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lunes, agosto 18, 2025

1232. Huíamos y huíamos de las pantallas, los pasillos, las escaleras, y al final, más pantallas.///

NnCt 1232 de 1,440 espejos que los pones mitad enfrente del otro y en esos reflejos sales tú en todos hasta el infinito excepto en el segundo o tercero en el que aparece de pronto la imagen de la bestia que eres y que ignoras excepto cuando aparecen esos espejos y te reconoces y dices “¡que inteligente era Charles Addams cuando hacía esos cartones como el recién descrito!” Y eso fue antes de que fundaras a tu familia tan querida, la Familia Addams, Charles…”

Y eso estábamos discutiendo precisamente de tecnología cuando apareció un gato negro y detrás de eso apareció una mujer gritando, “¡Max, no te vayas…!” Siempre una mujer tras su gato Max…/// 15 DE AGOSTO DE 2025





LA IGLESIA DE EVELIA QUE CASI FUE

Evelia se hubiera reído como loca.

Y es que Evelia estaba loca. O tenía muchos rasgos de locura. Pero nadie le hizo un inventario.

Como cuando no quieres comprar más tiempos compartidos o terrenos o casas o joyas, pero ellos te localizan porque estás en su presente de prospectos y solo buscas un tiempo en el que nadie sepa de ti y ahí estás en tu jardín y la persona esa te está busque y busque en tus redes porque desea fervientemente que le compres un terreno con dos árboles, una hamaca y un pedazo de tiempo además de una cortina o un domo del silencio para que estés ahí, por tiempo indefinido offline, solo con un perro, un sol, un sonido de arroyo, un sonido de viento y caracolas además de los bellos recuerdos de un bello amor que tuviste, que tienes o que tendrás. O que inventaste. O que compraste. O que rentaste. O que te soñaste. O que se te apareció en la noche. En ese espacio que te vendió el tipo, el que viene incluido un pedazo de olvido para todo lo anterior, para que olvides lentamente que el tipo te lo vendió por mil semanas hasta que terminaras de pagar. 

Evelia se subía a un tanque de agua con todo peligro y sin protección para ver la carretera hasta que llegaban las estrellas. Porque ella quería saber precisamente de dónde nacen las estrellas. Y ese lugar era un excelente punto de partida hacia arriba muy arriba.

Ahora solo anhelas esas diez horas para pasar en línea, en medio de la metrópoli en los momentos más conectados de la historia en el que hasta las hormigas están siendo monitoreadas para que no hagan más hormigueros de más, para que las flores sigan creciendo a una tasa calculada y la que no sirva se deseche y para que las hojas de los árboles se desprendan en la sucesión correcta primero la que debe, luego la segunda designada, luego la tercera. El gran orden de la…

Vida de un derrochador de tecnología, de un idólatra que afirmaba que las idólatras eran otras y lo que ocurría a final del día y al final de todos los días era que tal vez se había equivocado de secta.

Evelia, en uno de sus talentos sensoriales y sensuales desarmaba la lavadora y la volvía a armar sin manual y ¡funcionaba!, ¿el esposo? no sabía tomar un desarmador si se lo pidieran con una pistola en la misma sien.

Así descansas las diez horas, una tras otra tras otra… hasta que al final te transfiguras y eres feliz de tanto que cuando vas, o que cuando te toque estar yendo hacia la luz tienes la plena, la plenísima seguridad de que no te pasará nada…

Evelia un día ya no estuvo sobre la tierra.

Un día me empezaron las alucinaciones. Y navegaba en un mar oscuro y era la náusea constante y era el desconsuelo de porqué me tocan las cosas y sentía que el Maligno podría venir por mí esa noche en medio de las olas malas, las aguas malas, y la sombra era mala y de pronto pensé que si no me aferraba a un ancla, a una pesa suficiente podría el señor de la Negritud de Maldad volver por mí y arrancarme de este lugar antes de tiempo e iría a donde no quería, a donde no debía pero ¿cómo hacerlo? y así pensé en mi gato, porque lo sentí de manera tan extraña, y es que mi gato negro no debía aparecer pero sí ahí estaba y lo abracé y él como buen gato me hisseó y me arañó y así reconfortado con una línea de sangre de un centímetro que no estaba y es cuando recordé a Evelia. 

Porque el gatito fue el mensajero de Evelia.

Evelia amaba los gatos, amaba a los niños, lo amaba todo y todos la amaban y todas también la amaban y fui testigo de cómo ella tenía sus dos tres cuatro vidas escondidas que nadie conocía más que yo, según sospecho, al menos una que le regresaba cuando ella estaba bajo el influjo de una droga que le ayudaba al corazón, tema que nunca me fue claro lo de su salud, si era endeble o qué y que ella llegaba a afirmar que esas drogas le hacían decir la verdad que de alguna manera ocultaba tal como todos la ocultan sobre hechos particulares de responsabilidad dudosa.

“Malditas drogas”, decía sonriendo, porque en ese momento le podrías preguntar lo que fuera y como si fuera el suero de la verdad o el lazo dorado de la Mujer Maravilla ella te decía la verdad. La verdad de los hechos como fueron porque sabía que no había juicio, que el juicio no importaba a nadie. A ella menos. Son otros misterios, ¿así era con todo el mundo? ¿O sólo así era conmigo? ¿O por qué conmigo? 

“¿Tuviste sexo en la mañana con tu amiga cuando dijiste que sólo fue un café con ella?”. Nunca lo sabría en su estado de conciencia y sí, yo me preguntaba, mi consciencia en deficiencia, todos tenemos derecho a no saber nada de nuestro prójimo y a no contestar y a lo que quieras que eran los derechos humanos de las personas, pero ella bien sabía que todo era por algo. Por más indefinido que eso fuese. Ella necesitaba decirlo. Tal vez era su manera de necesitar decirlo.

“No te diré, no te lo diré… bueno”, hacía una pausa, y seguramente hacía un gesto de que todo le era gracioso y agregaba “sí lo tuve y estuvieron deliciosos, el café y mi amiga”. Y se reía, y eso me hacía pensar, ¿estaría fingiendo? Era una manera de decir la verdad sin comprometerse a que no era ella la que hablaba sino su otra voz, su otra personalidad, la que podría decir en cualquier momento: “todo eso que te dije hace minutos, fue mentira, solo era una manera de divertirme contigo, de ti y contigo… porque eres un tonto crédulo”.

Ahí entraba la duda, pero yo preferí creer. Sencillo, preferí creer.

Era la lujuria diabólica, sin culpa, sin maldad. Solo el placer de existir tal cual el sol existe porque sí y la lujuria también y la bondad y la alegría y el amor.

En otro momento le pregunté:

“¿Fuiste a comer con aquella persona? ¿Sólo a comer?” Esa persona era una de tipo de clasificación todas las X posibles porque hacía, según sus chismes que siempre fueron fantasiosos, y eran de fantasía de buen calibre, irresistible a no saberla, que ella, la amiga, tenía aventuras especiales con su esposo que infringían todas las reglas morales de convivencia de este siglo y de las que habrá dentro de tres siglos más, a como estuvieron y estarán las medidas de lo que es bueno y conveniente de esta sociedad que nos oprime y nos seguirá oprimiendo en el año 2325.

“No quiero decirlo, pero sí, lo hice. Comimos e hicimos más y más, cosas, llenas de maliciosos pecados y vino su amiga Carmen y las tres tuvimos un encuentro de pieles bellas, hermosas, sinuosas, deliciosas, sudorosas curvas de mujer, redondeces en forma de corazón que afirman y firman que mientras haya vida habrá placer”.

Todo me sorprendía, eran nuevos mundos, era una puerta a la sensualidad, pero ella estaba curiosamente cerrada a mi placer como una puerta de hierro, me decía que yo era como su amigo Benito, de la carrera que quiso tener algo con ella, pero ella decía que los amigos son para un solo objetivo y que a mí me usaba para desahogar tanta culpa, tanto pecado, tanto castigo que tendría ella en esta vida y en la que seguía. Y me usaba y me usaría.

Porque dentro de ella sabía que la muerte no estaba lejos, afirmaba, no sé de dónde, que personas como ella de las que todo mundo afirmaba en su cara: “es que eres muy luminosa”, muy pronto se les acababa el combustible y se quedarían oscuras, piedras negras que serían olvidadas pronto por todos acabando en algún irremediable negro rincón fuera de la vista y memoria del mismo Dios.

¿Para qué preguntarle tanto? Solo por saber qué hacía, cómo lo hacía, porqué lo hacía, persona única como cada persona es única en la vida, y siento que en este compartir su sabiduría y conocimiento no había maldad en nosotros, y así fuimos descubriendo de lo que ella decía, que la gente habla de la buena maldad y de la mala maldad, la que es por tu bien y la que es por la venganza… aunque nunca pude entender del todo, ¿por qué puede existir una maldad por su bien, aunque suene a contradicción? Nunca lo entendí.

Evelia no que fuera la protagonista de las Tres Caras de Evelia, sino en que en este caso sí había otras dos caras, por eso siempre se me hizo que el caso de Evelia era para que la estudiaran, la metieran a un laboratorio, no por mal, sino por lo extraordinario de su caso.

No creo en las dobles personalidades, pero en este caso era triple personalidad. O alguna que ella nunca me contó. No sé si ella pudiera cometer en un momento determinado un crimen y negar que lo pudiera haber hecho afirmándolo bajo juramento, bajo detector de mentiras, bajo interrogadores de la Gestapo, porque eran distintas personas, diferentes, las personas dentro de ella eran de mundos extraños, cada una independiente, cada una con sus propias ideas, propias opiniones. Mundos de circunstancias, dimensiones distintas en las que la puerta, la bisagra, el vaso comunicante, el mismo túnel, el conmutador, o lo que sea, era Evelia. Su ser era la conexión a varios mundos.

Porque había otra situación con Evelia, si alguien la regañaba fuertemente, y eso ocurría a menudo, a ella le daban regresiones a cuando estaba en la adolescencia, o en la prepa, o en la carrera.

Fue así que me enteró de viva voz de su vida loca tremenda impresionante, desde que logró hacer hazañas de depravación deliciosa femenil versus la depravación deliciosa femenil de la otra u otras compañeras en la misma carrera o cuando fue ayudante de una dentista y hacía maravillas en lo que las labores de higienista oral corresponde, como en aquél libro de Stephen King, a su chica, la de Evelia, le tocaba ser más oral que higienista, o cuando acompañaba a sus amigas a la modista y el verificar cómo les quedó la ropa era el delirio, o a la florista y era el juego total, o a la peinadora o estilista que era la exploración de la hidratación profunda. 

Esa regresión de la que ella padecía estaba fuera de todo radar, como si de pronto ya con sus hijos dormidos, a cuestas prefería tomar su mochila para ir a la escuela, una que ya no existía para poder llevar el proyecto de Ciencias Químicas de primero de prepa, todo eso a mitad de la noche imaginando que iba por el camión de una ruta que ya no existía y de ahí a bajarse en una esquina lejana que había desaparecido por el urbanismo gentrificado desbocado y caminar dentro de su mente hacia su escuela olvidada buscando portones imaginarios, pasillos ilusos, reflejos de espejos que ya no están. Voces que ella escuchaba perfectamente, me imagino las miles de caras que ella veía que la veían y que ninguna de ellas existía mas que en su mente atormentada. Y de pronto, regresaba y se preguntaba porqué la mochila, porqué los tenis, porqué los shorts, porqué la libreta, los apuntes, porqué el cabello pintado, los caireles, la falta de maquillaje y porqué la noche.

Evelia tenía a su novia amor que era la oficial. Mujer experimentada mayor que ella, su confidente, su valedora, dirían los amigos chilangos, su dueña, su decisora, que de lo que supe era que su odio, gran parte me lo dedicaba,

Ella, la dueña, la cuidaba en los gimnasios o en todos los eventos sociales cercanos a los que ella, su novia, cuidaba a Evelia de la que ya sabía que era un alma libre y sin cadenas que pudiera volar a la menor provocación hacia esas otras luces, otras estrellas de la Gran Tentación.

Por eso sorprendía por la rapidez de cómo a pesar de su novia la dueña, ella, Evelia, conectaba con otra mujer, y esto era un sexto sentido que a los hombres se nos escapa que eso puede existir, ese mundo de sensualidad y de lo sensorial sin ambigüedades donde solo el roce mínimo pero preciso de yemas de dedos con otras yemas de dedos o dedos casuales/no casuales recorriendo por en medio del cabello de la chica de enfrente y decir al mismo tiempo: “¡qué bonito se siente tu cabello!” Chica de enfrente a la que le salían luces y brillos en los ojos y que entraban en polaridad positiva y que en un lugar público en medio de la nada, porque pudo ser que la novia dueña de Evelia había ido al baño, y esta se daba un beso profundo en la boca, en los labios sensuales, con esa mujer a la que tenía solo cinco minutos de haberla conocido al son de “¿Te puedo dar un beso?” 

Se lo pedían, imploraban, suplicaban. “¡Claro!”, contestaba. Ella se entregaba así. En eso podía llegar la novia dueña y verlas a las dos mujeres separadas socialmente tranquilas por un metro y preguntarles sonriendo con falsedad pero sospechando que por algo no debía dejar sola a Evelia: “¿Todo bien?” Y escuchar la respuesta casual general llena de dudas y sospechas: “¡Todo bien!”. 

Así si la tensión sexual fuera humo, ya hubieran llegado los bomberos. Así, el crimen perfecto.

Todo tan, repito, casual, causal, fenómenos de lo femenino, o de lo femenino de la mujer ella solo ella y nadie más.

Fue cuando me contaba esas cosas cuando sospeché que había mundos de sensualidad que no conocíamos ni conoceremos como si fueran sus ojos los de un gato que ve en la noche en longitudes de onda diferente a las nuestras y fue por entonces cuando me dijo esa frase mágica o sentencia o lema o clave de la vida o conclusión, que me dejó pensando tantos días y meses y años: “la vagina es hipnótica” o la de ”los hombres no tienen idea del diluvio de sensaciones las nuestras en mil capas que sentimos en mil momentos diferenciados sin que ustedes sepan cuando están dentro de una”.

Nunca supe si se metió a temas del Zen o de la Armonía del Universo o al concepto de lo que es mujer pero si hubiera querido o podido Evelia hubiera sido la Suma Sacerdotisa de una nueva religión o secta o comunidad de Iglesia de La Buena Vagina, tal como en estos últimos años han aparecido algunas en ese sentido en Nueva York en donde ella, de seguro, hubiera sido muy feliz.

Hoy por hoy sólo sé que Evelia desde que me mandó a su gato negro a salvarme en mi alucinación casi mortal, hablamos por las noches y me cuenta lo que ocurre en sus oscuros dominios, a los que ella conecta su luz e ilumina con su sonrisa, además de que cuida de su hija que está con ella, y así mismo también cuida de su hija que está acá de este lado y quizá cada tanto tiempo baja a estos planos dimensionales en donde se posesiona de alguien, otra mujer divina, un súcubo tal vez, y tiene el mejor de los sexos binaurales del mundo y a ese alguien hace feliz a través de los mil orgasmos que ella afirmaba que era capaz uno tras otro uno tras otro y luego con sus respectivas réplicas horas después tales como los que provoca un terremoto cualquiera decente que se precie de serlo.

O quizá todo es mensaje dentro de una caja de resonancia de mí mente que sucede cuando me deslizo en un mareo tsunami escala 10 de Richter y con una fiebre de 40 que a todos asusta y que en medio de todo eso de pronto caigo en esas alucinaciones de las cuales uno no distingue o percibe cuál es la realidad.

Pero para ello, la próxima vez, a consejo de Evelia, pediré que mi gato esté cerca para aferrarme a él como faro de luz blanca para que luche contra la luz negra que desea que ya me quede abajo lejos del mundo de los vivos, y estar, antes de tiempo, en el Reino de los Muertos Queridos, o de las Muertas a las que todos o más bien, todas, siguen amando después de todos los años, como así fue, es, será, la Gran Evelia. ///1232


1231. ¿Quieren destruir las voluntades? Lo podría impedir. Pero no lo haré. Verás, soy el traidor. ///

NnCT 1231 de 1,440 buenos deseos que siempre al principio todos somos amigos y al final de cuentas unos no tanto, unos un poco más, pero al final todo lo que haya, todo lo que quede, se lo lleva el accionista. /// 14 de AGOSTO DE 2025




LA TRAICIÓN TRAICIONADA EN SU REDUNDANCIA

En la sala de juntas del piso setenta y cinco de la Torre RISE. Desde ahí se veía Cadereyta, o más bien, la refinería de Cadereyta. O más bien, la bruma que salía como tentáculos imprecisos de color marrón y anaranjado venenoso de la refinería de Cadereyta que si no estuviera dejaría ver a Cadereyta.

Humberto dijo con voz cargada de nervio:

-¿Ya viste lo que dice el pizarrón?

Trinidad lo leyó mientras decía:

-No he leído nada, es muy temprano, tuve mala mañana con los Bitcoin y quieres que vea el pizarrón… veamos: “HOY ES EL DÍA DE LA VERDAD. LO MÁS TRISTE DE LA TRAICIÓN ES QUE NUNCA VIENE DE TUS AMIGOS”

Lo leyó dos veces como queriendo traducirlo.

Suspiró al final y se acercó a Humberto con seriedad.

-Ok -dijo Humberto-, ya veo lo que está pasando aquí: te descubrieron. Me imagino que esta reunión fue para acusar a quien fue el traidor que vendió los datos del producto y las proyecciones de ventas a la competencia. En estas dos semanas me he estado quebrando la cabeza con eso. 

Meneó la cabeza. Lo miró con preocupación:

-Acéptalo, Humberto. Somos amigos de hace mucho. Te lo quería comentar hace mucho. Fuiste tú, lo sé, confírmamelo, debo ayudarte, pero dime la verdad, di la verdad, aquí nadie te escucha. Yo te cubriré en lo posible. No debiste hacerlo, la verdad, tienes un grave problema, mi amigo. Pero te cubriré, diré que fue otra más de tus pendejadas… Para eso soy tu amigo… Sólo confirma, caíste en la tentación, ¿verdad? Se te hizo fácil…

Humberto lo miró como si el mundo estuviera de cabeza frente a él.

-Estás loco, Trinidad, yo no fui, demuéstramelo. No puedo creerlo. Me duele que pienses así de mí… ¿No éramos amigos? ¿De hace tanto tiempo?

Se le quedó mirando.


-¿Fumaste algo, te inyectaste algo? ¿De nuevo? Me caló eso, ¿eh? Pero aquí entre nos, creo que fue Ofelia. Desde hace tiempo me dieron el pitazo de que era problemática. Y que tenía acceso a información privilegiada. Y qué tenía etiqueta de precio.

Trinidad iba a rebatir ya con el dedo levantado cuando en eso entró Ofelia.

Venía como siempre, muy arreglada, tacón alto, vestido ejecutivo, con su rostro enojado como si el coraje y enojo fuera su esencia, su apellido. Despedía humores de intolerancia, como siempre, esperando ver la pequeña grieta por la cual iniciar a perforar en el ojo ajeno.

-Los escuché, lo del traidor, pero no, no fui y yo y no pondría las manos al fuego por ustedes ni por nadie. Allá ustedes y su conciencia, pero, sí, debería ser más discreta, pero ya los vi atacándome, primero, no tengo precio, el sólo hecho de mencionarlo me ofende más que su presencia en esta empresa, pero por otro lado, colegas, creo que pensaron en la mujer equivocada, según mis datos fue Cordelia. Eso me han dicho,  por ser mujer ya me estás acusando? Eso es violencia de género. Sólo de oídas, ¿verdad? Ya nos veremos después… en su momento que decida… Pero por el momento sé de buena o mala fe que ha sido Cordelia.

Ni Trinidad ni Humberto se inmutaron.

-¿Cordelia? ¿Tu gran amiga? No creo. ¿O sí? Ya la abandonaste también. Ya le sacaste los trapitos y le sacarás los que le faltan, todo por descarrilarla, lo sé, lo imagino… Ya era de que sacarás las cartas, Ofelia…

Trinidad dijo:

-Cordelia, esa ambiciosa. Siempre se me hizo una ambiciosa. Tiene sentido, Humberto…

-Sí ya sé eso, y que es una trepadora -dijo Humberto-. Y no es la única… pero a Cordelia siempre la he visto de la mano muy cerca de Dionisio. De la mano y de otras… cosas…

Y así fueron llegando todos y leyeron la frase. Y entró Marcela y acusó a Roberto, este susurró a Cordelia que es Sergio el señalado, que salió en las cámaras. Sergio le dijo a Ofelia que desde un tiempo atrás sospechaba de Trinidad, que tenía amigos extraños en LinkedIn. Roberto se sinceró con Humberto, no lo hubiera creído de Carlos, apostaba por Sergio, por lo de las cámaras. Cuando llegó Carlos apuntó con su laser a un cuadro de todos reunidos en una celebración donde estaban todos sonriendo y se fue por Dionisio, el presidente. Cordelia regresó porque había salido de pronto y evitó saludar a Humberto, quien ya le había mandado el mensaje.

En eso entró Dionisio y todos callaron. Muchos evitaban ver a nadie. La tensión se sentía como de cementerio en momentos que les dijeron que no habría Resurrección ese día ni los que venían por siglos, cuando los muertos todos ya habían salido a la calle en falso y estaban furiosos porque el Mesías se quedó cenando con sus amigos y ahora tenían que regresar a sus tumbas y habían perdido los rumbos en la festejación.

Lo primero que hizo Dionisio fue saludar, estaba radiante, su último viaje a Singapur y Hawaii lo habían rejuvenecido de manera tremenda:

-Hola a todos, espero que hayan tenido excelente fin de semana largo. Ahora, ¡a ponernos las pilas!

 Lo segundo que hizo fue llegar al frente leyó la frase y cerró los ojos, fue por el pizarrón y la borró. Su radiancia se había emblanquecido un grado de diez y no cinco como hubiera imaginado la audiencia.

Trinidad le susurró a Humberto:

-Te dije que iba a aparentar estar de buen humor, el madrazo está a punto de llegar. Dionisio es una bestia cuando está de mal humor. La bestia que se sintió acorralada bufará y lo querrá incendiar todo al salir. Y a todos.

-¡Qué caray! -dijo-, bueno, esa frase corresponde a otro caso de estudio. El caso de estudio que nos toca hoy es el de la página 313 del libro de texto. Bueno, empecemos la junta. La idea que les comenté es el caso que íbamos a analizar del Harvard Business Review, CÓMO CREAR LA CONFIANZA EN EL EQUIPO DE TRABAJO, TODO MUNDO APUNTANDO HACIA EL MISMO OBJETIVO. Como subtítulo: LA ARMONÍA DEL EQUIPO LA CLAVE DEL ÉXITO. EMPATÍA TOTAL, COMO PONER MIS MANOS AL FUEGO POR MI COMPAÑERO DE CONSEJO.

Hizo una pausa.

-¿Alguna intervención o alguna buena idea o buen pensamiento a compartir para dar inicio a esta sesión? ¿O prefieren una sesión de movimiento físico para entrar en calor y pasar las buenas vibras?

Pero era demasiado tarde. 

En esa sala de juntas del piso setenta y cinco de la Torre RISE los filos empezaron a brillar. Las navajas, los machetes, las hachas empezaron a salir de donde estaban guardadas. ///1231



miércoles, agosto 13, 2025

907. Vivíamos eligiendo padres. ¡Esos son los míos! ¡No, los vi primero! Incubadoras modernas.... ///



La vida es compleja, mucho... VIII




906. El teleamor, tanto aislamiento. Décadas. Nada satisfactorio. Pero llegaron los teleguantes....///

La vida complicada VII







905. La ley de las virtudes, todos teníamos que seguirlas. Pero en la noche, nadie me veía. ///

La vida complicada VI


Lo bueno es que nos queda Paris...





904. Soñé a dos tipos que mataron a otro. Desperté, los vi. “¿Sabes?, soñamos que nos viste”. ///

La vida complicada V






903. Nociva ingeniería genética, éramos muchos y parió la abuela, la bisabuela y la tatarabuela. ///

La vida es compleja, difusa, irregular... IV





902. Mis galletas chinas. Abrí una, mal, otra, terrible, una más, horrenda, reclamé, me apalearon. ///

La vida es complicada II





901. Más que una mujer, con mil cabezas de víbora y que convierte en piedra, pero cocina rico. ///

La vida es complicada...





domingo, agosto 10, 2025

1230. El gato me dio su mensaje. Mañana todos quedaríamos sordos. Obvio, nadie me escuchó.

NnCt 1230 de 1m440 mensajes de gatos que me dijo mi gatita pero ninguno tiene sentido y al final de cuentas es solo su opinión y nunca le hago caso realmente porque lo que ella solo quiere al final del día es comer y comer. // 09/08/25 





EL GATO QUE SÍ ESTABA

Garza de la Garza contaba, preocupado, hablando en voz baja:

-Me salí a fumar un cigarro. Regreso y el gato ya no estuvo. Solo lo metí a la caja y ya ejecuté los procesos y sencillo, pero ya no está. No ha regresado. Cuando se entere Contreras, espero que no se enoje conmigo. Yo sólo hice lo que me pidió el protocolo. Como el gato era de todos y de nadie. Pensé que si me lo prestaban un ratito…

Rome lo seguía recriminando.

-Hacer la prueba del gato de Schrodinger, la derivada. ¡Qué bárbaro! Eso hiciste, sin avisar a tu tío Contreras.

-Ahora que lo pienso, Rome, pues sí, me dijeron eso “puede que mates al gato”. La prueba es solo ver si el gato está vivo o muerto al mismo tiempo. Nadie quiere matar al gato. Yo no quiero matar al gato. Me gusta Rumpels. Hice lo posible para que no le pasara nada, pero ya no está y no ha vuelto. Además, ¿cómo se te ocurre que se podría morir el gato? Es imposible. O desaparecer y no regresar. Estaría las dos cosas al mismo tiempo, la idea era probar la paradoja de lo imposible.

-¿Entonces para qué hacemos la prueba con un gato vivo? Pudimos idear otra cosa. No sé, poner una taza de café que salga caliente o fría. Al mismo tiempo, o te hubieras puesto tú, Garza. A ver si no te morías o vivías al mismo tiempo…

-Porque la tenemos que hacer, Rome, es el check, es probar, el gato sobrevivió. Check. Parte del protocolo, poner un ser vivo, a quién pondríamos, ¿a tu perrito? El doctor Contreras dijo que se tenía que cumplir el protocolo y lo cumplí. No había indicaciones de lo contrario…

-¿Pero a quien le importa la prueba en este caso? ¡Era nuestro gato! La institución debió haberle buscado algo, un sustituto, a lo mejor no hacerla incluso. O buscar un muñeco. 

-Contreras no dijo nada de eso, solo dijo, hagamos los protocolos, Rome, eran mis tareas pendientes de este mes. 

-Hijole. ¿Ahora qué hacemos? Te cargará el payaso, Garza de la Garza, si el Rumpels no aparece en las siguientes horas…

-Eso creo. No te miento, estoy muy asustado o preocupado, ya debería aparecer, no quisiera haber roto alguna regla dimensional… con eso de que estamos probando cosas con MiniAcelerador de Partículas que nos prestaron del CERN de Suiza, pues…

-Y lo malo, tengo la idea de que era “refurbished”, reconstruido, me pregunto si esas pruebas que estamos haciendo, estaban permitidas dentro de las posibilidades o nos saltamos las trancas, como siempre…

-Entiende, Rome, tenemos bien metidas en el cerebro las ideas de que las becas todas dependían de esta cadena de protocolos a cumplir, presupuestos, cosas de esas, observancias, acatamientos, supervisiones. Ya todo estaba arreglado, pero si no hacíamos la prueba del Gato hasta el presupuesto se nos caía. La Comisión de Investigación es muy perra. Y sí, ella es perra y nosotros sí, perdón, necesitamos al gato.

Rome no hizo gesto a la mala broma de su colega.

-Reza, Garza, que si viene el jefe, querrá su gato. 

Garza pensó un rato. Dijo:

-Le decimos que hicimos un experimento simulando la creación del Big Bang y que se necesitaba la prueba del gato sobre si está vivo o no, y que algo ocurrió y que ya no está.

-No eludas, era su gato.

-Era de todos, ¿no? Yo no sabía que era su gato. Yo acabo de llegar hace mes y medio, solo veía que le daban de comer. Como si fuera externo. Ahora resulta que todos lo amaban… este, lo aman, quiero decir.

-¿Eso qué importa…? ¿Cómo pudiste ser tan tonto? Un gato real no es para hacerle experimentos tan de vanguardia…

-Ya no me digas, con todo se me  hizo un gato callejero. Comía afuera. 

-Ni te defiendas. Ese gato, Rumpels, tiene permiso para entrar y salir cuando quiera, está en la cocina o en el patio o durmiendo.

-¿Pero crees que el jefe olvidará el incidente? Estamos tan cerca de saber los secretos o el secreto del universo. Bueno, eso es lo que piensan todos los centros alguna vez en la vida. Conseguiremos el check, esa es la buena noticia…

-Ni lo menciones, no conoces a la gente de acá. Amamos a los gatos. ¿Lo del gato era necesario? Se te van a venir mil dos mil gentes cuando se enteren, asociaciones, personas, abogados de animales. Amantes del amigo doméstico. La Iglesia del Gato que nos Mira desde Arriba es particularmente rabiosa en ese sentido.

-Espero que no sea el caso. Sólo espero que regrese. Va a regresar, lo sé.

-¿Por qué estás seguro de que va a regresar? 

-Porque en unos cálculos que hicimos, es solo un traslape temporal de la realidad. Sólo desaparecería por unos segundos y regresaría. Bueno, eso salió en varias corridas con la compu. 

-¿Y en otras?

Garza miró al otro lado, le dolía el estómago tremendamente. Apenas se daba cuenta de lo que acababa de ocurrir.

-Pues, siendo franco, jamás volverá. Podría haber un desplazamiento de masa de este universo a otro desconocido, a otra corriente de tiempo. Mi estómago está hecho trizas. Ya me arrepiento, caramba.

-Es que no debiste hacerlo, compa.

-Era una investigación del Big Bang, tan cerca de saber de su origen. El origen del universo. Es otra pieza básica de información… Todo era teoría y esta la oportunidad de hacerlo práctica, era de rutina, pero de una rutina para hacer historia en la física…

-¡Pero usar al gato de la cocina, el Rumpels! A ver quién te perdona… Empieza a rezar…

-Es que no había sustituto, ¡¡entiende!! Y pensé que iría y regresaría sin problemas, como el perro Einstein de Regreso al Futuro, el que sube al DeLorean al principio y regresa ileso…

-Esa es una película y ni lo menciones, que no le agradará a tu tío. No le agradará nada en absoluto. Hazme caso y reza… y no me hables hasta que resuelvas esto…


De la oscuridad a la luz. Del resplandor a la claridad.

El gato Rumpels apareció de pronto en un cuarto con muchos gatos similares. Todos estaban hablando entre sí, unos dormían, otros se lamían sus partes. Todos colores diferentes, pelajes, edades, de todos tipos de gatos. No podía reconocer ningún olor.

En su idioma gato se comunicó con el primero que vio, un Tabby que estaba solo lamiéndose sus partes.

-Hola, ¿qué haciendo? ¿Cómo te llaman?

-Aquí limpiándome. Me llaman Chivis, tú?

-Me dicen Rumpelstinsky, pero el acuerdo general es que sea Rumpels.

-¿Rumpels? Raras tus gentes que te pusieron eso. Veo que eres un tuxedo.

Rumpels asintió y sonrió.

-Es obvio que soy un tuxedo, pero más blanco que negro, es más, a mí me debieron poner Manchas o qué sé yo… en fin, al grano, Chivis, ¿dónde estamos?

-En una sala de espera, creo.

Rumpels miró a todos lados. Paredes claras, varias superficies, todo era un solo color y el hecho de que hubiera cientos de gatos de todas las razas le daba una gama especial de tipo cromática.

-¿Sala de espera? ¿y qué esperamos, Chivis? 

-Que el mentado experimento termine. Pasa un tiempo y cada gato que aparece aquí se desaparece en un rato y regresa de donde vino. Creemos. Los investigadores que generan esto están haciendo experimentos de seguro en este instante, o en aquél instante, porque según me explicaron estamos fuera del tiempo y del espacio, lo que sí es que están, estamos, en confusión.

-Wow. ¿Y dónde está esta sala de espera? ¿O sea, en qué parte del universo está?

-No sé. Ese es un tema, el otro tema es en qué momento del universo está, o estamos.

-Entonces la siguiente pregunta es… ¿cuánto tiempo tienes aquí, Chivis?

-No estoy seguro, puede que sea mucho rato, como una comida o dos.

-Es mucho. ¿Y dices que es temporal?

-Sí, de hecho la de allá, la gris aquella, la de la oreja malformada, ella sabe más del tema. Se llama Tigra…

-Tigra, cada quien sus nombres. Deja voy con ella. Gracias por tu información, Chivis.

Chivis le sonrió y se siguió limpiando sus partes con toda tranquilidad.

Rumpels se trasladó evitando con mucha delicadeza muchos gatos. Algunos dormían. Otros se acicalaban. Otros veían las paredes. Todos estaban en desconcierto, pero guardaban decoro con paciencia. Escuchaba las conversaciones.

-Sí, tengo que comer, pero no hay comida, pero no es que tenga hambre, sólo sé que tengo qué comer.

-A mí me hace falta mi sol. Pero no hay problema. Esperaré. Ya se están yendo algunos de regreso.

-¿Y sí regresan con bien? 

-Sí, con seguridad.

-¿Cómo sabes? 

-Es lo más probable, en este mundo ambiguo no hay otra manera, solo se regresa y ya. 

-Tengo sueño.

-¿No han visto un arenero por aquí?

En ese lapso hubo gatos nuevos y hubo gatos que se fueron. La gata Tigra estaba hablando con unos gatos, algunos estaban nerviosos, huraños. Llegó Rumpels y los demás gatos se retiraron a sus necesidades.

-Hola, Tigra, ¿qué haces? O más bien: ¿qué hacemos aquí? Me llamo Rumpels.

-Hola, no soy la encargada, ni me preguntes, de hecho, no sé qué sea una encargada, pero creo que soy la mayor y vienen a preguntarme lo mismo, ¿qué es esto, ¿dónde estamos?, ¿cuánto tiempo?, ¿dónde hay comida?, ¿dónde hay arena? Y les respondo: Esto es como un pivote. Una bisagra de puerta. Aquí se conjugan muchas magias. Las de los seres vivos y las que ellos, los que nos dan de comer, crean a través de su tecnología mágica que desea manejar tiempos y espacio. Que no saben qué hacer con ella. Sólo la hacen para hacerse más preguntas, y su maldición es que ellos nunca se estarán en paz…

Hizo una pausa para rascarse una oreja.

-Ni sé dónde es, ni cuando es, eso no me importa, lo de la comida, pues, siempre tenemos hambre y siempre queremos saber lo de la arena, pero no la usamos. Estamos como en suspensión. Y así ocurre, vienes tú, se van dos gatos, vienen dos gatos, se va uno…

-¿Por qué tú todavía no te vas?

-Creo que alguien tiene que poner la calma. Pero creo que ya están acabando. Ya hay menos gatos cada vez.

Rumpels miró a su alrededor, de alguna manera extraña estaba comprendiendo a hilos lo que estaba ocurriendo. Era como si el resplandor los iluminase y en su cerebro se estuviesen haciendo más y más conexiones en su cerebro.

-Sospecho que aquí es donde está el secreto del universo, ¿verdad?

La llamada Tigra lo miró con ojos de sorpresa, pero Rumpels percibía que así era ella. 

-Así es, y nosotros los invitados lo sabemos. También me llegó esa idea. Solo es asomarse a ese espacio del resplandor multicolor pulsante y ver lo que está afuera. Ya lo hice y es indescriptible.

Rumpels se fue a asomar a la plataforma abierta que miraba a lo que él creía que era la simple noche. Pero más era la gran noche, la gran oscuridad con las primeras estrellas, los brazos donde están los hornos del principio de los universos generando las maternidades de las primeras galaxias. Se formaba el resplandor primigenio.

-Es impresionante, nunca me lo hubiera imaginado…

-Nadie, Rumpels, nadie se lo hubiera imaginado…

Era un resplandor inigualable, ninguno de los dos gatos estaban preparados para ver lo que estaban viendo. No había palabras, era inenarrable. El principio de la creación misma, los elementos que se iban acomodando, los colores, las dimensiones, las partículas, lo que era el flujo del movimiento, el comienzo de la gravedad, el de las fuerzas que permitían que el neutrón existiese, el protón, el electrón, la gran estabilidad nuclear que permitía que el átomo quedara unido y por tanto el ladrillo mismo de la materia que permitía que todo lo demás existiese, en sus correspondientes momentos e instantes, universo, galaxias, estrellas, soles, planetas, tierras, agua, humanos, gatos y croquetas además de sobres con comida húmeda deliciosa.

-¿Es lo que yo creo que es? No que lo alcance a comprender, pero solo soy un gato.

-Sí, el Big Bang y qué fue lo que prendió.

-Esas sombras somos nosotros, ¿verdad? Tal y como fuimos llegando. Nuestra influencia, nuestra energía, nuestra presencia. No deberíamos estar aquí, pero este es el principio de todo, ¿verdad?

-Sí, Rumpels, cada llegada de gatos ha estado generando una inmensa cantidad multiplicada de energía, cada gato que llegaba era más energía infinita que se convertía en luz y luego en materia, y ambos elementos juntos ocuparon un espacio y todo se derivó en un movimiento que fue lo que formó el tiempo y sus hilos. Como gigantes bolas de estambre con las cuales jugar a enredar y desenredar en intentos de prueba y error. En los que no importa si se hacen o deshacen, lo que importa es enredar y desenredar. Fueron muchos gatos bebés, cientos, miles, pero no más. No tardo en verme, de hecho ya reconocí a uno de nosotros, sí, ahí está la Tabby con el que hablaste hace rato, la Chivis. Todos los pequeños gatos jugando con las luces del Gran Universo por nacer. Pequeños bebés gigantescos interviniendo en la creación, jugando con la materia creadora enredando y desenredando… no sé de donde me salen tantas palabras, Rumpels…

-Sí, ahí estás tú Tigra, te veo, impresionante, llena de luces de puntos, de resplandores grises y blancos y negros, y tus bigotes, Tigra, ¡que belleza!, perdona que te lo diga… y mira, ahí, ¿qué es eso? Hubo un roce con otros gatos… ¡Mira! ¿tu oreja se dañó ahí tal vez?

-Si, así fue como pasó lo de mi oreja, qué interesante… ¿quién lo hubiera dicho…?

-Sí, entonces, nuestra llegada aquí, producida por el experimento de los investigadores, dio pie a la acumulación de fuerzas en esta como puerta de transición de lo que es y no es, y forzó a la creación de nuestro propio Big Bang… 

Rumpels hizo una pausa.

-Sí, ese Big Bang, el del comienzo de todo, Tigra. El nuestro. Estando aquí provocamos nosotros mismos nuestra creación. Eso es cósmico.

-Así, es, por cierto, no encontraron nada de arenero, ¿verdad?

Rumpels le iba a contestar que unos estaban improvisando en aquella esquina cuando todo se disolvió. Lo último que vio fue a la Tigra que comenzaba a disolverse y que le alcanzó a decir: 

-Un día nos veremos, amigo Rump…

De pronto Rumpels apareció dentro de seis paredes de metal cromado. Volteó a los lados. Maulló.

Usó el maullido doliente para avisar que tenía hambre. Vio que tenía cables en su cuerpo por todos lados y procedió con molestia evidente con sus garras y sus dientes a quitarse cada uno.

Se abrió la puerta y el de la bata blanca le sonrió y le gritó de gusto.

-¡¡Rumpels!!! ¡¡Llegaste!! ¡Estás vivo!! ¡¡Prueba superada!!!

El gato le respondió a Garza de la Garza con una arañiza en la nariz con su pata derecha rapidísima llena de indignación si es posible que eso se pudiera dar, tan profunda, que se le quitaría hasta dentro de dos semanas. 

Rumpels saltó al piso y de inmediato se estiró, se agitó el cuerpo y con agilidad se dirigió hacia donde estaba la comida. Tenía hambre y tenía sed. Y quería usar el arenero. Y tenía sueño. Y solo quería ocultarse las horas a descansar.

Garza traía un curita provisional en la nariz, hablaba con Rome lleno de confusión. Tenía sangre gritando “¡aquí pasó algo fuerte!” en su hasta hace minutos impecable bata blanca.

-Rome, ¿qué pasó, ¿por qué volvió?, ¿cómo volvió?, ¿dónde estuvo?, ¿qué ocurrió?, ¿Por qué Rumpels está tan enojado conmigo?

-No sé, pero parece que su furia es sólo contigo. Tienes toda la culpa y está correcto de estar furioso contigo. Bueno, saquemos algo de todo esto, rápido, despabilémonos antes que llegue Contreras, ¿qué dicen los instrumentos?

Garza procedió a revisar, incómodo por la herida. De pronto le salían mas gotas de sangre, se preguntó si el Rumpels estaría vacunado algo así o si estaría infectado o si él tendría que ponerse vacuna contra el tétanos o contra alguna toxina desconocida. O esa toxoplasmosis rara.

“Quien sabe por dónde ha de haber andado ese gato. O con quien se andaría juntado.”  Pero se cuidó de decirlo en voz alta. No sería conveniente en ese momento.

Después de analizar las lecturas solo dijo:

-Se registraron medidas fuera de la escala, se hizo exponencial astronómica, no lo entiendo. 

-¿Hay datos rescatables para lo de tu investigación del Big Bang?

-Pocos, pero muy significativos, solo que me entró una duda. Pareciera que en temas de tiempo, según el cronograma, antes de que regresara Rumpels tuve una sensación de Deja Vu, tremendísima, como nunca antes, casi tiemblo de la impresión… pero pensé que era mi nerviosismo el que me puso así. Como si ya hubiera hecho esto, esto que hicimos o hacemos antes, y no solo una vez… pero con resultados diferentes. Como si hubiera un sentir presente respecto a que Rumpels nunca volvió y que eso fue el comienzo de los desastres para todos. Y que hubo más cosas terribles, que no me atrevo a decir… Pero de pronto todo eso ya no fue y, estamos aquí… Sí, fue un raro Deja Vu…

Romelia se le quedó viendo. 

-También yo, Lauro, no había querido decirte, se me hizo lo más subjetivo del mundo y nosotros solo hacemos ciencia objetiva, pero sin embargo, tuve una visión extraña, de la que Rumpels tenía que ver con todo esto… pero el experimento como dices solo era lateral… sin significancia alguna. No de que haya ido al cielo y regresado, pero sí nos consta que desapareció, que no estuvo presente. Eso es lo mas extraño, ¿dónde estuvo Rumpels esos minutos? Le hubiéramos puesto una cámara…

-Estoy pensando en si rompimos extraños equilibrios. Pero, aquí está Rumpels. Y está bien. ¿No?

-Eso parece. 

-Digo, Garza, no es de que se haya ido al principio o al fin del universo, al cielo, o al Nirvana, ¿verdad?

-Una vez leí que los gatos son dioses… por eso tengo problemas con los gatos. No son dioses, claro que no. Solo son otros animales de la creación. Sólo eso son.

-Dioses sí, creadores de universos, no. Está de reírse. Son bromas, son deseos, son expresiones, no realidades, Garza…

Ambos tuvieron que decir la verdad al doctor Contreras quien castigó fuertemente a Lauro Garza de la Garza con suspensión de dos semanas. Pero los resultados obtenidos fueron suficientes para años de estudio. Por eso le rebajó a solo una.

Fue cuando empezaron a saber de todas partes, los comentarios y registros del Deja Vu Colectivo más impactante de la humanidad, como si la gente tuviera la sensación fusionada de que ya habían previsto ese instante que mencionó Garza y corroboró Romelia. Como si en algún momento se hubiera dado un gran “reset” al mismo tiempo para todos. Un acto de registro para todos, como cuando se muere alguien importante y todos se acuerdan de que hacían en ese momento.

 Se invocó a Jung en este proceso, como invocando a la gran conciencia colectiva. Otras religiones se quisieron apropiar que era la señal de la reflexión y de la meditación, el fin del consumismo y el comienzo de la nueva era. Unos decían que una era de paz, y otros una era de arrepentimiento y de lavar los pecados individuales.

Pero nadie estaba seguro de ello.

Rumpels siguió comiendo. 

Y de pronto se ponía a ver la pared y en vez de pintura descascarándose por falta de presupuesto, él miraba constelaciones primitivas, fuerzas desarrollándose como corrientes marinas, colisión de constelaciones, partículas atómicas, moléculas aglutinándose formando materia primitiva, materia oscura, radiaciones primigenias, las primeras bolas de gas hidrógeno ardiendo y con ellas las primeras estrellas, los pulsares, los quarks, las cuerdas, los cuásares y las decenas de objetos estelares que nadie sabría de ellos hasta dentro de siglos y sobre todo, el tema de los mares del tiempo y sus corrientes y sus olas, el tiempo y percepción de que nada podría quedarse como estaba, y de que todo el universo empezó su camino de lo más ardiendo de pronto en los billones de grados hasta un futuro en el que todas las moléculas llegarían a la congelación total cero absoluto en quince mil millones de años, funcionando, siempre hacia delante, como Rumpels y posiblemente Tigra, también siempre habían creído. Tic tac, tic tac tic tac… sin cesar en los magnos relojes de arena de los tiempos, excepto esa vez de su breve encuentro en esa sala de estar y que al menos Rumpels, todavía recordaba.

Rumpels agitó la cabeza y pensó: “Ah, por cierto, ya es tiempo de mi sobre, lo huelo, ¡ya era hora! ¡Comida, comida, comida!”

Y después de su encuentro con Rome y comer a gusto, le dio por subir bajar escaleras, cajas, sillas, mesas, aparatos, subir bajar pasillos, refrigeradores, alacenas y ahhh, después del ejercicio, respecto a esa arena de los tiempos, por supuesto, el arenero. 

Y dormir. 

Esa era la verdad de encontrar la felicidad de la mera eternidad al filo de la creación por siempre en el mero comienzo de la primera luz.

“Felicidad” pensó Rumpels antes de cerrar los ojos, “me gusta mi vida”. //1230


viernes, agosto 08, 2025

Las Gatas en la Oscuridad ----por Luis Eduardo García ---Cuento tres del libro “Veinte cuentos dispersos y uno de terror desesperado” -- 2022




A las 7 AM el humano sintió una opresión grande en el pecho. Le faltaba aire. Sin saber cómo se dio cuenta del porqué de la opresión. Su gran gata blanca con negro estaba arriba de él. Una vez más. Abrió los ojos con dificultad. Los ojos de la Gata Uno lo veían penetrantes. Ella empezó a ronronear. Quizá para recompensar al humano para que éste sintiera el llamado a la acción literal.

Gata Uno: Humano, hazlo ya, yo ya estoy ronroneando. ¡Y no tengo todo el tiempo!

El humano obediente, siempre, hizo el ritual. Empezó a acariciarle el lomo. Una vez, dos veces, tres. Cuatro. Se detuvo. Cerró los ojos.

La Gata Uno le dio un zarpazo lento, el humano no era malo, era inepto, era todo. El humano abrió los ojos y siguió acariciando, sin saber por qué, solo que debía cumplir con el ritual de acariciar el lomo de la Gata Uno. Cien veces.

La Gata Dos se apareció en la recámara: Uno, ¿ya nos va a dar de comer? Tenemos hambre.

Gata Uno contestó: No sean impacientes, ya acabará. Imperfecto que es, lo hace bien, a su manera.

El humano se movió al llegar a cien y la Gata Uno se retiró al piso. Lo primero que el humano hizo fue levantarse de la cama. Había tenido sueños inquietos. Seres negros que lo rodeaban. Horrible.

A las 7:30 AM el humano miró al piso y vio el cuadro de cuatro gatas, Gata Uno, Dos, Tres y Cuatro, esperándolo para desayunar. Sin saber por qué con claridad y pensando que era su voluntad fue a la cocina con las cuatro caminando a su lado a servirles de comer a cada una en su plato. 

El humano lo hizo como siempre, y se retiró a hacer lo suyo.

Gata Uno preguntó: ¿Alguna novedad?

Gata Dos y Tres dijeron al mismo tiempo, no por algo eran hermanas:  Nada. 

Gata Cuatro dijo: Ocurrió en la noche, sentí un viento raro en la puerta, como si una ráfaga de aire negro cargado de polvo malo avisara que algo espantoso ocurriría pronto.

Gata Dos miró a Cuatro: ¿Crees que será hoy en la noche?

Gata Cuatro respondió: Todo indica que sí.

Gata Uno: Nunca nos hemos llevado bien entre nosotras, Cuatro, pero eso no es algo mortal. Lo que sí es mortal es que vengan las Sombras por el inútil humano que nos tocó de proveedor.

Gata Uno continúa explicando: Las dos compañeras de afuera no nos podrán ayuda. Quizá sería muy arriesgado. Entonces somos primera y última línea de defensa, Gata Cuatro, tú estarás en la cocina, avisarás en cuanto quieran entrar, yo estaré al frente, en la puerta, Gata Tres, estarás en el patio, Gata Dos, estarás en todos lados tratando de apoyar a la que enfrente la primera andanada. Sostendrás la línea.

A las 4 PM Uno estaba dormida, tenía que reposar, lo necesitaba mucho. Cuatro estaba escondida en sus oscuridades, tímida como siempre, Tres estaba comiendo, Dos estaba en su baño.

A las 7 PM las sombras cambiaron. El relax y el descanso fueron relegándose lentamente. El humano no se percató, normal en su vida. Sólo observó a Gata Cuatro con su cola curva de Gato Félix viendo a la sombra de la puerta trasera, mirando sin mirar a la madera, donde no había nada.

A las 2 AM, las luces de la casa ya apagándose, las gatas estaban sin disimulo alertas, se movían de un lugar a otro con toda ligereza y fuerza. Gata Dos siempre con su carita negra quijada blanca, ojos dormilones, al borde de soltarse a echarse al piso. Gata Tres, hermana de Dos, cara totalmente negra y al pendiente de alguna cucaracha desafortunada, moviendo la cola, sin cesar, como si no lo hiciere fuera motivo directo e inmediato de la desaparición del mundo. Siempre en su mal humor.

El humano, ya a punto de dormir, confundido por la hora y la inusual conducta de ellas, solo las veía moverse de un lado para otro, a lo largo de la casa, a toda velocidad de manera vigorosa y ágil.

-Nunca he entendido que ven o miran u observan, qué cuidan, porqué juegan, qué persiguen, por eso prefiero un perro, ellos nos dicen con más claridad como se sienten y al menos ladran.

Gata Uno lo miró, con solemnidad, tal vez con curiosidad. En sus ojos de pupilas verticales con esa mirada que parece despreciar al mundo y a sus habitantes, también parecía retarlo.

El humano, aceptando que dijo algo impropio, tal vez, mencionó en voz alta:

-¡Claro que no, estoy bromeando, las amo a todas ustedes, reina! ¡Y más a ti, hermosa!

Fiel a su costumbre el humano se agachó a acariciarle el lomo blanco con corazón negro. Gata Uno lo evitó, elegante y sinuosa.

-¿Quieres comida, reina?

Gata Uno: Vamos, pues.

A las 4 AM ni un humano despierto. 

Gata Uno se repitió: Sí, vamos, pues. Todas a sus puestos.

A las 4:30 AM empezó el zumbido. Gata Cuatro completamente aislada del mundo mirando cualquier movimiento a nivel mota de polvo. De pronto emitió un bufido. Las demás gatas se pusieron todas tensas. Músculos endurecidos, uñas a punto de aparecer, pelo erizado. Pupilas abiertas en forma circular lo más posible en condiciones de oscuridad. Las orejas apuntando hacia delante. Cuerpos agachados, las patas traseras replegadas, podrían saltar dos metros en caso de necesidad.

A las 4:40 nada parecía ocurrir. 

Gata Uno ordenó: ¡Concentración y enfoque! ¡Vienen con todo!

Los seres oscuros entraron en estampida través de las puertas de entrada, de lavandería y de patio de manera ordenada, inmediata y como si fuera ataque coordinado. Las gatas respondieron con bufidos y escupidos, abriendo la boca y expulsándolo de manera brusca todo en menos de un segundo. Las creaturas empezaron fuerte contra Dos en su puesto y contra Cuatro, pero ambas resistieron el primer embate. Sombras oscuras como ratas con dientes largos, ojos rojos, deseando invadir, adueñarse de todo, sin que los humanos supieran y sin que se enteraran de quienes serían sus nuevos dueños. 

Las gatas dominaban si eran luchas de una en una, pero en grupo, los seres oscuros creaban mayores peligros. De pronto entendieron de manera extraña que Uno era la líder y la mayor, por ende, la más débil, y fueron tras ella. Los seres obscuros que caían muertos se disolvían poco a poco. Dos en su puesto móvil atacó con toda la fuerza y dientes y músculos, destruyendo furiosa sin dar cuartel.

Gata Cuatro: ¡No son tantas!

Gata Tres: Acá igual, ¡creo que puedo sin ayuda!

Solo se escuchaban los terribles crujidos de los cuerpos de los seres siendo destrozados por todas.

Gata Cuatro: Uno, ¿cómo te está yendo…? ¿Uno? ¿Necesitas?

Gata Tres: ¡No está contestando!

Gata Dos: ¡Se fueron contra Uno! ¡Voy a ayudarle, rápido!

Dos se movió por los pasillos de la casa lo más veloz hacia el frente y vio como una manada gigante de sombras se ensañaba contra Uno, quien apenas se defendía con dificultad visible.

Gata Uno miró y dijo casi desfalleciendo, su lomo arqueado, buscando aire: ¡Ya era hora! 

Gata Uno, la mayor, con sus mejores días detrás, aún era capaz de dar saltos a la mesa de la despensa de ahí a las alacenas y de ahí al refrigerador. Pero las creaturas eran demasiadas y feroces. 

Gata Dos empezó con la destrucción de todo lo que vio a su paso destrozando con manotazos abiertos con sus garras filosas y violentas. Parecía disfrutarlo. Llegaron Cuatro y Tres a ayudarla con destreza y habilidad total de cazadoras natas. Los crujidos infernales y los bufidos de rabia y combate fueron disminuyendo. 

Gata Uno, protestó: ¡Hey! ¡Ya las tenía!

Las demás gatas se miraron. Ya no había cuerpos de los seres oscuros, todos habían desaparecido. No querían pensar lo que hubiera ocurrido si no llegaban a tiempo en ayuda a Uno.

Gata Dos preguntó con respeto: ¿Estás herida? Parece que sí.

Gata Uno: No es problema, las heridas desaparecerán. Las creaturas volverán, pero pasará tiempo. No se imaginaban que esta casa tenía cuatro gatas. Bueno, ya, todas de regreso a sus lugares. Ya a dormir. El humano se despertará temprano. Ya nos dará hambre… Y gracias a todas.

Todas asintieron. Cuatro se durmió al final. Se quedaría a ver la puerta de la cocina, por si acaso.

A las 7 AM el humano sintió una opresión grande en el pecho. Su gran gata estaba arriba de él. Una vez más. Pero esta vez estaba dormida, como cansada, fatigada. Sin exigencias de reina.

Su humano la acarició, obediente, cien veces, como siempre. Ella parecía sonreír. Y ronroneaba.

El humano solo dijo, con curiosidad: 

-¿En qué soñará?



1,229. Vi la mujer en sueños, ahí dijo que yo me aparecía en los suyos, pero desperté triste y solo. ///

NnCt 1229 de 1m440 sueños dentro de sueños y con una pesadilla y que con solo una pesadilla todo lo bonito y bueno que sueñas, dice mi mamá, lo echas a perder. ///






Has sentido, Sol, ¿eso que le llamamos lucidez de un sueño? Fue extraño, fue saltar de sueño en sueño. Pero éramos dos. Ya llevaba mucho tiempo solo en esta estación de faro aéreo acá en el cerro. Tenía sus atractivos, la soledad, la nieve y la certeza de que era un trabajo muy importante y satisfactorio. Tomaba cursos de lo que se me ocurriera, negociación, liderazgo.

Y así era, nos quedábamos dos meses o tres dependiendo. Y la soledad es canija. Y había un acuerdo de premio extraoficial de que si cumplíamos un reto nos llevaríamos un premio y así lo hice. Sólo cumplir el trabajo, solo eso. Tomarme fotos y así. Pero solo una al día. Lo demás del tiempo era estudiar y así. Y navegar por internet.

Pero el tema es que en las fotos algo raro pasaba, sin explicación salía una mujer conmigo. Una mujer, no una sombra, una mujer. Pero su rostro estaba borroso.

Y era una foto diaria y ella salía en la foto. Sentía que se acercaba a mí, en las fotos ¡y sacaba ella un cuchillo pero yo estaba solo!

Pudo pasar que era demasiado cansancio o que leí una leyenda urbana y la adecué en mi imaginación a lugar este devorado por lo solitario o qué sé yo.

Ya después era la pura curiosidad. Pensé que era un recuerdo de algo, de una película o escena de un libro especialmente descriptivo, de mi adolescencia o niñez, y estaba seguro de que si yo le enseñaba la foto, digital, a alguien objetivo, iba a salir yo solo en ella, la mujer era invención, pelirroja, con chamarra amarilla, con gorra roja, pantalones de mezclilla y botas.

En esa soledad no es difícil que uno invente cosas. Que uno proyecte cosas. Que enloquezcas un poquito, me deprimí también un buen porque me sentí eso, un poco delirante y con demostración clara.

Luego, pues lo raro es que a los pocos días, tocaron a la puerta, era una científica de otra universidad, de otro campamento, se había perdido. La escuché en su explicación, pero me en ese instante me asombré lo de su gorra roja, su cabellera pelirroja, su chamarra amarilla. Sin decir nada, lo primero que hice disimulado y sonriendo estúpidamente sin razón, casi diciendo en voz baja, “no puede ser, no puede ser” fue esconder los cuchillos de la diminuta alacena en otro cajón.

Poniendo mis sentidos al máximo escuché todo lo posible.

Me contó que estaba en el Laboratorio Astronómico Universitario Haro como a cinco kilómetros, pero se perdió en una vuelta en un arroyo con creciente y dio un rodeo y llegó a una vereda, luego al camino de terracería, vio los letreros y se dejó venir hacia acá.

Que se sentía un tanto estúpida por confiada, que estaba en un proyecto de menor tiempo, un proyecto astronómico de tomar fotos a estrellas, medir su corrimiento al rojo, que no entendí que era, espectrografías y cosas técnicas así. Y que por motivos de presupuesto parecía un reto similar al mío, el de quedarse los dos meses y que ella se tomaba fotos y leía para pasar el tiempo y en eso guardó silencio. Hizo una pausa. Se me quedó mirando. Al instante me dijo, pero su tono había cambiado, era más agudo. Más alarmado, quizá.

“Sí, ¿sabes? Un misterio se cierra y otro se abre: eres el extraño que sale conmigo en las fotos, Sales como un amigo que intentara salir de aguafiestas en mi foto...”

 Pero en este caso, el aguafiestas, el de la foto, era solo yo quien salía en sus fotos. Me las enseñó lentamente y me di cuenta de que se hacía un poco para atrás. Y ahí también estaba yo con ella y también le sacaba un cuchillo.

El aire se hacía muy pesado. La tensión se podía cortar como con un… sí, un cuchillo.

Para no hacértela larga, temiendo lo peor, me sacó un cuchillo de una funda de su cinto y me lo enterró. Y ahí estaba desangrándome en medio del shock y de como habían salido las cosas. Me negaba a creer que estaba ocurriendo todo eso. Levanté una mano a mi vista y estaba totalmente roja de sangre y en eso vi a la chica, en la pared con el cuchillo, diciendo entrecortada: “tuve que hacerlo, me ibas a matar, me ibas a matar las fotos me lo advirtieron…”

Y en eso desperté y estaba solo. No estaba herido. Mal sueño. Terrible, espantoso, muy real. Me vi las manos y estaban secas. Obvio, sin sangre. Y miré la foto y estaba solo. Ni rastros de la chuca. En eso escuché la puerta y me sorprendí, veo a la chica y vi su gorra roja y pelo rojo y de inmediato la dejo entrar. Y me fui rápido a la alacena y saqué entonces el cuchillo y se lo clavé varias veces.

Y en eso ella se despertó y me contó el sueño, muy extraño, de que hacía estudios de estrellas y no sé qué, que se perdió en la mañana, y que encontró mi estación del faro, de que entró, me conoció, yo azorado por el grado de detalle. Luego me contó con cierta ansiedad que me enseñó las fotos y mirándolas, me di cuenta de que ella afirmaba algo extraño y que dudé de su cordura que porque vi con atención las fotos y no, ¡no salíamos nadie! y me siguió contando de todo lo extraño que resultaba y que en eso se escuchó la puerta y no había nadie. Y de pronto sí me encontraba yo en las fotos en el suelo y estábamos los dos y quemé las fotos.

Y en eso yo desperté y ya no sabía en qué sueño estaba y en eso llegaron mis amigos y me llevaron a la ciudad muy preocupados por como encontraron la estación llena de sangre y mis manos manchadas y revisaron si estaba herido y nada, y de pronto al llegar a mi casa, me dejaron, bajó mi esposa del cuarto de arriba, me vio, sonrió, fue a la cocina y sacó un cuchillo y me lo clavó con furia, y en eso ella despertó y me dijo que tuvo una pesadilla de una chica y unas fotos y cuchillos y sangre y sintió celos porque eran muchos meses allá arriba y tenía miedo que me pudiera pasar algo malo.

Y me contó el sueño que dentro le contaba el mío sobre que la chica astrónoma tenía un cuchillo y que ella me enseñaba una fotos y sacaba un cuchillo y me lo clavaba con furia y locura.

Y en eso desperté y estaba con mis amigos riéndome en las pizzas que hacía mucho tiempo no había comido por estar arriba en la estación del faro y de pronto estaba con el espagueti y se me llenó las manos de salsa Ragú, que era roja y pensé en algo raro, que algo malo me iba a pasar y en eso llegó la científica y en eso tomó un picahielos y lo puso a un lado y ya no quise comer porque tenía años de no ver un picahielos y en esas pizzas ni hielo había y empecé a temblar buscando servilletas para quitarme lo rojo de las manos.

Y en un momento de lucidez yo ya no sabía que eran sueños y que no eran sueños, solo me sentí tan ansioso por despertarme y no podía, mi corazón estaba al cien y solo quería saber en donde estaba y si estaba completo y si me dolía algo en forma aguda.

Y de pronto estaba en mi casa escribiendo un nanocuento de estos y el celular se encendió y en eso vi a la científica en una foto de un lugar que parecía que era mi casa y que estaba en la puerta con un cuchillo sonriendo a una cámara de vigilancia y golpeando y en eso escuché que tocaban a la puerta y no quise abrir y ella seguía golpeando y pensé en los vecinos y en los perros y en los gatos y me dije, solo es una pesadilla de la que despertaré. Sabía que tenía que confrontarla, pero mi corazón ya estaba al doscientos y sabía que debía dormir mis horas porque mañana tenía que presentar mi bitácora y mi informe de resultados de estar en la estación allá arriba pero me sentía aturdido porque la puerta sonaba y sonaba y sonaba y no quise levantarme en la desesperación, el terror y el miedo. Cerré los ojos. La oscuridad me abrazó por mencionar un lugar común. Cuando estás tan cansado, tan fastidiado, tan lleno de agobio de origen desconocido y sin razón alguna, no puedes ser original aunque lo desees. Así dicho, la oscuridad me abrazó.

En eso desperté, abrí los ojos, vi que habían pasado horas, y con toda ansiedad aun así mejor decidí quedarme dormido y ya soñé con otras cosas, fastidiado como estaba de tanto soñar y no saber en qué sueño de quién estaba o donde aparecería mañana matando a alguien o matándome a mí lleno de sangre o de salsa Ragú. A todo te acostumbras excepto a no comer pizza que te hizo daño en algún momento en el día después de estar en una estación del faro o lo que sea que ya no sé si era cierto o era otro sueño. Pensando en donde vivía y si estaba casado y si realmente había estado en una estación de faro aeronáutico allá en el cerro en medio de la soledad donde me tomé mil millones de fotos en soledad y en algunas, ya no recordaba si había alguien conmigo o no.

Y en eso todo se me aclaró, despertar de despertares entre capas y capas graduales de la vigilia, sentí mucha humedad a mí alrededor y era porque estaba acostado dentro de una capsula llena de agua en estado de deprivación sensorial, con mi cabeza libre y respirando aire oxigenado con cintas en mis ojos y que estaba todo tranquilo y con la idea de que estaba plenamente advertido de que bajo esas condiciones prolongadas de aislamiento tendría alucinaciones y delirios y pesadillas pero que en la conciencia o desconciencia tendría problemas para separar la realidad de la fantasía y así estuve las horas o los días hasta que alguien abre la tapa superior de mi cápsula sensorial, siento el repentino cambio de luz en mi oscuridad total, alcanzo a quitarme una cinta del ojo con la luz maltratando mi vista, tratando de acostumbrarme a la iluminación mortecina pero de cualquier manera brutal y de pronto veo sorprendido a la científica de la gorra roja y pelo rojo, sacando un cuchillo y aquí estoy, embotado, creo que sangrando esperando despertar por completo. O que me despierten ignorando yo si el líquido que me rodea es agua o sangre.

Ya debería despertar ya. Ya. Sí, ya. Alguien despiérteme. Por favor. //1229


1,228. Estuve en Metro Rosario, luego Tacuba, luego Juárez, y luego, en Perdición, el infierno… ///

NnCt 1228 de 1,440 escalones que bajar por la Estación Auditorio y de pronto una puerta, unos escalones y más escalones y más escalones. ///


Llovía esa vez, como siempre y llegué al Metro Balderas, empapado, también como siempre. Veinte mil personas treinta mil personas queriendo salir veinte mil personas treinta mil queriendo entrar. Había salido del hotel de enfrente, el que está al lado de Banamex, por Chapultepec, el que descubrí que en la parte de abajo era un motel de paso, cocheras y todo. Muy en paz ese hotel. Pero saliendo era la selva tórrida, todo en dinamismo, todo en lucha, todo de cuidado. Como que la gente sabía dónde estaba el filo de su abismo personal. Las chicas prestando sus servicios, los chicos también. Decenas de cientos de rostros borrosos, rasgos de colores vivos y muertos, grises y negros. Otros con mercancías legítimamente copiadas de originales ya perdidos en el tiempo, con marcas ahora leyendas. La CDMX2 estruendosa total, todos acostumbrados al ruido de fondo, de la lluvia intensa constante, que era la razón de que hayan construido plataformas por todas partes y continuas tuberías para contener el agua y que no pasara de un límite, circunstancia que todos sabrían que era inútil, un día la ciudad de México 2 terminaría cubierta por el agua alguna vez. El lago de Texcoco volvería. Estaba volviendo, más bien.

Puse el boleto, pasé y empecé a guiarme hacia donde quería ir, dirección Indios Verdes, me bajaría en 18 de Marzo y de ahí Politécnico y de ahí Rosario. Muchos kilómetros. Muchas zonas cubiertas de agua. Muchas estaciones, mucho tiempo. Si encontraba asiento sería fantástico. Sonó el timbre de que se cerrarían las puertas. Me causaba ansiedad escucharlo y no poder entrar si estaba afuera, y escucharlo en su mono tono y no poder salir si estaba dentro de los vagones.

El agua corría. Las personas con sus trajes especiales para que no entrara la humedad en las personas. Demasiada goma, demasiado hule. Aunque nos habíamos acostumbrado desde hacía años. La verdad que nunca te acostumbras. Sólo querías llegar a tu cantón, seco. Cantón donde pudiera ser tu hogar, tu cuarto, tu sala comedor, tu baño, tu estancia en cinco por cuatro metros suficientes con Lila, mi mujer.

Y el trabajo, cansado, lo mismo con la espirulina. Fastidiaba esa galleta, pero al menos hacerla tú mismo te quedabas con la idea que no era carne humana como en la película. No, sí eran algas de las que había millones alrededor de la CDMX2, o como se le llamaba LDTX2, Lago de Texcoco 2 y que hacía fuerte a los nahuatlacas superfuertes.

Ahí fue cuando nos detuvimos en la estación Hidalgo cuando pasaron minutos y se empezó a hacer tarde. Veo a la gente como siempre y de pronto veo al perro en el andén. Era un perro normal sin raza conocida simpático que no sé qué estaba haciendo ahí, sin dueño y sin correa. Y seco. Secó, eso me llamó la atención. En medio de la humedad.

Tuve un impulso y me bajé. No podía creerlo, tenía el tiempo contado, iba a llegar tarde a la presentación de Lila, pero aun así me bajé. Nadie hacía caso al perro. Entre todo el gentío que iba y venía, el perro parecía invisible, pero lo veo triste y me digo, lo debo entregar en administración, quizá su dueño le entre la inteligencia y vaya a la administración. Lógico.

En eso me acerco al perro, que no se movía, indiferente a la gente tal y como de forma recíproca la gente le era indiferente al perro, no lo veían al parecer, pero no conmigo, y me miró y me olió. Me chupeteó las manos y yo odio que los perros me hagan eso, y no sé por qué lo hacen.

Lo acaricio con timidez, no sé si era domesticado o salvaje, pero me causó atracción más que repulsión. Sentí que se sintió a gusto, como cuando sientes que el perro te acepta, que no se quiere ir de ti.

Pero en eso, el perro sí se quiso ir de mí, de repente y se fue a un extremo del andén, como si se dirigiera hacia el último vagón. Se me hizo raro y ahí pude dejarlo. Tenía mis cosas.

Pero fui tras él. Pensé que ya había llegado al final del extremo del andén y de pronto el perro baja por unos escalones hacia el nivel de las meras vías del Metro, dudé de hacerlo, pero era un perrito simpático.

“Hey, Perro, ven!” le grité. Se volteó, me miró y me ladró. Y siguió corriendo. Y lo seguí. Lógico.

En eso me pareció que veía más luz y sentí la bocanada de aire caliente y el cambio de la presión. Era por supuesto el Metro que ya venía a toda velocidad, como a doscientos metros de la estación, cuando en eso el perro se me desapareció de mi vista en medio de las luces leves que había y escucho el ladrido, adiviné que se habría metido a un espacio, tuve la seguridad de ello, caminé rápido, sin perder de vista que estaba a no más de diez segundos en lo que el Metro llegara a donde estaba, sabiendo perfectamente que no me atropellaría, pero sí quizá haría que me embarraría yo solo a la pared. Y en esa misma pared vi que había muchas tuberías, cables, de nuevo algo de lodo y grasa y aceite y mucha humedad y quizá ratas. Y el perro me guiaba, eso sentí, ladrando más.

Me metí en el espacio en ese típico justo-a-tiempo en que el Metro pasó raudo con todo su aire hipercálido que me inundó la cara y veo al perro al pie de una escalera insospechada mirándome y ahí solo lo vi subiendo y raro, insisto, todo estaba seco, escalones, pasamanos, y yo subía torpe cansado, con mi mochila. Tenía que atrapar a ese perro y regresarlo a sus dueños.

Llegué a una plataforma que supuse era Hidalgo, esta sería, pensé, la vieja ruta de alguna conexión para personal de mantenimiento que llevara a la otra línea del Metro, la que llevaba del Cuatro Caminos hacia Taxqueña.

Vi otro pasillo lateral y me mandó a la plataforma que seguía y todo estaba tranquilo y sin gente e iluminado y de pronto la subí. Y vi a la gente.

La gente no estaba vestida para la lluvia, no era posible eso. Estaba seca. Me asombré. Vi algo raro más. La gente estaba seca, vestida sin impermeables ni botas. Algunas con lentes oscuros, hacía mucho que no veía lentes oscuros si siempre estaba nublado.

De pronto me vi mi ropa, mi mochila. Si, yo estaba vestido como ellos. Mezclilla, camiseta normal.

Busqué al perro y ahí estaba esperándome a que llegara con él. Confundido, como en sueños, lo seguí.

Y lo seguí, tres cuadras y subió y subí a un edificio de tres pisos con cochera abajo. El sol me sorprendió, las calles secas, el pavimento color pavimento, las jacarandas frondosas y espectaculares que solo había visto en viajes fotos, los vehículos sacados de una vieja película. Fords, Chevrolets, Chrysler, ¿eso era un Volkswagen? Todos consumían gasolina. Sorpresa tras sorpresa, y como cliché de película antigua, no entendía nada.

El perro en una puerta, ladró y en segundos abrió una mujer.

Así conocí a Doris. Doris actuó como si me conociera toda la vida. Doris me aceptó en su casa, le conté que acababa de llegar a la ciudad, que me había encontrado a su perro. Así me integré a la sociedad poco a poco y así conocí a mucha gente, amigos de Doris, di clases de inglés, y ganaba buen dinero, el apartamento era una residencia de cuarenta metros cuadrados. Fabuloso, el sexo con Doris era de otro mundo, nada que ver con la pasividad de Lila. Pero Lila era tierna. Y eso me causaba remordimiento. ¿Qué pasaba con Lila? Me sentí en un entre sueño, sí, debería despertar algún día. Las cosas no eran así. Punto. No eran así. Lógico.

Y dirás, ¿por qué te cuento esto tan resumido? Por que tratando de aceptar que me quedara toda la vida aquí, y por más que rehice el viaje al andén una y otra vez para ubicar la escalera para bajar a la vía de mantenimiento, nunca la pude encontrar.

Así pasó un año.

Y un día nostálgico, Doris se fue a trabajar se me ocurrió decirle a Poderoso, como así le llamaba Doris a su perro, a Pode, “encuéntrame el camino de regreso, Pode, te juro que regresaré de nuevo a Doris”. Y hablé con el perro. No, no literalmente. Pero lo miré fijamente y de pronto el perro entró en un entendimiento conmigo y comenzó a saltar y a rasgar la puerta. Así lo seguí por esas tres cuadras a la estación del Metro y sí, tal cual, localicé la escalera. La pude ver ahora en donde antes no estaba, lo juro. Vi y entendí que el perro era la llave.

Y regresé por mis cosas y con el corazón saltando dentro de mí, me metí a retrazar la ruta. No te hago el cuento largo. 

Regresé a LGTX, Lago de Texcoco 2 y al metro y de pronto parecía que todo estaba tal cual y siguiendo esa rutina llegué con sorpresa a Lila justo a tiempo para la presentación, porque había pasado algo raro, el tiempo no había pasado nada, era como una alucinación todo pero yo estaba en ese instante roto el corazón porque había dejado a Doris atrás y a Pode y a los amigos y sí, tenía la seguridad que sí existían y aquí llovía todo el tiempo y estaba todo gris y mi trabajo con la espirulina me mataba, pero era feliz con Lila. Su ternura, su bondad, su luz. Y lo mismo, de pronto me sentí que no podía quedarme quieto y como si fuera a buscar por sendas en bosques extraños no encontraba las escaleras. Sin Pode, sin llave, no escaleras. Tan extraño todo eso, pero lo acepté. El Pode era la llave. Lógico.

Pero Pode se apareció de nuevo. No lo podía creer. Tuve la intuición que esta era una senda especial espacial temporal.

Me fui con Pode a CDMX, a la luz del sol, a los amigos, a lo bello del pasado en qué no había futuro húmedo. Y de nuevo fui feliz con Doris, y todo fue una maravilla. Y Pode era genial y lindo. 

Hicimos estos viajes cada tanto y la maravilla era que el tiempo no pasaba cuando dejaba la CDMX por LGTX o al revés. 

Pero de nuevo, cada ocasión en el mundo de Doris, extrañaba a Lila. Y ahí comprendí el infierno en el que estaba. Cuando estaba con Lila, pensaba en Doris, cuando pensaba en Doris, pensaba en Lila.

Y el perro me guiaba, no se cansaba. 

Hasta que en medio del metro, algo pasó. Pode tomó otra ruta, se fue por el otro extremo del andén y lo seguí, extrañado de todo y sí, salió por otra escalera, otra estación y ahora era una CDMX más oscura, no tanto como Lago de Texcoco 2, pero sí otra ciudad. Pode me miró y sencillamente se regresó y me dejó ahí enfrente de una puerta. Ahí conocí a Alicia y me integré similar como con Doris. Me dejé llevar porque llevaba conocimiento de causa y porque no tenía intención de hacer daño y porque no sabía si infringía una ley de algo o de alguien.

Y con el tiempo Pode se apareció y me llevaba a otra versión de la ciudad de México, así encontré a Mireya, un infierno con Mireya, insistía en la precisión, siempre me vigilaba por las ventanas, a donde iba y venía. Encontré a Dulce, rubia, intelectual total, insufrible, aburrida, Luego Beatriz, religiosa máxima, cocinaba muy bien, pero loca fanática, me sacó cuchillo y amenazó, celosa, de cortarme mi… virilidad, eso fue el terror total. Al principio lo disfruté, digo, la compañía, no lo de que me iba a cortar…  pero… no era lo mismo. Mi super perro Poderoso iba y venía, mi guía máximo entre mundos. Yo me sentía al principio super bien con mi, perdón por decirlo, mi harem.

De alguna rara manera conseguía por circunstancia accidentada encontrarme bien entre ambientes, trabajo, social, ese tipo de cosas, pero todo se cobra, me hice paranoico, me sentí que no podía dejar de estar en estado de Vigilancia y Consciencia extrema, cambiar el nombre, dos veces me equivoqué y fue terrible. Traigo cicatriz. Traigo quemada la piel en el vientre. Tengo una marca de bate en la espalda. No, no es vida. El sexo, solo el mágico que tuve con… ella.

Y me veo en el espejo y ya no sé qué hacer. Ya quiero quedarme en una ciudad, de preferencia las dos primeras. Y también he sentido que dentro de mí extraño más a… ella.

Y en ese momento, ¡no lo podía creer! Sí, en eso se me apareció Poderoso, y me ladró en su manera característica, sí, quería que lo acompañe de nuevo. 

Bueno, está bien. No hay mal que por bien no venga. Quizá esta sea la última estación. O será el regreso con… ella. Ya es mucho, ya quiero descansar. Pero no es seguro a dónde llegaré esta vez. Y no, ni pienses, jamás le haría daño al perro. Jamás. Es nuestro destino seguirnos. Por siempre. Lógico. 

Y en eso andaba y de pronto miro en el andén de enfrente y en dirección contraria, a Doris cargando sus cosas, sonriendo. Y congelado le iba a gritar que hacia donde se dirigía, pero no me salió voz. 

Pode me ladró y por reflejo lo seguí y me detuve para mirar a Doris, una última vez, sabiendo en el interior de mi intuición, que esa era la última vez que la miraría. Y en minutos, veo a Lolis por una escalera. Y en otra dirección Beatriz la del cuchillo con su rostro paranoico enfurecido como si me buscara. No tuve más remedio que seguir a Pode lo más pronto posible por los andenes. ¿Cobarde? Sí. Sobreviviente. También. Ya qué. // 1228


0015 No sé lo de mi fecha de caducidad, pero creo que me apuraría....

NnCt 0015 de 720 partículas de aire que con otras 720 partículas más, dan 1,440 en total.///




Eso de vivir con los días contados nunca se me ha hecho atractivo, no sé si quisiera que me dijeran que debo de saber cuantos me quedan para vivir mas intensamente...

Pero en mi realidad actual , que no sé cuantos me quedan... ¿estaré perdiendo el tiempo?

¿En qué me convertiría? ¿En una máquina sin descanso? ¿Para qué, para obtener qué?

La magia es esa, que no sabemos cuanto nos queda... eso creo...


Si es el tiempo una ilusión que en alguna parte de esos tiempos ya cumpli 90 y estoy encerrado ahí en un cuerpo desde los 80, ¿qué caso tenía vivir esos diez años?? 


Para pensarse...


0014 Somos tan dependientes, demasiado, diría yo...


En el momento que mi sueño choca con mi realidad... todo hace explosión..../





Y cuando eso sucede, es espantoso, todo explota y no sé de qué lado estoy, si del lado del sueño o del lado de la realidad, porque no lo distingo, excepto en una cosa, en si me da hambre... o no...

Es que se pone angustiante todo y te sale el miedo de si estás en el mundo incontrolable de la realidad, pero es tu mundo, o si estás en el mundo incontrolable del sueño, pero es de los sueños y al final te decides por el mundo de...


Y ahí estás, esperando a que se de el siguiente ciclo y viendo los catalogos por si hay mas mundos...



1,227. En la Epidemia del Insomnio, la bella mujer, pero llegó el Gran Olvido y tu… ¿quién eres? //1227 (05/08/2025)

NnCt 1,227 de 1m440 moscas Tse-Tse de las que no pasa nada si están de aquél lado del mosquitero. El problema es cuando tú estás también de aquél lado del mosquitero al mismo tiempo en el mismo espacio junto con las 1m440 moscas. //1227




¿Cómo se puede enfermar una comunidad? A eso fuimos, a investigar.

Así supimos de la Mosca Anti-Tse-Tse, ¿recuerda a la del Sueño? Esta es la otra, la del Insomnio, con la que nadie duerme, con la de que acabó con la posibilidad de dormir. Así sabiendo que necesitamos el sueño para reconstruirnos la mente, pues no, no sucederá. No nos estamos reconstruyendo y eso tiene un costo. Estamos perdiendo los conceptos, los bloques de la memoria, estamos erosionando nuestra misma humanidad. Si nos separamos de los recuerdos estaremos perdidos. El olvido oscuro. Y posiblemente el abandono, la locura.

A los tres nos afectó. Pero ya ellos dos se vacunaron. Me dejaron a mí al último. Creo que Sergio tomó la decisión, eran solo dos dosis. Una para cada quien. Sólo una para cada quien. Peligroso dos vacunas. Nos lo dijeron varias veces. 

Mi pareja de amigos, Sergio, Judy, ella me explicó que el olvido se va dando por oleadas en un raro proceso, primero lo que nos rodea, lo que dejamos allá, lo que estamos haciendo aquí, lo que tú eres, como telarañas en una casa que todo lo va envolviendo, lo va haciendo gris. Lo que nosotros éramos y a lo que vinimos hacer acá y lo que significan las cosas, y sobre todo, quienes son todos, la relación de las cosas con las otras cosas con las aquellas cosas. En estos lapsos me repito mucho.

Sigo yo de vacunar, pero el proceso se está tardando más. No sé por qué. Ya lleva mucho tiempo, perdí la capacidad de medir el tiempo. Siento que no ocurre. Que todo está detenido.

Por eso escribo esto como lo vaya recordando. Registrando. Evocando.

Hay cosas que olvido, que son como caminos que se cortan, que de pronto se interrumpen… Hay vacíos. Rutas que se traslapan en lugares y momentos alternados. Puertas que abren a paredes. Escaleras que topan en techo. Lugares que están vacíos. Como espacios de cuadras y calles donde antes había las casas que conocías, las tiendas, los cines, los parques. Todos son escenarios. Además de todo, empiezan a vaciarse. Las calles van quedando solas y a nadie ves. Nada tiene luz. Ya sin puntos de referencia. En momentos se ve como tierra quemada. Nada nuevo crecerá ahí.

¿Qué quién soy…? Pienso que lo voy a olvidar… No se puede, mis datos soy yo y si yo recuerdo mis datos es que sé mi identidad y al mismo tiempo mi identidad soy yo mismo. El espejo me lo confirma, mis manos recorriendo mi rostro en el espejo me lo confirma. Debo esforzarme. Me llegan las nieblas, no sé de qué años, en donde nací, ¿Río Bravo? ¿De qué ciudad soy? ¿Monterrey? ¿Para qué eran estos instrumentos de las mesas? Eso de allá era un microscopio, ya me acordé. El profesor Paco nos lo enseñó, hicimos un dibujo de él. Eran muy caros. Le teníamos miedo a romperlo. No había tanto dinero en la casa. Cuando eres nuevo en secundaria a todo le tienes miedo. Y ahora sigo teniendo miedo.

Judy, ¿la esposa de Sergio?, fui a su boda, hoy me dijo lo de la vacuna, que solo una dosis, creo y me dijo que ella y Sergio ya se vacunaron. Sí, ya me lo habían dicho, ¿verdad?

“¿Para qué es esta vacuna?”, pregunto, mi cabeza divaga. Veo cielo azul, algo recuerdo de lápices de colores azul cielo. “Para reconectar los recuerdos, amarrarlos entre todos, protegerlos” me dijo Judy, antes de irse.  “¿Qué recuerdos?” le pregunté. “Los que nos hacen ser yo y tú y todos”, me dijo Judy. Sólo la miré. Y en este momento no sé dónde está. 

Estoy desvariando algo. La imagen de Judy me dice señalando, “recuerda, vacuna, se pone una sola vez, no dos, si te pones dos acelerarás los olvidos, desconectarás tus datos y no podrás recordar nada nunca, ¿estás entendiendo? Sería la amnesia irrecuperable, un coma consciente”. 

Asentí. Sólo una, lo hice con un dedo de mi mano señalando arriba como Travolta lo hizo en esa película de baile. Y Judy se fue hace horas. No pudo esperar, tenía que vacunar a mucha gente. 

Que me la tengo que poner solo, en unas, lo apunté en otra parte, en unas seis horas. Sí, seis horas. Puso los cartuchos dobles, un cartucho una dosis, solo una de ellas,  en ese instrumento que es como un… juego de feria, el Trabant, ¿Cómo el de la kermesse? Estuve en una kermesse, hace muchos años, Sergio, el esposo de Judy, sí, lo conozco desde hace muchos años, desde niños, se sacó el Gran Premio. Eso nos dijo a todos. Una minimoto. Le creímos, nadie puede mentir tanto. Pero no era cierto. Ahí supimos que Sergio siempre era muy hablador. Mitómano luego dijimos, mitómano divertido, agregamos. Esos recuerdos están… en no sé qué pasillos mentales. En qué corredores. En qué edificios, sótanos. La vacuna estará dando vueltas en el Trabant, miles de vueltas. Todos agárrense bien nos decían, que esto dará mil vueltas. Sólo queríamos bajar pero nadie lo aceptaba. El centrifugador es un nieto del Trabant a escala.. El que da vueltas mil veces por minuto o no sé, no recuerdo especificaciones técnicas, con los cartuchos. Pero ahí está mi vacuna. Se va a marear mi vacuna. No quiero que se maree mi vacuna. La quiero bajar ya, pero no acepto decirlo o mencionarlo.

Ellos salieron, Judy y Sergio. Estoy solo. Tengo que ver el reloj. Y recordar, es a las 5 PM que me tengo que poner la vacuna. Me dijo por si acaso vea estas fotos de estos dos años.  Me señaló con rojo quien soy yo. Me dijo que el problema de memoria puede llegar hasta a que no sepa reconocerme ni en un espejo.

Eso hice. Fui al baño, me vi en el espejo del lavabo y no me recuerdo al verme. ¿Usaba bigote? Usaba barba? Me froté la cara desesperado. No lo recuerdo. Se me hace familiar mi imagen, mi cara. Tendré que rasurarme, no me recuerdo. Veo las fotos. Pero sí reconozco a Judy. Y a Sergio y siento algo raro que debía recordar de Sergio.

El centrifugador Trabant miniatura sigue dando vueltas, muchas vueltas, intento contarlas, pero no puedo, son demasiadas, ya son las 4:45, no falta mucho. Sacar el cartucho, ponerla en la inyectadora, ¿se llama así, “inyectadora”? No recuerdo. Solo una dosis, importante, sólo una dosis. Travolta. Solo una, él apunta su mano al cielo con un solo dedo.

Hice una letanía, me llamo “Rogelio Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando la mosca AntiTseTse, emigrada de África, la del Gran Olvido, pero me picó una y estoy cayendo en eso, el olvido de las cosas, estoy casado con…”

No podía terminarla, la dije de nuevo… me llamo “Rogelio Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando…” Algo pasa. Me acuerdo de cosas tristes. Y pienso que no quiero recordar nada triste. Muertes, dolores, traiciones, depresiones, fracasos. Quizá sea lo mejor no vacunarme, apostar que será mejor si me dejo caer, caer en ese abismo, como cuando estás en una azotea de una casa y ves al piso tan cerca y atractivo y piensas, porque no lo dices, nunca lo dices, “tan fácil sería que me dejara caer, caer, caer. Tan sencillo…”.

Me estaba resbalando, cayendo, deslizando en el olvido. No sé qué va a pasar conmigo, veo el reloj, son cinco minutos para que termine la centrifugadora… Me eché agua en la cara. Respiré hondo. Ya debía ir por la pistola de las vacunas. La inyectadora.

La inyección ya está lista, solo debo seguir instrucciones. Detengo el centrifugador Trabant nieto de aquél Trabant de la kermesse.

En eso entró alguien. 

“Hola, Roger, soy Sergio”.

Lo miré, no sonreía. Yo sí sonreí. Es Sergio, mi amigo, esposo de Judy, mi amiga. ¿Esposo? Sí, ¿verdad?

“Sergio, tú eres, Sergio, ¿qué eres de Judy?” Le pregunté. Lo sabía mucho, pero no acerté a decirlo. El recuerdo llegaba, el evento en sí, pero no conectaba con la expresión. No podía decirlo. 

“Es mi esposa, Roger… fuiste a nuestra boda, ¿te acuerdas?”, me dijo.

“No mucho”, respondo, “fue hace mucho tiempo”.

“¿Ya te pusiste la vacuna, Roger?”

Vi el Trabant funcionando dando vueltas sin parar, mareando a todos. Si estaba dando vueltas es porque…

“No me la he puesto…”

“¿Cuánto era, una dosis o dos…? ¿No te acuerdas?”

“Era una, ¿no?”, le dije con toda la duda. Solo una, Travolta dijo solo una. Travolta bailando.

“No, son dos. ¿Pero ya te la pusiste o no?”

Me sentí confundido, ¿sí me la puse o no? No sentía dolor o sensación. Concluí: “No, no me la he puesto”.

Agregué:

“Sergio, ¿es solo una no? Me dijo Judy que es solo una…” Repetirlo me llenaba de certeza: “Creo que sí, es una, es una, sí, es una… Dos son peligrosas. Dos te hace caer en el coma del olvido. Travolta señalaba al cielo con un solo dedo, ¡es una!”

Sergio me miró extraño. Dijo en un tono de voz neutro. Como si repasara una receta. Una fórmula.

“No importa, no te inyectarás nada, y saldré de la sala y entraré de nuevo y te diré, ‘Hola, Roger, ¿ya te inyectaste?’, no sabrás con claridad, no recordarás y te diré que sí, que ya quedó... Espera, ¿o sabes qué? Lo pensé mejor. Sí, mejor que sean dos. Sí, serán dos inyecciones… Así no habrá vuelta atrás desde ya.

No comprendía nada, era Sergio, mi amigo. Esposo de Judy.

Pregunté en confusión:

“¿Por qué dos dosis, qué pasa con dos?”

“Nada, amigo, te reinyectaré rápido, te haré el favor… te inducirá en coma rápido y diré que fue una inesperada condición”.

Lo miré. 

“¿Por qué harías eso, Sergio, Sergio, esposo de Judy…”

“Para terminar un tema contigo, de toda la vida… siempre estuviste conmigo y Judy, bueno, no sé si decirte esto, pero siempre estuve celoso y metiche de ti y hay momentos que no aguantas ya, y ahora me siento irritado y bueno, no dije nunca nada, solo me esperé al momento correcto de sacarte de nuestras vidas y hoy es el momento, creo, el momento perfecto, la mejor oportunidad. Y esto que digo lo olvidarás, lo olvidarás por siempre… No es un crimen realmente, no vas a morir. ¿De qué me acusarían? Ya estabas olvidando todo. ¿De negligencia? No hay nadie aquí, Judy no está para defenderte como siempre te defiende. Sólo es un tema de confusión, sólo una leve y triste confusión.”

Lo miré, no entendía mucho de lo que decía. ¿Negligencia? ¿Confusión? En mi mente nublada no había confusión. Sólo debía ponerme una dosis. Ya. Mi dosis se tenía que bajar del Trabant. Se va a marear si no se baja del Trabant.

“No puedo, Sergio, tengo muchas cosas qué hacer… lo del tratamiento, lo del compuesto de la centrifugadora, es dos tercios mío, ¿verdad? Uno tuyo, lo sabes, un tercio es tuyo, ahí están los documentos, los, los ¿protocolos?…

“Ya no me importa… ya, Roger, relájate. Déjate ir, acuéstate, te pondré un calmante.”

“Sergio, Sergio, déjame inyectarme, déjame inyectarme... la dosis, ¡está en el Trabant! Solo una, Sergio, solo una.”

Sergio me miró confundido como recordando de donde era esa palabra.

En ese instante lo empujé, lejos del aparato, no sé cómo, cayó. Apagué la centrifugadora. Si hubiera puesto las manos para detenerla mientras daba sus mil revoluciones descendiendo me hubiera quedado sin dedos. Se detuvo por fin, tomé el cartucho doble, instintivo, no tenía que recordarlo, supe cómo hacerlo, lo acomodé torpemente en la pistola inyectora. Y me inyecté la dosis. Solo una. Quedó la otra. Sergio se incorporó, se me vino encima y no tuve más remedio que defenderme y no recuerdo bien si por accidente le inyecté la otra dosis del cartucho. 

Se tambaleó y volvió a caer.

Sergio se sentó con las manos en la cara.

Yo al mismo tiempo sentí que me deslizaba en la oscuridad como nubes negras en la que veía muchas personas, pero no reconocía caras. Solo tenía una lejana esperanza de que habría una luz al final y esperaba que fuera la correcta. Quería sentarme. Acostarme. Cerrar los ojos.

Me desperté y vi la cara muy preocupada, triste, de Judy… 

“Roger, recuerdas lo que pasó.”

 La vi. Y no vi a Sergio. 

Solo pude decir en voz alta: 

“Me llamo Roger Esquivel doctor soy de Río Bravo y Monterrey estamos acá en esta región de Tamaulipas analizando la mosca AntiTseTse, la del gran olvido pero me picó y estoy cayendo en el olvido de las cosas, soy divorciado, tuve…

De pronto me di cuenta de que recordaba todo, mi número de matrícula de la escuela, la lista de amigos de segundo de primaria, lo que pasó en el kínder a mis cinco años cuando me pelee con… ahora recordaba más cosas… lo que pagué de multas de mi carrito hace veinte años. Mi primer sueldo con millones cuando antes de que le quitaran tres ceros a la moneda.

Le dije a Judy con cierta dificultad, acumulando fuerza: 

“No, no recuerdo nada. Digo, solo las generalidades, pero no sé el detalle de lo que ocurrió con Sergio, creo que me desmayé, ¿cómo está él?”

“Algo pasó y se inyectó por accidente. Está en estado de monosílabos, nada dice con claridad, solo sí, no, sí, no, no sé. Se lo van a llevar a Monterrey. Roger, ¿tú te sientes mejor?”

Respiré despacio y le dije:

“Sí, Judy, sólo quiero irme de aquí. Dejar todo esto. Fue muy agonizante… Tengo, creo, trabajo burocrático qué hacer, revisar procedimientos, registrar, verificar. Ya no puedo quedarme aquí, se me vienen… recuerdos vagos, dispersos. Creo que ya no aporto nada de momento tengo que hilar las cosas.”

Demasiados recuerdos específicos, siento. Como avalanchas. Deberé aprender a filtrar, pensé. El momento que la conocí, el momento de su primera sonrisa y si llovió y si llevaba blusa roja, y el color del sol en sus ojos cuando ella tenía quince años. El día de su boda que estaba radiante y que fueron los días posteriores al temblor de la ciudad de México, y lo que sirvieron en su boda.

Judy me miró con curiosidad.

“Te entiendo. Los recuerdos hay que hilarlos. Yo me quedaré unos días viajando entre Monterrey y este lugar. En lo que pueda dividirme. Está lo del tratamiento de la comunidad, lo de la erradicación de la mosca. Los enfermos que nos tardamos en vacunar, su rehabilitación.”

Hizo una pausa.

“Veré que puedo hacer por Sergio, su rehabilitación allá en Monterrey. Deberé de ir a apoyarlo. Estar con él. Se lo debo. Es mi esposo. Es más importante que lo profesional. Lo entiendes, ¿verdad? Sólo que Sergio siempre ha sido difícil.”

No moví un solo músculo de mi rostro.

“Les deseo lo mejor.”

En el camino en autobús recordé a Judy, cuando escuchábamos juntos en su casa, de solteros, tomando delicias, ese postre, los muffins con betún, ese café delicioso, la bellísima canción que me compartió, “Suite Judy Blue Eyes” de Crosby, Stills and Nash… y recordé las guitarras, los coros, las armonías, los tiempos, los ritmos cubanos y me sentí sonreír por primera vez en muchos días, en medio de coros y aplausos de la canción, porque todo saldría bien… todo saldría bien…

 Ahora tendría que lidiar con tantos cajones abiertos de mis pasillos y corredores que ya estaban bien cerrados, todos los detalles que abrumaban ahora, que adiviné que así como los buenos recuerdos estaban los tristes, los malos, los complicados, aprender a desrecordar, tantas cosas que recordar  y a desrecordar, aprendería a hacerlo. A cerrar los cajones sufrientes, los de tristeza y dolor. No era bueno tenerlos abiertos. Eso haría. A clasificar y cerrar. Tampoco era bueno que salieran a cada instante. Pero antes volví a sonreír recordando todos los buenos cafés y sus sabores y delicias y aromas y esencias y lugares y las personas. Las personas. Siempre las buenas personas de las que está lleno el mundo. 

En eso vi una mosca y por si o por si no, alcancé un periódico lo doblé y la maté. Por si acaso. //1227