipo y todos felices. Enrique estaba en la sorpresa todavía y ese mes ganó el mejor vendedor del mes, título que no conseguía desde hace un año ganándole a Jorge Villarreal que siempre ganaba un mes sí, un mes no y al siguiente sí. Odiaba a Jorge Villarreal en el ambiente comercial, pero le caía bien como persona.
Así fue todo el protocolo, todas las amonestaciones.
Algo de pasada que sorprendió un poco a Enrique era que no negociaran nada. A veces las cosas se dan, pensó.
Sólo que en el proceso normal algo ocurrió. La gente de compras y de pagos de su empresa ya le estaba diciendo que la empresa cliente no había pagado.
Y cuando una compra grande no se paga hay problemas financieros que tienen que ver con fianzas y otras brujerías que Enrique no estaba familiarizado. Solo que significaban problemas, recriminaciones y como era el de ventas él era el responsable, tema que no entendía con claridad.
“Yo solo vendí, eso de la cobranza, ¿no tenemos un departamento dedicado?”
Fue cuando ocurrió la llamada de Jaime.
Y cuando todo hizo dos más dos igual a cuatro.
No le cayó mal la comisión que recibió que fue cuantiosa y que en casa la necesitaban. Es fabuloso cuando recibes tanto dinero. No lo puedes creer. Eso pensaba Enrique. Qué hice para merecer tanto. Sí se había necesitado de experiencia, de conocimiento, de paciencia, de persistencia. De aguantar los dardos internos y externos de la insatisfacción corporativa.
Enrique fue al Table esa noche particular y pidió hablar con Raquel, cosa que le molestaba algo. Él era amigo de Raquel, no era un cliente más. Se saludaba de beso en la mejilla afectuosamente. Abrazo de sentimiento emocional real. Ignoraba el hecho que con los demás clientes era igual.
-Sí, fue decepcionante. No soy tan buen vendedor, Raquel. Todo fue armado. Todo es armado.
-Papi, sí lo eres. Eres bueno. Has sobrevivido con esa gente estos años, sí lo eres.
-No, la empresa soborna. Pensé que solo lo hacía la competencia. Los compañeros se ufanaban de que nosotros no lo hacíamos y me lo creí.
-¿Crees que has descubierto el hilo negro, mi cielo? No olvides dos cosas, me hace gracia que porque me ves vestida de este personaje que muestro en este lugar, se te pasa reconocerme que soy economista, que sé de negocios y aquí recibo a muchos ejecutivos. Me cuentan cada cosa, corazón. Eso de las dádivas, es práctica, más que esporádica es frecuente. Así se mueve este país. ¿Porqué no lo olvidas, mejor?
Enrique la besó y acarició sus senos y pasó su mano por sus piernas con esas medias tan fabulosas dejando en sus manos y yemas de los dedos una sensación fuera de este mundo. Lo olvidó.
Pero no mucho.
Pasaron los años, la empresa se disolvió. Las competencias nuevas, los enfoques viejos, los cambios generacionales ocurrieron, los grandes ejecutivos clave dejaron de serlo, ascendieron a otros con nuevas habilidades. Todos los negocios millonarios de su empresa se disminuyeron primero y luego se desvanecieron. Internet llegó para democratizar las telecomunicaciones y hubo muchos damnificados, lo que era carísimo, exclusivo y lleno de beneficios y ganancias, cualquier adolescente lo podía tener en la computadora de su escuela. Monterrey se llenó de gente. De carros.
Un día Enrique vio a Gustavo. Este no lo reconoció. No sintió ni rencor, ni amistad, solo negocios. Vio el carro, era un Audi de lujo.
Enrique vio sus llaves. Vio la punta de una de ellas con un gran filo. Se acercó. Miró a todas partes y no vio cámaras ni personas por ningún lado.
Se le salió en su mente el impulso de rayarlo totalmente. A esa gente no se merecía que le fuera bien. No era posible que anduvieran por el mundo felices, satisfechos. El mundo estaba equivocado premiando al que no se merece.
Tuvo deseos de dañarlo, de que ese carro que tal vez sí o tal vez no vino de un soborno, de una dádiva, no quedara intacto, que el rayón en la puerta o en donde se abre tuviera mil rayas de metal a metal, que le destruyera la perfección que era el auto, la culmen de la tecnología y el dinero y la hazaña mecánica.
Se imaginó rayando, golpeando, A los pocos segundos pasó el impulso. No debería ser así. La gente espera civilidad y en realidad Gustavo no le hizo nada particular a él.
Y ya no volvió a pensar en Gustavo.
Por unos segundos.
Y el rayo fue tan de pronto que creó un universo de existencia y de posibilidades y caminos y de lo que debía pasar, de lo que no debía ocurrir y de buenas prácticas y de que no le hagas al otro lo que no deseas que te hagan y que el criterio y el seguimiento de normas es necesario para que la civilización continue.
Se regresó y fue hacia el carro de Gustavo, miró a todos lados checó la cámara, vio que en realidad estaba lejos y no le importó la consecuencia. Sacó su llave y le rayó con precisión debajo de la ventana del conductor la palabra, “Corrupto”.
Hay pinturas y superficies que son tan delicadas.
Más fácil de lo que pensaba. Nada que no se pudiera arreglar en un taller de hojalatería.
Con eso era suficiente. El tema era la palabra.
Corrió hacia la salida y ya no miró hacia atrás. ///1248